Nursing intervention in traumatic brain injury with mild cognitive impairment
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:421
Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro
Fecha recepción: 16/08/26
Fecha aceptación: 15/09/26
Fecha de publicación: 23/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):421
Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Traumatismo craneoencefálico; Planificación de cuidados; Autonomía personal; Rehabilitación; Familia; Protocolos clínicos; Actividades de la vida diaria; Intervenciones de Enfermería; Cognición; Valoración de Enfermería
Keywords: Craniocerebral Trauma; Patient Care Planning; Personal Autonomy; Rehabilitation; Family; Clinical Protocols; Activities of Daily Living; Nursing Interventions; Cognition; Nursing Assessment
Resumen
Introducción: El traumatismo craneoencefálico con alteración cognitiva leve plantea un escenario asistencial frecuente en el que la estabilidad clínica inicial no excluye dificultades posteriores en atención, memoria, orientación, autorregulación o desempeño de las actividades de la vida diaria. En este contexto, la Enfermería ocupa una posición central para detectar necesidades, prevenir complicaciones, favorecer la autonomía y sostener la adaptación del entorno familiar.
Objetivos: Describir una guía de intervención enfermera orientada a la valoración, planificación y seguimiento de personas con traumatismo craneoencefálico y afectación cognitiva leve, incorporando criterios de seguridad, funcionalidad, rehabilitación y continuidad de cuidados.
Metodología: Se presenta un desarrollo aplicado basado en el proceso de Enfermería y en un enfoque clínico-asistencial. La propuesta integra valoración inicial, identificación de problemas de cuidados, definición de objetivos, intervenciones enfermeras y criterios de evaluación, con adaptación al estado clínico, al medio asistencial y a los protocolos vigentes de cada centro.
Resultados: La intervención enfermera se organiza en torno a la vigilancia neurológica básica, la valoración cognitiva y funcional, la promoción del descanso, el control ambiental, la orientación frecuente, el apoyo en actividades básicas e instrumentales, la educación a la familia y la coordinación con otros profesionales. El plan de cuidados debe individualizarse y revisarse de forma evolutiva para responder a cambios en la capacidad atencional, la tolerancia al esfuerzo, la conducta y la participación en la rehabilitación.
Discusión/Conclusiones: La alteración cognitiva leve tras un traumatismo craneoencefálico puede infravalorarse cuando no existen déficits motores evidentes. Una intervención enfermera estructurada puede contribuir a identificar necesidades tempranas, disminuir riesgos, facilitar la recuperación funcional y mejorar la adaptación del paciente y su familia. Su aplicación requiere juicio clínico, coordinación interdisciplinar y adecuación al contexto asistencial.
Abstract
Introduction: Traumatic brain injury with mild cognitive impairment represents a relevant care scenario in which early clinical stability does not rule out subsequent difficulties involving attention, memory, orientation, self-regulation, or performance of daily activities. In this setting, nursing plays a key role in identifying care needs, preventing complications, supporting autonomy, and helping families adapt.
Objectives: To describe a nursing intervention guide focused on assessment, care planning, and follow-up of patients with traumatic brain injury and mild cognitive changes, including safety, functionality, rehabilitation, and continuity of care.
Methodology: An applied clinical approach based on the nursing process is presented. The proposal includes initial assessment, identification of care problems, definition of goals, nursing interventions, and evaluation criteria, adapted to the patient’s condition, the care setting, and local protocols.
Results: Nursing intervention is structured around basic neurological surveillance, cognitive and functional assessment, promotion of rest, environmental control, repeated orientation, support in basic and instrumental activities of daily living, family education, and coordination with other professionals. The care plan should be individualized and dynamically reviewed according to changes in attention, fatigue tolerance, behavior, and participation in rehabilitation.
Discussion/Conclusions: Mild cognitive impairment after traumatic brain injury may be underestimated when obvious motor deficits are absent. A structured nursing intervention may help identify early needs, reduce risks, support functional recovery, and improve adaptation for both patients and families. Its implementation requires clinical judgment, interdisciplinary coordination, and adaptation to each healthcare setting.
