Educational program on non-pharmacological strategies for chronic pain in rehabilitation
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:262
Autor principal (primer firmante): Cristina Moreno Vila
Fecha recepción: 15/07/26
Fecha aceptación: 16/08/26
Fecha de publicación: 22/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):262
Autores:
Cristina Moreno Vila
Daniel Ortega Medina
Patricia Serrano López
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Educación para la salud; Educación del paciente; Ejercicio terapéutico; Calidad de vida; Autonomía personal; Rehabilitación; Afrontamiento; Entrenamiento; Dolor crónico; Actividades de la vida diaria
Keywords: Health Education; Patient Education; Exercise Therapy; Quality of Life; Personal Autonomy; Rehabilitation; Adaptation, Psychological; Training; Chronic Pain; Activities of Daily Living
Resumen
Introducción: El dolor crónico constituye un problema asistencial frecuente en los dispositivos de rehabilitación y condiciona limitación funcional, alteración del sueño, disminución de la tolerancia al esfuerzo y afectación emocional. En este contexto, la educación terapéutica desarrollada por Enfermería puede contribuir a mejorar la comprensión del proceso doloroso, favorecer la participación activa de la persona y reforzar el uso seguro de estrategias no farmacológicas integradas en la vida diaria.
Objetivos: Diseñar un programa educativo dirigido a personas adultas con dolor crónico atendidas en rehabilitación, orientado a mejorar conocimientos, habilidades de autocuidado, afrontamiento, adherencia a ejercicio terapéutico y desempeño en actividades de la vida diaria.
Metodología: Se plantea una intervención grupal con posibilidad de adaptación individual, estructurada en sesiones secuenciales impartidas por Enfermería en coordinación con el equipo de rehabilitación. El programa incluye valoración inicial, definición de necesidades educativas, contenidos progresivos, entrenamiento práctico y evaluación del aprendizaje, la participación y la transferencia de lo aprendido al entorno cotidiano.
Resultados: El programa organiza contenidos sobre comprensión del dolor crónico, higiene postural, economía articular, ejercicio terapéutico, técnicas de relajación, respiración, ritmo de actividad-descanso, sueño, afrontamiento y uso funcional del cuerpo en las actividades habituales. La intervención enfermera se centra en educación sanitaria, refuerzo motivacional, detección de barreras y seguimiento de la adherencia. Como resultados esperables, puede observarse una mejor percepción de autoeficacia, mayor implicación en el tratamiento rehabilitador y una gestión más adaptativa del dolor en la vida diaria.
Discusión/Conclusiones: Un programa educativo no farmacológico, integrado en rehabilitación y adaptado a la situación funcional de cada persona, puede aportar beneficios clínicos y de cuidados al favorecer autonomía, continuidad terapéutica y participación informada. Su utilidad depende de la individualización, de la coordinación interdisciplinar y de una evaluación continuada de objetivos realistas y centrados en funcionalidad.
Abstract
Introduction: Chronic pain is a common care problem in rehabilitation settings and is associated with functional limitation, sleep disturbance, reduced effort tolerance and emotional burden. In this context, nurse-led therapeutic education may help improve understanding of the pain process, promote active patient participation and support the safe use of non-pharmacological strategies integrated into daily life.
Objectives: To design an educational programme for adults with chronic pain undergoing rehabilitation, aimed at improving knowledge, self-care skills, coping, adherence to therapeutic exercise and performance in activities of daily living.
Methodology: A group-based intervention with individual adaptation is proposed, structured into sequential sessions delivered by nursing staff in coordination with the rehabilitation team. The programme includes initial assessment, identification of educational needs, progressive contents, practical training and evaluation of learning, participation and transfer to everyday settings.
Results: The programme organises content on understanding chronic pain, postural hygiene, joint protection, therapeutic exercise, relaxation techniques, breathing, pacing, sleep, coping and functional body use during usual activities. Nursing intervention focuses on health education, motivational support, barrier identification and adherence follow-up. Expected outcomes may include improved self-efficacy, greater involvement in rehabilitation treatment and more adaptive pain management in daily life.
Discussion/Conclusions: A non-pharmacological educational programme integrated into rehabilitation and adapted to each person’s functional status may provide clinical and nursing benefits by promoting autonomy, therapeutic continuity and informed participation. Its usefulness depends on individualisation, interdisciplinary coordination and ongoing evaluation of realistic, function-centred goals.
