Community home assessment for fall prevention in a frail person
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:247
Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz
Fecha recepción: 20/07/26
Fecha aceptación: 15/08/26
Fecha de publicación: 19/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):247
Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Participación comunitaria; Entorno doméstico; Cuidados de Enfermería; Proceso de Enfermería; Alfabetización en salud; Salud comunitaria; Evaluación del riesgo; Prevención de caídas; Promoción de la salud; Fragilidad
Keywords: Community Participation; Home Environment; Nursing Care; Nursing Process; Health Literacy; Community Health Nursing; Risk Assessment; Accidental Falls; Health Promotion; Frailty
Resumen
Introducción: La caída en la persona con fragilidad constituye un problema de cuidados de elevada relevancia por su relación con deterioro funcional, pérdida de autonomía, temor a nuevas caídas y sobrecarga familiar. En el ámbito comunitario, el hogar puede actuar como espacio protector o como escenario facilitador del riesgo, por lo que la valoración enfermera del entorno doméstico adquiere un papel central dentro de la prevención y de la continuidad asistencial.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una situación clínica centrada en la valoración comunitaria del domicilio de una persona frágil con riesgo de caída, identificar problemas de cuidados asociados y plantear intervenciones orientadas a la seguridad, la alfabetización en salud y la participación familiar.
Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería en el ámbito de atención comunitaria. La valoración integra antecedentes de fragilidad, funcionalidad básica, movilidad, percepción del riesgo, características del entorno doméstico, apoyo informal y capacidad de comprensión de las recomendaciones.
Resultados: La visita domiciliaria permitió identificar una combinación de factores intrínsecos y extrínsecos: inestabilidad en la marcha, miedo a caer, uso irregular de ayudas técnicas, iluminación insuficiente, presencia de alfombras y obstáculos, organización inadecuada del baño y baja anticipación del riesgo por parte de la paciente y su entorno. A partir de esta valoración se planificaron intervenciones dirigidas a la adaptación ambiental, educación sanitaria, entrenamiento en medidas de seguridad, refuerzo del autocuidado y seguimiento comunitario.
Discusión/Conclusiones: La prevención de caídas en personas frágiles requiere una mirada integral que no se limite al episodio, sino que contemple el domicilio, la funcionalidad, el soporte familiar y la capacidad de la persona para incorporar cambios. La Enfermería comunitaria puede contribuir de manera relevante mediante valoración domiciliaria, intervención educativa y coordinación con otros recursos para sostener cuidados seguros y realistas.
Abstract
Introduction: Falls in frail individuals are a major care concern because of their association with functional decline, loss of independence, fear of falling again and family burden. In community care, the home may function either as a protective setting or as a risk-enhancing environment; therefore, nursing assessment of the domestic setting is a key element in prevention and continuity of care.
Objectives: To describe a nursing approach to a clinical situation focused on community home assessment in a frail person at risk of falling, to identify related care problems, and to outline interventions aimed at safety, health literacy and family participation.
Methodology: A clinical situation is presented using the nursing process in a community care context. Assessment includes frailty-related background, basic functional status, mobility, risk perception, home environment characteristics, informal support and the person’s ability to understand and apply recommendations.
Results: The home visit identified a combination of intrinsic and extrinsic factors: unsteady gait, fear of falling, inconsistent use of assistive devices, poor lighting, rugs and obstacles, inadequate bathroom layout and limited risk anticipation by the patient and relatives. Based on this assessment, interventions were planned focusing on environmental adaptation, health education, safety measures, self-care reinforcement and community follow-up.
Discussion/Conclusions: Fall prevention in frail people requires a comprehensive perspective that goes beyond the event itself and considers the home, functional status, family support and the person’s ability to adopt changes. Community nursing can make a substantial contribution through home assessment, educational intervention and coordination with other resources to support safe and feasible care.
Introducción
La caída en la persona con fragilidad no debe interpretarse únicamente como un incidente aislado. Con frecuencia representa la expresión visible de una situación compleja en la que convergen disminución de reserva fisiológica, alteración del equilibrio, comorbilidad, polimedicación, barreras arquitectónicas y dificultades para mantener rutinas seguras en el domicilio. Desde la perspectiva enfermera, la caída obliga a ampliar el foco más allá del síntoma o del traumatismo inmediato y a valorar la interacción entre persona, entorno y red de apoyo.
