Procedure for serial dressings in superficial partial-thickness burns
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:143
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 26/06/26
Fecha aceptación: 21/07/26
Fecha de publicación: 29/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):143
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Intervenciones de Enfermería; Piel; Planificación de la atención al paciente; Apósitos; Protocolos clínicos; Dolor agudo; Quemaduras; Cicatrización de heridas; Estomas quirúrgicos; Valoración de Enfermería
Keywords: Nursing Interventions; Skin; Patient Care Planning; Bandages; Clinical Protocols; Acute Pain; Burns; Wound Healing; Surgical Stomas; Nursing Assessment
Resumen
Introducción: La quemadura parcial superficial constituye una lesión cutánea frecuente en distintos ámbitos asistenciales y plantea necesidades de cuidados centradas en la valoración tisular, el control del dolor, la prevención de complicaciones locales y el seguimiento de la cicatrización. La actuación enfermera adquiere especial relevancia en las curas seriadas, ya que permite adaptar el tratamiento local a la evolución de la herida y a las características de la persona atendida.
Objetivos: Describir un procedimiento orientativo de curas seriadas en la quemadura parcial superficial desde la perspectiva enfermera, incluyendo la valoración inicial, la preparación del material, la técnica de cura, la selección general de apósitos, la educación sanitaria y los criterios de reevaluación.
Metodología: Se desarrolla una guía de intervención de carácter descriptivo y aplicado, organizada según las fases del proceso de cuidados. El contenido se centra en principios generales de práctica clínica enfermera para el abordaje local de quemaduras parciales superficiales no complicadas, con redacción prudente y adaptable a los protocolos vigentes de cada centro.
Resultados: La cura seriada se estructura en una secuencia que incluye valoración integral de la lesión y del estado general, higiene de manos y preparación del entorno, analgesia según prescripción y situación clínica, retirada atraumática del material previo, limpieza cuidadosa, observación del lecho y de la piel perilesional, aplicación del tratamiento tópico indicado y cobertura con apósito apropiado. La reevaluación periódica orienta la frecuencia de las curas, la necesidad de modificar materiales y la detección precoz de signos de evolución desfavorable.
Discusión/Conclusiones: Las curas seriadas en quemadura parcial superficial requieren una actuación enfermera sistemática, individualizada y centrada en la seguridad del paciente. No deben entenderse como un protocolo universal cerrado, sino como un marco de intervención que precisa adaptación al contexto asistencial, a la localización anatómica, a la extensión de la lesión y a la respuesta clínica observada.
Abstract
Introduction: Superficial partial-thickness burns are common skin injuries in different care settings and require nursing management focused on tissue assessment, pain control, prevention of local complications, and monitoring of wound healing. Nursing care is especially relevant in serial dressing changes, as it allows treatment to be adjusted to wound progression and patient needs.
Objectives: To describe a nursing-oriented approach to serial dressing changes in superficial partial-thickness burns, including initial assessment, material preparation, dressing technique, general dressing selection, patient education, and reassessment criteria.
Methodology: A descriptive and practice-based intervention guide was developed, structured according to the stages of the nursing care process. The content focuses on general principles for local management of uncomplicated superficial partial-thickness burns and is intended to be adapted to local protocols and clinical context.
Results: Serial burn care may be organised into a sequence including comprehensive assessment of the wound and the person, hand hygiene and environment preparation, analgesia according to prescription and clinical condition, atraumatic removal of previous dressings, gentle cleansing, inspection of the wound bed and periwound skin, application of the indicated topical treatment, and coverage with an appropriate dressing. Periodic reassessment guides dressing frequency, possible changes in materials, and early detection of unfavourable progression.
Discussion/Conclusions: Serial dressing changes in superficial partial-thickness burns require systematic, individualised nursing care with a strong patient safety focus. This approach should not be interpreted as a universal protocol but as a professional framework that needs to be adapted to the care setting, anatomical location, wound extent, and observed clinical response.
