Tracheostomy and ventilator weaning: nursing care and communication
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:268
Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro
Fecha recepción: 26/07/26
Fecha aceptación: 17/08/26
Fecha de publicación: 23/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):268
Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Cuidados críticos; Comunicación; Monitorización fisiológica; Unidades de cuidados intensivos; Destete ventilatorio; Aspiración de secreciones; Cuidados de Enfermería; Paciente crítico; Enfermería basada en la evidencia; Traqueostomía
Keywords: Critical Care; Communication; Monitoring, Physiologic; Intensive Care Units; Ventilator Weaning; Suction; Nursing Care; Critical Illness; Evidence-Based Nursing; Tracheostomy
Resumen
Introducción: La traqueostomía forma parte del manejo de numerosos pacientes críticos con ventilación mecánica prolongada o con necesidad de asegurar la vía aérea. Durante el destete ventilatorio, la presencia de una cánula modifica la valoración respiratoria, la gestión de secreciones, la comunicación, la movilidad y la experiencia subjetiva del paciente. En este proceso, la Enfermería desarrolla una función central en la vigilancia clínica, la prevención de complicaciones y la humanización de los cuidados.
Objetivos: Revisar los principales cuidados enfermeros en pacientes traqueostomizados durante el destete ventilatorio, analizar los aspectos de monitorización fisiológica más relevantes y abordar las estrategias de comunicación adaptadas a la incapacidad o limitación para la fonación.
Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo centrada en el ámbito de los cuidados intensivos y en la práctica enfermera. Se organiza el contenido a partir de los ejes clínicos más relevantes: vigilancia respiratoria, manejo de la vía aérea artificial, aspiración de secreciones, confort, comunicación terapéutica, movilización, seguridad y continuidad de cuidados.
Resultados: El cuidado enfermero durante el destete ventilatorio en pacientes con traqueostomía requiere una valoración continuada de la tolerancia respiratoria, del patrón de secreciones, del estado de la cánula y de la respuesta hemodinámica y neurológica. La aspiración debe basarse en la valoración clínica y no en una pauta automática. La humidificación, la higiene, la fijación segura del dispositivo, la protección cutánea y la vigilancia del estoma son componentes habituales del cuidado. La comunicación precisa estrategias alternativas, apoyo emocional y adaptación a la capacidad cognitiva y motora de cada paciente. La coordinación con el equipo interdisciplinar favorece la progresión del destete y reduce situaciones de ansiedad, fatiga y desconexión del entorno.
Discusión/Conclusiones: La atención enfermera al paciente traqueostomizado durante el destete ventilatorio va más allá del manejo técnico de la vía aérea. Integra observación clínica, anticipación de complicaciones, apoyo comunicativo y acompañamiento en un periodo de alta vulnerabilidad. Un abordaje individualizado, prudente y centrado en la persona puede contribuir a una transición más segura desde la ventilación mecánica hacia una mayor autonomía respiratoria y funcional.
Abstract
Introduction: Tracheostomy is part of the management of many critically ill patients requiring prolonged mechanical ventilation or a secured airway. During ventilator weaning, the presence of a tracheostomy tube affects respiratory assessment, secretion management, communication, mobility, and the patient’s subjective experience. In this setting, nurses play a key role in clinical surveillance, complication prevention, and humanized care.
Objectives: To review the main nursing care measures for tracheostomized patients during ventilator weaning, to analyse the most relevant physiologic monitoring issues, and to address communication strategies adapted to absent or limited phonation.
Methodology: A narrative theoretical review focused on intensive care nursing practice. The content is structured around the main clinical dimensions involved in care: respiratory assessment, artificial airway management, secretion suctioning, comfort, therapeutic communication, mobilization, safety, and continuity of care.
