Strategy to reduce risks associated with polypharmacy in geriatrics
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:240
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 18/07/26
Fecha aceptación: 10/08/26
Fecha de publicación: 17/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):240
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Enfermería geriátrica; Polifarmacia; Anciano; Seguridad del paciente; Conciliación de medicamentos; Pluripatología; Efectos adversos; Actividades de la vida diaria; Mejora de la calidad; Fragilidad
Keywords: Geriatric Nursing; Polypharmacy; Aged; Patient Safety; Medication Reconciliation; Comorbidity; Drug-Related Side Effects and Adverse Reactions; Activities of Daily Living; Quality Improvement; Frailty
Resumen
Introducción: La polifarmacia en personas mayores constituye un problema asistencial frecuente y complejo, especialmente en contextos de fragilidad, pluripatología y dependencia funcional parcial o avanzada. Su impacto no se limita al número de medicamentos prescritos, sino que incluye la adecuación terapéutica, la capacidad real de manejo del tratamiento, la aparición de efectos adversos, las interacciones, los errores de conciliación y la repercusión sobre las actividades de la vida diaria. Desde la práctica enfermera, este fenómeno se relaciona de forma directa con la seguridad del paciente y con la continuidad de cuidados.
Objetivos: Proponer una estrategia de mejora orientada a reducir riesgos asociados a la polifarmacia en geriatría mediante intervenciones enfermeras centradas en la valoración integral, la conciliación de medicamentos, la detección precoz de problemas relacionados con la medicación y el seguimiento coordinado en las transiciones asistenciales.
Metodología: Se desarrolla una propuesta de mejora de calidad y seguridad del paciente a partir de un enfoque descriptivo y aplicado al ámbito asistencial geriátrico. La estrategia se estructura en fases secuenciales: identificación de pacientes de mayor vulnerabilidad, valoración enfermera multidimensional, revisión práctica del uso de medicamentos, implantación de medidas de seguridad, educación sanitaria dirigida a paciente y cuidador, y seguimiento mediante indicadores de proceso y resultado clínico-asistencial.
Resultados: La intervención propuesta sitúa a Enfermería como elemento vertebrador del proceso de vigilancia, coordinación y educación terapéutica. Se describen acciones sobre recogida del tratamiento completo, conciliación al ingreso y al alta, observación de signos de intolerancia o infrautilización, simplificación operativa del régimen cuando sea posible, mejora de la comprensión terapéutica y activación de circuitos de comunicación con medicina, farmacia y atención comunitaria. Se plantean indicadores prudentes para valorar implantación, adherencia operativa, incidencia de errores detectados y repercusión funcional.
Discusión/Conclusiones: La reducción del riesgo asociado a polifarmacia en geriatría requiere un abordaje sistemático, no centrado únicamente en el recuento de fármacos. La aportación enfermera resulta especialmente relevante en la detección de problemas de seguridad, en la observación funcional y en la continuidad asistencial. Una estrategia organizada, adaptable al contexto y sostenida por trabajo interdisciplinar puede contribuir a mejorar la calidad del cuidado y a disminuir eventos evitables relacionados con la medicación.
Abstract
Introduction: Polypharmacy in older adults is a frequent and complex care issue, particularly in the presence of frailty, multimorbidity, and functional dependence. Its impact goes beyond the number of prescribed drugs and includes treatment appropriateness, the patient’s actual ability to manage medication, adverse reactions, interactions, reconciliation errors, and consequences for activities of daily living. From a nursing perspective, this issue is closely linked to patient safety and continuity of care.
Objectives: To propose an improvement strategy aimed at reducing risks associated with polypharmacy in geriatric care through nursing interventions focused on comprehensive assessment, medication reconciliation, early detection of medication-related problems, and coordinated follow-up during care transitions.
Methodology: A quality improvement and patient safety proposal is presented using a descriptive and practice-oriented approach in geriatric care settings. The strategy is organized into sequential phases: identification of highly vulnerable patients, multidimensional nursing assessment, practical review of medication use, implementation of safety measures, health education for patients and caregivers, and follow-up through process and clinical care indicators.
Results: The proposed intervention places nursing at the center of surveillance, coordination, and therapeutic education. Actions include complete medication history taking, reconciliation at admission and discharge, observation of intolerance or underuse, operational simplification of regimens whenever feasible, enhancement of treatment understanding, and activation of communication pathways with physicians, pharmacists, and community care services. Practical indicators are suggested to assess implementation, operational adherence, detected errors, and functional impact.
