Valoración enfermera de traumatismo craneoencefálico leve tras caída accidental

Nursing assessment of mild traumatic brain injury after an accidental fall

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:430

Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera

Fecha recepción: 26/08/26

Fecha aceptación: 19/09/26

Fecha de publicación: 24/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):430

Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Traumatismo craneoencefálico; Servicio de urgencias; Caídas accidentales; Enfermería de urgencias; Atención inicial; Proceso de Enfermería; Cuidados de Enfermería; Escala de Glasgow; Observación clínica; Triaje

Keywords: Craniocerebral Trauma; Emergency Service, Hospital; Accidental Falls; Emergency Nursing; Initial Care; Nursing Process; Nursing Care; Glasgow Coma Scale; Watchful Waiting; Triage

Resumen

Introducción: El traumatismo craneoencefálico leve constituye un motivo de consulta frecuente en los servicios de urgencias tras caídas accidentales. Aunque muchos pacientes presentan una evolución favorable, la valoración enfermera inicial y la observación clínica resultan determinantes para detectar signos de alarma, priorizar la atención y orientar los cuidados inmediatos y la continuidad asistencial.

Objetivos: Describir el abordaje enfermero de una persona adulta con traumatismo craneoencefálico leve secundario a caída accidental en urgencias, integrando triaje, valoración clínica, identificación de problemas de cuidados, intervenciones prioritarias y criterios de vigilancia durante la observación.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El análisis se organiza a partir de la valoración inicial en urgencias, la reevaluación evolutiva y la planificación de cuidados centrada en la seguridad, el control sintomático, la vigilancia neurológica y la información al paciente y su entorno.

Resultados: Se presenta el caso de un varón adulto que acude a urgencias tras caída accidental con impacto craneal, consciente y hemodinámicamente estable, con cefalea y ansiedad. La enfermera realiza triaje, valoración primaria y secundaria, monitoriza el estado neurológico mediante observación seriada y escala de Glasgow, identifica necesidades de cuidados relacionadas con dolor agudo, riesgo de deterioro neurológico, ansiedad y déficit de conocimientos, y planifica intervenciones de vigilancia, confort, prevención de riesgos y educación al alta. La evolución durante la estancia es favorable y permite continuidad asistencial con instrucciones de observación domiciliaria.

Discusión/Conclusiones: En el traumatismo craneoencefálico leve, la aportación enfermera va más allá de la recepción y el control de constantes. La detección precoz de cambios clínicos, la reevaluación sistemática, la comunicación con el equipo y la educación sanitaria contribuyen a una atención más segura. El enfoque debe individualizarse según mecanismo lesional, síntomas, antecedentes, situación funcional y respuesta durante la observación.

Abstract

Introduction: Mild traumatic brain injury is a common reason for consultation in emergency departments after accidental falls. Although many patients show a favourable course, the initial nursing assessment and clinical observation are essential to identify warning signs, set priorities and guide immediate care and follow-up.

Objectives: To describe the nursing management of an adult patient with mild traumatic brain injury after an accidental fall in the emergency setting, including triage, clinical assessment, identification of care problems, priority interventions and surveillance criteria during observation.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and organised according to the nursing process. The analysis is based on the initial emergency assessment, ongoing reassessment and care planning focused on safety, symptom control, neurological monitoring and patient and family information.

Results: The case concerns an adult man attending the emergency department after an accidental fall with head impact, conscious and haemodynamically stable, reporting headache and anxiety. The nurse performs triage, primary and secondary assessment, monitors neurological status through serial observation and the Glasgow Coma Scale, identifies care needs related to acute pain, risk of neurological deterioration, anxiety and knowledge deficit, and plans surveillance, comfort, risk prevention and discharge education interventions. Clinical progress during observation is favourable and allows discharge with home observation advice.