Introducción
El traumatismo craneoencefálico puede acompañarse de alteraciones cognitivas de intensidad leve que, aun sin comprometer de forma grave el nivel de conciencia o la estabilidad hemodinámica, repercuten en la autonomía, la seguridad y el rendimiento funcional. Estas manifestaciones pueden expresarse mediante dificultades de atención sostenida, lentitud en el procesamiento de la información, fallos de memoria reciente, desorientación fluctuante, irritabilidad, menor tolerancia a los estímulos o fatiga cognitiva. Su impacto asistencial es relevante porque condiciona la capacidad del paciente para comprender indicaciones, participar en los cuidados, mantener rutinas seguras y reintegrarse a su vida cotidiana.
Desde la práctica enfermera, la complejidad de este cuadro no reside únicamente en la lesión inicial, sino en la necesidad de integrar observación clínica, apoyo funcional, educación sanitaria y continuidad asistencial. El paciente puede presentar un aspecto conservado y, sin embargo, experimentar dificultades para organizar tareas sencillas, autorregular su conducta o reconocer sus limitaciones. Esta discrepancia entre la apariencia física y el rendimiento cognitivo obliga a una valoración intencionada y longitudinal, evitando reducir el abordaje a la mera vigilancia de signos neurológicos agudos.
La atención enfermera debe considerar tanto el periodo hospitalario como la transición al domicilio o a otros recursos de rehabilitación. En fases iniciales, es prioritario identificar signos de empeoramiento, garantizar un entorno terapéutico seguro y detectar limitaciones que interfieran con la movilidad, el autocuidado y la comunicación. Posteriormente, adquieren peso la recuperación de rutinas, el entrenamiento en actividades de la vida diaria, la prevención de sobreesfuerzo y la implicación de la familia como soporte cuidador. El acompañamiento profesional permite traducir hallazgos clínicos en necesidades de cuidados concretas y ajustar la intervención al ritmo de recuperación de cada persona.
La alteración cognitiva leve asociada a traumatismo craneoencefálico también plantea retos éticos y organizativos. El grado de autonomía puede fluctuar, por lo que resulta necesario equilibrar apoyo y fomento de la independencia, sin sustituir capacidades conservadas ni exponer al paciente a riesgos evitables. A ello se suma la importancia de la coordinación interdisciplinar con medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, neuropsicología, trabajo social u otros perfiles disponibles. La Enfermería actúa como elemento integrador entre observación continua, respuesta clínica, educación y seguimiento.
En este marco, disponer de una orientación estructurada para la intervención enfermera puede favorecer la coherencia del plan de cuidados, mejorar la detección de necesidades y facilitar la comunicación entre profesionales y con la familia. No se trata de establecer un protocolo universal cerrado, sino de ordenar una práctica clínica que debe individualizarse según la evolución neurológica, la situación funcional previa, el soporte familiar y los recursos del entorno asistencial.
Objetivos
Describir una intervención enfermera orientada al cuidado de personas con traumatismo craneoencefálico y alteración cognitiva leve, centrada en la valoración integral, la planificación de cuidados, la seguridad clínica, la preservación de la autonomía personal y la continuidad asistencial.
Objetivos específicos
- Precisar los elementos de valoración enfermera más relevantes en el paciente con afectación cognitiva leve tras traumatismo craneoencefálico.
- Organizar un plan de intervención dirigido a vigilancia clínica, funcionalidad, orientación, manejo del entorno, autocuidado y apoyo familiar.
- Identificar criterios prácticos para evaluar la evolución del paciente y la respuesta al plan de cuidados.
- Señalar aspectos de seguridad y coordinación interdisciplinar que condicionan la calidad de la atención.
- Favorecer un abordaje adaptado al medio hospitalario, al alta y al seguimiento en rehabilitación o atención comunitaria.
Metodología
Se desarrolla una guía de intervención basada en el proceso de Enfermería, entendiendo el cuidado como una secuencia de valoración, identificación de problemas, planificación, ejecución y evaluación. El texto adopta un enfoque aplicado al ámbito asistencial de adultos con traumatismo craneoencefálico y manifestaciones cognitivas leves, tanto en unidades de hospitalización como en dispositivos de continuidad de cuidados, con posibilidad de adaptación a otros contextos.