Discussion/Conclusions: Reducing polypharmacy-related risk in geriatric care requires a systematic approach that goes beyond simply counting medications. Nursing plays a relevant role in identifying safety issues, monitoring function, and supporting continuity of care. An organized strategy, adapted to each setting and supported by interprofessional collaboration, may improve care quality and reduce preventable medication-related events.
Introducción
La atención a las personas mayores se desarrolla con frecuencia en un escenario de pluripatología, fragilidad, cambios fisiológicos asociados al envejecimiento y elevada exposición a tratamientos simultáneos. En este contexto, la polifarmacia adquiere una relevancia clínica y enfermera evidente, ya que puede asociarse a mayor complejidad asistencial, aumento de la carga terapéutica y vulnerabilidad ante problemas de seguridad. No toda polifarmacia implica necesariamente una prescripción inadecuada; en muchos pacientes responde a necesidades clínicas concurrentes. Sin embargo, cuanto más complejo es el régimen terapéutico, mayor puede ser el riesgo de errores, duplicidades, omisiones, interacciones, baja adherencia o eventos adversos.
La repercusión de este fenómeno en geriatría debe analizarse desde una perspectiva funcional y no exclusivamente farmacológica. Un tratamiento técnicamente correcto puede resultar poco manejable para una persona con deterioro visual, temblor, fatiga, alteraciones cognitivas leves, dependencia para las actividades básicas o ausencia de apoyo cuidador. Del mismo modo, síntomas como somnolencia, mareo, hipotensión, estreñimiento, confusión, anorexia o inestabilidad pueden pasar desapercibidos si no se relacionan con el uso de medicamentos. La valoración enfermera resulta especialmente útil para identificar estas manifestaciones en la vida cotidiana del paciente.
Las transiciones asistenciales representan un momento de especial exposición al riesgo. Ingresos hospitalarios, altas, traslados entre dispositivos, consultas sucesivas con distintos profesionales o cambios recientes de pauta pueden generar discrepancias entre el tratamiento prescrito, el tratamiento realmente tomado y la comprensión que paciente o familia tienen del plan terapéutico. La conciliación de medicamentos no debe entenderse como un trámite administrativo, sino como un proceso clínico de verificación, clarificación y comunicación orientado a evitar daños evitables.
Desde el punto de vista de la calidad asistencial, la polifarmacia obliga a integrar seguridad del paciente, continuidad de cuidados, educación terapéutica y evaluación funcional. En la práctica diaria, Enfermería mantiene una posición privilegiada para detectar señales tempranas de riesgo: dificultades para organizar tomas, errores reiterados en horarios, automedicación no declarada, presencia de envases duplicados, abandono parcial del tratamiento, signos de mala tolerancia o cambios en el patrón de sueño, movilidad y alimentación. Además, puede actuar como nexo entre niveles asistenciales y entre profesionales sanitarios y entorno cuidador.
Abordar este problema mediante una estrategia estructurada de mejora no persigue sustituir la valoración médica de la indicación farmacológica, sino reforzar la seguridad del proceso terapéutico completo. Una propuesta eficaz en geriatría debe contemplar no solo qué medicamentos recibe la persona, sino cómo los recibe, quién los administra, en qué condiciones funcionales y con qué capacidad para detectar incidencias. Desde esa mirada, la intervención enfermera aporta un enfoque práctico centrado en la persona, con potencial para disminuir riesgos y mejorar resultados de cuidado.
Objetivos
Objetivo general: Diseñar una estrategia de mejora de calidad y seguridad del paciente orientada a reducir riesgos asociados a la polifarmacia en personas mayores mediante la actuación coordinada de Enfermería en valoración, conciliación, educación y seguimiento.
Objetivos específicos:
- Identificar factores clínicos, funcionales y sociales que incrementan la vulnerabilidad de la persona mayor ante problemas relacionados con la medicación.
- Integrar una valoración enfermera multidimensional que permita reconocer señales de alerta vinculadas al tratamiento farmacológico.
- Establecer un procedimiento asistencial de conciliación de medicamentos especialmente útil en ingresos, altas y otras transiciones entre dispositivos.
- Mejorar la comprensión y el manejo práctico del tratamiento por parte del paciente y de su entorno cuidador.
- Favorecer la comunicación interdisciplinar ante discrepancias, reacciones adversas sospechadas, dificultades de adherencia o cambios funcionales asociados al tratamiento.
