Postpartum hemorrhage: nursing assessment and clinical surveillance
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:336
Autor principal (primer firmante): Miriam Castillo Ruiz
Fecha recepción: 26/07/26
Fecha aceptación: 01/09/26
Fecha de publicación: 06/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):336
Autores:
Miriam Castillo Ruiz
Guillermo Pérez Navarro
Nadia Torres Aguilera
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Valoración clínica; Enfermería basada en la evidencia; Salud materno-infantil; Enfermería obstétrica; Hemorragia posparto; Signos vitales; Cuidados de Enfermería; Puerperio; Lactancia materna; Revisión
Keywords: Clinical Assessment; Evidence-Based Nursing; Maternal-Child Health Services; Obstetric Nursing; Postpartum Hemorrhage; Vital Signs; Nursing Care; Postpartum Period; Breast Feeding; Review
Resumen
Introducción: La hemorragia posparto constituye una de las complicaciones obstétricas con mayor repercusión clínica durante el puerperio inmediato. Su evolución puede ser rápida y, en ocasiones, inicialmente poco llamativa, por lo que la observación continuada y la valoración enfermera sistemática resultan determinantes para la detección precoz del deterioro materno.
Objetivos: Revisar los elementos clínicos más relevantes de la hemorragia posparto desde la perspectiva enfermera, describir los componentes de la valoración inicial y continuada, y analizar las principales líneas de vigilancia y cuidados durante el puerperio inmediato, incluyendo aspectos de apoyo emocional y lactancia.
Metodología: Revisión teórica narrativa orientada a la práctica clínica enfermera. Se organiza el contenido en torno a la definición operativa del problema, los factores que pueden incrementar el riesgo, la exploración clínica, la monitorización de signos de alarma y la actuación enfermera dentro del abordaje interdisciplinar.
Resultados: La valoración enfermera debe integrar la cuantificación y características del sangrado, el estado uterino, la situación hemodinámica, el nivel de conciencia, la perfusión periférica, la diuresis cuando proceda y la respuesta emocional de la mujer. La vigilancia secuencial, el reconocimiento de cambios sutiles y la comunicación estructurada con el equipo pueden contribuir a una intervención más temprana. Junto al control clínico, los cuidados incluyen medidas de confort, preservación de la intimidad, información adaptada al momento y apoyo al inicio o restablecimiento de la lactancia materna según la estabilidad materna.
Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la hemorragia posparto no se limita al registro del sangrado, sino que exige interpretación clínica, reevaluación frecuente y capacidad para identificar signos precoces de inestabilidad. La práctica segura requiere integrar vigilancia hemodinámica, valoración uterina, coordinación interdisciplinar y atención centrada en la mujer y su familia.
Abstract
Introduction: Postpartum hemorrhage is a major obstetric complication during the immediate postpartum period. Its clinical course may deteriorate quickly and early manifestations can be subtle, making continuous observation and systematic nursing assessment essential for timely recognition of maternal deterioration.
Objectives: To review the main clinical features of postpartum hemorrhage from a nursing perspective, to describe key components of initial and ongoing assessment, and to analyze relevant monitoring and care strategies during the immediate postpartum period, including emotional support and breastfeeding-related issues.
Methodology: Narrative theoretical review focused on nursing practice. The content is structured around the operational definition of the condition, factors that may increase risk, clinical assessment, monitoring of warning signs, and nursing actions within an interdisciplinary approach.
Results: Nursing assessment should include the amount and characteristics of bleeding, uterine tone, hemodynamic status, level of consciousness, peripheral perfusion, urine output when appropriate, and the woman’s emotional response. Sequential monitoring, recognition of subtle changes, and structured communication with the healthcare team may support earlier intervention. In addition to clinical surveillance, nursing care includes comfort measures, preservation of privacy, situation-adapted information, and support for the initiation or resumption of breastfeeding according to maternal stability.
Discussion/Conclusions: Nursing management of postpartum hemorrhage goes beyond documenting blood loss; it requires clinical interpretation, frequent reassessment, and the ability to identify early signs of instability. Safe practice involves combining hemodynamic surveillance, uterine assessment, interdisciplinary coordination, and woman-centered care.
