Itinerario de cuidados para persona sin hogar con heridas cutáneas recurrentes

Care pathway for a homeless person with recurrent skin wounds

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 10 – Octubre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 10:570

Autor principal (primer firmante): Natalia García Serrano

Fecha recepción: 23/09/26

Fecha aceptación: 14/10/26

Fecha de publicación: 22/10/26

Ref.: CADICE. 2026;1(10):570

Autores:
Natalia García Serrano
Tomás Navarro Ríos
Julia Cortés Molina

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Proceso de Enfermería; Heridas; Promoción de la salud; Participación comunitaria; Salud comunitaria; Acceso a la atención; Vulnerabilidad social; Personas sin hogar; Alfabetización en salud; Cuidados de Enfermería

Keywords: Nursing Process; Wounds and Injuries; Health Promotion; Community Participation; Community Health Nursing; Health Services Accessibility; Social Vulnerability; Homeless Persons; Health Literacy; Nursing Care

Resumen

Introducción: Las heridas cutáneas recurrentes en personas en situación de sinhogarismo plantean un problema asistencial de elevada complejidad, en el que convergen factores clínicos, sociales y de accesibilidad. La recurrencia no suele depender únicamente de la evolución local de la lesión, sino también de la exposición continuada a humedad, traumatismos, déficit de autocuidado, dificultades para mantener la higiene, barreras para seguir tratamientos y escasa continuidad asistencial. En este contexto, la Enfermería ocupa una posición central para integrar valoración clínica, educación sanitaria, acompañamiento terapéutico y coordinación comunitaria.

Objetivos: Describir un itinerario de cuidados enfermeros aplicado a una persona sin hogar con heridas cutáneas recurrentes, identificar problemas prioritarios de cuidados y exponer intervenciones orientadas a la curación local, la prevención de nuevas lesiones y la mejora del acceso a recursos sanitarios y sociales.

Metodología: Se desarrolla una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. La valoración se organiza a partir de necesidades de salud, situación funcional, características de las heridas, condiciones de vida, capacidad de autocuidado, alfabetización en salud, red de apoyo y posibilidades reales de seguimiento. La planificación se orienta a objetivos progresivos, individualizados y adaptados al contexto comunitario.

Resultados: La atención enfermera permitió priorizar el control del deterioro de la integridad cutánea, el manejo del dolor, la prevención de infección, el apoyo al autocuidado y la vinculación con dispositivos de salud comunitaria. La evolución fue favorable cuando las curas se combinaron con medidas de continuidad asistencial, coordinación interprofesional, material accesible, educación sanitaria comprensible y estrategias flexibles de seguimiento.

Discusión/Conclusiones: El abordaje de las heridas recurrentes en personas sin hogar requiere una mirada no reducida a la lesión. La eficacia de los cuidados depende de integrar el tratamiento local con intervenciones sobre accesibilidad, vínculo terapéutico, alfabetización en salud y participación comunitaria. La Enfermería puede contribuir de manera decisiva a disminuir la cronificación de problemas de piel y a sostener itinerarios asistenciales más realistas y humanizados.

Abstract

Introduction: Recurrent skin wounds in people experiencing homelessness represent a complex care issue in which clinical, social and accessibility-related factors interact. Recurrence is not only linked to local wound progression, but also to continued exposure to moisture, trauma, limited self-care, hygiene difficulties, barriers to treatment follow-up and poor continuity of care. In this setting, nursing plays a central role in combining clinical assessment, health education, therapeutic support and community coordination.

Objectives: To describe a nursing care pathway for a homeless person with recurrent skin wounds, to identify priority care problems, and to present interventions aimed at local healing, prevention of new lesions and improved access to health and social resources.

Methodology: A clinical situation is presented and organised through the nursing process. Assessment includes health needs, functional status, wound characteristics, living conditions, self-care capacity, health literacy, support network and realistic follow-up options. Care planning is focused on progressive, individualised goals adapted to the community context.

Results: Nursing care made it possible to prioritise impaired skin integrity, pain management, infection prevention, self-care support and connection with community health services. Outcomes were more favourable when wound care was combined with continuity strategies, interprofessional coordination, accessible materials, understandable health education and flexible follow-up arrangements.

