Optimization of assistive device training for safe mobility
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:101
Autor principal (primer firmante): Eva Sánchez Domínguez
Fecha recepción: 20/06/26
Fecha aceptación: 13/07/26
Fecha de publicación: 21/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):101
Autores:
Eva Sánchez Domínguez
Óscar Romero Gil
Silvia Cano Morales
Marcos Vidal Nieto
Lorena Pardo Sáez
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Prevención de caídas; Gestión de riesgos; Seguridad del paciente; Rehabilitación; Entrenamiento; Dispositivos de ayuda; Movilidad; Autonomía personal; Actividades de la vida diaria; Mejora de la calidad
Keywords: Accidental Falls; Risk Management; Patient Safety; Rehabilitation; Training; Self-Help Devices; Mobility Limitation; Personal Autonomy; Activities of Daily Living; Quality Improvement
Resumen
Introducción: El uso de ayudas técnicas para la marcha y las transferencias forma parte de la práctica habitual en personas con limitación funcional transitoria o permanente. Sin embargo, la simple prescripción o disponibilidad del dispositivo no garantiza un uso seguro. La ausencia de entrenamiento estructurado, la selección inadecuada del producto de apoyo, la escasa supervisión inicial o la falta de adaptación al entorno pueden aumentar el riesgo de caídas, inseguridad en la deambulación y dependencia en las actividades de la vida diaria.
Objetivos: Analizar, desde una perspectiva de calidad asistencial y seguridad del paciente, una propuesta de mejora orientada a optimizar el entrenamiento en ayudas técnicas para favorecer una movilidad segura, funcional y centrada en la autonomía de la persona.
Metodología: Se desarrolla una revisión aplicada con enfoque de mejora de procesos asistenciales. El análisis se organiza en torno a la detección del problema, la definición de objetivos de mejora, la descripción de una intervención enfermera estructurada, la identificación de indicadores de seguimiento y la valoración de barreras y facilitadores para su implantación.
Resultados: La propuesta integra valoración funcional inicial, selección individualizada del dispositivo, entrenamiento progresivo en marcha, giros, transferencias y actividades básicas, educación a paciente y cuidador, reevaluación periódica y coordinación interdisciplinar. Se describen indicadores de proceso y resultado clínico-funcional aplicables a distintos ámbitos asistenciales. El papel de Enfermería se sitúa en la valoración del riesgo, la educación sanitaria, la observación de la ejecución y la continuidad de cuidados.
Discusión/Conclusiones: Optimizar el entrenamiento en ayudas técnicas puede contribuir a disminuir incidentes relacionados con la movilidad, mejorar la confianza durante la deambulación y favorecer una mayor participación en las actividades cotidianas. Su efectividad depende de la individualización, la coordinación entre profesionales, la adecuación del entorno y la continuidad del seguimiento, evitando planteamientos uniformes o centrados exclusivamente en la entrega del dispositivo.
Abstract
Introduction: The use of assistive devices for gait and transfers is common in people with temporary or permanent functional limitations. However, prescription or availability alone does not ensure safe use. Lack of structured training, inappropriate device selection, limited initial supervision, or poor environmental adaptation may increase the risk of falls, insecurity during ambulation, and dependence in activities of daily living.
Objectives: To analyse, from a quality improvement and patient safety perspective, a care proposal aimed at optimising training in assistive devices in order to support safe, functional mobility and personal autonomy.
Methodology: An applied review with a process improvement approach was developed. The analysis was organised around problem identification, definition of improvement goals, description of a structured nursing intervention, identification of follow-up indicators, and assessment of barriers and facilitators for implementation.
Results: The proposal includes initial functional assessment, individualised device selection, progressive training in walking, turning, transfers and basic activities, education for patients and caregivers, periodic reassessment, and interdisciplinary coordination. Process and clinical-functional outcome indicators applicable to different care settings are described. Nursing plays a central role in risk assessment, health education, observation of performance, and continuity of care.
Discussion/Conclusions: Optimising training in assistive devices may help reduce mobility-related incidents, improve confidence during ambulation, and promote participation in daily activities. Its effectiveness depends on individualisation, interprofessional coordination, environmental suitability, and follow-up continuity, rather than on device provision alone.
