Care plan for a patient with decompensated heart failure during medical hospitalization
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 10 – Octubre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 10:462
Autor principal (primer firmante): Víctor Ramírez Ponce
Fecha recepción: 23/08/26
Fecha aceptación: 26/09/26
Fecha de publicación: 01/10/26
Ref.: CADICE. 2026;1(10):462
Autores:
Víctor Ramírez Ponce
Alicia Martín Salas
Noelia Prieto Guzmán
Rubén Castro Peña
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Autocuidado; Diuréticos; Cuidados de Enfermería; Atención hospitalaria; Proceso de Enfermería; Edema; Hospitalización; Insuficiencia cardíaca; Continuidad asistencial; Seguridad del paciente
Keywords: Self Care; Diuretics; Nursing Care; Hospital Care; Nursing Process; Edema; Hospitalization; Heart Failure; Continuity of Patient Care; Patient Safety
Resumen
Introducción: La insuficiencia cardiaca descompensada constituye un motivo frecuente de ingreso en unidades médicas y plantea necesidades complejas de vigilancia, tratamiento y educación sanitaria. Durante la hospitalización, la enfermera participa de forma continuada en la detección de cambios clínicos, el control de la respuesta al tratamiento y la preparación del paciente y su entorno para la continuidad asistencial.
Objetivos: Desarrollar un plan de cuidados enfermero aplicable a una persona hospitalizada por insuficiencia cardiaca descompensada, describiendo la valoración inicial, los principales problemas de cuidados, las intervenciones prioritarias y los elementos de seguridad y continuidad al alta.
Metodología: Se expone una situación clínica de hospitalización médica estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje integra valoración por patrones funcionales, identificación de necesidades alteradas, formulación de diagnósticos y problemas de colaboración, planificación de objetivos asistenciales y seguimiento evolutivo durante el ingreso.
Resultados: La situación clínica descrita muestra a un paciente con disnea, ortopnea, edema periférico, limitación funcional y ansiedad ante el empeoramiento respiratorio. La priorización enfermera se centra en la monitorización hemodinámica y respiratoria, el control del balance hídrico, la administración segura del tratamiento prescrito, la vigilancia de efectos adversos, la prevención de complicaciones de la inmovilidad y la educación para el autocuidado. La evolución clínica es favorable tras la respuesta al tratamiento, con mejoría de la congestión y progresiva preparación para el alta.
Discusión/Conclusiones: El cuidado enfermero en la insuficiencia cardiaca descompensada requiere valoración continuada, toma de decisiones prudente y coordinación con el equipo. La hospitalización ofrece una oportunidad para estabilizar al paciente y reforzar conocimientos sobre medicación, dieta, reconocimiento precoz de signos de alarma y seguimiento posterior. Un plan de cuidados individualizado puede contribuir a una atención más segura, coherente y centrada en la persona.
Abstract
Introduction: Acute decompensated heart failure is a common cause of admission to medical wards and involves complex needs related to surveillance, treatment, and health education. During hospitalization, nurses play a continuous role in identifying clinical changes, monitoring treatment response, and preparing patients and families for continuity of care.
Objectives: To develop a nursing care plan for a patient admitted with decompensated heart failure, describing initial assessment, main care problems, priority interventions, and key elements related to safety and discharge planning.
Methodology: A clinical inpatient situation is presented and organized through the nursing process. The approach includes functional assessment, identification of altered needs, formulation of nursing problems and collaborative issues, care planning, and follow-up during hospitalization.
Results: The clinical situation describes a patient with dyspnea, orthopnea, peripheral edema, reduced functional capacity, and anxiety related to respiratory worsening. Nursing priorities include respiratory and hemodynamic monitoring, fluid balance control, safe administration of prescribed therapy, surveillance for adverse effects, prevention of immobility-related complications, and self-care education. Clinical progress is favorable after treatment response, with reduced congestion and progressive discharge preparation.
Discussion/Conclusions: Nursing care in decompensated heart failure requires ongoing assessment, prudent clinical judgment, and close interprofessional coordination. Hospital admission offers an opportunity not only for stabilization but also for strengthening patient knowledge regarding medication, diet, early warning signs, and follow-up. An individualized nursing care plan may support safer and more consistent care.