La propuesta se articula desde una perspectiva clínica y funcional. La valoración inicial incluye estado neurológico general, nivel de alerta, comportamiento, atención, memoria reciente, orientación, capacidad de comunicación, movilidad, autocuidado, patrón de sueño, presencia de dolor, tolerancia a la actividad, red de apoyo y comprensión de indicaciones. Sobre esta base se priorizan necesidades de cuidados relacionadas con seguridad, afrontamiento, desempeño de actividades de la vida diaria, manejo del entorno y participación en rehabilitación.
Las intervenciones se presentan como líneas de actuación orientativas, no como prescripción universal. Su aplicación debe ajustarse a la situación clínica, a la fase evolutiva del traumatismo, a la presencia de otras lesiones, al estado funcional previo y a los procedimientos establecidos por cada institución. La evaluación se plantea mediante seguimiento clínico continuado, observación del rendimiento funcional y revisión de la respuesta del paciente y la familia a las medidas educativas y de apoyo.
Resultados
Valoración enfermera inicial
La primera tarea consiste en delimitar con claridad el punto de partida del paciente. En un traumatismo craneoencefálico con alteración cognitiva leve, la exploración debe ir más allá de la constatación de estabilidad y contemplar la forma en que la persona procesa la información y responde al medio. Resulta útil valorar si mantiene atención durante una conversación breve, si comprende instrucciones de uno o dos pasos, si precisa repetición frecuente, si conserva la orientación en persona, lugar y situación, y si aparecen errores en la secuencia de tareas sencillas.
La entrevista clínica y la observación continuada aportan información relevante. La familia puede describir cambios de conducta, mayor apatía, impulsividad, olvidos recientes o menor iniciativa. Estos datos ayudan a distinguir limitaciones nuevas de rasgos previos y a anticipar necesidades de supervisión. La valoración también debe incluir el impacto del cansancio, ya que algunos déficits se hacen más evidentes al final del día o tras esfuerzos cognitivos mantenidos.
En el plano funcional, conviene revisar la capacidad para el aseo, vestido, alimentación, uso seguro del baño, deambulación, transferencia y manejo de objetos cotidianos. El paciente puede ser físicamente capaz de ejecutar una tarea y, sin embargo, requerir guía verbal para iniciarla, mantener la secuencia o completarla sin omisiones. Del mismo modo, debe explorarse la tolerancia a la estimulación ambiental, la sensibilidad al ruido, la fragmentación del sueño y la presencia de cefalea u otros síntomas que interfieran en la recuperación.
Problemas de cuidados habitualmente asociados
En este perfil clínico suelen identificarse necesidades relacionadas con confusión o desorientación leve, deterioro del patrón de sueño, déficit o riesgo de déficit en el autocuidado, deterioro de la memoria, intolerancia a la actividad, riesgo de caídas, afrontamiento ineficaz o sobrecarga del cuidador, además de ansiedad situacional ante la incertidumbre funcional. No todos los pacientes presentan el mismo patrón, por lo que la priorización debe apoyarse en la situación concreta y en las consecuencias que cada problema tiene sobre la seguridad y la vida diaria.
También es frecuente la alteración del juicio sobre las propias limitaciones. Algunos pacientes minimizan la fatiga o intentan retomar actividades complejas de forma precoz. Esta falta de conciencia parcial del déficit incrementa el riesgo de accidentes, incumplimiento de recomendaciones o frustración. La intervención enfermera debe combinar contención, educación y refuerzo positivo, evitando abordajes confrontativos que puedan aumentar irritabilidad o resistencia.
Planificación de objetivos de cuidados
Los objetivos deben formularse de manera realista, gradual y centrada en la funcionalidad. En una fase inicial, puede priorizarse que el paciente mantenga un nivel de orientación suficiente para colaborar con los cuidados, tolere periodos de actividad sin incremento marcado de la fatiga, realice actividades básicas con el menor grado posible de ayuda y permanezca libre de eventos adversos evitables. Más adelante, los objetivos pueden orientarse a mejorar la iniciación de tareas, la organización de rutinas, la participación en ejercicios de rehabilitación y la preparación del alta con supervisión adecuada.