Introducción
La hemorragia posparto representa una urgencia obstétrica en la que el tiempo de detección y la calidad de la respuesta asistencial influyen de forma directa en la evolución materna. Aunque su presentación puede ser evidente cuando existe sangrado abundante, no siempre el deterioro se manifiesta de manera proporcional a la pérdida visible. En determinadas circunstancias, la mujer puede mostrar inicialmente síntomas inespecíficos, cambios discretos en la perfusión o una compensación hemodinámica transitoria que retrasa la percepción de gravedad. Esta realidad sitúa a la Enfermería en una posición especialmente relevante dentro del puerperio inmediato.
El entorno obstétrico exige una vigilancia activa tras el alumbramiento, tanto en partos vaginales como tras cesárea, con atención al sangrado, al tono uterino, a la integridad del canal del parto y a la estabilidad general de la puérpera. La observación enfermera no debe reducirse a una recogida mecánica de constantes, sino incorporar juicio clínico, reevaluación y capacidad para detectar cambios evolutivos. La apariencia de cansancio intenso, la inquietud, la sensación de mareo, la palidez o la diaforesis pueden ser hallazgos iniciales de relevancia cuando se interpretan en conjunto con el resto de la exploración.
Desde una perspectiva fisiopatológica, la hemorragia posparto puede relacionarse con alteraciones del tono uterino, restos placentarios, lesiones del tracto genital o trastornos de la coagulación, entre otras situaciones clínicas. Sin embargo, en la práctica enfermera resulta especialmente útil organizar la vigilancia a partir de manifestaciones observables y de la evolución global de la paciente. La palpación uterina, la valoración del sangrado y la monitorización del estado general permiten orientar precozmente la sospecha y facilitar la activación de recursos.
La atención a la mujer con hemorragia posparto también implica dimensiones no estrictamente hemodinámicas. El acontecimiento ocurre en un periodo de transición física y emocional, con expectativas de contacto precoz con el recién nacido, inicio de la lactancia y adaptación al rol materno. La interrupción brusca de ese proceso por una complicación aguda puede generar miedo, desorientación y percepción de pérdida de control. Por ello, el cuidado enfermero debe integrar seguridad clínica, contención emocional e información clara, ajustada al estado de la mujer y al contexto asistencial.
En este escenario, la revisión de la valoración enfermera y de la vigilancia clínica adquiere interés tanto en el ámbito hospitalario como en la formación continuada. No se trata de proponer un protocolo cerrado, sino de reunir los elementos que con mayor frecuencia orientan una observación rigurosa, favorecen la comunicación interdisciplinar y ayudan a sostener cuidados seguros y humanizados durante una complicación potencialmente grave del puerperio.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es revisar la hemorragia posparto desde la perspectiva de la valoración enfermera y la vigilancia clínica en el puerperio inmediato.
Como objetivos específicos se plantean:
- Describir los aspectos clínicos que deben guiar la observación inicial y continuada de la mujer con sangrado posparto.
- Analizar los signos y manifestaciones que pueden alertar de deterioro hemodinámico o de progresión desfavorable.
- Revisar las principales intervenciones enfermeras relacionadas con la monitorización, la seguridad, el confort y la coordinación asistencial.
- Incorporar al análisis la dimensión emocional del episodio y su posible repercusión sobre el vínculo temprano y la lactancia materna.
- Favorecer una visión integral del cuidado enfermero en una complicación obstétrica que requiere respuesta rápida y observación experta.
Metodología
Se presenta una revisión teórica narrativa centrada en la práctica enfermera en torno a la hemorragia posparto. El enfoque adoptado prioriza la utilidad clínica del contenido para profesionales de Enfermería que desarrollan actividad en áreas obstétricas, puerperio, urgencias maternas o unidades con atención a la mujer en el periodo posparto.