Introducción
El dolor crónico representa una experiencia compleja en la que confluyen componentes sensoriales, funcionales, emocionales y sociales. En las unidades y consultas de rehabilitación, muchas personas llegan tras un recorrido asistencial prolongado, con tratamientos diversos, expectativas heterogéneas y un grado variable de desgaste físico y psicológico. No siempre consultan únicamente por dolor; con frecuencia lo hacen por la pérdida de capacidad para caminar, descansar, realizar tareas domésticas, trabajar o mantener su participación familiar y social. Desde la perspectiva enfermera, esta realidad obliga a situar la funcionalidad y el autocuidado en el centro del abordaje.
El manejo del dolor crónico no puede reducirse a una respuesta exclusivamente farmacológica. Aunque el tratamiento médico forma parte del plan terapéutico, la experiencia diaria del paciente está modulada también por el movimiento, el descanso, el miedo a la actividad, la forma de interpretar los síntomas, el nivel de apoyo social y la posibilidad real de incorporar hábitos sostenibles. Por ello, la educación para la salud ocupa un lugar relevante en rehabilitación: permite transformar recomendaciones generales en conductas concretas, ajustadas a la situación clínica y comprensibles para la persona.
Enfermería desempeña una función especialmente valiosa en este proceso. Su posición asistencial facilita detectar necesidades educativas, identificar creencias desadaptativas, valorar barreras de adherencia y acompañar cambios graduales de comportamiento. Además, la consulta enfermera suele ser un espacio idóneo para aclarar dudas, reforzar mensajes comunes del equipo y convertir objetivos terapéuticos amplios en metas funcionales alcanzables. La educación no farmacológica, cuando se integra en el itinerario rehabilitador, puede ayudar a reducir la pasividad del paciente y favorecer una relación más activa con su problema de salud.
El diseño de un programa educativo en dolor crónico debe evitar planteamientos simplificadores. No se trata de prometer desaparición del dolor ni de trasladar a la persona una responsabilidad desproporcionada sobre un proceso multifactorial. El objetivo es más realista y clínicamente útil: mejorar comprensión, seguridad, capacidad de afrontamiento y uso de estrategias que contribuyan a disminuir la interferencia del dolor en la vida cotidiana. En este sentido, la educación terapéutica debe contemplar no solo contenidos informativos, sino también entrenamiento práctico, seguimiento y adaptación a ritmos de aprendizaje distintos.
En el ámbito de rehabilitación, este enfoque resulta especialmente pertinente porque muchas de las herramientas no farmacológicas se relacionan directamente con la recuperación funcional. El ejercicio terapéutico dosificado, la higiene postural, la economía de esfuerzos, las técnicas de relajación, la organización de la actividad y la mejora del sueño no son elementos accesorios; forman parte de un marco de cuidados orientado a sostener la autonomía personal. La persona con dolor crónico necesita aprender qué puede hacer, cómo hacerlo y con qué señales debe ajustar la intensidad o solicitar nueva valoración profesional.
Partiendo de estas premisas, se propone un programa educativo enfermero dirigido a personas adultas con dolor crónico atendidas en rehabilitación. Su propósito es estructurar contenidos y estrategias de enseñanza aplicables a un entorno clínico real, con especial atención a la funcionalidad, al afrontamiento y a la integración de los aprendizajes en las actividades de la vida diaria.
Objetivos
El objetivo general del programa es promover en personas con dolor crónico en seguimiento rehabilitador la adquisición de conocimientos y habilidades prácticas que faciliten el uso de estrategias no farmacológicas de manejo del dolor, mejoren la participación en su proceso terapéutico y apoyen el mantenimiento de la funcionalidad.
De forma más específica, la intervención pretende:
- Favorecer una comprensión básica y realista del dolor crónico, diferenciándolo de una visión exclusivamente lesional o pasiva.
- Identificar factores que incrementan la interferencia del dolor en la vida diaria, como inactividad, miedo al movimiento, sobreesfuerzo puntual, alteración del sueño o estrategias de afrontamiento poco adaptativas.
- Entrenar habilidades prácticas relacionadas con ejercicio terapéutico básico, respiración, relajación, higiene postural y dosificación de la actividad.
- Mejorar la capacidad para planificar actividades cotidianas con criterios de ritmo, alternancia de tareas y conservación de energía.
- Reforzar la autoobservación clínica útil, permitiendo reconocer señales de tolerancia al ejercicio, fatiga, sobrecarga y necesidad de consulta profesional.
- Potenciar la adherencia al tratamiento rehabilitador y la coordinación entre las recomendaciones enfermeras y el resto del equipo asistencial.
- Promover una actitud participativa, centrada en metas funcionales individualizadas y en la recuperación de autonomía en actividades significativas.
