Gender-based violence and mental health: nursing detection and support
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:443
Autor principal (primer firmante): Rosa Beltrán Jiménez
Fecha recepción: 27/08/26
Fecha aceptación: 21/09/26
Fecha de publicación: 27/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):443
Autores:
Rosa Beltrán Jiménez
Enrique Salas Ortega
Ángela Medina Pardo
Carlos Vega Roldán
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Seguridad; Trauma psicológico; Intervención en crisis; Enfermería basada en la evidencia; Apoyo psicosocial; Relaciones enfermera-paciente; Cuidados de Enfermería; Salud mental; Violencia de género; Derivación
Keywords: Safety; Psychological Trauma; Crisis Intervention; Evidence-Based Nursing; Psychosocial Support; Nurse-Patient Relations; Nursing Care; Mental Health; Gender-Based Violence; Referral and Consultation
Resumen
Introducción: La violencia de género constituye un problema sanitario y social con repercusiones relevantes sobre la salud mental, el bienestar psicosocial y la seguridad de las mujeres que la sufren. En los distintos niveles asistenciales, Enfermería mantiene un contacto continuado con pacientes en situaciones de vulnerabilidad, lo que sitúa a la profesión en una posición especialmente adecuada para la detección precoz, la acogida terapéutica y la coordinación de cuidados.
Objetivos: Analizar la relación entre violencia de género y salud mental desde la perspectiva enfermera, describir elementos clave para su detección clínica, revisar líneas de acompañamiento y apoyo psicosocial, y señalar aspectos relevantes para la derivación y la continuidad asistencial.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo centrada en el abordaje enfermero de la violencia de género cuando se asocia a malestar psicológico, trauma, crisis emocional o trastornos de salud mental. El desarrollo se organiza a partir de la práctica clínica, la valoración integral y la coordinación interdisciplinar, sin adoptar un protocolo cerrado.
Resultados: La violencia de género puede manifestarse mediante síntomas emocionales, somáticos, conductuales e interpersonales que no siempre se expresan de forma directa. La valoración enfermera debe integrar seguridad, escucha clínica, identificación de indicadores de trauma, apoyo emocional, detección de necesidades inmediatas y derivación a recursos sanitarios, sociales o de protección según cada situación. La relación terapéutica, la confidencialidad y la ausencia de juicio favorecen la revelación y la adherencia al seguimiento.
Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero requiere sensibilidad clínica, prudencia y continuidad. La detección aislada resulta insuficiente si no se acompaña de una respuesta centrada en la seguridad, la validación del relato, la planificación compartida y la coordinación con otros dispositivos. Fortalecer la competencia profesional en trauma, comunicación terapéutica y valoración del riesgo puede contribuir a mejorar la respuesta asistencial.
Abstract
Introduction: Gender-based violence is a health and social problem with significant consequences for mental health, psychosocial well-being and women’s safety. Across care settings, nurses maintain sustained contact with patients in vulnerable situations, placing the profession in a favourable position for early identification, therapeutic support and care coordination.
Objectives: To analyse the relationship between gender-based violence and mental health from a nursing perspective, to describe key elements for clinical detection, to review lines of psychosocial support and nursing accompaniment, and to identify relevant issues for referral and continuity of care.
Methodology: A narrative theoretical review is presented, focused on nursing care in situations where gender-based violence is associated with psychological distress, trauma, emotional crisis or mental health problems. The content is organised around clinical practice, comprehensive assessment and interdisciplinary coordination, without proposing a fixed protocol.
Results: Gender-based violence may appear through emotional, somatic, behavioural and relational manifestations that are not always disclosed directly. Nursing assessment should integrate safety concerns, clinical listening, recognition of trauma-related indicators, emotional support, identification of immediate needs and referral to health, social or protection resources according to each case. A therapeutic relationship based on confidentiality and non-judgement facilitates disclosure and follow-up.
Discussion/Conclusions: Nursing care in this field requires clinical sensitivity, prudence and continuity. Detection alone is insufficient if it is not followed by a response focused on safety, validation of the patient’s experience, shared planning and interprofessional coordination. Strengthening professional competence in trauma-informed care, therapeutic communication and risk assessment may improve the healthcare response.
