Guía de detección de violencia de pareja durante el seguimiento del embarazo

Guide for detecting intimate partner violence during pregnancy follow-up

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:144

Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz

Fecha recepción: 27/06/26

Fecha aceptación: 23/07/26

Fecha de publicación: 29/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):144

Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Lactancia materna; Protocolos clínicos; Embarazo; Intervenciones de Enfermería; Puerperio; Enfermería obstétrica; Seguridad; Violencia de pareja; Cribado; Salud materno-infantil

Keywords: Breast Feeding; Clinical Protocols; Pregnancy; Nursing Interventions; Postpartum Period; Obstetric Nursing; Safety; Intimate Partner Violence; Mass Screening; Maternal-Child Health Services

Resumen

Introducción: La violencia de pareja durante el embarazo constituye un problema sanitario y social con repercusiones potenciales sobre la salud física, emocional y relacional de la gestante y sobre el bienestar materno-infantil. En el seguimiento prenatal, la enfermera puede ocupar una posición privilegiada para detectar indicadores de riesgo, favorecer la comunicación terapéutica y activar circuitos de protección y derivación adaptados al contexto asistencial.

Objetivos: Proponer una guía orientativa para la detección de violencia de pareja durante el seguimiento del embarazo, centrada en la valoración enfermera, la entrevista clínica, la seguridad de la mujer y la continuidad de cuidados en coordinación con otros profesionales.

Metodología: Se desarrolla una guía de intervención de carácter práctico a partir de un enfoque clínico-asistencial. El contenido se estructura en fases de valoración, cribado oportunista o sistemático según el entorno, entrevista en condiciones de privacidad, identificación de indicadores de sospecha, actuación ante revelación o sospecha no confirmada, registro, derivación y seguimiento durante embarazo y puerperio.

Resultados: La detección requiere integrar la observación clínica con una comunicación no juzgadora, respetuosa y centrada en la seguridad. La entrevista debe realizarse sin acompañantes, con lenguaje claro y validación emocional. La valoración incluye antecedentes, dinámica relacional, control coercitivo, síntomas físicos y psicológicos, apoyo social, riesgo actual y necesidades inmediatas. La intervención enfermera puede contribuir a disminuir barreras de revelación, mejorar la protección, facilitar recursos y sostener la adherencia al seguimiento obstétrico y posparto.

Discusión/Conclusiones: La detección de violencia de pareja en el embarazo no debe entenderse como un acto aislado, sino como un proceso longitudinal de cuidados. Su efectividad depende de la formación del equipo, la confidencialidad, la coordinación interprofesional y la adaptación a los protocolos vigentes del centro. Enfermería obstétrica y de atención materno-infantil desempeña un papel relevante en la identificación precoz, el acompañamiento y la continuidad asistencial.

Abstract

Introduction: Intimate partner violence during pregnancy is a health and social problem with potential consequences for the woman’s physical, emotional, and relational well-being, as well as for maternal-child health. During antenatal follow-up, nurses are in a strategic position to identify warning signs, promote therapeutic communication, and activate protection and referral pathways according to the clinical setting.

Objectives: To provide a practical nursing-oriented guide for the detection of intimate partner violence during pregnancy follow-up, focused on assessment, clinical interview, safety, and continuity of care in coordination with the multidisciplinary team.

Methodology: A practice-based intervention guide was developed using a clinical care approach. The content is organized into assessment, opportunistic or routine screening depending on the setting, private interview, identification of warning indicators, management of disclosure or unconfirmed suspicion, documentation, referral, and follow-up throughout pregnancy and the postpartum period.

Results: Detection requires combining clinical observation with non-judgmental, respectful, and safety-centered communication. The interview should be conducted without companions, using clear language and emotional validation. Assessment includes history, relationship dynamics, coercive control, physical and psychological symptoms, social support, current risk, and immediate needs. Nursing intervention may help reduce barriers to disclosure, improve protection, facilitate access to resources, and support adherence to antenatal and postpartum follow-up.

Discussion/Conclusions: Detection of intimate partner violence in pregnancy should not be considered a single act but a longitudinal care process. Its usefulness depends on staff training, confidentiality, interprofessional coordination, and adaptation to local protocols. Obstetric and maternal-child nursing has an important role in early identification, support, and continuity of care.