La organización del artículo sigue un esquema clínico-asistencial. En primer lugar, se delimita el problema desde el punto de vista del puerperio inmediato y de la seguridad materna. Posteriormente, se abordan los componentes de la valoración enfermera, la interpretación de signos y síntomas, la vigilancia secuencial, las medidas generales de cuidado y la coordinación con el equipo asistencial. Se incluyen también consideraciones sobre el apoyo emocional y la lactancia, por su relevancia práctica en la recuperación materna y en la experiencia del episodio.
Al tratarse de una revisión narrativa, el objetivo no es sintetizar resultados cuantitativos ni comparar intervenciones mediante análisis formal. Se pretende ofrecer una exposición estructurada y prudente de los aspectos que con mayor frecuencia orientan la observación enfermera y la toma de decisiones en el entorno clínico, evitando afirmaciones cerradas cuando la aplicación depende del contexto, de la situación de la paciente y de los protocolos vigentes en cada centro.
Resultados
Conceptualización clínica y relevancia para Enfermería
La hemorragia posparto puede aparecer en las horas inmediatas tras el nacimiento o manifestarse posteriormente durante el puerperio. En el entorno hospitalario, la fase inicial concentra un volumen importante de vigilancia enfermera porque coincide con cambios fisiológicos rápidos, movilización de fluidos y necesidad de observación estrecha del útero, del sangrado y del estado general. La detección temprana no depende únicamente del volumen estimado de pérdida hemática, sino de la integración de múltiples signos clínicos.
Para la Enfermería obstétrica, la relevancia del problema radica en varios aspectos: posibilidad de deterioro súbito, necesidad de reevaluación frecuente, coordinación con intervención médica y repercusión sobre la experiencia materna. La observación continuada permite advertir desviaciones respecto a la evolución esperable del puerperio inmediato y actuar de forma proporcionada a la situación clínica.
Factores que pueden incrementar el riesgo
Aunque la hemorragia posparto puede presentarse también en mujeres sin antecedentes destacables, existen circunstancias obstétricas y clínicas que aconsejan una vigilancia más estrecha. Entre ellas pueden considerarse la sobredistensión uterina, la prolongación o instrumentalización del parto, determinados antecedentes de sangrado obstétrico, la presencia de lesiones en el canal del parto, la retención de tejido placentario o alteraciones previas de la coagulación. También algunas cesáreas o procedimientos obstétricos complejos pueden justificar una observación particularmente cuidadosa.
Desde la práctica enfermera, conocer estos factores no sustituye la valoración clínica, pero ayuda a identificar a las mujeres que pueden precisar monitorización más próxima, exploraciones uterinas más frecuentes o una actitud de mayor alerta ante cambios aparentemente menores. Conviene evitar, sin embargo, una lectura determinista del riesgo: la ausencia de factores predisponentes no excluye una evolución desfavorable.
Valoración inicial tras el parto
La valoración enfermera en el puerperio inmediato comienza con una exploración global de la mujer y continúa con observaciones seriadas. El primer eje es la evaluación del sangrado. No basta con describir su presencia; debe intentarse valorar su cuantía aproximada, evolución temporal, presencia de coágulos y relación con maniobras o cambios posturales. La saturación de compresas en poco tiempo, la persistencia de sangrado rojo intenso o la aparición de coágulos repetidos requieren atención prioritaria y comunicación al equipo.
El segundo eje es la valoración uterina. La palpación abdominal orienta sobre el tono, la consistencia y la posición del útero. Un útero blando o mal contraído puede asociarse a mayor sangrado y exige reevaluación tras las medidas indicadas en el contexto asistencial. La altura uterina y su respuesta a la palpación también aportan información útil, siempre integrada con el resto de hallazgos.
Un tercer componente es la valoración del estado general y hemodinámico. La frecuencia cardiaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la temperatura y la saturación de oxígeno, si se dispone de monitorización, deben interpretarse de manera dinámica y no como datos aislados. Una mujer joven puede mantener cifras aparentemente conservadas mientras comienza a mostrar signos de hipoperfusión o mal estado general. Por ello, la exploración debe incorporar coloración cutánea, temperatura de extremidades, relleno capilar, nivel de alerta, orientación, sensación subjetiva de debilidad o mareo y tolerancia a la movilización.
