Nursing care for dementia with agitation during long-term care admission
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:429
Autor principal (primer firmante): Rosa Beltrán Jiménez
Fecha recepción: 22/08/26
Fecha aceptación: 20/09/26
Fecha de publicación: 24/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):429
Autores:
Rosa Beltrán Jiménez
Enrique Salas Ortega
Ángela Medina Pardo
Carlos Vega Roldán
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Demencia; Anciano; Agitación psicomotora; Enfermería geriátrica; Proceso de Enfermería; Entorno terapéutico; Actividades de la vida diaria; Comunicación; Cuidados de Enfermería; Fragilidad
Keywords: Dementia; Aged; Psychomotor Agitation; Geriatric Nursing; Nursing Process; Therapeutic Environment; Activities of Daily Living; Communication; Nursing Care; Frailty
Resumen
Introducción: La agitación en la persona mayor con demencia constituye una de las situaciones de cuidados más complejas durante el ingreso sociosanitario. Su aparición suele relacionarse con deterioro cognitivo, fragilidad, alteraciones del entorno, necesidades no expresadas, dolor, limitación funcional o cambios en las rutinas habituales. En este contexto, la Enfermería desempeña un papel central en la valoración integral, la detección de desencadenantes, la adaptación ambiental, la comunicación terapéutica y la prevención de complicaciones.
Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona institucionalizada con demencia y episodios de agitación durante un ingreso sociosanitario, integrando valoración, identificación de problemas de cuidados, planificación de intervenciones y seguimiento evolutivo.
Metodología: Se expone una situación clínica estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración geriátrica y funcional, la observación clínica continuada, la identificación de factores precipitantes y la planificación de medidas centradas en seguridad, confort, comunicación y mantenimiento de la funcionalidad.
Resultados: La intervención enfermera permitió ordenar la respuesta asistencial en torno a vigilancia del estado mental y conductual, adecuación del entorno terapéutico, manejo de la sobrecarga sensorial, prevención de riesgos, apoyo en actividades básicas de la vida diaria, coordinación con el equipo y acompañamiento a la familia. La evolución fue compatible con una reducción de la intensidad de los episodios, mejor tolerancia a los cuidados y mayor estabilidad conductual en los periodos de referencia.
Discusión/Conclusiones: La agitación en demencia requiere una lectura clínica amplia y no limitada a la conducta observable. La valoración enfermera continuada puede contribuir a diferenciar desencadenantes potencialmente reversibles, ajustar los cuidados al grado de deterioro y sostener un entorno más predecible y seguro. El abordaje individualizado, con medidas no farmacológicas y coordinación interdisciplinar, resulta especialmente relevante en unidades sociosanitarias.
Abstract
Introduction: Agitation in older people with dementia is one of the most challenging care situations during long-term or social health admission. It is often associated with cognitive decline, frailty, environmental changes, unmet needs, pain, functional limitations, or disruption of daily routines. In this setting, nursing plays a central role in comprehensive assessment, identification of triggers, environmental adaptation, therapeutic communication, and prevention of complications.
Objectives: To describe the nursing approach to an institutionalized person with dementia and agitation during social health admission, integrating assessment, identification of care problems, care planning, and follow-up.
Methodology: A clinical situation is presented and organized through the nursing process. The analysis is based on geriatric and functional assessment, continuous clinical observation, identification of precipitating factors, and planning of interventions focused on safety, comfort, communication, and maintenance of function.
Results: Nursing interventions helped to structure care around monitoring of mental and behavioral status, adaptation of the therapeutic environment, reduction of sensory overload, risk prevention, support in activities of daily living, team coordination, and family support. The clinical course was consistent with decreased intensity of agitation episodes, better tolerance of care, and improved behavioral stability during reference periods.
Discussion/Conclusions: Agitation in dementia requires a broad clinical interpretation that goes beyond observable behavior. Ongoing nursing assessment may help identify potentially reversible triggers, adjust care to the degree of impairment, and sustain a safer and more predictable environment. An individualized approach, prioritizing non-pharmacological strategies and interdisciplinary coordination, is especially relevant in social health settings.
