Mejora de la seguridad educativa en dolor irruptivo oncológico

Improving educational safety in breakthrough cancer pain

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:456

Autor principal (primer firmante): Eva Sánchez Domínguez

Fecha recepción: 27/08/26

Fecha aceptación: 26/09/26

Fecha de publicación: 30/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):456

Autores:
Eva Sánchez Domínguez
Óscar Romero Gil
Silvia Cano Morales
Marcos Vidal Nieto
Lorena Pardo Sáez

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Educación del paciente; Mejora de la calidad; Apoyo familiar; Dolor irruptivo; Enfermería oncológica; Seguridad del paciente; Opioides; Dolor oncológico; Calidad de vida; Neoplasias

Keywords: Patient Education; Quality Improvement; Family Support; Breakthrough Pain; Oncology Nursing; Patient Safety; Opioids; Cancer Pain; Quality of Life; Neoplasms

Resumen

Introducción: El dolor irruptivo oncológico constituye una experiencia clínica de gran impacto para la persona con cáncer y su entorno, especialmente cuando aparece sobre un dolor basal relativamente controlado y requiere medicación de rescate con inicio rápido de acción. En este escenario, la seguridad del paciente no depende únicamente de la prescripción, sino también de la comprensión del tratamiento, del reconocimiento precoz de los episodios, del uso correcto de los opioides y de la coordinación entre profesionales. Los errores de interpretación sobre cuándo administrar la medicación, cómo repetir dosis o cuándo consultar pueden traducirse en infrautilización, sobreuso, sufrimiento evitable y eventos adversos.

Objetivos: Describir una propuesta de mejora orientada a incrementar la seguridad educativa en pacientes con dolor irruptivo oncológico, identificando áreas vulnerables del proceso asistencial y el papel de Enfermería en la información, el acompañamiento y la evaluación de la comprensión.

Metodología: Se presenta un análisis de mejora de calidad y seguridad centrado en el proceso educativo asociado al manejo del dolor irruptivo oncológico en el ámbito asistencial. Se revisan puntos críticos del itinerario del paciente, se plantean intervenciones organizativas y educativas de aplicación práctica y se proponen indicadores de seguimiento de carácter asistencial y formativo, sin establecer un protocolo cerrado.

Resultados: La propuesta de mejora se articula en torno a la estandarización de mensajes clave, la verificación de la comprensión mediante reformulación, la participación del cuidador cuando procede, la conciliación de la información en transiciones asistenciales y la identificación temprana de pacientes con mayor vulnerabilidad educativa. Enfermería ocupa una posición central en la valoración inicial, la priorización de necesidades, la enseñanza individualizada y la detección de riesgos relacionados con la administración de opioides, la sedación, el estreñimiento, las náuseas o la demora en la consulta ante un mal control sintomático.

Discusión/Conclusiones: Reforzar la seguridad educativa en dolor irruptivo oncológico puede contribuir a un uso más seguro del tratamiento de rescate y a una mayor coherencia entre prescripción, comprensión y práctica real. La mejora no depende solo de entregar información, sino de adaptar contenidos, confirmar aprendizaje, integrar a la familia y sostener la continuidad educativa a lo largo del proceso oncológico. El liderazgo enfermero resulta especialmente relevante para traducir indicaciones complejas en conductas seguras y evaluables.

Abstract

Introduction: Breakthrough cancer pain is a high-impact clinical problem for patients with cancer and their families, particularly when it occurs despite relatively controlled background pain and requires rapid-onset rescue medication. In this setting, patient safety depends not only on prescribing accuracy but also on treatment understanding, early recognition of pain episodes, correct opioid use, and professional coordination. Misunderstanding when to administer medication, how to repeat doses, or when to seek advice may lead to underuse, overuse, avoidable suffering, and adverse events.

Objectives: To describe a quality improvement proposal aimed at strengthening educational safety in patients with breakthrough cancer pain, identifying vulnerable points in the care process and the nursing role in information delivery, support, and assessment of understanding.

Methodology: A quality and safety improvement analysis focused on the educational process linked to breakthrough cancer pain management in clinical care is presented. Critical points in the patient pathway are reviewed, practical educational and organizational actions are proposed, and follow-up indicators related to care and learning are suggested, without defining a closed protocol.