Introducción
La quemadura parcial superficial afecta a la epidermis y a una parte de la dermis, conservando estructuras cutáneas que permiten la reepitelización espontánea en un número importante de situaciones clínicas. Desde el punto de vista asistencial, suele acompañarse de dolor, alteración de la integridad cutánea, exudado variable y elevada sensibilidad local. Aunque muchas lesiones de este tipo presentan una evolución favorable, su manejo inadecuado puede retrasar la cicatrización, aumentar el disconfort y favorecer complicaciones como la maceración de la piel adyacente, la colonización crítica o la profundización lesional.
En este escenario, la Enfermería desarrolla un papel central. La cura no se limita al recambio de un apósito, sino que integra valoración continuada, toma de decisiones clínicas en colaboración con el equipo, vigilancia de la respuesta local, control sintomático y educación sanitaria. La repetición ordenada de curas seriadas permite comparar la evolución entre contactos asistenciales, ajustar materiales y registrar cambios relevantes en color, humedad, exudado, dolor y estado de la piel perilesional.
La práctica diaria muestra, además, que no todas las quemaduras parciales superficiales evolucionan del mismo modo. La localización anatómica, la causa térmica o química, el tiempo transcurrido hasta la primera atención, la edad, la situación funcional, las comorbilidades y la capacidad de autocuidado condicionan el plan de cuidados. Por ello, cualquier procedimiento debe formularse con carácter orientativo y no como una secuencia rígida aplicable de manera indiferenciada.
Las curas seriadas deben contemplar varios ejes de intervención. El primero es la valoración inicial, que orienta la gravedad y la idoneidad del manejo ambulatorio o la necesidad de derivación. El segundo es la preparación segura del procedimiento, incluyendo medidas de control de infección, analgesia y organización del material. El tercero es la técnica de cura propiamente dicha, que debe favorecer la limpieza y la protección del lecho lesional minimizando el trauma tisular. El cuarto es el seguimiento, decisivo para identificar de forma temprana signos que obliguen a revisar la estrategia terapéutica.
La relevancia del tema no deriva únicamente de la frecuencia de estas lesiones, sino también de su impacto funcional y emocional. El dolor durante la cura, la ansiedad anticipatoria, la limitación para las actividades cotidianas y la preocupación por la evolución estética o funcional son componentes habituales de la experiencia del paciente. Una actuación enfermera competente y bien estructurada puede contribuir a reducir estos problemas y a favorecer una atención más segura y humana.
Objetivos
Describir un procedimiento orientativo de curas seriadas en la quemadura parcial superficial que resulte útil para la práctica enfermera en diferentes ámbitos asistenciales.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Precisar los elementos básicos de la valoración inicial de la persona y de la lesión.
- Ordenar la secuencia técnica de la cura local con criterios de seguridad, confort y preservación tisular.
- Exponer consideraciones generales para la selección y el recambio de apósitos según la evolución clínica.
- Definir aspectos de vigilancia enfermera relacionados con dolor, exudado, integridad de la piel perilesional y signos de complicación.
- Incorporar contenidos de educación sanitaria y continuidad de cuidados orientados al seguimiento.
Metodología
Se presenta una guía de intervención basada en principios generales de cuidados enfermeros aplicados al abordaje de quemaduras parciales superficiales no complicadas. La exposición se organiza siguiendo una lógica asistencial: valoración, planificación de la cura, ejecución técnica, reevaluación y educación para el autocuidado. El propósito no es establecer un protocolo universal, sino ofrecer un marco práctico que pueda integrarse en distintos dispositivos asistenciales, siempre en concordancia con la valoración profesional y con las normas de cada institución.
El ámbito de aplicación incluye consultas de curas, atención primaria, urgencias y unidades hospitalarias donde se atiendan lesiones térmicas de extensión limitada y sin criterios evidentes de gravedad mayor. Quedan fuera de este enfoque las quemaduras extensas, eléctricas, químicas complejas, inhalatorias, circunferenciales o aquellas localizadas en áreas especiales cuando la situación clínica aconseje una valoración especializada preferente. Del mismo modo, toda evolución no esperada durante el seguimiento obliga a reconsiderar el plan de cuidados y el nivel asistencial más adecuado.