Introducción
La demencia se asocia a una pérdida progresiva de capacidades cognitivas, funcionales y relacionales que modifica de forma profunda la experiencia de enfermedad y la necesidad de cuidados. Durante el ingreso sociosanitario, esta situación adquiere una complejidad añadida: la persona debe adaptarse a un entorno distinto al habitual, convivir con estímulos cambiantes, tolerar procedimientos asistenciales y depender en mayor medida de terceros para cubrir necesidades básicas. En ese escenario, la agitación puede emerger como expresión de malestar, miedo, desorientación, dolor, sobrecarga ambiental o incapacidad para comunicar necesidades.
Desde una perspectiva enfermera, la agitación no debe abordarse como un fenómeno exclusivamente conductual ni interpretarse de forma aislada. La conducta observable suele ser la manifestación final de múltiples factores concurrentes: deterioro cognitivo, alteración del sueño, estreñimiento, retención urinaria, infecciones intercurrentes, limitación funcional, cambios bruscos en la rutina, déficit sensorial, hambre, sed, ansiedad o experiencias de cuidado vividas como amenazantes. La valoración continuada permite aproximarse a esta complejidad y orientar intervenciones proporcionadas al contexto clínico.
El ingreso sociosanitario concentra además varios elementos de vulnerabilidad. La persona mayor con demencia suele presentar fragilidad, multimorbilidad, dependencia para las actividades básicas de la vida diaria y mayor susceptibilidad a eventos adversos. La agitación incrementa el riesgo de caídas, rechazo de cuidados, deambulación errática, lesiones cutáneas, deterioro nutricional, alteraciones del descanso y sobrecarga en cuidadores y profesionales. También puede dificultar la higiene, la administración de tratamientos y la movilización segura.
En este marco, la Enfermería geriátrica aporta un abordaje centrado en la persona, orientado no solo a contener la conducta, sino a comprender su significado clínico y relacional. Esto exige integrar observación sistemática, comunicación adaptada, adecuación del entorno terapéutico, apoyo funcional, prevención de riesgos y coordinación estrecha con el equipo interdisciplinar y con la familia. El objetivo no es únicamente reducir episodios de agitación, sino preservar dignidad, confort y la máxima funcionalidad posible durante el ingreso.
El presente artículo desarrolla una situación clínica de ingreso sociosanitario en una persona con demencia y agitación, con énfasis en el proceso de Enfermería y en las medidas de cuidado de aplicación práctica en unidades geriátricas y sociosanitarias.
Objetivos
Objetivo general: Analizar el abordaje enfermero de una persona mayor con demencia y episodios de agitación durante un ingreso sociosanitario, atendiendo a la valoración integral, la planificación de cuidados y la evolución clínica.
Objetivos específicos:
- Identificar factores desencadenantes o mantenedores de la agitación en el contexto del ingreso.
- Describir los elementos clave de la valoración enfermera en una persona con deterioro cognitivo, dependencia funcional y fragilidad.
- Plantear un plan de cuidados centrado en seguridad, confort, orientación, comunicación y mantenimiento de actividades de la vida diaria.
- Explorar la utilidad del entorno terapéutico y de las intervenciones no farmacológicas en la modulación de la conducta.
- Valorar el papel de la familia y de la coordinación interdisciplinar en la continuidad de cuidados.
Metodología
Se desarrolla una situación clínica del ámbito sociosanitario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración inicial, la observación evolutiva y la identificación de problemas de cuidados prioritarios durante el ingreso. La exposición se centra en una mujer de edad avanzada, identificada como M.R., con diagnóstico previo de demencia en fase moderada-avanzada, dependencia parcial para actividades básicas y antecedente de episodios de inquietud en situaciones de desorientación o cambios de rutina.
La paciente ingresa tras un periodo de descompensación funcional en domicilio, con incremento de la dependencia para higiene, vestido y alimentación supervisada, alteración del patrón sueño-vigilia y presencia de episodios de agitación, especialmente vespertinos, durante procedimientos de cuidado personal y en momentos de mayor ruido ambiental. A su llegada, no se dispone de una narrativa completa de desencadenantes previos, por lo que la valoración enfermera se orienta a reconstruir rutinas, preferencias, capacidades residuales y signos de malestar físico.