Results: The improvement proposal is based on standardizing key messages, checking understanding through teach-back strategies, involving caregivers when appropriate, reconciling information during transitions of care, and early identification of patients with greater educational vulnerability. Nursing has a central role in initial assessment, prioritizing needs, individualized teaching, and detecting risks related to opioid administration, sedation, constipation, nausea, or delayed consultation when symptom control is inadequate.

Discussion/Conclusions: Strengthening educational safety in breakthrough cancer pain may contribute to safer rescue treatment use and greater consistency between prescription, understanding, and real-life practice. Improvement is not achieved simply by providing information, but by adapting content, confirming learning, involving family members, and maintaining educational continuity throughout the cancer trajectory. Nursing leadership is especially relevant to translate complex instructions into safe and assessable patient behaviours.

Introducción

El dolor irruptivo oncológico representa uno de los problemas más complejos dentro del control sintomático en cáncer. Se caracteriza por episodios transitorios de dolor de intensidad elevada que aparecen a pesar de existir un tratamiento de base para el dolor persistente. Su impacto va más allá del momento doloroso: altera el descanso, dificulta la movilidad, condiciona la ingesta, aumenta la ansiedad anticipatoria y puede deteriorar de forma apreciable la calidad de vida. También repercute en la familia, que suele asumir funciones de observación, apoyo y, en ocasiones, ayuda en la administración del tratamiento.

En este contexto, la seguridad clínica no se limita a la prescripción correcta del tratamiento analgésico. Una parte sustancial del riesgo se sitúa en la interfaz entre la indicación profesional y la actuación cotidiana de la persona enferma en su domicilio o durante la hospitalización. La presencia de opioides de rescate, la variabilidad en la aparición de los episodios, la coexistencia de síntomas asociados y la carga emocional del proceso oncológico convierten la educación sanitaria en un componente estructural de la seguridad del paciente.

Los problemas más habituales no suelen deberse a una única causa. Con frecuencia confluyen explicaciones demasiado rápidas, materiales escritos poco claros, mensajes distintos entre niveles asistenciales, temor al uso de opioides, falsa asociación entre analgesia y agravamiento de la enfermedad, o dificultad para diferenciar el dolor basal del episodio irruptivo. A ello se añaden situaciones de vulnerabilidad como edad avanzada, deterioro funcional, fatiga, problemas cognitivos, soledad, bajo nivel de alfabetización en salud o sobrecarga del cuidador principal.

Desde la perspectiva enfermera, el dolor irruptivo oncológico obliga a integrar valoración clínica, educación terapéutica, apoyo emocional, vigilancia de efectos adversos y continuidad de cuidados. La intervención educativa no consiste solo en informar sobre un fármaco, sino en ayudar a reconocer patrones de dolor, anticipar situaciones desencadenantes, utilizar correctamente la medicación prescrita y saber cuándo es necesario consultar. Esta tarea requiere individualización, lenguaje comprensible, comprobación activa de la comprensión y seguimiento.

La mejora de la calidad asistencial en este ámbito debe orientarse a reducir variabilidad y a minimizar errores evitables en la comprensión y manejo del tratamiento. Cuando la información no se convierte en aprendizaje funcional, el riesgo persiste aunque el paciente haya recibido instrucciones. Por ello resulta útil plantear estrategias de mejora que aborden el proceso educativo como una intervención clínica en sí misma, con objetivos, responsables, momentos de aplicación e indicadores de evaluación.

Objetivos

Objetivo general: Proponer una estrategia de mejora de calidad centrada en la seguridad educativa del paciente con dolor irruptivo oncológico y de su entorno de cuidados, con especial atención al uso seguro de opioides de rescate y a la continuidad de la información.

Objetivos específicos:

  • Identificar puntos críticos del proceso asistencial en los que puede producirse pérdida de información relevante o comprensión insuficiente.
  • Definir contenidos educativos prioritarios para favorecer un manejo más seguro del dolor irruptivo oncológico.
  • Delimitar el papel de Enfermería en la valoración de necesidades educativas, la enseñanza individualizada y la detección de riesgos.
  • Incorporar la participación del cuidador o familiar de apoyo cuando la situación clínica o social lo aconseje.
  • Proponer indicadores cualitativos y operativos que permitan monitorizar la implantación de la mejora.
  • Favorecer una cultura asistencial en la que la verificación del aprendizaje forme parte del cuidado habitual.