Discussion/Conclusions: Managing recurrent wounds in people experiencing homelessness requires an approach that goes beyond the lesion itself. The effectiveness of care depends on integrating local treatment with interventions addressing accessibility, therapeutic relationship, health literacy and community participation. Nursing can make a substantial contribution to reducing chronic skin problems and supporting more realistic and humane care pathways.

Introducción

Las personas en situación de sinhogarismo presentan con frecuencia problemas cutáneos que se ven favorecidos por condiciones de vida adversas y por la dificultad para acceder de forma continuada a cuidados básicos. La exposición prolongada al frío o al calor, la humedad, el roce del calzado o de la ropa, los traumatismos menores repetidos, la imposibilidad de mantener rutinas de higiene estables y la coexistencia de trastornos físicos o psicosociales configuran un terreno propicio para la aparición y reaparición de heridas. Cuando estas lesiones se cronifican o recidivan, su abordaje no puede limitarse a la cura local, ya que la lesión se inserta en una trayectoria vital marcada por vulnerabilidad social y discontinuidad asistencial.

Desde la perspectiva enfermera, la atención a este perfil de pacientes obliga a ampliar el foco de valoración. La herida visible suele ser el motivo de consulta, pero alrededor de ella existen necesidades no siempre verbalizadas: dolor no controlado, escaso descanso, alimentación irregular, bajo acceso a agua y material higiénico, dificultades para comprender las recomendaciones, experiencias previas negativas con el sistema sanitario o desconfianza hacia las instituciones. Todo ello puede condicionar tanto la adherencia como la capacidad real de seguimiento.

El cuidado de heridas en personas sin hogar también interpela a la Enfermería comunitaria y a la continuidad de cuidados. La curación tisular puede verse comprometida cuando la persona no dispone de un lugar seguro para proteger la lesión, guardar apósitos o mantener el tratamiento prescrito. Del mismo modo, la falta de documentos, teléfono, transporte o red de apoyo puede impedir acudir a revisiones o solicitar ayuda ante signos de complicación. Por ello, el proceso de Enfermería debe integrar la dimensión clínica con la dimensión social, sin fragmentar el problema.

Este tipo de abordajes requiere, además, una relación terapéutica basada en respeto, no juicio y adaptación de objetivos. El éxito asistencial no siempre se expresa como resolución rápida de la herida; a menudo incluye logros intermedios, como aceptar curas periódicas, mejorar la higiene local, aprender a reconocer signos de alarma o vincularse a un recurso comunitario. En ese marco, el itinerario de cuidados se entiende como una secuencia flexible de intervenciones sostenidas, ajustadas a la realidad de la persona y orientadas a reducir daño, favorecer autocuidado posible y promover acceso efectivo a la atención.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una persona adulta en situación de sinhogarismo con heridas cutáneas recurrentes, mediante un itinerario de cuidados centrado en la valoración integral, la priorización de problemas y la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar factores clínicos y sociales relacionados con la recurrencia de las lesiones.
  • Organizar la valoración enfermera atendiendo a integridad cutánea, dolor, riesgo de complicaciones, capacidad de autocuidado y barreras de acceso al sistema sanitario.
  • Planificar intervenciones de cuidado local de heridas adaptadas al contexto de vida de la persona.
  • Favorecer educación sanitaria comprensible y viable, orientada a higiene, protección de la piel, signos de alarma y uso del material de cura.
  • Promover coordinación con recursos comunitarios para sostener seguimiento, cobertura de necesidades básicas y acceso a atención continuada.
  • Analizar la evolución clínica y funcional del caso en relación con el vínculo terapéutico y la accesibilidad a los cuidados.

Metodología

Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería, adecuada al ámbito comunitario y a la atención a población en situación de exclusión residencial. El desarrollo del caso se apoya en una valoración integral y progresiva, reconociendo que, en este tipo de pacientes, la información no siempre se obtiene en una única entrevista y que la confianza asistencial puede construirse de forma gradual.

