Improvement plan for continuity of care after medication poisoning
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:272
Autor principal (primer firmante): Alba Fernández Molina
Fecha recepción: 16/07/26
Fecha aceptación: 18/08/26
Fecha de publicación: 24/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):272
Autores:
Alba Fernández Molina
Iván Herrera Santos
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Enfermería de urgencias; Intervención en crisis; Seguridad del paciente; Intoxicación; Sobredosis de medicamentos; Mejora de la calidad; Triaje; Riesgo suicida; Atención inicial; Servicio de urgencias
Keywords: Emergency Nursing; Crisis Intervention; Patient Safety; Poisoning; Drug Overdose; Quality Improvement; Triage; Suicide Risk; Initial Care; Emergency Service, Hospital
Resumen
Introducción: La intoxicación medicamentosa atendida en urgencias constituye una situación clínica compleja en la que confluyen el riesgo orgánico agudo, la vulnerabilidad emocional y la posibilidad de discontinuidades asistenciales durante la transición entre niveles de atención. En este proceso, la Enfermería de urgencias ocupa una posición relevante para identificar necesidades inmediatas, detectar factores de riesgo y favorecer una salida asistencial más segura.
Objetivos: Desarrollar una propuesta de mejora de la continuidad asistencial tras una intoxicación medicamentosa, centrada en el papel enfermero, la seguridad del paciente y la coordinación con otros profesionales y dispositivos asistenciales.
Metodología: Se plantea un trabajo de mejora de la calidad de carácter descriptivo y aplicado. A partir del análisis del itinerario asistencial habitual en urgencias, se identifican puntos de vulnerabilidad y se estructura una propuesta de intervención con medidas organizativas, clínicas y comunicativas, junto con indicadores cualitativos y operativos de seguimiento.
Resultados: La propuesta incorpora acciones en triaje, valoración inicial, reevaluación, registro estandarizado, planificación del alta, comunicación interprofesional y coordinación al alta. Se delimitan barreras frecuentes, facilitadores para la implantación y elementos específicos para el abordaje del riesgo autolesivo, la educación sanitaria y la seguridad en el domicilio.
Discusión/Conclusiones: Mejorar la continuidad asistencial tras una intoxicación medicamentosa puede contribuir a disminuir pérdidas de información, reforzar la seguridad clínica y favorecer un seguimiento más coherente de las necesidades físicas y psicosociales. El liderazgo enfermero resulta especialmente útil en la transición asistencial, aunque su efectividad depende de la integración del plan en los circuitos del centro y de la coordinación con salud mental, atención primaria y recursos sociales cuando proceda.
Abstract
Introduction: Drug overdose managed in the emergency department is a complex clinical situation involving acute organic risk, emotional vulnerability, and possible discontinuities during transitions of care. Emergency nurses play a relevant role in identifying immediate needs, detecting risk factors, and supporting a safer discharge process.
Objectives: To develop a quality improvement proposal for continuity of care after drug overdose, focused on the nursing role, patient safety, and coordination with other professionals and care settings.
Methodology: A descriptive and practice-oriented quality improvement approach is presented. Based on the analysis of the usual emergency care pathway, vulnerable points are identified and an intervention proposal is structured, including organizational, clinical, and communication measures, together with qualitative and operational follow-up indicators.
Results: The proposal includes actions in triage, initial assessment, reassessment, standardized documentation, discharge planning, interprofessional communication, and post-discharge coordination. Common barriers, implementation facilitators, and specific elements for managing self-harm risk, health education, and home safety are described.
Discussion/Conclusions: Improving continuity of care after drug overdose may help reduce information loss, strengthen clinical safety, and promote more coherent follow-up of physical and psychosocial needs. Nursing leadership is particularly valuable during care transitions, although its effectiveness depends on integration into local pathways and on coordination with mental health, primary care, and social resources when needed.
