Intimate partner violence during pregnancy: screening and safe nursing action
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:56
Autor principal (primer firmante): Rosa Beltrán Jiménez
Fecha recepción: 07/06/26
Fecha aceptación: 04/07/26
Fecha de publicación: 12/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):56
Autores:
Rosa Beltrán Jiménez
Enrique Salas Ortega
Ángela Medina Pardo
Carlos Vega Roldán
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cribado; Enfermería basada en la evidencia; Salud materno-infantil; Puerperio; Embarazo; Enfermería obstétrica; Cuidados de Enfermería; Lactancia materna; Seguridad; Violencia de pareja
Keywords: Mass Screening; Evidence-Based Nursing; Maternal-Child Health Services; Postpartum Period; Pregnancy; Obstetric Nursing; Nursing Care; Breast Feeding; Safety; Intimate Partner Violence
Resumen
Introducción: La violencia de pareja durante el embarazo constituye un problema de salud con repercusiones físicas, emocionales, sociales y perinatales. Su identificación puede verse dificultada por la normalización del maltrato, la dependencia afectiva o económica, el miedo a las consecuencias de la revelación y la falta de espacios clínicos seguros. En este escenario, la Enfermería obstétrica, comunitaria, de atención primaria, urgencias y hospitalización ocupa una posición relevante por su contacto continuado con la mujer gestante y su capacidad para integrar observación clínica, entrevista terapéutica, educación sanitaria y coordinación asistencial.
Objetivos: Revisar los elementos esenciales del cribado y de la actuación enfermera segura ante la violencia de pareja en el embarazo, así como sus implicaciones durante el puerperio y la atención a la lactancia materna.
Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo, orientada a sintetizar aspectos conceptuales, clínicos y asistenciales de interés para la práctica enfermera. Se abordan la detección precoz, la valoración integral, la seguridad, la documentación clínica, la continuidad asistencial y la coordinación interdisciplinar, evitando formular protocolos cerrados no sustentados por documentación específica aportada.
Resultados: El cribado requiere privacidad real, comunicación no enjuiciadora y valoración individualizada del riesgo. La actuación enfermera debe contemplar indicadores físicos y conductuales, impacto emocional, situación social, barreras para la búsqueda de ayuda y necesidades inmediatas de protección. La planificación de cuidados incluye escucha terapéutica, validación del relato, refuerzo de la autonomía, educación sobre recursos disponibles, registro clínico prudente y coordinación con el equipo. Embarazo, puerperio y lactancia pueden representar momentos de especial vulnerabilidad y también oportunidades para la detección y el acompañamiento.
Discusión/Conclusiones: La respuesta enfermera no puede limitarse a la identificación del problema. Requiere un abordaje seguro, centrado en la mujer, sensible al trauma y adaptado al contexto asistencial. La mejora de competencias comunicativas, la disponibilidad de circuitos claros y la continuidad entre niveles favorecen una atención más protectora para la madre y el recién nacido, sin sustituir la valoración clínica individual ni los procedimientos vigentes de cada centro.
Abstract
Introduction: Intimate partner violence during pregnancy is a health problem with physical, emotional, social, and perinatal consequences. Identification may be hindered by normalization of abuse, emotional or financial dependence, fear of disclosure, and the absence of safe clinical spaces. In this context, obstetric, community, primary care, emergency, and hospital nurses play a relevant role because of their ongoing contact with pregnant women and their ability to combine clinical observation, therapeutic communication, health education, and care coordination.
Objectives: To review the main elements of screening and safe nursing management of intimate partner violence during pregnancy, including implications for the postpartum period and breastfeeding care.
Methodology: Narrative theoretical review aimed at summarizing conceptual, clinical, and care-related issues relevant to nursing practice. The paper addresses early detection, comprehensive assessment, safety, clinical documentation, continuity of care, and interdisciplinary coordination, without presenting closed protocols unsupported by specifically provided sources.
Results: Screening requires real privacy, non-judgmental communication, and individualized risk assessment. Nursing management should include physical and behavioral indicators, emotional impact, social circumstances, barriers to help-seeking, and immediate safety needs. Care planning involves therapeutic listening, validation of the woman’s account, support for autonomy, education about available resources, prudent documentation, and team coordination. Pregnancy, postpartum, and breastfeeding may represent periods of increased vulnerability as well as opportunities for detection and supportive follow-up.
