Educación sanitaria para prevención de infección en pie diabético

Health education for infection prevention in diabetic foot

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:261

Autor principal (primer firmante): Nuria Pérez Aguilar

Fecha recepción: 13/07/26

Fecha aceptación: 16/08/26

Fecha de publicación: 22/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):261

Autores:
Nuria Pérez Aguilar
Miguel Torres Calvo
Laura Hidalgo Romero
Carmen Ruiz Esteban
Héctor Jiménez Lara
Ana Belén Cano Soler

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Pie diabético; Infección de heridas; Estomas quirúrgicos; Diabetes mellitus; Cicatrización de heridas; Apósitos; Piel; Educación del paciente; Educación para la salud; Promoción de la salud

Keywords: Diabetic Foot; Wound Infection; Surgical Stomas; Diabetes Mellitus; Wound Healing; Bandages; Skin; Patient Education; Health Education; Health Promotion

Resumen

Introducción: La infección en el pie de la persona con diabetes constituye una complicación clínica de especial relevancia por su relación con la lesión cutánea, el retraso en la cicatrización y la posible progresión a cuadros de mayor complejidad. En este contexto, la educación sanitaria ocupa una posición central dentro de la práctica enfermera, al favorecer la detección precoz de alteraciones, la mejora del autocuidado y la consulta oportuna ante signos de alarma.

Objetivos: Diseñar un programa de educación para la salud dirigido a personas con diabetes y riesgo de lesión en el pie, orientado a prevenir la infección mediante el fortalecimiento de conocimientos, habilidades de autocuidado y adherencia a medidas preventivas.

Metodología: Se plantea una propuesta educativa de carácter grupal e individual, adaptable a atención primaria, consultas especializadas y continuidad asistencial tras episodios previos de lesión. El programa se estructura en valoración inicial, estratificación funcional del aprendizaje, sesiones educativas secuenciadas, demostración práctica, refuerzo escrito y seguimiento enfermero. La intervención se formula de manera general para su adaptación al contexto clínico, recursos disponibles y perfil de riesgo de cada paciente.

Resultados: El programa incluye contenidos sobre inspección diaria del pie, higiene, hidratación prudente, cuidados ungueales, elección de calzado y calcetería, prevención de traumatismos, reconocimiento de signos compatibles con infección y uso adecuado de apósitos o materiales de protección cuando proceda. Se incorpora el papel de la familia o persona cuidadora, la entrevista motivacional breve y la comprobación del aprendizaje mediante retorno demostrativo. Como resultado esperable, puede mejorar la capacidad de autocuidado y facilitar la derivación precoz ante cambios clínicos.

Discusión/Conclusiones: La educación sanitaria en pie diabético no debe reducirse a la entrega de recomendaciones aisladas. Requiere valoración enfermera, adaptación cultural y funcional, refuerzo periódico y coordinación entre niveles asistenciales. Un programa estructurado puede contribuir a disminuir prácticas de riesgo, mejorar la observación cotidiana del pie y favorecer una actuación más temprana ante lesiones o signos de infección.

Abstract

Introduction: Infection in the diabetic foot is a clinically relevant complication because of its association with skin breakdown, delayed wound healing and potential progression to more severe conditions. In this setting, health education is a core nursing intervention, as it may enhance early detection of abnormalities, self-care skills and timely consultation when warning signs appear.

Objectives: To design a health education programme aimed at people with diabetes and risk of foot injury, focused on preventing infection through improved knowledge, self-care skills and adherence to preventive measures.

Methodology: A flexible educational proposal is presented, combining group-based and individual activities suitable for primary care, specialised outpatient settings and follow-up after previous foot lesions. The programme is organised into initial assessment, educational needs appraisal, structured sessions, practical demonstration, written reinforcement and nursing follow-up. The intervention is described as a general framework to be adapted to clinical context, available resources and individual risk profile.

Results: The programme covers daily foot inspection, hygiene, cautious skin moisturising, nail care, appropriate footwear and socks, trauma prevention, recognition of signs suggestive of infection and suitable use of dressings or protective materials when indicated. Family or caregiver participation, brief motivational interviewing and return demonstration are also incorporated. Expected outcomes include better self-care capacity and earlier referral when clinical changes are detected.

Discussion/Conclusions: Health education for diabetic foot prevention should not be limited to isolated advice. It requires nursing assessment, cultural and functional adaptation, periodic reinforcement and coordination across care levels. A structured programme may help reduce risky behaviours, improve routine foot monitoring and support earlier action in the presence of lesions or infection-related signs.

