Guidance protocol for food anaphylaxis: action and subsequent education
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:241
Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz
Fecha recepción: 20/07/26
Fecha aceptación: 10/08/26
Fecha de publicación: 18/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):241
Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Protocolos clínicos; Atención inicial; Intervenciones de Enfermería; Enfermería de urgencias; Servicio de urgencias; Epinefrina; Anafilaxia; Emergencias; Triaje; Alergia alimentaria
Keywords: Clinical Protocols; Initial Care; Nursing Interventions; Emergency Nursing; Emergency Service, Hospital; Epinephrine; Anaphylaxis; Emergencies; Triage; Food Hypersensitivity
Resumen
Introducción: La anafilaxia alimentaria constituye una urgencia tiempo-dependiente en la que la rapidez de reconocimiento y la respuesta coordinada del equipo asistencial pueden modificar la evolución clínica. En este proceso, Enfermería ocupa una posición central desde el triaje hasta la vigilancia posterior, la administración del tratamiento indicado y la preparación del paciente y su entorno para prevenir nuevas exposiciones y responder ante recurrencias.
Objetivos: Describir una guía orientativa de actuación enfermera ante la sospecha de anafilaxia alimentaria en el ámbito de urgencias, incluyendo la valoración inicial, las prioridades de cuidados, la administración segura de la medicación prescrita, la monitorización clínica y la educación posterior al episodio.
Metodología: Se desarrolla un documento de intervención clínica con enfoque práctico y aplicable a la atención urgente, estructurado a partir de la secuencia de valoración, priorización y continuidad de cuidados. El contenido se formula de manera prudente y adaptable a protocolos institucionales, sin presentarlo como procedimiento universal cerrado.
Resultados: La actuación enfermera se organiza en fases: identificación precoz de signos compatibles, activación del circuito asistencial, valoración de vía aérea, respiración, circulación y estado neurológico, preparación y administración del tratamiento prescrito, colocación terapéutica según tolerancia clínica, monitorización estrecha, registro evolutivo y educación sanitaria al alta. La continuidad asistencial requiere reforzar el reconocimiento de síntomas de alarma, las medidas de evitación del alimento implicado, la comprensión del plan de acción y la coordinación con seguimiento especializado.
Discusión/Conclusiones: Un abordaje enfermero estructurado puede contribuir a reducir demoras, mejorar la seguridad del paciente y favorecer una transición asistencial más segura tras el episodio agudo. La actuación debe individualizarse según edad, gravedad, comorbilidad y recursos disponibles, y adaptarse a los procedimientos vigentes de cada centro.
Abstract
Introduction: Food-induced anaphylaxis is a time-sensitive emergency in which early recognition and coordinated team response may influence clinical outcomes. Nursing plays a key role from triage to post-event surveillance, medication administration and patient education aimed at preventing re-exposure and improving preparedness for future reactions.
Objectives: To describe an orientative nursing intervention guide for suspected food anaphylaxis in emergency care, including initial assessment, care priorities, safe administration of prescribed medication, clinical monitoring and discharge education.
Methodology: A practical intervention-focused paper was developed using a structured sequence of assessment, prioritization and continuity of care. The content is presented cautiously and should be adapted to local protocols rather than interpreted as a universal closed procedure.
Results: Nursing management is organized into successive stages: early identification of compatible signs, activation of the emergency pathway, assessment of airway, breathing, circulation and neurological status, preparation and administration of prescribed treatment, therapeutic positioning according to tolerance, close monitoring, clinical documentation and post-event education. Continuity of care requires reinforcing warning symptom recognition, avoidance of the suspected food trigger, understanding of the action plan and coordination with specialist follow-up.
Discussion/Conclusions: A structured nursing approach may help reduce delays, improve patient safety and support safer transitions after the acute episode. Management should be individualized according to age, severity, comorbidity and available resources, and aligned with each institution’s current procedures.
