Úlceras venosas crónicas: fundamentos de valoración y cuidados enfermeros

Chronic venous ulcers: foundations of assessment and nursing care

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:337

Autor principal (primer firmante): Marina Solís Navarro

Fecha recepción: 27/07/26

Fecha aceptación: 29/08/26

Fecha de publicación: 06/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):337

Autores:
Marina Solís Navarro
Andrés Fernández Rivas

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Revisión; Apósitos; Insuficiencia venosa; Úlcera venosa; Vendaje compresivo; Cuidados de Enfermería; Estomas quirúrgicos; Piel; Cicatrización de heridas; Enfermería basada en la evidencia

Keywords: Review; Bandages; Venous Insufficiency; Varicose Ulcer; Compression Bandages; Nursing Care; Surgical Stomas; Skin; Wound Healing; Evidence-Based Nursing

Resumen

Introducción: Las úlceras venosas crónicas constituyen una manifestación frecuente de la insuficiencia venosa crónica y representan un problema asistencial complejo por su curso prolongado, la recurrencia, el impacto funcional y la elevada carga de cuidados que generan. Su abordaje exige una valoración clínica integral, un cuidado local de la lesión ajustado a sus características y una actuación enfermera continuada orientada al control del edema, la protección cutánea, la prevención de complicaciones y la educación sanitaria.

Objetivos: Revisar los fundamentos clínicos de las úlceras venosas crónicas desde la perspectiva enfermera, describir los elementos esenciales de su valoración, analizar los principales componentes del cuidado local y del tratamiento compresivo, y señalar aspectos clave para la continuidad asistencial y la prevención de recurrencias.

Metodología: Se desarrolla una revisión teórica de carácter narrativo centrada en contenidos clínicos y enfermeros aplicables a la práctica. El texto integra conocimientos generales sobre fisiopatología venosa, valoración de la herida y de la extremidad, manejo del exudado, cuidado de la piel perilesional, compresión terapéutica, control del dolor, educación para el autocuidado y seguimiento.

Resultados: La valoración enfermera debe contemplar antecedentes vasculares, evolución de la lesión, características del lecho y de la piel circundante, presencia de edema, exudado, signos de infección local, dolor, movilidad, capacidad de autocuidado y adherencia. El cuidado local requiere limpieza adecuada, selección prudente de apósitos según objetivos clínicos, protección de la piel perilesional y reevaluación periódica. La terapia compresiva, cuando está indicada y tras una valoración vascular apropiada, puede contribuir al control del edema y favorecer un entorno de cicatrización. La educación sanitaria y el seguimiento estructurado resultan relevantes para mejorar la participación del paciente y reducir el riesgo de nuevas lesiones.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la úlcera venosa crónica debe ser integral, individualizado y sostenido en el tiempo. No basta con tratar la herida visible; es necesario actuar sobre la insuficiencia venosa, el edema, la piel perilesional, el dolor y los factores que dificultan la adherencia. La práctica clínica se beneficia de una evaluación sistemática, de la adaptación de la compresión al contexto de cada persona y de una educación terapéutica realista, coordinada y comprensible.

Abstract

Introduction: Chronic venous ulcers are a common manifestation of chronic venous insufficiency and represent a complex care problem due to their prolonged course, recurrence, functional impact, and high care burden. Their management requires comprehensive clinical assessment, appropriate local wound care, and sustained nursing intervention focused on oedema control, skin protection, complication prevention, and patient education.

Objectives: To review the clinical basis of chronic venous ulcers from a nursing perspective, to describe the essential elements of assessment, to analyse the main components of local care and compression therapy, and to highlight key issues for continuity of care and recurrence prevention.

Methodology: A narrative theoretical review was developed, focused on clinical and nursing content applicable to practice. The manuscript integrates general knowledge on venous pathophysiology, wound and limb assessment, exudate management, periwound skin care, compression treatment, pain control, self-care education, and follow-up.

Results: Nursing assessment should include vascular history, wound evolution, wound bed and surrounding skin characteristics, oedema, exudate, local signs of infection, pain, mobility, self-care ability, and adherence. Local care requires appropriate cleansing, careful dressing selection according to clinical goals, periwound skin protection, and periodic reassessment. Compression therapy, when indicated and after proper vascular assessment, may help reduce oedema and support a healing environment. Structured education and follow-up are relevant to improve patient participation and reduce the risk of recurrence.

Discussion/Conclusions: Nursing management of chronic venous ulcers should be comprehensive, individualised, and sustained over time. Treating the visible wound alone is insufficient; venous insufficiency, oedema, periwound skin, pain, and adherence barriers must also be addressed. Clinical practice benefits from systematic assessment, context-based adjustment of compression therapy, and realistic, coordinated, understandable therapeutic education.