Introducción
La movilidad constituye una dimensión central del cuidado enfermero por su relación directa con la autonomía, la prevención de complicaciones y la participación de la persona en su vida diaria. Cuando aparece una limitación funcional, ya sea por envejecimiento, enfermedad neurológica, proceso musculoesquelético, hospitalización prolongada o descondicionamiento, las ayudas técnicas pueden actuar como un soporte relevante para mantener la marcha, facilitar las transferencias y reducir la carga del cuidador. No obstante, el beneficio potencial del dispositivo depende en gran medida de que su indicación, ajuste y entrenamiento se integren en un proceso asistencial ordenado.
En la práctica clínica es frecuente observar situaciones en las que el paciente dispone de bastón, muleta, andador u otro producto de apoyo sin haber recibido una enseñanza suficiente sobre su uso. También son habituales los problemas derivados de una altura mal ajustada, una secuencia de marcha incorrecta, la utilización del dispositivo en superficies no valoradas, o la falta de adaptación entre las capacidades reales de la persona y la complejidad del apoyo prescrito. Estas circunstancias no solo comprometen la eficacia funcional del recurso, sino que pueden transformar una medida de apoyo en un factor añadido de riesgo.
Desde el punto de vista de la seguridad del paciente, la movilidad insegura se relaciona con incidentes prevenibles, pérdida de confianza, restricción de la actividad y dependencia progresiva. A ello se añade que la experiencia subjetiva de inseguridad condiciona la adherencia al uso de la ayuda técnica. Un dispositivo mal comprendido o percibido como incómodo tiende a abandonarse o a utilizarse de manera intermitente, lo que reduce su utilidad y dificulta la consolidación de patrones motores más seguros.
La intervención enfermera ocupa una posición especialmente relevante en este ámbito. La valoración continuada de la capacidad funcional, la identificación de riesgos, la observación directa de la marcha y de las transferencias, la educación sanitaria y la coordinación con otros profesionales permiten transformar una indicación aislada en un plan de cuidados orientado a la funcionalidad. En este sentido, la mejora no depende solo de disponer de ayudas técnicas, sino de cómo se enseña su utilización, cómo se supervisa el aprendizaje y cómo se revisa la adecuación del dispositivo a lo largo del proceso asistencial.
Plantear la optimización del entrenamiento en ayudas técnicas como una iniciativa de mejora de calidad implica desplazar el foco desde el producto hacia el proceso. La cuestión principal no es únicamente qué dispositivo se utiliza, sino si la persona comprende para qué sirve, cuándo debe emplearlo, cómo integrarlo en sus desplazamientos habituales y qué señales de dificultad requieren una nueva valoración. Esta perspectiva resulta coherente con un modelo de cuidados centrado en la seguridad, la autonomía y la continuidad asistencial.
Objetivos
Analizar una propuesta de mejora asistencial orientada a optimizar el entrenamiento en ayudas técnicas para favorecer la movilidad segura, la prevención de incidentes y el mantenimiento de la autonomía funcional.
De manera específica, se pretende:
- Describir los principales problemas de calidad y seguridad asociados al uso insuficientemente entrenado de ayudas técnicas para la movilidad.
- Definir los componentes de una intervención enfermera estructurada para la valoración, enseñanza, supervisión y seguimiento del uso de dichos dispositivos.
- Identificar indicadores de proceso y de resultado útiles para monitorizar la implantación de la mejora.
- Examinar barreras y facilitadores organizativos que condicionan la aplicación de esta propuesta en distintos niveles asistenciales.
- Precisar el papel de Enfermería en la educación, la observación funcional y la continuidad de cuidados relacionados con la movilidad segura.
Metodología
Se presenta un análisis de mejora de calidad con enfoque narrativo y aplicado a la práctica enfermera. El contenido se estructura a partir de un problema asistencial frecuente: la existencia de pacientes con indicación o disponibilidad de ayudas técnicas que no reciben un entrenamiento suficientemente sistematizado para su uso seguro en la marcha, las transferencias y las actividades básicas de la vida diaria.
La propuesta se organiza en cinco ejes: detección del problema, definición de objetivos de mejora, diseño de una intervención estructurada, selección de indicadores y análisis de condiciones para su implantación. El planteamiento es deliberadamente adaptable a diferentes contextos, como hospitalización, rehabilitación, atención domiciliaria, residencias o consultas de seguimiento, ya que la necesidad de entrenamiento no es exclusiva de un único ámbito.
