Caso tipo de delirium hipoactivo en paciente mayor ingresado por infección respiratoria

Typical case of hypoactive delirium in an older patient admitted for respiratory infection

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 10 – Octubre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 10:566

Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina

Fecha recepción: 15/09/26

Fecha aceptación: 18/10/26

Fecha de publicación: 22/10/26

Ref.: CADICE. 2026;1(10):566

Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Orientación; Atención hospitalaria; Infecciones respiratorias; Seguridad del paciente; Delirio; Proceso de Enfermería; Hospitalización; Cuidados de Enfermería; Anciano frágil; Continuidad asistencial

Keywords: Orientation; Hospital Care; Respiratory Tract Infections; Patient Safety; Delirium; Nursing Process; Hospitalization; Nursing Care; Frail Elderly; Continuity of Patient Care

Resumen

Introducción: El delirium hipoactivo en la persona mayor hospitalizada constituye una situación clínica de especial relevancia para Enfermería por su presentación poco llamativa, su relación con eventos adversos y su impacto sobre la funcionalidad, la seguridad y la continuidad de los cuidados. En el contexto de una infección respiratoria y de la fragilidad asociada a la edad avanzada, la alteración del nivel de alerta, la disminución de la interacción y la desorientación pueden pasar inicialmente inadvertidas si no se realiza una valoración sistemática.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una situación clínica de delirium hipoactivo en paciente mayor ingresado por infección respiratoria, identificar problemas de cuidados prioritarios y exponer intervenciones orientadas a la seguridad, la orientación, el mantenimiento funcional y la transición asistencial.

Metodología: Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones, el seguimiento evolutivo y la preparación del alta, con enfoque centrado en la persona y en su cuidadora principal.

Resultados: Se presenta el caso de una mujer de edad avanzada, frágil, ingresada por infección respiratoria, que durante la hospitalización manifiesta somnolencia diurna, enlentecimiento psicomotor, menor ingesta, escasa iniciativa y fluctuaciones en la orientación. La detección precoz por parte de Enfermería permite intensificar la vigilancia clínica, revisar factores precipitantes, promover medidas no farmacológicas, preservar la movilidad y coordinar la información con el equipo y la familia. La evolución es favorable, con mejoría progresiva de la interacción, la atención y la participación en los autocuidados, aunque persiste vulnerabilidad funcional que exige continuidad asistencial.

Discusión/Conclusiones: El delirium hipoactivo requiere una observación enfermera fina y contextualizada, especialmente en pacientes mayores con infección aguda. Su abordaje no se limita a la vigilancia de signos cognitivos, sino que integra prevención de complicaciones, apoyo a la orientación, control del entorno, mantenimiento de la hidratación y la movilidad, e implicación familiar. La actuación enfermera puede contribuir a reducir riesgos asociados al ingreso y a mejorar la transición al domicilio o a otros dispositivos asistenciales.

Abstract

Introduction: Hypoactive delirium in older hospitalized adults is highly relevant to nursing practice because of its subtle presentation, its association with adverse events, and its impact on function, safety, and continuity of care. In the setting of respiratory tract infection and frailty, reduced alertness, limited interaction, and disorientation may remain unrecognized unless systematic assessment is performed.

Objectives: To describe the nursing management of a clinical situation involving hypoactive delirium in an older patient admitted with a respiratory infection, to identify priority care problems, and to outline interventions focused on safety, orientation, functional preservation, and care transition.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and structured according to the nursing process. The analysis includes initial assessment, identification of care problems, planning of interventions, clinical follow-up, and discharge preparation, using a person-centred approach that also considers the main family caregiver.

Results: The case concerns an older frail woman admitted for respiratory infection who, during hospitalization, develops daytime drowsiness, psychomotor slowing, reduced intake, low initiative, and fluctuating orientation. Early nursing recognition leads to closer monitoring, review of precipitating factors, implementation of non-pharmacological measures, preservation of mobility, and communication with both the healthcare team and the family. Clinical progress is favourable, with gradual improvement in interaction, attention, and participation in self-care, although functional vulnerability persists and requires continuity of care.

Discussion/Conclusions: Hypoactive delirium demands careful and contextualized nursing observation, particularly in older adults with acute infection. Its management extends beyond cognitive surveillance and includes prevention of complications, orientation support, environmental control, hydration and mobility maintenance, and family involvement. Nursing care may help reduce hospitalization-related risks and improve transitions to home or other care settings.