Discussion/Conclusions: Nursing response should not be limited to identifying the problem. It requires a safe, woman-centered, trauma-informed approach adapted to each clinical setting. Improved communication skills, clear referral pathways, and continuity across care levels may contribute to more protective care for both mother and newborn, while always preserving individualized clinical judgment and local procedures.
Introducción
La violencia de pareja durante el embarazo plantea un reto asistencial que trasciende la esfera estrictamente obstétrica. La agresión física, psicológica, sexual, coercitiva o económica puede coexistir con demandas habituales del seguimiento gestacional y pasar desapercibida si la valoración se limita a aspectos biomédicos. La mujer puede consultar por síntomas inespecíficos, ansiedad, insomnio, dolor persistente, dificultades en la adherencia a controles, conflictos familiares o preocupaciones relacionadas con el parto y la crianza, sin verbalizar de manera espontánea la situación de violencia. Por ello, el contacto clínico repetido propio de los cuidados materno-infantiles ofrece una oportunidad asistencial valiosa, aunque exige competencia profesional y prudencia.
Desde la perspectiva enfermera, el problema no se reduce a una categoría social o jurídica. Se relaciona con seguridad, vulnerabilidad, afrontamiento, salud mental, control del embarazo, vínculo materno-fetal, continuidad asistencial y apoyo en la transición al puerperio. La violencia puede condicionar la alimentación, el descanso, la asistencia a consultas, la toma de decisiones sobre la propia salud y la preparación para el parto. También puede dificultar el acceso autónomo a información sanitaria, limitar la red de apoyo y aumentar la sensación de amenaza, especialmente cuando el agresor ejerce control sobre los desplazamientos, la economía o las comunicaciones.
En la práctica clínica, la detección no siempre depende de la presencia de lesiones visibles. Son frecuentes los signos de malestar emocional, el retraimiento, las respuestas evasivas en presencia de la pareja, la hiperalerta, la incongruencia entre el relato y la evolución clínica o la repetición de consultas por motivos poco definidos. A ello se suma que el embarazo puede modificar la dinámica violenta: en algunas mujeres la intensifica, en otras la hace más encubierta y en otras se acompaña de nuevas formas de control vinculadas a la maternidad, la dependencia económica o la crianza futura.
La Enfermería dispone de herramientas especialmente útiles para este abordaje: relación terapéutica, entrevista centrada en la persona, observación continuada, valoración del entorno, educación sanitaria y coordinación con otros profesionales. No obstante, la intervención debe evitar aproximaciones simplificadoras. Preguntar sin privacidad, confrontar de forma precipitada, presionar para una decisión inmediata o entregar información sensible sin valorar la seguridad puede aumentar el riesgo. La actuación eficaz requiere reconocer que la revelación de la violencia es un proceso y que la protección no siempre coincide con una respuesta lineal o inmediata.
Durante el puerperio y el inicio de la lactancia, algunas necesidades se intensifican. La sobrecarga física, la falta de sueño, la dependencia para los cuidados del recién nacido y la reorganización del sistema familiar pueden exacerbar la vulnerabilidad. La presencia de la pareja en controles posparto o en el domicilio puede obstaculizar la entrevista y limitar la capacidad de la mujer para expresar temor o pedir ayuda. Al mismo tiempo, el seguimiento neonatal, las visitas de revisión y el acompañamiento en lactancia ofrecen nuevas oportunidades de observación y apoyo.
Una respuesta enfermera segura debe integrar tres planos: detección precoz, valoración integral del riesgo y continuidad del cuidado. Esto implica no solo identificar la posibilidad de violencia, sino también evaluar necesidades inmediatas, proteger la confidencialidad, documentar de manera objetiva y facilitar una derivación ajustada al contexto. El objetivo no es sustituir otros dispositivos asistenciales o sociales, sino aportar una intervención clínica competente que contribuya a reducir daño, sostener a la mujer y favorecer itinerarios de ayuda más seguros.
Objetivos
Analizar los fundamentos del cribado y de la actuación enfermera segura ante la violencia de pareja durante el embarazo, con atención a las particularidades del puerperio y de la lactancia materna.
De forma específica, se pretende:
- Describir los elementos clínicos y contextuales que pueden orientar la detección de violencia de pareja en la mujer gestante.