La guía se centra en la intervención enfermera visible durante la cura seriada. Por ese motivo se presta atención especial a la preparación del entorno, la técnica aséptica o limpia según procedimiento del centro, la retirada atraumática del material, la observación sistemática del lecho lesional, la protección de la piel perilesional y la documentación clínica. También se incorporan medidas de confort y comunicación terapéutica, dado que la experiencia de dolor y temor puede condicionar la tolerancia al procedimiento y la adherencia a las recomendaciones.
La terminología empleada responde al lenguaje clínico habitual en cuidados de heridas. Cuando se describen actuaciones, se hace en términos prudentes y adaptables, evitando atribuir superioridad cerrada a un producto concreto o a una pauta única de recambio. La periodicidad de las curas y la elección del material deben individualizarse según exudado, localización, estabilidad del apósito, estado del lecho, disponibilidad de recursos y criterio clínico compartido.
Resultados
Valoración inicial de la persona y de la lesión
Antes de iniciar la cura seriada conviene realizar una valoración integral. Debe identificarse el mecanismo de producción de la quemadura, el tiempo transcurrido desde la lesión, las medidas aplicadas previamente y la presencia de dolor en reposo o durante la movilización. También resulta pertinente explorar antecedentes que puedan influir en la cicatrización, como fragilidad cutánea, enfermedad vascular, diabetes, inmunosupresión, dificultad para el autocuidado o tratamiento farmacológico con posible impacto tisular.
La exploración local debe incluir localización anatómica, extensión aproximada, aspecto del lecho, presencia de flictenas íntegras o rotas, grado de humedad, cantidad de exudado, sensibilidad conservada, coloración de la superficie y estado de la piel perilesional. En la quemadura parcial superficial es habitual encontrar una superficie rosada o rojiza, húmeda y dolorosa. No obstante, la evaluación debe repetirse en cada contacto, ya que la lesión puede cambiar en las primeras horas o días.
Además de la lesión, es necesario valorar el impacto funcional. Una quemadura de tamaño moderado situada sobre una articulación o en la mano puede interferir notablemente con las actividades básicas y requerir un seguimiento más estrecho. Del mismo modo, las lesiones faciales, perineales o localizadas en zonas de roce continuo suelen precisar una planificación específica por las dificultades de fijación, higiene y vigilancia.
Preparación del procedimiento
La cura debe desarrollarse en un entorno que preserve privacidad, iluminación adecuada y disponibilidad de material. La organización previa reduce interrupciones y disminuye el tiempo de exposición de la herida. Es recomendable reunir con antelación guantes, solución de limpieza según norma del centro, gasas o material de irrigación, producto tópico si está indicado, apósitos primarios y secundarios, sistema de fijación, contenedor de residuos y elementos para registro clínico.
El control del dolor merece atención desde el inicio. La retirada del apósito y la manipulación del lecho pueden incrementar de forma significativa el malestar. Por ello, debe valorarse la necesidad de analgesia previa conforme a prescripción, así como medidas no farmacológicas de apoyo: explicación del procedimiento, posicionamiento confortable, pausas si aparece dolor intenso y ambiente tranquilo. Informar de lo que se va a realizar suele mejorar la cooperación y disminuir la ansiedad anticipatoria.
Las medidas de higiene de manos y uso de barreras deben aplicarse según las políticas del centro y la situación clínica. En quemaduras de extensión limitada sin datos de infección, la prioridad es evitar la contaminación de la lesión y proteger al paciente de maniobras innecesariamente agresivas. La técnica concreta, más limpia o más aséptica, debe ajustarse al nivel asistencial y al procedimiento establecido.
Retirada del apósito previo
La retirada del material de cobertura se realizará con suavidad, evitando tracciones bruscas. Si el apósito está adherido, puede facilitarse su separación mediante humectación o irrigación, según el tipo de material y el procedimiento local. Esta fase ofrece ya información clínica relevante: olor al destapar, cantidad y características del exudado retenido, integridad del sistema de fijación y tolerancia del paciente al contacto.
