Sepsis en el entorno urgente: detección precoz y papel de Enfermería

Sepsis in emergency settings: early detection and the role of Nursing

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:404

Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero

Fecha recepción: 17/08/26

Fecha aceptación: 11/09/26

Fecha de publicación: 19/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):404

Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Enfermería de urgencias; Lactato; Triaje; Cuidados de Enfermería; Sepsis; Enfermería basada en la evidencia; Atención inicial; Administración de antibióticos; Servicio de urgencias; Signos vitales

Keywords: Emergency Nursing; Lactic Acid; Triage; Nursing Care; Sepsis; Evidence-Based Nursing; Initial Care; Anti-Bacterial Agents; Emergency Service, Hospital; Vital Signs

Resumen

Introducción: La sepsis constituye una urgencia tiempo-dependiente asociada a deterioro clínico rápido, disfunción orgánica y elevada complejidad asistencial. En los servicios de urgencias, donde confluyen pacientes con cuadros inespecíficos, comorbilidad y diferentes grados de gravedad, la detección precoz resulta especialmente relevante. La enfermera de urgencias participa de forma directa en el reconocimiento de signos de alarma, la priorización en triaje, la monitorización inicial y la puesta en marcha de medidas terapéuticas y de soporte.

Objetivos: Revisar los elementos clínicos y organizativos implicados en la identificación temprana de la sepsis en urgencias y analizar el papel de Enfermería en la valoración inicial, la vigilancia clínica, la coordinación asistencial y la seguridad del paciente.

Metodología: Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo, centrada en la práctica enfermera en el ámbito urgente. El desarrollo integra conceptos fisiopatológicos generales, manifestaciones clínicas de presentación frecuente, utilidad del triaje y de la monitorización de signos vitales, interpretación prudente del lactato como marcador de perfusión tisular y principales líneas de actuación enfermera en la atención inicial.

Resultados: La sepsis puede manifestarse con sintomatología poco específica, lo que obliga a mantener una elevada sospecha clínica ante cambios en el estado general, alteraciones de la temperatura, frecuencia respiratoria, frecuencia cardiaca, presión arterial, estado mental, diuresis o perfusión periférica. El triaje enfermero y la reevaluación periódica pueden contribuir a identificar deterioro precoz. La determinación de lactato, en el contexto de la valoración global, aporta información útil para estimar hipoperfusión y necesidad de vigilancia estrecha. Entre las funciones de Enfermería destacan la obtención de constantes, la identificación de signos de alarma, el inicio de medidas de soporte, la preparación y administración de tratamiento prescrito, incluida la antibioterapia, la extracción de muestras, la monitorización continua y la comunicación estructurada con el equipo.

Discusión/Conclusiones: El abordaje de la sepsis en urgencias requiere reconocimiento temprano, respuesta coordinada y reevaluación continuada. La contribución enfermera no se limita a la ejecución técnica, sino que integra juicio clínico, priorización y continuidad asistencial. Una atención inicial sistemática, adaptada a los protocolos del centro y al estado del paciente, puede favorecer un manejo más seguro y oportuno.

Abstract

Introduction: Sepsis is a time-sensitive emergency associated with rapid clinical deterioration, organ dysfunction, and high care complexity. In emergency departments, where patients often present with nonspecific symptoms and varying severity, early recognition is particularly important. Emergency nurses are directly involved in identifying warning signs, prioritizing triage, monitoring the patient, and initiating therapeutic and supportive measures.

Objectives: To review the clinical and organizational aspects involved in the early identification of sepsis in emergency settings and to analyze the nursing role in initial assessment, clinical surveillance, care coordination, and patient safety.

Methodology: A narrative theoretical review focused on nursing practice in emergency care was developed. The article addresses general pathophysiological concepts, common clinical presentations, the usefulness of triage and vital signs monitoring, the cautious interpretation of lactate as a marker of tissue perfusion, and the main nursing actions during initial management.

Results: Sepsis may present with nonspecific manifestations, requiring a high level of clinical suspicion when changes in general condition, temperature, respiratory rate, heart rate, blood pressure, mental status, urine output, or peripheral perfusion are observed. Nursing triage and repeated reassessment may help detect early deterioration. Lactate measurement, interpreted within the overall clinical assessment, may provide useful information regarding hypoperfusion and the need for close observation. Key nursing responsibilities include recording vital signs, identifying warning signs, initiating supportive care, preparing and administering prescribed treatment, including antibiotics, collecting samples, continuous monitoring, and structured communication with the interdisciplinary team.

