Estrategia segura de detección y derivación en violencia de género

Safe strategy for detection and referral in gender-based violence

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:99

Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero

Fecha recepción: 21/06/26

Fecha aceptación: 14/07/26

Fecha de publicación: 20/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):99

Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Seguridad del paciente; Violencia de género; Derivación; Relaciones enfermera-paciente; Intervención en crisis; Trauma psicológico; Salud mental; Seguridad; Apoyo psicosocial; Mejora de la calidad

Keywords: Patient Safety; Gender-Based Violence; Referral and Consultation; Nurse-Patient Relations; Crisis Intervention; Psychological Trauma; Mental Health; Safety; Psychosocial Support; Quality Improvement

Resumen

Introducción: La violencia de género constituye un problema sanitario y social con repercusiones físicas, psicológicas y relacionales que pueden hacerse visibles en distintos puntos del sistema asistencial. En muchos casos, la consulta de Enfermería representa un espacio de acceso, continuidad y confianza desde el que identificar señales de sospecha, favorecer la comunicación y activar la respuesta adecuada. La ausencia de circuitos claros, la variabilidad en la práctica y las dificultades para abordar situaciones de riesgo pueden comprometer la seguridad de la mujer y la calidad de la atención.

Objetivos: Desarrollar una propuesta de mejora orientada a la detección y derivación seguras en violencia de género desde la práctica enfermera, describiendo elementos clave de valoración, comunicación, coordinación y seguimiento.

Metodología: Se presenta un análisis aplicado de mejora de calidad y seguridad del paciente basado en la revisión conceptual del problema, la identificación de puntos vulnerables del proceso asistencial y la organización de una estrategia de intervención transferible a diferentes ámbitos de atención. Se incorporan criterios de prudencia clínica, enfoque centrado en la persona, continuidad asistencial y protección frente a riesgos inmediatos y diferidos.

Resultados: La estrategia propuesta se articula en torno a cinco ejes: detección sensible al contexto; entrevista enfermera en condiciones de privacidad y seguridad; valoración integral del riesgo biopsicosocial; derivación coordinada según necesidades asistenciales, sociales y de protección; y seguimiento planificado. Se describen barreras frecuentes, facilitadores organizativos e indicadores cualitativos y operativos para monitorizar el proceso.

Discusión/Conclusiones: La mejora de la respuesta enfermera ante la violencia de género no depende solo de la capacidad individual para identificar signos de alarma, sino también de la existencia de entornos seguros, formación específica y circuitos de derivación funcionales. Un abordaje prudente, no revictimizante y coordinado puede contribuir a incrementar la seguridad, la confianza terapéutica y la continuidad de cuidados.

Abstract

Introduction: Gender-based violence is a health and social problem with physical, psychological, and relational consequences that may become visible at different points within the healthcare system. Nursing encounters often provide a setting of accessibility, continuity, and trust where warning signs can be identified, communication may be facilitated, and an appropriate response can be initiated. Lack of clear pathways, practice variability, and difficulties in managing risk situations may compromise women’s safety and the quality of care.

Objectives: To develop a quality and safety improvement proposal aimed at safe detection and referral in situations of gender-based violence from a nursing perspective, describing key elements of assessment, communication, coordination, and follow-up.

Methodology: An applied quality improvement analysis is presented, based on a conceptual review of the problem, identification of vulnerable points in the care process, and organization of an intervention strategy transferable to different healthcare settings. Clinical prudence, person-centred care, continuity of care, and protection against immediate and delayed risks are incorporated.

Results: The proposed strategy is organized around five core components: context-sensitive detection; nursing interview under conditions of privacy and safety; comprehensive biopsychosocial risk assessment; coordinated referral according to healthcare, social, and protection needs; and planned follow-up. Common barriers, organizational facilitators, and qualitative and operational indicators for process monitoring are described.

Discussion/Conclusions: Improving the nursing response to gender-based violence depends not only on individual ability to identify warning signs but also on the availability of safe environments, specific training, and functional referral pathways. A prudent, non-revictimizing, and coordinated approach may contribute to greater safety, therapeutic trust, and continuity of care.

Introducción

La violencia de género atraviesa la salud de las mujeres de forma compleja y, con frecuencia, poco visible. Sus manifestaciones pueden aparecer como lesiones, dolor persistente, alteraciones del sueño, ansiedad, síntomas depresivos, consumo problemático de sustancias, dificultades reproductivas, somatizaciones o consultas repetidas por motivos aparentemente no relacionados entre sí. Esta heterogeneidad obliga a evitar enfoques reduccionistas. En el ámbito sanitario, y particularmente en Enfermería, la sospecha clínica suele emerger a partir de la combinación de signos físicos, cambios conductuales, relatos ambiguos, evitación de respuestas, presencia controladora de la pareja o una demanda asistencial fragmentada.