La valoración inicial incluye datos de salud percibida, antecedentes relevantes referidos por la persona, localización y características generales de las heridas, presencia de dolor, signos locales que orienten a complicación, estado nutricional aparente, higiene, movilidad, sueño, consumo de sustancias si interfiere en el cuidado, salud mental percibida, comprensión de las recomendaciones y disponibilidad de recursos materiales. También se exploran los circuitos previos de atención, la experiencia con los servicios sanitarios y las posibilidades reales de acudir a controles.

La planificación se organiza con criterios de factibilidad. Se priorizan objetivos alcanzables a corto plazo, como disminuir exudado, proteger bordes cutáneos, aliviar dolor, mantener la zona limpia y asegurar revisiones periódicas. A medio plazo se incorporan metas relacionadas con prevención de recurrencias, fortalecimiento del autocuidado y vinculación a dispositivos sociales o sanitarios. El abordaje se plantea de forma interdisciplinar, con especial atención a la coordinación entre Enfermería, trabajo social y recursos comunitarios de proximidad.

La evaluación se realiza de manera evolutiva, valorando cambios en el aspecto de la herida, tolerancia a las curas, adhesión al plan acordado, capacidad de la persona para participar en su cuidado y estabilidad del contacto con la red asistencial. La interpretación de resultados se hace desde una perspectiva realista, considerando las fluctuaciones propias de la situación de calle y evitando atribuir la evolución exclusivamente a la conducta individual.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Varón de 49 años, identificado con las iniciales J.M., en situación de sinhogarismo desde hace varios años, con pernocta variable entre recursos de baja exigencia, espacios públicos y alojamientos temporales. Acude a consulta de Enfermería derivado desde un dispositivo comunitario por lesiones recurrentes en ambos miembros inferiores, más evidentes en la región maleolar y dorso del pie, asociadas a dolor, escozor, supuración intermitente y dificultad para caminar distancias largas. Refiere episodios previos de mejoría parcial tras curas esporádicas, con reaparición posterior. Manifiesta que en ocasiones pierde el material, no puede mantener la zona seca y le resulta difícil acudir a citas programadas.

Durante la entrevista se observa cansancio, higiene corporal irregular y calzado desgastado, con zonas de fricción interna. El paciente describe sueño fragmentado, alimentación poco estructurada y sensación de desánimo, aunque mantiene interacción adecuada y acepta la exploración. Expresa experiencias previas de atención percibidas como rápidas y centradas solo en la herida, sin solución para el problema de fondo. Muestra preocupación por el dolor y por la dificultad para caminar, ya que ello limita la búsqueda de recursos diarios.

Valoración enfermera

La valoración física permite identificar varias lesiones superficiales y de espesor parcial, de evolución tórpida, con bordes frágiles y piel perilesional macerada en algunas áreas. Se aprecia suciedad adherida, humedad mantenida y signos de traumatismo repetido por roce del calzado. No se describen datos que, por sí solos, permitan establecer una etiología única; más bien se interpreta una combinación de fricción, escasa protección cutánea, dificultades de higiene y repetición de microlesiones. El dolor aparece durante la deambulación y las curas, lo que condiciona tolerancia al procedimiento.

En la esfera funcional destacan limitación parcial para el autocuidado efectivo de las heridas, no por ausencia completa de voluntad, sino por restricciones materiales y ambientales. J.M. comprende indicaciones simples, pero presenta baja alfabetización en salud para integrar pautas complejas o secuenciadas. Necesita instrucciones breves, directas y repetidas, acompañadas de demostración práctica. Refiere que, cuando se le entregan varios productos o recomendaciones extensas, termina abandonándolos.

En la dimensión psicosocial se identifican aislamiento social, red de apoyo muy limitada, prioridad cotidiana de necesidades básicas y relación ambivalente con los servicios sanitarios. Acepta la ayuda cuando percibe utilidad inmediata y trato respetuoso. La continuidad asistencial se ve comprometida por ausencia de domicilio estable, cambios frecuentes de localización y escasa capacidad para conservar material de cura limpio. También se aprecia riesgo de empeoramiento funcional si el dolor y las lesiones reducen aún más la movilidad.