Introducción

El delirium es un síndrome neurocognitivo agudo caracterizado por alteración de la atención, fluctuación del estado mental y cambios en la conciencia y la cognición. En el ámbito hospitalario, la persona mayor presenta una especial susceptibilidad debido a la interacción entre vulnerabilidad basal y factores precipitantes propios del proceso agudo. La infección respiratoria, la inmovilidad, la alteración del sueño, la disminución de la ingesta, el dolor, la hipoxemia y los cambios ambientales pueden actuar de forma combinada, generando un cuadro clínico cuya expresión no siempre es llamativa.

Frente a las formas hiperactivas, el delirium hipoactivo suele manifestarse con somnolencia, apatía, lentitud en las respuestas, reducción de la iniciativa y escasa participación en la interacción terapéutica. Estas características favorecen su infradetección, ya que con frecuencia pueden interpretarse como cansancio, desánimo, tristeza o una consecuencia inespecífica de la edad y de la enfermedad aguda. Esta dificultad diagnóstica tiene implicaciones directas sobre la seguridad del paciente, la prevención de complicaciones y la planificación de los cuidados.

Desde la práctica enfermera, la detección de cambios sutiles en el patrón cognitivo-conductual exige una valoración continuada y comparativa respecto al nivel basal de la persona. La entrevista con la familia o cuidador principal cobra especial relevancia para reconocer variaciones en la orientación, el lenguaje habitual, el sueño o la funcionalidad previa. Del mismo modo, la observación de la respuesta a estímulos, la capacidad para mantener la atención, la conducta alimentaria, la movilidad y la continencia aporta información clínica de alto valor para identificar deterioros emergentes.

En la persona mayor frágil, el delirium no debe considerarse un fenómeno aislado, sino una expresión de descompensación global que compromete la reserva funcional. Por ello, su abordaje enfermero se integra con otros objetivos asistenciales: evitar el deterioro funcional asociado al encamamiento, reducir el riesgo de caídas, preservar la integridad cutánea, favorecer la hidratación y mantener la continuidad de los cuidados tras el alta. El presente artículo desarrolla una situación clínica hospitalaria centrada en un cuadro de delirium hipoactivo asociado a infección respiratoria, con especial atención al razonamiento enfermero y a las decisiones de cuidado que acompañan la evolución del ingreso.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una persona mayor ingresada por infección respiratoria que presenta un cuadro compatible con delirium hipoactivo durante la hospitalización, integrando valoración clínica, planificación de cuidados, seguimiento evolutivo y preparación de la continuidad asistencial.

De manera específica, se plantean los siguientes objetivos:

  • Identificar elementos de vulnerabilidad basal y factores precipitantes presentes durante el ingreso.
  • Exponer una valoración enfermera orientada a reconocer alteraciones en la orientación, la atención, la funcionalidad y la seguridad.
  • Priorizar problemas de cuidados relacionados con confusión aguda, riesgo de caídas, deterioro funcional, ingesta insuficiente y dependencia transitoria en actividades básicas.
  • Describir intervenciones enfermeras no farmacológicas dirigidas a la reorientación, al control ambiental, a la movilización precoz y al apoyo familiar.
  • Analizar la evolución clínica desde la perspectiva de Enfermería y su repercusión sobre la planificación del alta.

Metodología

Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El contenido se organiza a partir de una secuencia habitual de atención: valoración inicial al ingreso, reevaluación ante cambios durante la hospitalización, identificación de problemas prioritarios, planificación de cuidados, seguimiento evolutivo y coordinación para la continuidad asistencial.

La valoración integra información obtenida por observación directa, entrevista con la paciente y con su hija cuidadora, revisión de la situación funcional previa y análisis de necesidades de cuidado durante la estancia. Se consideran especialmente los patrones de conducta, la capacidad de mantener la atención, la orientación, el ciclo sueño-vigilia, la movilidad, la ingesta, la eliminación, la tolerancia al esfuerzo y la respuesta al entorno hospitalario.

