Desgarro cutáneo tras la retirada de un adhesivo en una persona mayor con piel frágil y colostomía

Care for skin tears in older adults with fragile skin

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:77

Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro

Fecha recepción: 18/06/26

Fecha aceptación: 08/07/26

Fecha de publicación: 16/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):77

Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Apósitos; Anciano; Piel frágil; Estomas quirúrgicos; Cuidados de Enfermería; Proceso de Enfermería; Cicatrización de heridas; Desgarros cutáneos; Piel; Informes de casos

Keywords: Bandages; Aged; Fragile Skin; Surgical Stomas; Nursing Care; Nursing Process; Wound Healing; Skin Tears; Skin; Case Reports

Resumen

Introducción: El desgarro cutáneo constituye una lesión frecuente en personas mayores con piel frágil y reserva tisular disminuida. Su aparición suele relacionarse con traumatismos de baja intensidad, manipulación durante los cuidados, adhesivos, humedad, alteraciones funcionales y comorbilidad. Cuando coexiste un estoma quirúrgico, el riesgo de deterioro cutáneo aumenta por la exposición periestomal, la necesidad de dispositivos adhesivos y la complejidad del autocuidado. Desde Enfermería, el abordaje requiere una valoración integral, la protección del colgajo cutáneo cuando está presente, la selección prudente del apósito y medidas preventivas sostenidas.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona mayor con piel frágil que presenta un desgarro cutáneo en el contexto de dependencia funcional parcial y convivencia con estoma quirúrgico, identificando problemas de cuidados, intervenciones y evolución clínica.

Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. La valoración integra estado cutáneo, características de la lesión, dolor, funcionalidad, riesgo de nuevas lesiones, manejo del estoma, apoyo familiar y capacidad para el autocuidado. A partir de dicha valoración se planifican objetivos asistenciales, intervenciones de cuidado local, prevención de complicaciones y educación sanitaria.

Resultados: Se presenta el caso de una mujer de edad avanzada con colostomía y piel frágil que desarrolla un desgarro cutáneo en antebrazo tras retirada de un adhesivo. La valoración inicial objetivó fragilidad cutánea generalizada, equimosis en extremidades, dependencia parcial para actividades básicas y ansiedad leve ante la manipulación local. El plan enfermero priorizó la limpieza suave, la recolocación atraumática del colgajo viable, la cobertura con apósito no adherente, la vigilancia de exudado y signos de complicación, el control del dolor, la protección perilesional y la educación a cuidadora principal para prevenir recurrencias. La evolución fue favorable, con progresiva epitelización y ausencia de datos clínicos sugestivos de infección.

Discusión/Conclusiones: El cuidado del desgarro cutáneo en la persona mayor exige individualizar la intervención según viabilidad tisular, localización, dolor, exudado y entorno de cuidados. La actuación enfermera temprana puede contribuir a preservar tejido, favorecer la cicatrización y reducir nuevas lesiones asociadas a fricción, cizalla o adhesivos. En pacientes con estoma, la protección integral de la piel adquiere especial relevancia, ya que la coexistencia de diferentes zonas vulnerables obliga a coordinar cuidados locales, prevención y educación continuada.

Abstract

Introduction: Skin tears are common injuries in older adults with fragile skin and reduced tissue resilience. They are often associated with low-impact trauma, care-related handling, adhesive removal, moisture, functional impairment and multimorbidity. When a surgical stoma is also present, skin vulnerability may increase because of peristomal exposure, the use of adhesive devices and the complexity of self-care. From a nursing perspective, management requires comprehensive assessment, gentle flap preservation when feasible, appropriate dressing selection and sustained preventive measures.

Objectives: To describe the nursing approach to an older adult with fragile skin who developed a skin tear in the context of partial functional dependence and a surgical stoma, identifying care problems, interventions and clinical progress.

Methodology: A clinical situation is presented and organised through the nursing process. Assessment includes skin condition, wound features, pain, functional status, risk of further injury, stoma management, family support and self-care capacity. Based on this assessment, care goals, local wound care, complication prevention and patient and caregiver education were planned.