Introducción
La anafilaxia alimentaria es una reacción de hipersensibilidad sistémica de inicio habitualmente rápido y potencialmente grave. Aunque la manifestación clínica puede ser variable, la combinación de síntomas cutáneos, respiratorios, cardiovasculares o digestivos tras la exposición a un alimento debe alertar al equipo asistencial, especialmente cuando existe progresión en minutos, compromiso respiratorio, hipotensión o alteración del estado general. La dificultad práctica reside en que no siempre se presenta con un patrón completo y, además, algunos signos iniciales pueden parecer inespecíficos, lo que favorece retrasos diagnósticos o infravaloración de la gravedad.
En el ámbito de urgencias, la respuesta enfermera comienza en el primer contacto. El triaje, la observación inicial y la capacidad para reconocer una reacción alérgica grave son elementos decisivos para priorizar la asistencia. El tiempo hasta la intervención, la disponibilidad del material de emergencias, la comunicación con el resto del equipo y la vigilancia continuada forman parte del proceso de cuidados. Del mismo modo, tras la estabilización clínica, la educación al paciente y a la familia o cuidadores adquiere especial relevancia, ya que una parte significativa del riesgo futuro depende del reconocimiento precoz de síntomas y de la capacidad para actuar ante nuevas exposiciones accidentales.
La Enfermería de urgencias interviene no solo como apoyo técnico a la prescripción médica, sino también como agente de seguridad clínica. Esto implica identificar signos de deterioro, anticipar necesidades, preparar medicación y dispositivos, asegurar la monitorización, evaluar la respuesta terapéutica y documentar de manera precisa la evolución. La anafilaxia asociada a alimentos requiere además contemplar la dimensión educativa y emocional: el episodio suele generar miedo, incertidumbre y conductas de evitación poco estructuradas, por lo que el alta no debería limitarse a la resolución inmediata del cuadro.
Hablar de un protocolo orientativo resulta útil cuando se pretende homogeneizar la respuesta inicial sin sustituir el juicio clínico ni los circuitos propios de cada centro. La variabilidad en la presentación clínica, las diferencias etarias, la coexistencia de asma u otras enfermedades, el contexto extrahospitalario previo y la posible recurrencia de síntomas obligan a una valoración continuada. Por ello, una guía de actuación enfermera debe ser operativa, prudente y flexible, con especial atención a la priorización, al tratamiento precoz indicado por el equipo responsable y a la continuidad asistencial tras la fase aguda.
Objetivos
El objetivo general es describir una propuesta orientativa de actuación enfermera ante la sospecha de anafilaxia alimentaria en el servicio de urgencias, integrando la atención inicial, los cuidados durante la fase aguda y la educación sanitaria posterior.
Como objetivos específicos se plantean los siguientes:
- Identificar los elementos clínicos que deben aumentar la sospecha de anafilaxia alimentaria desde el triaje y la primera valoración.
- Ordenar las prioridades de cuidados en función del riesgo vital inmediato, con atención preferente a vía aérea, respiración y circulación.
- Describir las intervenciones enfermeras relacionadas con la preparación del entorno, la monitorización, la colaboración en el tratamiento indicado y la reevaluación continua.
- Señalar aspectos de seguridad del paciente durante la atención urgente, incluyendo el registro clínico, la comunicación intraequipo y la observación posterior.
- Desarrollar los contenidos mínimos de educación al alta orientados a la prevención de nuevas exposiciones, al reconocimiento temprano de recurrencias y a la continuidad con seguimiento especializado.
Metodología
Se presenta una guía de intervención clínica basada en la práctica asistencial enfermera habitual en el entorno de urgencias ante una reacción compatible con anafilaxia alimentaria. El texto se organiza siguiendo la secuencia de actuación que suele articular la asistencia urgente: triaje, valoración inicial, cuidados inmediatos, vigilancia evolutiva y preparación del alta o derivación. Su finalidad es ofrecer un marco operativo para la toma de decisiones enfermeras y la coordinación con el resto del equipo.