La recogida de información integra entrevista con familiar principal, observación del comportamiento, revisión de antecedentes relevantes, valoración de movilidad, continencia, ingesta, descanso, integridad cutánea, comunicación, percepción sensorial y respuesta a estímulos. Se prioriza la identificación de factores potencialmente reversibles o modificables, sin atribuir de forma automática la agitación al deterioro cognitivo de base.
El análisis de la situación se apoya en problemas de cuidados frecuentes en este perfil clínico: desorientación, riesgo de caídas, deterioro de la comunicación, alteración del patrón de sueño, dependencia en autocuidados, vulnerabilidad cutánea, sobrecarga por estímulos, ansiedad reactiva y dificultad para expresar necesidades básicas. La planificación se ajusta a un enfoque gradual, con revisión continuada de la respuesta de la paciente y coordinación con el resto del equipo asistencial.
Resultados
Presentación clínica y valoración inicial
M.R. es una mujer de 84 años con deterioro cognitivo progresivo de varios años de evolución, conviviente previamente con una hija cuidadora. Antes del ingreso precisaba supervisión constante y ayuda creciente para las actividades básicas, aunque conservaba cierta capacidad para colaborar en la alimentación, el aseo parcial y desplazamientos cortos con apoyo. En las semanas previas se describen mayor desorganización conductual, inversión parcial del ritmo sueño-vigilia, verbalizaciones repetitivas, rechazo ocasional a la higiene y episodios de deambulación sin finalidad aparente.
Durante los primeros días de ingreso, la paciente se muestra desorientada en tiempo y lugar, reconoce de forma inconsistente a profesionales y familiares y alterna periodos de somnolencia con momentos de inquietud psicomotora. Se observan intentos repetidos de levantarse sin ayuda, manipulación de ropa de cama, llamadas frecuentes, frases breves de contenido ansioso y oposición intermitente al aseo. La agitación aumenta al final de la tarde y en situaciones de elevada estimulación acústica. En presencia de una cuidadora conocida o cuando se emplea un tono de voz calmado y un contacto visual sostenido, la respuesta conductual resulta más favorable.
La valoración enfermera identifica varios elementos con posible contribución clínica: dolor osteoarticular al movilizar extremidades, estreñimiento referido por la familia, uso irregular previo de ayudas auditivas, dificultad para interpretar indicaciones complejas, necesidad de ayuda casi completa para el baño y el vestido, ingesta oral fluctuante y fragmentación importante del descanso nocturno. También se detecta que los cuidados se toleran mejor cuando se realizan por fases, con una sola instrucción cada vez y anticipando cada maniobra antes del contacto físico.
Problemas de cuidados prioritarios
La situación clínica obliga a priorizar problemas relacionados con seguridad, confort, comunicación y funcionalidad. Entre ellos destacan la confusión crónica asociada al deterioro cognitivo, la agitación como manifestación de malestar y desorganización conductual, el riesgo de lesiones y caídas, el deterioro del patrón de sueño, la dependencia para autocuidados, la posible presencia de dolor no expresado de forma convencional y el riesgo de deterioro de la integridad cutánea por inmovilidad parcial y resistencia a algunos cuidados.
Más allá de su formulación, la utilidad práctica reside en traducir estos problemas en preguntas clínicas concretas: qué desencadena los episodios, en qué momentos aparecen, cómo se comunica la paciente, qué estímulos tolera peor, qué rutinas previas mantenía, qué señales anticipan el aumento de inquietud y qué intervenciones facilitan la cooperación. Esta lectura funcional de la conducta orienta decisiones de cuidado más ajustadas que una respuesta exclusivamente reactiva.
Planificación de cuidados
Se establecen como metas asistenciales disminuir la intensidad y frecuencia de los episodios de agitación, mejorar la tolerancia a los cuidados básicos, sostener un entorno predecible, reducir el riesgo de caídas y preservar la participación de la paciente en aquellas actividades que aún puede realizar con apoyo. Se consideran igualmente prioritarios la detección de causas de malestar físico, la mejora del descanso, la prevención de lesiones cutáneas y el acompañamiento a la familia en el proceso de adaptación al ingreso.
La planificación se apoya en cinco líneas de intervención: vigilancia clínica y observación conductual; adaptación del entorno terapéutico; estrategias de comunicación y relación de ayuda; apoyo en actividades de la vida diaria con enfoque rehabilitador; y coordinación interdisciplinar para el ajuste del plan de cuidados según evolución.