- Definir indicadores realistas de seguimiento para valorar la implantación de la estrategia y su utilidad clínica.
Metodología
Se presenta una propuesta de mejora aplicable a unidades de hospitalización geriátrica, atención intermedia, residencias con soporte sanitario y atención comunitaria. El planteamiento responde a una revisión teórico-práctica del problema asistencial y se organiza en una secuencia operativa susceptible de adaptación a los recursos del centro. No se formula como protocolo cerrado, sino como marco estructurado para orientar la intervención enfermera en situaciones de polifarmacia con riesgo clínico o funcional.
La población diana incluye personas mayores con tratamiento múltiple, especialmente cuando concurren fragilidad, pluripatología, deterioro funcional, dificultad de autocuidado, cambios recientes de prescripción, ingresos repetidos o necesidad de apoyo para la administración de la medicación. La identificación del riesgo no debe limitarse a un número concreto de fármacos, sino incorporar elementos como complejidad posológica, duplicidades aparentes, coexistencia de medicación prescrita y no prescrita, antecedentes de incidencias relacionadas con el tratamiento y capacidad real de manejo.
La estrategia se articula en seis fases. La primera consiste en la detección de pacientes prioritarios mediante cribado enfermero al ingreso, en consulta o durante visitas domiciliarias. La segunda corresponde a la valoración integral, que incluye situación cognitiva observable, funcionalidad en actividades de la vida diaria, deglución, destreza manual, visión, estado nutricional, presencia de síntomas potencialmente vinculados a la medicación y red de apoyo. La tercera fase se centra en la reconstrucción del tratamiento efectivo, es decir, de todo lo que la persona utiliza realmente, con independencia de dónde haya sido prescrito o adquirido.
La cuarta fase aborda la conciliación y el análisis práctico del régimen terapéutico. En este punto, Enfermería compara la información recogida con la prescripción activa y comunica discrepancias, omisiones, dudas de administración, solapamientos o signos de posible mala tolerancia. La quinta fase incorpora educación terapéutica y entrenamiento adaptado a las capacidades del paciente y cuidador: explicación de finalidad de los tratamientos en lenguaje comprensible, identificación de horarios críticos, uso correcto de dispositivos y medidas para prevenir errores. La sexta fase se dedica al seguimiento, priorizando transiciones asistenciales y primeras semanas tras cambios de pauta.
Para la evaluación de la propuesta se sugieren indicadores de proceso y de resultado. Entre los primeros, pueden incluirse la proporción de pacientes con historia farmacológica completa registrada, conciliación documentada, detección de discrepancias y educación sanitaria realizada. Entre los segundos, resulta razonable observar incidencia de problemas relacionados con la medicación detectados por Enfermería, necesidad de reconsulta por dificultades de manejo, aparición de síntomas compatibles con efectos adversos y evolución funcional percibida en relación con el tratamiento. Estos indicadores deben adaptarse al sistema de información disponible en cada entorno.
El enfoque metodológico concede especial importancia al trabajo compartido con medicina, farmacia, fisioterapia, trabajo social y cuidadores, ya que la seguridad terapéutica en geriatría rara vez depende de una sola intervención. La aportación enfermera se concreta en la recogida de información significativa, la observación clínica continuada, la educación para el autocuidado y la activación temprana de respuestas coordinadas ante situaciones de riesgo.
Resultados
La estrategia propuesta permite ordenar la intervención enfermera en torno a un problema frecuente, heterogéneo y con consecuencias potencialmente relevantes para la seguridad del paciente mayor. Su desarrollo práctico puede describirse a través de varios ejes complementarios.
Detección estructurada del riesgo
El primer resultado operativo es la identificación sistemática de personas con mayor vulnerabilidad. En la práctica, suele tratarse de pacientes con múltiples diagnósticos activos, cambios recientes de tratamiento, antecedentes de caídas, episodios de confusión, pérdida funcional, ingresos repetidos o dependencia para la preparación de la medicación. También deben considerarse señales menos visibles, como dificultades económicas, soledad, alfabetización sanitaria limitada o uso de remedios y productos sin registro en la historia farmacoterapéutica.
La inclusión de estas variables en la valoración inicial favorece una aproximación más útil que el simple recuento de fármacos. Dos pacientes con igual número de medicamentos pueden presentar riesgos muy distintos según su estado funcional, el apoyo disponible y la complejidad de la pauta. Esta mirada evita intervenciones uniformes y permite priorizar recursos sobre quienes más pueden beneficiarse de seguimiento intensivo.