Desde la perspectiva enfermera, la metodología se apoya en el proceso de valoración funcional y de seguridad. Se consideran, entre otros, el patrón previo de movilidad, el nivel de equilibrio observado, la tolerancia al esfuerzo, la capacidad para seguir instrucciones, la presencia de dolor, el miedo a caer, la destreza para manipular el dispositivo, las barreras arquitectónicas del entorno habitual y la disponibilidad de apoyo familiar o cuidador. Este enfoque permite evitar intervenciones estandarizadas sin adaptación a las necesidades reales de la persona.
El diseño de la mejora contempla una secuencia asistencial progresiva. En primer lugar, una valoración inicial orienta la indicación y el ajuste del dispositivo. En segundo término, se establece un entrenamiento práctico supervisado. Posteriormente, se incorporan educación sanitaria y refuerzo conductual para consolidar el aprendizaje. Finalmente, se plantea una reevaluación periódica que permita detectar errores, cambios funcionales o necesidades de modificación del plan.
Los indicadores propuestos no se presentan como una auditoría cerrada ni como un sistema universal de medición, sino como elementos orientativos para monitorizar la calidad del proceso. Se priorizan variables observables y clínicamente relevantes, como la proporción de pacientes valorados antes de la entrega del dispositivo, la documentación del ajuste, la realización de entrenamiento supervisado, la comprensión demostrada por el paciente y la aparición de incidentes o dificultades durante el seguimiento.
Este abordaje parte de una premisa asistencial sencilla: el entrenamiento en ayudas técnicas no debe entenderse como una instrucción puntual, sino como un proceso educativo y funcional que requiere observación, repetición y adaptación. La calidad de ese proceso condiciona tanto la seguridad del desplazamiento como la autonomía alcanzable por cada persona en su contexto cotidiano.
Resultados
Problema asistencial y áreas de riesgo
El análisis del proceso pone de manifiesto varios puntos vulnerables. Uno de los más frecuentes es la entrega del dispositivo sin comprobación suficiente de que responde a las necesidades funcionales del paciente. No todas las personas con inestabilidad leve requieren el mismo apoyo, ni todos los pacientes con limitación de carga pueden manejar con seguridad ayudas que exigen coordinación, fuerza en miembros superiores o adecuada capacidad de comprensión.
Otro problema relevante es la enseñanza fragmentada. En ocasiones se ofrece una explicación breve sobre la marcha en línea recta, pero no se entrena al paciente en situaciones habituales que concentran buena parte del riesgo: levantarse de la cama, incorporarse desde una silla baja, girar en espacios reducidos, acceder al baño, salvar pequeños desniveles o transportar objetos mientras utiliza la ayuda técnica. La competencia funcional real depende de esa transferencia del aprendizaje al entorno cotidiano.
También se identifican dificultades en la continuidad asistencial. El paciente puede mostrar una ejecución aceptable durante el ingreso o la sesión supervisada y, sin embargo, desarrollar patrones inseguros en el domicilio por fatiga, exceso de confianza, cambios del entorno o falta de apoyo para recordar las indicaciones. Por ello, la mejora del proceso no debería concluir con la primera enseñanza, sino incorporar reevaluación y refuerzo.
Componentes de la intervención de mejora
La propuesta de optimización se articula en varios componentes interrelacionados.
1. Valoración inicial estructurada. Antes del entrenamiento conviene explorar capacidad de bipedestación, estabilidad, paso, amplitud de la base de sustentación, necesidad de apoyo físico, dolor, temor al movimiento, deterioro sensorial y nivel de comprensión. Esta valoración no persigue etiquetar de forma rígida, sino conocer qué puede hacer la persona con seguridad y qué apoyos adicionales precisa.
2. Selección y ajuste del dispositivo. Una mejora sustancial del proceso consiste en verificar que la ayuda técnica seleccionada es compatible con la situación funcional. Debe revisarse la altura, la empuñadura, el estado de los apoyos antideslizantes y la posibilidad real de uso en el domicilio. Un dispositivo adecuado en consulta puede resultar poco útil si no cabe por determinadas puertas, si dificulta el acceso al baño o si el paciente no puede plegarlo o manipularlo.
3. Entrenamiento práctico progresivo. El aprendizaje debería iniciarse con tareas simples y avanzar hacia situaciones funcionales más complejas. La secuencia puede incluir colocación del dispositivo, inicio de la marcha, ritmo de avance, cambios de dirección, detención segura, transferencia cama-silla, incorporación desde sedestación, entrada y salida del baño y desplazamientos cortos con objetivos concretos. En las personas con fatigabilidad, el entrenamiento requiere pausas y observación de signos de sobreesfuerzo o pérdida de control postural.