- Valorar la evolución del aprendizaje y la transferencia de lo aprendido al entorno domiciliario y comunitario.
Estos objetivos deben ajustarse a la situación funcional, cognitiva y emocional de cada paciente. No todas las personas parten del mismo nivel de comprensión, experiencia previa ni disponibilidad para el cambio. Por ello, el programa se concibe como un marco flexible, susceptible de adaptación en intensidad, formato y secuencia de contenidos.
Metodología
Se propone un programa de educación para la salud vinculado al proceso rehabilitador de personas adultas con dolor crónico musculoesquelético u otras condiciones dolorosas persistentes que cursen con limitación funcional y requieran intervención conservadora. El planteamiento puede desarrollarse en consultas externas, hospital de día, centros de rehabilitación ambulatoria o dispositivos comunitarios coordinados con rehabilitación.
La población diana incluye pacientes con capacidad para participar en sesiones educativas y para beneficiarse de recomendaciones de autocuidado aplicables a su vida diaria. Antes de la inclusión, resulta aconsejable una valoración enfermera inicial orientada a conocer nivel de comprensión del problema, intensidad de la interferencia funcional, hábitos de actividad y reposo, patrón de sueño, temores asociados al movimiento, expectativas sobre el tratamiento y apoyos disponibles. También conviene identificar barreras de comunicación, deterioro cognitivo relevante, descompensación emocional significativa o cualquier circunstancia clínica que obligue a adaptar el formato.
La intervención se estructura en un número limitado de sesiones secuenciales, de frecuencia semanal o según organización del servicio, con duración suficiente para combinar explicación, resolución de dudas y práctica supervisada. El formato grupal ofrece ventajas para el aprendizaje vicario, el intercambio de experiencias y el refuerzo entre iguales, pero debe conservar espacio para la adaptación individual. Cuando la situación clínica lo requiera, algunas sesiones o parte de los contenidos pueden desarrollarse de manera individual.
Desde el punto de vista metodológico, el programa se apoya en principios de educación de adultos. Esto implica partir de problemas reales del paciente, evitar sobrecarga informativa, utilizar lenguaje comprensible y reforzar la utilidad práctica de cada recomendación. No basta con transmitir instrucciones; es necesario entrenar habilidades y comprobar que la persona sabe reproducirlas. La demostración, la práctica guiada, el modelado y el refuerzo positivo suelen ser más eficaces que la mera exposición verbal.
Los recursos educativos pueden incluir material escrito breve, esquemas de ejercicios, registros sencillos de actividad y descanso, recordatorios para el domicilio y apoyos audiovisuales si están disponibles. El contenido debe presentarse de manera coherente con los mensajes del equipo de rehabilitación para evitar recomendaciones contradictorias. La coordinación entre Enfermería, fisioterapia, medicina rehabilitadora y, cuando proceda, otros profesionales, favorece la continuidad del plan de cuidados.
La propuesta puede organizarse en cinco módulos:
- Módulo 1. Comprensión del dolor crónico y expectativas realistas: explicación del carácter persistente del dolor, su relación con la actividad y la funcionalidad, y sentido del abordaje no farmacológico.
- Módulo 2. Movimiento seguro y ejercicio terapéutico: introducción al papel del ejercicio dosificado, calentamiento, progresión y observación de la tolerancia individual.
- Módulo 3. Estrategias corporales y de autorregulación: respiración, relajación, conciencia corporal, higiene postural y principios de protección articular según necesidades.
- Módulo 4. Actividades de la vida diaria y organización del esfuerzo: ritmo de actividad-descanso, economía de esfuerzos, adaptación del entorno y planificación de tareas.
- Módulo 5. Afrontamiento, adherencia y continuidad: identificación de barreras, manejo de desánimo, establecimiento de metas funcionales y plan de seguimiento.
La evaluación se plantea en tres momentos. En primer lugar, una valoración basal centrada en necesidades educativas y situación funcional percibida. En segundo lugar, una evaluación formativa durante las sesiones, basada en participación, demostración práctica y resolución de dudas. Por último, una evaluación final orientada a verificar comprensión de conceptos clave, capacidad para aplicar estrategias básicas y grado de integración en la rutina diaria. El seguimiento posterior, aunque sea breve, añade valor al permitir reajustar objetivos y reforzar la adherencia.
Resultados
El resultado principal del diseño es un programa aplicable por Enfermería dentro del itinerario rehabilitador, con contenidos ordenados y orientados a la práctica. La experiencia clínica sugiere que muchos pacientes con dolor persistente presentan información fragmentada, miedo a empeorar con el movimiento o hábitos de reposo y sobreesfuerzo alternante que dificultan la mejoría funcional. El programa intenta responder a estas necesidades de forma estructurada.
