Guía de actuación para prevención y manejo inicial del delirium en pacientes mayores ingresados

Action guide for prevention and initial management of delirium in older hospitalized patients

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:131

Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero

Fecha recepción: 17/06/26

Fecha aceptación: 21/07/26

Fecha de publicación: 27/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):131

Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Protocolos clínicos; Atención hospitalaria; Delirio; Anciano frágil; Seguridad del paciente; Orientación; Intervenciones de Enfermería; Hospitalización; Planificación de cuidados; Infecciones respiratorias

Keywords: Clinical Protocols; Hospital Care; Delirium; Frail Elderly; Patient Safety; Orientation; Nursing Interventions; Hospitalization; Patient Care Planning; Respiratory Tract Infections

Resumen

Introducción: El delirium constituye una alteración aguda de la atención, la conciencia y la cognición que aparece con frecuencia en personas mayores hospitalizadas, especialmente cuando concurren fragilidad, infección, inmovilidad, deterioro sensorial, polifarmacia o cambios bruscos del entorno. Su presencia se asocia a complicaciones asistenciales relevantes y exige una respuesta clínica precoz, estructurada y centrada en la seguridad del paciente.

Objetivos: Proponer una guía de actuación enfermera para la prevención y el manejo inicial del delirium en pacientes mayores ingresados, orientada a la detección precoz, la reducción de factores precipitantes, la preservación de la funcionalidad y la coordinación con el equipo interdisciplinar.

Metodología: Se desarrolla una guía práctica de intervención de aplicación hospitalaria basada en el proceso de valoración enfermera, la identificación de factores predisponentes y precipitantes, la priorización de medidas no farmacológicas y la definición de criterios de seguimiento clínico y de seguridad.

Resultados: La propuesta organiza la actuación en cuatro áreas: identificación de pacientes de riesgo, valoración inicial ante cambios conductuales o cognitivos, intervención enfermera inmediata y reevaluación continuada. Se incluyen medidas de orientación, control ambiental, higiene del sueño, movilización, hidratación, manejo del dolor, revisión de dispositivos, detección de retención urinaria o estreñimiento, vigilancia de la oxigenación y comunicación con familia y equipo asistencial. Se subraya la importancia de considerar infecciones respiratorias y otros procesos agudos como posibles desencadenantes.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero del delirium debe integrarse en la atención hospitalaria ordinaria y adaptarse a la complejidad clínica de cada persona mayor. Una actuación sistemática puede contribuir a disminuir situaciones de riesgo, mejorar la detección precoz y favorecer cuidados más seguros y humanizados, siempre en coordinación con los protocolos vigentes de cada centro.

Abstract

Introduction: Delirium is an acute disturbance of attention, awareness and cognition that frequently affects older hospitalized patients, particularly in the presence of frailty, infection, immobility, sensory impairment, polypharmacy or abrupt environmental changes. Its occurrence is associated with relevant care-related complications and requires an early, structured and patient-safety-oriented response.

Objectives: To provide a nursing action guide for the prevention and early management of delirium in hospitalized older adults, focused on early recognition, reduction of precipitating factors, preservation of function and coordination with the interdisciplinary team.

Methodology: A practical hospital-based intervention guide is presented, grounded in nursing assessment, identification of predisposing and precipitating factors, prioritization of non-pharmacological measures and definition of clinical monitoring and safety criteria.

Results: The proposal is organized into four areas: identification of high-risk patients, initial assessment when behavioral or cognitive changes appear, immediate nursing interventions and ongoing reassessment. It includes orientation strategies, environmental regulation, sleep promotion, mobilization, hydration, pain management, review of devices, detection of urinary retention or constipation, monitoring of oxygenation and communication with relatives and the care team. Respiratory tract infections and other acute conditions are considered potential triggers.

Discussion/Conclusions: Nursing management of delirium should be integrated into routine hospital care and adjusted to the clinical complexity of each older person. A systematic approach may help reduce risk situations, improve early detection and support safer, more humane care, always in accordance with local protocols.