Discussion/Conclusions: In mild traumatic brain injury, nursing care goes beyond reception and routine vital signs monitoring. Early recognition of clinical changes, systematic reassessment, communication with the interdisciplinary team and health education may contribute to safer care. Management should be individualised according to the injury mechanism, symptoms, medical background, functional status and patient evolution during observation.

Introducción

La atención al traumatismo craneoencefálico leve en urgencias exige una valoración clínica cuidadosa, incluso cuando la presentación inicial parece estable. Las caídas accidentales, tanto en el domicilio como en la vía pública o en el entorno laboral, pueden producir impacto craneal con manifestaciones iniciales discretas y evolución posterior variable. En este contexto, la enfermera participa desde el primer contacto asistencial en la priorización del paciente, la identificación de signos de compromiso neurológico y la detección de factores que pueden modificar el riesgo clínico.

La denominación de traumatismo craneoencefálico leve no debe conducir a una infravaloración del episodio. La presencia de cefalea, mareo, náuseas, amnesia del suceso, somnolencia, vómitos, alteraciones conductuales o cambios en la respuesta verbal puede requerir observación estrecha y reevaluación seriada. Además, determinados antecedentes, como la edad avanzada, el tratamiento anticoagulante o antiagregante, la coexistencia de consumo de alcohol u otras sustancias, y la dificultad para obtener una anamnesis fiable, obligan a extremar la vigilancia.

En los servicios de urgencias, la práctica enfermera se desarrolla en un entorno de elevada presión asistencial, donde la toma de decisiones inicial influye en la seguridad del paciente. El triaje, la valoración primaria, la recogida dirigida de información y la observación clínica sistemática permiten orientar la prioridad, comunicar cambios al equipo y sostener una atención continuada. Junto a ello, la educación sanitaria adquiere relevancia en el momento del alta, ya que muchos pacientes continúan la vigilancia en el domicilio bajo supervisión familiar.

El proceso de Enfermería ofrece un marco útil para organizar la atención. Permite integrar datos objetivos y subjetivos, formular problemas de cuidados, planificar intervenciones y evaluar la respuesta clínica. En el traumatismo craneoencefálico leve tras caída accidental, este enfoque favorece una mirada integral que incluye no solo el riesgo neurológico, sino también el dolor, la ansiedad, la seguridad física, la tolerancia a la observación y la capacidad de comprender las recomendaciones posteriores.

Objetivos

Describir la valoración y el abordaje enfermero de una persona adulta atendida en un servicio de urgencias por traumatismo craneoencefálico leve tras caída accidental, siguiendo una secuencia clínica estructurada y centrada en la seguridad del paciente.

Como objetivos específicos, se plantean:

  • Analizar la actuación enfermera durante el triaje y la valoración inicial.
  • Identificar los principales problemas de cuidados asociados a este tipo de consulta.
  • Exponer las intervenciones de vigilancia neurológica, control sintomático y prevención de complicaciones durante la observación.
  • Describir la importancia de la educación sanitaria y de la continuidad asistencial en el momento del alta.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la recepción en urgencias, el triaje, la valoración inicial, la observación evolutiva y la planificación de cuidados orientada a la seguridad clínica y a la preparación para el alta.

La información clínica se presenta de manera ordenada en torno a los elementos habitualmente considerados en Enfermería de urgencias: motivo de consulta, mecanismo lesional, estado general, nivel de consciencia, sintomatología acompañante, antecedentes relevantes, capacidad de comunicación, entorno de apoyo y respuesta durante la observación. La escala de Glasgow se incorpora como apoyo a la valoración neurológica seriada, sin sustituir la observación clínica global ni la interpretación contextual de los hallazgos.

La planificación de cuidados se basa en problemas de salud y necesidades identificadas durante la atención. Se incluyen intervenciones relacionadas con vigilancia neurológica, control del dolor, prevención de riesgos, apoyo emocional e información al paciente y acompañante. La evolución clínica se expone en términos cualitativos, evitando atribuir el manejo a protocolos cerrados no especificados y manteniendo una formulación prudente, acorde con la variabilidad de la práctica asistencial.

