Transición a enfoque paliativo en persona con cáncer avanzado

Transition to a palliative approach in a person with advanced cancer

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:43

Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega

Fecha recepción: 28/05/26

Fecha aceptación: 05/07/26

Fecha de publicación: 09/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):43

Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Cáncer avanzado; Cuidadores familiares; Cuidados paliativos; Continuidad asistencial; Atención al final de la vida; Comunicación; Proceso de Enfermería; Cuidados de Enfermería; Control de síntomas; Informes de casos

Keywords: Advanced Cancer; Family Caregivers; Palliative Care; Continuity of Patient Care; End-of-Life Care; Communication; Nursing Process; Nursing Care; Symptom Management; Case Reports

Resumen

Introducción: La transición desde un enfoque predominantemente modificador de la enfermedad hacia un abordaje paliativo en personas con cáncer avanzado constituye un momento asistencial de elevada complejidad clínica, emocional y relacional. En este proceso, Enfermería ocupa una posición relevante por su continuidad en la atención, su proximidad al paciente y la familia y su papel en la valoración integral, el control de síntomas y la coordinación entre niveles asistenciales.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona con cáncer avanzado durante la transición a cuidados paliativos, analizando la valoración clínica y psicosocial, los problemas de cuidados prioritarios, la planificación de intervenciones y los elementos que favorecen la continuidad asistencial.

Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. La valoración se organiza a partir de dimensiones física, emocional, funcional, social y familiar, incorporando la comunicación clínica y la evolución de las necesidades de cuidados en el tránsito hacia objetivos centrados en confort, alivio sintomático y apoyo a la unidad paciente-familia.

Resultados: La situación analizada muestra que la transición al enfoque paliativo requiere una relectura compartida del momento evolutivo, una comunicación gradual y comprensible, identificación precoz de síntomas de alta carga, apoyo al cuidador principal y planificación de cuidados coordinada. Las intervenciones enfermeras se orientan a alivio de disnea, dolor y astenia, prevención de complicaciones, acompañamiento emocional, apoyo en la toma de decisiones y preparación del alta con seguimiento.

Discusión/Conclusiones: La transición al enfoque paliativo no debe entenderse como retirada de cuidados, sino como reformulación de objetivos asistenciales ajustados a la situación clínica y a los valores de la persona. El liderazgo enfermero puede contribuir a una atención más coherente, humanizada y continua, especialmente cuando integra control de síntomas, comunicación terapéutica y soporte a la familia.

Abstract

Introduction: The transition from a disease-modifying approach to a palliative care focus in people with advanced cancer is a highly complex clinical, emotional and relational process. Nursing plays a central role due to its continuity of care, close contact with patients and relatives, and its contribution to comprehensive assessment, symptom management and care coordination.

Objectives: To describe the nursing approach to a person with advanced cancer during the transition to palliative care, analysing clinical and psychosocial assessment, priority care problems, intervention planning and key elements for continuity of care.

Methodology: A clinical situation is presented and organised through the nursing process. Assessment includes physical, emotional, functional, social and family dimensions, as well as clinical communication and the evolution of care needs as goals shift towards comfort, symptom relief and support for the patient-family unit.

Results: The case shows that transition to a palliative approach requires a shared understanding of the disease stage, gradual and understandable communication, early identification of distressing symptoms, support for the main caregiver and coordinated care planning. Nursing interventions focus on relief of dyspnoea, pain and fatigue, prevention of complications, emotional support, shared decision-making assistance and discharge planning with follow-up.

Discussion/Conclusions: Transition to palliative care should not be interpreted as withdrawal of care but as a reformulation of goals according to clinical condition and patient values. Nursing leadership may contribute to more coherent, humane and continuous care when symptom control, therapeutic communication and family support are integrated.

Introducción

En la trayectoria del cáncer avanzado existen momentos de especial vulnerabilidad en los que cambian no solo las decisiones terapéuticas, sino también el significado que la enfermedad adquiere para la persona y su entorno. Uno de esos momentos es la transición hacia un enfoque paliativo, habitualmente asociada a progresión clínica, aumento de la carga sintomática, reducción de la reserva funcional y necesidad de priorizar objetivos centrados en confort, calidad de vida y adecuación del esfuerzo terapéutico.