Introducción

El delirium, también denominado síndrome confusional agudo en la práctica clínica, representa uno de los problemas más relevantes en la hospitalización de personas mayores. Se caracteriza por un inicio agudo o subagudo, curso fluctuante y alteración de la atención, del nivel de conciencia o de otras funciones cognitivas. Su expresión clínica es heterogénea: puede manifestarse con agitación, desorientación y conducta disruptiva, pero también con somnolencia, apatía, lentitud psicomotriz o retraimiento. Esta variabilidad favorece el infradiagnóstico, especialmente cuando predomina la forma hipoactiva.

En el paciente mayor ingresado, el delirium rara vez obedece a una única causa. Suele aparecer por la interacción entre una vulnerabilidad previa y un desencadenante agudo. La fragilidad, el deterioro cognitivo previo, los déficits visuales o auditivos, la dependencia funcional, la desnutrición, la inmovilidad y la polifarmacia aumentan la susceptibilidad. Sobre este terreno pueden actuar factores precipitantes propios del ingreso, como infección, insuficiente control del dolor, hipoxemia, deshidratación, cambios del entorno, privación de sueño, procedimientos invasivos, retención urinaria, estreñimiento o determinados tratamientos.

Desde la perspectiva enfermera, el delirium tiene una especial trascendencia porque afecta a la seguridad, a la comunicación terapéutica, al descanso, a la movilidad y a la capacidad del paciente para participar en sus cuidados. Además, incrementa la probabilidad de caídas, autoarranque de dispositivos, rechazo de tratamientos y deterioro funcional durante la estancia. Su aparición obliga a diferenciar una alteración aguda de una situación basal previa, detectar causas reversibles y establecer medidas de contención terapéutica no farmacológica en un margen temporal breve.

La enfermera ocupa una posición central en esta detección precoz. Su presencia continuada junto al paciente permite identificar cambios sutiles en el comportamiento, en la atención o en la interacción con el entorno antes de que la alteración se exprese de manera evidente. También facilita integrar información procedente de la familia o de cuidadores habituales, esencial para distinguir la situación habitual de la nueva. Por ello, disponer de una guía de actuación orientativa resulta útil para homogeneizar la respuesta clínica, favorecer la continuidad de cuidados y reducir la variabilidad asistencial.

El interés de este abordaje es todavía mayor cuando el ingreso se produce por procesos agudos frecuentes en personas mayores, incluidas las infecciones respiratorias. En estos cuadros pueden coexistir fiebre, hipoxemia, fatiga, cambios del patrón del sueño, aislamiento, limitación de la movilidad y administración de múltiples tratamientos, todos ellos elementos que pueden contribuir al desarrollo o agravamiento del delirium. La intervención enfermera debe contemplar esta complejidad y situar la valoración cognitiva y conductual al mismo nivel que la vigilancia de otros parámetros clínicos.

Objetivos

El objetivo general es ofrecer una guía de actuación enfermera para la prevención y el manejo inicial del delirium en pacientes mayores ingresados, aplicable al ámbito hospitalario y orientada a la seguridad clínica.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Identificar factores de vulnerabilidad y precipitantes frecuentes en personas mayores hospitalizadas.
  • Describir una valoración inicial estructurada ante la sospecha de delirium o ante cambios agudos en la conducta, la atención o el nivel de alerta.
  • Priorizar intervenciones enfermeras no farmacológicas dirigidas a reducir factores modificables y a sostener la orientación, el confort y la funcionalidad.
  • Delimitar criterios básicos de monitorización, reevaluación y comunicación con el equipo interdisciplinar.
  • Favorecer una práctica asistencial prudente, adaptable a la situación clínica individual y a los procedimientos propios de cada centro.

Metodología

Se presenta una guía de intervención de carácter práctico elaborada a partir del proceso de Enfermería y del conocimiento clínico habitualmente aceptado sobre el delirium en personas mayores hospitalizadas. El planteamiento se orienta a unidades de hospitalización de adultos en las que la enfermera participa de forma continuada en la valoración, vigilancia y coordinación de cuidados.