- Examinar las condiciones necesarias para realizar un cribado enfermero seguro, respetuoso y centrado en la mujer.
- Precisar los componentes de la valoración integral enfermera, incluyendo seguridad, impacto emocional, apoyo social y necesidades inmediatas.
- Revisar líneas de actuación aplicables a la práctica asistencial en embarazo, puerperio y atención materno-infantil temprana.
- Señalar aspectos relevantes de documentación, coordinación interdisciplinar y continuidad de cuidados.
Metodología
Se presenta una revisión teórica de tipo narrativo orientada a la práctica enfermera. El enfoque se centra en la integración de conocimientos clínicos y asistenciales sobre violencia de pareja durante el embarazo, cribado oportunista, comunicación terapéutica, seguridad y seguimiento en el ámbito materno-infantil. Dado que no se aportan fuentes concretas para una síntesis sistemática ni resultados cuantitativos específicos, el desarrollo prioriza formulaciones prudentes, aplicables y compatibles con distintos niveles asistenciales.
La revisión organiza el contenido en torno a cuestiones de especial interés para la Enfermería: condiciones de la entrevista, indicadores de sospecha, valoración física y psicosocial, necesidades de protección, continuidad entre embarazo y puerperio, implicaciones para la lactancia y coordinación con recursos del entorno. Asimismo, se incorporan consideraciones de seguridad clínica y de comunicación que permiten trasladar el análisis a la consulta, la planta de hospitalización, urgencias, salud sexual y reproductiva, atención primaria o visitas domiciliarias, según la organización de cada servicio.
No se formulan algoritmos cerrados ni se atribuyen recomendaciones a guías concretas no facilitadas. La propuesta se entiende como un marco de actualización profesional que debe adaptarse a la normativa vigente, a los procedimientos internos y a la disponibilidad real de recursos sociales, sanitarios y de protección del ámbito donde se atiende a la mujer.
Resultados
Violencia de pareja y embarazo: expresión clínica y repercusión asistencial
La violencia de pareja puede manifestarse mediante agresiones físicas directas, violencia sexual, amenazas, humillación, aislamiento, control coercitivo o restricción de recursos. En la gestación, estas formas pueden aparecer de manera combinada. No siempre existe una lesión visible ni una demanda explícita de ayuda, por lo que la valoración enfermera debe contemplar la experiencia subjetiva de inseguridad, el temor a la reacción de la pareja y los cambios en la conducta cotidiana.
En el plano materno, la violencia puede asociarse a malestar psicológico persistente, dificultades de sueño, alteraciones del apetito, somatizaciones, menor capacidad de autocuidado, inasistencia a citas, consumo problemático de sustancias o escasa adherencia a recomendaciones terapéuticas. También puede interferir con la vivencia del embarazo y con la percepción de competencia para afrontar parto, puerperio y crianza. La mujer puede sentirse vigilada, desautorizada o incapaz de decidir sobre cuestiones sanitarias básicas, como acudir sola a consulta, aceptar exploraciones o planificar métodos de alimentación del recién nacido.
En el plano perinatal, el interés enfermero se extiende a la seguridad global de la madre y del hijo. La exposición a violencia puede coexistir con estrés mantenido, traumatismos, dificultades para el descanso y entornos domésticos inestables, circunstancias que obligan a extremar la valoración. Sin necesidad de sobredimensionar hallazgos aislados, el profesional debe considerar que ciertos problemas obstétricos, la repetición de consultas o la presencia de ansiedad intensa pueden justificar una exploración más cuidadosa del contexto relacional.
Indicadores que pueden despertar sospecha clínica
No existe un único perfil de mujer afectada, y la ausencia de factores aparentes no excluye el problema. Entre los elementos que pueden hacer recomendable ampliar la valoración se encuentran los antecedentes de lesiones repetidas, retrasos injustificados en la consulta, explicaciones poco consistentes, síntomas emocionales persistentes, miedo a responder en presencia de la pareja, control estricto de la conversación por parte del acompañante y signos de dependencia extrema en la toma de decisiones.