Results: The case describes an older woman with a colostomy and fragile skin who developed a skin tear on the forearm after adhesive removal. Initial nursing assessment revealed generalized skin fragility, bruising on the limbs, partial dependence in basic activities and mild anxiety during wound care. The care plan prioritised gentle cleansing, atraumatic repositioning of the viable skin flap, coverage with a non-adherent dressing, monitoring of exudate and warning signs, pain management, perilesional protection and education of the main caregiver to prevent recurrence. Clinical progress was favourable, with gradual epithelialisation and no signs suggestive of infection.

Discussion/Conclusions: Nursing care for skin tears in older adults should be individualised according to tissue viability, wound location, pain, exudate and care setting. Early nursing intervention may help preserve tissue, support healing and reduce new injuries related to friction, shear or adhesives. In patients with a stoma, global skin protection becomes especially relevant, as the coexistence of several vulnerable areas requires coordinated local care, prevention strategies and ongoing education.

Introducción

El desgarro cutáneo es una lesión traumática que afecta con especial frecuencia a personas de edad avanzada con alteraciones estructurales de la piel. La disminución del grosor dérmico, la menor elasticidad, la fragilidad vascular, la sequedad y la pérdida de tejido subcutáneo reducen la tolerancia a fuerzas de fricción, cizalla o tracción. En este contexto, maniobras aparentemente menores, como el roce con mobiliario, una movilización, la retirada de esparadrapo o el ajuste de una manga, pueden producir una solución de continuidad con o sin colgajo cutáneo.

Para la práctica enfermera, estos episodios no deben considerarse lesiones menores por su apariencia inicial. Aunque muchos evolucionan favorablemente con cuidados adecuados, pueden generar dolor, sangrado, ansiedad, pérdida funcional transitoria y riesgo de complicaciones locales. Además, cuando la lesión aparece en una persona con pluripatología, dependencia, tratamiento farmacológico complejo o limitación en el autocuidado, el impacto asistencial aumenta. El abordaje exige reconocer la lesión de forma precoz, evitar maniobras traumáticas añadidas y seleccionar una estrategia de cura compatible con la fragilidad tisular.

La piel frágil no suele ser un problema aislado. Con frecuencia se asocia a movilidad reducida, incontinencia, edema, malnutrición, deterioro cognitivo, tratamiento con corticoides u otros fármacos que alteran la integridad tisular, así como a dispositivos que obligan al empleo repetido de adhesivos. Entre estos, el estoma quirúrgico merece una consideración específica. La piel periestomal puede verse sometida a humedad, contacto con efluentes, recambios frecuentes del dispositivo y maniobras repetidas de limpieza, factores que incrementan la vulnerabilidad general de la piel y dificultan el equilibrio entre adhesión segura y retirada atraumática.

Desde una perspectiva enfermera, el interés de este problema radica en varios niveles. En primer lugar, obliga a una valoración global de la persona y no solo de la herida. En segundo lugar, requiere integrar medidas preventivas durante las actividades habituales de cuidado, movilización e higiene. En tercer lugar, pone de manifiesto la necesidad de educación sanitaria dirigida tanto a la persona como a su familia o cuidador principal, especialmente cuando existen estomas, dependencia parcial o seguimiento domiciliario.

El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una persona mayor con piel frágil y colostomía que presenta un desgarro cutáneo en miembro superior. El análisis se orienta a exponer la valoración enfermera, la priorización de problemas de cuidados, las intervenciones realizadas y la evolución observada, con el propósito de ofrecer un marco útil para la práctica asistencial habitual.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una persona mayor con piel frágil que presenta un desgarro cutáneo, en el contexto de convivencia con un estoma quirúrgico y dependencia funcional parcial.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar los factores clínicos y asistenciales que favorecen la aparición de desgarros cutáneos en la persona mayor.
  • Exponer una valoración integral que incluya lesión, entorno cutáneo, dolor, funcionalidad, riesgo de nuevas lesiones y capacidad de autocuidado.
  • Presentar la planificación de cuidados orientada a preservar tejido, favorecer la cicatrización y prevenir complicaciones locales.
  • Describir intervenciones enfermeras relacionadas con la cura atraumática, el uso prudente de apósitos, la protección de la piel y la educación a la cuidadora principal.
  • Analizar la evolución del caso y las implicaciones prácticas para la continuidad asistencial.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito asistencial estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de objetivos, la ejecución de intervenciones y el seguimiento evolutivo. Este planteamiento permite ordenar la toma de decisiones y mostrar cómo la clínica local de la lesión se integra con otros elementos relevantes de la situación de salud.