Introducción

Las úlceras venosas crónicas forman parte del grupo de lesiones cutáneas asociadas a alteraciones del retorno venoso de las extremidades inferiores. Su aparición suele relacionarse con hipertensión venosa mantenida, disfunción valvular, cambios inflamatorios en la microcirculación y deterioro progresivo de la integridad cutánea. Aunque la lesión se localiza en la piel, el problema de base excede el plano exclusivamente dermatológico y exige una mirada clínica amplia, en la que Enfermería ocupa una posición central por la continuidad del seguimiento, la frecuencia de los cuidados y la cercanía al paciente.

En la práctica asistencial, la úlcera venosa rara vez se presenta como un hallazgo aislado. Con frecuencia se acompaña de edema, dolor, exudado, maceración perilesional, eczema, hiperpigmentación, lipodermatoesclerosis, limitación funcional y dificultades para el autocuidado. A ello se suman factores sociales y conductuales que influyen de forma directa en la evolución, como la tolerancia al vendaje compresivo, la capacidad para elevar las piernas, la movilidad cotidiana, el uso correcto del tratamiento y la comprensión del proceso crónico.

Desde la perspectiva enfermera, el interés clínico de estas lesiones no radica únicamente en alcanzar el cierre cutáneo. Resulta igualmente relevante identificar los elementos que perpetúan la lesión, prevenir complicaciones, sostener la adherencia al tratamiento y reducir el riesgo de recurrencia. El cuidado de la herida debe integrarse, por tanto, en un plan asistencial más amplio que contemple a la persona, su entorno y su funcionalidad.

Otro aspecto que justifica la revisión del tema es la variabilidad observada en la práctica: elección de apósitos basada en la disponibilidad más que en objetivos clínicos, uso de compresión insuficientemente adaptada, escasa reevaluación de la piel perilesional o una educación terapéutica limitada a recomendaciones puntuales. Frente a ello, una valoración sistemática y un razonamiento clínico ordenado permiten orientar decisiones más seguras y coherentes.

La atención a las úlceras venosas crónicas requiere además coordinación entre niveles asistenciales. Muchos pacientes alternan el domicilio, la atención primaria, consultas especializadas o periodos de hospitalización. Esa trayectoria asistencial hace especialmente importante un registro enfermero claro, la continuidad de criterios de valoración y la transmisión precisa de la información sobre la evolución de la herida, la tolerancia a la compresión y las necesidades de apoyo.

Objetivos

Revisar los fundamentos de valoración y cuidados enfermeros en las úlceras venosas crónicas, con especial atención a la identificación de características clínicas relevantes, al manejo local de la lesión, a la terapia compresiva y a la educación para el autocuidado.

De forma específica, se pretende:

  • Describir los principales elementos fisiopatológicos que ayudan a comprender la aparición y persistencia de la úlcera venosa.
  • Delimitar los componentes de una valoración enfermera integral de la persona y de la lesión.
  • Analizar criterios clínicos útiles para el cuidado local, la selección de apósitos y la protección de la piel perilesional.
  • Examinar el papel del tratamiento compresivo dentro del plan de cuidados, siempre en función de la valoración vascular y del contexto clínico.
  • Señalar intervenciones orientadas al control del dolor, la adherencia terapéutica, la prevención de complicaciones y la reducción de recurrencias.

Metodología

Se presenta una revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera. El desarrollo se centra en conceptos clínicos ampliamente aceptados sobre insuficiencia venosa crónica, cicatrización de heridas y manejo de lesiones de extremidades inferiores, aplicados al razonamiento y a la toma de decisiones en cuidados.

La exposición se organiza a partir de los ejes que habitualmente estructuran la atención enfermera a este problema: comprensión del mecanismo fisiopatológico, valoración integral de la extremidad y de la herida, definición de objetivos asistenciales, cuidado local, manejo del edema mediante compresión cuando procede, educación sanitaria, seguimiento y prevención de nuevas lesiones.

No se plantea como un protocolo cerrado ni como una sustitución de los procedimientos establecidos en cada centro. Las actuaciones descritas deben interpretarse como orientaciones profesionales generales, sujetas a individualización según situación vascular, comorbilidad, dolor, fragilidad cutánea, tolerancia al tratamiento, disponibilidad de recursos y coordinación con el resto del equipo asistencial.

