Negative-pressure wound therapy: nursing follow-up of the case
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:435
Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera
Fecha recepción: 17/08/26
Fecha aceptación: 20/09/26
Fecha de publicación: 25/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):435
Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Piel; Estomas quirúrgicos; Cuidados de Enfermería; Cicatrización de heridas; Apósitos; Informes de casos; Terapia de presión negativa; Exudado; Heridas complejas; Proceso de Enfermería
Keywords: Skin; Surgical Stomas; Nursing Care; Wound Healing; Bandages; Case Reports; Negative-Pressure Wound Therapy; Exudates and Transudates; Complex Wounds; Nursing Process
Resumen
Introducción: La terapia de presión negativa se utiliza en el abordaje de heridas complejas con el propósito de favorecer un entorno local controlado, manejar el exudado y facilitar la progresión de la cicatrización. Desde Enfermería, su aplicación exige una valoración continuada de la piel perilesional, del lecho de la herida, del confort de la persona y de la respuesta global al tratamiento, especialmente cuando la lesión se localiza en un área de difícil sellado o próxima a un estoma quirúrgico.
Objetivos: Describir el seguimiento enfermero de una persona adulta portadora de una herida compleja tratada con terapia de presión negativa, analizar los principales problemas de cuidados detectados y exponer las intervenciones aplicadas durante la evolución clínica.
Metodología: Se desarrolla un caso clínico estructurado mediante el proceso de Enfermería. La valoración se organizó a partir de antecedentes relevantes, características de la herida, cantidad y aspecto del exudado, estado de la piel circundante, dolor, movilidad, afrontamiento y necesidades de educación sanitaria. La planificación de cuidados se adaptó de forma progresiva a la evolución local y a la tolerancia del dispositivo.
Resultados: Se presenta el caso de una mujer de 68 años intervenida por patología abdominal, con herida dehiscente próxima a un estoma y exudado moderado-alto. Durante el seguimiento se priorizaron el control de la humedad, la protección cutánea, el mantenimiento del sellado, la prevención de complicaciones y la educación para el autocuidado. La evolución mostró disminución del exudado, mejoría del tejido de granulación, reducción de la maceración perilesional y mayor tolerancia al tratamiento, lo que permitió avanzar hacia una fase posterior de cobertura convencional.
Discusión/Conclusiones: El caso ilustra que la terapia de presión negativa puede integrarse de forma útil en el plan de cuidados de heridas complejas, pero su rendimiento clínico depende en gran medida del seguimiento enfermero. La valoración sistemática, la adaptación del apósito a la anatomía de la zona, la vigilancia del dolor y la coordinación con el equipo asistencial resultan determinantes para sostener el tratamiento y favorecer una evolución local favorable.
Abstract
Introduction: Negative-pressure wound therapy is used in the management of complex wounds with the aim of promoting a controlled local environment, handling exudate, and supporting wound healing progression. From a nursing perspective, its use requires continuous assessment of the periwound skin, the wound bed, patient comfort, and the overall response to treatment, particularly when the lesion is located in an area with difficult sealing or close to a surgical stoma.
Objectives: To describe the nursing follow-up of an adult patient with a complex wound treated with negative-pressure wound therapy, to analyse the main care problems identified, and to present the interventions implemented throughout clinical evolution.
Methodology: A clinical case was developed using the nursing process. Assessment included relevant background, wound characteristics, amount and appearance of exudate, condition of the surrounding skin, pain, mobility, coping, and educational needs. Care planning was progressively adjusted according to local evolution and tolerance to the device.
Results: The case involves a 68-year-old woman who underwent abdominal surgery and developed a dehisced wound close to a stoma, with moderate to high exudate. During follow-up, nursing priorities included moisture control, skin protection, seal maintenance, prevention of complications, and self-care education. The course showed reduced exudate, improvement in granulation tissue, less periwound maceration, and better treatment tolerance, allowing transition to a later phase with conventional dressings.