También resultan orientativos el rechazo a exploraciones sin una razón clínica clara cuando la pareja está presente, la actitud hipervigilante, el llanto fácil, la dificultad para mantener contacto visual, la referencia a conflictos frecuentes en casa o la minimización de hechos potencialmente graves. En otras ocasiones, la sospecha surge en el puerperio inmediato, cuando aparecen gran ansiedad ante el alta, temor a volver al domicilio, dificultades intensas para el descanso o bloqueo emocional en relación con el cuidado del recién nacido.
Estos indicadores no equivalen por sí mismos a confirmación diagnóstica. Su utilidad reside en orientar preguntas más específicas y en favorecer un espacio de escucha donde la mujer pueda expresar, si lo desea, experiencias de maltrato, coerción o miedo.
Condiciones para un cribado enfermero seguro
El cribado, ya sea universal en determinados momentos asistenciales o dirigido por sospecha clínica según el entorno, solo tiene sentido si se realiza en condiciones de seguridad. La primera es la privacidad efectiva. No basta con una consulta compartida o una separación momentánea sin justificación; debe evitarse la presencia de la pareja, familiares o terceras personas que puedan condicionar la respuesta. Cuando la mujer no puede estar sola, puede ser preferible posponer preguntas directas y buscar otra oportunidad asistencial.
La segunda condición es la comunicación. Las preguntas deben formularse con lenguaje claro, respetuoso y no culpabilizador. Resulta útil normalizar la entrevista explicando que la salud y la seguridad en el hogar forman parte de la valoración habitual durante el embarazo. Este encuadre disminuye la sensación de señalamiento y favorece la confianza. Si la mujer niega la situación, la entrevista sigue siendo útil si transmite disponibilidad, ausencia de juicio y apertura a futuros contactos.
La tercera condición es la preparación de la respuesta profesional. Preguntar sobre violencia sin saber qué hacer después puede generar desprotección. La enfermera debe conocer, al menos de manera operativa, los circuitos de su centro, los recursos sociales o psicológicos accesibles y las vías de coordinación con trabajo social, medicina, salud mental o servicios de protección cuando la situación lo requiera. También debe valorar qué información entregar, en qué formato y en qué momento, para no aumentar el peligro en casos de vigilancia por parte del agresor.
Valoración integral tras la detección
Cuando la mujer revela violencia o la sospecha adquiere mayor consistencia, la valoración enfermera debe ampliarse de forma estructurada. El primer plano es la seguridad inmediata: si existe temor a regresar al domicilio, si ha habido amenazas recientes, si el agresor tiene acceso constante a la paciente, si controla el teléfono o la documentación, o si hay menores dependientes expuestos a la situación. Esta exploración requiere tacto, evitando interrogatorios invasivos y priorizando la contención emocional.
El segundo plano es el estado de salud física y emocional. Deben valorarse lesiones, dolor, alteraciones del sueño, ansiedad, tristeza intensa, bloqueo, síntomas de estrés, sensación de indefensión y capacidad actual para comprender la información y tomar decisiones. El embarazo no invalida la autonomía, pero puede modularla cuando el miedo es muy elevado. La enfermera necesita adaptar el ritmo de la entrevista a esa capacidad real.
El tercer plano es la red de apoyo y los recursos disponibles. Preguntar por personas de confianza, posibilidad de acudir a otro domicilio, acceso independiente a dinero, transporte o documentación puede orientar la planificación. No se trata de exigir un relato exhaustivo, sino de identificar fortalezas y barreras. Algunas mujeres no desean denunciar ni abandonar inmediatamente la relación, pero sí pueden aceptar información, contactos de ayuda o una cita de seguimiento. Ese paso, aunque parezca limitado, puede tener gran valor clínico.
Intervención enfermera: escucha, validación y planificación segura
Una vez detectada la situación, la respuesta inicial debe transmitir credibilidad y apoyo. Frases que validen la experiencia sin dirigir la decisión pueden disminuir la culpa y el aislamiento. Escuchar sin interrumpir, evitar preguntas que sugieran responsabilidad de la mujer y reconocer el esfuerzo que supone verbalizar la violencia forman parte del cuidado. De igual manera, conviene no prometer resultados que no dependen del profesional ni plantear soluciones simplificadas.