La fragilidad comporta una mayor vulnerabilidad ante estresores aparentemente menores. En este contexto, un cambio en la distribución de la vivienda, un episodio de infección intercurrente, un empeoramiento de la visión o la retirada de un apoyo familiar pueden desencadenar pérdida de movilidad, restricción de la actividad y mayor probabilidad de accidentes. La relación entre fragilidad y caídas es, por tanto, bidireccional: la fragilidad incrementa el riesgo de caer y la caída acelera el deterioro funcional si no se interviene de forma precoz.
El domicilio ocupa un lugar prioritario en la valoración de estos pacientes. La mayoría de las actividades de la vida diaria se desarrollan en ese espacio, donde se ponen a prueba la movilidad, la seguridad y la autonomía. Aspectos como la altura de la cama, la iluminación de los pasillos, la accesibilidad al baño, el orden de los objetos de uso frecuente o el calzado habitual pueden influir de forma decisiva en la seguridad. Sin una observación directa del hogar, parte del riesgo queda infraidentificado.
La visita domiciliaria permite además comprender cómo vive la persona, qué estrategias ha desarrollado para compensar sus limitaciones y qué significados atribuye al riesgo. No es infrecuente que una persona que ha sufrido una caída minimice lo ocurrido, lo atribuya a la casualidad o rechace cambios ambientales por considerarlos una pérdida de control sobre su casa. Del mismo modo, la familia puede normalizar situaciones inseguras por convivencia prolongada con ellas. La intervención enfermera necesita, por ello, incorporar evaluación clínica, escucha, negociación y educación sanitaria adaptada al nivel de alfabetización en salud.
La Enfermería comunitaria, por su proximidad al entorno cotidiano, se encuentra en una posición especialmente adecuada para detectar necesidades, priorizar problemas de cuidados y favorecer medidas realistas de prevención. Este abordaje no se limita a recomendar retirar alfombras o instalar apoyos; implica valorar funcionalidad, hábitos, adherencia a ayudas técnicas, capacidad para seguir instrucciones, sobrecarga del cuidador y posibilidades de coordinación con trabajo social, fisioterapia u otros dispositivos comunitarios cuando proceda.
Presentar una situación clínica centrada en la valoración comunitaria del hogar permite ilustrar cómo el proceso de Enfermería puede traducirse en decisiones concretas orientadas a la seguridad y a la permanencia en el domicilio con el mayor grado posible de autonomía.
Objetivos
Describir el abordaje enfermero de una persona frágil atendida en el ámbito comunitario tras episodios de inestabilidad y caída en el domicilio, poniendo el foco en la valoración del hogar como elemento preventivo.
De forma específica, se pretende:
- Identificar factores de riesgo de caída relacionados con la situación funcional, la movilidad, la percepción de seguridad y las características del entorno doméstico.
- Analizar la utilidad de la visita domiciliaria para detectar problemas de cuidados no siempre evidentes en consulta.
- Plantear intervenciones enfermeras orientadas a la adaptación del hogar, la educación sanitaria y la participación de la familia o cuidadores.
- Mostrar la importancia del seguimiento comunitario y de la continuidad asistencial en la prevención secundaria de caídas.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica del ámbito comunitario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje parte de una demanda de valoración tras una caída reciente sin lesión grave aparente, en una mujer de edad avanzada, identificada con las iniciales M.R., que vive sola en su domicilio habitual con apoyo frecuente de una hija que reside en el mismo barrio. La paciente presenta fragilidad clínica, movilidad enlentecida, fatiga ante esfuerzos moderados y antecedentes de dos episodios previos de tropiezo en el hogar en los últimos meses.
La valoración se realizó en el domicilio mediante entrevista, observación directa del entorno y exploración funcional básica orientada a cuidados. Se recogió información sobre antecedentes de salud relevantes, patrón de movilidad, autonomía en actividades básicas, uso de medicación habitual, continencia, patrón de sueño, estado sensorial referido, alimentación, apoyo social y percepción subjetiva del riesgo. La visita incluyó recorrido por las distintas estancias para identificar barreras ambientales y analizar cómo la persona se desplazaba en su rutina cotidiana.