Discussion/Conclusions: This case shows that negative-pressure wound therapy may be usefully integrated into the care plan for complex wounds, although its clinical performance depends largely on nursing follow-up. Systematic assessment, adaptation of the dressing to local anatomy, pain monitoring, and coordination with the multidisciplinary team are key elements in maintaining therapy and supporting favourable local progression.
Introducción
Las heridas complejas siguen representando un reto asistencial por su impacto funcional, por la carga de cuidados que generan y por la necesidad de decisiones clínicas dinámicas. La presencia de exudado abundante, tejido desvitalizado, dehiscencia, afectación cutánea perilesional o localizaciones anatómicas de difícil manejo puede prolongar la evolución y aumentar la demanda de seguimiento profesional. En ese escenario, la terapia de presión negativa ha pasado a ocupar un lugar relevante como recurso de manejo local en situaciones seleccionadas.
Su interés para la práctica enfermera no reside solo en la tecnología del dispositivo, sino en la capacidad de integrar dicha tecnología en un plan de cuidados coherente. La eficacia práctica de este abordaje depende de factores como la selección del material, la preparación del lecho, la protección de la piel adyacente, la prevención de fugas, la monitorización del exudado y la detección precoz de incidencias. Cuando además la herida se sitúa próxima a un estoma quirúrgico, el control de la humedad y la preservación del sellado adquieren una complejidad adicional.
La intervención enfermera en estos casos requiere una mirada amplia. No basta con observar el aspecto de la lesión; es preciso valorar dolor, tolerancia al procedimiento, capacidad funcional, barreras para el autocuidado, ansiedad asociada a la evolución de la herida y riesgo de deterioro de la integridad cutánea circundante. Del mismo modo, el seguimiento debe contemplar la continuidad asistencial y la educación de la persona y su entorno cuando se prevé permanencia del tratamiento o curas sucesivas.
La terapia de presión negativa puede contribuir al control del exudado y a la protección del entorno local cuando se indica de forma individualizada. Sin embargo, no debe entenderse como una solución autónoma ni como una medida desligada del proceso de Enfermería. La observación clínica continuada, la adaptación de la técnica a las características de la herida y la reevaluación del plan son elementos que condicionan su utilidad real.
El interés de presentar un caso centrado en el seguimiento enfermero radica en mostrar cómo decisiones aparentemente menores —la preparación de bordes, la frecuencia de las revisiones, la educación en el manejo del sistema o la vigilancia del drenaje— pueden modificar de forma significativa la evolución local. En heridas abdominales complejas con proximidad a estomas, la práctica clínica obliga a combinar precisión técnica con juicio clínico y capacidad de anticipación.
Objetivos
Describir el seguimiento enfermero de una persona con herida compleja abdominal tratada mediante terapia de presión negativa, destacando los problemas de cuidados más relevantes y la evolución observada durante el proceso.
Como objetivos específicos se plantearon:
- Analizar la valoración inicial de la herida, de la piel perilesional y de la situación general de la paciente.
- Identificar los principales problemas de cuidados vinculados al exudado, al dolor, a la integridad cutánea y a la adaptación al tratamiento.
- Exponer las intervenciones enfermeras orientadas al mantenimiento del sistema, la prevención de complicaciones y la educación sanitaria.
- Describir la evolución local y funcional durante el seguimiento hasta la retirada de la terapia de presión negativa.
Metodología
Se expone una situación clínica del ámbito quirúrgico estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organizó a partir de una valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados prioritarios, la planificación de intervenciones, la ejecución de las curas y el seguimiento evolutivo. La presentación del caso se centra en los aspectos clínicos y de cuidados con mayor repercusión para la práctica enfermera.