Introducción

La atención al embarazo incluye una dimensión clínica evidente, pero también una lectura integral de las condiciones en las que transcurre la gestación. Entre esas condiciones, la violencia ejercida por la pareja o expareja merece una atención específica por su asociación con daño físico, sufrimiento psíquico, aislamiento social, deterioro del autocuidado y dificultades para mantener un seguimiento prenatal estable. En muchos casos no se manifiesta de forma abierta en la primera consulta, y puede adoptar formas diversas: agresión física, coerción sexual, amenazas, humillación, control de movimientos, vigilancia digital, restricción económica o desvalorización sostenida.

El embarazo puede constituir un periodo de especial vulnerabilidad. Los cambios corporales, la dependencia económica, la reorganización del proyecto vital y la intensificación del vínculo con el sistema sanitario hacen que algunas situaciones se visibilicen por primera vez. También puede ser una etapa en la que la violencia se mantenga, se agrave o se exprese mediante mecanismos de control menos evidentes. Limitar la detección a lesiones visibles o a una agresión reciente deja fuera presentaciones frecuentes, especialmente aquellas dominadas por miedo, intimidación y sometimiento relacional.

Desde la perspectiva enfermera, la detección no se agota en formular preguntas. Requiere crear una relación terapéutica capaz de sostener la palabra de la mujer, identificar señales de alerta, valorar necesidades de seguridad y facilitar decisiones informadas sin imponer ritmos. La consulta prenatal y el seguimiento en puerperio permiten observar trayectorias, ausencias, cambios de comportamiento, patrones de ansiedad, dificultades para el descanso, síntomas somáticos persistentes o presencia constante de acompañantes que interfieren en la entrevista.

La práctica clínica muestra, además, que la revelación suele estar condicionada por barreras complejas: miedo a represalias, vergüenza, dependencia afectiva o económica, preocupación por los hijos, normalización del maltrato, desconfianza institucional o temor a perder el control sobre lo que ocurra tras la revelación. Por ello, el abordaje debe situarse en un marco de confidencialidad, respeto y prudencia. Un interrogatorio brusco o una reacción incrédula pueden cerrar la posibilidad de ayuda futura, mientras que una escucha validante puede abrir un proceso de protección progresiva.

En Enfermería obstétrica y materno-infantil resulta relevante disponer de orientaciones claras para integrar esta valoración en la práctica ordinaria sin convertirla en un protocolo rígido. La guía debe contemplar el cribado y la sospecha clínica, pero también la actuación ante la negativa inicial, la coexistencia de riesgo psicosocial, la coordinación con trabajo social, obstetricia, medicina de familia, salud mental o recursos especializados, y la continuidad durante el puerperio, momento en el que pueden persistir o reactivarse dinámicas de control.

Objetivos

El objetivo general de esta guía es orientar la detección de violencia de pareja durante el seguimiento del embarazo desde una perspectiva enfermera, centrada en la seguridad, la confidencialidad y la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean los siguientes:

  • Describir los elementos de valoración que pueden alertar sobre una posible situación de violencia durante la gestación.
  • Ordenar una secuencia de actuación enfermera aplicable a consultas prenatales, educación maternal, visitas domiciliarias o seguimiento posparto.
  • Precisar las condiciones básicas de la entrevista clínica para favorecer la revelación sin aumentar el riesgo para la mujer.
  • Definir líneas de actuación diferenciadas ante sospecha, confirmación verbal, riesgo inminente o ausencia de disposición para aceptar ayuda en ese momento.
  • Favorecer un registro clínico útil, respetuoso y acorde con la práctica asistencial.
  • Promover la coordinación con recursos sanitarios, sociales y de protección, según la organización y los circuitos del centro.
  • Incorporar el puerperio y la atención a la lactancia y al vínculo temprano como espacios de seguimiento y reevaluación.

Metodología

Se presenta una guía de intervención orientada a la práctica clínica habitual en el ámbito de la salud materno-infantil. Su planteamiento parte del proceso de atención enfermera, con énfasis en la valoración continuada, la identificación de necesidades, la planificación de actuaciones seguras y la coordinación interdisciplinar. No se propone como un protocolo universal cerrado, sino como una herramienta de apoyo para adaptar la actuación a la organización del centro, al nivel asistencial y a la situación concreta de cada mujer.