Resultados

Base fisiopatológica y significado clínico

La úlcera venosa se asocia a un retorno venoso ineficaz y a un aumento mantenido de la presión en el sistema venoso de la extremidad inferior. Esa hipertensión venosa favorece extravasación de líquido, edema, inflamación crónica y alteraciones tisulares que comprometen el aporte de oxígeno y nutrientes a la piel. Con el tiempo, la piel se vuelve más vulnerable y responde peor a traumatismos menores o a la fricción continuada, lo que puede iniciar la lesión o dificultar su cierre.

La localización suele orientar, aunque nunca sustituye a la valoración vascular. Estas úlceras aparecen con frecuencia en la región distal de la pierna, especialmente en el área supramaleolar, y suelen acompañarse de signos de insuficiencia venosa crónica. Suelen presentar bordes menos regulares que otras lesiones, exudado de intensidad variable y una evolución prolongada. Sin embargo, no toda herida en esa localización es necesariamente venosa. La coexistencia de enfermedad arterial, neuropatía, diabetes, inmovilidad o traumatismos obliga a descartar etiologías mixtas y a evitar simplificaciones diagnósticas.

Valoración enfermera de la persona y de la extremidad

La valoración inicial debe recoger antecedentes de insuficiencia venosa, trombosis venosa, cirugías previas, episodios de ulceración, recurrencias, tiempo de evolución, tratamientos utilizados y respuesta obtenida. También conviene explorar comorbilidades que pueden interferir con la cicatrización o con la tolerancia al tratamiento, como limitaciones de movilidad, obesidad, desnutrición, fragilidad, deterioro cognitivo o problemas de visión y destreza manual que dificulten el autocuidado.

La entrevista clínica debe incluir la experiencia subjetiva del paciente: dolor, sensación de pesadez, prurito, impacto del exudado y del olor, alteración del sueño, limitación para caminar, cambios en el calzado o en la ropa habitual y percepción sobre la eficacia del tratamiento. Estos datos orientan no solo la dimensión física de la lesión, sino también su repercusión funcional y emocional.

En la exploración de la extremidad resulta útil valorar la presencia y distribución del edema, el estado de la piel, la temperatura, la coloración, la fragilidad capilar, la induración tisular, la maceración y los signos de dermatitis asociada al estasis venoso. Debe observarse la piel de ambas piernas, ya que la extremidad contralateral puede aportar información sobre la enfermedad venosa de base y sobre el riesgo de futuras lesiones.

La valoración vascular es un punto de seguridad esencial antes de instaurar o intensificar medidas compresivas. La palpación de pulsos, la observación de signos compatibles con isquemia y la integración de las pruebas vasculares disponibles forman parte del proceso de decisión clínica. Cuando existan dudas sobre el componente arterial, dolor desproporcionado, empeoramiento con la elevación o signos de compromiso circulatorio, se recomienda ampliar la valoración antes de aplicar compresión de forma rutinaria.

Valoración específica de la herida

La herida debe describirse con un lenguaje clínico preciso y evolutivo. Interesa documentar localización, número de lesiones, tamaño aproximado, profundidad, tipo de tejido visible en el lecho, características de los bordes, cantidad y aspecto del exudado, estado de la piel perilesional y presencia de dolor durante el reposo, la manipulación o el cambio de apósito. Más que una descripción aislada, se necesita una secuencia de observaciones comparables que permitan identificar mejoría, estancamiento o deterioro.

La evaluación del exudado merece atención particular. Su exceso favorece maceración, dificulta la fijación del apósito, incrementa la incomodidad y puede lesionar la piel adyacente. Un exudado escaso en una herida previamente muy exudativa, por el contrario, no siempre es un hallazgo favorable; debe interpretarse junto con otros signos clínicos para no confundir desecación con progresión hacia la cicatrización.

La piel perilesional requiere una observación sistemática. La maceración, el eczema, la hipersensibilidad, la descamación o las lesiones por adhesivos pueden perpetuar el problema y generar nuevas puertas de entrada. En ocasiones, el deterioro cutáneo alrededor de la úlcera condiciona más dolor y limitación que el propio lecho lesional. Por ello, la protección de la piel circundante no debe considerarse un aspecto secundario del tratamiento.

También es preciso vigilar signos locales y generales que puedan sugerir infección o inflamación exacerbada: aumento del dolor, cambios bruscos en el exudado, mal olor persistente, ampliación del eritema, friabilidad del tejido o empeoramiento del estado general. La interpretación de estos signos debe ser clínica y contextualizada, ya que las heridas crónicas pueden presentar colonización sin infección manifiesta.