Es útil observar si el apósito ha mantenido un ambiente húmedo adecuado o si, por el contrario, se ha producido desecación, maceración o fuga de exudado. Tales hallazgos ayudan a decidir si conviene mantener la misma estrategia de cobertura o modificarla en la siguiente aplicación. También debe revisarse la piel adyacente, especialmente cuando se utilizan adhesivos o vendajes oclusivos, por el riesgo de lesión cutánea asociada a la retirada.
Limpieza y acondicionamiento del lecho
La limpieza de la quemadura tiene como finalidad retirar restos orgánicos, exudado, residuos del tratamiento previo y contaminantes superficiales, sin dañar tejido viable. Suele realizarse con solución indicada por el centro y con técnica suave, por irrigación o por arrastre delicado con gasa, evitando fricciones intensas. La presión empleada debe ser suficiente para limpiar, pero no tan elevada como para incrementar el dolor o producir sangrado innecesario.
Durante esta fase se valora si existen flictenas y cuál es su situación. La conducta sobre estas estructuras debe ajustarse al protocolo institucional y a las características de la lesión, ya que no todas requieren el mismo manejo. De forma general, cualquier decisión debe buscar el equilibrio entre preservar tejido cuando resulte útil, permitir la inspección del lecho y evitar acúmulos que dificulten la cura o aumenten el disconfort.
Tras la limpieza conviene secar con suavidad la piel circundante, no el lecho de la quemadura, si se pretende mantener un entorno húmedo de cicatrización. La protección de la piel perilesional puede ser necesaria cuando existe exudado, localización en zonas de roce o antecedentes de fragilidad cutánea. Este detalle reduce la maceración y mejora la tolerancia a las fijaciones sucesivas.
Aplicación del tratamiento local y cobertura
La elección del tratamiento tópico y del apósito debe responder a la valoración clínica. En términos generales, se busca mantener un ambiente favorable para la cicatrización, controlar el exudado, disminuir el dolor durante los cambios y proteger la lesión frente al traumatismo externo. No existe un único material válido para todas las quemaduras parciales superficiales, por lo que la selección debe individualizarse.
Cuando la lesión presenta exudado escaso o moderado, puede plantearse un apósito no adherente que minimice el trauma en el recambio, asociado o no a una cobertura secundaria absorbente. Si el exudado es mayor, será necesario un material con capacidad de absorción suficiente para evitar fugas y maceración. En áreas muy móviles o de difícil fijación, la conformabilidad del apósito y la estabilidad del sistema de sujeción son aspectos prácticos decisivos.
El material debe colocarse cubriendo la superficie lesional sin generar presión innecesaria ni pliegues que favorezcan el roce. La fijación tiene que mantener la cobertura en su sitio, pero sin comprometer la circulación ni producir lesión adicional sobre piel sana. En determinadas localizaciones puede ser preferible una sujeción secundaria con venda o malla tubular frente al uso repetido de adhesivos directos.
La cura finaliza con la acomodación del paciente, la eliminación correcta del material usado y la higiene de manos. Antes de dar por concluido el procedimiento, resulta recomendable reevaluar el dolor, comprobar la tolerancia al vendaje y confirmar que la persona comprende las indicaciones de observación domiciliaria si procede.
Frecuencia de las curas y reevaluación evolutiva
La periodicidad del recambio no debe fijarse de manera uniforme. Depende del tipo de apósito, del volumen de exudado, de la estabilidad del material, de la localización anatómica y de la evolución del lecho. Una frecuencia excesiva puede incrementar dolor y manipulación tisular; una frecuencia demasiado espaciada puede dificultar la detección de incidencias o favorecer saturación del apósito. La decisión, por tanto, requiere equilibrio clínico.
En cada cura seriada conviene registrar de forma comparativa los siguientes aspectos:
- Aspecto general del lecho: color, humedad y continuidad de la reepitelización.
- Cantidad y características del exudado.
- Estado de la piel perilesional.
- Presencia y evolución del dolor.
- Tolerancia al apósito y al sistema de fijación.
- Limitación funcional asociada a la localización.
- Signos locales o generales que obliguen a reconsiderar la estrategia.
La evolución favorable suele expresarse por disminución progresiva del exudado, mejora del confort, avance de la epitelización y reducción de la necesidad de curas frecuentes. Por el contrario, el incremento del dolor, la aparición de mal olor persistente, el empeoramiento del eritema circundante, la maceración intensa, la pérdida de aspecto superficial o cualquier deterioro sistémico deben motivar una nueva valoración clínica.