La diuresis puede aportar información adicional sobre la perfusión y la respuesta al tratamiento, especialmente cuando existe control urinario establecido. Del mismo modo, la valoración del dolor es relevante porque un dolor intenso, desproporcionado o localizado puede sugerir complicaciones concomitantes o dificultar la exploración.
Signos de alarma y deterioro clínico
La vigilancia enfermera debe orientarse a reconocer signos evidentes y también manifestaciones precoces menos llamativas. Entre los hallazgos que pueden sugerir empeoramiento se encuentran el aumento progresivo del sangrado, la atonía uterina persistente, la taquicardia, la hipotensión o tendencia al descenso tensional, la palidez, la sudoración fría, la somnolencia inusual, la agitación, la sensación de desvanecimiento y la disminución de la diuresis cuando puede medirse. La alteración del nivel de conciencia o la dificultad para mantener una conversación coherente obligan a una valoración inmediata.
No todas las pacientes expresan el deterioro del mismo modo. Algunas verbalizan ansiedad intensa o sensación de “no encontrarse bien” antes de que los cambios en las constantes sean claros. Escuchar esa percepción subjetiva forma parte de la valoración clínica. En obstetricia, desestimar síntomas inespecíficos puede retrasar la activación de medidas diagnósticas y terapéuticas.
También es importante considerar el sangrado oculto o no completamente visible, especialmente si existe distensión abdominal, dolor creciente, inestabilidad sin exteriorización llamativa o contexto quirúrgico reciente. La interpretación enfermera debe permanecer abierta a esta posibilidad y comunicar con rapidez cualquier discordancia entre la apariencia del sangrado externo y el estado general de la mujer.
Monitorización y vigilancia secuencial
La periodicidad de la vigilancia depende de la situación clínica y de los protocolos institucionales, pero el principio general es la reevaluación frecuente mientras exista sangrado anormal o sospecha de deterioro. La observación secuencial permite identificar tendencias: aumento del pulso, necesidad creciente de recambios, cambios en el tono uterino o empeoramiento del aspecto general.
El registro debe ser claro, cronológico y clínicamente útil. Anotar solo “sangrado abundante” o “constantes estables” aporta información limitada si no se acompaña de una descripción evolutiva. Resulta más útil consignar cómo progresa el sangrado, qué características presenta, cómo se encuentra el útero, qué síntomas refiere la mujer y qué respuesta muestra tras las intervenciones realizadas.
La vigilancia incluye además la preparación del entorno asistencial: accesibilidad venosa adecuada si se precisa, disponibilidad de material para recambio y monitorización, control del balance cuando proceda y anticipación de necesidades. La respuesta enfermera no es únicamente reactiva; también implica organizar el espacio y los recursos para facilitar una actuación ágil y segura.
Intervenciones enfermeras en el abordaje inicial
Ante la sospecha o confirmación de hemorragia posparto, la prioridad es contribuir a la estabilidad materna mediante observación intensiva, comunicación inmediata y ejecución de las medidas indicadas en el marco del equipo asistencial. La valoración del útero, el control del sangrado y la monitorización hemodinámica constituyen acciones nucleares. En función del contexto, puede ser necesario favorecer la posición más adecuada para la valoración, canalizar o comprobar accesos venosos, administrar tratamientos prescritos y colaborar en procedimientos diagnósticos o terapéuticos.
La comunicación con el equipo debe ser estructurada y orientada a la toma de decisiones. Informar de manera concreta sobre cantidad y evolución del sangrado, tono uterino, síntomas referidos, constantes y respuesta a las medidas iniciales facilita una intervención más eficaz que una comunicación inespecífica. Del mismo modo, cuando la situación lo requiera, es importante preparar la transferencia a un área de mayor vigilancia o la movilización de recursos adicionales.
La seguridad también comprende medidas básicas de prevención de complicaciones secundarias: evitar deambulación no supervisada si existe mareo, mantener vigilancia durante los cambios posturales, preservar la temperatura corporal y reducir estímulos innecesarios sin perder capacidad de observación. La puérpera puede experimentar gran vulnerabilidad física y emocional durante el episodio, por lo que los cuidados deben mantener una presencia profesional cercana y organizada.