La valoración enfermera incluyó: antecedentes generales referidos por la paciente y la cuidadora, situación funcional, características globales de la piel, localización y aspecto del desgarro, presencia de dolor, sangrado o exudado, estado emocional ante las curas, manejo habitual del estoma y factores del entorno doméstico que pudieran incrementar el riesgo de nuevas lesiones. También se exploró el conocimiento previo sobre retirada de adhesivos, hidratación cutánea, uso de ropa protectora y pautas de observación domiciliaria.

La organización del plan de cuidados se apoyó en problemas de integridad cutánea, riesgo de deterioro cutáneo adicional, molestias relacionadas con la manipulación y necesidad de educación para el autocuidado y el cuidado delegado. No se planteó un protocolo cerrado, sino una secuencia de actuaciones adaptadas al estado del tejido, a la tolerancia de la paciente y a la necesidad de coordinar el cuidado de la herida con el manejo cotidiano de la colostomía.

La evolución se valoró mediante observación clínica seriada: aproximación del colgajo, aspecto del lecho, cantidad y características del exudado, dolor referido durante y fuera de la cura, estado de la piel perilesional, facilidad para mantener el apósito, ausencia de traumatismos añadidos y capacidad de la cuidadora para reproducir medidas preventivas en domicilio. Se consideró especialmente relevante evitar tanto la maceración como la adhesión traumática del material de cura.

Resultados

Presentación de la situación clínica

M.A., mujer de 84 años, convivía con su hija y presentaba dependencia parcial para actividades básicas. Entre sus antecedentes destacaban fragilidad cutánea manifiesta, tendencia a equimosis en extremidades, movilidad disminuida por debilidad general y portación de colostomía tras cirugía previa. La gestión ordinaria del estoma era realizada de forma compartida entre la paciente y la cuidadora principal, con necesidad de ayuda para el recambio del dispositivo.

Consultó tras presentar una lesión en cara dorsal de antebrazo al retirar un adhesivo empleado para fijación de material de cura previo. La paciente refirió escozor inmediato, sangrado leve y temor a que la zona “se abriera más” durante la limpieza. No describía fiebre ni malestar general. La cuidadora expresó preocupación por la facilidad con la que aparecían hematomas y pequeñas erosiones ante mínimos golpes.

Valoración enfermera inicial

A la inspección se observó desgarro cutáneo superficial con colgajo parcialmente conservado, bordes irregulares y sangrado escaso ya controlado. La piel circundante mostraba marcada fragilidad, sequedad y presencia de lesiones equimóticas antiguas. La paciente refería dolor leve en reposo y aumento del malestar durante la manipulación. No se objetivaban datos clínicos llamativos de infección en la valoración inicial. El exudado era mínimo y el lecho conservaba aspecto compatible con viabilidad tisular parcial.

En la exploración global se identificaron varios factores de riesgo: edad avanzada, piel fina y seca, necesidad de adhesivos por distintos motivos asistenciales, ayuda parcial para vestido e higiene, episodios de roce durante transferencias y experiencia previa de irritación periestomal ocasional. La coexistencia del estoma no guardaba relación directa con la lesión del antebrazo, pero sí evidenciaba una situación mantenida de exposición cutánea a dispositivos adhesivos y la necesidad de extremar las medidas de protección dérmica en todas las áreas vulnerables.

En el plano emocional, la paciente se mostraba colaboradora, aunque con aprensión a las curas por experiencias previas dolorosas. La hija presentaba buena disposición para el aprendizaje, si bien reconocía dudas sobre qué productos utilizar y cómo retirar apósitos sin lesionar más la piel. Esta información resultó relevante para orientar la educación sanitaria y la continuidad de los cuidados fuera del entorno asistencial.

Problemas de cuidados identificados

La prioridad inmediata fue el deterioro de la integridad cutánea relacionado con traumatismo por adhesivo en contexto de piel frágil. A ello se añadía riesgo de ampliación de la lesión por manipulación inadecuada, dolor asociado a la cura, vulnerabilidad de la piel perilesional y necesidad de mejorar conocimientos prácticos de la cuidadora respecto a prevención de nuevas lesiones. De forma complementaria, se consideró la importancia de reforzar hábitos de protección cutánea general, incluyendo la piel periestomal, por el impacto acumulativo de la fragilidad dérmica.

