Acompañamiento enfermero en adolescente con autolesiones y necesidad de continuidad asistencial

Nursing support for an adolescent with self-injury and need for continuity of care

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:80

Autor principal (primer firmante): Jorge Navarro Medina

Fecha recepción: 15/06/26

Fecha aceptación: 12/07/26

Fecha de publicación: 16/07/26

Ref.: CADICE. 2026;1(7):80

Autores:
Jorge Navarro Medina
Elena Vargas Prieto
Rocío Sánchez Gil
Pablo Ibáñez Cortés

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Riesgo suicida; Familia; Continuidad asistencial; Salud infantil; Autolesión; Adolescente; Cuidados de Enfermería; Enfermería pediátrica; Niño; Proceso de Enfermería

Keywords: Suicide Risk; Family; Continuity of Patient Care; Child Health; Self-Injurious Behavior; Adolescent; Nursing Care; Pediatric Nursing; Child; Nursing Process

Resumen

Introducción: Las autolesiones en la adolescencia constituyen un motivo de consulta de elevada complejidad clínica y relacional. Su abordaje requiere una valoración integral que contemple el malestar emocional, la posible presencia de ideación autolítica, el contexto familiar, los factores desencadenantes y la capacidad del entorno para sostener medidas de seguridad y seguimiento. En este escenario, Enfermería desempeña un papel relevante en la acogida, la detección de necesidades, la contención emocional y la articulación de la continuidad asistencial.

Objetivos: Describir el proceso de cuidados enfermeros en una adolescente con autolesiones, identificar problemas prioritarios y analizar la importancia del acompañamiento terapéutico y de la coordinación entre niveles asistenciales.

Metodología: Se expone una situación clínica de atención a una adolescente atendida por conducta autolesiva, estructurada mediante el proceso de Enfermería. Se integra valoración biopsicosocial, identificación de problemas de cuidados, planificación de intervenciones, participación familiar y seguimiento orientado a la continuidad asistencial.

Resultados: La valoración permitió identificar sufrimiento emocional intenso, dificultades de regulación afectiva, comunicación familiar limitada, necesidad de observación del riesgo, alteración del patrón de afrontamiento y vulnerabilidad en la adherencia al seguimiento. La intervención enfermera se orientó a establecer una relación terapéutica segura, explorar precipitantes, reforzar medidas de protección, implicar a la familia, favorecer la expresión emocional y coordinar la derivación y el seguimiento con recursos de salud mental y atención primaria.

Discusión/Conclusiones: El acompañamiento enfermero puede contribuir a disminuir la fragmentación de la atención en adolescentes con autolesiones. La escucha clínica, la valoración continuada del riesgo, la educación a la familia y la coordinación entre dispositivos resultan elementos centrales para sostener cuidados seguros y ajustados a la evolución. La continuidad asistencial no debe entenderse solo como una derivación, sino como un proceso relacional y organizativo que facilita la contención y el seguimiento.

Abstract

Introduction: Self-injurious behavior in adolescence is a complex reason for consultation that involves emotional distress, potential suicide risk, family dynamics and care coordination needs. Nursing has a significant role in early assessment, therapeutic support, safety monitoring and continuity of care.

Objectives: To describe the nursing care process in an adolescent with self-injury, identify priority care problems and examine the relevance of therapeutic support and continuity across healthcare settings.

Methodology: A clinical situation involving an adolescent attended for self-injurious behavior is presented and organized according to the nursing process. The approach includes biopsychosocial assessment, identification of care problems, care planning, family involvement and follow-up focused on continuity of care.

Results: Assessment identified marked emotional distress, difficulties in emotional regulation, limited family communication, the need for risk monitoring, impaired coping and vulnerability regarding follow-up adherence. Nursing interventions focused on building a safe therapeutic relationship, exploring triggering factors, reinforcing protective measures, involving the family, facilitating emotional expression and coordinating referral and follow-up with mental health and primary care services.

Discussion/Conclusions: Nursing support may help reduce fragmented care in adolescents with self-injury. Clinical listening, ongoing risk assessment, family guidance and interprofessional coordination are key elements for safe and individualized care. Continuity of care should be understood not merely as referral, but as a relational and organizational process that sustains support over time.

