Mejora del mantenimiento de catéter venoso central en tratamiento antineoplásico

Improving central venous catheter maintenance in antineoplastic treatment

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:243

Autor principal (primer firmante): Víctor Ramírez Ponce

Fecha recepción: 09/07/26

Fecha aceptación: 11/08/26

Fecha de publicación: 18/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):243

Autores:
Víctor Ramírez Ponce
Alicia Martín Salas
Noelia Prieto Guzmán
Rubén Castro Peña

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Quimioterapia; Catéter venoso central; Técnica aséptica; Mejora de la calidad; Seguridad del paciente; Neoplasias; Infección; Calidad de vida; Enfermería oncológica; Apoyo familiar

Keywords: Antineoplastic Agents; Central Venous Catheters; Aseptic Technique; Quality Improvement; Patient Safety; Neoplasms; Infection; Quality of Life; Oncology Nursing; Family Support

Resumen

Introducción: El catéter venoso central constituye un recurso habitual en la administración de tratamiento antineoplásico y en otros cuidados de soporte del paciente oncológico. Su utilización aporta ventajas clínicas y organizativas, pero también introduce riesgos asistenciales vinculados a la infección, la obstrucción, el deterioro del dispositivo, los errores de manipulación y la variabilidad en los cuidados. En este escenario, la Enfermería desempeña un papel decisivo en la prevención de complicaciones y en la consolidación de prácticas seguras.

Objetivos: Describir una propuesta de mejora orientada al mantenimiento del catéter venoso central en pacientes en tratamiento antineoplásico, analizar los elementos del proceso con mayor impacto en seguridad y calidad, y definir líneas de actuación enfermera relacionadas con la técnica aséptica, la educación sanitaria, la continuidad de cuidados y el seguimiento de indicadores.

Metodología: Se presenta un análisis de mejora de la calidad centrado en el proceso de mantenimiento del catéter venoso central en el ámbito oncológico. El abordaje se estructura a partir de la identificación de riesgos frecuentes, la revisión de puntos críticos de la práctica asistencial, la propuesta de intervenciones organizativas y formativas, y la formulación de indicadores de seguimiento aplicables a distintos entornos clínicos.

Resultados: La mejora del proceso puede apoyarse en la estandarización de la manipulación del dispositivo, la higiene de manos, el uso riguroso de técnica aséptica, la evaluación sistemática del punto de inserción y del funcionamiento del catéter, el registro homogéneo de incidencias, la educación al paciente y familia y la coordinación entre niveles asistenciales. Enfermería asume funciones clave en la vigilancia clínica, la detección precoz de complicaciones, la adherencia a procedimientos seguros y la comunicación interprofesional.

Discusión/Conclusiones: El mantenimiento seguro del catéter venoso central en oncología no depende exclusivamente del dispositivo, sino de la calidad del proceso de cuidados. Una estrategia de mejora basada en formación, estandarización, cultura de seguridad y seguimiento de resultados puede contribuir a disminuir eventos adversos, favorecer la continuidad terapéutica y proteger la calidad de vida del paciente. Su aplicación debe adaptarse a los protocolos de cada centro y a la situación clínica individual.

Abstract

Introduction: Central venous catheters are commonly used in patients receiving antineoplastic treatment and supportive care. Although they provide clear clinical and organizational benefits, they are also associated with risks related to infection, occlusion, device deterioration, handling errors, and variability in care practices. In this context, nursing plays a major role in preventing complications and promoting safe care.

Objectives: To describe a quality improvement proposal focused on central venous catheter maintenance in patients undergoing antineoplastic therapy, to analyze the care process elements with the greatest impact on safety and quality, and to define nursing actions related to aseptic technique, health education, continuity of care, and outcome monitoring.

Methodology: A quality improvement approach focused on central venous catheter maintenance in oncology care is presented. The analysis is structured around the identification of frequent risks, the review of critical points in clinical practice, the proposal of organizational and educational interventions, and the formulation of follow-up indicators applicable to different care settings.

Results: Process improvement may be supported by standardized catheter handling, hand hygiene, strict aseptic technique, systematic assessment of the insertion site and catheter function, consistent recording of incidents, patient and family education, and coordination across care levels. Nursing assumes a key role in clinical surveillance, early detection of complications, adherence to safe procedures, and interprofessional communication.

Discussion/Conclusions: Safe maintenance of central venous catheters in oncology depends not only on the device itself but also on the quality of the care process. An improvement strategy based on training, standardization, safety culture, and monitoring may help reduce adverse events, support treatment continuity, and protect patient quality of life. Its implementation should be adapted to local protocols and individual clinical circumstances.

