Chest pain in the emergency department: key points for initial nursing assessment
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:54
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 03/06/26
Fecha aceptación: 06/07/26
Fecha de publicación: 11/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):54
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Dolor torácico; Signos vitales; Cuidados de Enfermería; Atención inicial; Servicio de urgencias; Enfermería basada en la evidencia; Electrocardiografía; Síndrome coronario agudo; Triaje; Enfermería de urgencias
Keywords: Chest Pain; Vital Signs; Nursing Care; Initial Care; Emergency Service, Hospital; Evidence-Based Nursing; Electrocardiography; Acute Coronary Syndrome; Triage; Emergency Nursing
Resumen
Introducción: El dolor torácico constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes y clínicamente sensibles en los servicios de urgencias. Su abordaje inicial exige una valoración enfermera estructurada, capaz de identificar de forma precoz situaciones potencialmente tiempo-dependientes y de diferenciar, dentro de la heterogeneidad etiológica, aquellos cuadros con mayor riesgo inmediato. La práctica enfermera en este contexto combina priorización asistencial, observación clínica continua, registro preciso y coordinación con el equipo multidisciplinar.
Objetivos: Describir los elementos esenciales de la valoración enfermera inicial ante el paciente con dolor torácico en urgencias, revisar los componentes de la exploración y monitorización tempranas, y analizar las principales implicaciones de cuidados, seguridad y continuidad asistencial.
Metodología: Se presenta una revisión teórica de enfoque narrativo, centrada en la atención inicial del dolor torácico desde la perspectiva enfermera. Se integran aspectos clínicos generales, criterios de priorización, parámetros de valoración, interpretación contextual de signos y síntomas y necesidades de cuidados en el entorno de urgencias hospitalarias.
Resultados: La valoración enfermera inicial debe orientarse a detectar inestabilidad hemodinámica, alteraciones respiratorias, signos compatibles con isquemia miocárdica u otras causas graves, y factores que modulan la presentación clínica. El triaje, la toma inmediata de constantes vitales, la monitorización, la evaluación sistemática del dolor, la realización temprana de electrocardiografía cuando esté indicada y la vigilancia evolutiva constituyen componentes centrales del proceso. Asimismo, resultan relevantes la comunicación terapéutica, la reducción de demoras y la reevaluación periódica.
Discusión/Conclusiones: La valoración enfermera inicial del dolor torácico no debe limitarse a la recogida de datos aislados, sino entenderse como un proceso dinámico de detección precoz, priorización y seguimiento. Una actuación ordenada y prudente puede contribuir a mejorar la seguridad del paciente, facilitar decisiones clínicas tempranas y sostener una atención urgente más homogénea y centrada en el riesgo.
Abstract
Introduction: Chest pain is one of the most frequent and clinically sensitive reasons for consultation in emergency departments. Its initial approach requires a structured nursing assessment aimed at early recognition of time-sensitive conditions and at distinguishing high-risk presentations within a broad range of possible causes. Nursing practice in this setting involves clinical prioritization, continuous observation, accurate documentation and coordination with the multidisciplinary team.
Objectives: To describe the essential elements of the initial nursing assessment of patients presenting with chest pain in the emergency department, to review the main components of early examination and monitoring, and to analyse the implications for nursing care, patient safety and continuity of care.
Methodology: A narrative theoretical review was developed focusing on the initial management of chest pain from a nursing perspective. General clinical aspects, triage criteria, assessment parameters, contextual interpretation of signs and symptoms, and care needs in the hospital emergency setting were considered.
Results: Initial nursing assessment should focus on identifying haemodynamic instability, respiratory compromise, findings suggestive of myocardial ischaemia or other serious causes, and factors that may modify clinical presentation. Triage, immediate recording of vital signs, monitoring, systematic pain assessment, early electrocardiography when indicated, and ongoing reassessment are central components of the process. Therapeutic communication, delay reduction and repeated evaluation are also relevant.
Discussion/Conclusions: Initial nursing assessment of chest pain should not be reduced to isolated data collection, but understood as a dynamic process of early detection, prioritization and follow-up. A structured and prudent approach may contribute to patient safety, support timely clinical decisions and promote more consistent emergency care focused on risk.