Introducción
La violencia de género afecta a la salud de manera compleja y acumulativa. Sus consecuencias no se limitan a las lesiones físicas ni a los episodios agudos de agresión, sino que pueden proyectarse sobre el funcionamiento emocional, la percepción de seguridad, la autoestima, el sueño, la capacidad de concentración, la relación con otras personas y el uso de los servicios sanitarios. En muchas ocasiones, la mujer no consulta de forma explícita por la situación de violencia, sino por síntomas inespecíficos, ansiedad, tristeza persistente, somatizaciones, malestar difuso, crisis de angustia, consumo problemático de sustancias o dificultades de adaptación.
La afectación de la salud mental no responde a un patrón único. Puede observarse desde un sufrimiento psicológico de intensidad variable hasta manifestaciones compatibles con trauma, sintomatología depresiva, alteraciones del vínculo, hipervigilancia, síntomas disociativos o ideación autolítica. También es frecuente que convivan sentimientos de culpa, miedo, vergüenza, ambivalencia hacia la relación, dependencia emocional o económica y aislamiento social. Esta diversidad clínica obliga a evitar lecturas simplificadoras y a situar la experiencia de la paciente en su contexto vital, relacional y de seguridad.
Enfermería ocupa una posición estratégica en este ámbito por varias razones. La primera es la accesibilidad: profesionales de Enfermería atienden en atención primaria, urgencias, hospitalización, salud mental, atención maternoinfantil, ámbito comunitario y dispositivos sociosanitarios. La segunda es la continuidad: el seguimiento longitudinal facilita reconocer cambios de conducta, reiteración de consultas, signos de sufrimiento persistente o dificultades en la adherencia terapéutica. La tercera es la naturaleza del cuidado enfermero, que incorpora escucha, observación clínica, relación terapéutica, educación sanitaria, apoyo psicosocial y coordinación asistencial.
La detección no debe entenderse como una búsqueda inquisitiva ni como una actuación desvinculada de la práctica habitual, sino como parte de una valoración integral y respetuosa. Preguntar de forma adecuada, en un entorno de privacidad, con lenguaje claro y sin culpabilización, puede abrir un espacio seguro para que la mujer exprese lo que le ocurre. A partir de ahí, la respuesta enfermera necesita combinar contención emocional, valoración de seguridad, identificación de necesidades prioritarias y conocimiento de los cauces de derivación disponibles en el entorno asistencial.
La complejidad del problema también exige considerar el impacto institucional de la atención recibida. Una respuesta sanitaria precipitada, incrédula o centrada exclusivamente en la dimensión física puede reforzar el silencio, la desconfianza o el abandono del seguimiento. Por el contrario, una acogida clínica que valide el sufrimiento, respete los tiempos de la paciente y favorezca decisiones informadas puede contribuir a disminuir la sensación de desamparo. Desde esta perspectiva, el abordaje enfermero de la violencia de género y la salud mental se inscribe en una práctica clínica sensible al trauma, centrada en la persona y orientada a la continuidad asistencial.
Objetivos
El objetivo general de esta revisión es examinar el papel de Enfermería en la detección y el acompañamiento de mujeres que presentan afectación de la salud mental en el contexto de violencia de género.
Como objetivos específicos se plantean:
- Describir las principales manifestaciones psicológicas, conductuales y relacionales que pueden aparecer en este contexto y que resultan relevantes para la valoración enfermera.
- Analizar elementos de la entrevista clínica y de la relación terapéutica que facilitan una detección respetuosa y segura.
- Revisar intervenciones enfermeras de apoyo emocional, contención, educación y planificación compartida centradas en la seguridad y el afrontamiento.
- Señalar criterios generales para la derivación y la coordinación con otros recursos sanitarios, sociales y de protección, atendiendo a las necesidades de cada situación.
- Reflexionar sobre los límites y las exigencias formativas del abordaje enfermero en un problema de alta sensibilidad clínica y ética.
Metodología
Se ha desarrollado una revisión teórica de carácter narrativo orientada a sintetizar contenidos clínicos útiles para la práctica enfermera. El texto se centra en la violencia de género ejercida en el ámbito de las relaciones afectivas o exparejas y en sus repercusiones sobre la salud mental, sin pretender sustituir los procedimientos específicos de cada centro ni las obligaciones legales vigentes en cada contexto asistencial.