La planificación debe incorporar al entorno cuidador. No basta con que la persona evolucione favorablemente; es preciso que la familia comprenda el carácter fluctuante de los síntomas, identifique signos de alarma definidos por el equipo responsable y adapte las expectativas al momento funcional. Un objetivo asistencial relevante es lograr que el entorno ofrezca apoyo sin sobreprotección, favoreciendo autonomía segura.
Intervención enfermera durante la fase asistencial
La vigilancia clínica constituye un eje básico. Deben observarse cambios en el nivel de respuesta, aparición de somnolencia no habitual, aumento de confusión, empeoramiento del comportamiento, dificultad creciente para obedecer órdenes o modificación del patrón neurológico previamente establecido. La detección de variaciones respecto a la situación basal del paciente es especialmente importante, ya que el deterioro puede expresarse inicialmente como cambio conductual o cognitivo antes que como queja verbal clara.
El manejo del entorno ayuda a disminuir la sobrecarga cognitiva. Se recomienda mantener un ambiente tranquilo, con estímulos ajustados, periodos de descanso y rutinas predecibles. La orientación frecuente en tiempo y lugar, el uso de frases breves, la repetición de instrucciones y la presentación secuencial de tareas facilitan la colaboración. En pacientes con fatiga cognitiva, dividir las actividades en periodos cortos puede mejorar el rendimiento y reducir frustración.
La comunicación terapéutica debe ser sencilla y respetuosa. Conviene confirmar la comprensión pidiendo al paciente que reformule la indicación, sin adoptar un tono infantilizador. Cuando existen olvidos o lentitud de procesamiento, es útil conceder tiempo suficiente para responder y evitar varias preguntas simultáneas. La observación del lenguaje no verbal, la impaciencia o el bloqueo ante tareas sencillas puede alertar sobre saturación cognitiva.
En relación con las actividades de la vida diaria, la Enfermería puede intervenir mediante apoyo graduado. En lugar de sustituir por completo al paciente, resulta preferible ofrecer claves verbales, estructurar la tarea y supervisar su ejecución. Esta estrategia favorece la conservación de capacidades y permite identificar con mayor precisión en qué fase aparece la dificultad: inicio, secuenciación, atención sostenida o finalización. La supervisión del baño, las transferencias y la deambulación debe adaptarse al equilibrio entre seguridad y promoción de independencia.
El descanso y el sueño merecen atención específica. La fragmentación del sueño, el dolor, el ruido ambiental y las interrupciones continuas pueden intensificar la irritabilidad y empeorar la atención. Una planificación de cuidados que agrupe actividades, respete periodos de reposo y minimice estímulos innecesarios puede contribuir a una mejor recuperación. La valoración de la fatiga debe integrarse en la programación diaria de ejercicios, aseo y movilización.
La intervención sobre la autonomía personal requiere una mirada funcional. No se trata solo de comprobar si el paciente puede comer, vestirse o caminar, sino de determinar si puede hacerlo de forma segura, consistente y con suficiente comprensión del contexto. En esta línea, deben revisarse aspectos como manejo de objetos cortantes, uso del timbre de llamada, identificación del baño, comprensión de restricciones temporales y conducta ante la necesidad de ayuda.
Educación a la familia y al cuidador principal
La familia suele interpretar la ausencia de secuelas motoras relevantes como sinónimo de recuperación completa. Sin embargo, los cambios cognitivos leves pueden repercutir de forma notable en la convivencia y en el rendimiento cotidiano. La educación enfermera debe abordar de forma clara qué manifestaciones pueden observarse, cómo prestar ayuda sin sustituir innecesariamente al paciente y de qué manera organizar un entorno más estructurado.
Es útil recomendar que las indicaciones se den de una en una, que se mantengan horarios regulares y que se reduzcan distracciones durante las tareas. También conviene insistir en la importancia del descanso, en la necesidad de evitar sobreexigencia temprana y en la conveniencia de observar cambios de conducta, somnolencia inusual o mayor dificultad cognitiva. Cuando la familia participa en estas medidas, mejora la coherencia del cuidado y se reducen situaciones de conflicto derivadas de expectativas poco ajustadas.