Results: Nursing care during ventilator weaning in tracheostomized patients requires continuous assessment of respiratory tolerance, secretion pattern, tube condition, and hemodynamic and neurological response. Suctioning should be guided by clinical assessment rather than performed routinely. Humidification, hygiene, secure fixation, skin protection, and stoma surveillance are common components of care. Communication requires alternative strategies, emotional support, and adaptation to each patient’s cognitive and motor abilities. Interdisciplinary coordination may facilitate weaning progression and reduce anxiety, fatigue, and isolation.
Discussion/Conclusions: Nursing care for tracheostomized patients during ventilator weaning extends beyond technical airway management. It includes clinical observation, anticipation of complications, communication support, and close accompaniment during a period of high vulnerability. An individualized and person-centred approach may contribute to a safer transition from mechanical ventilation to greater respiratory and functional autonomy.
Introducción
La traqueostomía en el paciente crítico se asocia con frecuencia a situaciones de ventilación mecánica prolongada, deterioro del manejo de secreciones, fracaso repetido en la extubación o necesidad de protección mantenida de la vía aérea. Aunque puede facilitar determinados cuidados y mejorar algunos aspectos del confort respecto a la intubación transl laríngea, no elimina la complejidad clínica del proceso respiratorio ni reduce por sí misma la vulnerabilidad del paciente. La fase de destete ventilatorio continúa siendo un periodo de inestabilidad potencial, en el que pequeñas variaciones en el trabajo respiratorio, el nivel de conciencia, la cantidad de secreciones o la tolerancia emocional pueden condicionar la evolución.
Desde la perspectiva enfermera, la traqueostomía introduce un conjunto de necesidades específicas. La vía aérea artificial exige vigilancia permanente de la permeabilidad de la cánula, de la adecuación de la humidificación y del estado del estoma. A ello se añaden las dificultades de comunicación derivadas de la imposibilidad de fonar o de la emisión vocal limitada, una situación que puede incrementar la ansiedad, la sensación de indefensión y la dificultad para expresar dolor, disnea, miedo o necesidades básicas. El paciente traqueostomizado no solo requiere cuidados respiratorios avanzados; necesita, además, un entorno clínico que preserve su dignidad y su capacidad de interacción.
El destete ventilatorio es un proceso dinámico, no un evento aislado. Incluye la valoración de la reserva respiratoria, la adaptación progresiva a un menor soporte ventilatorio y la identificación precoz de signos de intolerancia. En pacientes con traqueostomía, este proceso puede coexistir con debilidad adquirida en cuidados intensivos, alteración del patrón del sueño, desnutrición, delirium, fatiga y limitación funcional. La observación enfermera resulta especialmente relevante porque gran parte de los cambios iniciales se manifiestan primero en la clínica cotidiana: aumento del esfuerzo respiratorio, cambios en el patrón de secreciones, inquietud, gestualidad de malestar, taquicardia relativa, disminución de la participación en la movilización o agotamiento tras periodos breves de respiración espontánea.
La práctica asistencial muestra que el manejo de la traqueostomía durante el destete no puede reducirse a procedimientos técnicos aislados. Requiere integrar monitorización fisiológica, prevención de complicaciones, apoyo emocional, movilización precoz cuando sea posible, cuidados cutáneos, optimización del descanso y estrategias de comunicación adaptadas. Asimismo, la coordinación interdisciplinar es necesaria para ajustar los tiempos del destete, revisar la idoneidad del dispositivo, valorar opciones de rehabilitación respiratoria y avanzar, cuando proceda, hacia la decanulación.
En este marco, la Enfermería ocupa una posición de continuidad asistencial difícilmente sustituible. Su contacto sostenido con el paciente y la familia permite detectar necesidades no siempre evidentes, traducir cambios clínicos en decisiones de cuidado y sostener una relación terapéutica en un periodo marcado por la incertidumbre. La relevancia de este abordaje justifica revisar, desde una perspectiva profesional, los principales elementos del cuidado enfermero en la traqueostomía durante el destete ventilatorio.