Planificación y objetivos de cuidados

Se establecieron como metas asistenciales: preservar el tejido viable y aproximar el colgajo sin tensión; mantener un entorno húmedo de cicatrización sin maceración; minimizar el dolor durante las curas; prevenir sangrado, infección o desprendimiento adicional de piel; favorecer la seguridad en el domicilio; y capacitar a la cuidadora para identificar signos de evolución favorable o desfavorable.

También se planteó reducir la exposición a factores desencadenantes. Para ello se revisaron las rutinas de uso de adhesivos, la forma de sujetar la piel durante la retirada de dispositivos, la conveniencia de emplear materiales menos traumáticos cuando fuese posible y la necesidad de proteger extremidades frente a golpes y rozaduras durante movilizaciones y actividades cotidianas.

Intervenciones enfermeras

La cura local se inició con higiene suave mediante solución adecuada para limpieza de heridas, evitando fricción vigorosa. Se realizó secado delicado por contacto y se valoró el colgajo cutáneo. Dado que conservaba viabilidad aparente, se recolocó con maniobra atraumática para favorecer la cobertura natural del lecho, sin tensión ni presión excesiva. Este paso se efectuó con especial cautela para no rasgar más el tejido.

Posteriormente se protegió la lesión con un apósito no adherente, seleccionado por su capacidad para cubrir el área sin unirse al lecho de forma traumática. Sobre él se aplicó sistema de fijación que evitara adhesivos agresivos directamente sobre la piel más vulnerable. Se indicó espaciar los recambios tanto como permitiera el estado del apósito y la evolución local, con el fin de disminuir manipulaciones innecesarias. La piel perilesional se protegió con productos barrera compatibles con la tolerancia cutánea de la paciente.

El manejo del dolor se abordó mediante explicación previa de cada maniobra, ritmo de cura adaptado a la tolerancia y medidas de confort postural. La información anticipatoria redujo la ansiedad de la paciente y favoreció su colaboración. Durante el procedimiento se vigilaron signos de incremento del dolor, sangrado o rechazo del material aplicado.

En relación con la prevención, se reforzaron cuidados de hidratación cutánea habitual, elección de ropa de manga larga suave para disminuir rozaduras, revisión del entorno doméstico para evitar golpes contra mobiliario y técnicas de movilización más seguras. Se insistió en no retirar apósitos o cintas de forma brusca y en sostener la piel adyacente cuando fuese imprescindible desprender algún material adhesivo.

Dado el antecedente de colostomía, se aprovechó la intervención para revisar el cuidado de la piel periestomal. Se recordó la conveniencia de adaptar el dispositivo al diámetro del estoma, evitar recambios innecesariamente frecuentes y observar si aparecían enrojecimiento persistente, exudado, dolor o erosiones. Aunque la lesión del antebrazo y el estoma eran problemas distintos, la enseñanza conjunta resultó útil para transmitir una estrategia global de protección de la piel frágil.

Evolución clínica

En los primeros controles, la paciente manifestó mejor tolerancia a la cura al disminuir la manipulación y mantenerse un material no adherente. El colgajo permaneció estable, sin ampliación visible del área lesionada. La cantidad de exudado continuó siendo escasa y la piel circundante no mostró maceración relevante. El dolor pasó a ser ocasional, principalmente durante los cambios de apósito.

Con el seguimiento posterior se apreció progresiva mejoría del aspecto local, con reducción del área cruenta y avance de la epitelización. No se observaron datos clínicos sugerentes de infección ni necesidad de intensificar el abordaje local. La hija demostró adquirir destrezas básicas para la protección de la zona, la observación del apósito y la retirada cuidadosa de materiales. También refirió haber modificado ciertas rutinas en domicilio, como la organización de las transferencias y el uso de prendas menos abrasivas.

En la revisión del cuidado del estoma, la paciente no presentaba en ese momento lesiones periestomales relevantes, aunque sí antecedentes de irritación episódica. La educación recibida permitió relacionar estos episodios con la importancia de minimizar el traumatismo por adhesivos y de revisar de forma temprana cualquier cambio cutáneo. Esta integración de cuidados fue percibida por la familia como especialmente útil, ya que evitó tratar cada problema dérmico de forma aislada.