Intervenciones enfermeras
1. Observación estructurada y búsqueda de desencadenantes. Se registra de forma continuada la hora de aparición de los episodios, su relación con procedimientos, nivel de ruido, presencia de dolor, necesidad de eliminación, hambre, sed o fatiga. Este seguimiento permite identificar patrones repetidos y anticipar situaciones de mayor vulnerabilidad. La conducta deja de interpretarse como un hecho aislado y pasa a analizarse dentro de una secuencia de estímulos, respuestas y necesidades no cubiertas.
2. Adecuación del entorno terapéutico. Se procura una habitación con referencias visuales simples, iluminación suficiente durante el día y menor estimulación sensorial en las franjas vespertinas. Se mantienen objetos personales reconocibles, se reduce el tránsito innecesario de profesionales y se intenta conservar una rutina estable para higiene, comidas y descanso. La previsibilidad del entorno favorece una menor sensación de amenaza y puede facilitar la orientación parcial.
3. Comunicación adaptada al deterioro cognitivo. Las indicaciones se ofrecen en frases breves, una por una, con tono calmado, contacto visual y tiempo suficiente para procesar la información. Se evita la confrontación directa ante ideas erróneas o la corrección insistente de desorientaciones. Cuando aparece oposición, se prioriza la validación emocional del malestar percibido, el aplazamiento de la tarea si es posible y la reintroducción posterior del cuidado en condiciones más favorables.
4. Manejo del aseo, vestido y movilización. Los cuidados básicos se fraccionan en pasos sencillos y se estimula la participación de la paciente en gestos conservados, como secarse las manos, sujetar una prenda o iniciar la alimentación. Esta estrategia reduce la vivencia de invasión y preserva autonomía residual. En movilizaciones y transferencias se anticipan los movimientos, se evita la prisa y se procura que intervenga personal conocido cuando existe mayor reactividad.
5. Valoración del dolor y del confort físico. Ante la dificultad de verbalización, se observan expresiones faciales, rigidez, resistencia al movimiento, vocalizaciones y cambios conductuales coincidentes con las movilizaciones. También se revisan necesidades básicas frecuentemente infradetectadas en personas con demencia avanzada, como estreñimiento, retención urinaria, sed, disconfort postural o temperatura ambiental inadecuada. La corrección de estos factores puede atenuar de forma significativa la inquietud.
6. Sueño y ritmicidad diaria. Se promueve exposición a luz diurna, periodos de actividad compatibles con su tolerancia y reducción de interrupciones nocturnas no necesarias. Se evita prolongar el sueño diurno en exceso y se favorecen rutinas vespertinas de menor estimulación. El descanso reparador no siempre se alcanza plenamente, pero la organización del día puede disminuir la inversión del ritmo y el incremento vespertino de la agitación.
7. Prevención de riesgos. Dada la deambulación errática y los intentos de levantarse sin apoyo, se revisa el entorno inmediato, se retiran obstáculos, se mantiene calzado adecuado y se sitúan ayudas técnicas al alcance cuando procede. La vigilancia se adapta al momento clínico, priorizando medidas de acompañamiento y supervisión sobre respuestas que aumenten la sensación de coerción o miedo. La prevención también incluye protección cutánea, hidratación, cambios posturales y control de la ingesta.
8. Relación con la familia. La entrevista con la hija permite recuperar información muy útil: música que la paciente reconoce, horario habitual de comida, preferencias de higiene, expresiones que utiliza cuando tiene dolor y señales tempranas de nerviosismo. La participación familiar no se limita al acompañamiento afectivo; actúa como fuente clínica para personalizar cuidados y facilitar continuidad entre el entorno previo y el institucional.
9. Coordinación con el equipo. La información obtenida por Enfermería se comparte con medicina, fisioterapia, terapia ocupacional y personal auxiliar para unificar criterios de abordaje. La coherencia en la forma de dirigirse a la paciente, en los horarios y en las maniobras de cuidado reduce mensajes contradictorios y puede mejorar la tolerancia global al ingreso.