Discussion/Conclusions: Sepsis management in emergency care requires early recognition, coordinated response, and continuous reassessment. The nursing contribution goes beyond technical tasks and includes clinical judgment, prioritization, and continuity of care. A systematic initial approach, adapted to the institution’s protocols and to patient status, may support safer and timelier management.

Introducción

La sepsis representa uno de los procesos de mayor complejidad en el área de urgencias por su capacidad de progresar en poco tiempo hacia situaciones de compromiso hemodinámico, respiratorio, neurológico o renal. Su presentación clínica, además, no siempre es llamativa en las primeras fases. Un paciente puede acudir por fiebre, malestar, confusión, dolor abdominal, disnea, hipotensión, debilidad o empeoramiento funcional, y detrás de esa clínica heterogénea existir un proceso infeccioso con disfunción orgánica en evolución. Esta variabilidad obliga a una observación clínica entrenada y a una respuesta asistencial coordinada desde el primer contacto.

En el servicio de urgencias, la Enfermería ocupa una posición central porque suele ser el primer profesional que realiza una valoración estructurada. A través del triaje, la toma de constantes, la observación del patrón respiratorio, el nivel de consciencia, la perfusión cutánea o la situación funcional, puede identificar señales de alarma que orienten hacia un cuadro séptico. A ello se suma la capacidad de detectar cambios evolutivos durante la permanencia del paciente en boxes, sala de observación o áreas de críticos, donde la reevaluación continuada resulta decisiva.

La sepsis no debe entenderse únicamente como una infección grave. Implica una respuesta desregulada del organismo frente a la infección, con alteraciones inflamatorias, inmunológicas, microcirculatorias y metabólicas que pueden ocasionar daño tisular y fallo orgánico. Desde el punto de vista asistencial, esta complejidad se traduce en la necesidad de integrar datos clínicos, analíticos y evolutivos en un plazo breve. El valor del tiempo es especialmente evidente en las primeras horas, cuando la identificación del problema y el inicio de medidas diagnósticas y terapéuticas pueden condicionar la trayectoria posterior.

En este escenario, la atención enfermera tiene una dimensión doble. Por un lado, es una práctica técnica y organizativa: monitorizar, canalizar accesos, extraer muestras, administrar tratamientos, registrar parámetros y asegurar circuitos asistenciales. Por otro, incorpora juicio clínico: reconocer patrones de deterioro, discriminar prioridades, anticipar complicaciones y comunicar de forma precisa al resto del equipo. Esta combinación explica por qué la formación específica de la enfermera de urgencias en reconocimiento precoz de la sepsis tiene repercusión directa en la seguridad del paciente.

También debe considerarse que la sepsis puede aparecer en perfiles muy diversos: personas mayores frágiles, pacientes inmunodeprimidos, usuarios institucionalizados, personas con heridas infectadas, infecciones urinarias o respiratorias, cuadros abdominales y situaciones posquirúrgicas, entre otras. En determinados grupos, la expresión clínica puede ser más sutil y manifestarse como deterioro funcional, alteración del comportamiento, somnolencia, disminución de la ingesta o descompensación de enfermedades previas. Esta realidad hace insuficiente una valoración centrada solo en la presencia de fiebre o en síntomas típicos.

Por todo ello, revisar el papel de Enfermería en la detección y manejo inicial de la sepsis en urgencias resulta pertinente desde una perspectiva clínica y organizativa. La mejora del reconocimiento precoz no depende únicamente de disponer de recursos diagnósticos, sino también de consolidar procesos de valoración, vigilancia y comunicación que permitan actuar antes de que el deterioro sea manifiesto.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es revisar la sepsis en el entorno urgente desde la perspectiva de la práctica enfermera, con especial atención a la detección precoz y a la atención inicial.

De forma específica, se pretende:

  • Describir los elementos fisiopatológicos básicos que ayudan a comprender la evolución clínica de la sepsis.
  • Analizar la forma de presentación en urgencias y los signos que pueden orientar a sospecha temprana.
  • Examinar la utilidad del triaje, la monitorización de signos vitales y la reevaluación clínica continuada.
  • Valorar el papel del lactato dentro de la valoración global del paciente con sospecha de hipoperfusión.
  • Delimitar las principales intervenciones enfermeras en la atención inicial, incluyendo medidas de soporte, obtención de muestras, administración de tratamiento prescrito y coordinación asistencial.
  • Reflexionar sobre los retos organizativos y clínicos que condicionan una respuesta segura en el servicio de urgencias.