Introducción
La insuficiencia cardiaca descompensada es una situación clínica de elevada complejidad asistencial en la que confluyen manifestaciones de congestión, intolerancia a la actividad, alteraciones del sueño, incertidumbre y riesgo de deterioro rápido si no existe una vigilancia estrecha. En el entorno hospitalario, el paciente suele ingresar por empeoramiento de la disnea, aumento de edemas, ortopnea, ganancia de peso reciente, cansancio intenso o reducción de la capacidad para las actividades básicas. Estos signos y síntomas obligan a una actuación coordinada, en la que la Enfermería ocupa una posición central por su presencia continua junto a la persona hospitalizada.
La descompensación puede relacionarse con múltiples factores: progresión de la enfermedad de base, infecciones intercurrentes, desajustes terapéuticos, mala tolerancia al tratamiento, exceso de ingesta hidrosalina, comorbilidad renal o respiratoria y dificultades de autocuidado. Por ello, la valoración enfermera no debe limitarse a la congestión evidente, sino incluir el estado funcional previo, la comprensión del tratamiento, el apoyo familiar disponible, la capacidad para reconocer signos de alarma y las barreras que puedan dificultar la adherencia tras el alta.
En la práctica clínica, la hospitalización por insuficiencia cardiaca representa un momento sensible para la seguridad del paciente. La administración de diuréticos, la monitorización de la diuresis, el control del balance hídrico, la vigilancia de hipotensión, mareo o deterioro de la perfusión periférica y la observación de la respuesta respiratoria requieren una atención minuciosa. A ello se suman riesgos asociados a la inmovilidad, la fragilidad, las lesiones cutáneas por edema y la posible confusión derivada de hipoxemia, cansancio o polimedicación.
Desde el punto de vista enfermero, el proceso de atención permite ordenar la intervención y priorizar problemas reales y potenciales. La identificación de necesidades alteradas facilita un abordaje individualizado, no reducido al tratamiento farmacológico. El control de síntomas, la conservación de la energía, la educación para el autocuidado, la participación de la familia y la planificación del alta son componentes inseparables de una atención integral.
El presente artículo desarrolla una situación clínica de hospitalización médica centrada en el cuidado de una persona con insuficiencia cardiaca descompensada. Se pretende ofrecer un marco práctico para la valoración, la planificación y el seguimiento de cuidados, manteniendo un enfoque prudente y aplicable a distintos contextos asistenciales.
Objetivos
El objetivo general es desarrollar un plan de cuidados enfermero para una persona hospitalizada por insuficiencia cardiaca descompensada, integrando valoración clínica, prioridades asistenciales, intervenciones de vigilancia y medidas de continuidad de cuidados.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Describir la valoración inicial enfermera de un paciente con signos de congestión y limitación funcional durante el ingreso en una unidad médica.
- Identificar los principales problemas de cuidados relacionados con la disnea, el exceso de volumen, la intolerancia a la actividad, la ansiedad y el déficit de conocimientos.
- Planificar intervenciones enfermeras orientadas al control de síntomas, la seguridad en la administración del tratamiento prescrito y la prevención de complicaciones.
- Analizar la evolución clínica durante la hospitalización y los criterios de preparación para el alta.
- Subrayar la relevancia de la educación sanitaria y de la continuidad asistencial en pacientes con insuficiencia cardiaca.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados y de colaboración, la planificación de intervenciones, la ejecución de actividades prioritarias y la evaluación evolutiva durante el ingreso.
La valoración se orienta por patrones funcionales de salud, con especial atención a los aspectos respiratorios, circulatorios, nutricionales, de eliminación, movilidad, descanso, afrontamiento y aprendizaje. Este enfoque permite integrar datos físicos y funcionales con elementos psicosociales relevantes, ya que la insuficiencia cardiaca no solo condiciona el estado hemodinámico, sino también la autonomía, la percepción de seguridad y la capacidad de autocuidado.
Para mantener la utilidad clínica del artículo, la situación se presenta con datos generales y plausibles de la práctica asistencial habitual: paciente de edad avanzada, con antecedentes cardiovasculares y episodio de descompensación congestiva que precisa ingreso, oxigenoterapia según situación clínica y tratamiento prescrito con diuréticos y otras medidas de soporte. No se introducen parámetros analíticos o exploratorios concretos que no sean necesarios para el análisis enfermero.
