Síndrome post-UCI: continuidad de cuidados y necesidades de rehabilitación

Post-ICU syndrome: continuity of care and rehabilitation needs

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:129

Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro

Fecha recepción: 19/06/26

Fecha aceptación: 21/07/26

Fecha de publicación: 26/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):129

Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Unidades de cuidados intensivos; Monitorización fisiológica; Cuidados críticos; Paciente crítico; Síndrome post-UCI; Rehabilitación; Cuidados de Enfermería; Ansiedad; Continuidad asistencial; Enfermería basada en la evidencia

Keywords: Intensive Care Units; Monitoring, Physiologic; Critical Care; Critical Illness; Post-Intensive Care Syndrome; Rehabilitation; Nursing Care; Anxiety; Continuity of Patient Care; Evidence-Based Nursing

Resumen

Introducción: El aumento de la supervivencia tras una enfermedad crítica ha puesto de manifiesto un conjunto de secuelas físicas, cognitivas y emocionales que pueden persistir tras el alta de la unidad de cuidados intensivos. Este cuadro, habitualmente referido como síndrome post-UCI, afecta a la recuperación funcional, a la calidad de vida y a la adaptación del paciente y su familia al periodo posterior a la hospitalización. La práctica enfermera ocupa una posición central en la detección precoz de necesidades, la educación sanitaria, la coordinación entre niveles asistenciales y el acompañamiento durante la rehabilitación.

Objetivos: Analizar el síndrome post-UCI desde una perspectiva enfermera, describir sus principales manifestaciones clínicas y funcionales, y revisar los elementos de continuidad asistencial y rehabilitación que pueden orientar el plan de cuidados tras el alta.

Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo centrada en el proceso de recuperación del paciente crítico tras su estancia en cuidados intensivos. Se integran contenidos clínicos y enfermeros relativos a secuelas frecuentes, valoración integral, transición asistencial, intervención rehabilitadora y apoyo a la familia, con una formulación prudente y aplicable a distintos entornos sanitarios.

Resultados: El síndrome post-UCI puede expresarse mediante debilidad y pérdida de funcionalidad, alteraciones respiratorias persistentes, deterioro cognitivo, trastornos del sueño, ansiedad, síntomas depresivos y manifestaciones relacionadas con experiencias estresantes o traumáticas de la hospitalización. La detección de estas necesidades requiere una valoración enfermera longitudinal, centrada en la situación basal, la evolución funcional, el estado emocional, la capacidad de autocuidado, la comprensión del proceso y el entorno de apoyo. La continuidad de cuidados se beneficia de una planificación del alta estructurada, comunicación clínica efectiva y coordinación con hospitalización, rehabilitación, atención primaria y recursos comunitarios. La rehabilitación debe individualizarse, con atención a movilización progresiva, recuperación de la tolerancia al esfuerzo, entrenamiento en actividades básicas y apoyo psicoeducativo.

Discusión/Conclusiones: El abordaje del síndrome post-UCI exige superar una visión limitada al episodio agudo y reconocer la recuperación como un proceso prolongado, variable y multidimensional. Enfermería puede contribuir de forma decisiva a identificar secuelas, favorecer la transición segura entre dispositivos asistenciales, promover la participación de la familia y sostener intervenciones de rehabilitación y seguimiento adaptadas a cada paciente. La atención coordinada y centrada en la persona resulta especialmente relevante para reducir discontinuidades, prevenir complicaciones evitables y mejorar la experiencia de recuperación.

Abstract

Introduction: Increased survival after critical illness has highlighted a cluster of physical, cognitive and emotional sequelae that may persist after discharge from the intensive care unit. This condition, commonly referred to as post-intensive care syndrome, can compromise functional recovery, quality of life and the adaptation of both patients and families to the post-hospital period. Nursing plays a major role in early identification of needs, health education, care coordination and support throughout rehabilitation.

Objectives: To analyse post-intensive care syndrome from a nursing perspective, describe its main clinical and functional manifestations, and review continuity of care and rehabilitation elements that may guide the care plan after discharge.