Introducción

El pie diabético representa un área de especial interés para la Enfermería por la combinación de factores que pueden comprometer la integridad cutánea y favorecer la aparición de complicaciones locales. La presencia de neuropatía sensitiva, alteraciones vasculares, deformidades, presión mantenida, dificultades visuales o limitaciones para el autocuidado configura un escenario en el que pequeñas lesiones pueden pasar inadvertidas y evolucionar de forma desfavorable. Cuando además se retrasa la consulta o se aplican medidas inadecuadas en domicilio, el riesgo de colonización crítica o infección aumenta y condiciona un mayor consumo de recursos asistenciales y una mayor complejidad en el plan de cuidados.

En la práctica clínica, muchas de las situaciones que preceden a la infección se relacionan con circunstancias prevenibles o detectables en fases tempranas: rozaduras por calzado no adecuado, corte traumático de uñas, manipulación de callosidades, uso de fuentes directas de calor, deficiente secado interdigital, demora en la observación de cambios de coloración o aparición de exudado, entre otras. La educación sanitaria resulta especialmente pertinente porque actúa sobre conductas cotidianas y sobre la capacidad de la persona para identificar signos de alarma antes de que la lesión progrese.

La intervención enfermera no se limita a informar. Supone valorar conocimientos previos, explorar barreras reales para el autocuidado, adaptar el lenguaje al nivel de alfabetización en salud y comprobar que las recomendaciones pueden incorporarse de forma viable a la rutina del paciente. En pie diabético, esta dimensión educativa adquiere una importancia práctica evidente: no basta con indicar que el pie debe revisarse; es necesario enseñar cómo hacerlo, con qué frecuencia, qué hallazgos requieren consulta y qué medidas deben evitarse.

La prevención de la infección también exige considerar la heterogeneidad de la población con diabetes. No todas las personas presentan el mismo riesgo ni las mismas necesidades educativas. Existen pacientes con larga evolución de la enfermedad y experiencia previa en autocuidado, mientras que otros debutan con escasa percepción de vulnerabilidad. Del mismo modo, la presencia de limitación visual, deterioro de la movilidad, fragilidad, dependencia funcional o apoyo familiar insuficiente obliga a reformular la estrategia educativa. La participación de la persona cuidadora puede ser determinante cuando el paciente no puede realizar por sí mismo la inspección completa del pie o la cura básica de una lesión superficial ya valorada por profesionales.

Desde la perspectiva de promoción de la salud, la educación en pie diabético debe integrarse en un proceso continuado y no en una intervención puntual desvinculada del seguimiento. La repetición de mensajes, el refuerzo en consultas sucesivas y la coherencia entre profesionales favorecen la adherencia. Además, la educación preventiva no debe reservarse a personas con úlceras activas; también resulta pertinente en fases previas, cuando aún no existe lesión pero sí factores de riesgo. Esta aproximación permite desplazar el foco desde la respuesta al daño hacia la prevención, con un papel claramente enfermero en la detección precoz, el acompañamiento y la capacitación para el autocuidado seguro.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es desarrollar un programa de educación sanitaria orientado a prevenir la infección en personas con diabetes que presentan riesgo de pie diabético o antecedentes de lesión previa.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Favorecer la comprensión de los factores que aumentan la vulnerabilidad del pie en la persona con diabetes.
  • Entrenar habilidades básicas de observación diaria, higiene, secado, cuidado de la piel y protección frente a traumatismos.
  • Promover la identificación precoz de signos de alarma que requieren valoración profesional.
  • Mejorar la adecuación del calzado, la calcetería y otras medidas de protección mecánica.
  • Reducir prácticas domésticas potencialmente lesivas, especialmente aquellas relacionadas con cortes, productos irritantes o manipulación de durezas y callosidades.
  • Impulsar la participación de familiares o cuidadores cuando existan limitaciones funcionales, visuales o cognitivas.
  • Establecer criterios de evaluación del aprendizaje y de seguimiento enfermero que permitan reforzar conductas preventivas.

Metodología

Se presenta una propuesta de intervención educativa aplicable en consultas de Enfermería de atención primaria, atención especializada ambulatoria o dispositivos de seguimiento de heridas, con posibilidad de coordinación entre niveles asistenciales. El planteamiento combina educación individual y grupal, ya que ambas modalidades ofrecen ventajas complementarias. La atención individual permite adaptar contenidos al perfil clínico, al grado de autonomía y a la presencia de lesión previa. Las sesiones grupales facilitan el intercambio de experiencias, la normalización de dificultades y el aprendizaje observacional.

