Plan de cuidados en atención primaria para persona con diabetes tipo 2 y baja alfabetización sanitaria

Primary care plan for a person with type 2 diabetes and low health literacy

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:284

Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera

Fecha recepción: 28/07/26

Fecha aceptación: 18/08/26

Fecha de publicación: 26/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):284

Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Atención primaria de salud; Seguimiento de pacientes; Informes de casos; Educación del paciente; Glucemia; Alfabetización en salud; Autocuidado; Diabetes mellitus tipo 2; Proceso de Enfermería; Cuidados de Enfermería

Keywords: Primary Health Care; Patient Follow-Up; Case Reports; Patient Education; Blood Glucose; Health Literacy; Self Care; Diabetes Mellitus, Type 2; Nursing Process; Nursing Care

Resumen

Introducción: La diabetes mellitus tipo 2 constituye un motivo frecuente de seguimiento en atención primaria y exige un abordaje continuado del autocuidado, la adherencia terapéutica y la prevención de complicaciones. Cuando la persona presenta baja alfabetización sanitaria, aumentan las dificultades para comprender la enfermedad, interpretar las indicaciones profesionales, manejar la medicación y tomar decisiones cotidianas relacionadas con la alimentación, la actividad física o la monitorización de la glucemia.

Objetivos: Describir un plan de cuidados enfermeros en atención primaria orientado a una persona con diabetes tipo 2 y baja alfabetización sanitaria, centrado en la valoración integral, la educación terapéutica adaptada, el seguimiento y la continuidad asistencial.

Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería en el ámbito de atención primaria. El abordaje se organiza a partir de la valoración de necesidades, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de objetivos realistas, la aplicación de intervenciones educativas adaptadas al nivel de comprensión y el seguimiento evolutivo en consulta y contacto programado.

Resultados: La valoración mostró dificultades de comprensión de las indicaciones sobre dieta, tratamiento y autocontrol, junto con dudas frecuentes, escasa capacidad para interpretar etiquetas y baja seguridad en la toma de decisiones relacionadas con la enfermedad. El plan de cuidados priorizó la comunicación clara, la comprobación de la comprensión, la simplificación de mensajes, el entrenamiento práctico y la implicación del entorno de apoyo. Durante el seguimiento se observó mejoría progresiva en la participación, en la identificación de signos de alerta y en la ejecución de conductas básicas de autocuidado.

Discusión/Conclusiones: La baja alfabetización sanitaria condiciona de forma relevante la efectividad del plan terapéutico y debe incorporarse a la valoración enfermera desde las primeras visitas. En atención primaria, la adaptación comunicativa, el refuerzo secuencial de contenidos y el seguimiento longitudinal pueden contribuir a una atención más segura, comprensible y centrada en la persona.

Abstract

Introduction: Type 2 diabetes mellitus is a common condition managed in primary health care and requires ongoing support for self-care, treatment adherence and complication prevention. When patients have low health literacy, they may face difficulties understanding the disease, interpreting professional advice, managing medication and making everyday decisions related to diet, physical activity or blood glucose monitoring.

Objectives: To describe a nursing care plan in primary health care for a person with type 2 diabetes and low health literacy, focused on comprehensive assessment, adapted therapeutic education, follow-up and continuity of care.

Methodology: A clinical situation is presented using the nursing process in a primary care setting. The approach is organized through needs assessment, identification of care problems, planning of realistic goals, implementation of educational interventions adapted to the patient’s level of understanding, and follow-up through scheduled visits and contact.

Results: Assessment revealed difficulties in understanding recommendations about diet, treatment and self-monitoring, together with frequent doubts, limited ability to interpret labels and low confidence in making decisions related to the disease. The care plan prioritized clear communication, teach-back strategies, message simplification, practical training and involvement of the support network. Follow-up showed progressive improvement in participation, recognition of warning signs and performance of basic self-care behaviors.

Discussion/Conclusions: Low health literacy significantly influences the effectiveness of the therapeutic plan and should be included in nursing assessment from the first encounters. In primary health care, adapted communication, stepwise reinforcement of information and longitudinal follow-up may contribute to safer, more understandable and person-centred care.