Introducción

El acceso venoso central es un elemento frecuente en la atención al paciente con neoplasia que recibe tratamiento antineoplásico. Permite la administración de fármacos potencialmente irritantes, terapias prolongadas, extracción de muestras y, en muchos casos, evita venopunciones repetidas que pueden resultar dolorosas o inviables por deterioro del capital venoso periférico. Su presencia, sin embargo, obliga a mantener un equilibrio constante entre beneficio terapéutico y prevención del daño asociado al dispositivo.

Los catéteres venosos centrales, ya sean tunelizados, no tunelizados, reservorios subcutáneos o dispositivos de inserción periférica con extremo central, comparten una característica asistencial relevante: su seguridad depende en gran medida de cómo se manipulan, se mantienen y se supervisan. El riesgo de infección, la obstrucción intraluminal, la alteración del punto de inserción, el desplazamiento, el mal funcionamiento y la pérdida precoz del dispositivo pueden tener consecuencias significativas. Estas complicaciones pueden interferir en la continuidad del tratamiento, aumentar la necesidad de procedimientos adicionales, generar ingresos no previstos y condicionar la vivencia del proceso oncológico.

En la práctica clínica diaria, una parte del problema no deriva tanto de la ausencia de recursos como de la variabilidad en los cuidados. Diferencias en la preparación del material, en la antisepsia, en los tiempos de manipulación, en los criterios para el cambio de apósitos, en el modo de registrar incidencias o en la información proporcionada al paciente favorecen resultados inconsistentes. La mejora de la calidad en este ámbito requiere, por tanto, revisar el proceso completo y no solo la técnica aislada.

La Enfermería oncológica ocupa una posición central en este recorrido asistencial. Su actuación incluye la valoración del dispositivo y del entorno cutáneo, la preparación segura de la administración, el mantenimiento de la permeabilidad, la detección temprana de signos de complicación, la educación al paciente y a la familia, y la coordinación con otros profesionales y niveles asistenciales. Esta responsabilidad no debe interpretarse como un conjunto de tareas fragmentadas, sino como un proceso de cuidados orientado a preservar la seguridad del paciente y la eficacia del tratamiento.

Además del componente técnico, el mantenimiento del catéter tiene una dimensión relacional y educativa. Muchos pacientes continúan parte de sus cuidados fuera del hospital de día o de la unidad de hospitalización. La comprensión de las medidas básicas de autocuidado, de los signos de alerta y de las precauciones en el domicilio puede influir en la consulta precoz ante problemas y en la reducción de manipulaciones inseguras. El apoyo familiar adquiere especial interés cuando la situación funcional, el cansancio asociado al tratamiento o la complejidad del régimen terapéutico dificultan la autogestión.

Desde una perspectiva de seguridad del paciente, la mejora del mantenimiento del catéter venoso central exige una mirada sistémica. Resulta insuficiente atribuir las incidencias exclusivamente al profesional o al paciente si no se analizan la disponibilidad de material, la formación práctica, la carga asistencial, la claridad de los procedimientos, la trazabilidad documental y la continuidad entre consultas, hospital de día, planta de hospitalización y atención domiciliaria cuando esta existe. La calidad se construye en la interacción entre personas, procedimientos y contexto.

Objetivos

El objetivo general de este trabajo es desarrollar una propuesta de mejora de la calidad y de la seguridad del paciente centrada en el mantenimiento del catéter venoso central en personas que reciben tratamiento antineoplásico.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar los puntos críticos del proceso asistencial relacionados con la manipulación y el mantenimiento del dispositivo.
  • Describir intervenciones enfermeras orientadas a reducir la variabilidad en la práctica clínica.
  • Proponer medidas organizativas y formativas que favorezcan la técnica aséptica y la vigilancia sistemática de complicaciones.
  • Incorporar la educación al paciente y a la familia como componente del mantenimiento seguro del catéter.
  • Definir indicadores de seguimiento útiles para valorar la implantación de mejoras en distintos entornos asistenciales.

Metodología

Se realiza un planteamiento de mejora de la calidad aplicable al mantenimiento del catéter venoso central en el ámbito del tratamiento antineoplásico. El enfoque es de carácter analítico y práctico, orientado a revisar el proceso asistencial y a proponer actuaciones transferibles a unidades de hospital de día oncohematológico, consultas de tratamientos, hospitalización y otros dispositivos donde se manipulen accesos venosos centrales.