La metodología de exposición tiene un carácter narrativo y procedimental. No se plantea como un protocolo normativo ni como sustituto de las instrucciones institucionales vigentes. Las intervenciones descritas deben interpretarse como orientación profesional general y adaptarse a la edad del paciente, al grado de compromiso clínico, a la presencia de comorbilidades, al medio asistencial y a los recursos disponibles. En población pediátrica, en personas mayores y en pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares previas, la valoración puede requerir una vigilancia especialmente estrecha.
El contenido se ha estructurado en torno a cinco ejes: reconocimiento clínico precoz, priorización y triaje, actuación enfermera inicial, observación y reevaluación, y educación posterior al episodio. Este planteamiento permite integrar tanto la dimensión técnica como la preventiva, evitando reducir la anafilaxia a un acto puntual de administración farmacológica. La respuesta asistencial útil depende de una secuencia de acciones coordinadas, documentadas y reevaluadas de forma continua.
Resultados
Reconocimiento inicial y priorización en triaje
Ante un paciente que refiere exposición alimentaria reciente y presenta síntomas compatibles con reacción sistémica, el primer objetivo enfermero es valorar la posible gravedad y acelerar el circuito asistencial. Deben considerarse signos de alarma la sensación de cierre faríngeo, la disfonía súbita, el estridor, la dificultad respiratoria, las sibilancias, la tos persistente, la hipotensión, el mareo, el síncope, la palidez, la alteración del nivel de conciencia o la aparición rápida de síntomas multiorgánicos. La presencia exclusiva de manifestaciones cutáneas no excluye progresión posterior, por lo que la observación dinámica resulta necesaria.
El triaje debe orientarse a identificar riesgo vital potencial y a reducir demoras. La sospecha de anafilaxia justifica ubicación en un área donde pueda iniciarse monitorización y tratamiento sin dilación. Desde este momento conviene confirmar, si es posible, el alimento implicado, el intervalo temporal desde la ingesta, la existencia de episodios previos, el antecedente de asma o alergias conocidas, la medicación tomada antes de la llegada y la evolución de los síntomas. Esta recogida de información nunca debe retrasar la atención a la vía aérea o al estado hemodinámico.
Valoración enfermera inmediata
La aproximación inicial se articula mediante una evaluación sistemática de vía aérea, respiración, circulación y estado neurológico. En la vía aérea se valorará la presencia de edema visible, cambios en la voz, dificultad para deglutir, sialorrea, sensación de ocupación faríngea o signos de obstrucción inminente. En la respiración interesa identificar aumento del trabajo respiratorio, uso de musculatura accesoria, cianosis, broncoespasmo audible o deterioro progresivo de la ventilación. En la circulación deben observarse coloración cutánea, perfusión periférica, pulso, relleno capilar y signos compatibles con bajo gasto. El estado neurológico aporta información sobre perfusión y gravedad, especialmente si aparecen agitación, confusión, letargia o pérdida de conciencia.
De manera simultánea, Enfermería debe asegurar un entorno asistencial seguro. Esto incluye avisar al equipo responsable, preparar material de oxigenoterapia, acceso vascular si está indicado, sistemas de monitorización, medicación prescrita y dispositivos de soporte vital que puedan resultar necesarios si la situación empeora. La rapidez en la preparación y la anticipación reducen tiempos muertos en una urgencia donde la evolución puede ser brusca.
Actuación terapéutica y cuidados inmediatos
Una vez activado el circuito, la administración del tratamiento indicado debe realizarse con prioridad y verificación rigurosa. En la práctica clínica, la epinefrina suele ocupar un lugar central en el manejo del episodio anafiláctico; la función enfermera comprende su preparación, comprobación, administración conforme a la prescripción y vigilancia de la respuesta clínica y de posibles efectos adversos. También pueden requerirse otras medidas complementarias, siempre según indicación médica y protocolos del centro, como oxigenoterapia, fluidoterapia o fármacos coadyuvantes. Conviene recordar que estas medidas complementarias no sustituyen la necesidad de abordar con rapidez el cuadro anafiláctico.