Introducción

La conducta autolesiva en la adolescencia plantea un reto asistencial que trasciende el episodio visible de lesión cutánea. Con frecuencia se inscribe en un marco de sufrimiento psíquico, dificultades para la regulación emocional, conflictos interpersonales, vivencias de soledad o sensación de falta de control. Aunque no toda autolesión implica una intención suicida, su presencia obliga a una valoración clínica cuidadosa, prudente y no banalizadora, porque puede coexistir con ideación autolítica, desesperanza, impulsividad o escaso soporte ambiental.

En la práctica clínica, muchos de estos casos llegan a urgencias pediátricas, consultas de atención primaria o dispositivos de salud mental infantojuvenil. El primer contacto asistencial suele condicionar de forma importante la vinculación posterior al sistema sanitario. Una respuesta centrada únicamente en la herida o en el control inmediato del episodio puede dejar sin abordar necesidades relevantes: la experiencia subjetiva de la adolescente, la vivencia de culpa o vergüenza, el impacto familiar, los factores precipitantes y la articulación del seguimiento tras el alta.

La mirada enfermera aporta elementos diferenciales en este proceso. La valoración de patrones funcionales, la observación clínica continuada, la capacidad para detectar cambios en el estado emocional y la cercanía en la interacción permiten identificar riesgos y necesidades que no siempre emergen en entrevistas breves o exclusivamente diagnósticas. Además, el cuidado enfermero se sitúa en un espacio especialmente adecuado para favorecer la expresión emocional, ofrecer información adaptada al momento evolutivo y acompañar a la familia en una situación a menudo vivida con miedo, desorientación o respuestas contraproducentes.

En población adolescente, la continuidad asistencial adquiere un valor añadido. La transición entre el episodio agudo y el seguimiento posterior puede verse interrumpida por dificultades de acceso, rechazo del tratamiento, comunicación insuficiente entre dispositivos o desgaste del entorno cuidador. Cuando esto ocurre, aumenta la posibilidad de nuevas crisis, de reconsultas desestructuradas y de pérdida de oportunidades terapéuticas. Por ello, el abordaje enfermero no debería limitarse al momento de la atención inicial, sino integrar medidas que faciliten la conexión con los recursos posteriores y el mantenimiento de un plan de cuidados comprensible para la paciente y su familia.

El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en una adolescente con autolesiones y necesidad de continuidad asistencial, con el propósito de analizar el proceso de cuidados desde una perspectiva enfermera, clínica y relacional.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una adolescente con autolesiones mediante una valoración integral orientada a la seguridad, al acompañamiento terapéutico y a la continuidad asistencial.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar los problemas de cuidados prioritarios en una adolescente que consulta tras un episodio de autolesión.
  • Analizar los elementos de la valoración enfermera que ayudan a explorar malestar emocional, factores precipitantes, apoyos disponibles y necesidad de observación del riesgo.
  • Describir intervenciones enfermeras dirigidas a la contención emocional, la relación terapéutica, la participación familiar y la planificación del seguimiento.
  • Examinar el papel de la coordinación entre niveles asistenciales para sostener cuidados seguros y evitar discontinuidades tras la atención inicial.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito pediátrico-adolescente estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración inicial, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones y la evolución durante el seguimiento inmediato.

La valoración integra dimensiones clínicas, emocionales, familiares y contextuales. Se consideran especialmente relevantes el motivo de consulta, el relato del episodio autolesivo, los antecedentes de conductas similares, la vivencia subjetiva de la adolescente, la presencia de ideas de muerte o de intencionalidad autolítica, la calidad de la red de apoyo, la respuesta de la familia, la percepción de seguridad en el domicilio y la disposición para continuar en seguimiento. También se exploran de forma prudente hábitos de sueño, alimentación, rendimiento escolar, relaciones con iguales, uso de redes sociales y existencia de estresores recientes.