Como problemas prioritarios de cuidados se consideran el deterioro de la integridad cutánea, el dolor relacionado con las lesiones y las curas, el riesgo de complicaciones locales, la gestión ineficaz de la salud en relación con barreras estructurales y la vulnerabilidad para mantener autocuidado sostenido. Se añade como foco de atención la necesidad de mejorar el acceso a cuidados y reforzar el vínculo terapéutico.

Planificación del itinerario de cuidados

Se acuerda con el paciente un plan de cuidados escalonado. En una primera fase, el objetivo principal es controlar la situación local de las heridas y aliviar síntomas, evitando propuestas difíciles de sostener. Se programan curas periódicas en un recurso de proximidad con horario flexible, priorizando la accesibilidad frente a la rigidez de la agenda. Se selecciona material de cura sencillo y se limita el número de pasos para facilitar continuidad entre visitas.

En paralelo, se establece como objetivo que J.M. identifique signos básicos de alarma y mantenga, dentro de sus posibilidades, medidas de protección cutánea. La educación sanitaria se adapta a su ritmo, utilizando mensajes concretos: mantener la zona lo más limpia y seca posible, evitar manipulación innecesaria, cambiar apósitos húmedos cuando sea posible, vigilar aumento de dolor, enrojecimiento progresivo, mal olor o fiebre, y consultar si aparecen. También se revisa el calzado y se intenta reducir puntos de presión con medidas sencillas.

Una segunda fase del itinerario incorpora la coordinación con trabajo social y recursos comunitarios para facilitar acceso a duchas, ropa limpia, calzado adecuado y punto de referencia sanitario. La finalidad no es medicalizar la pobreza, sino reconocer que sin mínimos de cobertura material la curación local resulta difícil de sostener. Se plantea además reforzar la participación activa del paciente en decisiones sobre horarios, lugar de cura y objetivos asumibles.

Intervenciones enfermeras

Las curas se realizan mediante limpieza suave, valoración sistemática del lecho y de la piel perilesional, control de exudado y protección de áreas de fricción. Se busca disminuir la maceración, preservar tejido viable y favorecer un entorno local más estable. El manejo del dolor se integra en el procedimiento, adaptando el ritmo de la cura, anticipando molestias y recomendando valoración médica si el dolor supera lo esperable o dificulta de forma mantenida la movilidad y el descanso.

La intervención educativa se desarrolla de manera acumulativa. En lugar de concentrar toda la información en una sola consulta, se trabajan pequeños objetivos en cada contacto: reconocer cuándo un apósito debe cambiarse, cómo colocar una protección básica, qué conductas empeoran la humedad y cómo pedir ayuda en recursos cercanos. La repetición y la demostración práctica mejoran la comprensión más que las explicaciones extensas. Se intenta confirmar el aprendizaje mediante devolución verbal y observación de la técnica realizada por el propio paciente.

La relación terapéutica se considera parte del tratamiento. Se mantiene una actitud no punitiva ante incumplimientos o pérdidas de seguimiento, evitando asociar la recurrencia exclusivamente a falta de responsabilidad individual. Cuando J.M. falta a una revisión y reaparece días después, la intervención retoma el plan sin reproches, revisando qué barreras han interferido. Este enfoque favorece la permanencia en el circuito asistencial y reduce la ruptura del vínculo.

La coordinación comunitaria incluye comunicación con el recurso de acogida al que acude ocasionalmente, para facilitar un espacio de higiene y observación básica de las lesiones, y derivación a trabajo social para explorar opciones de apoyo material. Asimismo, se promueve contacto con atención primaria cuando el estado general o la evolución local lo requiere. La Enfermería actúa como nexo entre dispositivos, ayudando a que el paciente no quede fuera del sistema por exigencias administrativas o por itinerarios excesivamente fragmentados.

Evolución

Tras varias semanas de seguimiento intermitente pero sostenido, se observa disminución del exudado, mejor estado de la piel perilesional y menor dolor durante la marcha corta. La mejoría no es lineal: existen periodos de retroceso coincidiendo con noches a la intemperie, pérdida del material de cura o uso prolongado de calzado húmedo. Sin embargo, el paciente empieza a solicitar atención antes de que la lesión empeore de forma marcada, lo que indica mayor reconocimiento precoz de signos de deterioro.