La población diana incluye personas adultas con diabetes mellitus que presenten alguno de los siguientes elementos: antecedentes de lesión en el pie, alteraciones de sensibilidad compatibles con neuropatía, deformidades, piel seca o fisurada, dificultades para el autocuidado, uso de calzado inadecuado, apoyo familiar limitado o escasa alfabetización en salud. También se considera la inclusión de familiares o cuidadores principales cuando participen en el cuidado cotidiano.

Antes del inicio del programa se propone una valoración enfermera centrada en varios dominios: estado general del pie, integridad cutánea, presencia de áreas de presión o fricción, hábitos de higiene, tipo de calzado habitual, capacidad visual, destreza manual, conocimiento de signos de alarma, experiencias previas y disposición para el cambio. Esta valoración no sustituye la exploración clínica completa ni otros procedimientos diagnósticos del centro, pero orienta la planificación educativa y permite individualizar el nivel de apoyo necesario.

La intervención puede organizarse en cuatro sesiones presenciales o semipresenciales de duración moderada, reforzadas con material escrito de lectura clara e imágenes sencillas. La secuencia propuesta sería la siguiente:

  • Primera sesión: comprensión del riesgo, factores desencadenantes y observación diaria del pie.
  • Segunda sesión: higiene, cuidado de la piel, uñas, control de humedad y prevención de lesiones.
  • Tercera sesión: elección de calzado, calcetería, movilidad segura y protección frente a traumatismos térmicos o mecánicos.
  • Cuarta sesión: signos de alarma, conducta ante hallazgos sospechosos, adherencia y plan personal de seguimiento.

La metodología docente se apoya en explicación dialogada, demostración práctica, resolución de dudas, análisis de errores frecuentes y retorno demostrativo por parte del paciente o cuidador. Este último componente es especialmente útil para verificar si la persona sabe inspeccionar correctamente el pie, secar espacios interdigitales sin fricción excesiva, aplicar hidratación evitando zonas de humedad retenida y reconocer cuándo una herida, una ampolla o un cambio de coloración justifican una consulta temprana.

El programa incorpora estrategias de educación para la salud orientadas al cambio conductual. Entre ellas destacan la entrevista motivacional breve, la fijación de objetivos sencillos y realistas, el registro de rutinas de autocuidado y el refuerzo positivo cuando se identifican mejoras. La finalidad no es solo transmitir información, sino aumentar la autoeficacia y reducir la distancia entre saber qué hacer y hacerlo de forma sostenida.

La evaluación se plantea en tres momentos: inicial, inmediata tras la intervención y de seguimiento. En la fase inicial se identifican necesidades de aprendizaje y conductas de riesgo. Tras las sesiones, se valora comprensión verbal, ejecución práctica y capacidad para reconocer situaciones que requieren derivación. En el seguimiento se revisa adherencia, persistencia de errores, aparición de incidencias y necesidad de nuevos refuerzos. Esta evaluación puede integrarse en las visitas ordinarias de Enfermería, sin generar un circuito paralelo innecesario.

Resultados

El resultado principal de la propuesta es un programa estructurado y transferible a la práctica enfermera habitual. Su contenido se articula en torno a conocimientos esenciales, habilidades prácticas y toma de decisiones ante cambios clínicos. La prevención de la infección no se aborda únicamente desde la cura de una herida existente, sino desde la anticipación al daño y la respuesta precoz cuando aparecen alteraciones iniciales.

Contenidos educativos prioritarios

El primer bloque temático se dirige a que la persona comprenda por qué el pie requiere vigilancia específica en la diabetes. Se explica, con lenguaje adaptado, que puede disminuir la sensibilidad protectora, alterarse la percepción del dolor y pasar desapercibidos pequeños traumatismos. También se aborda que algunas lesiones empeoran si se mantienen la humedad, la presión continua o la manipulación inadecuada. Esta comprensión básica favorece la adherencia a las recomendaciones posteriores.

El segundo bloque se centra en la inspección diaria. Se enseña a revisar dorso, planta, talón, borde externo, espacios interdigitales y zona periungueal, buscando grietas, ampollas, enrojecimiento, maceración, sangrado, exudado, mal olor, cambios de temperatura o coloración y presencia de cuerpos extraños. Cuando la persona no puede visualizar la planta con facilidad, se sugieren alternativas como el uso de un espejo o la colaboración de un cuidador. La inspección debe presentarse como una rutina breve y estable, integrada en el autocuidado diario.