Aspectos de continuidad asistencial

Antes del alta del seguimiento más estrecho, se establecieron recomendaciones de observación y consulta profesional ante signos como aumento del dolor, sangrado persistente, mal olor, exudado llamativamente mayor, enrojecimiento extendido, pérdida del colgajo, deterioro rápido de la piel vecina o dificultades para mantener el apósito. Asimismo, se indicó mantener revisión periódica del estado cutáneo global, especialmente en extremidades y zona periestomal, por tratarse de una persona con vulnerabilidad mantenida.

La continuidad de cuidados se orientó a conservar un enfoque preventivo. En esta paciente, la resolución del desgarro no eliminaba el problema de base, que era la fragilidad cutánea generalizada. Por ello, el resultado clínico más relevante no fue solo la cicatrización local, sino la incorporación de medidas cotidianas para reducir nuevas lesiones evitables.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita refleja una realidad frecuente en la práctica enfermera: lesiones cutáneas traumáticas aparentemente pequeñas que, en personas mayores con piel frágil, requieren una atención cuidadosa y un enfoque más amplio que la simple cobertura local. El desgarro cutáneo obliga a valorar no solo la morfología de la herida, sino también la calidad de la piel vecina, la capacidad funcional, el soporte familiar, la exposición repetida a adhesivos y los factores mecánicos presentes en el entorno de cuidados.

Uno de los elementos más relevantes del abordaje es la manipulación atraumática. Preservar un colgajo viable, evitar limpiezas agresivas y seleccionar materiales no adherentes puede favorecer una evolución local más ordenada y disminuir el dolor asociado a las curas. En personas con piel extremadamente vulnerable, la fijación del apósito es a veces tan importante como el apósito mismo, porque una retirada inadecuada puede reabrir la lesión o generar nuevas soluciones de continuidad. De ahí que la técnica de colocación y retirada de materiales de cura forme parte esencial del tratamiento.

El caso también subraya la utilidad de integrar el cuidado de la herida con una estrategia general de protección cutánea. La presencia de una colostomía no fue el origen del desgarro del antebrazo, pero sí aportó un contexto clínico de exposición sostenida a adhesivos y de necesidad de vigilancia de la piel. En estos pacientes, Enfermería ocupa una posición privilegiada para detectar patrones de deterioro cutáneo repetido y proponer ajustes prácticos: revisión de dispositivos, protección de prominencias y extremidades, hidratación habitual, educación sobre fricción y cizalla y observación precoz de cambios periestomales o extraperiestomales.

Otro aspecto destacable es la participación de la cuidadora principal. La prevención de desgarros cutáneos no depende solo de la técnica profesional en consulta o en unidad asistencial; se sostiene sobre múltiples decisiones cotidianas en el domicilio. Enseñar cómo retirar un adhesivo, cómo sujetar la piel, cuándo consultar, qué signos observar y cómo organizar las transferencias puede reducir eventos repetidos y mejorar la seguridad del cuidado delegado. Esta dimensión educativa adquiere mayor valor cuando la persona presenta limitaciones funcionales o temor al dolor durante las curas.

Conviene recordar que la evolución favorable de un desgarro cutáneo depende de varios factores y no debe darse por supuesta. La localización, la viabilidad del colgajo, el nivel de exudado, la perfusión tisular, la presencia de edema, la carga de humedad, la medicación concomitante y la adherencia al plan de cuidados pueden modificar la respuesta local. Por ello, la vigilancia clínica debe mantenerse y adaptarse a cada situación. La ausencia inicial de signos de complicación no excluye la necesidad de reevaluación si cambian el dolor, el exudado o el aspecto de la piel circundante.

En términos prácticos, este abordaje muestra que el cuidado del desgarro cutáneo en la persona mayor se beneficia de una mirada integral y prudente. La cura local adecuada, la minimización del trauma iatrogénico, la protección de la piel frágil y la educación de paciente y familia forman un conjunto inseparable. Cuando además existe un estoma quirúrgico, la planificación debe contemplar la piel como un órgano vulnerable en distintas áreas y no como problemas aislados. Esta orientación puede contribuir a una cicatrización más favorable y a una mejor continuidad de cuidados en domicilio y en los distintos niveles asistenciales.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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