También mejora la aceptación de las curas y la comunicación sobre dificultades reales. J.M. verbaliza con más claridad cuándo no ha podido mantener la zona seca o cuándo ha priorizado otras necesidades, lo que permite reajustar el plan sin romper la relación asistencial. La vinculación a un punto estable de atención y el acceso ocasional a higiene y cambio de ropa parecen contribuir a reducir recurrencias inmediatas.

En la reevaluación, persiste vulnerabilidad social elevada y riesgo de nuevas lesiones, por lo que el alta completa del itinerario no se considera adecuada. Se opta por seguimiento abierto, con contactos periódicos y posibilidad de reentrada rápida ante reagudización. El resultado más relevante no se limita a la mejoría local de las heridas, sino a la consolidación de un circuito de cuidados más accesible y comprensible para el paciente.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita ilustra que las heridas cutáneas recurrentes en personas sin hogar rara vez pueden interpretarse como un problema exclusivamente dermatológico o exclusivamente local. La recidiva se relaciona con una interacción entre exposición ambiental, fragilidad cutánea, dolor, limitación funcional, precariedad material y barreras de acceso a la atención. Cuando el sistema responde solo con curas aisladas, sin continuidad ni adaptación al contexto de vida, es probable que la mejoría sea transitoria.

El proceso de Enfermería aporta un marco útil para ordenar esta complejidad. La valoración integral permite identificar que la adherencia no depende solo de la voluntad del paciente, sino de condicionantes externos que deben explorarse de forma explícita. En este caso, la simplificación del plan, la flexibilidad en el seguimiento y la educación sanitaria adaptada a baja alfabetización en salud favorecieron una participación más realista del paciente. Del mismo modo, el vínculo terapéutico, sostenido desde el respeto y sin culpabilización, se reveló como un elemento clínico relevante.

Otro aspecto central es la continuidad asistencial. En población socialmente vulnerable, la efectividad del cuidado local aumenta cuando se articula con recursos comunitarios capaces de sostener higiene, protección cutánea, observación de signos de alarma y derivación temprana. La participación comunitaria no sustituye la atención sanitaria, pero puede hacerla más accesible y menos fragmentada. Enfermería, por su cercanía y capacidad de seguimiento, se encuentra en una posición idónea para coordinar este entramado.

La alfabetización en salud merece una consideración específica. Recomendaciones técnicamente correctas pueden fracasar si se expresan con complejidad excesiva o si no se ajustan a las condiciones reales de vida. En personas con elevada carga de vulnerabilidad, los mensajes breves, reiterados y centrados en prioridades concretas suelen ser más útiles que las indicaciones extensas. La evaluación del aprendizaje debe basarse en la práctica y en la capacidad de aplicar conductas básicas de autocuidado, no solo en la comprensión verbal.

El itinerario de cuidados presentado muestra que los objetivos enfermeros en estos casos deben formularse de manera progresiva. Curar una herida, prevenir nuevas lesiones, reducir dolor, mantener movilidad, facilitar acceso a recursos y mejorar la relación con el sistema sanitario forman parte de un mismo proceso. No siempre se alcanzan todos los objetivos al mismo tiempo, y las recaídas deben interpretarse dentro de la trayectoria de exclusión social, no como un simple fracaso del tratamiento.

En términos prácticos, la atención a personas sin hogar con heridas recurrentes se beneficia de dispositivos de baja barrera de acceso, agendas flexibles, materiales de cura sencillos, coordinación sociosanitaria y seguimiento abierto. La Enfermería puede contribuir de manera decisiva a transformar contactos puntuales en trayectorias de cuidado, disminuyendo complicaciones evitables y reforzando la dignidad asistencial. Más que cerrar un episodio, el reto consiste en sostener un acompañamiento clínico viable, centrado en la persona y compatible con su realidad cotidiana.

Conflicto de intereses

No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.

Financiación

No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.

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