Objetivos
Analizar los cuidados enfermeros implicados en la atención al paciente adulto con traqueostomía durante el destete ventilatorio en unidades de cuidados intensivos o áreas de alta complejidad.
De forma específica, se plantea:
- Describir los aspectos de valoración clínica y monitorización fisiológica más relevantes durante este proceso.
- Revisar el manejo enfermero de la vía aérea artificial, incluyendo humidificación, higiene, fijación, vigilancia del estoma y aspiración de secreciones.
- Examinar las principales dificultades de comunicación asociadas a la traqueostomía y las estrategias de apoyo que pueden favorecer la interacción terapéutica.
- Explorar la relación entre confort, movilización, seguridad y progresión del destete ventilatorio.
- Identificar implicaciones prácticas para una atención individualizada y centrada en la persona.
Metodología
Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera. El contenido se ha organizado a partir de problemas clínicos habituales en pacientes portadores de traqueostomía durante el proceso de retirada progresiva del soporte ventilatorio. La estructura del análisis prioriza la aplicabilidad asistencial y la seguridad del paciente, sin formular un protocolo cerrado ni sustituir los procedimientos vigentes de cada centro.
La revisión se articula en torno a varios núcleos temáticos: valoración integral del paciente crítico traqueostomizado, monitorización de la tolerancia al destete, cuidados locales y funcionales de la cánula, manejo de secreciones, comunicación, movilización y coordinación interdisciplinar. Se adopta un enfoque prudente, orientado a sintetizar principios de cuidado ampliamente aceptados en el entorno clínico, evitando la atribución de recomendaciones a fuentes concretas no aportadas.
Por la naturaleza del trabajo, el desarrollo se centra en la práctica clínica y en la toma de decisiones enfermeras basada en la observación continuada, la individualización del cuidado y la adaptación al contexto asistencial. Cuando se describen intervenciones, estas se formulan como orientaciones generales sujetas a valoración profesional, situación clínica, recursos disponibles y protocolos institucionales.
Resultados
Valoración integral durante el destete ventilatorio
La valoración del paciente traqueostomizado no debe limitarse al patrón respiratorio. Durante el destete, la Enfermería observa de forma simultánea la mecánica ventilatoria, el nivel de conciencia, la capacidad de seguir instrucciones, la presencia de dolor, la tolerancia a la movilización, el estado nutricional y la respuesta emocional. La respiración espontánea o con menor soporte puede verse comprometida no solo por insuficiencia respiratoria residual, sino también por fatiga muscular, ansiedad intensa, acúmulo de secreciones, alteración del intercambio gaseoso, debilidad generalizada o mala sincronía con el ventilador.
En la práctica, resultan especialmente útiles la observación de la frecuencia y profundidad respiratoria, el uso de musculatura accesoria, la presencia de tiraje, la calidad de la tos, la eficacia en la expulsión de secreciones, la saturación de oxígeno, la evolución hemodinámica y los signos de agotamiento. La monitorización fisiológica debe interpretarse junto a la clínica. Un paciente aparentemente estable en el monitor puede mostrar intolerancia incipiente a través de inquietud, incapacidad para descansar, dificultad para cooperar o incremento progresivo del esfuerzo respiratorio.
También es relevante la valoración neurológica. El nivel de sedación, el delirium y las fluctuaciones atencionales condicionan la capacidad del paciente para participar en el proceso de destete y para utilizar sistemas alternativos de comunicación. Del mismo modo, la analgesia insuficiente puede aumentar el consumo de oxígeno, favorecer la agitación y dificultar tanto la respiración espontánea como la movilización.
Manejo enfermero de la traqueostomía
El cuidado de la cánula exige vigilancia sistemática de su posición, fijación y permeabilidad. El desplazamiento accidental, la obstrucción por secreciones espesas, la presión excesiva sobre tejidos y las lesiones cutáneas en el cuello son situaciones que pueden comprometer de forma importante la seguridad. La fijación debe mantenerse segura y, al mismo tiempo, permitir la inspección de la piel y del estoma, ajustándose a la anatomía, al grado de sudoración, al edema y a la movilidad del paciente.