Cuidados centrados en la mujer y apoyo emocional
La hemorragia posparto irrumpe en un momento de elevada carga emocional. La mujer puede pasar en pocos minutos de la expectativa de contacto con su hijo a una experiencia de amenaza, procedimientos urgentes y pérdida de control sobre la situación. La actuación técnica no debe desplazar la comunicación terapéutica. Explicaciones breves, comprensibles y adaptadas al estado clínico ayudan a disminuir la incertidumbre. Frases sencillas sobre qué se está observando, por qué se intensifica la vigilancia y quién está atendiendo cada aspecto del problema pueden reducir ansiedad y favorecer la colaboración.
La intimidad merece atención específica. La necesidad de exploraciones repetidas y recambios frecuentes aumenta la exposición corporal de la mujer. Preservar la dignidad mediante coberturas adecuadas, anticipación de maniobras y un trato respetuoso forma parte del cuidado enfermero de calidad.
La presencia de la pareja o acompañante, cuando es posible y compatible con la seguridad, puede convertirse en un recurso de apoyo. También requiere orientación, ya que la visión del sangrado y de la movilización del equipo puede generar temor intenso. Una información breve y ordenada contribuye a disminuir el desconcierto y a sostener el entorno emocional de la puérpera.
Lactancia materna y vínculo temprano
La relación entre hemorragia posparto y lactancia materna debe abordarse con sensibilidad clínica. En una situación aguda, la prioridad es la estabilidad de la madre. No obstante, una vez controlado el episodio o durante su recuperación, pueden aparecer dificultades para el inicio precoz de la lactancia, separación temporal madre-hijo, cansancio extremo, dolor o necesidad de procedimientos que interrumpen el contacto continuado.
La Enfermería puede contribuir a minimizar este impacto mediante apoyo individualizado según la situación. Si el estado materno lo permite, el acompañamiento en el primer contacto, la ayuda con la postura y la observación de la tolerancia pueden favorecer la continuidad del proceso. Cuando la mujer no se encuentra en condiciones de iniciar o mantener la toma en ese momento, la información sobre opciones de apoyo posterior y la validación emocional de la experiencia resultan igualmente relevantes. Evitar mensajes culpabilizadores o expectativas rígidas es especialmente importante tras una complicación aguda.
La valoración del cansancio, del malestar y del estado emocional debe preceder a cualquier recomendación práctica. La recuperación materna condiciona la capacidad funcional y el deseo de interacción inmediata, por lo que la intervención enfermera ha de combinar apoyo, realismo clínico y respeto por el ritmo de la mujer.
Continuidad asistencial y reevaluación en el puerperio
Una vez superada la fase de mayor inestabilidad, persiste la necesidad de reevaluación. La mujer puede presentar anemia clínica, debilidad, temor a un nuevo sangrado o dificultades en la movilización y en el autocuidado inicial. El seguimiento enfermero debe explorar síntomas persistentes, tolerancia al esfuerzo, aspecto de los loquios, dolor, descanso, necesidades de información y capacidad para atender al recién nacido con apoyo suficiente.
En este periodo cobra valor la educación sanitaria adaptada: signos por los que consultar, cambios esperables del sangrado puerperal, medidas de seguridad al levantarse si existe debilidad y orientación sobre el cuidado del periné o de la herida quirúrgica cuando proceda. La información debe proporcionarse de forma gradual, en un momento en que la mujer pueda comprenderla y recordarla.
La coordinación entre niveles asistenciales y entre profesionales favorece una transición más segura. El registro claro del episodio hemorrágico, de las intervenciones realizadas y de la evolución posterior ayuda a mantener continuidad en la vigilancia y en los cuidados.
Discusión/Conclusiones
La hemorragia posparto exige una mirada enfermera que combine observación técnica, interpretación clínica y atención centrada en la mujer. El sangrado visible sigue siendo un dato fundamental, pero no basta por sí solo para identificar la gravedad ni para anticipar la evolución. La experiencia asistencial muestra que signos aparentemente menores, cuando se integran en una valoración sistemática, pueden anunciar deterioro antes de que la inestabilidad sea manifiesta.