Metodología

Se ha realizado una revisión teórica de tipo narrativo centrada en la atención enfermera al paciente adulto con sospecha de sepsis en el ámbito de urgencias hospitalarias. El enfoque del artículo es clínico-asistencial y pretende integrar conocimientos habitualmente empleados en la práctica profesional para interpretar signos de alarma, priorizar la valoración inicial y organizar cuidados en situaciones de posible deterioro agudo.

La exposición se estructura en torno a varios ejes: comprensión general de la sepsis como proceso de disfunción orgánica asociado a infección, manifestaciones clínicas de presentación frecuente en urgencias, relevancia del triaje y de la observación evolutiva, significado clínico del lactato en la valoración del estado de perfusión y principales actuaciones de Enfermería durante la atención inicial. No se plantea como revisión sistemática ni como protocolo cerrado, sino como síntesis razonada orientada a la práctica profesional.

Con el fin de mantener la prudencia clínica, se han evitado cifras epidemiológicas, resultados de estudios concretos y atribuciones a guías o sociedades científicas que no han sido aportadas. Las recomendaciones se formulan en términos generales y deben interpretarse de acuerdo con el contexto asistencial, el juicio clínico profesional y los procedimientos vigentes de cada centro.

Resultados

Comprensión clínica de la sepsis en urgencias

La sepsis puede entenderse como la consecuencia de una respuesta del huésped frente a una infección que deja de ser proporcionada y genera alteraciones sistémicas con potencial de daño orgánico. En su evolución participan fenómenos inflamatorios, trastornos endoteliales, cambios en la permeabilidad vascular, alteraciones de la coagulación y disfunción de la microcirculación. Desde la mirada enfermera, estos mecanismos se traducen en manifestaciones observables: cambios en la frecuencia respiratoria, taquicardia, hipotensión, piel moteada o fría, disminución de la diuresis, inquietud, somnolencia o deterioro del estado general.

La progresión no siempre sigue un patrón lineal. Hay pacientes que debutan con clínica evidente y otros en los que el deterioro es más insidioso. El riesgo en urgencias radica en que muchos de estos signos pueden confundirse con otras situaciones agudas o con descompensaciones de patologías crónicas. Por ello, la infección probable o confirmada debe valorarse junto con cualquier indicio de disfunción orgánica y no de forma aislada.

Presentación clínica y signos de alarma

Las manifestaciones iniciales de la sepsis son variables y dependen del foco infeccioso, la edad, la reserva funcional previa y la respuesta fisiológica individual. Entre los hallazgos de mayor relevancia para la valoración enfermera se encuentran la alteración de la temperatura corporal, la taquipnea, el aumento de la frecuencia cardiaca, la hipotensión o la tendencia al descenso tensional, la reducción de la saturación de oxígeno, la confusión de nueva aparición y los signos de hipoperfusión periférica. También debe prestarse atención a la oliguria referida o constatada, a la postración, a la imposibilidad para mantener la deambulación habitual y a la sensación de empeoramiento rápido.

En personas mayores o con fragilidad, la ausencia de fiebre no excluye gravedad. Del mismo modo, la presencia de escalofríos, hipotermia, decaimiento brusco, delirium o disminución de la ingesta puede ser la expresión predominante del proceso infeccioso. En pacientes inmunodeprimidos, el umbral de sospecha debe ser todavía más bajo. Esta variabilidad clínica subraya la importancia de no reducir la valoración a una sola constante o a un criterio aislado.

Triaje y priorización enfermera

El triaje es uno de los puntos más sensibles para la detección precoz. No se limita a clasificar el motivo de consulta, sino que integra la primera impresión clínica, la estabilidad del paciente y la necesidad de atención preferente. En un cuadro compatible con infección, la asociación de alteraciones en signos vitales, estado mental o perfusión debe motivar una priorización acorde con el riesgo de deterioro.

La entrevista breve realizada por la enfermera durante el triaje puede aportar información de alto valor: tiempo de evolución, foco sospechoso, comorbilidad relevante, tratamientos inmunosupresores, cambios recientes en la autonomía, presencia de vómitos, disnea, disminución de diuresis o episodios de desorientación. La observación del trabajo respiratorio, el color de la piel, el grado de respuesta y la tolerancia a la sedestación o movilización complementan la interpretación de las constantes iniciales.