La educación sanitaria ocupa un lugar relevante, pero debe individualizarse. Informar sobre recursos disponibles, sobre la posibilidad de seguimiento y sobre las opciones de ayuda puede reforzar la capacidad de elección. En algunas situaciones será oportuno elaborar de manera básica un plan de seguridad, por ejemplo identificando personas de confianza, objetos o documentación importantes y vías de contacto discretas. Sin embargo, cualquier recomendación debe ajustarse a la valoración del riesgo y a la realidad de la mujer; una indicación aparentemente razonable puede ser poco segura si el agresor ejerce control estrecho.
La documentación clínica ha de ser objetiva, clara y prudente. Deben registrarse manifestaciones relevantes de la paciente, hallazgos observables, actuaciones realizadas y derivaciones o coordinaciones activadas, evitando interpretaciones innecesarias o expresiones ambiguas. Un buen registro favorece la continuidad asistencial y puede ser útil para otros profesionales implicados en el cuidado, siempre dentro de las normas de confidencialidad y acceso a la información clínica.
Particularidades en el puerperio y la lactancia materna
El puerperio no debe entenderse como una etapa ajena al problema detectado durante el embarazo. En algunas mujeres, la violencia persiste o se intensifica tras el nacimiento. El cansancio, el dolor posparto, la dependencia para determinados cuidados y la reorganización familiar pueden aumentar la exposición a control o maltrato. Además, las necesidades del recién nacido pueden dificultar que la mujer encuentre momentos de intimidad para pedir ayuda.
En relación con la lactancia materna, la violencia puede interferir en múltiples niveles. Puede dificultar el inicio por estrés, miedo, falta de descanso o ausencia de apoyo; también puede utilizarse como espacio de control, desautorizando a la madre o imponiendo decisiones sobre la alimentación del bebé. La actuación enfermera debe evitar culpabilizar a la mujer por las dificultades de lactancia y comprender que, en este contexto, la prioridad clínica incluye seguridad, bienestar emocional y sostenimiento del vínculo materno-filial. El apoyo a la alimentación del recién nacido ha de integrarse con la valoración del riesgo, no desarrollarse al margen de ella.
Las visitas posparto y de seguimiento del recién nacido ofrecen oportunidades para detectar cambios en la dinámica familiar, síntomas emocionales persistentes, fatiga extrema, retraimiento o dificultades de autocuidado. También permiten reabrir la conversación si durante el embarazo no fue posible abordar el problema. La continuidad de la relación asistencial puede facilitar revelaciones diferidas, siempre que la mujer perciba el entorno como seguro y respetuoso.
Coordinación asistencial y continuidad de cuidados
La atención a la violencia de pareja durante el embarazo requiere coordinación, pero esta debe preservarse con criterio de necesidad y confidencialidad. La enfermera puede actuar como nexo entre atención primaria, matrona, obstetricia, pediatría, trabajo social, urgencias, salud mental u otros recursos comunitarios, evitando duplicidades y favoreciendo que la mujer no tenga que repetir su relato de forma innecesaria. La transmisión de información sensible debe ajustarse a la normativa y a los procedimientos internos del centro.
La continuidad de cuidados es especialmente importante cuando existen ingresos, cambios de nivel asistencial o alta hospitalaria. Planificar seguimiento, acordar puntos de contacto y verificar que la mujer comprende las opciones disponibles puede contribuir a reducir la pérdida de oportunidades. Cuando hay menores o riesgo elevado, la coordinación adquiere un componente de protección adicional y debe manejarse según el marco legal y asistencial vigente.
Desde la organización sanitaria, la seguridad también depende de factores estructurales: tiempos adecuados de consulta, espacios privados, formación en entrevista sensible al trauma y circuitos claros de derivación. Sin estos elementos, el cribado puede quedar reducido a una pregunta formal sin capacidad real de respuesta.
Discusión/Conclusiones
La violencia de pareja durante el embarazo exige una mirada enfermera amplia, capaz de integrar clínica, seguridad, salud mental, contexto social y continuidad asistencial. La detección no puede apoyarse únicamente en la presencia de lesiones ni en declaraciones espontáneas. A menudo se construye a partir de pequeños indicios observados en distintos contactos, de la calidad de la relación terapéutica y de la posibilidad real de entrevistar a la mujer en condiciones de privacidad.