Introducción
El dolor torácico representa un motivo de consulta de elevada complejidad para los servicios de urgencias por su amplitud etiológica y por la posibilidad de que constituya la manifestación inicial de procesos con riesgo vital. En un mismo circuito asistencial pueden coexistir cuadros benignos y autolimitados con síndromes coronarios agudos, embolia pulmonar, disección aórtica, neumotórax o descompensaciones cardiorrespiratorias. Esta variabilidad obliga a evitar interpretaciones simplificadoras y a sostener una valoración clínica metódica desde el primer contacto.
En este escenario, la Enfermería ocupa una posición estratégica. La primera observación del paciente, la categorización en triaje, la detección de signos de alarma, la obtención de constantes vitales, la preparación para pruebas complementarias urgentes y la vigilancia de la evolución recaen, en gran medida, sobre la práctica enfermera. Esa intervención inicial condiciona tiempos asistenciales, secuencias diagnósticas y medidas de seguridad. Más que una función instrumental, se trata de una actividad clínica con capacidad real para modular la respuesta del sistema ante un síntoma de alta trascendencia.
El dolor torácico, además, no siempre se presenta de forma típica. La descripción del paciente puede ser imprecisa, coexistir con ansiedad intensa o aparecer acompañada de disnea, náuseas, palidez, diaforesis, síncope, dolor irradiado o malestar inespecífico. En determinados perfiles clínicos, como personas de edad avanzada, mujeres, pacientes con diabetes o deterioro cognitivo, la presentación puede resultar menos característica, lo que incrementa el valor de una observación enfermera prudente y no sesgada por expectativas clínicas rígidas.
La valoración inicial exige integrar tres dimensiones. La primera es la estabilidad fisiológica inmediata: estado respiratorio, hemodinámico y neurológico. La segunda es la caracterización del síntoma: inicio, localización, intensidad, irradiación, duración, factores desencadenantes, relación con el esfuerzo o con la respiración y síntomas asociados. La tercera es el contexto clínico: antecedentes cardiovasculares, factores de riesgo, tratamientos, alergias, situación basal y circunstancias de aparición. Consideradas de forma conjunta, estas dimensiones permiten priorizar, vigilar y comunicar con mayor precisión.
La práctica enfermera en urgencias también debe contemplar la dimensión emocional del dolor torácico. El miedo a una patología cardiaca grave genera con frecuencia angustia, hipervigilancia somática y dificultad para expresar la experiencia dolorosa. Una comunicación clara, serena y orientada a la seguridad puede favorecer la colaboración del paciente, reducir interferencias en la valoración y mejorar la calidad de los registros.
Desde una perspectiva asistencial, no basta con identificar al paciente que parece más grave a simple vista. También es necesario reevaluar de forma periódica a quienes inicialmente no presentan signos evidentes de inestabilidad. La evolución clínica del dolor torácico puede modificarse en minutos, y una observación estática puede resultar insuficiente. De ahí que la valoración enfermera inicial deba entenderse como el comienzo de un proceso continuo, no como un acto aislado circunscrito al triaje.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es revisar las claves de la valoración enfermera inicial del dolor torácico en urgencias hospitalarias, con especial atención a la priorización, la detección de signos de alarma y la organización de cuidados inmediatos.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Describir los elementos clínicos básicos que deben recogerse en el primer contacto enfermero ante un paciente con dolor torácico.
- Analizar el papel del triaje y de la reevaluación en la identificación temprana de situaciones potencialmente graves.
- Revisar la utilidad de la monitorización y de la electrocardiografía precoz dentro del circuito inicial de atención.
- Precisar las principales intervenciones de cuidados relacionadas con la seguridad, el confort, la observación clínica y la comunicación con el equipo.
- Reflexionar sobre los límites de una aproximación exclusivamente sintomática y sobre la necesidad de una valoración dinámica e individualizada.
Metodología
Se ha elaborado una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera en servicios de urgencias hospitalarias. El texto se centra en la atención inicial al paciente que consulta por dolor torácico y organiza el contenido a partir de problemas clínicos relevantes para la toma de decisiones enfermeras en los primeros momentos de la asistencia.
El enfoque de análisis integra conocimientos clínicos generales sobre el síntoma, elementos de valoración primaria y secundaria, prioridades de monitorización y necesidades frecuentes de cuidados. Se han priorizado aspectos transferibles a la práctica real de urgencias, evitando la formulación de protocolos cerrados y manteniendo una perspectiva prudente, adaptable a la organización, recursos y procedimientos vigentes en cada centro.