Evolución durante el ingreso
Tras los primeros días, se aprecia una mejor respuesta cuando los cuidados se concentran en periodos de menor fatiga y cuando se anticipan mediante rutinas consistentes. La paciente continúa presentando desorientación basal y episodios de inquietud, pero estos muestran menor intensidad en franjas previamente identificadas como de mayor vulnerabilidad. Se reduce la oposición al aseo cuando la intervención se realiza sin prisas, por fases y con apoyo verbal constante.
La regularización de la eliminación, la atención al dolor durante movilizaciones y la disminución de estímulos al final de la tarde se asocian a una mayor estabilidad conductual. La alimentación sigue requiriendo supervisión, aunque mejora la aceptación cuando se mantiene la misma secuencia de apoyo y se minimizan distracciones. La deambulación persiste de forma intermitente, por lo que se mantienen medidas de supervisión y acompañamiento.
En el plano familiar, la hija expresa inicialmente sentimientos de culpa y agotamiento. El acompañamiento enfermero, centrado en explicar la posible relación entre conducta y necesidades no verbalizadas, favorece una comprensión menos culpabilizadora del cuadro y mejora su participación en decisiones de cuidados y continuidad asistencial.
Discusión/Conclusiones
La experiencia descrita pone de relieve que la agitación en la demencia, especialmente durante un ingreso sociosanitario, rara vez responde a una única causa. Su abordaje exige abandonar interpretaciones simplificadoras y considerar la conducta como un indicador clínico de desequilibrio, amenaza percibida o necesidad no satisfecha. En este sentido, la Enfermería dispone de una posición privilegiada para identificar patrones, reconocer cambios sutiles y traducir observaciones cotidianas en decisiones asistenciales útiles.
Uno de los aspectos más relevantes es la necesidad de valorar de forma sistemática factores reversibles o modulables. En personas con deterioro cognitivo avanzado, el dolor, el estreñimiento, la privación de sueño, la deshidratación o el exceso de estímulos pueden expresarse mediante irritabilidad, oposición o deambulación, sin verbalización directa del malestar. Cuando estos elementos pasan inadvertidos, la conducta se interpreta como inherente a la demencia y se pierde la oportunidad de intervenir sobre causas tratables.
El entorno terapéutico ocupa un lugar central. La organización del espacio, la estabilidad de las rutinas, la reducción de estímulos innecesarios y la presencia de claves de orientación no eliminan por sí mismas la agitación, pero pueden reducir su intensidad y frecuencia. Del mismo modo, la forma de proporcionar los cuidados modifica de manera sustancial la respuesta de la persona. Un baño precipitado, múltiples órdenes simultáneas o el contacto físico inesperado pueden resultar vividos como agresivos; por el contrario, la comunicación calmada, la secuenciación de tareas y el respeto por los tiempos de procesamiento favorecen cooperación y menor sufrimiento.
La preservación de la funcionalidad residual también merece atención. En contextos de alta dependencia existe el riesgo de sustituir por completo a la persona en tareas que aún podría iniciar o completar parcialmente. Mantener pequeños márgenes de participación no solo tiene valor rehabilitador; también contribuye a la identidad, al control percibido y a una experiencia menos pasiva del cuidado.
La coordinación interdisciplinar y la alianza con la familia completan el abordaje. La familia aporta información que no siempre es accesible en registros clínicos: rutinas previas, signos de dolor, desencadenantes habituales, preferencias y recursos relacionales útiles. A su vez, el equipo necesita compartir un marco común de actuación para evitar respuestas incongruentes que incrementen la desorganización conductual.
Como límite, debe asumirse que no todos los episodios de agitación son prevenibles ni responden de forma homogénea a las mismas medidas. La evolución depende del estadio de la demencia, de la carga de comorbilidad, del nivel de fragilidad y de las condiciones concretas del ingreso. Por ello, cualquier plan de cuidados requiere reevaluación continua y ajuste según la respuesta observada.
En síntesis, los cuidados de Enfermería en demencia con agitación durante el ingreso sociosanitario se sostienen sobre una valoración integral, una interpretación clínica prudente de la conducta y una intervención centrada en confort, seguridad, comunicación y funcionalidad. La respuesta no se limita a contener episodios, sino a ofrecer un marco asistencial más comprensible y menos amenazante para una persona especialmente vulnerable. Ahí reside buena parte de la aportación específica de la Enfermería geriátrica.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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