Metodología

Se desarrolla una propuesta de mejora aplicada al proceso asistencial de pacientes con dolor irruptivo oncológico atendidos en dispositivos hospitalarios, ambulatorios o de continuidad de cuidados. El enfoque se basa en el análisis del itinerario educativo del paciente, entendiendo que la seguridad se construye de forma progresiva desde la primera explicación del tratamiento hasta su uso autónomo o supervisado en el entorno habitual.

La metodología parte de la identificación de áreas vulnerables frecuentes en la práctica clínica:

  • Información no homogénea entre profesionales o entre niveles asistenciales.
  • Instrucciones excesivamente técnicas o de difícil recuerdo.
  • Escasa diferenciación entre medicación de base y medicación de rescate.
  • Falta de comprobación explícita de la comprensión.
  • Registro insuficiente de la educación proporcionada y de la respuesta del paciente.
  • Poca integración del cuidador en situaciones de dependencia, fragilidad o complejidad terapéutica.

A partir de estas áreas se organiza una estrategia de mejora con cinco componentes: valoración inicial estructurada, educación terapéutica estandarizada y adaptable, verificación del aprendizaje, continuidad informativa y seguimiento. No se plantea como un protocolo universal, sino como un marco de actuación que debe adecuarse a la organización del centro, a la prescripción médica y a las características clínicas y sociales de cada persona.

Para la valoración inicial se propone que Enfermería explore, además del dolor, aspectos que condicionan la seguridad educativa: comprensión previa del tratamiento analgésico, experiencias anteriores con opioides, creencias y temores, capacidad para autoadministrarse la medicación, apoyos disponibles, barreras sensoriales o cognitivas y grado de sobrecarga familiar. Esta valoración permite estratificar la intensidad educativa necesaria y seleccionar el mejor momento para la enseñanza.

La intervención educativa se concibe como un proceso y no como un acto aislado. Debe realizarse en lenguaje claro, evitando tecnicismos innecesarios, y apoyarse cuando sea útil en material escrito breve, esquemas o registros sencillos de episodios dolorosos. La comprobación de la comprensión se incorpora mediante preguntas abiertas y reformulación por parte del paciente o cuidador, de manera que el profesional pueda identificar lagunas antes de que se traduzcan en errores de uso.

La evaluación de la mejora puede apoyarse en indicadores asistenciales y de proceso, por ejemplo: proporción de pacientes con registro de educación específica sobre dolor irruptivo, existencia de verificación documentada de comprensión, presencia de plan escrito individualizado de medicación de rescate, identificación del cuidador de referencia cuando proceda y registro de efectos adversos o incidencias relacionadas con el uso del tratamiento. Estos indicadores deben adaptarse a la realidad del servicio y utilizarse con finalidad de aprendizaje organizativo.

Resultados

La propuesta de mejora se traduce en un conjunto de acciones coordinadas que pretenden aumentar la seguridad educativa en cada fase del proceso asistencial. Su utilidad reside en hacer visible que la enseñanza sobre dolor irruptivo oncológico no es complementaria, sino parte del cuidado seguro.

Detección de riesgos educativos desde la valoración enfermera

El primer resultado esperable de una estrategia organizada es la identificación temprana de pacientes con mayor vulnerabilidad. No todos requieren la misma intensidad educativa ni presentan los mismos riesgos. Algunos comprenden las indicaciones y precisan refuerzo puntual; otros necesitan sesiones repetidas, apoyo familiar estrecho y seguimiento más próximo.

En la valoración conviene explorar si el paciente distingue el dolor persistente del episodio irruptivo, si sabe para qué sirve cada fármaco, si reconoce efectos adversos relevantes y si dispone de capacidad funcional para actuar con rapidez cuando aparece el dolor. Deben considerarse también el estado emocional, la fatiga, la presencia de delirium o fluctuación cognitiva, las dificultades visuales o auditivas y el contexto domiciliario. Esta información permite anticipar incidentes evitables, como retrasos en la administración, repeticiones incorrectas de dosis o abandono del rescate por miedo.