Esta transición no suele producirse de forma brusca ni homogénea. Con frecuencia conviven tratamientos dirigidos al control tumoral con intervenciones paliativas, y el paso hacia una atención predominantemente paliativa depende del estado clínico, del pronóstico estimado, de las preferencias del paciente y de la comprensión compartida de la situación. En ese contexto, la labor enfermera trasciende la ejecución de cuidados básicos o técnicas concretas. Implica valorar de forma integral, detectar sufrimiento físico y emocional, facilitar la comunicación entre paciente, familia y equipo, anticipar necesidades y contribuir a una continuidad asistencial que evite respuestas fragmentadas.

Desde la práctica clínica, la dificultad no reside únicamente en controlar síntomas como dolor, disnea, náuseas, debilidad o insomnio. También deben abordarse la incertidumbre, el miedo, las pérdidas funcionales, la reorganización familiar y las decisiones sobre lugar de cuidados, apoyos disponibles y prioridades al final de la vida. La familia, y en especial la persona cuidadora principal, puede experimentar una sobrecarga progresiva, dudas sobre el manejo en domicilio y ambivalencia emocional ante el cambio de objetivos asistenciales. Enfermería suele ser uno de los profesionales con mayor contacto continuado con esta realidad, tanto en hospitalización como en atención domiciliaria, hospital de día o consultas de seguimiento.

La pertinencia de analizar este proceso mediante un caso clínico radica en que permite integrar la valoración enfermera, el razonamiento clínico y la planificación de cuidados de manera próxima a la práctica real. El abordaje paliativo requiere individualización; por ello, la exposición de una situación clínica ayuda a visibilizar decisiones de cuidado que no siempre quedan reflejadas cuando la atención se centra exclusivamente en diagnósticos médicos o en tratamientos farmacológicos. A través de este enfoque se puede explorar cómo se reformulan objetivos, cómo se priorizan problemas y qué intervenciones son especialmente relevantes para sostener a la unidad paciente-familia durante una fase de alta carga asistencial.

Objetivos

Objetivo general: Analizar el abordaje enfermero en la transición a un enfoque paliativo de una persona con cáncer avanzado, con atención a la valoración integral, la planificación de cuidados y la continuidad asistencial.

Objetivos específicos:

  • Describir una situación clínica de cáncer avanzado en la que se produce un cambio progresivo de objetivos terapéuticos.
  • Identificar necesidades de cuidados físicas, emocionales, familiares y funcionales relevantes en el momento de transición.
  • Exponer intervenciones enfermeras orientadas al control de síntomas, el confort y el acompañamiento.
  • Analizar el papel de la comunicación clínica en la comprensión de la situación y en la toma de decisiones.
  • Valorar la importancia del apoyo al cuidador principal y de la coordinación entre dispositivos asistenciales.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito oncológico estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se centra en la fase de transición desde un tratamiento orientado fundamentalmente al control de la enfermedad hacia una atención prioritaria de necesidades paliativas. La exposición integra la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones, el seguimiento evolutivo y los elementos de coordinación necesarios para la continuidad.

La persona atendida se presenta mediante datos generales no identificativos: adulto con cáncer avanzado, progresión clínica reciente, reingresos por descompensación sintomática y presencia de cuidadora familiar principal. La valoración enfermera considera cinco áreas interrelacionadas:

  • Situación física: intensidad y patrón de síntomas, tolerancia a la actividad, sueño, ingesta, eliminación, integridad cutánea y respuesta a las medidas de confort.
  • Situación funcional: grado de dependencia para actividades básicas, movilidad, riesgo de deterioro adicional y necesidad de ayudas técnicas o apoyo continuo.
  • Situación emocional: vivencia de la enfermedad, miedo, ansiedad, capacidad de afrontamiento y expresión de preferencias.
  • Entorno familiar y social: disponibilidad de apoyo, rol del cuidador principal, carga percibida, condiciones del domicilio y red de soporte.
  • Comunicación y toma de decisiones: nivel de información, expectativas, comprensión del momento evolutivo y necesidades de clarificación.