Para la planificación se priorizan problemas relacionados con el riesgo de nuevas autolesiones, el afrontamiento ineficaz ante el malestar emocional, la alteración de la interacción familiar y la vulnerabilidad para mantener continuidad en la atención. Las intervenciones descritas responden a un marco general de cuidados enfermeros en salud mental infantojuvenil y pediatría, sin pretensión de protocolo cerrado, y se entienden supeditadas a la valoración interdisciplinar y a la organización de cada dispositivo asistencial.

Resultados

Presentación de la situación clínica

Adolescente de 15 años, identificada como M.R., que acude acompañada por su madre tras objetivarse cortes superficiales recientes en antebrazos. La consulta se produce después de varios días de aislamiento progresivo, irritabilidad, disminución del apetito y rechazo a acudir al instituto. La madre refiere que no conocía episodios previos de autolesión, aunque en las últimas semanas había observado cambios de humor más marcados, discusiones frecuentes en casa y mayor dependencia del teléfono móvil. La paciente acepta la atención sanitaria, pero inicialmente mantiene escaso contacto visual, responde con monosílabos y expresa temor a ser juzgada.

Durante la primera entrevista enfermera, realizada en un espacio que favorece privacidad y contención, la adolescente verbaliza sentirse “desbordada” desde hace meses. Refiere sensación persistente de vacío, conflictos con un grupo de iguales, pensamientos autorreprochadores y dificultad para hablar en casa de lo que le ocurre. Describe las lesiones como una forma de “parar un poco” el malestar. Cuando se explora de manera directa y respetuosa el riesgo autolítico, reconoce haber tenido pensamientos de no querer seguir sintiéndose así, sin concretar un plan estructurado en ese momento. Señala que tras autolesionarse experimentó alivio transitorio seguido de culpa y miedo a la reacción familiar.

Valoración enfermera inicial

La observación clínica muestra afecto deprimido, ansiedad manifiesta, llanto contenido y oscilación entre necesidad de ayuda y evitación de la conversación. Las lesiones visibles son superficiales y no comprometen estabilidad física inmediata, pero el episodio se interpreta como marcador de desregulación emocional y posible escalada del riesgo si no se interviene de forma adecuada. La paciente refiere sueño fragmentado, cansancio diurno y pérdida de interés por actividades antes habituales. Niega consumo de sustancias en el momento de la valoración. No presenta desorganización conductual ni síntomas psicóticos evidentes durante la atención inicial.

En el plano relacional, la madre alterna preocupación intensa con expresiones de desconcierto y preguntas centradas en “por qué ha hecho esto”. Se detecta una dinámica familiar con comunicación reactiva, dificultad para nombrar emociones y tendencia a resolver el conflicto desde la vigilancia o el reproche. La adolescente manifiesta preferencia por hablar sin presencia inicial de la madre, aunque posteriormente acepta un espacio compartido si puede expresarse con apoyo profesional.

Entre los factores de vulnerabilidad se identifican malestar emocional persistente, estrategias de afrontamiento poco adaptativas, vivencia de soledad, conflicto con iguales, deterioro del funcionamiento escolar reciente y escasa capacidad para pedir ayuda de forma temprana. Como factores de protección destacan la existencia de un adulto cuidador disponible, la aceptación de atención profesional, la posibilidad de seguimiento sanitario y la capacidad de la paciente para reconocer, aunque parcialmente, que necesita apoyo.

Problemas de cuidados priorizados

La situación clínica permite priorizar varios problemas de cuidados. En primer lugar, riesgo de violencia autodirigida, dado el antecedente reciente de autolesión y la presencia de ideas de muerte inespecíficas en un contexto de intenso sufrimiento emocional. En segundo lugar, afrontamiento ineficaz, evidenciado por la utilización de la autolesión como estrategia para modular el malestar. También se identifica ansiedad, baja tolerancia al estrés, alteración de la comunicación familiar y necesidad de apoyo al cuidador principal. De manera transversal, aparece un problema relevante de continuidad asistencial, por la posibilidad de que el episodio quede reducido a una atención puntual sin seguimiento efectivo.

La formulación de estos problemas orienta una planificación centrada no solo en prevenir un nuevo episodio inmediato, sino en construir un itinerario asistencial mínimamente estable. En adolescentes con elevada ambivalencia hacia la ayuda, la continuidad no depende únicamente de la cita programada, sino de que la experiencia inicial haya resultado suficientemente contenedora y no punitiva.

