Estrategia para mejorar la comunicación asistencial con personas migrantes

Strategy to improve healthcare communication with migrant people

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:203

Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera

Fecha recepción: 04/07/26

Fecha aceptación: 02/08/26

Fecha de publicación: 10/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):203

Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Alfabetización en salud; Equidad en salud; Seguridad del paciente; Promoción de la salud; Barreras de comunicación; Participación comunitaria; Competencia cultural; Mejora de la calidad; Salud comunitaria; Migrantes

Keywords: Health Literacy; Health Equity; Patient Safety; Health Promotion; Communication Barriers; Community Participation; Cultural Competency; Quality Improvement; Community Health Nursing; Transients and Migrants

Resumen

Introducción: La atención a personas migrantes plantea retos comunicativos que afectan a la comprensión de la información clínica, a la continuidad de cuidados y a la seguridad del paciente. Las barreras idiomáticas, las diferencias en alfabetización en salud, la diversidad de marcos culturales sobre la enfermedad y las dificultades administrativas o sociales pueden interferir en la relación terapéutica y en la calidad asistencial. Desde Enfermería, la comunicación constituye una herramienta clínica y ética de primer orden para sostener una atención segura, comprensible y centrada en la persona.

Objetivos: Proponer una estrategia de mejora de calidad orientada a optimizar la comunicación asistencial con personas migrantes, identificar componentes operativos aplicables en distintos niveles asistenciales y delimitar el papel de Enfermería en su implantación, seguimiento y evaluación.

Metodología: Se desarrolla una propuesta de mejora a partir de un análisis narrativo del problema asistencial, integrando perspectivas de seguridad del paciente, alfabetización en salud, competencia cultural y continuidad asistencial. Se describen líneas de intervención, indicadores de seguimiento, barreras previsibles y facilitadores organizativos, con una formulación prudente y adaptable a distintos contextos.

Resultados: La estrategia se articula en seis ejes: identificación precoz de necesidades comunicativas, uso estructurado de apoyos lingüísticos, adaptación de la información clínica a lenguaje claro, formación del equipo, coordinación con recursos comunitarios y evaluación continuada del proceso. Enfermería ocupa una posición central en la valoración inicial, el refuerzo educativo, la verificación de la comprensión, la detección de riesgos de malentendidos y la activación de apoyos. Entre los indicadores de seguimiento pueden considerarse la documentación de necesidades idiomáticas, la utilización de interpretación cuando esté indicada, la comprensión verificada del plan de cuidados y la incidencia de eventos relacionados con fallos de comunicación.

Discusión/Conclusiones: Mejorar la comunicación con personas migrantes no debe reducirse a una respuesta puntual ante la barrera idiomática, sino entenderse como un componente estructural de la calidad asistencial. Un abordaje organizado puede favorecer la seguridad del paciente, la participación en la toma de decisiones y la equidad en salud. Su efectividad depende de liderazgo clínico, adaptación local, formación continuada y colaboración con el entorno comunitario.

Abstract

Introduction: Caring for migrant populations involves communication challenges that may affect understanding of clinical information, continuity of care and patient safety. Language discordance, differences in health literacy, diverse cultural views of illness and social or administrative difficulties can interfere with the therapeutic relationship and the overall quality of care. In nursing practice, communication is a core clinical and ethical tool to support safe, understandable and person-centred care.

Objectives: To propose a quality improvement strategy aimed at enhancing healthcare communication with migrant persons, to identify operational components applicable across care settings, and to define the role of nursing in implementation, monitoring and evaluation.

Methodology: A quality improvement proposal is presented through a narrative analysis of the care problem, integrating patient safety, health literacy, cultural competency and continuity of care perspectives. Intervention lines, follow-up indicators, foreseeable barriers and organisational facilitators are described in a prudent manner that can be adapted to different settings.

Results: The strategy is organised around six axes: early identification of communication needs, structured use of language support, adaptation of clinical information into plain language, staff training, coordination with community resources and ongoing evaluation. Nursing plays a central role in initial assessment, educational reinforcement, teach-back-based understanding checks, detection of misunderstanding-related risks and activation of support resources. Possible indicators include documentation of language needs, use of interpreter support when required, verified understanding of the care plan and occurrence of communication-related adverse situations.

Discussion/Conclusions: Improving communication with migrant persons should not be limited to occasional responses to language barriers, but rather be understood as a structural component of care quality. An organised approach may contribute to patient safety, participation in decision-making and health equity. Its impact depends on clinical leadership, local adaptation, ongoing training and collaboration with community settings.