El proceso de trabajo se organiza en cuatro ejes. El primero consiste en identificar riesgos frecuentes vinculados al mantenimiento del catéter: fallos en la higiene de manos, preparación incompleta del entorno, quiebra de la técnica aséptica, manipulación innecesaria, registros heterogéneos, educación insuficiente al paciente y dificultades de coordinación entre profesionales. El segundo se centra en analizar prácticas de cuidado que pueden estandarizarse sin convertirlas en un protocolo cerrado, dado que cada institución debe adaptarlas a sus propios procedimientos. El tercero reúne propuestas de intervención orientadas a la formación, la organización del trabajo, la comunicación clínica y la participación del paciente. El cuarto define indicadores cualitativos y cuantitativos sencillos, factibles y orientados al seguimiento local.

La propuesta se apoya en principios generales de seguridad del paciente y en fundamentos ampliamente aceptados del cuidado vascular: minimizar manipulaciones, preservar la asepsia, valorar sistemáticamente la necesidad y el estado del dispositivo, registrar de forma homogénea y actuar precozmente ante signos de complicación. No se presenta como norma universal ni sustituye a los protocolos institucionales vigentes. Su utilidad reside en ofrecer una estructura de análisis y de intervención para equipos de Enfermería implicados en la administración de tratamiento antineoplásico.

En este marco, el papel enfermero se considera transversal. No se limita a la ejecución técnica de curas o conexiones, sino que abarca la preparación del procedimiento, la evaluación clínica previa, la trazabilidad documental, la educación terapéutica, la notificación de incidencias y la participación en circuitos de mejora continua. Esta visión permite abordar el mantenimiento del catéter como un proceso complejo, sensible a pequeños fallos acumulativos y, por ello, especialmente adecuado para estrategias de mejora de calidad.

Resultados

Problema asistencial y puntos críticos del proceso

El mantenimiento del catéter venoso central en pacientes oncológicos concentra numerosos momentos de riesgo. Cada acceso al sistema representa una oportunidad de contaminación si la técnica no es estricta o si el entorno de trabajo no favorece una manipulación segura. La repetición de procedimientos, la presión asistencial, la rotación de profesionales y la coexistencia de distintos tipos de dispositivos pueden incrementar la variabilidad.

Entre los puntos críticos destaca la preparación previa al procedimiento. La ausencia de un circuito de material completo, las interrupciones durante la técnica o la necesidad de abandonar el campo preparado para buscar un elemento no disponible favorecen errores evitables. También resulta relevante la heterogeneidad en la valoración inicial: no siempre se documentan de forma uniforme el estado de la piel, la integridad del apósito, la presencia de dolor, el retorno venoso, la permeabilidad o los signos locales compatibles con complicación.

Otro punto sensible es la manipulación reiterada del sistema sin una indicación clara. En el paciente oncológico, sometido con frecuencia a accesos repetidos para administración de quimioterapia, hidratación, soporte transfusional o extracción de muestras, conviene revisar cada interacción con el catéter para evitar aperturas innecesarias y reducir el tiempo total de exposición. La seguridad no depende solo de hacerlo correctamente, sino también de hacerlo únicamente cuando está justificado.

Intervenciones de mejora sobre la práctica enfermera

Una primera línea de mejora consiste en reforzar la estandarización operativa. Esto incluye secuencias de preparación homogéneas, comprobación del material antes de iniciar la técnica, criterios compartidos para la inspección del punto de inserción y del sistema, y un lenguaje clínico común para registrar incidencias. La estandarización no pretende rigidizar el cuidado, sino disminuir variaciones no justificadas que comprometen la seguridad.

La higiene de manos y la técnica aséptica ocupan un lugar central. La adherencia real a estas medidas requiere algo más que recordar su importancia. Debe garantizarse accesibilidad al material necesario, condiciones del entorno que reduzcan interrupciones y una cultura de equipo que favorezca detener el procedimiento cuando no se cumplen las condiciones adecuadas. La antisepsia cutánea, la correcta manipulación de conexiones y el respeto de los tiempos de actuación del antiséptico forman parte del mismo continuo de seguridad.

La evaluación del catéter antes de cada uso debería contemplar, al menos, la observación del apósito, la revisión visible de conexiones y alargaderas, la valoración de signos locales y la comprobación del funcionamiento del dispositivo conforme al procedimiento del centro. Ante dolor, resistencia inhabitual, inflamación, exudado, fiebre sin foco aparente o cambios en el trayecto, se recomienda suspender la manipulación no imprescindible y comunicar la incidencia para valoración clínica. La detección precoz es una competencia enfermera de alto impacto en este contexto.