La planificación de cuidados se centra en problemas frecuentes durante la hospitalización médica por insuficiencia cardiaca: patrón respiratorio comprometido, sobrecarga hídrica, disminución de la tolerancia a la actividad, ansiedad vinculada a la sensación de ahogo, riesgo de deterioro cutáneo y necesidad de educación sanitaria antes del alta. La evaluación se plantea de forma dinámica, atendiendo a la mejoría clínica, la capacidad de colaboración y la preparación del paciente y su cuidador principal para continuar los cuidados en domicilio.
Resultados
Presentación de la situación clínica
Varón de 79 años, identificado como J.M., que ingresa en una unidad de medicina interna por empeoramiento progresivo de la disnea en los días previos, edema en miembros inferiores y dificultad para descansar en decúbito. Entre sus antecedentes refiere insuficiencia cardiaca conocida, hipertensión arterial y tratamiento farmacológico crónico. Vive con su esposa, mantiene cierta autonomía para actividades básicas, aunque en las últimas semanas presenta mayor cansancio, menor tolerancia al esfuerzo y necesidad de dormir incorporado.
En la valoración de ingreso se observa disnea con esfuerzos mínimos, ortopnea, edema maleolar bilateral, sensación de plenitud abdominal, cansancio intenso y ansiedad relacionada con la dificultad respiratoria. El paciente verbaliza miedo a empeorar por la noche y reconoce dudas sobre la dieta, el control de líquidos y el ajuste cotidiano de su tratamiento. Refiere disminución de la diuresis habitual en los últimos días y escasa actividad física reciente. No expresa dolor torácico en ese momento, pero sí opresión inespecífica asociada al ahogo.
Valoración enfermera inicial
En el patrón de percepción y manejo de la salud, el paciente identifica que padece una enfermedad cardiaca crónica, aunque muestra conocimientos parciales sobre los factores que pueden precipitar una descompensación. Describe adherencia irregular a ciertas recomendaciones no farmacológicas, especialmente en periodos de celebraciones familiares o cuando presenta sensación de sed. La polimedicación le genera inseguridad y depende en parte de su esposa para organizar la toma.
En el patrón nutricional-metabólico destacan edema en extremidades inferiores, aumento del perímetro abdominal referido por el paciente, sensación de pesadez y necesidad de supervisar la ingesta de líquidos y sal. La piel está íntegra, pero tensa en zonas edematosas, con riesgo de deterioro si persiste la congestión o aumenta la inmovilidad. En el patrón de eliminación, la diuresis debe monitorizarse estrechamente, tanto por la propia descompensación como por la administración de diuréticos prescritos.
En el patrón actividad-ejercicio se objetiva una limitación importante para desplazamientos cortos y para el aseo sin pausas, con necesidad de reposo frecuente. El sueño aparece alterado por la ortopnea y los despertares nocturnos. En el patrón cognitivo-perceptivo se mantiene orientado y colaborador, aunque preocupado. En el patrón adaptación-tolerancia al estrés verbaliza miedo, sensación de pérdida de control y temor a un nuevo ingreso. La esposa participa activamente y solicita información clara sobre cuidados en domicilio.
Problemas de cuidados identificados
Tras la valoración inicial se priorizan varios problemas. En primer lugar, la dificultad respiratoria vinculada a la congestión, manifestada por disnea, ortopnea y limitación funcional. En segundo lugar, el exceso de volumen de líquidos, evidenciado por edema periférico, disminución de la tolerancia al esfuerzo y percepción de aumento de peso y distensión. También se identifica intolerancia a la actividad por desequilibrio entre aporte y demanda de oxígeno, así como ansiedad relacionada con la sensación de ahogo y con la incertidumbre sobre la evolución clínica.
Junto a estos problemas aparecen otros de especial interés enfermero: riesgo de deterioro de la integridad cutánea por edema e inmovilidad relativa, riesgo de caídas por debilidad, necesidad de vigilancia ante efectos adversos del tratamiento diurético y déficit de conocimientos sobre autocuidado, signos de alerta y continuidad terapéutica.
Planificación de cuidados durante la hospitalización
La planificación se dirige, en una primera fase, a estabilizar la situación clínica y reducir la congestión. Entre los objetivos asistenciales se incluyen disminuir la disnea en reposo y con movilizaciones básicas, favorecer una oxigenación adecuada según la situación del paciente, aumentar la comodidad en el descanso, controlar el balance hídrico y mejorar de forma progresiva la tolerancia a la actividad. Otro objetivo prioritario es administrar el tratamiento prescrito de manera segura, observando la respuesta clínica y posibles incidencias.