Estandarización de mensajes clave

Uno de los principales focos de inseguridad es la variabilidad del discurso profesional. Para reducirla, la intervención propone consensuar mensajes esenciales que todo paciente reciba de manera coherente, aunque posteriormente se adapten a su situación clínica. Entre esos mensajes destacan:

  • Qué es un episodio de dolor irruptivo y cómo diferenciarlo del dolor habitual.
  • Cuál es la medicación de base y cuál es la medicación de rescate.
  • Cuándo debe utilizarse el rescate según la prescripción individual.
  • Qué efectos pueden aparecer tras su administración y cuáles requieren consulta.
  • Qué hacer si el dolor no mejora o si los episodios aumentan en frecuencia o intensidad.
  • Cómo conservar y manejar la medicación de forma segura en el domicilio.

La estandarización no implica rigidez. Significa asegurar un mínimo común de información crítica para evitar omisiones relevantes. Enfermería puede liderar la elaboración de guiones docentes breves, hojas recordatorias y registros de verificación integrados en la documentación clínica.

Verificación de la comprensión y aprendizaje funcional

Entregar un folleto o explicar verbalmente un tratamiento no garantiza aprendizaje. La mejora de seguridad exige confirmar que el paciente ha entendido y puede aplicar la información. La reformulación con palabras propias constituye una herramienta especialmente útil. Preguntas como “¿qué haría si aparece un episodio intenso de dolor?” o “¿cómo distinguiría la medicación habitual del rescate?” permiten detectar errores de comprensión sin convertir la interacción en un examen.

Este enfoque resulta valioso cuando existe alta carga emocional, escasa alfabetización en salud o tratamientos complejos. También ayuda a detectar creencias que comprometen la seguridad, como reservar siempre la medicación por miedo a la adicción, duplicar tomas por desesperación ante el dolor o interpretar la somnolencia intensa como un efecto inevitable sin relevancia clínica. La comprobación del aprendizaje debe registrarse para asegurar continuidad entre profesionales.

Participación del familiar o cuidador de apoyo

En oncología, la educación terapéutica dirigida solo al paciente puede resultar insuficiente, sobre todo en fases de fragilidad, dependencia o deterioro funcional. La inclusión del cuidador, con consentimiento del paciente y respetando su autonomía, mejora la seguridad cuando existe necesidad de apoyo para la observación de síntomas, la preparación de la medicación o la toma de decisiones ante incidencias.

El cuidador debe recibir información proporcionada a sus responsabilidades reales. No se trata de trasladar una carga asistencial adicional sin soporte, sino de clarificar signos de alarma, criterios de consulta y pautas de acompañamiento seguro. También es conveniente explorar su nivel de sobrecarga y sus propias dificultades para comprender o ejecutar las indicaciones, ya que el agotamiento puede aumentar el riesgo de errores.

Continuidad educativa en transiciones asistenciales

Otro resultado clave de la estrategia es mejorar la coherencia informativa cuando el paciente cambia de dispositivo asistencial. Las transiciones entre ingreso hospitalario, hospital de día, consultas externas, atención domiciliaria o cuidados paliativos son momentos especialmente sensibles. En ellos puede modificarse la prescripción, cambiar la presentación farmacológica o variar la persona que asume el cuidado principal.

La propuesta incluye reforzar la conciliación de la información en el alta y en los cambios terapéuticos relevantes. Enfermería puede desempeñar un papel decisivo al revisar con el paciente y su familia la pauta actual, comprobar que no persistan instrucciones antiguas y dejar constancia clara de los mensajes prioritarios transmitidos. Un plan de medicación comprensible, breve y actualizado reduce ambigüedades y facilita la continuidad.

Seguridad en el uso de opioides de rescate

El tratamiento del dolor irruptivo oncológico suele implicar fármacos con potencial de producir efectos adversos y errores de manejo si la educación es insuficiente. Por ello, la mejora planteada no se limita al control del dolor, sino que incorpora la prevención de problemas relacionados con la sedación excesiva, el estreñimiento, las náuseas, la confusión o la conservación inadecuada del medicamento.