Methodology: Narrative theoretical review focused on the recovery process of critically ill patients after intensive care. Clinical and nursing content related to common sequelae, comprehensive assessment, care transition, rehabilitation interventions and family support were integrated using a cautious approach applicable to different healthcare settings.

Results: Post-intensive care syndrome may involve weakness and loss of function, persistent respiratory limitations, cognitive impairment, sleep disturbances, anxiety, depressive symptoms and manifestations linked to stressful or traumatic hospital experiences. Identifying these needs requires longitudinal nursing assessment focused on baseline status, functional progression, emotional state, self-care capacity, understanding of the health process and support network. Continuity of care benefits from structured discharge planning, effective clinical communication and coordination with inpatient wards, rehabilitation services, primary care and community resources. Rehabilitation should be individualised, including progressive mobilisation, recovery of exercise tolerance, training in basic activities and psychoeducational support.

Discussion/Conclusions: Managing post-intensive care syndrome requires moving beyond an acute-care perspective and recognising recovery as a prolonged, variable and multidimensional process. Nurses may play a decisive role in identifying sequelae, supporting safe transitions across care settings, promoting family involvement and sustaining rehabilitation and follow-up interventions tailored to each patient. Coordinated, person-centred care is especially relevant to reduce discontinuities, prevent avoidable complications and improve the recovery experience.

Introducción

La atención al paciente crítico ha evolucionado de forma notable en las últimas décadas, con mejoras en monitorización fisiológica, soporte orgánico y estrategias de cuidados intensivos. Este progreso ha favorecido la supervivencia de personas con procesos graves y complejos, pero también ha hecho más visible una realidad asistencial que con frecuencia emerge tras el alta de la UCI: la persistencia de secuelas que afectan al funcionamiento físico, cognitivo y emocional. La finalización del episodio agudo no siempre coincide con la recuperación efectiva, y muchos pacientes inician una etapa de elevada vulnerabilidad clínica y social.

El síndrome post-UCI engloba un conjunto de alteraciones que pueden aparecer o mantenerse después de una enfermedad crítica y de su tratamiento. No se limita a una única manifestación ni responde a un patrón uniforme. Puede traducirse en debilidad muscular, intolerancia al esfuerzo, dependencia para actividades básicas, dificultad para concentrarse, problemas de memoria, alteraciones del sueño, ansiedad, labilidad emocional o vivencias relacionadas con miedo, confusión o pérdida de control. La familia también puede experimentar una carga significativa durante y después del ingreso, con repercusión en la capacidad de apoyo y en la adaptación al proceso de cuidados.

Desde la perspectiva enfermera, este síndrome obliga a ampliar el foco más allá de la estabilización hemodinámica o respiratoria. La experiencia del paciente crítico incluye inmovilidad, procedimientos invasivos, sedación, delirium, cambios de entorno, interrupción de rutinas, dependencia total o parcial y una intensa exposición al estrés. Todo ello puede tener consecuencias duraderas. El paso desde la UCI a hospitalización convencional, y posteriormente al domicilio o a otros recursos, constituye un momento especialmente sensible, en el que pueden aparecer discontinuidades informativas, expectativas poco realistas sobre la recuperación o insuficiente preparación para el autocuidado.

La Enfermería participa en todas las fases de este proceso. Durante el ingreso, mediante la prevención de complicaciones asociadas a la inmovilidad, la vigilancia clínica, el control de síntomas, el apoyo a la comunicación y la participación de la familia. Tras el alta de la unidad, mediante la valoración funcional y emocional, la planificación de cuidados, la educación sanitaria, la coordinación entre dispositivos asistenciales y la detección precoz de necesidades de rehabilitación. Este papel resulta especialmente relevante en pacientes con trayectorias prolongadas, fragilidad previa, comorbilidad o deterioro funcional persistente.