Introducción
La atención a personas que consultan por intoxicación medicamentosa en los servicios de urgencias obliga a responder con rapidez a un problema potencialmente grave y, al mismo tiempo, a contemplar dimensiones clínicas y psicosociales que no siempre quedan resueltas cuando cede la urgencia inmediata. La presentación puede ir desde la ingesta accidental en pacientes polimedicados hasta la sobredosis intencional en contextos de sufrimiento emocional, conflicto familiar, consumo de sustancias o trastorno mental previo. Esta heterogeneidad aumenta la complejidad del proceso asistencial y exige una mirada enfermera amplia, orientada tanto a la estabilización inicial como a la continuidad de cuidados.
En la práctica habitual, el episodio de urgencias suele concentrar esfuerzos en la valoración del estado neurológico, respiratorio y hemodinámico, la identificación del agente implicado, la vigilancia clínica y la prevención de complicaciones inmediatas. Sin embargo, una vez superada la fase aguda, persisten riesgos relevantes: reiteración de conductas autolesivas, errores en la medicación domiciliaria, falta de comprensión de las recomendaciones, ausencia de soporte social, dificultades de acceso a seguimiento y pérdida de información entre niveles asistenciales. La seguridad del paciente no depende solo de lo realizado dentro del box o del área de observación, sino también de cómo se organiza la transición al alta, al ingreso o a otros dispositivos.
La continuidad asistencial puede entenderse como la percepción y la experiencia de una atención coordinada, coherente y conectada a lo largo del tiempo. En intoxicación medicamentosa, esta continuidad se ve especialmente amenazada por varios factores: ritmo asistencial elevado, priorización de problemas vitales, fragmentación de registros, decisiones rápidas de alta, variabilidad en la valoración del riesgo suicida y circuitos desiguales de comunicación con salud mental, atención primaria o trabajo social. A ello se suma que algunas personas abandonan el servicio con baja adherencia a las indicaciones, ambivalencia respecto a la ayuda o escasa red de apoyo.
En este escenario, la Enfermería de urgencias actúa como nexo entre valoración clínica, vigilancia, contención emocional, educación sanitaria, comunicación con la familia y coordinación interprofesional. Su presencia continuada durante el episodio permite identificar señales de alarma, necesidades de cuidados no cubiertas y condiciones del entorno que pueden comprometer una evolución segura. Por ello, cualquier propuesta de mejora de la calidad debería incorporar de forma explícita el rol enfermero en la transición asistencial.
Más que diseñar un protocolo cerrado, resulta útil plantear un plan de mejora adaptable a distintos servicios, capaz de ordenar actuaciones esenciales, reducir omisiones y favorecer decisiones más seguras. La finalidad no es sustituir los procedimientos clínicos de cada centro, sino reforzar una secuencia asistencial que contemple de manera integrada la atención inicial, la intervención en crisis y la planificación del seguimiento.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es diseñar un plan de mejora de la continuidad asistencial tras intoxicación medicamentosa atendida en urgencias, con enfoque en seguridad del paciente y práctica enfermera.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar los puntos del proceso asistencial en los que pueden producirse pérdidas de información, omisiones de cuidados o transiciones inseguras.
- Definir intervenciones enfermeras organizativas y clínicas que favorezcan una valoración integral desde el triaje hasta la resolución del episodio.
- Incorporar elementos de detección y manejo inicial del riesgo autolesivo o suicida, siempre integrados en la evaluación clínica global.
- Mejorar la planificación del alta o de la derivación mediante una comunicación estructurada con el paciente, la familia y los dispositivos receptores.
- Proponer indicadores de seguimiento que permitan valorar la implantación del plan y detectar oportunidades de ajuste.
Metodología
Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad de carácter descriptivo, centrada en el proceso asistencial de pacientes con intoxicación medicamentosa atendidos en el servicio de urgencias hospitalario. El trabajo parte del análisis clínico-organizativo del itinerario habitual de estas personas: llegada y triaje, estabilización y vigilancia, toma de decisiones, alta o ingreso, y transferencia de información a otros profesionales o niveles.
Para estructurar el plan se consideran tres ejes. El primero es la seguridad clínica inmediata, que incluye priorización, observación, reevaluación y prevención de complicaciones. El segundo es la valoración integral, entendida como recogida de información física, emocional, social y farmacológica relevante para los cuidados. El tercero es la continuidad asistencial, que comprende preparación del alta, educación sanitaria comprensible, registro útil y coordinación interprofesional.