Introducción

La movilidad humana forma parte de la realidad social y sanitaria contemporánea. Los servicios de salud atienden de manera creciente a personas con trayectorias migratorias diversas, experiencias de vulnerabilidad heterogéneas y necesidades asistenciales que no pueden interpretarse únicamente desde la diferencia lingüística. En este marco, la comunicación clínica adquiere una relevancia particular, porque condiciona la anamnesis, la valoración enfermera, la comprensión del proceso de salud-enfermedad, la adhesión a medidas terapéuticas y la continuidad entre niveles asistenciales.

Las barreras de comunicación con personas migrantes pueden tener múltiples capas. La más visible es el idioma, pero no es la única ni siempre la principal. A ella se suman la dispar alfabetización en salud, el desconocimiento del funcionamiento del sistema sanitario, las diferencias en los significados atribuidos a síntomas, dolor, prevención o autocuidado, así como factores sociales que afectan a la disponibilidad para acudir a citas, conservar documentación clínica o seguir recomendaciones. También pueden influir experiencias previas de discriminación, desconfianza institucional, precariedad residencial o laboral y miedo a exponer información personal. Todo ello puede generar encuentros asistenciales fragmentados, con comprensión parcial y mayor riesgo de errores.

En términos de seguridad del paciente, una comunicación insuficiente puede traducirse en identificación incompleta del motivo de consulta, dificultades para explorar alergias o tratamientos previos, uso inadecuado de medicación, pérdida de citas, instrucciones mal comprendidas tras el alta y menor capacidad para detectar signos de alarma. Desde la perspectiva de calidad, la falta de adaptación comunicativa deteriora la experiencia del paciente, limita la toma de decisiones compartida y profundiza desigualdades evitables. Para Enfermería, además, supone un desafío directo a funciones esenciales como acoger, valorar, educar, acompañar y coordinar cuidados.

La respuesta organizativa no puede descansar en la improvisación individual de cada profesional. Aunque la sensibilidad clínica y la competencia relacional son necesarias, la mejora sostenida requiere procedimientos claros, apoyos institucionales y una cultura que entienda la accesibilidad comunicativa como parte de la asistencia segura. Esto implica pasar de intervenciones aisladas, dependientes de la buena voluntad o de recursos informales, a estrategias estructuradas, integradas en la práctica cotidiana y evaluables.

La Enfermería se encuentra en una posición especialmente adecuada para liderar este cambio. Su presencia continuada en los distintos puntos del itinerario asistencial, su papel en la educación para la salud y su proximidad a la realidad familiar y comunitaria permiten detectar necesidades que otros dispositivos pueden pasar por alto. Desde consultas de atención primaria hasta hospitalización, urgencias, salud escolar, atención domiciliaria o programas comunitarios, la disciplina enfermera puede actuar como eje articulador entre comprensión clínica, apoyo educativo y continuidad de cuidados.

Plantear una estrategia de mejora de la comunicación asistencial con personas migrantes exige evitar dos reduccionismos frecuentes. El primero consiste en equiparar cultura con estereotipo, suponiendo conductas homogéneas en función del origen. El segundo es considerar que la mera traducción literal resuelve el problema. En realidad, la comunicación efectiva requiere comprensión contextual, escucha activa, lenguaje claro, verificación de entendimiento y adaptación del plan de cuidados a la situación concreta de la persona. La competencia cultural, entendida de forma dinámica y reflexiva, se aproxima más a una práctica de humildad clínica y capacidad de ajuste que a un repertorio rígido de conocimientos sobre grupos culturales.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es proponer una estrategia de mejora de calidad para fortalecer la comunicación asistencial con personas migrantes y reducir riesgos relacionados con malentendidos clínicos, información insuficiente o barreras de acceso comprensivo a los cuidados.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Identificar los principales puntos críticos de la comunicación asistencial que pueden comprometer la seguridad del paciente y la equidad en salud.
  • Describir un conjunto de medidas organizativas y clínicas aplicables de forma progresiva en diferentes ámbitos asistenciales.
  • Delimitar el papel de Enfermería en la valoración de necesidades comunicativas, la adaptación educativa, la coordinación de apoyos y el seguimiento.
  • Proponer indicadores cualitativos y operativos que permitan monitorizar la implantación de la estrategia.
  • Analizar barreras previsibles y facilitadores para su integración en la práctica clínica habitual.