Abordar el síndrome post-UCI exige comprender la recuperación como una transición compleja. No todos los pacientes presentan la misma intensidad de secuelas ni evolucionan al mismo ritmo. Por ello, la respuesta asistencial debe individualizarse y apoyarse en una valoración integral, longitudinal y centrada en la persona. En este contexto, la continuidad de cuidados adquiere un valor clínico y organizativo notable, al facilitar coherencia entre objetivos terapéuticos, adaptación del plan de cuidados y utilización adecuada de recursos de rehabilitación y seguimiento.

Objetivos

Analizar el síndrome post-UCI desde una perspectiva enfermera, con especial atención a las necesidades de continuidad asistencial y rehabilitación tras el alta de cuidados intensivos.

Como objetivos específicos, se plantean los siguientes:

  • Describir las principales dimensiones clínicas y funcionales del síndrome post-UCI.
  • Examinar los problemas de cuidados que pueden aparecer en la transición desde la UCI a otros niveles asistenciales.
  • Identificar elementos clave de la valoración enfermera en el periodo posterior a la enfermedad crítica.
  • Revisar intervenciones enfermeras relacionadas con movilización, recuperación funcional, apoyo emocional, educación sanitaria y coordinación asistencial.
  • Reflexionar sobre el papel de la familia y sobre la necesidad de seguimiento estructurado durante la rehabilitación.

Metodología

Se desarrolla una revisión teórica de tipo narrativo orientada a integrar conocimientos clínicos y enfermeros sobre el síndrome post-UCI y su repercusión en la continuidad de cuidados. El enfoque se centra en la recuperación del paciente adulto tras una estancia en cuidados intensivos, considerando tanto la fase intrahospitalaria posterior al alta de la unidad como el periodo de transición al domicilio o a dispositivos de apoyo.

La organización del contenido responde a una lógica asistencial: primero se revisan las manifestaciones y dimensiones del problema; posteriormente se exploran las necesidades de valoración y planificación del alta; por último, se abordan las líneas de intervención enfermera vinculadas a rehabilitación, apoyo a la familia y seguimiento. No se plantea una revisión sistemática ni se atribuyen resultados concretos a estudios individuales, de modo que las afirmaciones se formulan en términos prudentes y aplicables a la práctica profesional habitual.

La lectura se orienta a profesionales de Enfermería de cuidados intensivos, hospitalización, rehabilitación, atención primaria y otros ámbitos implicados en la atención al paciente crítico superviviente. El propósito no es establecer un protocolo cerrado, sino ofrecer un marco útil para la valoración clínica, la toma de decisiones y la coordinación interdisciplinar en torno a la recuperación posterior a la UCI.

Resultados

Dimensiones clínicas del síndrome post-UCI

La presentación del síndrome post-UCI suele ser heterogénea. En el plano físico, una de las manifestaciones más relevantes es la pérdida de fuerza y resistencia, con limitación para deambular, cambiar de posición, mantener el equilibrio o realizar actividades básicas de la vida diaria. Esta situación puede estar relacionada con inmovilidad prolongada, gravedad del proceso crítico, soporte ventilatorio, alteraciones nutricionales y desacondicionamiento general. En muchos casos se acompaña de fatiga, disnea de esfuerzo, dolor, rigidez articular o disminución de la tolerancia a la actividad.

En el ámbito cognitivo pueden observarse dificultades de atención, lentitud en el procesamiento de la información, trastornos de memoria reciente o problemas para organizar tareas. Estas alteraciones no siempre son evidentes durante una exploración breve, pero condicionan de manera significativa la autonomía, la adherencia al tratamiento, la comprensión de recomendaciones y la capacidad de retomar responsabilidades previas.

La esfera emocional también puede verse comprometida. El paciente puede experimentar ansiedad, miedo a recaer, sensación de fragilidad, alteración del estado de ánimo, insomnio, irritabilidad o recuerdos intrusivos relacionados con procedimientos, aislamiento, delirium o vivencias de amenaza vital. La recuperación física no siempre se acompaña de una recuperación emocional paralela, y la ausencia de reconocimiento de estos síntomas favorece el infradiagnóstico y la cronificación del malestar.