El enfoque metodológico se apoya en la identificación de puntos críticos de discontinuidad frecuentemente observables en este tipo de procesos:
- Información incompleta sobre fármacos ingeridos, intención de la ingesta o contexto del episodio.
- Variabilidad en la valoración del riesgo psicosocial y de la necesidad de intervención en crisis.
- Registros poco homogéneos sobre evolución, educación sanitaria y plan de seguimiento.
- Altas con instrucciones generales, pero con escasa adaptación a la capacidad de comprensión o a la red de apoyo disponible.
- Comunicación insuficiente con salud mental, atención primaria, trabajo social u otros recursos cuando la situación lo requiere.
A partir de estos puntos se formula una intervención de mejora con medidas factibles en el ámbito de urgencias. No se propone un algoritmo rígido, sino un marco de actuación adaptable a la organización de cada centro, a la cartera de recursos disponible y a la situación clínica concreta. Los indicadores sugeridos se orientan a evaluar procesos y calidad documental, evitando atribuir resultados cuantitativos no disponibles.
Resultados
Puntos de vulnerabilidad del proceso asistencial
La primera fuente de discontinuidad suele aparecer en el triaje. En una intoxicación medicamentosa, la priorización se centra de forma justificada en el compromiso vital, pero la recogida inicial de datos puede quedar limitada si la persona presenta alteración del nivel de consciencia, escasa colaboración, ansiedad intensa o acompañantes que aportan información fragmentaria. Esto puede retrasar la identificación del medicamento implicado, la dosis aproximada, el momento de la ingesta y la coexistencia de alcohol u otras sustancias. También puede dificultar la exploración del contexto emocional del episodio.
Un segundo punto crítico se sitúa en la transición entre la atención inmediata y la fase de observación o reevaluación. Cuando el paciente mejora clínicamente, existe riesgo de que el foco asistencial se desplace de manera prematura desde una valoración integral hacia una resolución rápida del episodio. En este momento pueden infradetectarse necesidades de intervención en crisis, señales de sufrimiento psíquico o dificultades para garantizar un retorno seguro al domicilio.
La discontinuidad también aparece en el momento del alta. Las recomendaciones verbales no siempre son suficientes, sobre todo si persiste cansancio, somnolencia, labilidad emocional o conflicto familiar. Si no se verifica la comprensión, la educación sanitaria puede ser meramente formal. A ello se añade la variabilidad en la coordinación con recursos posteriores, lo que favorece que algunos pacientes queden sin seguimiento claramente definido.
Componentes del plan de mejora
La propuesta se articula en seis componentes complementarios.
1. Triaje con enfoque ampliado de seguridad. Además de la clasificación por gravedad clínica, conviene incorporar una breve recogida estructurada de datos esenciales: fármaco o grupo farmacológico presumible, tiempo de ingesta, coexistencia de otros tóxicos, antecedentes relevantes, acompañamiento disponible y presencia de verbalizaciones de desesperanza, intencionalidad autolesiva o circunstancias de crisis. Este registro inicial no sustituye valoraciones posteriores, pero facilita continuidad informativa desde el primer contacto.
2. Valoración enfermera secuencial. Tras la estabilización inicial, se recomienda una reevaluación programada que incluya nivel de consciencia, patrón respiratorio, estado hemodinámico, náuseas o vómitos, riesgo de aspiración, dolor, agitación o somnolencia, eliminación, integridad cutánea y necesidades de confort. Junto a ello, debe recogerse información sobre tratamiento habitual, accesibilidad a la medicación en domicilio, antecedentes de episodios similares, apoyos convivenciales y percepción del propio episodio. Esta secuencia permite vincular la vigilancia clínica con la planificación del alta.