Introducción

La atención a la persona con diabetes tipo 2 en el ámbito comunitario no se limita al control de parámetros clínicos ni a la revisión periódica del tratamiento. Supone acompañar un proceso de adaptación prolongado, en el que la persona debe integrar conocimientos, habilidades y decisiones cotidianas con impacto directo sobre su salud. En este escenario, la consulta de Enfermería en atención primaria ocupa una posición especialmente relevante por su continuidad, accesibilidad y capacidad para articular educación terapéutica, seguimiento y coordinación con otros profesionales.

La alfabetización sanitaria influye en la forma en que cada persona obtiene, comprende y utiliza la información relacionada con la salud. Un nivel bajo puede dificultar la lectura de instrucciones, la comprensión de pautas farmacológicas, la interpretación de resultados de glucemia o la identificación de signos de descompensación. También puede afectar a la comunicación con los profesionales, a la adherencia y a la capacidad para desenvolverse en el sistema sanitario. En diabetes tipo 2, donde gran parte del tratamiento se realiza fuera de la consulta, esta variable adquiere una importancia práctica evidente.

No todas las personas con baja alfabetización sanitaria manifiestan de forma explícita sus dificultades. Algunas asienten durante la entrevista, refieren entender las recomendaciones o minimizan sus dudas por vergüenza, temor a parecer poco capacitadas o experiencias previas negativas. Por ello, la valoración enfermera debe ir más allá de la entrega de información y explorar de manera activa cómo comprende la persona su enfermedad, qué significado atribuye al tratamiento, qué barreras encuentra en su entorno y qué recursos de apoyo tiene disponibles.

La complejidad del cuidado aumenta cuando coinciden otros factores frecuentes en la práctica comunitaria: edad avanzada, comorbilidad, polimedicación, soledad, bajo nivel educativo formal, precariedad económica o limitaciones sensoriales. Ninguno de estos elementos determina por sí solo la capacidad de autocuidado, pero su combinación puede comprometer la seguridad del plan terapéutico y obligar a adaptar la intervención enfermera.

El presente artículo desarrolla una situación clínica orientada a mostrar cómo el proceso de Enfermería puede aplicarse en atención primaria ante una persona con diabetes tipo 2 y dificultades de comprensión sanitaria. El interés del caso reside menos en la complejidad biomédica que en la necesidad de transformar la comunicación clínica en una herramienta de cuidado, reduciendo la distancia entre la indicación profesional y la capacidad real de la persona para llevarla a la práctica.

Objetivos

Describir un plan de cuidados enfermeros en atención primaria para una persona con diabetes tipo 2 y baja alfabetización sanitaria, con especial atención a la valoración integral, la educación terapéutica adaptada y el seguimiento longitudinal.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar factores personales, familiares y contextuales que interfieren en la comprensión y manejo de la diabetes.
  • Explorar necesidades de aprendizaje relacionadas con la medicación, la alimentación, la actividad física, la monitorización y los signos de alerta.
  • Planificar intervenciones enfermeras orientadas a mejorar la comprensión práctica del tratamiento y la capacidad de autocuidado.
  • Favorecer una comunicación clínica clara, verificable y ajustada al ritmo de aprendizaje de la persona.
  • Potenciar la participación del entorno de apoyo cuando resulte aceptado y útil para la continuidad de cuidados.
  • Valorar la evolución del caso a partir de cambios observables en la comprensión, la implicación y la ejecución de conductas básicas de cuidado.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito de atención primaria estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza en torno a cinco momentos: valoración inicial, identificación de problemas de cuidados, planificación de objetivos individualizados, intervención educativa y seguimiento evolutivo.

La valoración se centra en áreas especialmente relevantes para el control de la diabetes en el domicilio: conocimiento de la enfermedad, comprensión del tratamiento farmacológico, capacidad para seguir recomendaciones alimentarias comprensibles, realización de actividad física adaptada, manejo del autocontrol si está indicado, reconocimiento de signos de descompensación, apoyo familiar, barreras sociales y estilo de comunicación más eficaz. Se consideran asimismo aspectos emocionales, ya que el miedo, la frustración o el sentimiento de incapacidad pueden interferir en la adherencia tanto como las dificultades cognitivas o educativas.