Planificación de cuidados e intervenciones enfermeras

La primera línea de intervención se dirige a la seguridad. Se realiza vigilancia clínica del estado emocional, se explora de forma periódica la persistencia de ideas autolíticas y se valora la necesidad de supervisión según la evolución durante la estancia asistencial. La entrevista se mantiene con lenguaje claro, sin dramatización y evitando interpretaciones moralizantes. La paciente recibe mensajes consistentes orientados a legitimar el sufrimiento sin validar la autolesión como única vía de alivio.

Junto a la atención de las lesiones, se desarrolla una intervención de apoyo emocional centrada en la relación terapéutica. Se facilita un espacio para verbalizar antecedentes del episodio, emociones predominantes, momentos de mayor vulnerabilidad y señales previas a la autolesión. Esta exploración permite identificar desencadenantes como conflictos interpersonales, rumiación nocturna y sensación de no poder comunicar el malestar. La enfermera ayuda a diferenciar emoción, impulso y conducta, favoreciendo una mínima secuenciación de lo ocurrido, útil para posteriores estrategias de prevención de recaídas.

Se abordan medidas de seguridad inmediatas con la adolescente y su madre. De forma adaptada a la capacidad de comprensión de ambas, se recomienda revisar el entorno domiciliario para reducir el acceso no supervisado a objetos potencialmente lesivos, aumentar la presencia de un adulto de referencia durante las primeras horas o días según la evolución, y definir a quién acudir si reaparecen ideas de autolesión, incremento brusco del malestar o incapacidad para garantizar la seguridad. Más que entregar instrucciones descontextualizadas, la intervención se orienta a traducir el riesgo en decisiones comprensibles y realizables.

Con la familia se trabaja la contención relacional. Se explica que respuestas basadas exclusivamente en el reproche, el interrogatorio insistente o la vigilancia invasiva pueden aumentar el cierre comunicativo. Se propone sustituir preguntas acusatorias por mensajes de disponibilidad, observación cercana y validación emocional. También se explora el estado de la madre como cuidadora principal, su nivel de angustia y su capacidad para sostener la supervisión. Cuando el adulto se encuentra desbordado, la planificación de cuidados debe incorporar apoyos adicionales y una coordinación más estrecha.

Otra intervención nuclear es la preparación del enlace asistencial. Enfermería participa en la comunicación con el equipo médico y con los recursos de salud mental que vayan a asumir seguimiento, aportando información relevante sobre el relato de la paciente, la dinámica familiar observada, la respuesta emocional durante la atención y los elementos de vulnerabilidad detectados. Asimismo, se verifica que la familia comprende el plan previsto, la necesidad de acudir a revisiones y las señales de alerta que justificarían una nueva consulta urgente.

Evolución y continuidad asistencial

Tras la valoración interdisciplinar y una vez descartada una situación de descompensación que exija otras medidas de contención, se acuerda seguimiento ambulatorio preferente con apoyo desde atención primaria y salud mental infantojuvenil. Antes del alta, la enfermera mantiene una nueva entrevista breve con la adolescente y su madre. La paciente se muestra menos defensiva, identifica al menos una persona adulta con la que podría hablar si reaparece el impulso autolesivo y acepta la propuesta de seguimiento. La madre verbaliza mejor comprensión de la situación y reduce el discurso centrado en la culpa.

En el contacto posterior, ya en el marco del seguimiento, persisten altibajos emocionales y dificultades para expresar malestar antes de llegar a una situación límite. No obstante, la adolescente empieza a reconocer señales precoces como insomnio, aislamiento intenso y pensamientos autorreprochadores repetitivos. Desde Enfermería se refuerza la identificación de estas señales, el uso de alternativas de descarga no lesiva y la importancia de mantener asistencia a las citas programadas incluso cuando la crisis aguda parece haber remitido.

La continuidad asistencial se concreta en varios elementos: transmisión de información clínicamente útil entre dispositivos, claridad en el plan de seguimiento, accesibilidad para reconsulta ante empeoramiento, participación familiar ajustada a la edad y mantenimiento del vínculo terapéutico. En este caso, la coordinación evita que el episodio quede encapsulado como un incidente aislado y permite enmarcarlo en un proceso de cuidado más amplio.