Uno de los principales aportes de la Enfermería en este ámbito es la vigilancia secuencial. La continuidad en la observación permite reconocer tendencias, valorar la respuesta a las medidas instauradas y comunicar con precisión la evolución del cuadro. Esta función requiere competencia clínica, entrenamiento en reconocimiento precoz del deterioro y capacidad de trabajo coordinado con el resto del equipo.
La revisión también subraya que el cuidado de la hemorragia posparto no debe quedar restringido al control hemodinámico. La vivencia emocional del episodio, la alteración del contacto precoz con el recién nacido y las dificultades iniciales en la lactancia forman parte del impacto clínico y asistencial. Atender estas dimensiones no resta prioridad a la seguridad; la completa. Una información breve y honesta, el respeto a la intimidad y el acompañamiento profesional pueden modular la experiencia de la mujer en un momento de alta vulnerabilidad.
Desde el punto de vista práctico, resulta razonable insistir en varios ejes: valoración repetida del sangrado y del tono uterino, monitorización dinámica de signos vitales, atención a síntomas subjetivos, identificación de signos de hipoperfusión, registro clínico útil y comunicación estructurada. A ello se añade la necesidad de adaptar la vigilancia al contexto individual, al tipo de parto, a la respuesta clínica y a los procedimientos en curso.
La hemorragia posparto continúa siendo un problema que interpela de forma directa a la Enfermería obstétrica y al conjunto del equipo materno-infantil. Una vigilancia rigurosa, integrada en cuidados humanizados y coordinados, puede contribuir de manera significativa a mejorar la seguridad materna y la calidad de la atención en el puerperio inmediato.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.
Financiación
La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.
Bibliografía
- Madar H, Froeliger A, Kayem G, Bouchghoul H, Sentilhes L. Management of immediate and delayed postpartum hemorrhage with cesarean delivery.. Am J Obstet Gynecol. 2026;233(6S):S314-S330. doi: https://doi.org/10.1016/j.ajog.2025.07.027
- McDonagh M, Skelly AC, Tilden E, Brodt ED, Dana T, Hart E, et al.. Outpatient Cervical Ripening: A Systematic Review and Meta-analysis.. Obstet Gynecol. 2021;137(6):1091-1101. doi: https://doi.org/10.1097/AOG.0000000000004382
- Rydahl E, Eriksen L, Juhl M. Effects of induction of labor prior to post-term in low-risk pregnancies: a systematic review.. JBI Database System Rev Implement Rep. 2019;17(2):170-208. doi: https://doi.org/10.11124/JBISRIR-2017-003587
- Wang T, Li H, Liu Y, Min X. Quantitative blood loss measurement methods for early detection of primary postpartum haemorrhage following vaginal birth: A scoping review.. J Clin Nurs. 2024;33(10):3869-3885. doi: https://doi.org/10.1111/jocn.17216
- Moudi Z, Tabatabaei SM, Sargazi-Moakhar Z, Mollashahi S, Zaboli M, Boroojeny SB. Empowering midwives to manage postpartum haemorrhage in rural areas of Islamic Republic of Iran: lessons learnt from cases of maternal death.. East Mediterr Health J. 2019;25(9):637-646. doi: https://doi.org/10.26719/emhj.19.008
- Yin J, Chen Y, Huang M, Cao Z, Jiang Z, Li Y. Effects of perineal massage at different stages on perineal and postpartum pelvic floor function in primiparous women: a systematic review and meta-analysis.. BMC Pregnancy Childbirth. 2024;24(1):405. doi: https://doi.org/10.1186/s12884-024-06586-w
- Curran CA. Intrapartum emergencies.. J Obstet Gynecol Neonatal Nurs. 2003;32(6):802-13. doi: https://doi.org/10.1177/0884217503258425
- Begley CM, Gyte GM, Devane D, McGuire W, Weeks A, Biesty LM. Active versus expectant management for women in the third stage of labour.. Cochrane Database Syst Rev. 2019;2(2):CD007412. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD007412.pub5