La persona atendida fue una mujer de 68 años, autónoma para gran parte de las actividades básicas antes del proceso quirúrgico, con antecedentes de obesidad, hipertensión arterial y diabetes mellitus tipo 2 en tratamiento. Tras una intervención abdominal, presentó una complicación local con dehiscencia parcial de la herida y aparición de una lesión compleja en zona próxima a un estoma quirúrgico. La localización dificultaba el control de la humedad y favorecía la inestabilidad del apósito convencional.
La valoración enfermera inicial consideró los siguientes ejes: características del lecho de la herida, presencia y tipo de exudado, estado de los bordes, condición de la piel perilesional, molestias asociadas, repercusión emocional de la lesión, movilidad, tolerancia a las curas y capacidad para comprender las indicaciones. También se evaluó el impacto del estoma sobre la posibilidad de sellado del sistema y sobre la seguridad de la piel adyacente.
Para la organización del plan de cuidados se priorizaron problemas relacionados con el deterioro de la integridad cutánea y tisular, el riesgo de lesión perilesional por humedad, el dolor asociado a la manipulación, la vulnerabilidad frente a complicaciones locales y la necesidad de apoyo educativo. La planificación se revisó de forma periódica según la respuesta de la herida y la tolerancia de la paciente al dispositivo.
La terapia de presión negativa fue indicada como parte del manejo local por la persistencia de exudado y la necesidad de optimizar el entorno de cicatrización. El seguimiento enfermero se desarrolló mediante curas programadas, revisiones intermedias ante incidencias y coordinación con el equipo quirúrgico y de estomaterapia. El análisis del caso se presenta de forma narrativa, orientado a la toma de decisiones de cuidados más que a la descripción tecnológica del dispositivo.
Resultados
Situación clínica inicial
A su llegada a la unidad de seguimiento de heridas, la paciente refería preocupación por la evolución de la herida, miedo a que el estoma dificultara la curación y malestar creciente durante las curas previas. Se observó una herida abdominal dehiscente, con lecho heterogéneo y predominio de tejido viable, exudado moderado-alto de aspecto seroso, bordes irregulares y piel perilesional macerada en algunos segmentos. La proximidad al estoma condicionaba fugas ocasionales de humedad y dificultaba la adherencia mantenida de los apósitos.
Desde el punto de vista funcional, mantenía deambulación limitada por dolor y tirantez abdominal, aunque conservaba capacidad para colaborar en el cuidado. A nivel emocional manifestaba ansiedad anticipatoria antes de las curas y dudas sobre la posibilidad de retomar su actividad habitual. La necesidad de información era evidente, tanto sobre el sentido del tratamiento como sobre los signos de alerta que debía comunicar.
Problemas de cuidados identificados
En la priorización inicial se consideraron los siguientes problemas: deterioro de la integridad tisular relacionado con la complicación de la herida quirúrgica; riesgo de deterioro de la piel perilesional asociado a exudado y adhesivos; dolor agudo vinculado a la manipulación de la zona; riesgo de infección local en una herida abierta con requerimiento de curas repetidas; y conocimientos insuficientes sobre el dispositivo y los cuidados necesarios en el domicilio. Además, se valoró un afrontamiento emocional frágil, condicionado por la incertidumbre y por la percepción de dependencia.
Estos problemas se tradujeron en objetivos asistenciales concretos: mantener un entorno local favorable para la cicatrización, reducir la maceración, sostener el sellado del sistema, mejorar la tolerancia al procedimiento, reforzar la seguridad de la paciente y favorecer una participación progresiva en su propio cuidado.
Plan de cuidados e inicio de la terapia
Antes de la colocación del sistema, se realizó limpieza de la herida con técnica aséptica, revisión del lecho y protección minuciosa de la piel perilesional mediante productos barrera adaptados a la humedad existente. Dada la cercanía del estoma, fue necesario individualizar la preparación del campo para separar funcionalmente ambas zonas y disminuir el riesgo de filtraciones. La elección y el recorte del material se efectuaron con especial atención a los pliegues abdominales y a la anatomía local.