La revisión del estoma incluye la valoración del aspecto cutáneo, la presencia de humedad persistente, sangrado, secreciones periestomales, signos inflamatorios o dolor local. La higiene se realiza con técnica adecuada y material compatible con los protocolos del centro, procurando evitar manipulación innecesaria. La protección cutánea resulta especialmente importante en pacientes con piel frágil, nutrición deficiente, edema o inmovilidad prolongada.
La humidificación del aire inspirado merece atención continua. La bypass de la vía aérea superior altera el calentamiento y la humidificación fisiológicos, lo que favorece secreciones más densas y dificulta el aclaramiento mucociliar. La Enfermería debe vigilar la eficacia del sistema de humidificación empleado, la consistencia de las secreciones y la necesidad de medidas complementarias para mantener la vía aérea permeable. En pacientes con cánula fenestrada o con balón, el manejo de cada dispositivo debe individualizarse según la indicación clínica y el momento evolutivo.
Aspiración de secreciones y permeabilidad de la vía aérea
La aspiración de secreciones forma parte del cuidado habitual de muchos pacientes traqueostomizados, pero no debe realizarse de forma automática o rutinaria en ausencia de indicios clínicos. La auscultación, la presencia de ruidos respiratorios compatibles con secreciones, la disminución de la eficacia de la tos, la caída de la saturación, el aumento del trabajo respiratorio o la propia visualización de secreciones pueden orientar su necesidad. Este enfoque contribuye a limitar maniobras innecesarias que pueden asociarse a disconfort, tos intensa, hipoxemia transitoria o irritación de la mucosa.
Antes, durante y después de la aspiración, la valoración enfermera permite detectar tolerancia hemodinámica y respiratoria. La técnica requiere asepsia, preparación adecuada del material, información al paciente siempre que sea posible y una ejecución cuidadosa, evitando prolongar la maniobra más de lo necesario. Tras la aspiración, debe reevaluarse la respuesta clínica: facilidad ventilatoria, cambios en la auscultación, coloración, confort y características de las secreciones. El registro del procedimiento y de sus hallazgos aporta continuidad y ayuda a identificar patrones evolutivos.
La tos eficaz constituye otro elemento central. No todos los pacientes generan un flujo tusígeno suficiente para movilizar secreciones, especialmente cuando existe debilidad muscular o dolor. Por ello, el cuidado enfermero puede incluir medidas para favorecer la higiene bronquial, como cambios posturales, estimulación de la tos cuando el estado lo permite, coordinación con fisioterapia respiratoria y revisión de la hidratación y humidificación. La obstrucción parcial de la cánula por tapones mucosos debe sospecharse ante aumento brusco de la dificultad respiratoria, secreciones espesas y escasa entrada o salida de aire.
Monitorización fisiológica y tolerancia al descenso del soporte
Durante el destete ventilatorio, la Enfermería participa activamente en la identificación de signos de buena tolerancia o de fracaso parcial. No se trata únicamente de registrar parámetros, sino de interpretar tendencias. Una respiración progresivamente rápida y superficial, la taquicardia persistente, la sudoración, la expresión facial de esfuerzo, la incapacidad para hablar mediante sistemas alternativos por fatiga o la disminución de la colaboración pueden indicar agotamiento.
La observación continuada ayuda a distinguir entre ansiedad y deterioro respiratorio, dos realidades que con frecuencia coexisten. En algunos pacientes, el temor a no poder respirar sin ayuda precipita sensación de ahogo, hipervigilancia y conductas de alarma. En otros, la ansiedad es secundaria a una intolerancia respiratoria real. La intervención enfermera exige no trivializar ninguno de los dos componentes. Acompañar, explicar el procedimiento, anticipar sensaciones esperables y ofrecer presencia terapéutica puede disminuir la carga emocional, pero siempre debe mantenerse una vigilancia estrecha de la clínica respiratoria.