La guía se estructura en torno a cuatro momentos asistenciales: detección del riesgo al ingreso o durante la estancia, valoración inicial ante cambios sugestivos, aplicación de medidas inmediatas de prevención o contención terapéutica no farmacológica y seguimiento evolutivo. Este enfoque pretende ser operativo y compatible con la práctica diaria, sin sustituir los protocolos locales ni las decisiones clínicas del equipo responsable.

Para la valoración se consideran datos de observación directa, entrevista con paciente y familia, revisión de antecedentes relevantes, análisis de factores desencadenantes y registro evolutivo de la situación funcional y cognitiva. La propuesta no se formula como protocolo universal cerrado; debe individualizarse según el motivo de ingreso, el estado basal, el nivel de fragilidad, la presencia de infección u otras complicaciones, y la organización asistencial de cada unidad.

El documento pone el acento en medidas no farmacológicas por ser las que con mayor frecuencia recaen en la competencia enfermera y porque su implementación precoz puede mejorar el entorno terapéutico y disminuir estímulos desorganizadores. Cuando existan signos de gravedad, alteración clínica aguda o riesgo inminente para el paciente o terceros, la actuación debe integrarse de inmediato con la valoración médica y las medidas de seguridad establecidas en el centro.

Resultados

Identificación del paciente de riesgo

La prevención comienza con la detección de personas con mayor susceptibilidad. Conviene prestar especial atención a pacientes de edad avanzada con fragilidad, antecedentes de deterioro cognitivo o episodios previos de confusión aguda, dependencia para actividades básicas, problemas de visión o audición, inmovilidad, deshidratación, malnutrición, consumo de múltiples fármacos o ingreso por proceso infeccioso, respiratorio o quirúrgico.

La valoración inicial de Enfermería debe recoger, además del motivo de ingreso, el estado funcional previo, el patrón habitual de sueño, la continencia, la existencia de dolor, la capacidad para orientarse y comunicarse y el grado de apoyo familiar. Disponer de esta información permite detectar con mayor rapidez cambios agudos respecto a la situación basal y ajustar medidas preventivas desde las primeras horas de hospitalización.

En pacientes de alto riesgo es recomendable incorporar de manera temprana intervenciones sencillas: presentación frecuente del profesional, recordatorio del lugar y del motivo del ingreso, uso de reloj y calendario visibles, acceso a gafas y audífonos si los utilizan habitualmente, adecuación de la iluminación y reducción de interrupciones nocturnas evitables. Estas actuaciones, aunque aparentemente básicas, forman parte de una estrategia global de preservación cognitiva.

Valoración inicial ante sospecha de delirium

La sospecha suele surgir cuando aparece desorientación repentina, fluctuación del estado mental, dificultad para mantener la atención, inversión del ritmo sueño-vigilia, discurso incoherente, irritabilidad, enlentecimiento inusual o rechazo inesperado a la alimentación y a los cuidados. La observación enfermera debe incluir no solo lo que el paciente dice, sino cómo se relaciona con el entorno, si reconoce a las personas, si sigue instrucciones sencillas y si su nivel de alerta cambia a lo largo del turno.

En esta fase es prioritario determinar si se trata de un cambio agudo con respecto a la situación habitual. La información aportada por familiares o cuidadores resulta especialmente valiosa, ya que ayuda a diferenciar delirium, demencia previa, depresión, fatiga intensa o efectos secundarios de medicación. La coexistencia de deterioro cognitivo previo no excluye delirium; al contrario, puede aumentar la susceptibilidad y dificultar el reconocimiento.

La valoración inicial debe orientarse a identificar causas potencialmente reversibles y problemas de seguridad inmediatos. Resulta pertinente revisar la presencia de fiebre o infección, dificultad respiratoria, signos de hipoxemia, dolor mal controlado, retención urinaria, estreñimiento, inmovilidad prolongada, privación de sueño, ayuno, escasa ingesta hídrica, cambios recientes de medicación y existencia de sondas, vías, oxigenoterapia u otros dispositivos que puedan generar malestar o favorecer la agitación. También es necesario valorar riesgo de caídas, de deambulación insegura y de retirada accidental de dispositivos.