La afectación de estas tres dimensiones rara vez aparece de forma aislada. La debilidad física puede intensificar la ansiedad por pérdida de control; el deterioro del sueño puede empeorar la tolerancia emocional y la función cognitiva; las dificultades de concentración pueden limitar la participación en ejercicios o el aprendizaje de estrategias de autocuidado. Por ello, la valoración enfermera debe contemplar la interacción entre áreas y no fragmentar la experiencia del paciente.

Factores que condicionan la recuperación

La evolución posterior a la UCI depende de múltiples elementos. Entre ellos destacan la situación funcional previa, la edad, la comorbilidad, la duración y complejidad del ingreso, la necesidad de ventilación mecánica, la presencia de delirium, la reserva nutricional, el grado de apoyo familiar y la accesibilidad a recursos de rehabilitación. También influyen las características del alta, la claridad de la información transmitida y la existencia o no de seguimiento coordinado.

Es frecuente que, tras abandonar la unidad, el paciente y su familia interpreten el traslado a hospitalización o al domicilio como señal de recuperación avanzada. Sin embargo, la transición puede coincidir con una etapa de especial vulnerabilidad: persisten la dependencia, la inestabilidad clínica relativa, las dudas sobre medicación o cuidados y un importante cansancio físico y emocional. La discordancia entre expectativas y capacidad real puede generar frustración y sobrecarga.

Valoración enfermera tras el alta de UCI

La valoración debe comenzar idealmente antes del traslado y prolongarse en los distintos dispositivos asistenciales. Resulta útil explorar la situación basal previa, el nivel de autonomía, la red de apoyo, la percepción del paciente sobre lo ocurrido y las limitaciones actuales. La observación del desempeño en actividades básicas aporta información de gran valor: alimentación, higiene, movilidad, descanso, eliminación, capacidad para expresar necesidades y manejo del tratamiento.

Desde el punto de vista respiratorio conviene valorar disnea, patrón ventilatorio, tolerancia al esfuerzo, necesidad de oxigenoterapia y presencia de secreciones o tos ineficaz. En el plano musculoesquelético deben considerarse fuerza, equilibrio, riesgo de caídas, dolor asociado al movimiento y necesidad de ayudas técnicas. La dimensión nutricional requiere atender al apetito, la ingesta efectiva, la dificultad para masticar o tragar si existiera, y los signos de debilidad o pérdida de masa corporal.

La esfera cognitiva y emocional necesita un abordaje deliberado. Deben observarse orientación, atención, memoria funcional, comprensión de instrucciones, presencia de miedo, tristeza, irritabilidad o alteraciones del sueño. No siempre el paciente verbaliza malestar psicológico de forma espontánea; a veces aparece como apatía, evitación de determinados temas, hipervigilancia o escasa participación. La entrevista con la familia complementa la información y puede revelar cambios no percibidos por el propio paciente.

También es importante valorar la capacidad de autocuidado y la preparación para el alta. Esto incluye conocer qué entiende el paciente sobre su proceso, si identifica signos de alarma, si puede seguir pautas de tratamiento y qué barreras pueden dificultar la adherencia: soledad, dependencia física, deterioro cognitivo, falta de recursos o dificultades para desplazarse a consultas y sesiones de rehabilitación.

Continuidad asistencial y planificación del alta

La continuidad de cuidados es uno de los puntos más sensibles en el abordaje del síndrome post-UCI. El traslado entre unidades y niveles asistenciales puede fragmentar la información, especialmente cuando las necesidades del paciente se perciben como resueltas desde la perspectiva del episodio agudo. Sin embargo, la estabilidad clínica no equivale a recuperación integral. La planificación del alta debe incorporar de manera explícita las secuelas presentes, los objetivos a corto plazo y las necesidades de seguimiento.

Una transición bien organizada suele requerir comunicación estructurada entre profesionales, registro claro de limitaciones funcionales, necesidades de movilización, estado nutricional, situación emocional y apoyos requeridos. La enfermera puede contribuir a sintetizar información útil para el siguiente nivel asistencial y a traducirla en problemas de cuidados concretos: dependencia parcial, riesgo de deterioro funcional, intolerancia a la actividad, alteración del sueño, ansiedad, sobrecarga familiar o necesidad de educación sanitaria reforzada.