La higiene constituye otro eje central. Se recomienda lavado con agua templada y productos suaves, evitando temperaturas extremas y tiempos prolongados de remojo. El secado debe realizarse con suavidad, prestando atención a los espacios interdigitales para reducir humedad mantenida. La hidratación cutánea puede ser útil en piel seca o descamativa, pero se aconseja aplicarla de forma prudente, evitando depósitos en zonas interdigitales donde la humedad favorezca maceración. Este matiz suele requerir demostración práctica, porque muchos errores proceden de interpretaciones parciales de consejos generales.

El cuidado de las uñas y de las durezas merece un abordaje específico. El programa desaconseja cortes agresivos, manipulación con instrumentos punzantes y uso de productos queratolíticos sin indicación profesional. También se refuerza que la presencia de callosidades, uñas engrosadas o deformadas y zonas de presión repetida debe motivar valoración por profesionales capacitados. Más que prohibiciones aisladas, el mensaje educativo debe orientarse a prevenir microtraumatismos y puertas de entrada para infección.

Calzado, calcetería y prevención mecánica

Una parte sustancial del programa se dedica al calzado, dado que muchas lesiones se relacionan con fricción, presión o materiales poco apropiados. Se revisan características básicas como puntera amplia, ausencia de costuras internas prominentes, sujeción adecuada y revisión del interior antes de cada uso para detectar pliegues o pequeños objetos. Se aconseja evitar el calzado estrecho, rígido o de estreno prolongado sin adaptación progresiva. En pacientes con deformidades o necesidades especiales, la decisión sobre dispositivos específicos debe remitirse a valoración profesional individualizada.

Respecto a la calcetería, se explican criterios simples: tejido que no genere fricción excesiva, ausencia de compresión marcada y recambio frecuente para mantener el pie limpio y seco. También se desaconseja caminar descalzo, tanto dentro como fuera del domicilio, por el riesgo de lesiones inadvertidas. De forma complementaria, se incluyen pautas para proteger el pie de fuentes de calor directas, como bolsas térmicas o radiadores, ya que la sensibilidad disminuida puede impedir reconocer una quemadura en fases iniciales.

Signos de alarma y conducta ante hallazgos sospechosos

Uno de los componentes con mayor impacto práctico es el reconocimiento temprano de situaciones que requieren consulta. El programa entrena a los participantes para identificar dolor nuevo o distinto del habitual, inflamación, enrojecimiento persistente, exudado, sangrado, mal olor, fiebre asociada, piel ennegrecida, grietas profundas, ampollas, heridas que no mejoran o cualquier cambio rápido en la apariencia del pie. El objetivo no es que el paciente emita un juicio diagnóstico, sino que no normalice signos potencialmente relevantes y solicite valoración profesional sin demoras evitables.

Cuando existe una lesión superficial ya evaluada por personal sanitario, la educación incluye recordatorios sobre higiene de manos, manipulación mínima, protección del lecho de la lesión según las indicaciones recibidas y observación de cambios en el exudado, el dolor o la piel perilesional. Si se utilizan apósitos, se insiste en que el paciente comprenda su finalidad general, el momento de recambio indicado y la importancia de no sustituir materiales o frecuencias por iniciativa propia si no ha recibido instrucciones concretas. Esta delimitación es útil para prevenir prácticas domiciliarias que alteren la humedad terapéutica o aumenten el riesgo de contaminación.

Papel de Enfermería en el desarrollo del programa

La Enfermería asume funciones de valoración, planificación educativa, demostración técnica, refuerzo motivacional y seguimiento. La intervención no se restringe a la transmisión verbal; incluye observación de habilidades, detección de barreras y adecuación del plan al entorno de vida de la persona. Por ejemplo, un paciente con buena comprensión teórica pero con escasa movilidad de cadera puede necesitar entrenamiento específico para inspeccionarse el pie o apoyo estable de un cuidador. Del mismo modo, quien presenta hábitos arraigados de automanipulación de durezas requerirá un abordaje conductual más intenso que una simple recomendación verbal.

La continuidad asistencial ocupa un lugar destacado. La información reforzada en hospitalización, consulta de heridas o atención primaria debe ser coherente y acumulativa. Resulta útil que el paciente reciba mensajes consistentes sobre vigilancia del pie, higiene, presión, calzado y momento de consulta. La falta de uniformidad entre profesionales puede generar dudas y disminuir la adherencia.