En una segunda fase, a medida que mejora la sintomatología, la planificación incorpora metas relacionadas con la recuperación funcional y con la preparación del alta: participación del paciente en actividades de autocuidado, comprensión básica de la pauta terapéutica, identificación de signos de descompensación y conocimiento de recomendaciones generales sobre dieta, peso y seguimiento clínico.
Intervenciones enfermeras prioritarias
La vigilancia respiratoria constituye una intervención central. Se coloca al paciente en una posición que facilite la expansión torácica y reduzca la ortopnea, se observa la presencia de disnea en reposo y con mínimos esfuerzos, y se valora la tolerancia a los cambios posturales. La oxigenoterapia se aplica conforme a la prescripción y a la situación clínica, controlando la respuesta subjetiva y objetiva. La observación enfermera resulta especialmente útil para detectar empeoramientos precoces, incremento del trabajo respiratorio o dificultad para hablar en frases completas.
El control del balance hídrico se realiza mediante registro cuidadoso de ingestas y eliminaciones, seguimiento de la diuresis y observación de cambios en el edema periférico. También se supervisa la tolerancia al tratamiento diurético prescrito y la posible aparición de signos de deshidratación, hipotensión, mareo o debilidad. La medición seriada del peso, cuando la organización de la unidad lo permite, aporta información clínica relevante en el seguimiento de la congestión y en la educación posterior del paciente.
La administración de medicación requiere comprobación de identidad, horario, vía y tolerancia, así como valoración clínica antes y después de su administración. La enfermera debe prestar atención a situaciones frecuentes en este perfil de pacientes: urgencia miccional tras diuréticos, dificultad para llegar al baño, cansancio que incrementa el riesgo de caída y malestar derivado de cambios rápidos en la situación hemodinámica. La anticipación de estas necesidades reduce eventos adversos evitables y mejora el confort.
En relación con la actividad, se pauta reposo relativo en fase inicial y movilización progresiva según mejoría clínica. Se promueven periodos de actividad breves con descanso intercalado, ayuda en el aseo si la disnea lo requiere y conservación de energía para tareas significativas. La observación de la respuesta al esfuerzo permite ajustar el plan: aparición de fatiga intensa, aumento de la disnea o necesidad de interrumpir actividades básicas indican que la progresión debe ser más lenta.
El cuidado de la piel y la prevención de complicaciones de la inmovilidad forman parte del plan desde el ingreso. Se revisan zonas declives, se hidrata la piel si procede, se favorecen cambios posturales adaptados a la tolerancia respiratoria y se extreman las medidas de seguridad en deambulación y transferencias. En pacientes con edema marcado, la protección cutánea adquiere especial relevancia por la fragilidad local y por el riesgo de lesiones relacionadas con la presión o con el roce.
La dimensión emocional no debe quedar en un segundo plano. La disnea genera con frecuencia temor intenso y sensación de vulnerabilidad. Una comunicación calmada, la explicación comprensible de los cuidados, la permanencia cercana en momentos de mayor ansiedad y la inclusión de la familia pueden disminuir el malestar psicológico. En este caso, el paciente mejora su colaboración cuando comprende qué medidas se están tomando y qué evolución se espera a corto plazo.
Educación sanitaria y continuidad asistencial
Una vez superada la fase de mayor congestión, la educación sanitaria se integra de forma progresiva y adaptada al nivel de comprensión del paciente. No resulta útil concentrar toda la información en el momento del alta. Durante el ingreso se refuerzan contenidos sencillos y repetidos: finalidad general del tratamiento, importancia de respetar la pauta prescrita, control del peso en domicilio si está indicado, moderación en la ingesta de sal y líquidos según la recomendación clínica individualizada, y necesidad de consultar ante signos como aumento de la disnea, incremento de edema, peor tolerancia al esfuerzo o dificultad para dormir tumbado.
También se revisan aspectos prácticos del autocuidado: organización de la medicación, horarios, identificación de olvidos, planificación de desplazamientos tras la toma de diuréticos y conveniencia de mantener seguimiento por su equipo habitual. Cuando existe cuidador principal, su participación es relevante para consolidar la información y detectar barreras reales en casa, como dificultades para controlar la dieta, escasa comprensión de las instrucciones o limitación física para acudir a revisiones.