La coordinación con hospitalización, rehabilitación, trabajo social, atención primaria y, cuando proceda, recursos domiciliarios, favorece una respuesta más coherente. En pacientes complejos, la ausencia de este enlace puede traducirse en retrasos en la rehabilitación, reingresos evitables, mala adaptación al domicilio o persistencia de síntomas no detectados. El acompañamiento enfermero durante la transición ayuda además a ajustar expectativas y a explicar que la recuperación suele ser gradual y no lineal.

Necesidades de rehabilitación

La rehabilitación tras la UCI no debe reducirse a ejercicios aislados. Supone un proceso orientado a recuperar función, autonomía y participación en la vida cotidiana. En muchos pacientes, el primer objetivo consiste en tolerar el sedestación, realizar transferencias seguras, mantener la bipedestación o iniciar la marcha con apoyo. En otros, el reto principal es conservar energía, controlar síntomas y progresar de forma segura sin precipitar agotamiento excesivo.

La Enfermería tiene un papel continuado en este proceso. La movilización progresiva, el fomento de cambios posturales, el entrenamiento en actividades básicas, la observación de la respuesta al esfuerzo y la prevención de complicaciones derivadas de la inmovilidad forman parte de su práctica habitual. Estas intervenciones deben individualizarse según estabilidad clínica, dolor, fatiga, capacidad cognitiva y objetivos funcionales pactados con el paciente y el equipo.

La rehabilitación respiratoria puede ser necesaria en personas con disnea persistente, tos ineficaz o limitación funcional tras soporte ventilatorio. La enseñanza de técnicas de respiración, la higiene bronquial cuando está indicada, la dosificación del esfuerzo y la supervisión de la tolerancia a la actividad pueden facilitar una recuperación más segura. Del mismo modo, el abordaje nutricional y la educación sobre conservación de energía son elementos relevantes para sostener el progreso funcional.

No debe olvidarse la rehabilitación emocional y cognitiva. La recuperación de rutinas, el establecimiento de objetivos alcanzables, la orientación temporal, la estructuración de actividades y el apoyo para expresar miedos o recuerdos difíciles pueden mejorar la adaptación. Cuando el malestar psicológico es persistente o intenso, resulta recomendable valorar la derivación a los recursos correspondientes dentro del equipo interdisciplinar.

Familia y entorno cuidador

La familia atraviesa con frecuencia una experiencia de elevada carga durante el ingreso en UCI y el periodo posterior. Puede asumir tareas de cuidado para las que no se siente preparada, convivir con incertidumbre sobre la evolución o experimentar agotamiento físico y emocional. Además, a veces necesita reinterpretar a un paciente que ha sobrevivido, pero que no ha recuperado de inmediato su funcionamiento previo.

La intervención enfermera con la familia incluye información comprensible, entrenamiento en cuidados básicos, identificación de signos de alarma, orientación sobre ayudas técnicas y escucha activa de preocupaciones. También conviene explorar la disponibilidad real de apoyo, la sobrecarga percibida y las dificultades para mantener el cuidado continuado en domicilio. El reconocimiento de la familia como unidad de cuidados mejora la adherencia al plan, reduce tensiones y favorece decisiones más realistas.

Implicaciones para la práctica enfermera

El síndrome post-UCI obliga a reforzar una visión longitudinal del cuidado. La enfermera no solo atiende un episodio agudo, sino una trayectoria de recuperación que puede prolongarse y requerir reajustes sucesivos. En este marco, cobran especial importancia la valoración integral repetida, la detección precoz de cambios, la documentación clara de problemas de cuidados y la coordinación con otros profesionales.