El enfoque se centra en la práctica enfermera hospitalaria, con una perspectiva prudente y aplicable a entornos asistenciales generales. No se propone un protocolo cerrado, sino una forma de razonamiento clínico orientada a reconocer precozmente el delirium hipoactivo y a articular cuidados individualizados según el contexto, la situación basal y la evolución de la persona atendida.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Mujer de 84 años, viuda, que convive con una hija y mantiene un grado de autonomía parcial para las actividades básicas, con necesidad de supervisión en la organización de la medicación y en algunas tareas instrumentales. Como antecedentes funcionales destaca marcha lenta con ayuda de bastón, fatigabilidad ante esfuerzos moderados y fragilidad clínica. Ingresa en planta de hospitalización por infección respiratoria con tos, expectoración, febrícula, aumento de la disnea habitual y decaimiento general.

En las primeras horas de ingreso se muestra colaboradora, algo cansada, pero capaz de responder adecuadamente a preguntas sencillas y de reconocer a su acompañante. Durante el segundo día de estancia, Enfermería observa un cambio de patrón conductual: permanece más tiempo con los ojos cerrados, responde con latencia, inicia menos conversación, come poco, necesita más indicaciones para asearse y presenta momentos de desorientación temporal. La hija refiere que su madre, pese al malestar respiratorio, en domicilio suele estar más despierta, pregunta por su rutina y mantiene conversaciones fluidas.

La paciente no presenta agitación ni conductas disruptivas. Precisamente la ausencia de hiperactividad hace que el cambio pueda interpretarse inicialmente como un estado de cansancio propio de la infección. Sin embargo, la fluctuación entre periodos de mayor conexión y otros de marcada somnolencia, junto con la dificultad para sostener la atención y la pérdida de iniciativa, orienta a un cuadro de delirium hipoactivo asociado al proceso agudo.

Valoración enfermera inicial y reevaluación

La valoración respiratoria muestra trabajo respiratorio leve, tos productiva y necesidad de vigilancia de la tolerancia a la actividad. Desde el punto de vista neurológico-conductual, la paciente presenta enlentecimiento psicomotor, menor contacto ocular, respuestas breves, dificultad para seguir instrucciones complejas y tendencia a quedarse dormida si no se la estimula. Se observan fluctuaciones a lo largo del día, con peor rendimiento atencional en horario nocturno y primeras horas de la mañana.

En la dimensión funcional, precisa ayuda creciente para levantarse, asearse y acudir al baño. La disminución de la ingesta de alimentos y líquidos añade riesgo de empeoramiento del estado general. El descanso nocturno es poco reparador por despertares frecuentes, ruidos del entorno y procedimientos asistenciales. La movilidad se reduce de forma marcada respecto a su nivel habitual, lo que incrementa la vulnerabilidad para sufrir deterioro funcional, estreñimiento, retención urinaria, lesiones cutáneas y pérdida de confianza en la marcha.

La entrevista con la hija resulta determinante para establecer la línea de base. Refiere que la paciente presenta olvidos ocasionales propios de la edad, pero no un cuadro confusional persistente ni pérdida de reconocimiento de personas cercanas. También informa de uso habitual de gafas y audífonos, que no siempre llevaba colocados desde el ingreso, circunstancia relevante para la privación sensorial y la desorientación. La cuidadora expresa preocupación por la apatía repentina y por la posibilidad de que la madre “se esté dejando ir”, interpretación frecuente en estos cuadros y que requiere aclaración profesional.

Problemas de cuidados prioritarios

A partir de la valoración, se priorizan varios problemas de cuidados. En primer lugar, la confusión aguda manifestada por alteración fluctuante de la orientación, disminución de la atención y cambios en el nivel de alerta en relación con infección respiratoria, hospitalización y fragilidad previa. En segundo lugar, el riesgo de caídas, favorecido por la somnolencia, la debilidad, la marcha inestable y la necesidad de movilización asistida en un entorno no habitual.

Se añaden otros problemas relevantes: ingesta oral insuficiente respecto a las necesidades durante la fase aguda, deterioro transitorio de la movilidad física, dependencia aumentada en actividades básicas de la vida diaria, patrón de sueño alterado y riesgo de deterioro de la integridad cutánea por inmovilidad y menor capacidad de autocuidado. Aunque el motivo de ingreso es respiratorio, el razonamiento enfermero evidencia que el cuadro cognitivo y funcional condiciona gran parte de la carga asistencial y del pronóstico inmediato de cuidados.