El ámbito de aplicación incluye consultas de seguimiento del embarazo, atención hospitalaria obstétrica, urgencias obstétricas, programas de educación maternal, puerperio y revisiones vinculadas a lactancia y adaptación familiar. La utilidad de la guía es mayor cuando existe sensibilidad institucional para abordar la violencia de género y se dispone de circuitos de derivación conocidos por el equipo. No obstante, incluso en entornos con recursos limitados, la entrevista privada, la escucha activa y el registro adecuado siguen siendo componentes básicos del cuidado.

La secuencia metodológica se articula en seis momentos asistenciales. El primero corresponde a la preparación del entorno, que exige privacidad real, ausencia de interrupciones y control de la presencia de acompañantes. El segundo es la valoración inicial, donde se combinan datos obstétricos, indicadores físicos, emocionales y sociales, y observación de la dinámica relacional. El tercero es la exploración dirigida mediante preguntas abiertas y, si procede, preguntas más específicas. El cuarto comprende la toma de decisiones clínicas según exista sospecha, revelación o riesgo inminente. El quinto incluye el registro, la información sobre recursos y la coordinación con otros dispositivos. El sexto consiste en el seguimiento longitudinal durante la gestación y después del parto.

La guía asume varios principios de actuación: credibilidad inicial ante el relato, respeto a la autonomía, evitación del juicio moral, minimización del riesgo, protección de la confidencialidad y adaptación cultural y comunicativa. También considera que la ausencia de revelación en una entrevista no excluye una situación de violencia, y que la repetición de oportunidades de consulta en un entorno seguro puede facilitar la identificación en momentos posteriores.

Resultados

Valoración inicial y condiciones de la entrevista

La detección comienza antes de formular preguntas directas. La enfermera observa si la mujer acude acompañada de una persona que responde por ella, controla la conversación, impide la exploración privada o muestra una vigilancia persistente. También debe atenderse a retrasos injustificados, incumplimiento reiterado de citas, cambios bruscos en el patrón de autocuidado, ansiedad intensa, llanto fácil, hipervigilancia, dificultad para explicar lesiones o somatizaciones recurrentes.

La entrevista debe realizarse a solas. Esta condición no es accesoria, sino una medida de seguridad. Puede integrarse de forma natural en la consulta, indicando que una parte de la valoración obstétrica o enfermera se lleva a cabo siempre de manera individual. Si existen barreras idiomáticas, conviene evitar el uso de la pareja como intérprete. El lenguaje debe ser claro, respetuoso y libre de expresiones culpabilizadoras. Resulta útil iniciar con preguntas sobre bienestar general, apoyo en el domicilio y percepción de seguridad, antes de avanzar hacia cuestiones más concretas.

Algunas formulaciones pueden favorecer la apertura: preguntar si se siente respetada en su relación, si alguien controla con quién habla o a dónde va, si ha sentido miedo en casa, o si en algún momento ha sido empujada, amenazada, forzada sexualmente o humillada. No se trata de un interrogatorio judicial, sino de una exploración clínica orientada a comprender el entorno de cuidados. La actitud de la profesional debe transmitir disponibilidad y ausencia de prisa.

Indicadores clínicos y relacionales de sospecha

La sospecha no puede apoyarse en un único signo. Suele construirse a partir de un conjunto de indicadores de distinta naturaleza. Entre los físicos pueden aparecer lesiones de repetición, dolor persistente sin explicación suficiente, cefalea, alteraciones del sueño o quejas somáticas inespecíficas. En el plano emocional son frecuentes el miedo, la ansiedad, la irritabilidad, la tristeza mantenida, la inhibición durante la entrevista o la dificultad para tomar decisiones. Socialmente pueden detectarse aislamiento, dependencia económica, pérdida de apoyos, control del teléfono o de la documentación y limitaciones para acudir sola a las consultas.

En el embarazo y el puerperio conviene añadir la observación de elementos relacionados con el autocuidado y la maternidad: dificultades marcadas para seguir recomendaciones de salud por imposición externa, rechazo del acompañante a determinadas exploraciones, tensión visible al abordar temas de lactancia o crianza y discursos de desvalorización que afectan a la confianza materna. Ninguno de estos hallazgos confirma por sí solo una situación de violencia, pero su presencia sostenida justifica una exploración más específica.

Actuación ante sospecha sin revelación

Una parte relevante de las mujeres no confirma la violencia en el primer contacto. En estas situaciones conviene evitar la confrontación o la insistencia excesiva. Puede ser más útil expresar disponibilidad con mensajes breves y claros: hacer saber que la consulta es un lugar donde puede hablar con seguridad, que ciertas conductas de control o agresión no son aceptables y que existen recursos de apoyo si en algún momento decide utilizarlos.