Seguridad del paciente y criterios de derivación
Durante el seguimiento enfermero es prioritario identificar situaciones que superan el manejo habitual de una cura seriada ambulatoria o de unidad general. Deben considerarse con atención las quemaduras de mayor extensión, las localizadas en cara, manos, pies, genitales, pliegues o articulaciones cuando comprometen función, así como las lesiones con sospecha de mayor profundidad de la inicialmente estimada.
También justifican una revisión clínica prioritaria la falta de progresión esperable, el dolor desproporcionado, la fiebre u otros signos generales, la sospecha de infección local, la imposibilidad de controlar el exudado o la dificultad del paciente para cumplir las medidas de protección y seguimiento. La seguridad incluye igualmente aspectos no estrictamente locales, como el riesgo de caídas si el vendaje altera la marcha, la limitación para el autocuidado o la sobrecarga del cuidador principal.
Educación sanitaria y continuidad asistencial
La información al paciente y, cuando proceda, a la familia o cuidador, forma parte de la propia intervención. Debe explicarse de manera comprensible cómo proteger el apósito, qué cambios en la lesión requieren consulta, cómo manejar el dolor según la pauta indicada y qué medidas evitar, como la aplicación de productos no prescritos o manipulaciones repetidas de la cobertura. Una educación breve pero precisa reduce errores frecuentes y favorece un seguimiento más seguro.
Cuando la cura continúe en domicilio o en consultas sucesivas, es útil proporcionar instrucciones sobre higiene general, signos de alarma, necesidad de mantener la zona protegida frente a traumatismos y conveniencia de respetar las citas de revisión. En áreas expuestas, la posterior protección cutánea y la vigilancia de secuelas funcionales o cicatriciales también deben incluirse en la continuidad de cuidados, especialmente si la localización condiciona movilidad o imagen corporal.
La documentación clínica debe reflejar la evolución con lenguaje claro y comparable entre curas. Registrar tipo de apósito utilizado, tolerancia, hallazgos del lecho, estado de la piel circundante, nivel de dolor referido y educación proporcionada facilita la continuidad asistencial y mejora la toma de decisiones entre profesionales.
Discusión/Conclusiones
La cura seriada de la quemadura parcial superficial representa una intervención enfermera de elevada densidad clínica, aunque en ocasiones se perciba como un procedimiento técnico rutinario. Su complejidad real deriva de la necesidad de valorar de forma continuada una lesión dinámica, modular el plan de cuidados según la respuesta tisular y atender simultáneamente al dolor, al impacto funcional y a la capacidad de autocuidado. La calidad del procedimiento no depende solo del material utilizado, sino de la coherencia entre valoración, técnica, reevaluación y educación sanitaria.
Desde una perspectiva práctica, varios elementos parecen especialmente relevantes. El primero es evitar maniobras traumáticas durante el recambio, ya que el respeto por el tejido viable y por la experiencia de dolor del paciente condiciona tanto la cicatrización como la adherencia. El segundo es no desvincular la lesión de la persona que la padece: una quemadura de pequeña extensión puede tener consecuencias asistenciales significativas si afecta a una zona funcional o si concurre vulnerabilidad clínica o social. El tercero es asumir que la indicación de apósitos y la frecuencia de las curas requieren revisión continua y no una pauta invariable desde la primera atención.
El abordaje descrito presenta además una utilidad organizativa. Estandarizar la secuencia de observación y registro, sin convertirla en un protocolo rígido, puede mejorar la consistencia de los cuidados entre profesionales y favorecer la detección temprana de desviaciones evolutivas. En este sentido, la sistematización enfermera no debe entenderse como uniformidad absoluta, sino como una forma de sostener decisiones individualizadas con criterios clínicos compartidos.
Conviene recordar, sin embargo, que la quemadura parcial superficial no siempre mantiene el comportamiento esperado. Existen lesiones inicialmente valoradas como superficiales que pueden mostrar una evolución menos favorable, por lo que la prudencia diagnóstica y la observación seriada son fundamentales. La adaptación a los protocolos del centro, la coordinación con otros profesionales y la derivación oportuna forman parte del propio procedimiento de cuidados, no de una fase externa a él.