La escucha activa del cuidador permite detectar temor, desgaste emocional o dudas sobre el alta. El acompañamiento enfermero incluye legitimar estas preocupaciones, facilitar información comprensible y promover la consulta precoz ante empeoramientos o dificultades de adaptación. El objetivo no es convertir a la familia en sustituta del equipo sanitario, sino en colaboradora informada dentro de sus posibilidades.
Coordinación interdisciplinar y continuidad asistencial
La evolución del paciente con afectación cognitiva leve suele beneficiarse de una intervención coordinada. La Enfermería aporta datos de observación continuada sobre conducta, tolerancia a la actividad, adherencia, necesidades de supervisión y desempeño en situaciones reales de cuidado. Esta información complementa la valoración médica y rehabilitadora y permite ajustar objetivos funcionales.
Cuando el alta se aproxima, debe revisarse la capacidad del paciente para desenvolverse en el domicilio, el grado de supervisión disponible y la necesidad de seguimiento por rehabilitación, terapia ocupacional, trabajo social o atención primaria. La continuidad de cuidados exige transmitir de forma clara el estado funcional, las principales limitaciones observadas, las recomendaciones de apoyo y las incidencias relevantes durante el ingreso. Un alta poco planificada puede favorecer reingresos, caídas, incumplimiento terapéutico o descompensación familiar.
Criterios de evaluación de la intervención enfermera
La evaluación debe apoyarse en indicadores clínicos y funcionales observables. Entre ellos pueden considerarse la estabilidad del estado neurológico, la mejora o mantenimiento de la orientación, la reducción de errores en tareas básicas, el aumento de la participación en el autocuidado, la mejor tolerancia a la actividad, la disminución de conductas de riesgo y la comprensión familiar de las pautas de apoyo. La valoración no siempre refleja una progresión lineal; son posibles fluctuaciones relacionadas con dolor, cansancio, sueño o sobreestimulación.
También constituye un criterio relevante la calidad de la transición asistencial. Un plan de alta eficaz incluye educación comprensible, identificación de necesidades de supervisión, coordinación con recursos disponibles y adaptación de recomendaciones a la realidad social y familiar. La intervención enfermera alcanza mayor utilidad cuando no se limita a la estancia hospitalaria inmediata, sino que favorece continuidad y seguimiento.
Discusión/Conclusiones
El traumatismo craneoencefálico con alteración cognitiva leve obliga a reconsiderar la tendencia a asociar gravedad exclusivamente con déficits neurológicos evidentes. En muchos pacientes, las mayores dificultades se sitúan en un plano menos visible: atención inestable, menor capacidad para secuenciar tareas, fatiga precoz, irritabilidad o conciencia parcial de la limitación. Estos elementos condicionan la seguridad, la adherencia y la autonomía, y justifican una intervención enfermera planificada.
Uno de los principales aportes de la Enfermería es convertir observaciones cotidianas en información clínica útil. La forma en que el paciente responde a una instrucción, se orienta en la habitación, inicia el aseo o tolera una conversación puede ofrecer datos tan relevantes como otros parámetros de seguimiento. Esta mirada funcional permite detectar necesidades que podrían pasar inadvertidas en valoraciones puntuales y facilita la adecuación del plan de cuidados a la evolución real.
La intervención no debe centrarse únicamente en compensar déficits, sino también en preservar capacidades conservadas. El apoyo graduado, la estructuración del entorno y la educación familiar pueden favorecer una autonomía más segura, evitando tanto la sobreprotección como la exposición a riesgos. En paralelo, la vigilancia de cambios cognitivos o conductuales sigue siendo esencial, especialmente en fases tempranas o en transiciones asistenciales.
Entre los límites de cualquier propuesta general se encuentra la heterogeneidad del traumatismo craneoencefálico y de sus manifestaciones. La presencia de lesiones asociadas, comorbilidades, antecedentes neuropsiquiátricos, edad, entorno social y recursos de rehabilitación condiciona la respuesta al plan de cuidados. Por ello, las orientaciones expuestas deben integrarse siempre con el juicio clínico y con los procedimientos del centro.