El análisis de la situación se organizó a partir de problemas de cuidados relacionados con riesgo de lesión, manejo ineficaz de medidas preventivas, temor a la caída y necesidad de apoyo para el mantenimiento de un entorno seguro. Se consideró asimismo la alfabetización en salud de la paciente y de su cuidadora principal, entendida como capacidad para comprender, recordar y aplicar recomendaciones preventivas en la vida diaria.
La planificación de cuidados se orientó a intervenciones factibles en domicilio, ajustadas a las preferencias de la paciente y a los recursos familiares disponibles. El seguimiento se planteó mediante contacto comunitario posterior para valorar adherencia a las recomendaciones, cambios en el entorno y evolución funcional. No se presenta un protocolo cerrado, sino una secuencia de actuación clínica centrada en valoración, priorización de riesgos, educación y reevaluación.
Resultados
Presentación de la situación clínica
M.R. es una mujer de 84 años que vive sola en una vivienda antigua sin reformas recientes. Conserva capacidad de decisión y desea mantener su vida en casa con el menor grado posible de dependencia. Refiere cansancio al caminar, inseguridad al levantarse por la noche y miedo a ducharse sin ayuda desde una caída ocurrida semanas antes al tropezar en el pasillo cuando se dirigía al baño. No presentó consecuencias traumáticas mayores, pero desde entonces limita sus desplazamientos y evita algunas actividades por temor a repetir el episodio.
La hija, que acude a diario, describe un progresivo enlentecimiento en la marcha, mayor necesidad de apoyo en tareas domésticas y cierto rechazo materno a utilizar bastón dentro de casa porque lo considera incómodo. También comenta olvidos ocasionales en la toma de recomendaciones dadas previamente, aunque la paciente mantiene una conversación coherente y reconoce adecuadamente personas, lugar y situación. El principal objetivo de ambas es continuar en el domicilio evitando nuevos incidentes.
Valoración enfermera de la persona y de la funcionalidad
Durante la visita se observó deambulación lenta, con pasos cortos y necesidad de apoyarse en muebles al iniciar la marcha. El cambio postural de sedestación a bipedestación requería unos segundos de estabilización. M.R. manifestaba miedo a perder el equilibrio en giros y al atravesar zonas estrechas. Aunque realizaba de forma autónoma parte del autocuidado, precisaba supervisión o ayuda parcial para actividades que implicaban mayor demanda de equilibrio, especialmente el baño y algunas transferencias.
En la entrevista refirió visión reducida en condiciones de poca luz y molestias articulares crónicas que aumentaban su inseguridad al caminar. Negó consumo de alcohol y describió ingesta hídrica reducida por temor a levantarse con frecuencia al baño. El patrón de sueño estaba fragmentado y realizaba varios desplazamientos nocturnos. El calzado utilizado en casa consistía en zapatillas abiertas por el talón, blandas y gastadas. La paciente identificaba la caída como un accidente desafortunado, pero no relacionaba de forma clara el episodio con elementos modificables del domicilio.
Desde el punto de vista de cuidados, se evidenciaba vulnerabilidad para sufrir nuevas caídas, deterioro de la confianza en la movilidad y riesgo de mayor dependencia si se mantenía la restricción de actividad. También se apreciaba necesidad de reforzar conocimientos prácticos sobre seguridad doméstica, uso de ayudas técnicas y planificación de rutinas con menor exposición al riesgo.
Valoración del entorno doméstico
La inspección del domicilio mostró varios factores extrínsecos relevantes. El pasillo tenía iluminación escasa y el interruptor no resultaba fácilmente accesible desde la cama. Existían alfombras pequeñas sin fijación estable y cables visibles junto al recorrido habitual. El mobiliario estaba dispuesto de forma que estrechaba el paso en algunos puntos, favoreciendo maniobras de giro en espacios reducidos. La cama presentaba una altura baja, lo que dificultaba incorporarse con seguridad.