La enfermera puede reforzar factores protectores sin forzar la revelación: programar nuevas citas, facilitar un espacio periódico de entrevista individual, revisar el estado emocional, valorar red de apoyo y ofrecer información discreta sobre recursos del centro. Si se entrega material informativo, debe hacerse solo cuando no comprometa la seguridad de la mujer. En determinados casos, una tarjeta visible o un folleto puede aumentar el riesgo si la pareja controla pertenencias o dispositivos.

Actuación ante revelación verbal de violencia

Cuando la mujer relata una situación de violencia, la primera intervención es sostener el relato con escucha activa y validación. Expresiones como “gracias por contarlo”, “lo que describe merece atención” o “nadie debería hacerle daño o controlar su vida” pueden disminuir la sensación de culpa y soledad. No debe cuestionarse la veracidad ni exigirse una cronología exhaustiva. Tampoco conviene precipitar decisiones que la mujer no está preparada para asumir.

Tras la acogida inicial, la valoración se orienta a identificar necesidades inmediatas. Es importante explorar si existe peligro actual, amenazas graves, acceso del agresor a la consulta, presencia de menores dependientes, disponibilidad de una persona de confianza y posibilidades reales de volver a un entorno seguro tras la visita. También deben valorarse el estado emocional, el descanso, la alimentación, la adherencia al control del embarazo y la presencia de dolor, lesiones o coerción sexual reciente, para coordinar la atención clínica que sea necesaria.

La información ofrecida debe ser comprensible y graduada. Puede incluir opciones de apoyo sanitario, social y jurídico disponibles en su entorno, siempre evitando promesas que no dependan de la profesional. La toma de decisiones debe respetar la autonomía de la mujer, salvo cuando la normativa aplicable y la valoración clínica obliguen a activar medidas específicas de protección. Incluso cuando la mujer no desee formalizar una denuncia o aceptar una derivación inmediata, el acompañamiento enfermero sigue siendo valioso.

Valoración de seguridad y planificación inmediata

La seguridad constituye el eje de la intervención. En la práctica clínica puede ser útil explorar cuestiones concretas: si teme regresar a casa, si ha habido escalada reciente de amenazas, si la pareja controla desplazamientos, si dispone de llaves, dinero, documentación, medicación y teléfono accesible, y si existe una persona a la que pueda avisar en caso de urgencia. Cuando la mujer identifica riesgo, el equipo debe ayudar a priorizar medidas realistas y discretas, compatibles con su situación.

La planificación inmediata puede incluir acordar una forma segura de contacto desde el centro, establecer una nueva cita en corto plazo, revisar cómo solicitar ayuda urgente y consensuar qué información puede quedar por escrito. En contextos de alto control coercitivo, detalles aparentemente menores, como dejar un mensaje en el teléfono o enviar una notificación electrónica, pueden comprometer la seguridad. Por ello, la comunicación posterior debe individualizarse.

Si existe riesgo grave o una situación que requiera actuación urgente, la respuesta debe coordinarse con los procedimientos vigentes del centro y con los dispositivos de protección disponibles. La enfermera participa en la contención emocional, la vigilancia del bienestar materno-fetal, la comunicación con el equipo y la preservación de un entorno de atención seguro.

Registro clínico y continuidad asistencial

El registro debe ser objetivo, claro y clínicamente útil. Conviene diferenciar lo observado por la profesional, lo referido por la mujer y las actuaciones realizadas. El uso de descripciones literales puede resultar relevante cuando la paciente verbaliza amenazas, miedo o control. Deben evitarse interpretaciones morales, etiquetas estigmatizantes o expresiones ambiguas que resten valor a la situación. También es importante documentar si la entrevista se realizó en privado, si se ofrecieron recursos y cuál fue la aceptación o rechazo de las distintas opciones planteadas.

La continuidad asistencial requiere que la información esencial quede accesible para el equipo autorizado, respetando la confidencialidad y las normas del sistema de registro. Las consultas sucesivas permiten reevaluar riesgo, adherencia a controles, calidad del descanso, ansiedad, apoyo social y situación de lactancia o puerperio. En muchas mujeres la verbalización plena ocurre después del parto, cuando cambian las dinámicas familiares o disminuye la presencia constante de la pareja en los espacios de atención.