La gestión del apósito y del punto de inserción constituye otro ámbito de mejora. No se trata solo de cambiar el apósito cuando corresponda, sino de mantener su integridad, vigilar humedad, despegamiento o suciedad visible y evitar maniobras que deterioren la fijación. En pacientes con piel frágil, sudoración, caquexia o tratamientos que alteran la tolerancia cutánea, la selección del material y la técnica de retirada deben individualizarse para prevenir lesiones asociadas al cuidado.

La permeabilidad del dispositivo requiere una vigilancia específica. Los episodios de dificultad para la infusión o la aspiración, así como las obstrucciones parciales, suelen ser precedidos por señales menores que pueden pasar desapercibidas si no existe observación sistemática. Registrar cambios en el patrón de funcionamiento y comunicar de forma temprana las incidencias favorece decisiones clínicas más seguras y evita manipulaciones repetidas con finalidad resolutiva sin una valoración adecuada.

Educación al paciente y apoyo familiar

La mejora del mantenimiento no puede apoyarse únicamente en la actividad del profesional. El paciente y su entorno deben comprender qué aspectos requieren observación, cuándo consultar y qué prácticas conviene evitar. La educación sanitaria resulta especialmente útil cuando existe continuidad del cuidado fuera del hospital o cuando el paciente transita entre diferentes unidades.

La información debe ser clara, concreta y adaptada a la situación funcional y emocional de la persona. Es recomendable abordar cuestiones como el cuidado del apósito, la importancia de no manipular el catéter fuera de las indicaciones recibidas, la protección del dispositivo durante la higiene corporal, los signos de alerta locales y generales y la necesidad de comunicar incidencias sin demora. En pacientes con fatiga intensa, deterioro funcional o barreras de comprensión, la participación familiar puede mejorar la observación y la consulta precoz.

El apoyo familiar no sustituye la responsabilidad profesional, pero puede convertirse en un aliado de seguridad. Cuando se incorpora de forma planificada, la familia ayuda a reforzar mensajes, detectar cambios y sostener conductas de autocuidado. Para que esta colaboración sea útil, necesita instrucciones coherentes y no contradictorias entre profesionales y niveles asistenciales.

Organización del proceso y continuidad asistencial

En muchos centros, el mismo paciente puede recibir cuidados del catéter en hospital de día, urgencias, hospitalización o atención domiciliaria. Esta circulación incrementa la necesidad de criterios homogéneos de actuación y registro. La calidad del mantenimiento mejora cuando cualquier profesional puede conocer de forma rápida el tipo de dispositivo, la fecha de la última cura, las incidencias previas, las dificultades de funcionamiento y las recomendaciones específicas registradas.

La trazabilidad documental es, por tanto, una medida de seguridad. Un registro útil no debería limitarse a consignar que el procedimiento se ha realizado, sino recoger hallazgos relevantes, incidencias, tolerancia, acciones adoptadas y necesidad de seguimiento. La documentación insuficiente favorece la repetición innecesaria de maniobras, la omisión de problemas previamente detectados y la fragmentación del cuidado.

Otra línea de mejora organizativa consiste en revisar el acceso y la disponibilidad del material. Los circuitos seguros se apoyan en carros o bandejas estandarizadas, reposición adecuada, identificación clara de productos y condiciones ambientales que faciliten la concentración durante la técnica. Las interrupciones frecuentes y la dispersión del material no son detalles menores: influyen en la adherencia a prácticas seguras.

Formación y cultura de seguridad

La formación continuada debe contemplar tanto competencias técnicas como capacidades de juicio clínico. Saber conectar un sistema no equivale a reconocer precozmente un problema del dispositivo o a decidir cuándo es preferible detener la maniobra y solicitar valoración. La competencia enfermera en este ámbito se construye con actualización, supervisión práctica, aprendizaje entre pares y retroalimentación sobre incidencias.

La cultura de seguridad también se expresa en la posibilidad de comunicar errores o casi errores sin enfoque punitivo. Las incidencias relacionadas con catéteres centrales deben analizarse como oportunidades de mejora del sistema. Si una desconexión, una manipulación en condiciones subóptimas o una omisión de registro no pueden reportarse con normalidad, el equipo pierde información valiosa para prevenir recurrencias.