Contenidos educativos
El primer bloque aborda la comprensión del dolor crónico. La información se centra en explicar que la persistencia del dolor no siempre guarda una relación lineal con el daño tisular actual y que la inactividad mantenida puede contribuir al deterioro funcional. Esta explicación debe ofrecerse con prudencia, sin invalidar la experiencia de sufrimiento ni transmitir mensajes simplistas. El propósito es reducir interpretaciones catastrofistas y facilitar una participación más segura en rehabilitación.
El segundo bloque se dedica al ejercicio terapéutico. Enfermería refuerza la idea de progresión gradual, regularidad y adaptación individual. Se insiste en evitar dos extremos frecuentes: el reposo prolongado por miedo al dolor y la sobrecarga puntual en días de mayor tolerancia. La persona aprende a reconocer una respuesta esperable al esfuerzo, a diferenciar fatiga de alarma clínica y a mantener una práctica ajustada a las indicaciones del equipo rehabilitador. En esta fase, la demostración práctica y la repetición guiada favorecen la autoconfianza.
El tercer bloque integra respiración, relajación y conciencia corporal. Estas técnicas no sustituyen al resto de medidas, pero pueden ayudar a disminuir tensión muscular, mejorar sensación de control y facilitar la realización de actividad física. El entrenamiento debe ser sencillo, reproducible en domicilio y vinculado a momentos de mayor rigidez, ansiedad anticipatoria o dificultad para conciliar el sueño. Resulta útil asociar cada técnica a situaciones concretas de uso, evitando presentarlas como soluciones universales.
Otro contenido central es la higiene postural y la organización funcional del cuerpo durante las actividades habituales. Más que imponer posiciones rígidas, se trabaja la variabilidad postural, el uso eficiente del cuerpo, la preparación del entorno y la distribución de cargas. En pacientes con limitación para tareas domésticas, cuidado personal o movilidad, la enseñanza práctica sobre transferencias, alcance de objetos, alternancia de posturas y pausas programadas puede tener un impacto directo en la autonomía.
La economía de esfuerzos constituye un eje transversal. Muchas personas con dolor crónico alternan periodos de inactividad con intentos de compensación excesiva, lo que incrementa la sensación de fracaso y la percepción de recaída. El programa propone planificar tareas, fraccionar actividades complejas, alternar demandas físicas y reservar energía para ocupaciones significativas. Esta reorganización no persigue restringir la vida diaria, sino hacerla más sostenible.
También se incorpora la educación sobre sueño y descanso. El dolor persistente suele convivir con dificultades para iniciar o mantener el sueño, y la falta de descanso agrava la tolerancia al malestar y la fatiga diurna. Enfermería puede trabajar rutinas de sueño, reducción de estímulos activadores antes de acostarse, uso de técnicas de relajación y revisión de hábitos que interfieren con el descanso. Cuando la alteración del sueño sea relevante o persistente, debe valorarse la necesidad de abordaje complementario por otros profesionales.
Papel de Enfermería
La intervención enfermera no se limita a impartir contenidos. Incluye valoración, priorización de necesidades, adaptación de mensajes y seguimiento de la respuesta del paciente. En la primera toma de contacto, la enfermera identifica qué sabe la persona sobre su dolor, qué teme, qué espera del tratamiento y qué conductas mantiene en su vida cotidiana. Esta información permite individualizar el programa y seleccionar ejemplos cercanos a su realidad funcional.
Durante las sesiones, Enfermería actúa como facilitadora del aprendizaje. Reformula conceptos complejos en términos comprensibles, corrige interpretaciones erróneas, enseña técnicas sencillas y comprueba su correcta ejecución. Asimismo, detecta factores que comprometen la adherencia, como baja motivación, experiencias previas negativas, exceso de responsabilidades familiares o escasa percepción de utilidad. El abordaje de estas barreras requiere escucha activa y objetivos proporcionados.
Otra función relevante es el refuerzo de la autoeficacia. En dolor crónico, la persona puede haber interiorizado un papel de incapacidad o dependencia de soluciones externas. El acompañamiento enfermero ayuda a visibilizar logros pequeños pero clínicamente significativos: retomar una caminata breve, tolerar mejor una tarea doméstica, organizar descansos de forma más eficaz o mantener la práctica de ejercicios con regularidad. Estos avances, aunque modestos, sostienen la continuidad del tratamiento.