En síntesis, las curas seriadas en este tipo de quemadura deben orientarse a preservar la viabilidad tisular, controlar síntomas, proteger la piel circundante y acompañar la cicatrización con vigilancia clínica estrecha. Una intervención enfermera bien estructurada puede contribuir a una evolución local más favorable, a una mayor seguridad del paciente y a una experiencia asistencial menos dolorosa y más comprensible para la persona atendida.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- van de Warenburg MS, Teeuwen B, Hummelink S, Ulrich DJ, Vehmeijer-Heeman ML. Does the dressing matter in pediatric partial-thickness burns: a systematic review and meta-analysis.. Burns. 2025;51(4):107428. doi: https://doi.org/10.1016/j.burns.2025.107428
- Lőrincz A, Váradi A, Hegyi P, Rumbus Z, Tuba M, Lamberti AG, et al.. Paediatric Partial-Thickness Burn Therapy: A Meta-Analysis and Systematic Review of Randomised Controlled Trials.. Life (Basel). 2022;12(5). doi: https://doi.org/10.3390/life12050619
- Wasiak J, Cleland H, Campbell F. Dressings for superficial and partial thickness burns.. Cochrane Database Syst Rev. 2008;(4):CD002106. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD002106.pub3
- Sargent RL. Management of blisters in the partial-thickness burn: an integrative research review.. J Burn Care Res. 2006;27(1):66-81. doi: https://doi.org/10.1097/01.bcr.0000191961.95907.b1
- Pan X, Han C, Chen G, Fan Y. Evaluation of Bacterial Cellulose Dressing versus Vaseline Gauze in Partial Thickness Burn Wounds and Skin Graft Donor Sites: A Two-Center Randomized Controlled Clinical Study.. Evid Based Complement Alternat Med. 2022;2022:5217617. doi: https://doi.org/10.1155/2022/5217617
- Nguyen M, Chen J, Spurgeon-Hess T, Kyoung J, Simman R. Improving partial-thickness burn pain and outcomes using cultured epithelial allografts or highly concentrated surfactant-based dressings.. J Wound Care. 2025;34(Sup2):S27-S32. doi: https://doi.org/10.12968/jowc.2023.0282
- Chaganti P, Gordon I, Chao JH, Zehtabchi S. A systematic review of foam dressings for partial thickness burns.. Am J Emerg Med. 2019;37(6):1184-1190. doi: https://doi.org/10.1016/j.ajem.2019.04.014
- Moraes FCA, Ferraz Barbosa B, Sepulvida D, Bordignon Barbosa C, Brochi LM, Figueroa ES, et al.. Nile Tilapia Skin Xenograft Versus Silver-Based Dressings in the Management of Partial-Thickness Burn Wounds: A Systematic Review and Meta-Analysis.. J Clin Med. 2024;13(6). doi: https://doi.org/10.3390/jcm13061642
- Haller HL, Blome-Eberwein SE, Branski LK, Carson JS, Crombie RE, Hickerson WL, et al.. Porcine Xenograft and Epidermal Fully Synthetic Skin Substitutes in the Treatment of Partial-Thickness Burns: A Literature Review.. Medicina (Kaunas). 2021;57(5). doi: https://doi.org/10.3390/medicina57050432
- Heyneman A, Hoeksema H, Vandekerckhove D, Pirayesh A, Monstrey S. The role of silver sulphadiazine in the conservative treatment of partial thickness burn wounds: A systematic review.. Burns. 2016;42(7):1377-1386. doi: https://doi.org/10.1016/j.burns.2016.03.029
- Rashaan ZM, Krijnen P, Klamer RR, Schipper IB, Dekkers OM, Breederveld RS. Nonsilver treatment vs. silver sulfadiazine in treatment of partial-thickness burn wounds in children: a systematic review and meta-analysis.. Wound Repair Regen. 2014;22(4):473-82. doi: https://doi.org/10.1111/wrr.12196