El registro debe ser claro, cronológico y descriptivo. Es preferible consignar conductas observables y cambios respecto al estado previo antes que etiquetas inespecíficas. Expresiones como “se muestra desatento”, “no mantiene el hilo de la conversación”, “invierte el ciclo sueño-vigilia” o “presenta fluctuaciones del nivel de alerta durante el turno” facilitan la comunicación clínica y la continuidad asistencial.

Intervenciones enfermeras inmediatas

Una vez detectada la sospecha, el primer objetivo es crear un entorno más seguro y menos desorganizador. La aproximación debe ser calmada, con instrucciones breves, tono de voz sereno y contacto terapéutico respetuoso. Conviene evitar confrontaciones, discusiones sobre ideas erróneas o sobreestimulación verbal. La reorientación frecuente, sencilla y repetida puede resultar útil cuando el paciente tolera la interacción y no aumenta su ansiedad.

La habitación debe favorecer la orientación espacial y temporal. Siempre que sea posible, se recomienda mantener objetos conocidos, luz diurna durante el día, penumbra adecuada por la noche y reducción de ruidos innecesarios. La continuidad de cuidadores y profesionales, cuando la organización lo permita, puede disminuir la desorganización. Cambios frecuentes de habitación o interrupciones nocturnas no imprescindibles deberían minimizarse.

La movilización precoz y la prevención del encamamiento mantenido forman parte del manejo inicial. Permanecer inmóvil durante largos periodos favorece pérdida funcional, alteraciones del sueño y mayor desorientación. La enfermera debe valorar la tolerancia a sedestación, cambios posturales, marcha asistida o ejercicios simples, coordinando estas medidas con fisioterapia si procede y con el nivel de estabilidad clínica del paciente.

La hidratación y la nutrición requieren seguimiento estrecho. El delirium puede acompañarse de disminución de la ingesta, dificultad para usar cubiertos, somnolencia o rechazo intermitente de alimentos. Es útil fraccionar las tomas, ofrecer ayuda durante la comida, vigilar signos de disfagia cuando existan y registrar de forma evolutiva la ingesta real. La sequedad de mucosas, el ayuno prolongado o la descompensación metabólica pueden actuar como factores agravantes.

El manejo del dolor debe formar parte de la valoración continuada. En personas mayores, el dolor no siempre se verbaliza con claridad y puede expresarse mediante inquietud, resistencia a la movilización o cambios de conducta. La revisión de analgesia pautada, la identificación de procedimientos dolorosos y el uso de medidas de confort complementarias pueden contribuir a reducir respuestas confusionales o de agitación.

Otro aspecto esencial es la revisión sistemática de factores físicos desencadenantes. Debe valorarse si existe globo vesical, estreñimiento, incomodidad por dispositivos, hipoglucemia, necesidad de higiene, ropa mojada, temperatura ambiental inadecuada o privación sensorial por ausencia de gafas o audífonos. En pacientes ingresados por infección respiratoria o cuadro pulmonar agudo, la vigilancia de la saturación de oxígeno, del trabajo respiratorio y de la tolerancia a la oxigenoterapia cobra especial relevancia, ya que la hipoxemia puede contribuir a la alteración del estado mental.

La participación de la familia o de la persona cuidadora habitual suele ser de utilidad cuando se maneja de manera ordenada. Pueden colaborar en la reorientación, aportar información sobre hábitos, facilitar objetos conocidos y tranquilizar al paciente. También conviene explicarles la naturaleza fluctuante del cuadro y la necesidad de mantener una comunicación calmada y sencilla para evitar incrementos de estímulo o ansiedad.

Seguridad del paciente y contención terapéutica

La seguridad debe abordarse sin recurrir de forma automática a medidas restrictivas. Ante riesgo de caída o de retirada de dispositivos, resulta preferible intensificar la supervisión, acercar el timbre, ajustar la cama a posición baja, despejar obstáculos, acompañar al baño, revisar la necesidad real de sondas y mantener una observación más frecuente. La restricción física puede aumentar el miedo, la agitación y las lesiones, por lo que su eventual uso exige valoración clínica, indicación conforme a normativa y aplicación proporcional al riesgo.