La metodología de exposición se estructura en torno a cuatro ejes: priorización en triaje, recogida sistemática de datos, vigilancia clínica inicial y coordinación asistencial. A lo largo del desarrollo se consideran tanto manifestaciones sugestivas de procesos cardiovasculares agudos como presentaciones menos específicas, con el fin de reforzar una mirada clínica amplia y orientada al riesgo.
Este planteamiento permite revisar el papel enfermero no solo como soporte del diagnóstico médico, sino como componente activo de la seguridad del paciente, de la identificación de cambios clínicos y de la continuidad de los cuidados desde el acceso al área de urgencias hasta la estabilización o derivación interna.
Resultados
Triaje y prioridad asistencial
La primera decisión relevante en el manejo del dolor torácico es su adecuada priorización. En triaje, la Enfermería valora la urgencia no únicamente en función de la intensidad subjetiva del dolor, sino del conjunto de signos, síntomas y contexto clínico. Un dolor de baja intensidad puede coexistir con riesgo elevado, mientras que un dolor muy expresivo no siempre implica gravedad inmediata. Por ello, la impresión clínica inicial debe completarse con una observación dirigida.
Entre los hallazgos que pueden justificar una atención especialmente rápida se encuentran la disnea, la alteración del nivel de conciencia, la hipotensión o tendencia a la inestabilidad hemodinámica, la taquicardia o bradicardia relevantes, la saturación de oxígeno descendida, la palidez marcada, la diaforesis, la cianosis, el dolor opresivo prolongado, el síncope, la irradiación a mandíbula o extremidades superiores y la aparición del cuadro durante el esfuerzo o en reposo con sensación de malestar general. La coexistencia de antecedentes cardiovasculares, tratamiento cardiológico o factores de riesgo conocidos incrementa la necesidad de vigilancia.
La priorización también debe considerar presentaciones atípicas. En algunos pacientes predominan la disnea, el cansancio súbito, la náusea, el dolor epigástrico, el mareo o la debilidad. La ausencia de una descripción clásica no excluye procesos relevantes. Esta consideración es especialmente importante para evitar infravaloraciones iniciales.
Valoración primaria y detección de inestabilidad
Tras el triaje, la valoración enfermera se orienta de forma inmediata a identificar compromiso vital. La observación del patrón respiratorio, el esfuerzo ventilatorio, la coloración cutánea, el grado de perfusión periférica, el nivel de respuesta y la capacidad para hablar en frases completas aporta información rápida y de gran utilidad clínica. De forma paralela, la toma de constantes vitales permite objetivar el estado inicial del paciente y establecer una línea basal para comparaciones posteriores.
La frecuencia cardiaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la temperatura y la saturación de oxígeno deben registrarse de manera ordenada, junto con la hora de la valoración y el contexto en que se obtienen. No se trata solo de anotar cifras, sino de interpretarlas en relación con el síntoma. Una tensión arterial elevada en un paciente ansioso no tiene el mismo significado clínico que una hipotensión asociada a palidez, sudoración y deterioro general. Del mismo modo, una saturación limítrofe puede adquirir mayor relevancia si se acompaña de disnea o dolor pleurítico.
La exploración inicial incluye además la valoración de la intensidad del dolor y de su repercusión funcional inmediata. Resulta útil preguntar si impide respirar con normalidad, si obliga a detener la actividad, si varía con la postura o si se acompaña de sensación de muerte inminente. Estas respuestas no sustituyen a la exploración, pero contribuyen a perfilar la urgencia clínica y la necesidad de medidas de soporte.
Caracterización enfermera del dolor
La descripción del dolor torácico debe realizarse con una secuencia clara. Conviene recoger el momento de inicio, la forma de aparición (súbita o progresiva), la localización principal, la irradiación, el tipo de dolor referido por el paciente, la duración de los episodios, la presencia de recurrencia y los factores que lo desencadenan o alivian. También es importante explorar si guarda relación con el esfuerzo, la respiración, la tos, la deglución, los movimientos o la palpación.
La intensidad, evaluada mediante una escala adecuada al estado cognitivo y comunicativo del paciente, facilita el seguimiento evolutivo, aunque debe interpretarse con cautela. El mismo valor de intensidad puede corresponder a etiologías distintas y a niveles de tolerancia diferentes. Por eso, en urgencias, la escala del dolor es más útil cuando se integra con los demás hallazgos clínicos y con la respuesta a las intervenciones iniciales.