Cuidado local de la lesión

La limpieza de la herida tiene como objetivo retirar restos, facilitar la observación clínica y reducir elementos que interfieran con el proceso de cicatrización. Debe realizarse con técnica adecuada y de forma lo menos traumática posible para el tejido viable y la piel perilesional. El dolor durante esta maniobra aporta información relevante y puede requerir ajustes en el procedimiento o en la analgesia.

La elección del apósito no debería responder a una lógica fija ni basarse únicamente en la disponibilidad habitual. Debe orientarse por el objetivo clínico principal de cada fase: controlar exudado, mantener un entorno húmedo terapéutico, proteger el tejido de granulación, reducir el trauma en los cambios, favorecer el confort o proteger la piel adyacente. En lesiones con exudado moderado o abundante puede ser útil priorizar materiales con capacidad de absorción y manejo de fluidos; cuando existe fragilidad perilesional, la atraumaticidad en la retirada adquiere especial importancia.

El cambio de apósito debe programarse según la evolución de la lesión, la saturación del material, el estado de la piel y la tolerancia de la persona. Cambios demasiado espaciados pueden aumentar maceración y olor; cambios excesivamente frecuentes pueden incrementar dolor, costes y microtraumatismos. La periodicidad, por tanto, debe individualizarse y revisarse de forma continua.

La protección de la piel perilesional incluye medidas para reducir humedad, fricción, irritación química y daño por adhesivos. Los productos barrera y las estrategias de fijación menos agresivas pueden resultar útiles en personas con piel frágil o con exudado persistente. Asimismo, debe valorarse la presencia de dermatitis asociada al estasis venoso o sensibilización a algunos materiales, ya que estas situaciones pueden empeorar el prurito, el rascado y la tolerancia al tratamiento.

Terapia compresiva y manejo del edema

La compresión constituye un componente fundamental del abordaje de muchas úlceras venosas porque actúa sobre uno de los mecanismos principales del problema: la hipertensión venosa y el edema. Sin embargo, su indicación no debe asumirse de forma automática ni aplicarse de manera uniforme. Requiere valoración vascular previa, selección del sistema más adecuado y seguimiento estrecho de la tolerancia clínica.

El objetivo de la compresión es mejorar el retorno venoso, reducir la congestión tisular y favorecer un entorno más estable para la cicatrización. Los sistemas disponibles incluyen diferentes modalidades de vendaje y dispositivos compresivos, cuya elección depende del estado de la extremidad, de la cantidad de edema, de la forma anatómica de la pierna, de la capacidad de deambulación, de la destreza para el autocuidado y de los recursos asistenciales.

La técnica de aplicación influye de manera decisiva en la eficacia y en la seguridad. Un vendaje mal colocado puede generar pliegues, puntos de presión, dolor o deslizamiento, con repercusión directa sobre la adherencia. Enfermería desempeña aquí una función técnica y educativa: valorar tolerancia, vigilar signos de compromiso cutáneo o circulatorio, reforzar la necesidad de mantener el sistema indicado y enseñar medidas complementarias como la elevación de las piernas y la movilización regular dentro de las posibilidades de cada paciente.

La tolerancia a la compresión no depende solo del dispositivo. Influyen el dolor previo, el volumen de edema, la ansiedad, el calor, la dificultad para calzarse, la imagen corporal y la percepción de utilidad. Cuando la persona refiere rechazo o malestar persistente, la intervención enfermera debe explorar causas concretas y no limitarse a insistir de forma genérica en el cumplimiento.

Dolor, confort y repercusión funcional

El dolor asociado a la úlcera venosa puede presentarse de manera continua o vinculado a los cuidados, al edema, a la inflamación local o a la irritación de la piel. Su infravaloración es frecuente cuando la atención se centra exclusivamente en el aspecto visible de la herida. Una valoración sistemática del dolor, de sus desencadenantes y de su impacto en el sueño y la movilidad permite ajustar mejor tanto el cuidado local como las medidas de confort.

La reducción del dolor puede requerir una combinación de estrategias: manipulación cuidadosa, apósitos menos traumáticos, protección de la piel perilesional, control del exudado, adecuación de la compresión, elevación de la extremidad y, cuando proceda, coordinación con el tratamiento analgésico prescrito. Mejorar el confort no es un objetivo accesorio; influye de forma directa en la aceptación del tratamiento y en la capacidad de la persona para mantener actividades de la vida diaria.

La limitación funcional asociada a estas lesiones merece una valoración específica. Dolor, edema, miedo a lesionar la herida, fugas de exudado y dificultades para llevar vendajes pueden reducir la marcha, favorecer el sedentarismo y empeorar la bomba muscular de la pantorrilla. Se produce así un círculo de inmovilidad y estasis venosa que conviene identificar precozmente.