La práctica enfermera dispone de atributos especialmente valiosos para el abordaje de estas situaciones: accesibilidad, longitudinalidad, proximidad relacional, capacidad de observación y experiencia en valoración integral. La relación enfermera-paciente puede facilitar que la mujer exprese experiencias de violencia cuando percibe escucha, ausencia de juicio y confidencialidad. Sin embargo, esa posibilidad no siempre se traduce en una intervención segura. La falta de tiempo, la incomodidad profesional, la incertidumbre sobre cómo preguntar, la escasa formación específica o la desarticulación entre recursos sanitarios y sociales pueden convertir la detección en un proceso incompleto o incluso arriesgado.

La seguridad en este ámbito tiene un significado amplio. No se limita a prevenir daños derivados de una actuación clínica inadecuada, sino que incluye evitar la exposición de la mujer a nuevas situaciones de riesgo, proteger la confidencialidad, reducir la revictimización y asegurar una derivación útil, comprensible y proporcionada. Un interrogatorio precipitado en presencia de acompañantes, un registro clínico poco cuidadoso, una derivación difusa o la ausencia de seguimiento pueden tener consecuencias relevantes. Por ello, la respuesta enfermera ha de situarse dentro de una lógica de mejora de calidad, donde el proceso asistencial se analiza, se ordena y se evalúa.

En este contexto, plantear una estrategia segura de detección y derivación supone ir más allá del mero reconocimiento del problema. Implica definir condiciones mínimas de privacidad, criterios de sospecha, pautas de comunicación terapéutica, mecanismos de coordinación y formas de seguimiento adaptadas al contexto clínico. También exige reconocer que no todas las mujeres se encuentran en el mismo momento del proceso: algunas no verbalizan la violencia, otras solicitan ayuda de forma directa y otras priorizan la protección de sus hijos, la estabilidad económica o la prevención de represalias inmediatas. La intervención enfermera, por tanto, debe individualizarse y sostenerse en una actitud prudente, respetuosa y centrada en la seguridad.

Objetivos

El objetivo general es diseñar una propuesta de mejora de calidad orientada a la detección y derivación seguras en violencia de género desde la práctica enfermera, aplicable a distintos niveles asistenciales y compatible con la continuidad de cuidados.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Identificar los elementos del proceso asistencial que pueden favorecer o comprometer la seguridad de la mujer durante la detección inicial.
  • Describir componentes de la entrevista enfermera que faciliten una comunicación terapéutica no coercitiva, confidencial y libre de revictimización.
  • Ordenar una valoración integral que contemple dimensiones físicas, emocionales, sociales y de seguridad inmediata.
  • Definir una secuencia de derivación coordinada según necesidades sanitarias, psicosociales y de protección, evitando respuestas fragmentadas.
  • Proponer indicadores de seguimiento útiles para monitorizar la implantación de la estrategia y orientar mejoras posteriores.
  • Precisar el papel de Enfermería en la continuidad asistencial, la documentación clínica y la coordinación interprofesional.

Metodología

Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad y seguridad del paciente basada en el análisis del recorrido asistencial de una mujer con sospecha o confirmación de violencia de género en contacto con Enfermería. El enfoque es eminentemente práctico y se orienta a identificar puntos críticos del proceso en los que una intervención enfermera organizada puede reducir daños, mejorar la accesibilidad a recursos y favorecer la continuidad de cuidados.

La metodología se estructura en cuatro planos. En primer lugar, se delimita el problema asistencial: la detección puede producirse de forma tardía, desigual o insegura cuando no existen condiciones apropiadas para la entrevista, cuando el profesional no dispone de herramientas comunicativas o cuando la derivación se realiza sin un circuito claro. En segundo lugar, se analizan dimensiones centrales para la seguridad clínica: privacidad, confidencialidad, adecuación del registro, valoración del riesgo, coordinación entre dispositivos y seguimiento posterior. En tercer lugar, se organizan acciones de mejora vinculadas a la práctica enfermera habitual. Finalmente, se proponen indicadores de proceso y de calidad percibida que permitan revisar la implantación en cada entorno.

La propuesta está pensada para consultas de atención primaria, urgencias, hospitalización, salud mental, atención comunitaria y otros dispositivos sanitarios donde Enfermería mantiene contacto directo con mujeres adultas. Su aplicación requiere adaptación al protocolo interno de cada centro, a la disponibilidad de recursos locales y a la normativa vigente en materia de protección, documentación y coordinación sociosanitaria. No se plantea como protocolo universal cerrado, sino como una estructura operativa susceptible de contextualización.