La educación sanitaria debe adaptarse a la capacidad cognitiva y al momento clínico del paciente. La información excesiva o compleja en fases de cansancio intenso puede resultar poco eficaz. Es preferible ofrecer mensajes priorizados, comprobar comprensión y reforzar contenidos en distintos momentos. Asimismo, la planificación de objetivos funcionales pequeños y observables suele facilitar la adherencia y reducir la sensación de fracaso.

La práctica basada en la evidencia, entendida como integración prudente del conocimiento disponible con la experiencia clínica y las preferencias del paciente, aporta un marco útil para evitar intervenciones descontextualizadas. En el síndrome post-UCI no existe una única trayectoria estándar; por ello, la toma de decisiones enfermeras debe considerar la variabilidad individual, las condiciones del entorno y la necesidad de seguimiento continuado.

Discusión/Conclusiones

El síndrome post-UCI representa una prolongación clínica y humana de la enfermedad crítica. Aunque el alta de cuidados intensivos suele marcar el final de la fase de mayor inestabilidad, no supone necesariamente la resolución del proceso. Persisten secuelas que comprometen función, autonomía, bienestar emocional y adaptación social, con impacto directo en el paciente y en su familia. Este escenario requiere un enfoque asistencial menos centrado en compartimentos y más atento a la continuidad del cuidado.

La revisión permite considerar que la aportación enfermera resulta especialmente significativa en tres planos. El primero es la valoración integral, porque muchas secuelas son sutiles o se interpretan como parte esperable de la convalecencia y, por ello, pueden pasar desapercibidas. El segundo es la transición asistencial, ya que la información sobre limitaciones, riesgos y necesidades de seguimiento debe acompañar al paciente de manera comprensible y operativa. El tercero es la rehabilitación entendida en sentido amplio, no solo como recuperación motora, sino como proceso de reconstrucción funcional, emocional y relacional.

Persisten retos organizativos relevantes. No todos los pacientes acceden con la misma facilidad a recursos de rehabilitación, seguimiento o apoyo psicosocial. Del mismo modo, la coordinación entre UCI, hospitalización, atención primaria y dispositivos comunitarios puede ser irregular. En este contexto, la Enfermería puede actuar como elemento vertebrador del proceso, favoreciendo la continuidad informativa, el acompañamiento clínico y la educación sanitaria adaptada.

La recuperación tras una enfermedad crítica debe individualizarse. Algunas personas precisarán intervenciones intensivas y supervisión estrecha; otras evolucionarán con mayor autonomía, pero se beneficiarán igualmente de una evaluación estructurada y de objetivos funcionales realistas. Reconocer esta diversidad evita respuestas uniformes y permite ajustar el plan de cuidados a la situación basal, las secuelas presentes y los recursos disponibles.

En términos prácticos, el abordaje del síndrome post-UCI se beneficia de una planificación del alta que identifique necesidades de movilización, autocuidado, apoyo emocional, educación y coordinación; de una valoración longitudinal que permita detectar problemas emergentes; y de una implicación activa de la familia como parte del proceso de recuperación. Una atención enfermera centrada en la persona, prudente y continuada puede contribuir a reducir discontinuidades, mejorar la experiencia del paciente y sostener trayectorias de rehabilitación más seguras y coherentes.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