El cribado, por sí solo, no resuelve el problema. Su utilidad depende de que vaya acompañado de una respuesta asistencial competente. Preguntar bien implica saber escuchar, valorar riesgo, documentar de forma objetiva y activar apoyos sin precipitación ni paternalismo. Un enfoque centrado en la mujer reconoce que las decisiones pueden ser ambivalentes, progresivas y condicionadas por factores de miedo, dependencia o protección de hijos menores. La función enfermera consiste en sostener, orientar y proteger dentro de sus competencias, no en imponer itinerarios que la paciente no puede asumir en ese momento.
En embarazo y puerperio, la continuidad relacional otorga a la Enfermería una posición especialmente valiosa. La misma profesional o el mismo equipo pueden detectar cambios, revisar necesidades, reforzar mensajes de seguridad y adaptar los cuidados al momento vital. Este acompañamiento es relevante también cuando la violencia no se confirma inicialmente; mantener una actitud accesible y libre de juicio permite que la mujer encuentre una puerta abierta en contactos posteriores.
La atención al recién nacido y el apoyo a la lactancia materna deben abordarse desde esta misma lógica. No es suficiente con evaluar técnica de amamantamiento o ganancia ponderal si el entorno doméstico es inseguro. La calidad del cuidado materno-infantil mejora cuando la valoración incorpora bienestar emocional, descanso, apoyo social, capacidad de decisión y ausencia de coacción. La seguridad de la madre y del bebé forma parte del mismo proceso de cuidados.
Persisten, no obstante, límites importantes. La falta de formación específica, la presión asistencial, la escasez de espacios confidenciales y la variabilidad de circuitos de derivación pueden reducir la eficacia de las intervenciones. Por ello, además de la competencia individual, resulta necesario que los servicios dispongan de procedimientos conocidos, coordinación funcional y apoyo institucional para que la actuación sea consistente.
En términos prácticos, una actuación enfermera segura ante la violencia de pareja durante el embarazo se apoya en cinco ejes: privacidad, escucha terapéutica, valoración integral, documentación prudente y continuidad de cuidados. La integración de estos elementos puede contribuir a una atención materno-infantil más protectora y más ajustada a la complejidad del problema, siempre desde la individualización clínica y el respeto a la autonomía de la mujer.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
Bibliografía
- Chisholm CA, Bullock L, Ferguson JEJ. Intimate partner violence and pregnancy: screening and intervention.. Am J Obstet Gynecol. 2017;217(2):145-149. doi: https://doi.org/10.1016/j.ajog.2017.05.043
- Wong JY, Zhu S, Ma H, Ip P, Chan KL, Leung WC. Intimate partner violence during pregnancy: To screen or not to screen?. Best Pract Res Clin Obstet Gynaecol. 2024;97:102541. doi: https://doi.org/10.1016/j.bpobgyn.2024.102541
- Sabri B, Mani SS, Kaduluri VPS. Integrated domestic violence and reproductive health interventions in India: a systematic review.. Reprod Health. 2024;21(1):94. doi: https://doi.org/10.1186/s12978-024-01830-0
- Barez MA, Goudarzi F, Sharifi N, Ahmadi A, Sharifi A, Moradi M, et al.. Investigating the relationship between intimate partner violence, reproductive health and pregnancy outcome: a systematic review.. Reprod Health. 2025;22(1):255. doi: https://doi.org/10.1186/s12978-025-02208-6
- Rtbey G, Andualem F, Nakie G, Takelle GM, Mihertabe M, Fentahun S, et al.. Perinatal depression and associated factors in Ethiopia: a systematic review and meta-analysis.. BMC Psychiatry. 2024;24(1):822. doi: https://doi.org/10.1186/s12888-024-06246-5
- Robinson SR, Maxwell D, Williams JR. Qualitative, Interpretive Metasynthesis of Women's Experiences of Intimate Partner Violence During Pregnancy.. J Obstet Gynecol Neonatal Nurs. 2019;48(6):604-614. doi: https://doi.org/10.1016/j.jogn.2019.08.002
- Manoli E, Kouta C, Karanikola M, Middleton N, Hadjigeorgiou E. Educational training programs on intimate partner violence in pregnancy for midwives/student midwives: A scoping review.. Eur J Midwifery. 2024;8. doi: https://doi.org/10.18332/ejm/189282
- Laelago T, Belachew T, Tamrat M. Effect of intimate partner violence on birth outcomes.. Afr Health Sci. 2017;17(3):681-689. doi: https://doi.org/10.4314/ahs.v17i3.10