Los criterios que orientan la estrategia son los siguientes:

  • Priorizar la seguridad inmediata y diferida de la mujer y, cuando proceda, de las personas dependientes a su cargo.
  • Preservar la autonomía y el ritmo de la paciente en la comunicación, evitando presiones para revelar información no deseada.
  • Realizar una valoración integral, no limitada al daño físico visible.
  • Documentar de forma objetiva, clara y clínicamente útil.
  • Coordinar la derivación con recursos sanitarios, sociales y de apoyo disponibles según la necesidad detectada.
  • Incorporar seguimiento enfermero cuando la situación clínica o psicosocial lo aconseje.

Desde el punto de vista de mejora de calidad, se consideran especialmente sensibles los momentos de acogida, entrevista, valoración del riesgo, toma de decisiones compartida, derivación efectiva y reevaluación. Cada uno de estos momentos puede ser objeto de estandarización prudente mediante recordatorios operativos, formación, herramientas de apoyo y revisión periódica de incidencias.

Resultados

Problema asistencial y puntos críticos del proceso

El análisis del proceso muestra que la atención a la violencia de género suele verse comprometida por fallos organizativos más que por una única carencia profesional. Un primer punto crítico aparece en la detección inespecífica: lesiones repetidas, síntomas de ansiedad, consultas frecuentes o conductas de hipervigilancia pueden ser atendidos de manera fragmentada si no se integra una mirada relacional y contextual. Otro punto vulnerable se sitúa en la falta de privacidad. Cuando la mujer acude acompañada por la pareja o por otra persona que condiciona la entrevista, la posibilidad de explorar la situación disminuye y puede aumentar el riesgo si se formulan preguntas directas sin garantías.

También son problemáticos los registros ambiguos o excesivamente interpretativos. La documentación enfermera requiere lenguaje objetivo, descripción de hallazgos y relato recogido con precisión clínica, evitando juicios o conjeturas. Finalmente, la derivación puede fallar si se limita a una recomendación verbal inespecífica, si no se verifica la comprensión de la mujer o si no existe coordinación real con trabajo social, salud mental, medicina, recursos de urgencia o dispositivos de apoyo especializados.

Eje 1. Detección sensible al contexto

La detección segura parte de una actitud clínica atenta, no invasiva y sostenida en el tiempo. No todas las mujeres expresan de manera explícita la violencia; en muchos casos, la sospecha surge por acumulación de indicios. Entre ellos pueden encontrarse lesiones con explicaciones poco consistentes, demora en la solicitud de asistencia, miedo visible, retraimiento, escasa capacidad de decisión, ansiedad persistente, síntomas de trauma psicológico o dificultades para mantener contacto visual en presencia del acompañante.

La propuesta de mejora recomienda incorporar preguntas exploratorias cuando existan señales de sospecha y las condiciones sean adecuadas. Estas preguntas deben formularse en un entorno privado, con lenguaje claro, sin culpabilizar y sin exigir una revelación completa. Resulta más seguro avanzar desde lo general hacia lo específico, validando el malestar expresado por la mujer y mostrando disponibilidad para escuchar. El objetivo inicial no es obtener un relato exhaustivo, sino abrir una posibilidad de comunicación y valorar necesidades inmediatas.

La accesibilidad de Enfermería favorece oportunidades repetidas de detección. Por ello, la estrategia propone asumir que la identificación puede ser progresiva y que una primera negativa no invalida la sospecha clínica. Mantener una actitud receptiva, registrar adecuadamente y ofrecer nuevas oportunidades de conversación puede ser más útil que insistir en un único contacto.

Eje 2. Entrevista enfermera en condiciones de privacidad y seguridad

La entrevista constituye el núcleo de la intervención inicial. Para que sea segura, debe realizarse sin acompañantes, en un espacio que proteja la intimidad y con tiempo suficiente para una escucha no apresurada. Cuando la presencia de otra persona impide la entrevista individual, puede ser necesario utilizar motivos asistenciales neutros para separar temporalmente a la mujer del acompañante. Esta decisión debe manejarse con cautela y en función del contexto.

La comunicación terapéutica incluye acogida emocional, validación y respeto al ritmo de la paciente. Son preferibles expresiones que reconozcan el sufrimiento sin imponer interpretaciones. La enfermera puede explorar cómo se siente, si se siente segura en su domicilio, si alguien la controla o amenaza, o si teme volver a casa. Del mismo modo, debe evitarse cualquier formulación que sugiera culpabilidad, incredulidad o minimización de los hechos.