Bibliografía

  1. Nakanishi N, Liu K, Kawauchi A, Okamura M, Tanaka K, Katayama S, et al.. Instruments to assess post-intensive care syndrome assessment: a scoping review and modified Delphi method study.. Crit Care. 2023;27(1):430. doi: https://doi.org/10.1186/s13054-023-04681-6
  2. Latronico N, Eikermann M, Ely EW, Needham DM. Improving management of ARDS: uniting acute management and long-term recovery.. Crit Care. 2024;28(1):58. doi: https://doi.org/10.1186/s13054-024-04810-9
  3. Denke C, Steinecke K, Krampe H, Boehnke DJ, Weiss B, Spies C. Post-Intensive Care Syndrome: From Diagnosis To Treatment.. Dtsch Arztebl Int. 2026;123(1):1-7. doi: https://doi.org/10.3238/arztebl.m2025.0145
  4. Svenningsen H, Langhorn L, Ågård AS, Dreyer P. Post-ICU symptoms, consequences, and follow-up: an integrative review.. Nurs Crit Care. 2017;22(4):212-220. doi: https://doi.org/10.1111/nicc.12165
  5. Ohtake PJ, Lee AC, Scott JC, Hinman RS, Ali NA, Hinkson CR, et al.. Physical Impairments Associated With Post-Intensive Care Syndrome: Systematic Review Based on the World Health Organization's International Classification of Functioning, Disability and Health Framework.. Phys Ther. 2018;98(8):631-645. doi: https://doi.org/10.1093/ptj/pzy059
  6. Grant CJ, Doig LF, Everson J, Foster N, Doig CJ. Impact of Patient and Family Involvement in Long-Term Outcomes.. Crit Care Nurs Clin North Am. 2020;32(2):227-242. doi: https://doi.org/10.1016/j.cnc.2020.02.005
  7. Pappas J, Sutton LA, Wilson DR. Guided Imagery and Other Complementary Pain Control Approaches for Critical Care Patients.. Crit Care Nurs Clin North Am. 2024;36(4):539-551. doi: https://doi.org/10.1016/j.cnc.2024.01.008
  8. Howard AF, Currie L, Bungay V, Meloche M, McDermid R, Crowe S, et al.. Health solutions to improve post-intensive care outcomes: a realist review protocol.. Syst Rev. 2019;8(1):11. doi: https://doi.org/10.1186/s13643-018-0939-7
  9. Wang Y, Tian Y, Luo Y, Diao L, Liu C, Mi J. Non-Pharmacological Interventions for Cognitive Impairment After Intensive Care: A Scoping Review.. Nurs Crit Care. 2026;31(3):e70423. doi: https://doi.org/10.1111/nicc.70423
  10. Locke M, Eccleston S, Ryan CN, Byrnes TJ, Mount C, McCarthy MS. Developing a Diary Program to Minimize Patient and Family Post-Intensive Care Syndrome.. AACN Adv Crit Care. 2016;27(2):212-20. doi: https://doi.org/10.4037/aacnacc2016467
  11. Boehm LM, Potter K, McPeake J, Shaw M, Su H, Jones AC, et al.. Understanding attendance patterns and determinants in cardiac, pulmonary, and ICU rehabilitation/recovery programs: A systematic review and meta-analysis.. Heart Lung. 2025;69:51-61. doi: https://doi.org/10.1016/j.hrtlng.2024.09.010
  12. Osagiede LE, Tatucu-Babet OA, Bear DE, Chapple LS, Freeman-Sanderson A, Marshall AP, et al.. Beyond the intensive care unit: Nutrition challenges and key considerations for survivors of critical illness: A narrative review.. Nutr Clin Pract. 2026;41(2):394-409. doi: https://doi.org/10.1002/ncp.70091
  13. Costa P, Ferreira A, Roncon-Albuquerque R. Mapping transitional care models after ICU discharge for ECMO survivors: A scoping review.. Enferm Intensiva (Engl Ed). 2026;37(2):500598. doi: https://doi.org/10.1016/j.enfie.2026.500598
  14. O'Neill B, Linden M, Ramsay P, Darweish Medniuk A, Outtrim J, King J, et al.. Development of the support needs after ICU (SNAC) questionnaire.. Nurs Crit Care. 2022;27(3):410-418. doi: https://doi.org/10.1111/nicc.12695
  15. Latronico N, Herridge M, Hopkins RO, Angus D, Hart N, Hermans G, et al.. The ICM research agenda on intensive care unit-acquired weakness.. Intensive Care Med. 2017;43(9):1270-1281. doi: https://doi.org/10.1007/s00134-017-4757-5
  16. Wu T, Yan F, Zhang G, Zhao R, Peng G, Sun R, et al.. Interventions for adult survivors discharged from the intensive care unit: a scoping review.. BMJ Open. 2025;15(8):e096634. doi: https://doi.org/10.1136/bmjopen-2024-096634
Scroll al inicio