Metodología

Se presenta una propuesta de mejora de calidad construida a partir de un enfoque narrativo y aplicado al proceso asistencial. El análisis parte de un problema habitual en la práctica clínica: la presencia de barreras de comunicación con personas migrantes que dificultan la comprensión mutua y pueden afectar a la seguridad, a la experiencia asistencial y a la efectividad de los cuidados. El trabajo integra conceptos de alfabetización en salud, seguridad del paciente, competencia cultural, participación comunitaria y mejora continua.

La estrategia se formula con vocación transversal, de modo que pueda adaptarse a atención primaria, hospitalización, urgencias y dispositivos comunitarios, reconociendo que cada entorno dispone de recursos, cargas asistenciales y circuitos propios. No se plantea como protocolo cerrado, sino como marco de intervención orientado a la organización de respuestas más consistentes y seguras.

Para ordenar la propuesta se han considerado cuatro dimensiones analíticas. La primera corresponde a la detección del riesgo comunicativo, entendida como la identificación precoz de situaciones en las que la interacción clínica puede ser insuficiente o equívoca. La segunda se refiere a la respuesta asistencial inmediata, que incluye el uso de apoyos lingüísticos y la adaptación del discurso profesional. La tercera dimensión es la continuidad, centrada en cómo asegurar que la comprensión se mantenga a lo largo del itinerario asistencial, especialmente en transiciones y educación sanitaria. La cuarta es la evaluación, necesaria para saber si las medidas implantadas llegan a la práctica y producen mejoras observables en el proceso.

Desde el punto de vista operativo, la propuesta distingue entre intervenciones de nivel micro y meso. En el nivel micro se sitúan las acciones desarrolladas en el encuentro clínico: acogida, valoración, reformulación del mensaje, verificación de comprensión y registro. En el nivel meso se incluyen las decisiones organizativas que sostienen esas acciones: circuitos para solicitar apoyo idiomático, formación del equipo, materiales adaptados, coordinación interprofesional y revisión de incidentes relacionados con comunicación.

La perspectiva enfermera atraviesa todo el planteamiento. Se considera que la valoración inicial debe incorporar, junto a las necesidades clínicas, aspectos como idioma preferente, capacidad lectora funcional, persona de apoyo, comprensión del motivo de atención, expectativas y posibles condicionantes sociales. Esta información permite individualizar la educación sanitaria y anticipar riesgos en el plan de cuidados.

Resultados

Problema asistencial y áreas de riesgo

La comunicación deficiente con personas migrantes no suele manifestarse como un único fallo, sino como una cadena de pequeñas pérdidas de significado a lo largo del proceso asistencial. Puede comenzar con una acogida administrativa poco accesible, continuar con una entrevista incompleta, agravarse si se utiliza terminología técnica no adaptada y consolidarse cuando nadie verifica si la información ha sido realmente entendida. El resultado no siempre es visible de inmediato: a veces aparece como no asistencia a revisiones, uso incorrecto de tratamientos, consultas reiteradas por el mismo problema o escasa participación en decisiones sobre cuidados.

Entre las áreas de riesgo más frecuentes figuran la identificación incorrecta de antecedentes, la comprensión parcial del consentimiento informado, el manejo inadecuado de medicación, la mala interpretación de signos de alarma y las transiciones asistenciales sin instrucciones comprensibles. En pacientes con enfermedades crónicas, embarazo, infancia, salud mental o procesos que exigen autocuidados complejos, estas dificultades pueden adquirir especial relevancia. No obstante, la necesidad de adaptación comunicativa debe valorarse caso por caso y no inferirse automáticamente a partir del origen geográfico.

Ejes de la estrategia de mejora

a) Identificación precoz de necesidades comunicativas. La primera medida consiste en incorporar a la acogida clínica preguntas sencillas y estandarizadas sobre idioma de preferencia, necesidad de apoyo para comprender información sanitaria y posibles dificultades de lectura o escritura. Este cribado no debe limitarse a la admisión, sino revisarse cuando cambie el episodio asistencial o el contenido de la información sea especialmente relevante. Registrar estas necesidades de manera visible en la documentación asistencial facilita la continuidad y evita que la persona deba repetir la misma explicación en cada contacto.

b) Uso adecuado de apoyos lingüísticos. Cuando exista discordancia idiomática relevante, debe contemplarse la activación de recursos de interpretación o mediación disponibles en el entorno. La utilización de familiares, especialmente menores, como intérpretes improvisados puede introducir sesgos, omisiones o conflictos de confidencialidad, por lo que conviene evitarla salvo situaciones excepcionales que requieran valoración profesional. La intervención de apoyo lingüístico resulta particularmente importante al comunicar diagnósticos, explicar procedimientos, realizar educación terapéutica, preparar el alta o abordar decisiones sensibles.