Valoración enfermera multidimensional vinculada a la medicación
Un hallazgo central de la propuesta es el valor de la observación enfermera para relacionar síntomas y cambios funcionales con el tratamiento. La entrevista clínica y la observación en actividades habituales pueden descubrir signos de sedación diurna, lentitud motora, estreñimiento persistente, deshidratación, alteraciones del apetito, dificultad para tragar comprimidos, errores en el uso de inhaladores o imposibilidad de fraccionar dosis de forma segura. Estas incidencias suelen emerger cuando la medicación se examina en relación con la vida diaria.
La valoración debe explorar quién prepara la medicación, cómo se conservan los envases, si existen sistemas personalizados de dosificación, si se comprenden las indicaciones y qué grado de autonomía conserva la persona. También conviene comprobar la coherencia entre lo prescrito y lo realmente administrado. En pacientes con deterioro cognitivo o dependencia parcial, esta comprobación requiere integrar la voz del cuidador principal, cuya sobrecarga o falta de entrenamiento puede convertirse en un factor de riesgo añadido.
Conciliación de medicamentos en puntos críticos
La conciliación constituye uno de los componentes más relevantes de la estrategia. Su utilidad se hace especialmente visible en ingresos hospitalarios, altas, derivaciones entre dispositivos y revisiones tras cambios terapéuticos. Enfermería puede liderar la recogida inicial del tratamiento completo, incluyendo fármacos crónicos, medicación de rescate, productos de herbolario, suplementos y automedicación. Esta información, contrastada con informes previos, recetas activas y aportación familiar, permite detectar discrepancias que de otro modo pasarían inadvertidas.
Entre las incidencias más frecuentes se encuentran duplicidades por cambios de marca o principio activo, suspensión de un medicamento no comprendida por el paciente, reintroducción doméstica de tratamientos antiguos, omisión de fármacos considerados “secundarios” por la familia y errores de horario tras el alta. La estrategia propone registrar estas situaciones, comunicarlas al equipo responsable y verificar que el plan final queda expresado de forma inteligible para quien deba seguirlo en domicilio o en institución.
Intervenciones enfermeras para reducir errores de uso
Una vez identificado el riesgo, la intervención no debe limitarse a informar. Resulta más eficaz combinar explicación, demostración y verificación práctica. Puede ser necesario reorganizar horarios, asociar tomas a rutinas cotidianas, emplear apoyos visuales simples, revisar la técnica de administración de determinados dispositivos o recomendar sistemas de preparación semanal cuando el contexto lo permita. En personas frágiles, pequeñas modificaciones en la forma de presentación o en la distribución temporal de las tomas pueden mejorar el manejo y reducir omisiones.
La educación terapéutica debe evitar la sobrecarga de información. En geriatría es preferible priorizar mensajes esenciales: qué debe tomarse, cuándo, cómo, qué cambios se han realizado y qué signos deben motivar consulta. La enseñanza ha de adecuarse al nivel cognitivo, sensorial y cultural del paciente. Cuando existe cuidador, conviene confirmar que entiende el plan, puede ejecutarlo y dispone de un documento de apoyo coherente con la prescripción vigente.
Vigilancia de efectos adversos y repercusión funcional
La estrategia refuerza la vigilancia enfermera sobre manifestaciones que, en ocasiones, se interpretan como propias del envejecimiento y no como posibles consecuencias del tratamiento. Cambios en el equilibrio, somnolencia, empeoramiento del tránsito intestinal, incontinencia, anorexia, apatía o dificultad para movilizarse pueden relacionarse con medicamentos o con combinaciones de ellos. La observación continuada y la entrevista dirigida permiten comunicar sospechas razonables al equipo y favorecer revisiones terapéuticas individualizadas.
Este componente es particularmente importante porque la repercusión funcional puede preceder a un evento adverso mayor. Una ligera inestabilidad, si no se detecta, puede culminar en caída; una sedación no identificada puede aumentar la dependencia para las actividades básicas; una pauta compleja puede generar abandono parcial y descompensación clínica. La seguridad del paciente mayor exige, por tanto, integrar farmacoterapia y funcionalidad como dimensiones inseparables.
Coordinación interdisciplinar y continuidad asistencial
La mejora propuesta solo es sostenible si se apoya en circuitos de comunicación eficaces. Enfermería necesita disponer de un canal claro para trasladar discrepancias de conciliación, sospechas de mala tolerancia, barreras de adherencia y problemas detectados en domicilio o institucionalización. Del mismo modo, los cambios terapéuticos decididos por otros profesionales deben llegar a quien realiza la educación y el seguimiento directo del paciente.