La metodología de exposición prioriza la descripción de decisiones clínicas y de cuidados que pueden resultar aplicables a escenarios semejantes, sin establecer un protocolo cerrado. Las intervenciones se formulan de manera orientativa y deben individualizarse según situación clínica, recursos disponibles y organización de cada entorno asistencial.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Varón de 68 años, identificado como J.M., diagnosticado de neoplasia de origen digestivo en fase avanzada, con progresión tumoral tras varias líneas de tratamiento sistémico. Vive con su esposa, que asume la mayor parte de los cuidados en domicilio, y cuenta con apoyo ocasional de una hija adulta. En los meses previos ha presentado pérdida progresiva de fuerza, disminución de la ingesta, mayor dependencia para el aseo y el vestido, episodios de dolor irruptivo y sensación disneica al mínimo esfuerzo. Ha acudido en varias ocasiones a urgencias por empeoramiento del malestar general y control insuficiente de síntomas.

Durante un ingreso reciente por descompensación clínica, el equipo constata deterioro funcional relevante, limitada tolerancia a nuevos tratamientos oncológicos y aumento de necesidades de soporte. El paciente verbaliza cansancio, preocupación por la carga que supone para su esposa y temor a ahogarse o sufrir dolor intenso en casa. La esposa alterna actitudes de fuerte implicación con momentos de agotamiento y llanto contenido; refiere no saber si será capaz de atenderle cuando regrese al domicilio y expresa dudas sobre el significado de “pasar a paliativos”, que asocia inicialmente a abandono terapéutico.

Valoración enfermera

En la dimensión física destacan dolor de intensidad variable, localizado fundamentalmente en abdomen y región lumbar, disnea intermitente que aumenta con movilizaciones y ansiedad asociada, astenia marcada, anorexia, estreñimiento relacionado con inmovilidad y tratamiento analgésico, sueño fragmentado y sequedad de mucosas. La movilidad está limitada; precisa ayuda para cambios posturales y deambulación corta al baño. Permanece largos periodos en cama o sillón, con riesgo de lesiones cutáneas por presión si no se mantiene vigilancia preventiva.

Desde el punto de vista funcional, la dependencia ha aumentado de forma acelerada. Actividades previamente autónomas requieren ahora supervisión o ayuda directa. Esta pérdida repercute en la autoimagen del paciente, que verbaliza sentirse “una carga” y muestra reticencia a solicitar asistencia, incluso cuando el esfuerzo incrementa la disnea y el dolor. La fatiga condiciona también la capacidad de mantener conversaciones prolongadas o participar en decisiones complejas sin pausas.

En la esfera emocional se observan tristeza reactiva, ansiedad anticipatoria ante el deterioro y necesidad de información comprensible. El paciente desea conocer qué puede esperarse en adelante, pero rechaza conversaciones excesivamente técnicas. La esposa necesita confirmar que seguirán recibiendo atención y que el alivio del sufrimiento será una prioridad. La hija, por su parte, solicita orientaciones prácticas para colaborar sin desautorizar a la madre en su papel cuidador.

La valoración del entorno revela una familia cohesionada, aunque fatigada por meses de cuidados intensos y desplazamientos frecuentes al hospital. El domicilio dispone de espacio suficiente, pero será necesario adaptar el entorno para facilitar movilizaciones, descanso y acceso a material de apoyo. No existe conflicto familiar grave, aunque sí diferencias en los tiempos de aceptación de la evolución. Esto obliga a una comunicación prudente y gradual, evitando tanto la sobreinformación como la ambigüedad mantenida.

Problemas de cuidados prioritarios

A partir de la valoración se identifican como prioritarios el deterioro del confort por dolor y disnea, la fatiga con limitación funcional, el riesgo de deterioro de la integridad cutánea, el estreñimiento, la ansiedad vinculada a la evolución de la enfermedad, la necesidad de apoyo en la comunicación sobre objetivos asistenciales y la sobrecarga del cuidador familiar. También se considera relevante el riesgo de discontinuidad asistencial en el momento del alta, dada la complejidad del manejo domiciliario y la necesidad de coordinación con recursos paliativos y de atención primaria.

Estos problemas no aparecen de forma aislada. La disnea aumenta el miedo, el miedo agrava la percepción de falta de aire; la fatiga dificulta la movilización, lo que favorece estreñimiento e inmovilidad; la sobrecarga de la esposa repercute en su capacidad de descanso y en la seguridad del cuidado en domicilio. Por ello, la planificación enfermera requiere priorización dinámica y visión de conjunto.

Planificación e intervenciones enfermeras

La planificación se orienta a objetivos realistas y revisables: disminuir la intensidad del sufrimiento físico, favorecer el descanso, conservar el mayor grado posible de autonomía en actividades significativas, apoyar la comprensión de la situación clínica y preparar una transición segura entre dispositivos asistenciales. No se trata de recuperar un estado basal ya no alcanzable, sino de ajustar los cuidados a aquello que resulta beneficioso y proporcionado para la persona en ese momento.