Indicadores de seguimiento

La evaluación de la mejora requiere indicadores asumibles por la unidad y alineados con sus recursos. Pueden considerarse, entre otros, la adhesión observada a la higiene de manos y a la técnica aséptica, la proporción de registros completos de valoración del dispositivo, la notificación de incidencias relacionadas con el catéter, la necesidad de recambio no planificado por complicación y la cobertura formativa del personal implicado en su manipulación.

También pueden incorporarse indicadores de experiencia del paciente, como la comprensión de signos de alerta o la percepción de seguridad durante las manipulaciones, siempre que se obtengan mediante herramientas adaptadas al centro. No es necesario disponer de sistemas complejos para empezar a mejorar; resulta más útil elegir pocos indicadores, medibles y revisables, que acumular variables difíciles de sostener en el tiempo.

Discusión/Conclusiones

El mantenimiento del catéter venoso central en pacientes en tratamiento antineoplásico representa un área especialmente sensible para la seguridad del paciente. La vulnerabilidad clínica asociada a la neoplasia y a sus tratamientos, junto con la frecuencia de uso del dispositivo, hacen que pequeñas desviaciones de la práctica segura puedan adquirir relevancia asistencial. Desde esta perspectiva, la mejora no debe centrarse exclusivamente en corregir técnicas concretas, sino en rediseñar el proceso de cuidados para hacerlo más fiable.

Un aspecto especialmente relevante es la relación entre variabilidad y daño evitable. Cuando diferentes profesionales realizan la misma maniobra con criterios no compartidos, aumenta la probabilidad de omisiones, registros incompletos y respuestas desiguales ante signos iniciales de complicación. La estandarización prudente de los cuidados, adaptada al protocolo institucional, puede reducir esa variabilidad sin anular la necesaria individualización clínica. Esto es particularmente importante en oncología, donde la situación del paciente puede cambiar con rapidez y condicionar la tolerancia cutánea, la respuesta inmunitaria o la capacidad para participar en los autocuidados.

La propuesta de mejora descrita sitúa a la Enfermería como eje del proceso. Esta posición no responde solo a la frecuencia con la que el personal de Enfermería manipula el catéter, sino a su capacidad para integrar valoración, ejecución, vigilancia, educación y coordinación. La detección precoz de signos de alarma, la calidad de la documentación, la coherencia de la información ofrecida al paciente y la comunicación con el resto del equipo pueden modificar el curso de una incidencia antes de que se convierta en un evento adverso de mayor entidad.

Conviene subrayar que la educación sanitaria no es un complemento accesorio del cuidado técnico. En pacientes que alternan atención ambulatoria y domiciliaria, conocer las precauciones básicas y los signos de alerta puede favorecer consultas más tempranas y limitar manipulaciones inadecuadas fuera del entorno asistencial. La familia, cuando participa de manera informada y proporcionada, puede reforzar esta vigilancia. Sin embargo, esta implicación debe sostenerse sobre mensajes claros, realistas y homogéneos, evitando trasladar responsabilidades que corresponden al equipo clínico.

La implantación de mejoras suele encontrar barreras previsibles: tiempo asistencial limitado, diferencias de experiencia entre profesionales, rotación de personal, escasa homogeneidad documental o dificultades logísticas en el acceso al material. Frente a ello, resultan útiles medidas de bajo coste organizativo, como secuencias de preparación estandarizadas, recordatorios operativos, revisión compartida de incidencias, formación práctica periódica y circuitos de registro más claros. Los facilitadores más consistentes suelen ser la implicación del equipo, el liderazgo enfermero de proximidad y la incorporación de la seguridad del catéter a los objetivos cotidianos de la unidad.

Este enfoque presenta límites. La aplicabilidad concreta de cualquier propuesta depende del tipo de dispositivo utilizado, del ámbito asistencial, de los recursos disponibles y de las normas vigentes en cada centro. Además, la mejora del mantenimiento no puede evaluarse solo por la ausencia de complicaciones visibles, sino también por la calidad de los procesos, la consistencia de la práctica y la experiencia del paciente. Por ello, la selección de indicadores debe ser realista y sostenible, evitando sistemas de medición que no puedan mantenerse en la práctica.

En síntesis, mejorar el mantenimiento del catéter venoso central en tratamiento antineoplásico implica reforzar la técnica aséptica, reducir manipulaciones innecesarias, consolidar registros clínicos útiles, formar de manera continuada a los profesionales y dar un lugar estructurado a la educación del paciente y su familia. Cuando estas acciones se integran en una cultura de seguridad y seguimiento, pueden contribuir a disminuir complicaciones, favorecer la continuidad del tratamiento y sostener una atención oncológica más segura y de mayor calidad.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

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