Evaluación del aprendizaje y adherencia

La evaluación del programa se plantea mediante observación directa y preguntas de comprobación. Se considera adecuado verificar si la persona sabe describir su rutina de inspección, identificar al menos varios signos de alarma relevantes, mostrar cómo se seca los espacios interdigitales, explicar qué tipo de calzado evita y cuándo solicitaría ayuda profesional. En personas dependientes, esta comprobación debe extenderse al cuidador principal.

Como resultados esperables, un programa de estas características puede favorecer una mayor frecuencia de autoobservación, mejor ajuste del calzado y reducción de prácticas de riesgo. También puede aumentar la detección temprana de cambios cutáneos y facilitar el acceso más rápido a valoración profesional. No obstante, la magnitud de estos efectos dependerá del riesgo basal, la adherencia, la accesibilidad al sistema sanitario y la intensidad del seguimiento enfermero.

Discusión/Conclusiones

La prevención de la infección en el pie diabético mediante educación sanitaria exige superar una visión reducida del consejo puntual. Las personas con diabetes suelen recibir numerosas indicaciones a lo largo de su trayectoria asistencial, pero no siempre logran integrarlas de forma operativa en la vida diaria. Por ello, el valor de un programa estructurado reside en traducir recomendaciones generales en conductas concretas, observables y repetibles, ajustadas a las capacidades de cada paciente.

Uno de los aspectos más relevantes es la individualización. No todos los pacientes parten del mismo nivel de riesgo ni de la misma posibilidad real de autocuidado. La enseñanza dirigida a una persona activa y autónoma no puede ser idéntica a la ofrecida a otra con baja visión, limitación funcional o dependencia parcial. Del mismo modo, la prevención no se aborda igual en quien nunca ha presentado una lesión que en quien tiene antecedentes de úlcera o episodios previos de infección. La práctica enfermera debe incorporar esta gradación para evitar mensajes demasiado genéricos, poco aplicables o difíciles de sostener en el tiempo.

También conviene reconocer que la educación por sí sola no resuelve todas las causas de lesión o infección. Existen determinantes clínicos y sociales que condicionan el resultado: deformidades estructurales, dificultades económicas para acceder a calzado adecuado, aislamiento social, problemas cognitivos o escasa accesibilidad a revisiones periódicas. En este sentido, la educación sanitaria debe entenderse como una intervención necesaria, pero integrada en un plan más amplio que incluya valoración podológica cuando proceda, seguimiento clínico y coordinación entre profesionales.

Desde el punto de vista metodológico, la combinación de información verbal, demostración y retorno demostrativo ofrece ventajas frente a los modelos exclusivamente expositivos. Cuando el paciente muestra cómo inspecciona el pie o cómo realiza la higiene, el profesional puede detectar errores que pasarían inadvertidos en una conversación teórica. Este enfoque práctico es particularmente relevante en la prevención de la infección, porque muchos fallos se producen en maniobras cotidianas aparentemente simples: secado incompleto, hidratación en zonas inadecuadas, empleo de instrumentos cortantes o demora en consultar por una pequeña ampolla.

La participación familiar merece una consideración específica. En pacientes con dependencia funcional o limitación sensorial, la prevención efectiva puede depender en buena medida de la persona cuidadora. Integrarla en el programa no solo mejora la ejecución de cuidados, sino que también reduce la variabilidad de mensajes y facilita una observación más constante del pie. Para ello, la Enfermería debe valorar no solo la disposición del cuidador, sino su competencia real para realizar la tarea y su necesidad de apoyo adicional.

En términos de aplicabilidad, el programa descrito es compatible con distintos entornos asistenciales, aunque su intensidad y formato deben adaptarse a los recursos disponibles. En algunos contextos será posible desarrollar varias sesiones estructuradas; en otros, la intervención deberá fraccionarse en visitas sucesivas o combinarse con material educativo breve. La clave no reside tanto en la extensión formal como en la coherencia del mensaje, la repetición de contenidos esenciales y la comprobación del aprendizaje.

Como síntesis final, la educación sanitaria orientada a prevenir la infección en el pie diabético constituye una intervención enfermera de alto valor práctico. Su efectividad potencial aumenta cuando se basa en valoración inicial, entrenamiento de habilidades, identificación precoz de signos de alarma, participación del entorno cuidador y seguimiento continuado. Más que transmitir normas aisladas, se trata de construir una rutina de autocuidado segura que permita detectar cambios clínicos tempranos y actuar antes de que la lesión evolucione hacia procesos de mayor gravedad.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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