Enfermería debe valorar de forma continuada la respuesta analgésica, la tolerancia y la aparición de signos que aconsejen reevaluación médica. Asimismo, resulta oportuno reforzar recomendaciones básicas sobre no modificar la pauta por iniciativa propia, no compartir medicación, mantenerla fuera del alcance de terceros y consultar ante cambios llamativos en el estado de conciencia o en el control sintomático. Estas indicaciones deben individualizarse según el fármaco prescrito y el contexto asistencial.

Registro, seguimiento e indicadores

La mejora solo se consolida si queda incorporada al sistema de trabajo. Se propone, por tanto, registrar de manera estructurada la educación realizada, el grado de comprensión observado, la persona receptora de la información y las incidencias detectadas. El registro permite continuidad y facilita el análisis de oportunidades de mejora.

Entre los indicadores de seguimiento que pueden considerarse se encuentran:

  • Registro de valoración educativa inicial en pacientes con dolor irruptivo oncológico.
  • Constancia de explicación diferenciada entre analgesia basal y rescate.
  • Verificación documentada de comprensión por parte del paciente o cuidador.
  • Entrega de plan escrito o soporte recordatorio cuando esté indicado.
  • Registro de revisión educativa en el alta o en cambios relevantes del tratamiento.
  • Incidencias notificadas relacionadas con malentendidos, administración incorrecta o demora en la consulta por mal control del dolor.

Estos indicadores no deben interpretarse de forma aislada ni con finalidad punitiva. Su valor reside en orientar mejoras formativas, ajustar cargas de trabajo y detectar puntos en los que el proceso educativo pierde eficacia.

Discusión/Conclusiones

La seguridad educativa en dolor irruptivo oncológico merece ser considerada un componente central de la calidad asistencial. La complejidad de este síntoma, el uso de opioides de rescate y la frecuente atención en domicilio hacen que una indicación correctamente prescrita pueda resultar insuficiente si no se traduce en una comprensión clara y operativa. En este sentido, la educación no es un acto accesorio ni exclusivamente informativo: constituye una intervención clínica que puede reducir sufrimiento evitable y prevenir incidentes.

Una de las principales aportaciones de la mejora propuesta es desplazar el foco desde la mera transmisión de información hacia la comprobación del aprendizaje. En la práctica, muchos errores no proceden de la ausencia total de explicaciones, sino de explicaciones poco adaptadas, dadas en momentos de saturación emocional o no verificadas posteriormente. La reformulación, el registro estructurado y la continuidad entre profesionales ayudan a cerrar esta brecha entre lo explicado y lo realmente entendido.

El papel de Enfermería resulta especialmente relevante por su proximidad al paciente, su capacidad para detectar barreras de comprensión y su presencia en distintos momentos del proceso oncológico. La enfermera no solo informa; también interpreta necesidades, prioriza contenidos, adapta el lenguaje, incorpora al cuidador cuando procede y vigila la aparición de efectos adversos o signos de alarma. Esta posición transversal facilita una visión integradora que conecta tratamiento, autocuidado, soporte familiar y seguridad clínica.

La participación de la familia introduce oportunidades y también exigencias. Puede mejorar adherencia, observación y respuesta precoz ante incidencias, pero requiere una incorporación planificada y respetuosa con la autonomía del paciente. No debe asumirse que la presencia familiar equivale a comprensión ni a disponibilidad real de cuidados. Evaluar capacidades y sobrecarga es parte de una educación segura.

Entre las barreras de implantación cabe prever limitación de tiempo asistencial, variabilidad entre profesionales, escasa sistematización del registro y dificultad para mantener mensajes homogéneos en circuitos complejos. También puede haber obstáculos derivados del lenguaje técnico, de creencias negativas sobre los opioides o del deterioro cognitivo del paciente. Frente a ello, actúan como facilitadores la existencia de materiales breves y claros, la formación del equipo, el uso de herramientas de verificación de comprensión y la integración de la educación en la documentación clínica habitual.

La propuesta presentada debe interpretarse como una orientación de mejora adaptable a cada entorno. Su aplicación requiere coordinación multiprofesional y adecuación a la prescripción médica, a los procedimientos del centro y al momento evolutivo de la enfermedad. No todos los pacientes precisarán la misma intensidad de intervención, y en algunos casos la reevaluación deberá ser especialmente estrecha por fragilidad clínica o complejidad terapéutica.