Coordinación interprofesional

La actuación enfermera se fortalece cuando existe coordinación con obstetricia, medicina de familia, pediatría, trabajo social, salud mental y recursos especializados de protección y apoyo. La derivación no debe vivirse como una transferencia despersonalizada, sino como parte de un itinerario de cuidados. Siempre que sea posible, conviene explicar a la mujer quién intervendrá, con qué finalidad y qué puede esperar de cada recurso.

La coordinación resulta especialmente importante cuando coinciden otros factores de vulnerabilidad: adolescencia, discapacidad, aislamiento social, consumo problemático, dependencia económica marcada, barreras idiomáticas o ausencia de red de apoyo. En estos casos, la complejidad del cuidado aumenta y suele requerir seguimiento más estrecho.

Particularidades del puerperio y la lactancia

El puerperio no debe considerarse un periodo ajeno a la detección. El cansancio extremo, las dificultades de adaptación, la reorganización de roles y la presencia del recién nacido pueden modificar la dinámica de control. Algunas mujeres acuden en esta etapa con demandas centradas en la lactancia, el sueño o la ansiedad, y la consulta enfermera ofrece una oportunidad adicional para reevaluar seguridad, apoyo real en el domicilio y capacidad para cuidar de sí misma y del bebé.

La lactancia puede verse afectada por dolor, estrés sostenido, falta de descanso o interferencia directa de la pareja. El abordaje enfermero debe evitar atribuciones simplistas y explorar si existen condicionantes relacionales que dificultan la experiencia de amamantar o el establecimiento de rutinas de cuidado. Del mismo modo, el vínculo materno-filial y el bienestar emocional requieren una mirada amplia, sin culpabilizar a la mujer por las consecuencias de una situación de violencia.

Discusión/Conclusiones

La detección de violencia de pareja en el embarazo forma parte de una atención materno-infantil segura y centrada en la persona. Su abordaje no depende únicamente de disponer de preguntas de cribado, sino de la capacidad del sistema y de los profesionales para generar condiciones de privacidad, confianza y respuesta coordinada. Una consulta técnicamente correcta pero relacionalmente fría puede pasar por alto señales relevantes; por el contrario, una relación terapéutica bien construida puede facilitar revelaciones diferidas y mejorar la adherencia al seguimiento.

Desde Enfermería, la aportación principal reside en la continuidad. El contacto repetido a lo largo del embarazo y el puerperio permite reconocer cambios sutiles, reforzar mensajes de protección y sostener decisiones graduales. La mujer puede no estar en condiciones de aceptar ayuda formal en el momento de la detección, pero la experiencia de haber sido escuchada sin juicio favorece futuras oportunidades de intervención. Esta idea resulta especialmente pertinente en situaciones dominadas por control coercitivo y dependencia emocional.

La práctica también obliga a reconocer límites. No toda sospecha se confirma, no toda revelación conlleva aceptación de derivación y no todo dispositivo asistencial dispone de idénticos recursos. Por ello, las recomendaciones deben adaptarse al marco legal y organizativo de cada centro. La existencia de circuitos internos claros, formación continuada, espacios de supervisión y coordinación con recursos externos mejora la calidad de la respuesta y reduce la improvisación en situaciones complejas.

La seguridad de la mujer debe prevalecer sobre cualquier automatismo. Entregar información visible, llamar sin consentimiento, confrontar al acompañante o registrar datos sensibles sin criterio puede incrementar el riesgo. Del mismo modo, una mirada exclusivamente biomédica puede invisibilizar sufrimiento psíquico, aislamiento y pérdida de control sobre la propia vida. Integrar la dimensión relacional en la valoración obstétrica no supone desplazar la atención clínica, sino completarla.

En síntesis, la detección de violencia de pareja durante el seguimiento del embarazo debe entenderse como un proceso longitudinal, clínico y ético, en el que la enfermera actúa como profesional de referencia, observadora cualificada y facilitadora de cuidado seguro. La entrevista privada, la validación del relato, la valoración del riesgo, el registro objetivo y la coordinación interprofesional constituyen los componentes centrales de una respuesta asistencial útil. Su desarrollo exige adaptación a los protocolos del centro, sensibilidad clínica y compromiso sostenido con la salud y la seguridad de la mujer y de su entorno materno-infantil.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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