La exposición se articula en torno a cinco ejes: comprensión del impacto psíquico y psicosocial, valoración enfermera, comunicación terapéutica, acompañamiento en situaciones de crisis y derivación/continuidad de cuidados. Este enfoque permite integrar la atención inmediata y el seguimiento posterior, evitando reducir el problema a un único episodio asistencial.
La perspectiva adoptada es clínica y prudente. No se propone un algoritmo universal ni se establecen secuencias rígidas, ya que la respuesta depende de factores como el nivel de riesgo, la etapa del proceso en que se encuentra la mujer, la presencia de menores o personas dependientes, el soporte social disponible, la coexistencia de trastornos mentales previos, la accesibilidad a recursos especializados y el ámbito donde se produce la atención. Se prioriza, por tanto, una visión aplicable a la práctica diaria desde la individualización del cuidado.
En consonancia con el objeto de la revisión, se da especial importancia a la observación clínica, la entrevista en condiciones de privacidad, la documentación enfermera y la coordinación interprofesional. Asimismo, se incorporan consideraciones sobre seguridad, consentimiento y respeto a la autonomía, por tratarse de aspectos inseparables de cualquier intervención de acompañamiento en violencia de género.
Resultados
Repercusión de la violencia de género sobre la salud mental
La experiencia de violencia sostenida puede alterar de forma profunda la vivencia corporal, emocional y relacional de la mujer. No siempre existe una correspondencia lineal entre la gravedad aparente de los hechos y la expresión clínica observada. Algunas pacientes verbalizan de forma directa miedo intenso, desesperanza o insomnio; otras consultan por cefaleas recurrentes, síntomas gastrointestinales, cansancio persistente, dolor sin causa orgánica clara o frecuentes demandas de atención urgente. Esta presentación indirecta obliga a incluir la violencia en el razonamiento clínico cuando el malestar resulta persistente, incongruente o difícil de explicar de manera exclusivamente biomédica.
Desde el punto de vista psicológico, pueden coexistir ansiedad, tristeza, anhedonia, irritabilidad, embotamiento afectivo, labilidad emocional, culpa, vergüenza y pérdida de confianza. También pueden presentarse conductas de evitación, hipervigilancia, sobresalto, dificultades de concentración y alteraciones del sueño. En algunas mujeres, el trauma se expresa mediante recuerdos intrusivos, miedo anticipatorio o respuesta intensa ante determinados estímulos relacionales. La violencia psicológica, el control coercitivo, la humillación continuada y el aislamiento pueden producir un deterioro gradual de la salud mental incluso en ausencia de lesiones visibles.
No debe pasarse por alto la interacción entre violencia de género y trastorno mental previo. La presencia de antecedentes psiquiátricos no invalida el relato de la mujer ni explica por sí sola su sufrimiento actual. Del mismo modo, atribuir todos los síntomas a la violencia sin una valoración clínica adecuada también sería inadecuado. Enfermería necesita mantener una mirada integradora que contemple comorbilidad, consumo de psicofármacos o alcohol, riesgo autolesivo, red de apoyo, dependencia económica y condiciones de vida.
Claves para la detección desde la práctica enfermera
La detección suele apoyarse en una combinación de indicadores, nunca en un signo aislado. Entre los elementos que pueden orientar la sospecha figuran la repetición de consultas por motivos poco definidos, la presencia de lesiones o explicaciones inconsistentes, el acompañamiento controlador por parte de la pareja, el miedo al responder, la cancelación de visitas, la baja adherencia terapéutica, el retraimiento extremo o cambios conductuales llamativos. En salud mental pueden añadirse síntomas de crisis, ideación de muerte, empeoramiento funcional o reactivación traumática.
Para que la entrevista resulte útil debe garantizarse privacidad real. La exploración de este tema en presencia de la pareja, de familiares no elegidos por la paciente o en espacios sin confidencialidad reduce la posibilidad de revelación e incrementa el riesgo. La formulación de preguntas ha de ser clara, progresiva y respetuosa. Preguntas abiertas sobre el clima en el hogar, el trato recibido, la percepción de miedo o control y el impacto emocional pueden facilitar el diálogo sin imponer interpretaciones prematuras.