En caso de agitación intensa, conducta no colaboradora o alteración grave del juicio, la prioridad es descartar causas orgánicas inmediatas y proteger al paciente. El abordaje debe ser interdisciplinar, con comunicación precoz al equipo médico, especialmente si existe compromiso respiratorio, fiebre, deterioro hemodinámico, disminución marcada del nivel de conciencia o imposibilidad para administrar cuidados esenciales. La enfermera, además de contener el entorno, aporta datos clave sobre inicio, fluctuación, desencadenantes y respuesta a intervenciones previas.

Comunicación clínica y continuidad de cuidados

La evolución del delirium puede cambiar en pocas horas, por lo que la transmisión de información entre turnos es determinante. Deben comunicarse el estado basal conocido, las variaciones observadas, los factores precipitantes sospechados, las medidas aplicadas y la respuesta obtenida. Un registro incompleto favorece interpretaciones erróneas, repeticiones innecesarias y pérdida de oportunidades terapéuticas.

La coordinación con medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, trabajo social o farmacia, según disponibilidad del centro, enriquece el abordaje. La revisión de tratamientos, la adecuación de ayudas técnicas, la planificación de movilización y la preparación del alta requieren una visión conjunta. Si el episodio de delirium persiste o deja secuelas funcionales, conviene anticipar necesidades de apoyo, educación a la familia y seguimiento posterior.

Criterios de reevaluación

La respuesta a las intervenciones debe reevaluarse de manera continuada. Son indicadores clínicos de interés la mejoría o empeoramiento de la atención, la capacidad para reconocer el entorno, la calidad del sueño, la tolerancia a la movilización, la ingesta, el nivel de cooperación con los cuidados y la disminución de conductas de riesgo. También debe reevaluarse si persisten posibles desencadenantes no corregidos o si aparecen nuevos factores durante la estancia.

La prevención no finaliza cuando se reduce la confusión aguda. Tras una mejoría inicial, el paciente mayor puede seguir siendo vulnerable a recaídas si se mantienen inmovilidad, privación de sueño, exceso de estímulos, infección no resuelta o cambios terapéuticos. Por ello, muchas medidas preventivas deben sostenerse hasta que la situación clínica se estabilice y se planifique una transición asistencial segura.

Discusión/Conclusiones

El delirium en personas mayores hospitalizadas no debe interpretarse como una reacción inespecífica propia de la edad ni como una alteración menor del comportamiento. Su presencia obliga a revisar de forma sistemática la situación clínica, el entorno de cuidados y la funcionalidad basal del paciente. Desde Enfermería, la principal fortaleza del abordaje reside en la observación continuada, en la capacidad para reconocer cambios tempranos y en la implantación de medidas no farmacológicas que pueden aplicarse con rapidez y sentido clínico.

La guía propuesta refuerza una idea práctica: muchas de las intervenciones con mayor valor preventivo forman parte del cuidado cotidiano bien organizado. Orientar, escuchar, regular el ambiente, favorecer el descanso, movilizar, hidratar, aliviar el dolor y revisar necesidades básicas no son acciones accesorias, sino componentes esenciales de la seguridad del paciente mayor. Este enfoque resulta particularmente relevante en ingresos complejos, como los asociados a infecciones respiratorias, donde la alteración del estado general y la carga de tratamientos pueden precipitar descompensaciones cognitivas.

Debe tenerse en cuenta que el delirium presenta gran heterogeneidad clínica. No todos los pacientes se muestran agitados ni todos se benefician de las mismas estrategias con igual intensidad. La forma hipoactiva exige una vigilancia especialmente cuidadosa porque puede pasar desapercibida tras una aparente tranquilidad. Del mismo modo, la coexistencia de demencia, depresión, enfermedad grave o dependencia funcional obliga a individualizar objetivos y expectativas de recuperación.

Esta propuesta no sustituye los procedimientos de cada institución ni las decisiones diagnósticas y terapéuticas del equipo responsable. Su utilidad reside en ofrecer un marco de actuación enfermera coherente, adaptable y centrado en prioridades asistenciales inmediatas. Integrar esta mirada en la práctica hospitalaria puede contribuir a una detección más temprana, a una atención más segura y a una mejor preservación de la dignidad y funcionalidad de las personas mayores ingresadas.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

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