3. Detección estructurada de vulnerabilidad psicosocial. No toda intoxicación medicamentosa responde a una conducta autolesiva, pero en todos los casos resulta prudente explorar el contexto de la ingesta, la intencionalidad referida, la presencia de ideación de muerte, la impulsividad, el consumo concomitante de sustancias, la existencia de conflictos agudos y la disponibilidad de apoyo inmediato. La entrevista debe realizarse con privacidad suficiente, actitud no enjuiciadora y coordinación con el equipo médico y, cuando proceda, con salud mental. La aportación enfermera es especialmente valiosa para identificar cambios de discurso, ambivalencia o factores ambientales que aumentan la inseguridad al alta.
4. Registro clínico homogéneo. Una hoja o apartado estructurado dentro de la documentación de urgencias puede mejorar la transferencia de información. Los elementos mínimos recomendables serían: motivo de consulta, sospecha de sustancia implicada, evolución clínica, incidencias durante la estancia, situación emocional observada, información recibida del acompañante, educación sanitaria proporcionada, persona responsable al alta si existe y dispositivo con el que se contacta para continuidad. La homogeneidad del registro contribuye a evitar omisiones y facilita la revisión posterior del proceso.
5. Planificación anticipada del alta o derivación. El alta no debería concebirse como un acto final improvisado, sino como una fase que comienza cuando la evolución clínica permite anticiparla. Enfermería puede identificar si el paciente dispone de acompañamiento, si comprende las recomendaciones, si existe riesgo por acceso fácil a fármacos o si necesita apoyo para gestionar la medicación habitual. Cuando el episodio se relaciona con malestar emocional o posible autolesión, la transición exige mayor cautela y coordinación. Si el destino es ingreso hospitalario, observación prolongada o derivación a otro recurso, la información de cuidados debe acompañar de forma clara a la persona.
6. Coordinación interprofesional y entre niveles. El plan de mejora propone definir circuitos explícitos de comunicación con medicina de urgencias, psiquiatría o psicología clínica cuando estén disponibles, atención primaria, farmacia hospitalaria y trabajo social según necesidades detectadas. No todos los casos precisan la misma intensidad de coordinación, pero sí criterios comunes para activar recursos y dejar constancia de ello. La continuidad asistencial depende menos de la abundancia de interconsultas que de su pertinencia y de la calidad de la información compartida.
Rol de Enfermería en la implementación
La implantación del plan se sostiene en un liderazgo enfermero práctico. En triaje, la enfermera puede iniciar el registro de variables clave y advertir al equipo sobre elementos de riesgo no estrictamente fisiológicos. Durante la estancia, organiza la observación clínica, identifica cambios en el estado mental, mantiene la contención emocional y recopila datos del entorno familiar o social. En el momento de la transición, traduce indicaciones complejas a mensajes comprensibles, verifica la comprensión mediante reformulación y confirma si el paciente cuenta con soporte suficiente.
La intervención enfermera también resulta relevante para reducir errores relacionados con la medicación. Tras una intoxicación accidental o en pacientes con regímenes terapéuticos complejos, conviene revisar de forma básica quién prepara la medicación, si existen duplicidades percibidas por la persona o su familia, y si sería útil reforzar medidas sencillas de seguridad doméstica. En intoxicaciones intencionales, la accesibilidad a los fármacos y la supervisión por allegados pueden formar parte de la conversación al alta, siempre con respeto a la situación clínica, al marco legal y a la organización asistencial del centro.
Indicadores de seguimiento propuestos
Para valorar la implantación del plan pueden utilizarse indicadores de proceso y de calidad documental. Entre ellos, de forma orientativa, pueden considerarse:
- Presencia de registro de datos esenciales de la intoxicación desde el primer contacto.
- Constancia de reevaluación enfermera durante la estancia en urgencias.
- Registro de valoración psicosocial o de la necesidad de intervención en crisis cuando el contexto lo sugiera.
- Documentación de educación sanitaria y verificación de comprensión al alta.
- Constancia de persona acompañante o responsable, cuando sea pertinente.
- Registro de coordinación con otros recursos asistenciales cuando proceda.
- Revisión interna de casos con incidencias de transición o reconsulta precoz para análisis cualitativo del proceso.