La anamnesis breve debe completarse con preguntas dirigidas a síntomas asociados: disnea, tos, hemoptisis, palpitaciones, mareo, síncope, náuseas, vómitos, sudoración, ansiedad intensa, fiebre, dolor dorsal o dolor abdominal superior. Cada uno de estos elementos puede reorientar la sospecha clínica y modificar la prioridad de actuación.
Antecedentes y contexto clínico
La información sobre antecedentes personales y tratamientos habituales añade valor a la valoración inicial. Resulta pertinente conocer antecedentes cardiovasculares, respiratorios y tromboembólicos, procedimientos cardiológicos previos, episodios similares anteriores, enfermedades crónicas relevantes y medicación activa, en especial fármacos con repercusión hemodinámica o antitrombótica. Las alergias y reacciones adversas conocidas también deben registrarse precozmente, dado su impacto potencial en pruebas o tratamientos posteriores.
La situación basal del paciente aporta elementos que a veces pasan inadvertidos. No tiene la misma significación un dolor torácico en una persona autónoma sin limitación funcional previa que en otra con insuficiencia cardiaca conocida, movilidad reducida o deterioro cognitivo. Del mismo modo, el contexto de aparición —reposo, ejercicio, estrés, postoperatorio reciente, inmovilización, cuadro infeccioso o traumatismo— puede condicionar la interpretación clínica inicial.
Monitorización y electrocardiografía
La monitorización temprana es una herramienta central en el cuidado del paciente con dolor torácico cuando la situación clínica lo requiere. Permite detectar cambios del ritmo cardiaco, oscilaciones hemodinámicas y deterioro respiratorio durante las fases iniciales de observación y estudio. Su indicación debe individualizarse según la prioridad del paciente, la sospecha clínica y los recursos del área asistencial.
La electrocardiografía ocupa un lugar destacado en la atención urgente al dolor torácico, especialmente ante sospecha de origen cardiaco. Desde la práctica enfermera, su valor no se limita a la ejecución técnica de la prueba. Incluye la identificación temprana de pacientes candidatos, la reducción de demoras, la correcta preparación del paciente, la verificación de una trazabilidad adecuada del registro y la comunicación inmediata de hallazgos que, en el contexto clínico, requieran valoración médica prioritaria.
La calidad del electrocardiograma depende también de aspectos aparentemente menores: correcta colocación de electrodos, control de artefactos, identificación inequívoca del paciente y registro temporal adecuado. Una prueba técnicamente deficiente puede retrasar decisiones clínicas o dificultar la comparación seriada. Por ello, la competencia técnica enfermera en este ámbito forma parte de la seguridad asistencial.
Cuidados iniciales y medidas de seguridad
Además de la recogida de datos, la intervención enfermera incorpora medidas de cuidado orientadas a preservar la estabilidad y reducir riesgos. Entre ellas se incluyen facilitar una posición que mejore el confort y la ventilación, mantener reposo relativo cuando la situación lo aconseje, asegurar un acceso rápido a dispositivos de monitorización y observar signos de empeoramiento clínico. La administración de oxígeno o de otros tratamientos deberá ajustarse a la prescripción y a los protocolos del centro, así como a la valoración clínica individual.
La seguridad del paciente exige vigilar la evolución desde el primer momento. Un dolor inicialmente estable puede intensificarse, asociarse a hipotensión o acompañarse de cambios en el estado general. La reevaluación periódica de constantes, dolor, disnea y nivel de respuesta forma parte del cuidado continuo y resulta especialmente importante en áreas con tiempos de espera variables.
Otro componente relevante es el registro. La documentación enfermera debe reflejar hora de inicio referida, características del síntoma, constantes vitales, observación clínica, intervenciones realizadas, respuesta del paciente y comunicación de incidencias. Un registro claro favorece la continuidad asistencial y reduce pérdidas de información en un entorno dinámico como urgencias.
Comunicación terapéutica y coordinación con el equipo
El dolor torácico suele generar temor y elevada carga emocional. La comunicación enfermera, si es breve y estructurada, puede ayudar a disminuir la ansiedad sin trivializar el síntoma. Informar al paciente de que está siendo evaluado, pedir una descripción concreta del dolor y transmitir instrucciones simples durante la monitorización o la realización del electrocardiograma facilita la colaboración y mejora la calidad del proceso asistencial.