4. Verificación del aprendizaje. No basta con informar; es necesario confirmar que el paciente ejecuta la técnica con comprensión suficiente. La demostración práctica, la repetición supervisada y la corrección inmediata de errores resultan más útiles que una explicación exclusivamente verbal. Cuando existe cuidador principal, su participación debe incorporarse desde el inicio para facilitar apoyo y coherencia en las indicaciones.
5. Educación sobre uso seguro en el entorno. La enseñanza incluye recomendaciones sobre calzado, superficies deslizantes, alfombras, iluminación, distribución del mobiliario, acceso a objetos de uso frecuente y planificación de trayectos dentro del domicilio. No se trata de convertir la intervención en una evaluación arquitectónica exhaustiva, sino de identificar factores habituales que interfieren con la movilidad segura.
6. Seguimiento y reevaluación. La funcionalidad cambia con la evolución clínica. Un paciente puede requerir un apoyo más estable en una fase inicial y progresar hacia otro menos restrictivo cuando mejora el equilibrio o la fuerza. Del mismo modo, la aparición de dolor, miedo a caer o caídas sin lesión debe motivar una nueva valoración del entrenamiento y del dispositivo empleado.
Papel de Enfermería en la implantación
Enfermería ocupa un lugar central en la operacionalización de esta mejora por su proximidad al paciente y por la continuidad observacional de los cuidados. La valoración enfermera permite detectar patrones de movilidad inseguros que no siempre se evidencian en una exploración puntual. Además, durante el ingreso, la consulta o la atención domiciliaria, la enfermera puede apreciar cómo la persona incorpora la ayuda técnica en actividades significativas, no solo en ejercicios aislados.
La educación sanitaria constituye otra competencia esencial. El entrenamiento eficaz requiere adaptar el lenguaje a la capacidad cognitiva, el nivel cultural, la ansiedad y la experiencia previa del paciente. En algunas personas será necesario fragmentar la enseñanza en sesiones breves; en otras, reforzar la motivación para evitar el rechazo del dispositivo por estigma o por percepción de pérdida de independencia. La forma de comunicar influye de manera directa en la adherencia.
La coordinación con fisioterapia, terapia ocupacional, medicina rehabilitadora y trabajo social, cuando están disponibles, mejora la consistencia del proceso. Enfermería puede contribuir a unificar mensajes, detectar discrepancias prácticas y trasladar incidencias funcionales observadas en situaciones reales de cuidado. Esta coordinación es particularmente valiosa en transiciones asistenciales, donde el riesgo de pérdida de información es mayor.
Indicadores para el seguimiento de la mejora
La evaluación del proceso puede apoyarse en indicadores sencillos y aplicables. Entre los indicadores de proceso cabe considerar:
- Registro de valoración funcional previa al inicio del entrenamiento.
- Constancia del ajuste y comprobación básica del estado del dispositivo.
- Realización de entrenamiento supervisado antes del alta o antes de la utilización autónoma.
- Participación del cuidador en los casos en que exista dependencia parcial o necesidad de apoyo.
- Documentación de recomendaciones básicas sobre seguridad en el entorno.
Como indicadores de resultado pueden emplearse:
- Capacidad observada para realizar desplazamientos y transferencias con menor necesidad de ayuda.
- Reducción de errores técnicos relevantes durante la marcha o el uso del dispositivo.
- Mejoría de la confianza referida por el paciente para movilizarse en espacios habituales.
- Disminución de incidentes relacionados con movilidad insegura detectados durante el seguimiento.
- Mantenimiento o mejora de la participación en actividades básicas de la vida diaria.
Estos indicadores requieren interpretación contextual. La ausencia de incidentes no implica por sí sola un entrenamiento óptimo, del mismo modo que una mejor ejecución técnica debe valorarse junto con la situación clínica, la fatiga, el dolor y la capacidad de integración del aprendizaje en el domicilio.
Barreras y facilitadores
Entre las barreras más habituales figuran la limitación de tiempo asistencial, la variabilidad en la formación de los profesionales, la inexistencia de circuitos homogéneos de entrega y enseñanza, y la percepción errónea de que el dispositivo es intuitivo y no precisa entrenamiento reglado. También influyen la sobrecarga del cuidador, la escasa adecuación del entorno doméstico y la resistencia del paciente a aceptar apoyos por motivos emocionales o identitarios.