Durante la primera aplicación se explicó a la paciente el objetivo del tratamiento, la sensación esperable al inicio de la presión, el funcionamiento general del dispositivo y la importancia de avisar ante dolor persistente, alarma del sistema, aumento brusco del contenido del reservorio, mal olor intenso o desprendimiento del apósito. Esta información redujo parcialmente la ansiedad y mejoró la colaboración en el procedimiento.
Las intervenciones enfermeras se centraron en:
- Valorar de forma seriada el aspecto del lecho, la cantidad de exudado y el estado de la piel perilesional.
- Mantener la integridad del sellado mediante refuerzo de bordes y adaptación anatómica del apósito.
- Proteger la zona próxima al estoma para minimizar humedad y lesión cutánea.
- Controlar el dolor antes, durante y después de las curas, coordinando medidas farmacológicas prescritas y estrategias de confort.
- Observar signos locales que aconsejaran reevaluación clínica.
- Favorecer educación sanitaria progresiva sobre manejo del sistema y autocuidado básico.
Seguimiento evolutivo
En los primeros cambios de apósito, la principal dificultad fue la estabilidad del sellado. La zona abdominal presentaba irregularidades y la presencia del estoma incrementaba el riesgo de fugas. Esto obligó a una vigilancia cercana de las alarmas del sistema y a realizar ajustes en la protección de la piel. La paciente refería molestias moderadas al retirar el material adhesivo, por lo que se reforzaron medidas para disminuir el traumatismo cutáneo y se cuidó especialmente la preparación previa de la cura.
Tras los primeros días de seguimiento, se objetivó mejor control del exudado y menor maceración perilesional. El reservorio permitía una observación más precisa del drenaje y facilitaba valorar tendencias evolutivas sin necesidad de manipulación continua del lecho. La paciente comenzó a expresar mayor sensación de seguridad al comprobar que el apósito permanecía estable durante más tiempo y que la frecuencia de cambios era asumible.
En revisiones sucesivas, el lecho mostró progresión favorable con predominio creciente de tejido de granulación y menor presencia de áreas desvitalizadas superficiales. Los bordes se observaron más definidos y la piel circundante, aunque todavía vulnerable, presentaba menor irritación. No se identificaron signos clínicos locales que obligaran a suspender el tratamiento en ese momento, si bien se mantuvo una vigilancia estrecha por el contexto quirúrgico y por las comorbilidades metabólicas de la paciente.
El dolor siguió un patrón descendente. Persistía cierta molestia en los cambios de apósito, pero disminuyó la sensación continua de tirantez y humedad. Este aspecto tuvo repercusión funcional, ya que la paciente toleró mejor la movilización y aceptó participar de manera más activa en su higiene, en la observación del dispositivo y en el aprendizaje de medidas básicas de cuidado del entorno cutáneo.
La educación sanitaria se abordó de manera progresiva y adaptada al estado emocional. Se trabajó el reconocimiento de incidencias prácticas, la necesidad de evitar tracciones sobre el sistema, la conveniencia de no manipular conexiones sin indicación, la observación del contenido del reservorio y el control de la piel alrededor del estoma y de la herida. También se exploró la presencia de barreras domiciliarias, especialmente relacionadas con el miedo a realizar movimientos o a dormir con el dispositivo.
Transición de cuidados
Con la evolución favorable del lecho y la reducción del exudado, se reconsideró la necesidad de mantener la terapia de presión negativa de forma continuada. La herida presentaba un entorno más controlado, menor fragilidad cutánea perilesional y condiciones adecuadas para avanzar a una fase posterior con apósitos convencionales seleccionados según humedad y protección local. La retirada del sistema se realizó de forma planificada, explicando a la paciente que el cambio de estrategia no implicaba retroceso, sino adaptación a una nueva fase de la cicatrización.