c) Lenguaje claro y comunicación adaptada. Incluso cuando se dispone de intérprete, el mensaje clínico debe formularse con frases breves, secuencia lógica y vocabulario comprensible. Reducir tecnicismos, segmentar la información y priorizar los mensajes esenciales ayuda a disminuir la sobrecarga cognitiva. Puede ser útil apoyarse en materiales visuales, pictogramas, demostraciones prácticas y resúmenes escritos adaptados. La recomendación enfermera debe vincularse a acciones concretas y observables, evitando formulaciones ambiguas o excesivamente abstractas.

d) Verificación sistemática de la comprensión. No basta con preguntar si la persona ha entendido. Resulta más fiable solicitar que explique con sus propias palabras qué debe hacer, cuándo acudir de nuevo o cómo tomará la medicación. Este retorno de la información permite detectar malentendidos sin culpabilizar al paciente y convierte la educación sanitaria en un proceso bidireccional. Enfermería puede integrar esta verificación tanto en la entrevista inicial como en el cierre de la consulta y en el alta.

e) Formación del equipo y reflexión sobre la práctica. La estrategia requiere que los profesionales desarrollen habilidades en comunicación intercultural, lenguaje claro, entrevista clínica adaptada y reconocimiento de sesgos. La formación no debería reducirse a contenidos teóricos sobre costumbres culturales, sino orientarse a competencias relacionales y análisis de situaciones asistenciales reales. También es útil revisar incidentes o dificultades comunicativas en sesiones de equipo para identificar mejoras en circuitos, registros y materiales.

f) Vinculación con recursos comunitarios. La comunicación asistencial mejora cuando el sistema sanitario reconoce el valor del entorno comunitario. La coordinación con agentes comunitarios, asociaciones, recursos sociales y dispositivos de promoción de la salud puede facilitar la comprensión del itinerario asistencial, el seguimiento y la adhesión a intervenciones preventivas. En el ámbito enfermero comunitario, esta articulación favorece una relación menos episódica y más continuada con la persona y su contexto.

Papel de Enfermería en la implantación

La aportación de Enfermería a esta estrategia es transversal. En la fase de valoración, la enfermera puede identificar barreras idiomáticas, limitaciones en alfabetización en salud, apoyos familiares disponibles y necesidades educativas prioritarias. Durante la planificación de cuidados, puede adecuar el contenido y el formato de la información, coordinar apoyos lingüísticos y dejar constancia de elementos relevantes para otros profesionales. En la ejecución, desempeña un papel central en la educación sanitaria, la demostración práctica de procedimientos, el refuerzo de mensajes clave y la verificación de la comprensión. En el seguimiento, puede detectar problemas de adherencia o de acceso que en realidad reflejan fallos comunicativos previos.

En atención primaria, esta función se relaciona además con la longitudinalidad. La consulta enfermera ofrece oportunidades para conocer la experiencia migratoria, las prioridades de salud percibidas y las barreras cotidianas que condicionan el autocuidado. En hospitalización, Enfermería resulta decisiva en la preparación del alta, un momento especialmente vulnerable para pacientes que han recibido gran cantidad de información en poco tiempo. En urgencias, donde el tiempo es limitado, la capacidad para identificar de forma rápida riesgos de incomprensión puede prevenir errores con repercusión inmediata.

Indicadores de seguimiento

La mejora de calidad requiere observación y retroalimentación. Sin recurrir necesariamente a sistemas complejos, pueden definirse indicadores operativos que orienten el seguimiento local del proceso:

  • Proporción de episodios asistenciales en los que consta el idioma preferente o la necesidad de apoyo comunicativo.
  • Registro de activación de recursos de interpretación o mediación cuando la situación lo requiere.
  • Presencia documentada de verificación de comprensión en educación sanitaria, alta o instrucciones terapéuticas relevantes.
  • Disponibilidad y uso de materiales informativos adaptados y comprensibles.
  • Identificación de incidentes, reclamaciones o reconsultas en los que la comunicación haya sido un factor contribuyente.
  • Percepción del equipo sobre accesibilidad comunicativa y utilidad de los circuitos establecidos.

Estos indicadores deben interpretarse con cautela, como herramientas de aprendizaje organizativo más que como fines en sí mismos. Su utilidad aumenta cuando se revisan de forma periódica y se vinculan a decisiones de mejora concretas.