La coordinación con el resto del equipo es igualmente necesaria. Enfermería debe alinear los mensajes sobre carga de actividad, objetivos funcionales y señales de reevaluación. Cuando aparecen dificultades persistentes, empeoramiento funcional, baja adherencia o desajuste emocional importante, la comunicación interdisciplinar facilita revisar el plan terapéutico y evitar lecturas fragmentadas del problema.
Evaluación del aprendizaje y de la adherencia
La evaluación del programa no debe limitarse a comprobar si el paciente recuerda información teórica. Resulta más útil valorar si comprende el sentido de las recomendaciones y si puede aplicarlas en situaciones reales. Para ello pueden utilizarse preguntas abiertas, demostración práctica de ejercicios o técnicas, revisión de registros sencillos y análisis de dificultades encontradas en domicilio.
Entre los criterios cualitativos de evolución pueden considerarse la mejora en la identificación de factores que agravan el dolor, el uso más consistente de pautas de ritmo y descanso, la mayor disposición al movimiento y la formulación de metas funcionales realistas. También es pertinente explorar la percepción de utilidad del programa y el grado de implicación en su propio proceso de rehabilitación.
La adherencia depende en buena medida de que las estrategias sean viables. Recomendaciones demasiado extensas, abstractas o desconectadas de la rutina tienden a abandonarse. Por ello, el programa prioriza pocas conductas clave, repetidas y reforzadas en el tiempo. La continuidad puede apoyarse mediante revisión periódica, recordatorios escritos y participación, cuando sea pertinente, de familiares o cuidadores en aspectos concretos del entorno y de la organización diaria.
Discusión/Conclusiones
La propuesta de un programa educativo de estrategias no farmacológicas para personas con dolor crónico en rehabilitación responde a una necesidad asistencial frecuente: convertir el tratamiento en un proceso comprensible, participativo y funcionalmente orientado. En muchos casos, el sufrimiento no deriva solo de la intensidad del dolor, sino de la incertidumbre, la pérdida de capacidad y la sensación de no disponer de recursos útiles para el día a día. La educación terapéutica, desarrollada por Enfermería y coordinada con el equipo, puede ayudar a reducir esa distancia entre la recomendación clínica y la vida cotidiana del paciente.
Su principal valor reside en integrar conocimientos, entrenamiento y seguimiento. Informar sin enseñar habilidades suele tener un efecto limitado; enseñar técnicas sin contextualizarlas en la experiencia del paciente también. El equilibrio entre ambas dimensiones favorece que la persona entienda por qué se le propone un cambio y cómo puede llevarlo a cabo. En dolor crónico, esta coherencia resulta especialmente importante porque la adherencia depende más de la percepción de utilidad y de la posibilidad de incorporar hábitos realistas que de la mera transmisión de consignas.
Desde la práctica enfermera, el programa permite trabajar objetivos próximos y observables: mejorar la confianza para moverse, ordenar mejor los tiempos de actividad, reconocer señales de sobrecarga, mantener una rutina de ejercicios o reducir conductas de evitación. Estos logros no deben interpretarse como sustitutos de la valoración clínica continuada, sino como componentes de un abordaje integral que prioriza la funcionalidad y la autonomía personal.
La intervención presenta, no obstante, límites que conviene considerar. La heterogeneidad etiológica del dolor crónico obliga a adaptar contenidos y expectativas. No todas las personas se beneficiarán del mismo ritmo de progresión ni de idénticas técnicas. Además, la presencia de comorbilidad emocional, deterioro cognitivo, escaso apoyo social o condiciones laborales adversas puede dificultar la implementación de cambios. Por ello, el programa no debe aplicarse de forma rígida, sino modularse según la situación clínica y el contexto vital.
Otro aspecto relevante es evitar mensajes que puedan generar culpabilización. La educación en autocuidado no implica atribuir al paciente la responsabilidad exclusiva de su evolución. Al contrario, debe ofrecer herramientas proporcionales, validar la experiencia de dolor y reconocer que la mejoría funcional puede ser gradual e irregular. Una comunicación prudente y centrada en metas alcanzables favorece la alianza terapéutica y reduce abandonos.
En síntesis, la incorporación de un programa educativo enfermero sobre estrategias no farmacológicas en rehabilitación puede contribuir a una atención más completa de las personas con dolor crónico. Su interés clínico radica en apoyar la autonomía, reforzar la adherencia al tratamiento, facilitar el afrontamiento y promover un uso más seguro y funcional del cuerpo en las actividades diarias. La utilidad real del programa dependerá de su individualización, de la continuidad del seguimiento y de la consistencia del trabajo interdisciplinar.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
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