Respecto al control de síntomas, Enfermería mantiene una valoración continuada del dolor, identificando patrón, factores desencadenantes, respuesta a analgésicos prescritos y necesidad de rescates. Se refuerzan medidas no farmacológicas de confort, como cambios posturales cuidadosos, ambiente tranquilo, reducción de estímulos que aumenten la ansiedad y facilitación de posiciones que mejoren la expansión torácica. En relación con la disnea, se observan signos de esfuerzo respiratorio, tolerancia a la actividad y efecto de las medidas pautadas por el equipo médico, acompañando con presencia calmada, instrucciones sencillas y ayuda para dosificar esfuerzos.

La fatiga y la dependencia funcional se abordan mediante organización de cuidados en periodos cortos, priorización de actividades significativas para el paciente y conservación de energía. Se evitan intervenciones innecesarias o movilizaciones no justificadas. Se promueve la participación del paciente en decisiones cotidianas que todavía puede asumir, como elegir momentos de higiene, preferencia de postura o presencia de familiares, manteniendo así sensación de control.

Para la prevención de complicaciones derivadas de inmovilidad, se establecen cambios posturales adaptados a la tolerancia, vigilancia de prominencias óseas, cuidado de piel y mucosas, observación de la hidratación cutánea y educación a la familia sobre señales de alarma. En cuanto al estreñimiento, se registran ritmo intestinal, molestias asociadas, tolerancia a la ingesta y eficacia del plan terapéutico indicado, promoviendo medidas de confort compatibles con la situación clínica.

En el ámbito emocional y relacional, la intervención enfermera se centra en escucha activa, validación del malestar y clarificación de mensajes. En varias conversaciones breves, ajustadas al nivel de cansancio del paciente, se explora qué entiende sobre su situación y qué teme de forma más inmediata. J.M. no demanda información pronóstica detallada, pero sí quiere saber que no se le dejará solo con el dolor ni con la falta de aire. La esposa necesita reformular la idea de paliativos como un modelo de cuidado activo. Esta resignificación se trabaja con un lenguaje claro: continuar cuidando, aliviar, acompañar, prevenir sufrimiento evitable y sostener decisiones acordes con los valores de la persona.

La comunicación clínica se desarrolla de manera coordinada con el resto del equipo. Enfermería identifica momentos de especial receptividad, prepara el entorno para conversaciones sin interrupciones, verifica comprensión y detecta discrepancias entre lo entendido por el paciente y por la familia. También traslada al equipo las preocupaciones emergentes: miedo a morir en sufrimiento, dudas sobre retorno al domicilio y necesidad de apoyo más allá del alta. Esta función de enlace resulta especialmente relevante cuando el paciente expresa deseos de permanecer en casa si los síntomas pueden controlarse y la familia recibe respaldo profesional suficiente.

El apoyo a la cuidadora principal incluye valoración de cansancio, sentimiento de competencia, descanso disponible y capacidad para asumir cuidados básicos. Se ofrecen demostraciones prácticas de movilización segura, cuidado de la boca, uso de medicación de rescate según indicación médica y observación de signos que aconsejan contactar con profesionales. Del mismo modo, se legitima la necesidad de pedir ayuda y se reconoce el impacto emocional del cuidado prolongado, evitando situar toda la responsabilidad en la familia.

La planificación del alta y la continuidad asistencial ocupan un lugar central. Antes de la salida del hospital se procura que paciente y familia dispongan de información coherente sobre tratamiento sintomático, recursos disponibles y vías de contacto. Se coordina la transferencia de información relevante con los dispositivos que continuarán la atención, haciendo hincapié en síntomas predominantes, necesidades de apoyo, grado de dependencia y preferencias expresadas. Esta coordinación puede reducir incertidumbre y favorecer que el cambio de escenario no suponga una ruptura del plan de cuidados.

Evolución

Tras varios días de ajuste terapéutico y de intervención enfermera continuada, el paciente refiere mejor alivio del dolor basal y menor angustia asociada a la disnea cuando se aplican las medidas pactadas y se anticipan los esfuerzos. Mantiene astenia importante y dependencia creciente, pero expresa sentirse más tranquilo al comprender que el objetivo principal será “estar lo mejor posible” y no someterse a procedimientos que no aporten beneficio claro. La esposa, aunque continúa emocionalmente afectada, verbaliza mayor seguridad para el manejo básico en domicilio al disponer de instrucciones concretas y de un referente asistencial para consultas.