La planificación enfermera se apoya en objetivos realistas, graduales y evaluables en la práctica clínica cotidiana. Se priorizan metas de comprensión funcional frente a un exceso de información teórica. En este contexto, entender para qué sirve una medicación, cuándo tomarla y qué hacer ante una incidencia resulta más útil que recibir explicaciones extensas que no logren incorporarse al día a día.

Las intervenciones se diseñan con un enfoque de comunicación adaptada. Se emplean frases cortas, un solo mensaje relevante cada vez, material visual sencillo, entrenamiento práctico y comprobación de la comprensión mediante reformulación por parte de la persona. El seguimiento se plantea en visitas sucesivas de Enfermería, reforzando contenidos ya trabajados y revisando dificultades concretas surgidas en el domicilio. Cuando es pertinente, se incorpora a un familiar o cuidador de referencia para facilitar la continuidad del plan.

La exposición del caso no pretende establecer un protocolo cerrado, sino ofrecer un marco de actuación aplicable a situaciones similares en atención primaria, siempre sujeto a valoración profesional individualizada y a la organización de cada equipo asistencial.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Mujer de 68 años, identificada como M.R., con diagnóstico previo de diabetes tipo 2 y seguimiento habitual en atención primaria. Convive con su esposo y refiere autonomía básica para las actividades de la vida diaria. Acude a consulta de Enfermería derivada por dificultades persistentes en el control cotidiano de la enfermedad. Durante las visitas previas se habían detectado dudas repetidas sobre la medicación, escasa regularidad en algunas conductas de autocuidado y tendencia a responder afirmativamente a las indicaciones sin poder explicarlas después con sus propias palabras.

En la entrevista inicial refiere que “hace lo que puede”, pero reconoce que a veces confunde las tomas, no entiende bien por qué unos alimentos “suben más” que otros y no sabe interpretar con seguridad cuándo una cifra de glucemia requiere consultar. Lleva consigo informes y hojas informativas, aunque expresa que le cuesta leerlas y que muchas veces se guía por lo que recuerda de consultas anteriores o por comentarios de personas cercanas. No presenta rechazo al tratamiento, pero sí inseguridad y cansancio ante mensajes que percibe como complejos o cambiantes.

La paciente comenta además que evita preguntar cuando no entiende algo porque teme parecer “torpe”. Su esposo participa parcialmente en los cuidados, aunque también muestra lagunas de comprensión. Esta información orienta hacia un problema de comprensión sanitaria más que a una mera falta de motivación.

Valoración enfermera

La valoración identifica varios elementos con impacto directo sobre el manejo de la diabetes. En primer lugar, existe conocimiento limitado sobre la enfermedad y sobre la finalidad de algunas medidas terapéuticas. La paciente diferencia de forma general que “tiene azúcar”, pero no relaciona con claridad la alimentación, el ejercicio, la medicación y el seguimiento profesional dentro de un mismo plan de control.

En segundo lugar, presenta dificultad para comprender instrucciones escritas y para trasladar recomendaciones abstractas a situaciones concretas. Expresiones como “controlar los hidratos”, “evitar excesos” o “vigilar síntomas” no se traducen automáticamente en decisiones prácticas. Al explorar ejemplos cotidianos, surgen dudas sobre el tamaño de las raciones, la elección entre productos aparentemente similares y el manejo de olvidos farmacológicos.

También se detecta dependencia de la memoria inmediata para seguir el tratamiento, sin apoyos estructurados consistentes. Aunque dispone de medicación organizada en el domicilio, no utiliza de forma estable recordatorios visuales ni una secuencia diaria claramente asociada a rutinas. La comprensión de los signos que deberían motivar consulta es parcial: identifica malestar general o mareo, pero no siempre los vincula con una posible alteración glucémica ni sabe qué información comunicar.

Desde el punto de vista emocional, la paciente manifiesta deseo de cuidarse, pero verbaliza sensación de desbordamiento cuando recibe mucha información en poco tiempo. No hay datos que sugieran deterioro cognitivo en la entrevista clínica habitual, si bien se constata la necesidad de adaptar el lenguaje y el ritmo de enseñanza. El entorno familiar es potencialmente colaborador, aunque precisa también orientación breve y concreta.