La sepsis no siempre se identifica en una única valoración. Un paciente inicialmente estable puede presentar empeoramiento en un intervalo corto. Por esta razón, la reevaluación periódica adquiere tanto peso como el propio triaje inicial. La enfermera de urgencias debe mantener una vigilancia dinámica y reconocer las desviaciones respecto a la situación basal o a la evolución esperable.

Signos vitales y monitorización continuada

La monitorización de signos vitales es una herramienta clínica esencial. Su utilidad no reside solo en el valor aislado de cada parámetro, sino en la interpretación conjunta y evolutiva. Una frecuencia respiratoria elevada, por ejemplo, puede preceder a otras manifestaciones de deterioro y a menudo se infravalora si no se mide de forma rigurosa. La presión arterial, la frecuencia cardiaca, la temperatura, la saturación de oxígeno y el nivel de consciencia deben registrarse con sistematicidad y contextualizarse según el estado basal del paciente.

La observación enfermera añade elementos no siempre reflejados por los monitores: relleno capilar enlentecido, extremidades frías, diaforesis, empeoramiento del patrón respiratorio, lenguaje enlentecido, menor interacción o aparición de agitación. Del mismo modo, el seguimiento de la diuresis y de la respuesta al tratamiento puede aportar información sobre perfusión y evolución clínica. En áreas de observación o críticos, esta vigilancia permite identificar si el paciente responde favorablemente o si requiere una escalada asistencial.

Lactato como apoyo a la valoración

La determinación de lactato se ha incorporado de forma habitual a la valoración de pacientes con sospecha de sepsis o hipoperfusión. Su interpretación exige prudencia. Un valor elevado puede asociarse a alteraciones de perfusión tisular, incremento del metabolismo anaerobio o situaciones de estrés fisiológico, pero no debe interpretarse de forma descontextualizada ni como marcador exclusivo de gravedad. También pueden influir otros procesos clínicos y condiciones previas.

Para Enfermería, el lactato tiene interés sobre todo como dato que complementa la valoración clínica y contribuye a priorizar monitorización, repetición analítica si procede y comunicación con el equipo médico. Su utilidad aumenta cuando se integra con el estado hemodinámico, el patrón respiratorio, la perfusión periférica, el nivel de consciencia y la evolución tras las primeras medidas terapéuticas. El manejo seguro del paciente requiere evitar una lectura simplificada basada únicamente en un parámetro de laboratorio.

Actuaciones de Enfermería en la atención inicial

La intervención enfermera en la sepsis comienza desde la sospecha clínica. Entre las acciones iniciales habituales se encuentran la valoración sistemática del paciente, la identificación del grado de urgencia, la monitorización de constantes, la canalización de accesos venosos si está indicada, la extracción de muestras según prescripción y procedimiento del centro, y la administración de oxígeno o de otras medidas de soporte cuando resulten necesarias por la situación clínica.

La administración de fluidoterapia y antibioterapia prescritas forma parte de las intervenciones que requieren especial atención por su relación con el tiempo de respuesta y la seguridad del paciente. La enfermera participa en la preparación del tratamiento, la verificación de la prescripción, la comprobación de alergias conocidas, la vigilancia de la tolerancia y el registro de tiempos de administración. En paralelo, puede facilitar la obtención de hemocultivos u otras muestras cuando estén indicadas, respetando las condiciones de asepsia y trazabilidad.

La vigilancia posterior al inicio del tratamiento es tan relevante como su puesta en marcha. Deben observarse cambios en la presión arterial, frecuencia cardiaca, respiración, saturación, temperatura, perfusión, estado mental y diuresis, además de la aparición de signos de sobrecarga, empeoramiento respiratorio u otras incidencias. El registro preciso y cronológico favorece la continuidad asistencial y permite valorar la respuesta temprana a las medidas instauradas.

Comunicación clínica y trabajo en equipo

La sepsis exige un funcionamiento coordinado entre triaje, boxes, laboratorio, radiología, medicina de urgencias, áreas de observación y, cuando procede, unidades de cuidados intensivos o de hospitalización. En este circuito, la comunicación enfermera tiene un papel estructurante. Informar de forma temprana sobre la sospecha de sepsis, los signos de disfunción orgánica observados, la evolución de las constantes y la respuesta al tratamiento permite reducir demoras y orientar decisiones.

La comunicación debe ser clara, sintética y basada en datos clínicos relevantes. Resulta especialmente útil cuando describe cambios respecto a la situación basal, tiempos de evolución, focos probables, alteraciones analíticas disponibles y respuesta a las primeras actuaciones. Además de transmitir información, la enfermera contribuye a coordinar pruebas, traslados, disponibilidad de material y preparación del entorno asistencial más adecuado para el nivel de gravedad.