Los principales facilitadores incluyen la existencia de procedimientos internos consensuados, materiales educativos claros, espacios seguros para la práctica supervisada, registro estructurado de la enseñanza y coordinación entre profesionales implicados en la movilidad y la rehabilitación. Resulta útil, además, que la organización reconozca el entrenamiento en ayudas técnicas como una intervención de seguridad y no como una tarea accesoria.
La incorporación del cuidador y la valoración del entorno real son elementos que favorecen la sostenibilidad de la mejora. Cuando la educación se limita al paciente sin considerar quién le ayudará, dónde caminará o qué obstáculos encontrará, la transferencia del aprendizaje suele ser incompleta. En cambio, cuando el entrenamiento se vincula a actividades concretas de la vida diaria, aumenta su significado práctico y su probabilidad de mantenimiento.
Discusión/Conclusiones
La optimización del entrenamiento en ayudas técnicas debe entenderse como una intervención de calidad asistencial orientada a reducir riesgo y a promover funcionalidad. El problema no reside únicamente en la limitación de movilidad del paciente, sino en la distancia que puede existir entre disponer de un dispositivo y saber usarlo de forma segura y eficaz. Esa distancia es precisamente el espacio donde la actuación enfermera aporta valor clínico.
Frente a enfoques centrados en la mera entrega del producto de apoyo, el análisis realizado sugiere la conveniencia de modelos que integren valoración, enseñanza práctica, observación de la ejecución y seguimiento. La enseñanza aislada y no verificada puede resultar insuficiente, especialmente en personas mayores, pacientes con deterioro funcional reciente, usuarios con miedo a caer o situaciones en las que el entorno doméstico introduce barreras añadidas.
Desde una perspectiva de seguridad del paciente, esta propuesta presenta varias implicaciones. En primer lugar, contribuye a identificar errores potencialmente evitables, como la altura inadecuada del dispositivo, el patrón incorrecto de apoyo o la utilización en escenarios no entrenados. En segundo término, favorece que la movilidad deje de evaluarse solo como capacidad teórica y pase a observarse en tareas significativas para la vida diaria. Finalmente, refuerza la continuidad asistencial al considerar que el aprendizaje necesita revisión, no solo instrucción inicial.
La autonomía personal constituye otro eje relevante. El uso correcto de ayudas técnicas puede facilitar desplazamientos más seguros y reducir dependencia en determinadas actividades, pero solo cuando el paciente las integra con confianza suficiente en su rutina. Si el dispositivo genera inseguridad, dolor, cansancio excesivo o sensación de torpeza, es probable que su uso sea irregular. Por ello, la dimensión subjetiva del entrenamiento, incluida la percepción de autoeficacia, merece atención enfermera junto con la ejecución técnica.
La aplicabilidad de esta mejora es amplia, aunque debe adaptarse a cada contexto. No todos los entornos disponen del mismo tiempo, recursos materiales o acceso a profesionales de rehabilitación. Aun así, incluso en escenarios con limitaciones organizativas, pueden implantarse medidas básicas de alto valor: valoración funcional previa, comprobación del ajuste, práctica supervisada mínima, educación al cuidador y registro de recomendaciones de seguridad. La mejora de calidad no depende necesariamente de intervenciones complejas, sino de la consistencia del proceso.
También conviene reconocer sus límites. La evolución clínica, el deterioro cognitivo, el dolor persistente, la fragilidad avanzada o las barreras arquitectónicas severas pueden reducir el alcance funcional del entrenamiento. Del mismo modo, la adhesión del paciente no puede darse por supuesta. Algunos usuarios rechazan la ayuda técnica por motivos emocionales, imagen corporal o expectativas irreales sobre su recuperación. Estas situaciones exigen abordajes individualizados y, en ocasiones, objetivos más centrados en seguridad que en independencia completa.
En síntesis, el entrenamiento en ayudas técnicas no debería considerarse un complemento opcional del cuidado, sino una parte sustantiva de la atención a personas con limitación de movilidad. Cuando se estructura de forma progresiva, se adapta al entorno y se revisa en el tiempo, puede contribuir a una movilidad más segura, a una mejor experiencia del paciente y a una mayor autonomía en las actividades cotidianas. Para Enfermería, supone una oportunidad de liderazgo clínico en un ámbito donde calidad, educación sanitaria y prevención de riesgos convergen de manera especialmente visible.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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