La monitorización también debe contemplar el descanso y el patrón sueño-vigilia. El agotamiento acumulado reduce la capacidad de afrontar periodos de respiración espontánea. Del mismo modo, la mala coordinación entre procedimientos, movilización, aspiración y momentos de reposo puede aumentar la fatiga. La planificación enfermera de los cuidados diarios adquiere aquí un papel práctico: agrupar intervenciones cuando sea posible, minimizar interrupciones innecesarias y aprovechar ventanas de mayor estabilidad para promover la participación del paciente.
Comunicación terapéutica en el paciente traqueostomizado
La comunicación alterada es una de las experiencias más disruptivas para la persona con traqueostomía. La imposibilidad de emitir voz o la producción vocal limitada afecta a la expresión de necesidades básicas y también al sentido de control. No poder pedir agua, avisar de dolor, expresar miedo o comprender lo que ocurre incrementa la sensación de aislamiento. En consecuencia, la comunicación no debe considerarse un aspecto accesorio del cuidado, sino una necesidad asistencial de primer orden.
La primera medida consiste en valorar la capacidad comunicativa residual: comprensión, nivel de alerta, visión, audición, destreza motora, fuerza en miembros superiores y tolerancia al esfuerzo. A partir de esta valoración pueden utilizarse diferentes apoyos, como preguntas cerradas con respuesta gestual, tablas con letras o pictogramas, dispositivos de escritura, sistemas electrónicos sencillos o lectura labial cuando sea viable. Ningún recurso es universal; su utilidad depende del estado neurológico, del nivel cultural, del cansancio y del entorno.
La actitud del profesional condiciona en gran medida la eficacia de estas estrategias. Hablar mirando al paciente, vocalizar sin elevar innecesariamente el tono, confirmar que ha comprendido la información y verificar el mensaje transmitido reduce errores y frustración. La anticipación también ayuda: explicar antes de una aspiración, de una movilización o de una prueba de ventilación espontánea permite que la persona se sienta menos amenazada por procedimientos que no puede interrumpir verbalmente con facilidad.
La familia puede ser un apoyo valioso si conoce las claves comunicativas del paciente y si participa de manera ordenada, sin sustituir la observación clínica profesional. En fases de evolución favorable, la colaboración interdisciplinar puede incluir la valoración de recursos que faciliten la fonación cuando la situación respiratoria y el tipo de cánula lo permitan. Este proceso requiere supervisión y selección individualizada.
Confort, movilización y prevención de complicaciones
El confort del paciente traqueostomizado depende de múltiples factores: sensación de sequedad, dolor local, posición corporal, ansiedad, ruidos del entorno, alteraciones del sueño y limitación para comunicarse. La Enfermería debe explorar de manera proactiva estos factores porque muchos pacientes no pueden verbalizarlos. La evaluación frecuente del dolor, la adecuación postural y la atención a la boca y mucosas contribuyen a mejorar la tolerancia al destete y la percepción global del cuidado.
La movilización progresiva, cuando la situación clínica lo permite, puede asociarse a beneficios funcionales y respiratorios. Sentar al paciente, favorecer cambios posturales, colaborar en ejercicios activos o asistidos y coordinar la rehabilitación ayudan a prevenir el desacondicionamiento y a mejorar la participación en el proceso de recuperación. No obstante, la movilización del paciente con traqueostomía requiere extremar la seguridad del dispositivo, comprobar conexiones, evitar tracciones sobre la cánula y anticipar la necesidad de aspiración o soporte adicional.