Educación sanitaria y adherencia

La educación para el autocuidado constituye uno de los pilares del abordaje enfermero. No se trata de proporcionar una lista extensa de instrucciones, sino de identificar qué información necesita la persona, qué barreras tiene para ponerla en práctica y qué apoyos requiere en su entorno. En muchos casos, la adherencia mejora cuando el paciente comprende la relación entre edema, compresión, movimiento y recurrencia.

Entre los contenidos educativos suelen incluirse el cuidado de la piel, la observación de cambios en la herida, la importancia de mantener la compresión según indicación, la elevación de las piernas en periodos de descanso, la movilización y los ejercicios que activan la musculatura de la pantorrilla, la elección de calzado y ropa que no dificulten el retorno venoso y la consulta precoz ante signos de empeoramiento. Todo ello debe adaptarse al nivel de autonomía y a la situación social de cada persona.

La familia o cuidadores pueden desempeñar un papel decisivo cuando existe dependencia para el vendaje, dificultades de movilidad o bajo nivel de autocuidado. Integrarlos en la educación sanitaria y confirmar la comprensión de las indicaciones puede mejorar la continuidad del plan terapéutico en el domicilio.

Seguimiento, reevaluación y prevención de recurrencias

La evolución de una úlcera venosa crónica debe monitorizarse mediante reevaluaciones periódicas de la herida, de la piel perilesional, del edema y de la tolerancia al tratamiento. El seguimiento permite detectar estancamiento, empeoramiento o aparición de complicaciones y ofrece la oportunidad de revisar objetivos de cuidados que quizá fueron adecuados al inicio pero ya no responden a la situación actual.

La prevención de recurrencias comienza antes del cierre completo de la lesión. Una vez conseguida la cicatrización, persiste la enfermedad venosa de base y, con ella, el riesgo de reaparición. Mantener medidas de compresión cuando estén indicadas, sostener hábitos de movilidad, vigilar cambios cutáneos y reforzar el cuidado continuado de la piel forman parte de la estrategia a largo plazo.

La continuidad asistencial adquiere especial valor en pacientes con trayectorias prolongadas o con episodios repetidos de ulceración. El registro enfermero de las características de la herida, de las respuestas al tratamiento y de las dificultades de adherencia facilita la toma de decisiones entre profesionales y evita reinicios innecesarios del plan de cuidados.

Discusión/Conclusiones

El manejo de las úlceras venosas crónicas exige superar una visión reducida al apósito o al procedimiento técnico de la cura. La lesión visible es la expresión de un proceso más amplio en el que interactúan insuficiencia venosa, edema, alteración cutánea, dolor, limitación funcional y factores de autocuidado. Desde esta perspectiva, la aportación enfermera resulta especialmente relevante porque integra observación clínica continuada, intervención técnica, educación terapéutica y seguimiento longitudinal.

Uno de los principales retos asistenciales es mantener un equilibrio entre estandarización y personalización. Disponer de criterios estructurados de valoración mejora la coherencia del cuidado, pero la respuesta clínica depende de variables individuales que obligan a adaptar el plan. No todas las personas toleran del mismo modo la compresión, no todas las heridas exigen la misma estrategia de control del exudado y no todas las barreras de adherencia se resuelven con información adicional. La individualización no es una excepción al proceso de cuidados, sino una condición de su calidad.

También conviene subrayar la relevancia de la piel perilesional, con frecuencia infravalorada. La maceración, la dermatitis y el daño por adhesivos pueden retrasar la evolución y aumentar el sufrimiento del paciente, por lo que su vigilancia debe incorporarse a la valoración rutinaria y a la planificación de cuidados. Del mismo modo, el dolor debe ser recogido como una variable clínica central y no como un dato complementario.

La terapia compresiva ocupa un lugar destacado en el abordaje, pero su eficacia práctica depende de una correcta indicación, de una técnica cuidadosa y de una buena tolerancia por parte del paciente. En este punto, la competencia enfermera combina capacidad técnica y capacidad relacional: aplicar adecuadamente, detectar problemas tempranos, enseñar, negociar objetivos y sostener la adherencia a lo largo del tiempo.

En síntesis, la atención a la úlcera venosa crónica se beneficia de una valoración integral, de cuidados locales guiados por objetivos clínicos, de un manejo prudente del edema y de una educación sanitaria mantenida. La evolución favorable no depende de una medida aislada, sino de la consistencia del plan de cuidados y de su adaptación continua a las necesidades de la persona. Esa orientación integral sitúa a Enfermería en una posición decisiva para mejorar la calidad del cuidado y contribuir a una atención más segura, más coherente y más sostenible.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

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