Cuando la mujer verbaliza violencia, la prioridad inmediata es valorar el riesgo actual y las necesidades clínicas urgentes. Si no desea continuar hablando, conviene preservar la alianza terapéutica, dejar abierta la posibilidad de un contacto posterior y facilitar información de ayuda de manera discreta, siempre que ello no suponga aumentar su exposición.

Eje 3. Valoración integral del riesgo biopsicosocial

La valoración enfermera no debe limitarse a identificar la existencia de violencia. Resulta necesario estimar la situación global de seguridad y vulnerabilidad. Esta valoración puede incluir lesiones o dolor actual, estado emocional, signos de miedo intenso, alteraciones del sueño, ideación autolesiva, dependencia económica, aislamiento social, presencia de menores o personas dependientes, control por parte de la pareja y disponibilidad de apoyos. La coexistencia de trauma psicológico y síntomas de salud mental exige una aproximación prudente, evitando atribuir toda la clínica a una sola causa y valorando la necesidad de atención específica.

Desde la perspectiva de seguridad del paciente, algunos elementos requieren especial atención: amenazas recientes, incremento de la violencia, acceso del agresor a la localización de la mujer, imposibilidad de regresar a un entorno seguro y ausencia de red de apoyo inmediata. La estrategia propone que estos aspectos formen parte de una valoración sistemática, no necesariamente mediante herramientas complejas, sino a través de preguntas clave integradas en la entrevista clínica.

La documentación del riesgo debe ser clara y útil para la continuidad asistencial. Es recomendable registrar hechos referidos, manifestaciones observadas, decisiones adoptadas y recursos activados. Un registro clínico riguroso mejora la coordinación entre profesionales y reduce la posibilidad de que la mujer tenga que repetir su relato en cada contacto.

Eje 4. Derivación coordinada y efectiva

La derivación segura no consiste solo en indicar un recurso. Implica conectar a la mujer con el dispositivo más adecuado según su situación clínica, emocional y social, confirmando que comprende la propuesta y valorando barreras para acceder a ella. Dependiendo del caso, la respuesta puede incluir atención médica inmediata, intervención de trabajo social sanitario, apoyo psicológico o de salud mental, recursos sociales de emergencia, asesoramiento jurídico o activación de mecanismos de protección previstos en el entorno asistencial.

La enfermera desempeña un papel de enlace. Puede facilitar la transición entre niveles asistenciales, comunicar información relevante al equipo receptor y ayudar a priorizar las necesidades más urgentes. En situaciones de especial vulnerabilidad, resulta útil evitar derivaciones meramente nominales y promover contactos efectivos dentro del mismo episodio asistencial, siempre que el contexto lo permita.

Una derivación de calidad requiere además considerar cuestiones prácticas: disponibilidad horaria del recurso, posibilidad real de desplazamiento, seguridad del contacto telefónico, comprensión del plan por parte de la mujer y necesidad de acompañamiento profesional o institucional. Si la paciente no desea aceptar la derivación en ese momento, la actuación enfermera puede centrarse en reforzar la información, acordar un nuevo contacto y mantener abierta la puerta de entrada al sistema.

Eje 5. Seguimiento y continuidad de cuidados

La mejora del proceso pierde consistencia cuando no existe seguimiento. La violencia de género rara vez se resuelve en un único encuentro y la disposición de la mujer para aceptar ayuda puede variar con el tiempo. Por ello, la estrategia incorpora reevaluación enfermera, revisión del estado emocional, confirmación del acceso a recursos derivados y actualización de la situación de seguridad. Este seguimiento puede desarrollarse en consulta, durante contactos programados o mediante coordinación con otros dispositivos asistenciales, según las posibilidades del centro.

La continuidad de cuidados contribuye a disminuir la sensación de desamparo y permite detectar cambios relevantes, como agravamiento del riesgo, dificultades de adherencia al plan o nuevas necesidades de apoyo psicosocial. También fortalece la relación terapéutica, un elemento especialmente valioso cuando la mujer ha experimentado control, intimidación o deslegitimación de su relato.

Rol específico de Enfermería

El papel enfermero en esta estrategia abarca funciones clínicas, relacionales y organizativas. En el plano clínico, destaca la valoración integral y la identificación temprana de signos de alarma. En el plano relacional, resulta central la creación de un espacio de escucha segura, libre de juicio y respetuoso con la autonomía de la mujer. En el plano organizativo, Enfermería puede contribuir a ordenar circuitos, mejorar la documentación, detectar fallos de coordinación y participar en actividades de formación interna.