En términos prácticos, una intervención enfermera estructurada puede contribuir a una detección más temprana de necesidades, a una mejor coordinación con el equipo interdisciplinar y a una transición más segura entre niveles asistenciales. El valor del cuidado reside en sostener la recuperación más allá del control del episodio agudo, acompañando al paciente y a la familia en un proceso en el que la aparente levedad inicial no siempre se corresponde con el impacto funcional real.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.
Financiación
Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.
Bibliografía
- Poulsen I, Langhorn L, Egerod I, Aadal L. Sleep and agitation during subacute traumatic brain injury rehabilitation: A scoping review.. Aust Crit Care. 2021;34(1):76-82. doi: https://doi.org/10.1016/j.aucc.2020.05.006
- Yamamoto S, Levin HS, Prough DS. Mild, moderate and severe: terminology implications for clinical and experimental traumatic brain injury.. Curr Opin Neurol. 2018;31(6):672-680. doi: https://doi.org/10.1097/WCO.0000000000000624
- Stenberg J, Håberg AK, Follestad T, Olsen A, Iverson GL, Terry DP, et al.. Cognitive Reserve Moderates Cognitive Outcome After Mild Traumatic Brain Injury.. Arch Phys Med Rehabil. 2020;101(1):72-80. doi: https://doi.org/10.1016/j.apmr.2019.08.477
- Juengst SB, Wright B, Vos L, Perna R, Williams M, Dudek E, et al.. Emotional, Behavioral, and Cognitive Symptom Associations With Community Participation in Chronic Traumatic Brain Injury.. J Head Trauma Rehabil. 2024;39(2):E83-E94. doi: https://doi.org/10.1097/HTR.0000000000000887
- Dark HE, Kenney K, de Souza NL, Esopenko C, Edwards KA, Dennis EL, et al.. Plasma Biomarkers, Brain Volume, and Cognitive Performance in Service Members and Veterans With mTBI: A LIMBIC-CENC Study.. JAMA Netw Open. 2026;9(2):e2559596. doi: https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2025.59596
- Brandt AE, Finnanger TG, Hypher RE, Rø TB, Skovlund E, Andersson S, et al.. Rehabilitation of executive function in chronic paediatric brain injury: a randomized controlled trial.. BMC Med. 2021;19(1):253. doi: https://doi.org/10.1186/s12916-021-02129-8
- Scheetz LJ, Horst MA, Arbour RB. Early neurological deterioration in older adults with traumatic brain injury.. Int Emerg Nurs. 2018;37:29-34. doi: https://doi.org/10.1016/j.ienj.2016.11.003
- Guldager R, Willis K, Larsen K, Poulsen I. Relatives' strategies in subacute brain injury rehabilitation: The warrior, the observer and the hesitant.. J Clin Nurs. 2019;28(1-2):289-299. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.14598
- Hicks AJ, Sinclair B, Shultz SR, Pham W, Silbert LC, Schwartz DL, et al.. Associations of Enlarged Perivascular Spaces With Brain Lesions, Brain Age, and Clinical Outcomes in Chronic Traumatic Brain Injury.. Neurology. 2023;101(1):e63-e73. doi: https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000207370
- Belding JN, Bonkowski J, Englert R, Grimes Stanfill A, Tsao JW. Associations between concussion and more severe TBIs, mild cognitive impairment, and early-onset dementia among military retirees over 40 years.. Front Neurol. 2024;15:1442715. doi: https://doi.org/10.3389/fneur.2024.1442715
- Oyesanya TO, Bowers BJ, Royer HR, Turkstra LS. Nurses' concerns about caring for patients with acute and chronic traumatic brain injury.. J Clin Nurs. 2018;27(7-8):1408-1419. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.14298
- Thomas M, Dufour L. Challenges of diffuse axonal injury diagnosis.. Rehabil Nurs. 2009;34(5):179-80. doi: https://doi.org/10.1002/j.2048-7940.2009.tb00276.x
- Zou T, Xu M, Liu Y. The long-term influence of early rehabilitation nursing on neurological improvement and life quality in patients with severe traumatic brain injury: A prospective cohort study.. J Clin Neurosci. 2026;146:111874. doi: https://doi.org/10.1016/j.jocn.2026.111874