Problemas de cuidados priorizados

A partir de la valoración se priorizan varios problemas de cuidados. Destacan la gestión ineficaz del régimen terapéutico relacionada con dificultades de comprensión y de integración del tratamiento en la rutina diaria; conocimientos insuficientes sobre diabetes y autocuidado; riesgo de inestabilidad glucémica vinculado al manejo inconstante de alimentación, medicación y autocontrol; y disposición para mejorar el manejo de la salud, dado que la paciente expresa interés por aprender si la información se le ofrece de forma comprensible.

Más que centrarse en una lista amplia de déficits, el plan se orienta a los elementos con mayor repercusión funcional: entender qué debe hacer cada día, cómo hacerlo, por qué es importante y cuándo pedir ayuda.

Planificación de cuidados

Se establecen objetivos a corto y medio plazo formulados en términos observables. Entre ellos: que la paciente explique con sus palabras para qué sirve su tratamiento principal; que identifique la pauta diaria asociándola a momentos concretos; que reconozca al menos un conjunto básico de signos de alerta y la conducta recomendable ante ellos; que mejore su capacidad para seleccionar opciones alimentarias más adecuadas en situaciones habituales; y que participe activamente en las consultas planteando dudas.

Para favorecer la adherencia, se acuerda evitar sobrecargar cada visita con múltiples contenidos nuevos. Se decide trabajar prioridades secuenciales: primero medicación y signos de alerta; después alimentación cotidiana; más adelante actividad física y refuerzo del seguimiento. El plan incorpora a su esposo en parte de las sesiones, previa aceptación de la paciente, para unificar mensajes y apoyar la organización doméstica.

Intervenciones enfermeras

La primera línea de intervención consiste en adaptar la comunicación. Durante las consultas se utilizan frases breves, vocabulario no técnico y un orden estable de temas. Cada recomendación se vincula con ejemplos concretos del día a día de la paciente. En lugar de instrucciones generales, se reformulan mensajes en acciones específicas: qué medicamento tomar, en qué momento del día, dónde guardarlo, qué hacer si olvida una toma o a quién consultar si aparecen síntomas determinados.

Se emplea la técnica de comprobación de la comprensión mediante devolución verbal. Tras cada bloque de información, se solicita a la paciente que explique con sus palabras lo acordado. Esta estrategia permite identificar malentendidos de forma no estigmatizante y ajustar de inmediato la enseñanza. Cuando surgen errores, se corrigen con naturalidad, evitando transmitir culpabilización.

Respecto al tratamiento farmacológico, se revisa la pauta que trae prescrita y se trabaja su organización con apoyo visual sencillo. Se propone un esquema doméstico comprensible, asociado a rutinas habituales como desayuno, comida o cena. El objetivo no es aumentar la cantidad de información, sino reducir la carga de memoria y favorecer una secuencia estable. Se revisan además posibles obstáculos prácticos, como envases parecidos, cambios recientes en la presentación o dudas sobre qué hacer cuando no sigue el horario habitual.

En el ámbito de la alimentación, la intervención se centra en decisiones concretas y repetibles. En vez de impartir una explicación extensa sobre nutrientes, se exploran las comidas habituales del domicilio y se sugieren ajustes asumibles. Se trabaja la lectura elemental de productos cuando resulta posible, pero priorizando señales sencillas y comparaciones directas. También se abordan situaciones frecuentes como celebraciones, picoteo entre horas o compras realizadas por otros miembros de la familia.

La actividad física se plantea de forma adaptada a su situación funcional y a sus hábitos previos. Se refuerza la idea de regularidad más que de intensidad, vinculando el movimiento a actividades asumibles en el entorno cotidiano. La intervención evita mensajes normativos difíciles de sostener y se orienta a incorporar metas realistas.

Otra intervención relevante es la identificación de signos y síntomas que deben motivar atención sanitaria. Se seleccionan mensajes básicos: presencia de malestar llamativo, síntomas compatibles con alteraciones glucémicas, imposibilidad para mantener la ingesta habitual, vómitos o cualquier situación de empeoramiento que la paciente no sepa manejar. Se revisa a quién llamar, qué información ofrecer y cuándo no demorar la consulta.

Se entrega material de apoyo escrito en formato breve y legible, con frases cortas y organización visual sencilla. El material no sustituye la educación verbal, sino que actúa como recordatorio de lo trabajado en consulta. Se recomienda colocarlo en un lugar visible del domicilio y compartirlo con el esposo.