La posición de Enfermería en distintos niveles del sistema facilita además una visión longitudinal del problema. Esta continuidad permite reconocer patrones de consulta, cambios en la conducta y necesidades persistentes que podrían pasar desapercibidos en contactos asistenciales aislados. Desde esa perspectiva, la enfermera no se limita a derivar, sino que articula el acompañamiento clínico y la conexión con la red de apoyo.

Barreras y facilitadores para la implantación

Entre las barreras más frecuentes se encuentran la falta de formación específica, la inseguridad comunicativa, la escasez de espacios privados, la presión asistencial, la rotación de profesionales y la incertidumbre sobre recursos disponibles. También pueden influir creencias erróneas sobre el perfil de las víctimas, temores a “invadir” la intimidad o la tendencia a posponer la exploración ante motivos de consulta aparentemente banales.

Como facilitadores destacan la existencia de circuitos internos claros, materiales de apoyo accesibles, formación centrada en entrevista y seguridad, coordinación con trabajo social y salud mental, y liderazgo clínico de referentes en el equipo. La inclusión del tema en sesiones formativas, protocolos operativos y procesos de acogida profesional puede favorecer una respuesta más homogénea. Asimismo, disponer de información actualizada sobre recursos comunitarios y de protección mejora la utilidad de la derivación.

Indicadores de seguimiento de la mejora

La evaluación de la estrategia puede apoyarse en indicadores de proceso y de calidad asistencial sin necesidad de recurrir a objetivos cuantitativos rígidos. Entre los indicadores útiles se incluyen: existencia de circuito escrito de detección y derivación; disponibilidad de espacios de entrevista privada; registro de valoración de seguridad en los casos detectados; constancia documental de la derivación realizada; comunicación efectiva con recursos receptores cuando proceda; y planificación de seguimiento enfermero.

También pueden considerarse indicadores cualitativos, como la percepción profesional de competencia, la consistencia del registro clínico, la identificación de incidentes relacionados con falta de privacidad o problemas de coordinación, y la experiencia de continuidad asistencial observada en la práctica. La revisión periódica de casos y de incidencias organizativas permite ajustar la estrategia sin reducirla a un mero cumplimiento formal.

Discusión/Conclusiones

La violencia de género interpela a Enfermería en un terreno donde la competencia técnica debe integrarse con sensibilidad relacional, prudencia clínica y responsabilidad organizativa. Detectar no equivale a resolver, y derivar no garantiza por sí mismo protección ni continuidad. La calidad de la respuesta depende de cómo se desarrolla todo el proceso: desde la acogida inicial hasta el seguimiento posterior. Cuando la intervención se produce sin privacidad, con registros imprecisos o mediante derivaciones poco operativas, el sistema sanitario corre el riesgo de convertirse en un escenario adicional de desprotección.

La propuesta desarrollada sitúa la seguridad como eje transversal. Esta seguridad incluye la del acto clínico, la del entorno comunicativo y la del itinerario asistencial. Desde esta perspectiva, la práctica enfermera puede contribuir a reducir la revictimización, mejorar la detección de necesidades ocultas y facilitar decisiones compartidas más realistas. El valor añadido de Enfermería reside en su capacidad para sostener la relación, observar la evolución y conectar recursos desde una mirada integral.

La implantación de una estrategia de este tipo requiere adaptación local. No todos los dispositivos disponen de la misma estructura, el mismo grado de coordinación ni los mismos recursos comunitarios. Por ello, cualquier circuito debe ser revisado según el ámbito asistencial, la accesibilidad a apoyo psicosocial y los procedimientos vigentes del centro. Aun así, existen elementos comunes difícilmente renunciables: entrevista en privacidad, escucha no culpabilizadora, valoración de la seguridad, documentación clínica rigurosa, derivación efectiva y seguimiento.

Otro aspecto relevante es la formación. La mejora no depende únicamente de conocer definiciones o recursos, sino de desarrollar habilidades para preguntar, contener emocionalmente, valorar el riesgo y manejar la incertidumbre. La formación continuada, especialmente cuando incorpora análisis de casos, simulación comunicativa y revisión de circuitos internos, puede favorecer una respuesta más segura y menos variable entre profesionales.

En síntesis, una estrategia segura de detección y derivación en violencia de género debe entenderse como un proceso asistencial integrado y no como una actuación puntual. La práctica enfermera, bien apoyada por la organización, puede desempeñar un papel decisivo en la identificación temprana, la protección de la mujer y la articulación de una continuidad de cuidados respetuosa, útil y clínicamente responsable.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

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