La posición del paciente debe individualizarse. Si predomina el compromiso hemodinámico y lo tolera, puede beneficiarse de una posición que favorezca el retorno venoso; si existe dificultad respiratoria importante, una postura semisentada puede facilitar la ventilación. En caso de vómitos o disminución del nivel de conciencia, deben extremarse las precauciones para proteger la vía aérea. Los cambios posturales bruscos no son aconsejables cuando el estado circulatorio es inestable.
Entre los cuidados inmediatos, la monitorización clínica continuada es esencial. Deben reevaluarse de forma seriada la respiración, la perfusión, la extensión de las manifestaciones cutáneas, el nivel de conciencia y la respuesta al tratamiento administrado. También es importante vigilar si aparecen nuevos síntomas, si existe empeoramiento tras una aparente mejoría o si el paciente presenta ansiedad intensa que dificulta la colaboración. La ansiedad es frecuente en este contexto, pero no debe atribuirse a causa emocional un cuadro que puede estar progresando clínicamente.
Registro, comunicación y seguridad del paciente
La documentación enfermera ha de reflejar con claridad el momento de inicio referido, los signos observados, las prioridades identificadas, la medicación administrada según prescripción, la respuesta clínica y las incidencias durante la atención. Un registro preciso favorece la continuidad asistencial y reduce errores en transiciones entre profesionales o niveles de atención.
La comunicación intraequipo debe ser directa y orientada a la seguridad. Informar de forma breve y estructurada sobre el desencadenante sospechado, la progresión de síntomas y la respuesta a las medidas aplicadas facilita la toma de decisiones compartida. Cuando exista necesidad de traslado interno, observación prolongada o derivación, la transmisión de la información debe incluir los elementos que condicionan el riesgo de recurrencia o deterioro.
En esta fase también debe revisarse la exposición continuada al agente sospechoso. Si el paciente conserva restos del alimento, envases o una descripción precisa de la ingesta, esta información puede ser útil para el episodio actual y para el estudio posterior. No obstante, el contexto urgente exige priorizar siempre la estabilización clínica frente a la ampliación detallada de antecedentes.
Observación y reevaluación tras la estabilización inicial
Aunque el paciente presente mejoría tras las primeras intervenciones, la vigilancia no debe interrumpirse de manera prematura. Algunas reacciones pueden mostrar persistencia de síntomas o recurrencia clínica tras una fase de aparente control. Por ello, la observación debe ajustarse a la gravedad inicial, a la evolución registrada, al tratamiento recibido y a la valoración médica conjunta. La Enfermería tiene un papel relevante en la detección de cambios sutiles durante este periodo, como reaparición de prurito generalizado, tos, disnea, mareo, inestabilidad o malestar progresivo.
Durante la observación conviene reevaluar tolerancia oral, estado emocional, necesidad de acompañamiento y comprensión de la situación clínica. En menores, personas dependientes o pacientes con barreras idiomáticas o cognitivas, la presencia de un cuidador principal informado puede mejorar la seguridad de la transición asistencial. Si el paciente ya disponía de autoinyector previo, es oportuno comprobar si lo utilizó, en qué momento y si conoce correctamente su manejo; esta información orienta necesidades educativas inmediatas.
Educación sanitaria posterior al episodio
La educación tras una anafilaxia alimentaria no debe limitarse a una recomendación genérica de “evitar el alimento”. El alta segura requiere verificar qué ha entendido el paciente, qué dudas mantiene y qué capacidad real tiene para responder ante una nueva exposición accidental. La intervención enfermera debe centrarse en mensajes concretos, priorizados y comprensibles.
Entre los contenidos esenciales se incluye la identificación del alimento sospechoso y la necesidad de evitar su consumo hasta completar valoración especializada. También se recomienda reforzar la lectura cuidadosa del etiquetado, la prevención de contaminaciones cruzadas y la importancia de informar de la alergia o sospecha de alergia en comedores, restauración, centros escolares o entornos laborales, según corresponda. En pacientes con antecedentes de varias reacciones o con elevada ansiedad, puede ser útil pautar la información de manera escalonada y comprobar la comprensión mediante reformulación verbal.