En el baño se observó ausencia de elementos de apoyo estables, presencia de una bañera alta y uso de una alfombrilla interior no antideslizante. Los productos de aseo se almacenaban en posiciones que obligaban a inclinarse o girarse de forma insegura. La cocina concentraba objetos de uso frecuente en armarios superiores, por lo que la paciente utilizaba un pequeño taburete cuando estaba sola. En el salón, el sillón principal era muy blando y dificultaba la incorporación. Ninguna de estas situaciones había sido percibida por la familia como un conjunto de riesgos acumulativos.
Problemas de cuidados priorizados
La información obtenida permitió priorizar varios problemas interrelacionados. En primer lugar, el riesgo de caída asociado a fragilidad, alteración de la marcha, obstáculos ambientales y uso inadecuado del calzado. En segundo lugar, la limitación de la movilidad segura dentro del domicilio por miedo a nuevas caídas y por estrategias compensatorias poco eficaces, como apoyarse en muebles inestables. En tercer lugar, una necesidad de educación sanitaria vinculada a escasa identificación de situaciones peligrosas y a dificultades para incorporar recomendaciones sencillas de forma consistente.
La situación también mostraba riesgo de aislamiento progresivo y de dependencia secundaria al temor, ya que M.R. había comenzado a reducir movimientos espontáneos, posponía el aseo completo cuando estaba sola y evitaba salir a la calle salvo acompañada. Este patrón podía favorecer desacondicionamiento físico y mayor pérdida de autonomía si no se intervenía.
Planificación e intervenciones enfermeras
Se acordó con la paciente y su hija un plan de cuidados centrado en medidas graduales, asumibles y visibles para ambas. La primera línea de intervención fue la adaptación ambiental básica del domicilio. Se recomendó retirar alfombras móviles, despejar zonas de paso, reorganizar cables, mejorar la iluminación del pasillo y del trayecto nocturno hacia el baño y reubicar objetos de uso frecuente a una altura accesible. También se propuso revisar el mobiliario que servía de apoyo habitual, sustituyendo referencias inestables por puntos de apoyo más seguros cuando fuera posible.
En relación con el baño, se priorizó la reorganización del espacio para reducir maniobras de riesgo y la valoración de ayudas de apoyo adaptadas al domicilio. Mientras se materializaban cambios estructurales, se insistió en evitar el baño sin supervisión, preparar previamente todo el material necesario y utilizar superficies secas y estables. Se recomendó además revisar el tipo de calzado para optar por uno cerrado, bien ajustado y con suela más segura para el desplazamiento interior.
La educación sanitaria se dirigió a transformar recomendaciones generales en conductas concretas. Se trabajó con mensajes breves y repetidos: encender la luz antes de iniciar la marcha nocturna, sentarse unos segundos antes de levantarse, evitar transportar objetos que impidan ver el suelo, no usar taburetes para alcanzar armarios altos y solicitar ayuda para actividades de mayor riesgo. Se comprobó la comprensión pidiendo a la paciente que explicara con sus palabras qué cambios iba a aplicar y en qué lugares de la vivienda percibía más peligro.
Otra línea de actuación fue el abordaje del miedo a caer. No se planteó únicamente como respuesta emocional, sino como factor que condicionaba la movilidad y el autocuidado. Se validó la experiencia vivida por M.R. y se reformuló el objetivo funcional en términos de seguridad y autonomía, evitando mensajes que pudieran interpretarse como minimización del problema. Se estimuló la realización de desplazamientos cortos y planificados dentro de casa, con pausas y apoyos adecuados, en lugar de fomentar inmovilización por temor.
La participación de la hija resultó esencial. Se consensuaron tareas específicas para no convertir el cuidado en una supervisión inespecífica: revisar periódicamente el orden del trayecto dormitorio-baño, observar el estado del calzado, reforzar el uso de ayudas técnicas y acompañar la incorporación de cambios sin imponerlos de forma brusca. También se abordó la necesidad de vigilar signos de aumento de dependencia, confusión aguda, dolor o empeoramiento de la marcha que justificaran nueva valoración profesional.
Desde la continuidad asistencial, se propuso seguimiento comunitario para reevaluar adherencia, funcionalidad y necesidades de coordinación con otros recursos. La intervención enfermera no se limitó a indicar modificaciones del entorno, sino a acompañar la adaptación de la persona a ese entorno, facilitando que las medidas fueran comprendidas, aceptadas y sostenibles.