En atención al alta, la estrategia recomienda asegurar una transmisión comprensible del plan terapéutico, así como la comunicación con el nivel asistencial siguiente cuando se identifiquen riesgos especiales. En pacientes con alta complejidad, el seguimiento precoz por Enfermería comunitaria puede ayudar a verificar si el tratamiento se está aplicando como se indicó y si han surgido incidencias no detectadas durante el ingreso.
Indicadores para valorar la implantación
La propuesta incluye indicadores sencillos y factibles, orientados más a la mejora continua que a la comparación externa. Entre ellos cabe considerar el registro de historia farmacológica completa, la conciliación documentada en momentos clave, el número de discrepancias identificadas y comunicadas, la proporción de pacientes o cuidadores que reciben educación terapéutica estructurada y la realización de seguimiento tras cambios relevantes de pauta.
En cuanto a resultados clínico-asistenciales, pueden observarse de forma cualitativa o cuantitativa, según recursos disponibles, variables como presencia de errores detectados en la administración, consultas motivadas por dudas de tratamiento, aparición de síntomas atribuibles a problemas relacionados con la medicación o empeoramiento funcional coincidente con modificaciones terapéuticas. Su interpretación debe ser prudente, dado que la evolución geriátrica depende de múltiples factores concurrentes.
Discusión/Conclusiones
La polifarmacia en geriatría obliga a abandonar enfoques reduccionistas. El riesgo no reside solo en la suma de medicamentos, sino en la interacción entre prescripción, fragilidad, funcionalidad, entorno cuidador y continuidad asistencial. Desde esta perspectiva, una estrategia de mejora útil debe conectar seguridad del paciente con cuidados cotidianos, porque es en la práctica diaria donde se manifiestan muchos de los problemas relacionados con la medicación.
La propuesta desarrollada sitúa a Enfermería en una posición operativa de alto valor añadido. Su proximidad al paciente permite detectar síntomas tempranos, barreras de adherencia y discrepancias entre la prescripción formal y el uso real. Además, aporta una mirada funcional que complementa la revisión clínica del tratamiento. La observación enfermera no sustituye la decisión terapéutica, pero sí puede enriquecerla al proporcionar información sobre tolerancia, capacidad de autocuidado y consecuencias del régimen farmacológico sobre la autonomía.
Uno de los aspectos más relevantes es la conciliación en transiciones asistenciales. Cuando esta tarea se realiza de forma incompleta, el paciente mayor puede quedar expuesto a duplicidades, omisiones y errores de interpretación del plan terapéutico. Incorporar procedimientos estables de verificación y comunicación puede contribuir a reducir incidentes evitables y a mejorar la coherencia entre niveles asistenciales. No obstante, su efectividad depende de la coordinación real entre profesionales y de la disponibilidad de registros accesibles y actualizados.
También debe subrayarse que la educación terapéutica en geriatría requiere adaptación. Informar no equivale a garantizar comprensión ni ejecución correcta. La enseñanza ha de ser graduada, concreta y vinculada a las capacidades del paciente y cuidador. En muchos casos, la simplificación operativa del régimen, la demostración práctica y la comprobación posterior resultan más útiles que la entrega de instrucciones extensas. Esta línea de trabajo encaja con una atención centrada en la persona y orientada a preservar la funcionalidad.
La implantación de una estrategia de este tipo puede encontrar barreras previsibles: limitación de tiempo asistencial, registros fragmentados, escasa integración entre niveles, variabilidad en la formación sobre seguridad farmacoterapéutica y dificultad para mantener seguimiento tras el alta. Entre los facilitadores destacan la estandarización de pasos básicos de conciliación, la definición de pacientes prioritarios, el trabajo compartido con farmacia y medicina, y la incorporación de educación estructurada en momentos clínicamente significativos.
En términos de práctica clínica, resulta razonable considerar que una intervención enfermera organizada, sostenida y coordinada puede mejorar la detección de problemas relacionados con la medicación y reforzar la seguridad de las personas mayores expuestas a polifarmacia. Su mayor fortaleza es integrar dimensión clínica, funcional y educativa en un mismo proceso asistencial. Por ello, la reducción del riesgo en geriatría no debería plantearse solo como revisión de prescripciones, sino como un cuidado continuo de todo el itinerario terapéutico.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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