Otro aspecto prioritario es el reconocimiento temprano de síntomas de alarma. El paciente y su entorno deben ser capaces de asociar determinados signos respiratorios, cardiovasculares o de rápida progresión con la necesidad de activar ayuda sanitaria urgente. Cuando exista prescripción de autoinyector de epinefrina, Enfermería puede participar en la enseñanza de su conservación, su indicación práctica y la secuencia general de actuación tras su uso, incluyendo la necesidad de valoración médica posterior. Esta enseñanza debe verificarse con demostración o devolución práctica siempre que la situación clínica y el tiempo asistencial lo permitan.
La educación también incluye revisar el plan de continuidad. Resulta recomendable que el paciente conozca la necesidad de seguimiento por profesionales con experiencia en alergia, así como la conveniencia de aportar información del episodio actual para completar el estudio etiológico. En niños y adolescentes, la coordinación con progenitores y cuidadores es especialmente relevante; en adultos con pluripatología, puede ser necesario adaptar el lenguaje y el soporte escrito para facilitar la adherencia.
Aspectos de cuidado emocional y continuidad asistencial
Tras una reacción grave, el miedo a comer, a salir de casa o a no reconocer a tiempo una recaída puede condicionar de forma notable la recuperación. La escucha terapéutica, la validación del malestar y la información ordenada forman parte del cuidado enfermero. No se trata de banalizar la amenaza ni de alimentar la alarma, sino de ayudar al paciente a recuperar sensación de control mediante instrucciones prácticas y realistas.
En algunos casos, la familia manifiesta sentimientos de culpa por no haber evitado la exposición. La respuesta profesional debe orientarse a la comprensión del proceso y a la prevención futura, evitando juicios y centrándose en medidas concretas. Una educación excesivamente técnica o precipitada puede ser poco útil si el paciente aún se encuentra fatigado, ansioso o con escasa capacidad de retención; por ello, siempre que sea posible, conviene complementar la información verbal con indicaciones escritas y con la participación del acompañante principal.
Secuencia orientativa de actuación enfermera
- Sospechar anafilaxia ante síntomas de rápida instauración tras exposición alimentaria, especialmente si existe afectación respiratoria, circulatoria o multiorgánica.
- Priorizar el caso en triaje y activar el circuito asistencial urgente.
- Valorar de forma inmediata vía aérea, respiración, circulación y estado neurológico.
- Preparar monitorización, material de soporte y medicación prescrita, con verificación de seguridad.
- Administrar el tratamiento indicado y reevaluar de forma seriada la respuesta clínica.
- Individualizar la posición del paciente y mantener vigilancia estrecha hasta estabilización mantenida.
- Registrar cronología, signos, actuaciones y evolución de manera clara.
- Educar al paciente y entorno sobre evitación del desencadenante, signos de alarma, uso del autoinyector si está prescrito y seguimiento posterior.
Discusión/Conclusiones
La anafilaxia alimentaria exige una respuesta enfermera rápida, estructurada y centrada en la seguridad del paciente. La principal fortaleza de un protocolo orientativo reside en ordenar la actuación desde el primer contacto y disminuir la variabilidad en aspectos críticos: sospecha precoz, priorización en triaje, preparación del entorno, colaboración en la administración del tratamiento indicado, observación evolutiva y educación al alta. No obstante, cualquier esquema asistencial debe entenderse como marco de apoyo y no como sustituto del juicio clínico ni de los procedimientos de cada institución.
Desde la práctica enfermera, el reto no se limita a reconocer una urgencia alérgica grave. También implica discriminar signos de posible deterioro, sostener la vigilancia tras la mejoría inicial y asegurar una transición asistencial razonable. La educación posterior cobra especial relevancia porque la recurrencia puede producirse fuera del entorno sanitario, donde la capacidad de respuesta del paciente y sus cuidadores condiciona de forma directa el pronóstico funcional y la percepción de seguridad.