Evolución en el seguimiento
En el contacto posterior, la familia informó de retirada de alfombras, mejora de la iluminación nocturna y reorganización de objetos en cocina y baño. M.R. aceptó sustituir las zapatillas habituales y manifestó sentirse más segura en el trayecto al baño durante la noche. Persistía cierto miedo al aseo completo, aunque había disminuido la evitación de desplazamientos cortos en el domicilio.
La evolución funcional fue discretamente favorable en términos de confianza y seguridad percibida. La paciente continuaba precisando supervisión parcial en actividades de mayor riesgo, pero mostraba mayor disposición a seguir pautas preventivas cuando estas se vinculaban a mantener su independencia. La reevaluación permitió insistir en que el objetivo no era transformar por completo la vivienda, sino reducir riesgos acumulativos y sostener un nivel de actividad compatible con su situación clínica.
Discusión/Conclusiones
La situación descrita refleja un hallazgo frecuente en atención comunitaria: el riesgo de caída no suele depender de un único factor, sino de la suma de pequeñas vulnerabilidades que, de forma aislada, pueden parecer asumibles. Fragilidad, marcha insegura, iluminación insuficiente, calzado inadecuado, apoyos improvisados y baja percepción de peligro conforman un escenario donde cualquier descompensación puede precipitar un nuevo episodio. La valoración domiciliaria aporta información difícil de obtener en otros entornos y permite priorizar medidas con sentido práctico.
Uno de los aspectos más relevantes para la práctica enfermera es la necesidad de individualizar la intervención. No todas las personas frágiles aceptan del mismo modo las adaptaciones del hogar, ni todas cuentan con idéntico apoyo familiar o recursos materiales. La eficacia de las recomendaciones depende en gran medida de que se ajusten a la biografía, las rutinas y las preferencias de la persona. Una prescripción ambiental técnicamente correcta puede fracasar si no resulta comprensible o asumible en la vida diaria.
La alfabetización en salud merece una consideración específica. En prevención de caídas no basta con transmitir información; es necesario comprobar cómo la persona interpreta el riesgo, qué barreras encuentra para modificar conductas y qué capacidad tiene para recordar instrucciones en situaciones cotidianas. Traducir el consejo sanitario a acciones concretas y observables favorece la adherencia y facilita la participación del entorno cuidador.
También conviene subrayar que el miedo a caer no es un elemento secundario. Puede convertirse en un factor de deterioro funcional al promover inmovilidad, reducción del autocuidado y dependencia creciente. La intervención enfermera debe reconocer esa dimensión emocional y trabajarla de forma integrada con la seguridad física, sin culpabilizar a la persona ni centrar el problema exclusivamente en su conducta.
La coordinación con recursos comunitarios puede ampliar el alcance de las medidas preventivas cuando existen necesidades de adaptación del domicilio, entrenamiento funcional o apoyo social. No obstante, incluso antes de activar otros dispositivos, la observación enfermera y la educación sanitaria en el hogar pueden generar cambios de alto valor clínico por su inmediatez y por su capacidad para modificar riesgos cotidianos.
Entre las limitaciones de este tipo de abordaje se encuentra la variabilidad de los domicilios, la heterogeneidad funcional de las personas con fragilidad y la dificultad para sostener algunos cambios cuando la red de apoyo es escasa. Aun así, la visita domiciliaria sigue siendo una herramienta de gran utilidad para comprender la situación real de cuidados y orientar intervenciones proporcionadas.