La comunicación no verbal del profesional también influye. Una actitud apresurada, incrédula o excesivamente interrogativa puede generar cierre. Por el contrario, la escucha activa, el silencio terapéutico, la validación del sufrimiento y la ausencia de juicios morales favorecen la alianza. En ocasiones, la paciente no confirmará la violencia en el primer contacto. Incluso entonces, una atención respetuosa deja abierta la posibilidad de futuras revelaciones y evita dañar la relación terapéutica.
La documentación enfermera debe ser objetiva, clara y útil para la continuidad de cuidados. Conviene registrar manifestaciones observadas, verbalizaciones relevantes, estado emocional, necesidades detectadas, medidas adoptadas y derivaciones efectuadas. Una documentación precisa contribuye a la coherencia del proceso asistencial y evita pérdidas de información en transiciones entre niveles o profesionales.
Valoración integral: seguridad, salud mental y contexto social
Tras la detección o sospecha fundamentada, la prioridad es valorar la seguridad. No todas las situaciones presentan el mismo nivel de urgencia, pero en todas resulta pertinente explorar si existe amenaza actual, escalada de violencia, acceso del agresor a la paciente, miedo intenso, coacciones, menores expuestos, dependencia económica extrema o ausencia de un lugar seguro. La valoración debe individualizarse y orientarse a decidir el grado de inmediatez de la respuesta, sin forzar decisiones que la mujer no pueda sostener en ese momento.
De forma paralela, debe evaluarse el estado mental. La presencia de ansiedad intensa, bloqueo, disociación, desesperanza marcada, riesgo autolesivo, ideas de muerte o desorganización emocional requiere atención prioritaria y posible activación de recursos de apoyo inmediato según el dispositivo disponible. La intervención enfermera en crisis se dirige a contener, reducir la sobrecarga emocional inmediata, facilitar la orientación temporal y favorecer decisiones básicas de protección.
La valoración integral incluye además recursos personales y sociales. Conviene explorar si la mujer dispone de personas de confianza, autonomía económica, acceso a teléfono propio, posibilidad de desplazamiento, cuidado de hijos u otras personas dependientes y conocimiento de recursos de ayuda. Estos datos no solo orientan la derivación, sino que permiten diseñar planes realistas y acordes con sus posibilidades actuales.
Acompañamiento enfermero y apoyo psicosocial
El acompañamiento enfermero no se limita a informar. Implica sostener una relación terapéutica que disminuya la sensación de aislamiento, legitime la experiencia vivida y favorezca el afrontamiento. Una de las primeras intervenciones consiste en transmitir a la paciente que la violencia no es aceptable, que su malestar merece atención y que puede recibir ayuda sin ser juzgada. Esta validación, aparentemente sencilla, tiene gran valor clínico cuando la mujer ha sido descalificada o culpabilizada de forma persistente.
En situaciones de elevada activación emocional, son útiles medidas de contención verbal, respiración guiada si la paciente la tolera, organización de prioridades inmediatas y reducción de estímulos. En fases posteriores, la intervención puede orientarse a reforzar capacidades, identificar señales de alarma, promover autocuidado básico, revisar adherencia a tratamientos de salud mental ya prescritos y facilitar apoyo psicosocial. El lenguaje debe ser comprensible y ajustado al estado emocional del momento, evitando saturar con información o exigir decisiones precipitadas.
La educación sanitaria tiene un papel complementario. Puede centrarse en explicar reacciones frecuentes al trauma, normalizar determinadas respuestas emocionales sin minimizar el problema, promover estrategias de regulación y ofrecer información sobre cómo pedir ayuda en caso de empeoramiento o peligro. No obstante, la educación no debe desplazar la escucha ni convertir el encuentro en un consejo estandarizado. En este ámbito, la calidad del vínculo asistencial condiciona en gran medida la utilidad de cualquier recomendación.
La continuidad del acompañamiento resulta especialmente relevante. Muchas mujeres alternan fases de acercamiento y alejamiento de los recursos sanitarios. La no continuidad no debe interpretarse de manera simplista como falta de colaboración, sino como expresión de miedo, dependencia, agotamiento o barreras estructurales. Mantener una puerta asistencial accesible y no punitiva puede favorecer futuros contactos más resolutivos.