A lo largo del seguimiento inicial se observan signos modestos pero clínicamente relevantes de estabilización: mayor disposición a hablar del malestar, menor ocultación de emociones a la madre y aceptación progresiva del acompañamiento profesional. La evolución continúa siendo vulnerable y requiere revisión continuada, pero la intervención enfermera temprana ha contribuido a sostener la adherencia y a reducir la sensación de desamparo tras el episodio autolesivo.

Discusión/Conclusiones

La atención a adolescentes con autolesiones exige evitar dos reduccionismos frecuentes: considerar toda autolesión como equivalente a un intento suicida consumado en potencia, o minimizarla como una conducta meramente manipulativa o pasajera. Ambos enfoques dificultan la comprensión clínica y pueden deteriorar la alianza terapéutica. La práctica enfermera se sitúa en un punto intermedio más útil: valorar con rigor la seguridad, explorar la función que la conducta cumple para la paciente e intervenir sobre el sufrimiento y el contexto que la sostienen.

En la situación descrita, el episodio autolesivo actúa como expresión de un malestar que no encontraba canales de simbolización ni de ayuda suficientemente accesibles. Desde esta perspectiva, el cuidado enfermero no se limita a la vigilancia del riesgo inmediato, aunque esta sea prioritaria, sino que incorpora escucha clínica, validación emocional, apoyo a la familia y mediación entre la crisis aguda y el seguimiento. Este tránsito es especialmente relevante en adolescencia, etapa en la que la adherencia suele ser frágil y muy sensible a la experiencia subjetiva del primer encuentro asistencial.

La familia merece una consideración específica. La aparición de autolesiones puede provocar reacciones intensas de miedo, culpa, enfado o hipercontrol. Si estas respuestas no son acogidas y orientadas, pueden convertirse en barreras para el cuidado. Enfermería puede ayudar a transformar esa reacción inicial en una presencia protectora más regulada, capaz de observar, acompañar y pedir ayuda sin invadir ni desautorizar a la adolescente. Este trabajo no reemplaza otras intervenciones psicoterapéuticas o psiquiátricas, pero sí favorece condiciones de seguridad y continuidad.

Otro elemento central es la continuidad asistencial. En problemas de salud mental infantojuvenil, la calidad del proceso no depende solo de la corrección técnica del episodio agudo, sino de la capacidad para enlazar recursos, sostener información compartida y ofrecer a la paciente un itinerario comprensible. Una derivación sin explicación, sin coordinación o sin verificación de comprensión familiar puede fracasar aunque formalmente esté bien tramitada. Por el contrario, una continuidad bien cuidada puede disminuir pérdidas de seguimiento y facilitar detección precoz de nuevas crisis.

Este tipo de abordaje presenta límites. La evolución de las autolesiones en adolescencia es heterogénea y depende de múltiples factores personales, familiares y sociales. No existe una respuesta uniforme válida para todos los casos, y la valoración del riesgo debe individualizarse en cada contacto. Además, la disponibilidad de recursos y circuitos de salud mental puede condicionar la intensidad del seguimiento. Aun así, incluso en entornos con limitaciones organizativas, la práctica enfermera puede mejorar la experiencia asistencial mediante una acogida no juzgadora, una valoración estructurada y una coordinación básica pero efectiva.

En síntesis, el acompañamiento enfermero en adolescentes con autolesiones debe concebirse como una intervención clínica continuada más que como una actuación puntual. Su valor reside en combinar observación, vínculo, educación, apoyo familiar y coordinación. Cuando estos componentes se articulan de forma coherente, resulta más probable que la adolescente permanezca conectada al sistema de cuidados y que el episodio autolesivo sea abordado como una señal de sufrimiento que requiere seguimiento, no como un hecho aislado destinado a repetirse sin mediación terapéutica.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existen conflictos de intereses personales, profesionales o económicos relacionados con este trabajo.

Financiación

La realización de este trabajo no recibió ayudas económicas ni financiación institucional específica.

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