Existen, además, factores que obligan a matizar la intervención: edades extremas de la vida, antecedentes de asma, dificultad para expresar síntomas, barreras de comprensión, polimedicación o acceso limitado a seguimiento especializado. En estos casos, la actuación y la información deben individualizarse. Del mismo modo, la coordinación con medicina de urgencias, alergología, atención primaria y entorno familiar puede mejorar la continuidad de cuidados y evitar mensajes contradictorios.
En síntesis, una guía enfermera bien integrada en el circuito de urgencias puede contribuir a una atención más segura y coherente ante la anafilaxia alimentaria. Su utilidad práctica depende de que combine rapidez de acción, observación clínica sostenida y educación sanitaria efectiva. La adaptación a los protocolos locales, la formación periódica del personal y la revisión de los circuitos de atención siguen siendo elementos necesarios para consolidar una respuesta asistencial de calidad.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
Bibliografía
- Simons FE. Anaphylaxis.. J Allergy Clin Immunol. 2010;125(2 Suppl 2):S161-81. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaci.2009.12.981
- Lieberman PL. Recognition and first-line treatment of anaphylaxis.. Am J Med. 2014;127(1 Suppl):S6-11. doi: https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2013.09.008
- Simons FE. Anaphylaxis, killer allergy: long-term management in the community.. J Allergy Clin Immunol. 2006;117(2):367-77. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaci.2005.12.002
- Bennett JR. Anaphylaxis attributed to exercise: considerations for sports medicine specialists.. Phys Sportsmed. 2015;43(1):1-12. doi: https://doi.org/10.1080/00913847.2015.1000233
- Simons FE. Anaphylaxis: evidence-based long-term risk reduction in the community.. Immunol Allergy Clin North Am. 2007;27(2):231-48, vi-vii. doi: https://doi.org/10.1016/j.iac.2007.03.007
- Nowak RM, Macias CG. Anaphylaxis on the other front line: perspectives from the emergency department.. Am J Med. 2014;127(1 Suppl):S34-44. doi: https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2013.09.012
- Dennerlein JT. Anaphylaxis treatment: ergonomics of epinephrine autoinjector design.. Am J Med. 2014;127(1 Suppl):S12-6. doi: https://doi.org/10.1016/j.amjmed.2013.09.009
- Mercer RD, Jones CJ, Smith HE. Reviewing the Content and Design of Anaphylaxis Management Plans Published in English.. J Allergy Clin Immunol Pract. 2017;5(5):1288-1294.e4. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaip.2017.06.032
- Muraro A, Worm M, Alviani C, Cardona V, DunnGalvin A, Garvey LH, et al.. EAACI guidelines: Anaphylaxis (2021 update).. Allergy. 2022;77(2):357-377. doi: https://doi.org/10.1111/all.15032
- Shaker MS, Wallace DV, Golden DBK, Oppenheimer J, Bernstein JA, Campbell RL, et al.. Anaphylaxis-a 2020 practice parameter update, systematic review, and Grading of Recommendations, Assessment, Development and Evaluation (GRADE) analysis.. J Allergy Clin Immunol. 2020;145(4):1082-1123. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaci.2020.01.017
- Dribin TE, Muraro A, Camargo CA, Turner PJ, Wang J, Roberts G, et al.. Anaphylaxis definition, overview, and clinical support tool: 2024 consensus report-a GA. J Allergy Clin Immunol. 2025;156(2):406-417.e6. doi: https://doi.org/10.1016/j.jaci.2025.01.021
- de Silva D, Singh C, Muraro A, Worm M, Alviani C, Cardona V, et al.. Diagnosing, managing and preventing anaphylaxis: Systematic review.. Allergy. 2021;76(5):1493-1506. doi: https://doi.org/10.1111/all.14580
- Pouessel G, Dribin TE, Tacquard C, Tanno LK, Cardona V, Worm M, et al.. Management of Refractory Anaphylaxis: An Overview of Current Guidelines.. Clin Exp Allergy. 2024;54(7):470-488. doi: https://doi.org/10.1111/cea.14514