Barreras y facilitadores

Entre las barreras más habituales se encuentran la presión asistencial, la escasez de recursos de interpretación, la variabilidad en competencias del equipo, la ausencia de registros estructurados y la tendencia a normalizar soluciones improvisadas. También puede existir la falsa percepción de que la comunicación adaptada consume un tiempo inasumible, cuando en realidad la falta de comprensión suele generar repeticiones, incidencias y mayor utilización posterior de recursos.

Como facilitadores destacan el liderazgo clínico de mandos intermedios y referentes enfermeros, la existencia de circuitos sencillos para solicitar apoyo lingüístico, la disponibilidad de materiales de fácil lectura, la formación práctica y la implicación comunitaria. Un elemento especialmente relevante es promover una cultura en la que pedir ayuda para mejorar la comunicación no se interprete como déficit profesional, sino como parte de una práctica segura y responsable.

Discusión/Conclusiones

La comunicación asistencial con personas migrantes debe entenderse como un componente estructural de la calidad, no como una cuestión periférica ligada únicamente a la diversidad cultural. Cuando el sistema no garantiza comprensión mutua suficiente, aumenta el riesgo de decisiones mal informadas, de cuidados mal ejecutados y de trayectorias asistenciales interrumpidas. Desde esta perspectiva, la accesibilidad comunicativa forma parte de la seguridad del paciente y de la obligación de prestar cuidados equitativos.

La estrategia propuesta sugiere que las mejoras más útiles no dependen exclusivamente de grandes recursos, sino de la combinación de medidas organizativas razonables y prácticas clínicas consistentes. Preguntar de forma sistemática por el idioma preferente, documentar necesidades, usar lenguaje claro, verificar la comprensión y coordinar apoyos son acciones sencillas en su formulación, aunque exigen compromiso institucional para sostenerse en el tiempo. Sin estructura, estas medidas tienden a quedar sujetas a la iniciativa individual y a generar desigualdad entre profesionales, turnos o dispositivos.

La aportación de Enfermería es especialmente valiosa porque conecta evaluación, educación, acompañamiento y continuidad. La mirada enfermera permite detectar con rapidez cuándo una respuesta aparentemente afirmativa oculta una comprensión insuficiente, cuándo un problema de adherencia responde en realidad a una explicación inadecuada o cuándo una familia necesita apoyo adicional para participar en el cuidado sin sustituir la voz de la persona atendida. Esta posición de proximidad favorece intervenciones ajustadas y una lectura más completa de los determinantes que condicionan la capacidad de autocuidado.

La competencia cultural no debería concebirse como conocimiento exhaustivo sobre tradiciones concretas, sino como práctica reflexiva de respeto, escucha y adaptación. Este enfoque ayuda a evitar estereotipos y orienta la comunicación hacia la singularidad de cada encuentro. Del mismo modo, la alfabetización en salud aporta una perspectiva útil para comprender que muchas dificultades no provienen de falta de interés, sino de mensajes complejos, formatos poco accesibles o supuestos implícitos sobre el funcionamiento del sistema sanitario.

La colaboración con recursos comunitarios amplía la eficacia de la intervención. Las personas migrantes no transitan el sistema sanitario aisladas de su contexto social, laboral, familiar y administrativo. Por ello, la continuidad de cuidados se beneficia de alianzas con dispositivos comunitarios capaces de reforzar comprensión, confianza y acceso. En este terreno, la Enfermería comunitaria dispone de una oportunidad relevante para integrar promoción de la salud, participación y seguimiento.

Entre las limitaciones de cualquier estrategia general se encuentra la heterogeneidad de escenarios, recursos y perfiles poblacionales. No todas las organizaciones cuentan con el mismo acceso a interpretación, ni todos los servicios afrontan las mismas urgencias o cargas asistenciales. Por ese motivo, las medidas deben adaptarse a protocolos y posibilidades locales, priorizando siempre aquellas que reduzcan riesgos comunicativos en situaciones de mayor vulnerabilidad clínica.

Una atención segura y de calidad exige reconocer que comprender y ser comprendido no es un añadido opcional, sino una condición de eficacia clínica. Avanzar hacia servicios más accesibles para personas migrantes implica revisar prácticas, sostener formación y reforzar la responsabilidad compartida del equipo. En ese proceso, Enfermería puede ejercer un liderazgo decisivo para convertir la comunicación en un auténtico instrumento de equidad, seguridad y continuidad asistencial.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

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