Reforzar la seguridad educativa en dolor irruptivo oncológico puede favorecer una atención más coherente, más comprensible y potencialmente más segura. Para la práctica enfermera, ello implica reconocer la enseñanza terapéutica como parte inseparable del control sintomático, documentarla de forma útil y evaluarla con la misma seriedad con la que se monitorizan otros cuidados. Cuando el paciente y su entorno entienden qué hacer, cómo hacerlo y cuándo pedir ayuda, la calidad asistencial gana solidez y el cuidado se aproxima mejor a sus objetivos clínicos y humanos.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Koh SJ, Keam B, Hyun MK, Ju Seo J, Uk Park K, Oh SY, et al.. Cancer Pain Management Education Rectifies Patients' Misconceptions of Cancer Pain, Reduces Pain, and Improves Quality of Life.. Pain Med. 2018;19(12):2546-2555. doi: https://doi.org/10.1093/pm/pny039
  2. Mercadante S, Cuomo A. Breakthrough Cancer Pain: Ten Commandments.. Value Health. 2016;19(5):531-6. doi: https://doi.org/10.1016/j.jval.2016.03.002
  3. Brant JM, Rodgers BB, Gallagher E, Sundaramurthi T. Breakthrough Cancer Pain: A Systematic Review of Pharmacologic Management .. Clin J Oncol Nurs. 2017;21(3 Suppl):71-80. doi: https://doi.org/10.1188/17.CJON.S3.71-80
  4. Camps Herrero C, Batista N, Díaz Fernández N, Escobar Álvarez Y, Gonzalo Gómez A, Isla Casado D, et al.. Breakthrough cancer pain: review and calls to action to improve its management.. Clin Transl Oncol. 2020;22(8):1216-1226. doi: https://doi.org/10.1007/s12094-019-02268-8
  5. Bossi P, Escobar Y, Pea F. Rapid-Onset Opioids for Management of Breakthrough Cancer Pain: Considerations for Daily Practice.. Front Pain Res (Lausanne). 2022;3:893530. doi: https://doi.org/10.3389/fpain.2022.893530
  6. Breivik H. Opioids in cancer and chronic non-cancer pain therapy-indications and controversies.. Acta Anaesthesiol Scand. 2001;45(9):1059-66. doi: https://doi.org/10.1034/j.1399-6576.2001.450902.x
  7. Olarte JM. Breakthrough cancer pain and rational drug use.. Support Care Cancer. 2017;25(Suppl 1):11-17. doi: https://doi.org/10.1007/s00520-017-3636-5
  8. Santini D, Lanzetta G, Dell'Aquila E, Vincenzi B, Venditti O, Russano M, et al.. 'Old' and 'new' drugs for the treatment of cancer pain.. Expert Opin Pharmacother. 2013;14(4):425-33. doi: https://doi.org/10.1517/14656566.2013.774375
  9. Dy SM, Asch SM, Naeim A, Sanati H, Walling A, Lorenz KA. Evidence-based standards for cancer pain management.. J Clin Oncol. 2008;26(23):3879-85. doi: https://doi.org/10.1200/JCO.2007.15.9517
  10. Duzova US, Kilic M, Gundogdu F, Yildirim D, Can G, Talu GK. Breakthrough cancer pain: assessment and self-management perspectives among oncology nurses.. BMC Nurs. 2025;24(1):1178. doi: https://doi.org/10.1186/s12912-025-03827-x
  11. Müller-Schwefe G, Ahlbeck K, Aldington D, Alon E, Coaccioli S, Coluzzi F, et al.. Pain in the cancer patient: different pain characteristics CHANGE pharmacological treatment requirements.. Curr Med Res Opin. 2014;30(9):1895-908. doi: https://doi.org/10.1185/03007995.2014.925439
  12. Lee W, Nagla A, Wong ABO, Magann L, Lovell M, Mantle E, et al.. Breakthrough cancer pain management (BTcP)-gap analysis of the current Australian landscape.. Support Care Cancer. 2026;34(4). doi: https://doi.org/10.1007/s00520-026-10518-z
  13. Sloan PA, Donnelly MB, Schwartz RW, Sloan DA. Cancer pain assessment and management by housestaff.. Pain. 1996;67(2-3):475-81. doi: https://doi.org/10.1016/0304-3959(96)03152-1
Scroll al inicio