La continuidad asistencial se beneficia de un informe de cuidados claro, donde consten la evolución durante el ingreso, las necesidades persistentes, el grado de autonomía, la tolerancia a la movilización, la situación cutánea y los contenidos educativos abordados. Esta transición resulta especialmente importante en personas mayores, con comorbilidad y riesgo de reingreso, donde la fragmentación de la información puede comprometer la seguridad clínica.
Evolución durante el ingreso
En los primeros días de hospitalización, el paciente presenta mejoría gradual de la disnea en reposo y disminución de la necesidad de incorporarse de forma continua para descansar. El edema periférico se reduce progresivamente, aumenta la diuresis y mejora la sensación de pesadez. Aunque persiste cierta fatiga, logra realizar el aseo con menos pausas y tolera sedestación y deambulación corta con supervisión.
Desde el punto de vista emocional, disminuye la ansiedad al percibir mejoría respiratoria y al recibir información estructurada. Junto a su esposa, participa en sesiones breves de educación sobre control de signos de alarma, toma de medicación y medidas generales de autocuidado. Antes del alta manifiesta comprender la necesidad de vigilar cambios en su situación basal y de consultar si reaparecen síntomas de congestión.
La preparación del alta se realiza cuando la situación clínica es más estable, la tolerancia funcional es aceptable para su entorno y existe comprensión razonable de las recomendaciones básicas. Aun así, se mantiene la necesidad de seguimiento estrecho por los profesionales responsables de su atención posterior.
Discusión/Conclusiones
La situación descrita refleja varios elementos habituales en la hospitalización por insuficiencia cardiaca descompensada. El primero es la coexistencia de problemas fisiológicos y necesidades de apoyo emocional. La disnea, el edema y la fatiga condicionan la prioridad clínica inmediata, pero la vivencia subjetiva del ahogo y el temor al deterioro influyen de manera directa en la colaboración, el descanso y la percepción de seguridad. Por ello, el cuidado enfermero no puede limitarse a tareas técnicas; requiere observación continuada, escucha clínica y capacidad para ajustar el acompañamiento al momento evolutivo.
Otro aspecto relevante es la centralidad del balance hídrico y de la vigilancia de la respuesta al tratamiento. En estos pacientes, pequeños cambios en la diuresis, el edema o la tolerancia al esfuerzo pueden orientar decisiones clínicas y alertar de complicaciones. La recogida sistemática de datos y su comunicación oportuna al equipo asistencial favorecen una atención más segura y coherente. De igual modo, la administración de diuréticos y otros fármacos exige anticiparse a riesgos prácticos muy concretos, como hipotensión, urgencia miccional o caídas, que a menudo dependen más de la organización de cuidados que de la prescripción en sí misma.
La educación para el autocuidado durante el ingreso merece una consideración especial. La persona con insuficiencia cardiaca puede recibir múltiples instrucciones en un momento de cansancio y vulnerabilidad, por lo que el aprendizaje debe dosificarse, repetirse y adaptarse al grado de comprensión real. La implicación del cuidador principal, cuando existe, ayuda a trasladar las recomendaciones al domicilio y a sostener la adherencia en aspectos como la toma de medicación, el seguimiento de síntomas y el control de hábitos que pueden favorecer nuevas descompensaciones.
También conviene señalar que la continuidad asistencial no empieza con el alta, sino durante la hospitalización. El registro enfermero, la coordinación con otros profesionales y la preparación progresiva del paciente permiten reducir la discontinuidad informativa, especialmente en personas mayores, frágiles o con ingresos previos. La calidad del plan de alta depende en gran medida de la calidad de la valoración y del seguimiento realizados desde el ingreso.
Este abordaje presenta límites inherentes a toda exposición clínica general. La insuficiencia cardiaca se manifiesta con perfiles diversos según edad, comorbilidad, situación funcional basal, soporte familiar y respuesta al tratamiento. Por ello, cualquier plan de cuidados debe individualizarse y adaptarse a los protocolos del centro, a la situación hemodinámica y respiratoria concreta y a los objetivos terapéuticos establecidos por el equipo responsable.
En conjunto, el proceso de Enfermería aporta un marco útil para ordenar la atención al paciente con insuficiencia cardiaca descompensada durante la hospitalización médica. La valoración estructurada, la priorización de problemas, la vigilancia clínica continuada, la prevención de complicaciones y la educación para el autocuidado configuran un núcleo asistencial que puede mejorar la seguridad del paciente y favorecer una transición más sólida al domicilio o al siguiente nivel de atención.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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