Seguridad del paciente y continuidad de cuidados

La seguridad clínica en sepsis incluye aspectos aparentemente sencillos pero determinantes: correcta identificación del paciente, verificación de la prescripción, administración segura de fármacos, registro completo, vigilancia de accesos venosos, prevención de retrasos evitables y detección de efectos adversos. En pacientes inestables, la priorización de tareas debe realizarse sin perder de vista la necesidad de cuidados básicos, confort, termorregulación, manejo del dolor y apoyo emocional al paciente y la familia.

La continuidad asistencial adquiere relevancia cuando el paciente pasa de triaje a box, de box a observación o a una unidad de mayor complejidad. Un traslado bien comunicado debe incluir motivo de sospecha, evolución hemodinámica y respiratoria, tratamientos administrados, respuesta observada, muestras obtenidas y necesidades de vigilancia pendientes. La transferencia de información incompleta puede comprometer la detección de cambios relevantes en un proceso de rápida evolución.

Retos frecuentes en la práctica urgente

Entre las dificultades más habituales se encuentran la elevada carga asistencial, la coexistencia de múltiples pacientes con sintomatología inespecífica, la variabilidad en la experiencia clínica del personal, la saturación del servicio y la presencia de pacientes con presentación atípica. A ello se suma que no todos los cuadros infecciosos con signos sistémicos evolucionan a sepsis, lo que obliga a equilibrar sensibilidad diagnóstica y juicio clínico para evitar tanto la infradetección como la sobreactivación innecesaria.

La respuesta enfermera frente a estos retos se apoya en la valoración estructurada, la repetición de constantes cuando el estado lo requiere, el uso prudente de herramientas de priorización, la comunicación precoz y la formación continuada en reconocimiento del deterioro agudo. La experiencia clínica es valiosa, pero no sustituye a una observación sistemática ni al trabajo coordinado con el resto del equipo.

Discusión/Conclusiones

La sepsis en urgencias plantea un desafío asistencial porque combina urgencia temporal, heterogeneidad clínica y necesidad de actuación coordinada. Su reconocimiento no depende exclusivamente de la presencia de datos llamativos, sino de la capacidad para interpretar conjuntos de signos que, en ocasiones, son sutiles o se presentan de forma progresiva. Desde esta perspectiva, la aportación de Enfermería resulta especialmente relevante al situarse en la primera línea de observación y seguimiento.

La práctica enfermera en este ámbito va más allá de la ejecución de técnicas. Implica integrar información procedente del triaje, de la monitorización y de la evolución del paciente para identificar patrones de riesgo. La sospecha de sepsis puede surgir a partir de alteraciones en la frecuencia respiratoria, del cambio en el estado mental, del empeoramiento funcional o de signos de hipoperfusión antes incluso de que existan datos analíticos disponibles. Esta capacidad de detección precoz se ve reforzada cuando la valoración se realiza de forma estructurada y se acompaña de reevaluaciones periódicas.

El lactato, las constantes vitales y otros hallazgos complementarios aportan información útil, pero ningún dato aislado sustituye la interpretación clínica global. Por ello, la toma de decisiones seguras requiere combinar observación, registro, comunicación y respuesta asistencial proporcionada a la gravedad. En la práctica, esto se traduce en una secuencia de cuidados que incluye priorización adecuada, medidas de soporte, extracción de muestras, administración del tratamiento prescrito y vigilancia estrecha de la respuesta.

También debe subrayarse la dimensión organizativa del problema. La detección precoz puede verse limitada por la saturación del servicio, la variabilidad en los circuitos internos o la presentación atípica de algunos pacientes. Frente a ello, los servicios de urgencias se benefician de procedimientos claros, formación continuada y cultura de reevaluación. La enfermera, por su posición transversal en el proceso asistencial, contribuye tanto a la seguridad clínica individual como al funcionamiento del sistema.

En términos prácticos, una atención enfermera sistemática, sensible al deterioro y bien coordinada puede favorecer la identificación temprana de pacientes con sospecha de sepsis y mejorar la oportunidad de las intervenciones iniciales. La adaptación a los protocolos de cada centro, la capacitación específica y el registro riguroso siguen siendo pilares para un abordaje seguro, especialmente en un proceso donde el tiempo y la evolución clínica condicionan de manera decisiva el pronóstico.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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