En el seguimiento inmediato se observa que la carga de cuidados sigue siendo elevada y requiere reevaluación frecuente. La evolución clínica continúa siendo de fragilidad progresiva, con oscilaciones en el control sintomático. Sin embargo, la existencia de un plan compartido, comprensible y centrado en prioridades del paciente mejora la coherencia de las decisiones y reduce parte del sufrimiento añadido por la incertidumbre. La intervención enfermera no modifica el curso de la enfermedad, pero sí puede modular la experiencia de enfermedad avanzada y del final de vida.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita permite subrayar que la transición a un enfoque paliativo en cáncer avanzado es un proceso clínico y relacional, no un acto administrativo ni una decisión puntual desconectada de la trayectoria previa. En muchos casos, el principal obstáculo no es técnico, sino interpretativo: paciente y familia pueden asociar paliativos a renuncia o abandono, mientras el equipo percibe la necesidad de reformular objetivos para adecuarlos a la realidad clínica. Enfermería se encuentra en una posición privilegiada para reducir esa distancia, ya que su presencia continuada facilita detectar dudas, silencios, contradicciones y temores que condicionan la aceptación del plan terapéutico.

El caso muestra que el control de síntomas debe acompañarse de una lectura integral del sufrimiento. Dolor, disnea, debilidad y estreñimiento exigen intervenciones concretas, pero su impacto depende también del grado de información, del apoyo familiar, de la percepción de carga y del miedo al futuro inmediato. Cuando la respuesta enfermera integra dimensiones física, emocional y social, la atención resulta más ajustada y menos fragmentada. Del mismo modo, la planificación centrada en confort no implica pasividad; exige observación clínica fina, reevaluación constante y capacidad para anticipar necesidades cambiantes.

Otro elemento relevante es la familia como unidad de cuidado. El cuidador principal puede asumir tareas complejas en un corto intervalo, a menudo en medio de fatiga acumulada y duelo anticipado. Si la educación se limita a instrucciones apresuradas en el momento del alta, aumenta el riesgo de inseguridad, consultas urgentes evitables y vivencia de desamparo. La preparación del retorno al domicilio, cuando este es el escenario preferido y clínicamente posible, debería incluir entrenamiento práctico, validación emocional y coordinación real entre recursos. En este punto, la continuidad asistencial no depende solo de derivar, sino de transferir información significativa y asegurar que los objetivos de cuidado se mantengan comprensibles en todos los niveles.

La comunicación constituye probablemente uno de los ejes más sensibles del proceso. No toda persona desea el mismo grado de detalle ni procesa la información al mismo ritmo. Una práctica enfermera cuidadosa requiere explorar qué sabe el paciente, cuánto quiere saber, qué teme y qué considera aceptable. También requiere evitar mensajes dicotómicos del tipo “ya no hay nada que hacer”, que desvirtúan el sentido de los cuidados paliativos. Frente a ello, un lenguaje centrado en alivio, acompañamiento, proporcionalidad y continuidad puede favorecer una transición menos traumática y más respetuosa con los valores de la persona.

Entre los límites del abordaje presentado se encuentra la propia variabilidad de las trayectorias oncológicas y de los recursos disponibles en cada entorno. No todas las familias disponen del mismo apoyo ni todos los dispositivos asistenciales ofrecen idéntica capacidad de seguimiento. Por ello, las intervenciones descritas deben interpretarse como orientación clínica general y no como secuencia universal aplicable sin adaptación. Aun así, existen elementos transversales que mantienen su validez práctica: valoración integral, priorización de síntomas, comunicación gradual, apoyo a la familia y coordinación entre niveles.

La transición al enfoque paliativo en personas con cáncer avanzado puede convertirse en una oportunidad para reordenar los cuidados en torno a lo que realmente importa al paciente cuando la enfermedad ha modificado de forma significativa sus posibilidades terapéuticas. En esa reordenación, Enfermería aporta cercanía clínica, capacidad de observación, acompañamiento y continuidad. Su intervención puede contribuir a que el paso hacia cuidados paliativos se viva menos como una pérdida de atención y más como una forma distinta, activa y deliberada de cuidar.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

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