La coordinación con el equipo médico y con otros profesionales debe sostenerse sobre una comunicación precisa. La transmisión de datos relevantes —inicio del dolor, cambios recientes, signos de alarma, alteraciones en constantes, respuesta al reposo o al tratamiento administrado— puede acelerar la toma de decisiones. En urgencias, la oportunidad de la información es tan importante como su exactitud.
La familia o acompañantes, cuando están presentes, pueden aportar información útil sobre antecedentes, tratamiento habitual o cambios súbitos en el estado del paciente. No obstante, su participación debe manejarse preservando la confidencialidad y evitando que interfiera con la valoración inicial.
Reevaluación y continuidad asistencial
La valoración enfermera del dolor torácico no finaliza con la primera recogida de datos. La evolución temporal del cuadro obliga a reevaluar síntomas, constantes y estado general, especialmente si existen esperas diagnósticas, traslados internos o cambios terapéuticos. Esta reevaluación es un proceso activo, dirigido a detectar deterioro, confirmar estabilidad o advertir modificaciones del patrón de dolor.
En pacientes que permanecen en observación, la Enfermería debe identificar variaciones en la intensidad del dolor, aparición de nuevos síntomas, alteraciones del ritmo o signos de perfusión inadecuada. También conviene valorar el impacto emocional del proceso, la necesidad de información adicional y la tolerancia al entorno asistencial. La continuidad de cuidados requiere que cada nueva observación se integre con la información previa y no se trate como un dato aislado.
Cuando el paciente es trasladado a otra área o unidad, una transferencia estructurada de la información contribuye a mantener la seguridad. Deben comunicarse de forma sintética el motivo de consulta, hallazgos iniciales, evolución, pruebas realizadas, intervenciones aplicadas y aspectos de vigilancia pendientes.
Discusión/Conclusiones
El abordaje enfermero del dolor torácico en urgencias se sitúa en un punto de equilibrio entre la rapidez y la prudencia clínica. La necesidad de actuar sin demora no debe traducirse en una valoración precipitada ni en una interpretación automática del síntoma. La heterogeneidad de las causas exige mantener una mirada amplia, centrada en detectar riesgo, reconocer inestabilidad y favorecer la secuencia diagnóstica y terapéutica más oportuna según cada situación.
Uno de los principales retos radica en evitar dos errores opuestos: la banalización de cuadros potencialmente graves y la sobredimensión de manifestaciones de bajo riesgo sin integración clínica suficiente. La Enfermería contribuye a reducir ambos extremos mediante observación sistemática, registro riguroso y reevaluación. Esta función adquiere especial importancia en pacientes con presentaciones atípicas, comunicación dificultada o elevada carga emocional, donde la impresión inicial puede resultar menos fiable.
La calidad de la valoración enfermera inicial depende tanto de competencias clínicas como de condiciones organizativas. Circuitos de triaje bien definidos, acceso ágil a monitorización y electrocardiografía, registros claros y comunicación efectiva entre profesionales favorecen una atención más segura. Aun así, ningún procedimiento sustituye al juicio clínico contextual. La interpretación del dolor torácico requiere integrar síntomas, signos, antecedentes y evolución, y aceptar que la situación puede cambiar durante la estancia en urgencias.
Desde la perspectiva de los cuidados, la atención al dolor torácico no se limita a identificar una posible causa cardiaca. Incluye confort, vigilancia respiratoria y hemodinámica, apoyo emocional, prevención de eventos adversos y acompañamiento durante un proceso que suele vivirse con incertidumbre. La dimensión relacional de la práctica enfermera, lejos de ser accesoria, puede mejorar la colaboración del paciente y aportar información clínica relevante.
En términos prácticos, una valoración enfermera inicial útil ante dolor torácico debería reunir varias características: rapidez sin pérdida de sistemática, capacidad para reconocer signos de alarma, atención a presentaciones no típicas, correcta priorización de pruebas iniciales, reevaluación periódica y documentación precisa. Este conjunto de acciones puede contribuir a detectar de forma temprana situaciones de riesgo y a sostener una atención urgente más segura, coherente y centrada en el paciente.
La revisión del tema pone de relieve que el primer contacto enfermero no es un trámite de admisión, sino una intervención clínica de alto valor asistencial. En el dolor torácico, esa intervención puede condicionar tiempos, decisiones y resultados posteriores. Reforzar la formación específica, la cultura de reevaluación y la coordinación interprofesional sigue siendo una línea prioritaria para mejorar la respuesta asistencial en urgencias.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
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