Entre las complicaciones que deben vigilarse se encuentran la obstrucción de la cánula, la decanulación accidental, el deterioro cutáneo periestomal, las infecciones locales, el sangrado, la intolerancia respiratoria y el impacto psicológico del proceso. La detección precoz depende, en gran medida, de una observación clínica continuada y del registro claro de incidencias, respuestas al cuidado y cambios en la evolución.
Continuidad asistencial y transición fuera de la fase crítica
A medida que avanza el destete, la planificación de cuidados debe contemplar escenarios posteriores a la UCI. Algunos pacientes mantendrán la traqueostomía durante un periodo variable y precisarán continuidad en el aprendizaje del autocuidado o en la formación de familiares y cuidadores. Otros podrán iniciar un proceso hacia la decanulación. En ambos casos, la Enfermería actúa como enlace entre fases asistenciales, transmitiendo información sobre el patrón respiratorio, el manejo de secreciones, la capacidad de comunicación, la tolerancia al esfuerzo y las necesidades de apoyo emocional.
La educación sanitaria en este contexto no debe improvisarse al alta de una unidad. Conviene que se inicie de forma progresiva, adaptada al estado cognitivo y físico del paciente y a la disponibilidad real de su entorno. La comprensión del dispositivo, la detección de signos de alarma, la higiene básica, la importancia de la humidificación y el uso de ayudas de comunicación son contenidos relevantes cuando la situación lo permite. La transición segura depende tanto de la estabilidad clínica como de la preparación para sostener los cuidados fuera del entorno más monitorizado.
Discusión/Conclusiones
La traqueostomía durante el destete ventilatorio concentra necesidades respiratorias, comunicativas, funcionales y emocionales que obligan a un enfoque enfermero amplio. El peso de la técnica es indudable, pero no explica por sí solo la complejidad de estos pacientes. La vigilancia de la cánula, la humidificación o la aspiración de secreciones adquieren verdadero sentido cuando se integran con la valoración del esfuerzo respiratorio, del cansancio, del nivel de conciencia y de la experiencia subjetiva de la persona.
Uno de los principales retos es evitar una atención fragmentada. Tratar la secreción sin valorar la hidratación, realizar aspiraciones sin considerar el disconfort, priorizar el monitor sin atender a la expresión de miedo o planificar el destete sin tener en cuenta el descanso son ejemplos de abordajes parciales que pueden dificultar la recuperación. La observación continuada de Enfermería permite conectar estos elementos y convertir hallazgos aparentemente menores en decisiones clínicas oportunas.
La comunicación merece una consideración específica. La pérdida temporal o mantenida de la voz modifica profundamente la relación terapéutica y puede afectar a la seguridad, porque limita la capacidad del paciente para alertar, preguntar o consentir de manera efectiva en la práctica cotidiana. Facilitar sistemas alternativos de comunicación no es un complemento del cuidado respiratorio, sino parte del mismo. A través de esa comunicación, la Enfermería identifica síntomas, reduce incertidumbre y sostiene la autonomía posible en un entorno de dependencia elevada.
También debe subrayarse la importancia de la individualización. No todos los pacientes traqueostomizados siguen la misma trayectoria ni responden del mismo modo al descenso del soporte ventilatorio. La reserva funcional previa, la causa de ingreso, la debilidad muscular, el estado cognitivo y la carga emocional condicionan la evolución. Por ello, las intervenciones deben adaptarse al momento clínico y a la respuesta observada, manteniendo coherencia con los protocolos institucionales y con la evaluación interdisciplinar.
En términos prácticos, el cuidado enfermero en este ámbito puede contribuir a una retirada del soporte más segura cuando combina monitorización competente, técnica depurada, comunicación terapéutica, prevención de complicaciones y continuidad asistencial. El paciente con traqueostomía no solo necesita respirar mejor; necesita hacerlo en un entorno de cuidado que comprenda su vulnerabilidad, preserve su capacidad de relación y acompañe la recuperación funcional de manera realista y sostenida.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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