Planificación e intervenciones enfermeras

La planificación se orienta a preservar la seguridad, favorecer la recuperación del estado cognitivo basal y minimizar el deterioro asociado al ingreso. Una primera línea de actuación consiste en reforzar la observación clínica: registrar fluctuaciones del nivel de alerta, respuesta a estímulos, capacidad de orientación, patrón sueño-vigilia, ingesta y tolerancia a la movilización. Esta vigilancia no se limita a describir somnolencia, sino que busca identificar cambios significativos y comunicar de manera precoz la sospecha de delirium al equipo asistencial.

Se revisan factores contribuyentes potencialmente modificables. Enfermería verifica el uso de gafas y audífonos, adapta la iluminación diurna y nocturna, reduce estímulos innecesarios, procura mantener objetos personales al alcance y favorece mensajes breves y claros. La reorientación se realiza de forma repetida y calmada, indicando lugar, momento del día y motivo del ingreso, evitando la confrontación cuando la paciente muestra respuestas erróneas.

La movilización precoz y segura se plantea como objetivo prioritario. Con apoyo del personal y teniendo en cuenta la situación respiratoria, se estimulan sedestación progresiva, cambios posturales, levantarse al sillón y pequeños desplazamientos supervisados. El propósito no es solo físico; también se busca aumentar el nivel de activación diurna, mejorar el patrón de sueño y reducir la desconexión con el entorno. Se extreman medidas de prevención de caídas: timbre accesible, acompañamiento en deambulación, retirada de obstáculos y recordatorios frecuentes para solicitar ayuda antes de levantarse.

Respecto a la hidratación y la nutrición, se fracciona la oferta alimentaria, se facilitan texturas bien toleradas y se supervisa la ingesta con apoyo verbal y presencia durante las comidas. La paciente responde mejor cuando se la sienta adecuadamente, se reducen distracciones y se ofrece tiempo suficiente. La vigilancia de la eliminación urinaria e intestinal permite detectar precozmente molestias o retenciones que pudieran agravar el cuadro confusional.

El descanso nocturno se aborda mediante medidas de higiene del sueño adaptadas al entorno hospitalario: agrupación de cuidados cuando es posible, atenuación de luces, control del ruido y evitación de interrupciones innecesarias. Durante el día se promueve exposición a luz natural, interacción verbal y periodos fuera de la cama para ayudar a restablecer referencias temporales.

La familia se integra como recurso terapéutico. Se explica a la hija la naturaleza fluctuante del cuadro, la conveniencia de mensajes sencillos y tranquilos, y el valor de aportar elementos familiares de orientación, como conversación sobre rutinas cotidianas o presencia de objetos conocidos. Esta intervención reduce la ansiedad de la cuidadora y mejora la colaboración en el plan de cuidados.

Evolución durante el ingreso

Tras la identificación del cuadro y la intensificación de las medidas de cuidado, la paciente presenta una evolución gradual. En los días posteriores continúa con periodos de somnolencia, aunque mantiene más contacto ocular y requiere menos tiempo para responder. Mejora la tolerancia a permanecer sentada y acepta mejor la ayuda para la higiene y la alimentación. La orientación temporal sigue siendo variable, pero reconoce con mayor consistencia a los profesionales y a su hija.

La recuperación no es lineal. Se observan momentos de mayor desconexión coincidiendo con la noche, con el cansancio tras procedimientos y con episodios de tos más intensa. Esta fluctuación obliga a mantener la reevaluación continua y a no interpretar una mejoría parcial como resolución completa del problema. Enfermería registra cambios, adapta el grado de apoyo requerido y mantiene la coordinación con el equipo para integrar la evolución cognitiva con la situación respiratoria y funcional.

En la fase de estabilización, la paciente inicia pequeños recorridos con ayuda, participa algo más en el aseo y aumenta la ingesta oral. Aunque la mejoría clínica permite plantear el alta, no se recupera por completo el nivel funcional previo. Persiste lentitud, mayor necesidad de supervisión y cansancio al esfuerzo, de modo que la preparación del alta se convierte en un momento central del cuidado.

Continuidad asistencial y planificación del alta

La transición asistencial se organiza en torno a tres ejes: información clínica comprensible, prevención de complicaciones en domicilio y apoyo a la cuidadora principal. Enfermería revisa con la hija los cambios observados durante el ingreso, explica que la recuperación cognitiva y funcional puede ser progresiva y que conviene vigilar nuevas alteraciones de atención, somnolencia excesiva, inversión del sueño, rechazo alimentario o empeoramiento de la movilidad.