Estos indicadores deben adaptarse a la realidad documental del centro y utilizarse con finalidad de mejora, no punitiva. Su valor reside en identificar patrones de omisión y generar aprendizaje organizativo.
Barreras y facilitadores
Las principales barreras previsibles son la sobrecarga asistencial, el tiempo limitado en triaje, la variabilidad de experiencia profesional, la falta de circuitos definidos con otros dispositivos y las dificultades para disponer de espacios de entrevista con privacidad. También puede influir la percepción de que la continuidad asistencial es un aspecto secundario frente a la urgencia orgánica, cuando en realidad ambas dimensiones son complementarias.
Entre los facilitadores destacan la existencia de registros electrónicos estructurados, sesiones clínicas breves orientadas a casos frecuentes, formación específica en intervención en crisis, consenso interdisciplinar sobre criterios de derivación y apoyo institucional a la cultura de seguridad. La incorporación de recordatorios operativos en la historia clínica o en los circuitos de alta puede ayudar a consolidar prácticas homogéneas sin aumentar en exceso la carga burocrática.
Discusión/Conclusiones
La intoxicación medicamentosa es un episodio de alta densidad asistencial en el que la calidad de la respuesta no depende exclusivamente del tratamiento inicial, sino de la capacidad del sistema para enlazar decisiones, cuidados y seguimiento sin pérdidas relevantes de información. Desde esta perspectiva, la continuidad asistencial no es un añadido administrativo, sino una dimensión de la seguridad del paciente. La propuesta presentada sitúa a la Enfermería de urgencias en una posición estratégica porque su intervención atraviesa el proceso completo: acoge, observa, reevaluá, contiene, educa y coordina.
Una de las aportaciones principales del plan es desplazar parcialmente el foco desde la resolución del episodio agudo hacia la seguridad de la transición. En muchos pacientes, el riesgo posterior no deriva únicamente del tóxico ingerido, sino de la persistencia del sufrimiento emocional, la fragilidad social, la mala gestión de la medicación o la ausencia de apoyos para sostener las recomendaciones. Integrar estos aspectos en la práctica diaria puede mejorar la pertinencia del alta y evitar decisiones excesivamente centradas en la estabilización fisiológica.
La propuesta también subraya que la valoración del posible riesgo suicida no debe quedar restringida a la consulta especializada, aunque requiera coordinación con salud mental cuando corresponda. El equipo de urgencias, y en particular Enfermería, dispone de oportunidades valiosas para detectar verbalizaciones, conductas y circunstancias que orienten la toma de decisiones. Esa detección inicial no sustituye evaluaciones específicas posteriores, pero sí puede prevenir omisiones relevantes en pacientes especialmente vulnerables.
Otro aspecto de interés es la utilidad del registro estructurado. Cuando la información queda dispersa o depende solo de la transmisión verbal, aumentan los fallos en la continuidad. Un registro breve pero homogéneo mejora la comprensión compartida del caso y facilita la coordinación con otros recursos. Además, permite revisar el proceso con finalidad de aprendizaje y no solo desde una lógica de cumplimiento documental.
Las limitaciones de un plan de estas características están relacionadas con la diversidad de contextos asistenciales. No todos los servicios de urgencias disponen del mismo nivel de apoyo de salud mental, trabajo social o sistemas de información interoperables. Por ello, la implantación debe adaptarse a la estructura local, a los procedimientos vigentes y a la disponibilidad de recursos humanos. También exige formación y consenso, ya que los cambios organizativos solo se sostienen si son percibidos como útiles y factibles por los profesionales.
En términos prácticos, una mejora real de la continuidad asistencial tras intoxicación medicamentosa requiere incorporar la transición como parte del cuidado desde el inicio del episodio, no solo al final. Identificar precozmente factores de riesgo, reevaluar de forma secuencial, registrar con claridad, comunicar de manera estructurada y planificar el seguimiento son acciones asumibles que pueden reforzar la seguridad. Dentro de ese proceso, la aportación enfermera resulta especialmente relevante por su proximidad al paciente y por su capacidad para integrar necesidades clínicas, emocionales y sociales en un mismo itinerario de cuidados.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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