Finalmente, se programa seguimiento enfermero periódico. En cada contacto se revisan dos aspectos: lo que la paciente ha podido incorporar con seguridad y los problemas reales surgidos en casa. Este enfoque permite adaptar el plan de cuidados a la experiencia concreta, en lugar de mantener una enseñanza desconectada de la vida cotidiana.

Evolución durante el seguimiento

En las revisiones sucesivas, la paciente comienza a formular más preguntas y disminuye la respuesta automática de “sí, ya lo sé”. Es capaz de explicar con mayor claridad la finalidad de parte de su tratamiento y de describir la secuencia diaria acordada. Aunque persisten dudas puntuales, la comprensión mejora cuando la información se presenta de forma escalonada y vinculada a ejemplos familiares.

Su esposo participa de manera más activa en la organización de la medicación y en la planificación de algunas comidas, lo que reduce errores por olvido. La paciente verbaliza sentirse “más tranquila” al saber qué aspectos debe vigilar y cuándo debe pedir ayuda. También muestra mayor seguridad para reconocer situaciones que antes interpretaba de manera ambigua.

La evolución no es lineal. En algunas visitas reaparecen confusiones, sobre todo tras cambios en la rutina o ante recomendaciones recibidas de personas ajenas al equipo sanitario. Sin embargo, el seguimiento permite reconducir estas dificultades y reforzar mensajes clave. El resultado más relevante no es la adquisición de conocimientos extensos, sino el aumento de la comprensión funcional y de la capacidad para desenvolverse con menor incertidumbre en el manejo diario de la diabetes.

Discusión/Conclusiones

La situación descrita ilustra un problema frecuente en atención primaria: la distancia entre la información ofrecida y la información realmente comprendida. En la persona con diabetes tipo 2, esta brecha puede traducirse en errores cotidianos de medicación, decisiones dietéticas poco seguras, uso inadecuado del autocontrol y retraso en la consulta ante signos de descompensación. La baja alfabetización sanitaria no debe interpretarse como desinterés ni como falta de implicación, sino como una condición que modifica la forma de planificar los cuidados.

Desde la práctica enfermera, la respuesta más útil suele consistir en simplificar sin infantilizar, comprobar la comprensión sin examinar y priorizar la funcionalidad del aprendizaje sobre la acumulación de contenidos. El valor del seguimiento longitudinal radica en que permite detectar malentendidos invisibles en una consulta única y convertir la educación terapéutica en un proceso progresivo, negociado y realista.

La adaptación comunicativa no implica reducir la exigencia clínica, sino hacerla accesible. Fraccionar la información, utilizar ejemplos cotidianos, reforzar un número limitado de mensajes por visita y trabajar con apoyo visual sencillo puede mejorar la seguridad del plan terapéutico. Del mismo modo, incluir al entorno cuando la persona lo acepta puede favorecer la continuidad de cuidados, especialmente en tareas organizativas relacionadas con la medicación o la alimentación.

Este tipo de abordaje también tiene implicaciones éticas. Una persona puede consentir, asentir o acudir a revisiones periódicas y, sin embargo, no disponer de herramientas suficientes para comprender lo que se le pide. Reconocer esta situación obliga a revisar la forma de comunicar y a evitar que la responsabilidad del control recaiga de manera injusta sobre quien no ha recibido una enseñanza adaptada a sus capacidades y circunstancias.

Entre las limitaciones del abordaje se encuentra la variabilidad individual. No todas las personas con baja alfabetización sanitaria presentan las mismas barreras ni responden del mismo modo a las mismas estrategias. Además, la comprensión puede fluctuar según el estrés, la complejidad del tratamiento, la presencia de otras enfermedades o los cambios en el entorno familiar. Por ello, el plan de cuidados debe reevaluarse periódicamente.

En atención primaria, la consulta de Enfermería ofrece un espacio privilegiado para detectar estas necesidades y sostener intervenciones breves, repetidas y centradas en la vida real de la persona. Cuando la alfabetización sanitaria se incorpora a la valoración inicial, el proceso de Enfermería gana precisión clínica y aumenta su capacidad para promover un autocuidado más seguro, comprensible y viable en el domicilio.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración y publicación de este artículo.

Financiación

Este trabajo no ha recibido financiación externa ni apoyo económico específico para su realización.

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