Derivación y coordinación interdisciplinar
La derivación constituye una parte del cuidado, no su finalización. Según las necesidades detectadas, puede ser apropiado contactar con medicina, trabajo social sanitario, salud mental, recursos sociales especializados, dispositivos de urgencia o mecanismos de protección establecidos en el entorno asistencial. El valor de la derivación aumenta cuando se realiza de forma explicada, compartida y, en la medida de lo posible, acompañada. Indicar un recurso sin verificar comprensión, accesibilidad o seguridad puede resultar insuficiente.
La coordinación interprofesional debe preservar la confidencialidad y el principio de mínima información necesaria. También requiere claridad en la transmisión del motivo de derivación, las preocupaciones de seguridad, el estado emocional observado y las actuaciones ya realizadas. En pacientes con trastornos mentales previos o tratamiento psicofarmacológico, la articulación con salud mental favorece una respuesta más coherente y evita fragmentación del cuidado.
En determinados casos, la intervención enfermera puede centrarse en preparar el siguiente paso asistencial: asegurar que la paciente conoce dónde acudir, pactar un nuevo contacto, identificar señales por las que debería consultar con urgencia y revisar obstáculos previsibles. Esta planificación compartida incrementa la utilidad práctica de la atención y reduce el riesgo de abandono tras la primera revelación.
Dificultades frecuentes en la atención
Persisten barreras que afectan tanto a las pacientes como a los equipos. Entre las primeras figuran el miedo a represalias, la dependencia económica, la vergüenza, la minimización del daño, la normalización del control y la desconfianza hacia las instituciones. Entre las segundas se encuentran la falta de tiempo, la inseguridad profesional, el desconocimiento de recursos, la tendencia a medicalizar el sufrimiento y la incomodidad ante entrevistas emocionalmente intensas.
Otra dificultad relevante es confundir respeto a la autonomía con pasividad clínica. Respetar las decisiones de la mujer no implica limitarse a escuchar sin valorar seguridad ni ofrecer ayuda. Del mismo modo, intervenir no significa sustituir su capacidad de decisión. El equilibrio entre acompañar y no invadir requiere habilidades comunicativas, juicio clínico y conocimiento del contexto legal y organizativo.
También deben considerarse situaciones de especial complejidad: barreras idiomáticas, discapacidad, embarazo, adolescencia, migración, ausencia de red, consumo de sustancias o coexistencia de patología mental grave. En estos escenarios, la vulnerabilidad puede intensificarse y el acceso a recursos volverse más difícil, por lo que la respuesta enfermera necesita una adaptación aún más cuidadosa.
Discusión/Conclusiones
La relación entre violencia de género y salud mental sitúa a Enfermería ante un campo de actuación donde la competencia técnica y la sensibilidad humana son inseparables. La detección no depende únicamente de formular preguntas, sino de crear condiciones clínicas para que la mujer pueda hablar con seguridad y sin temor a ser cuestionada. En este proceso, la relación enfermera-paciente constituye una herramienta asistencial de primer orden.
La práctica diaria muestra que muchas manifestaciones de la violencia emergen en forma de sufrimiento psicológico, síntomas inespecíficos o dificultades relacionales. Por ello, una lectura exclusivamente biomédica puede conducir a abordajes parciales. Integrar la seguridad, el trauma, el contexto social y la continuidad de cuidados permite comprender mejor el problema y responder de manera más ajustada. Esta mirada amplia no elimina la necesidad de intervenciones inmediatas cuando existe riesgo, pero sí evita reducir toda la atención a la urgencia del momento.
El acompañamiento enfermero aporta valor cuando combina validación emocional, valoración clínica, planificación compartida y coordinación con otros dispositivos. La escucha terapéutica, la contención en crisis, la información comprensible y la derivación explicada son intervenciones de alta relevancia, aunque su efectividad depende de factores organizativos como el tiempo disponible, la formación específica y la existencia de circuitos asistenciales conocidos por los profesionales.
También conviene reconocer límites. Enfermería no puede resolver en solitario un problema sostenido por determinantes sociales, desigualdades de poder y barreras institucionales. Sin embargo, sí puede contribuir de manera decisiva a que el sistema sanitario sea un espacio de identificación temprana, trato digno y protección. Para ello resultan pertinentes la formación continuada en violencia de género y trauma, el entrenamiento en entrevista clínica, la mejora de la coordinación interdisciplinar y la consolidación de entornos asistenciales que garanticen privacidad y continuidad.