Se refuerzan recomendaciones generales de seguridad en el domicilio: iluminación suficiente, evitar barreras arquitectónicas en trayectos habituales, mantener ayudas visuales y auditivas disponibles, acompañar la deambulación inicial y respetar rutinas de sueño y alimentación. También se aconseja favorecer periodos de actividad diurna tolerables, hidratación frecuente y observación de signos de empeoramiento respiratorio o de nueva confusión, remitiendo la necesidad de consulta al circuito asistencial correspondiente según la organización local.

La continuidad del cuidado exige trasladar información relevante al siguiente nivel asistencial, especialmente sobre el episodio de delirium, el grado de ayuda actual para actividades básicas y la necesidad de seguimiento de la recuperación funcional. Esta comunicación reduce el riesgo de discontinuidades, de reingresos evitables y de interpretaciones erróneas del cuadro cognitivo residual.

Discusión/Conclusiones

La situación expuesta ilustra uno de los principales retos del cuidado hospitalario a la persona mayor: reconocer que la disminución de la actividad, la apatía y el enlentecimiento pueden corresponder a un delirium y no solo a una respuesta inespecífica a la infección. La forma hipoactiva se asocia a una menor visibilidad clínica y requiere una atención enfermera sostenida, comparativa y contextualizada. La entrevista con la familia permite distinguir entre el funcionamiento habitual y las alteraciones agudas, evitando normalizar manifestaciones que no forman parte del estado basal.

El caso también muestra que el delirium no debe abordarse exclusivamente como un problema cognitivo. Su impacto se extiende a la ingesta, la movilidad, la continencia, el sueño, la seguridad y la capacidad para colaborar con el tratamiento. Por ello, el plan de cuidados resulta necesariamente multidimensional. Las intervenciones no farmacológicas ocupan un lugar central: reorientación frecuente, control ambiental, corrección de déficits sensoriales, movilización precoz, apoyo durante las comidas y presencia familiar estructurada. Estas medidas, aunque aparentemente sencillas, exigen organización del trabajo, continuidad entre turnos y una observación clínica de calidad.

Otro aspecto de interés es la relación entre delirium hipoactivo y deterioro funcional asociado a la hospitalización. En pacientes frágiles, pocos días de inmovilidad y baja estimulación pueden traducirse en pérdida de autonomía difícil de recuperar al alta. Por ello, la actuación enfermera orientada a sentar, levantar, acompañar en la marcha y promover la participación en actividades básicas tiene un valor preventivo añadido. El objetivo no es solo resolver el episodio agudo, sino limitar la cascada de dependencia que puede seguir al ingreso.

La seguridad del paciente constituye un eje transversal. El riesgo de caídas, la posibilidad de aspiración por somnolencia, la omisión de ingestas, la retirada de dispositivos o la incapacidad para expresar síntomas con claridad son situaciones potenciales en este perfil de paciente. La vigilancia enfermera, la adaptación del entorno y la comunicación temprana de cambios clínicos contribuyen a disminuir estos riesgos dentro de un marco de atención prudente e individualizada.

La continuidad asistencial merece una consideración específica. La mejoría del proceso respiratorio no implica recuperación completa del estado previo, y la persistencia de lentitud o dependencia parcial puede generar sobrecarga familiar y dificultades en domicilio si no se anticipan. La planificación del alta debe incluir educación a la cuidadora, transmisión de información clínica relevante y coordinación con los recursos disponibles. Esta continuidad no solo favorece la seguridad, sino que también ayuda a interpretar correctamente una recuperación que a menudo es gradual.

En síntesis, el delirium hipoactivo en la persona mayor ingresada por infección respiratoria representa una situación compleja en la que la Enfermería desempeña un papel decisivo. La detección precoz de cambios sutiles, la valoración integral, la implementación de medidas no farmacológicas y la preparación de la transición asistencial pueden contribuir a una atención más segura y centrada en la persona. Este tipo de abordaje resulta especialmente pertinente en pacientes frágiles, donde cada decisión de cuidado influye tanto en la evolución clínica inmediata como en la capacidad de recuperar funcionalidad tras el alta.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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