En el momento de la transición, los cuidados enfermeros se orientaron a consolidar los logros obtenidos: preservar la piel perilesional, mantener un balance adecuado de humedad, continuar la vigilancia de signos de complicación y reforzar la autonomía en el autocuidado. La paciente mostraba mejor comprensión del proceso, menor ansiedad ante las curas y mayor confianza para participar en la observación de la evolución.
Discusión/Conclusiones
El caso presentado pone de relieve que la terapia de presión negativa adquiere pleno sentido clínico cuando se integra en un seguimiento enfermero estrecho. La indicación tecnológica por sí sola no resuelve las dificultades de una herida compleja si no existe una valoración continuada del exudado, de la respuesta del tejido y de la tolerancia de la persona. En zonas próximas a un estoma quirúrgico, esta premisa es aún más evidente, ya que la viabilidad del tratamiento depende de la capacidad para proteger la piel y sostener un sellado eficaz sin añadir daño por adhesivos o humedad.
Uno de los elementos más relevantes del proceso fue la atención a la piel perilesional. En la práctica, la evolución de muchas heridas no se condiciona solo por el lecho, sino por lo que ocurre alrededor de él. La maceración, la irritación o el desprendimiento epidérmico pueden comprometer la adherencia del sistema, aumentar el dolor y limitar la continuidad del tratamiento. El seguimiento enfermero permitió detectar precozmente estas dificultades e introducir ajustes en la protección cutánea y en la técnica de aplicación.
También merece atención la dimensión del dolor. En ocasiones, la terapia de presión negativa se analiza desde una perspectiva exclusivamente local, centrada en el exudado o en la granulación. Sin embargo, la experiencia subjetiva de la persona influye en la aceptación del tratamiento, en la colaboración durante las curas y en la disposición para el autocuidado. La reducción del dolor no solo mejoró el confort, sino que favoreció la movilización, disminuyó la ansiedad anticipatoria y facilitó la educación sanitaria.
Otro aspecto destacable es la necesidad de coordinación asistencial. En heridas complejas relacionadas con cirugía abdominal y estomas, la enfermera debe articular cuidados con otros profesionales implicados en el proceso para ajustar tiempos, materiales y objetivos. Esta coordinación no requiere estructuras especialmente complejas, pero sí comunicación clínica efectiva y reevaluación compartida de la evolución.
Desde una perspectiva práctica, el caso sugiere varias implicaciones. La primera es que la valoración enfermera debe ser reiterada y no limitarse al momento de iniciar la terapia. La segunda es que los problemas relacionados con el sellado y con la integridad cutánea deben anticiparse, sobre todo en áreas anatómicas irregulares. La tercera es que la educación a la persona atendida no debe reservarse para el alta o para fases finales; comienza desde la primera cura y se adapta a la capacidad de comprensión y afrontamiento de cada momento.
El seguimiento también muestra que la retirada de la terapia forma parte del proceso terapéutico y exige criterio clínico. Mantener un dispositivo más allá de la fase en la que resulta útil puede no aportar beneficio adicional y, en cambio, incrementar la carga de cuidados o la incomodidad. La transición a otros apósitos debe responder a la evolución local y al objetivo predominante en cada fase de cicatrización.
Entre las limitaciones inherentes a un caso clínico, la aplicabilidad siempre debe entenderse con prudencia. La respuesta a la terapia de presión negativa puede variar según etiología de la herida, comorbilidades, grado de contaminación, localización anatómica, disponibilidad de recursos y experiencia del equipo. Aun así, la situación descrita resulta ilustrativa para la práctica porque muestra decisiones enfermeras frecuentes en escenarios de complejidad real.
En conjunto, la experiencia analizada respalda la relevancia del seguimiento enfermero en el manejo de heridas complejas tratadas con terapia de presión negativa. La observación sistemática, la protección de la piel, el control del dolor, la educación sanitaria y la adaptación progresiva del plan de cuidados pueden contribuir a una evolución local favorable y a una mejor vivencia del proceso por parte de la persona atendida.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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