En síntesis, la respuesta enfermera ante la violencia de género con afectación de la salud mental debe orientarse a reconocer el sufrimiento, priorizar la seguridad, sostener una relación terapéutica respetuosa y facilitar itinerarios de ayuda viables. Cuando estas dimensiones se integran, el cuidado enfermero trasciende la mera detección y se convierte en un componente activo de la recuperación y la protección de la mujer.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- White SJ, Sin J, Sweeney A, Salisbury T, Wahlich C, Montesinos Guevara CM, et al.. Global Prevalence and Mental Health Outcomes of Intimate Partner Violence Among Women: A Systematic Review and Meta-Analysis.. Trauma Violence Abuse. 2024;25(1):494-511. doi: https://doi.org/10.1177/15248380231155529
- Chu YC, Wang HH, Chou FH, Hsu YF, Liao KL. Outcomes of trauma-informed care on the psychological health of women experiencing intimate partner violence: A systematic review and meta-analysis.. J Psychiatr Ment Health Nurs. 2024;31(2):203-214. doi: https://doi.org/10.1111/jpm.12976
- Kalra N, Hooker L, Reisenhofer S, Di Tanna GL, García-Moreno C. Training healthcare providers to respond to intimate partner violence against women.. Cochrane Database Syst Rev. 2021;5(5):CD012423. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD012423.pub2
- GBD 2023 Intimate Partner Violence and Sexual Violence against Children Collaborators. Disease burden attributable to intimate partner violence against females and sexual violence against children in 204 countries and territories, 1990-2023: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2023.. Lancet. 2026;407(10523):31-52. doi: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(25)02503-6
- Bell SA, Folkerth LA. Women's Mental Health and Intimate Partner Violence Following Natural Disaster: A Scoping Review.. Prehosp Disaster Med. 2016;31(6):648-657. doi: https://doi.org/10.1017/S1049023X16000911
- Anbesu EW, Moloro AH, Kase BF, Shibeshi AH, Asebe HA, Hussen NM, et al.. Intimate partner violence and mental disorders among women: an umbrella review.. BMC Psychiatry. 2025;26(1):13. doi: https://doi.org/10.1186/s12888-025-07654-x
- Campbell JC, Lewandowski LA. Mental and physical health effects of intimate partner violence on women and children.. Psychiatr Clin North Am. 1997;20(2):353-74. doi: https://doi.org/10.1016/s0193-953x(05)70317-8
- Alhalal E, Ta'an W, Alhalal H. Intimate Partner Violence in Saudi Arabia: A Systematic Review.. Trauma Violence Abuse. 2021;22(3):512-526. doi: https://doi.org/10.1177/1524838019867156
- McGarry J, Ali P, Hinchliff S. Older women, intimate partner violence and mental health: a consideration of the particular issues for health and healthcare practice.. J Clin Nurs. 2017;26(15-16):2177-2191. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.13490
- Ali T, Karmaliani R, Farhan R, Hussain S, Jawad F. Intimate partner violence against women: a comprehensive depiction of Pakistani literature.. East Mediterr Health J. 2021;27(2):183-194. doi: https://doi.org/10.26719/emhj.20.107
- Li Q, Liu H, Chou KR, Lin CC, Van IK, Davidson PM, et al.. Nursing research on intimate partner violence in China: A scoping review.. Lancet Reg Health West Pac. 2020;2:100017. doi: https://doi.org/10.1016/j.lanwpc.2020.100017
- Kumar K, Mehra A, Kaur S, Kiran T, Goel K. Intimate Partner Violence and Mental Health in Rural Women.. Ann Neurosci. 2026;:09727531261447039. doi: https://doi.org/10.1177/09727531261447039
- Yakubovich AR, Bartsch A, Metheny N, Gesink D, O'Campo P. Housing interventions for women experiencing intimate partner violence: a systematic review.. Lancet Public Health. 2022;7(1):e23-e35. doi: https://doi.org/10.1016/S2468-2667(21)00234-6
- Wong JY, Fong DY, Lai V, Tiwari A. Bridging intimate partner violence and the human brain: a literature review.. Trauma Violence Abuse. 2014;15(1):22-33. doi: https://doi.org/10.1177/1524838013496333