La prevención de caídas en la persona frágil atendida en la comunidad requiere una mirada integral, continuada y centrada en la vida diaria. La Enfermería comunitaria puede desempeñar un papel decisivo al identificar riesgos en el hogar, reforzar la seguridad en actividades básicas, promover cambios asumibles y acompañar a la persona y su familia en la preservación de la autonomía dentro del domicilio.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
Bibliografía
- Del Moral-Pairada M, Laserna Jiménez C, Fabrellas N, Lopez-Poyato M. Exploring Nursing Interventions for Frail Individuals in Primary Care: A Systematic Review.. Int Nurs Rev. 2025;72(2):e70048. doi: https://doi.org/10.1111/inr.70048
- Acosta DJ, Rinfret A, Plant J, Hsu AT. Using Patient Simulation to Promote Best Practices in Fall Prevention and Postfall Assessment in Nursing Homes.. J Nurs Care Qual. 2022;37(2):117-122. doi: https://doi.org/10.1097/NCQ.0000000000000599
- McManus C, Oseroff BH, Zimbroff RM, Riser TJ, Ornstein KA, Sheehan OC. Shedding Light on an Invisible Population in Geriatric Medicine: A Scoping Review of Older Adults Who Are Homebound.. J Am Geriatr Soc. 2025;73(11):3562-3576. doi: https://doi.org/10.1111/jgs.19620
- Kenis C, Decoster L, Flamaing J, Debruyne PR, De Groof I, Focan C, et al.. Incidence of falls and fall-related injuries and their predictive factors in frail older persons with cancer: a multicenter study.. BMC Geriatr. 2022;22(1):877. doi: https://doi.org/10.1186/s12877-022-03574-7
- Gayot C, Cardinaud N, Zarca K, Zaleski I, Laubarie-Mouret C, Tchalla AE. A person-centred ehealth intervention for fall prevention in nursing homes lacking geriatric expertise: cost-effectiveness analysis within a randomised controlled trial.. Age Ageing. 2026;55(3). doi: https://doi.org/10.1093/ageing/afag053
- Martí-Marco E, Vera-Remartínez EJ, Esteve-Clavero A, Carmona-Fortuño I, Flores-Saldaña M, Vila-Pascual J, et al.. Detection of Falls and Frailty in Older Adults with Oldfry: Associated Risk Factors.. Sensors (Basel). 2025;25(10). doi: https://doi.org/10.3390/s25102964
- Del-Cuerpo I, Jiménez-Lupión D, Rubio-Oltra J, Chirosa-Ríos I, Chirosa-Ríos LJ, Jerez-Mayorga D. Push-Pull Ratio and Ankle Dorsiflexion Strength in Nurse Home Residents: Novel Insights Into Fall Prevention Strategies.. Physiother Res Int. 2026;31(1):e70132. doi: https://doi.org/10.1002/pri.70132
- Sitjà-Rabert M, Martínez-Zapata MJ, Fort-Vanmeerhaeghe A, Rey-Abella F, Romero-Rodríguez D, Bonfill X. Whole body vibration for older persons: an open randomized, multicentre, parallel, clinical trial.. BMC Geriatr. 2011;11:89. doi: https://doi.org/10.1186/1471-2318-11-89
- Lektip C, Nawarat J, Miyake E, Aoki K, Nemoto S, Ohtsuka H, et al.. Home Environmental Hazard Levels Among Community-Dwelling Older Adults Across Different Frailty States in Southern Thailand.. Scientifica (Cairo). 2026;2026:6628363. doi: https://doi.org/10.1155/sci5/6628363
- Membership of GITES, Alarcos B, Díaz-Pulido B, Fernández O, Fernández-Guinea S, García Herraiz A, et al.. Detection of balance in the elderly under the influence of stress (DEPIE): A cross-sectional study protocol.. PLoS One. 2026;21(1):e0341744. doi: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0341744
- Brući S, Bogataj D. The Contingency of Frailty Level with the Perception of Risks of Falls in Various Living and Public Environments of Older Adults.. Healthcare (Basel). 2025;13(24). doi: https://doi.org/10.3390/healthcare13243234
- Romli MH, Mackenzie L, Lovarini M, Tan MP, Clemson L. The Clinimetric Properties of Instruments Measuring Home Hazards for Older People at Risk of Falling: A Systematic Review.. Eval Health Prof. 2018;41(1):82-128. doi: https://doi.org/10.1177/0163278716684166
- Mahoney JE, Shea TA, Przybelski R, Jaros L, Gangnon R, Cech S, et al.. Kenosha County falls prevention study: a randomized, controlled trial of an intermediate-intensity, community-based multifactorial falls intervention.. J Am Geriatr Soc. 2007;55(4):489-98. doi: https://doi.org/10.1111/j.1532-5415.2007.01144.x