Resultados

Presentación clínica en urgencias

Varón de 46 años, sin dependencia funcional conocida, que acude al servicio de urgencias acompañado por un familiar tras sufrir una caída accidental en la vía pública. Refiere haber tropezado durante la marcha y golpearse la región frontal contra el suelo. A su llegada se encuentra consciente, orientado en persona, lugar y situación, con verbalización coherente y capacidad para relatar el mecanismo de la caída. Manifiesta cefalea de intensidad moderada, sensación de mareo transitorio y preocupación por la posibilidad de “haber sufrido algo más grave”.

Durante el triaje no se objetivan signos evidentes de compromiso respiratorio ni circulatorio. El paciente mantiene apertura ocular espontánea, obedece órdenes sencillas y responde adecuadamente a preguntas directas. No refiere pérdida de consciencia claramente mantenida, aunque duda sobre un breve periodo de aturdimiento inmediatamente posterior al impacto. Niega dolor cervical intenso, vómitos en el momento inicial y convulsiones. Presenta una excoriación superficial frontal con discreta tumefacción local y conserva la movilidad espontánea de extremidades.

Entre los antecedentes de interés refiere hipertensión arterial controlada y ausencia de tratamiento anticoagulante. No comunica alergias medicamentosas conocidas. El acompañante confirma que, tras la caída, el paciente se levantó con ayuda, permaneció desorientado pocos segundos y posteriormente recuperó un discurso habitual, aunque más ansioso de lo normal.

Valoración enfermera inicial

La enfermera realiza una valoración priorizada orientada a descartar situaciones de inestabilidad inmediata. Se comprueba permeabilidad de la vía aérea, patrón respiratorio conservado, perfusión periférica adecuada y ausencia de hemorragia activa relevante. A continuación, se inicia una exploración secundaria centrada en estado neurológico, dolor, lesiones asociadas y factores de riesgo.

La valoración neurológica incluye observación del nivel de consciencia, calidad del lenguaje, obediencia a órdenes, simetría motora global, reacción pupilar observable y presencia de cambios conductuales. La puntuación en la escala de Glasgow es compatible con una situación de traumatismo craneoencefálico leve, circunstancia que se integra con el resto de datos clínicos y no se interpreta de forma aislada. Se recogen asimismo síntomas subjetivos como cefalea, mareo, sensación nauseosa y percepción de inseguridad. La exploración física básica pone de manifiesto dolor localizado en región frontal y una lesión cutánea superficial sin sangrado significativo.

La entrevista enfermera permite obtener información relevante para la toma de decisiones: mecanismo de la caída, superficie de impacto, tiempo transcurrido desde el accidente, posible amnesia del episodio, medicación habitual, ingesta de alcohol o sustancias, antecedentes neurológicos y disponibilidad de una persona responsable para acompañamiento posterior. El paciente se muestra colaborador, aunque con preocupación creciente y repetición de preguntas sobre su evolución, lo que orienta también a una necesidad de apoyo emocional e información adaptada.

Problemas de cuidados identificados

Tras la primera valoración se identifican varios problemas de cuidados. En primer lugar, dolor agudo relacionado con el traumatismo y la lesión local, manifestado por verbalización de cefalea y malestar. En segundo lugar, riesgo de deterioro del estado neurológico, en relación con el antecedente de impacto craneal y la posibilidad de cambios evolutivos durante las horas posteriores. Se identifica además ansiedad vinculada al evento súbito, al entorno de urgencias y a la incertidumbre sobre el alcance de la lesión.

Se considera también riesgo de caídas durante la estancia, dado el antecedente inmediato de inestabilidad, la sensación de mareo inicial y el posible compromiso transitorio del equilibrio. Por último, se aprecia necesidad de información relacionada con el proceso asistencial, los signos de alarma y las medidas de vigilancia posterior, tanto en el paciente como en el familiar acompañante.

Planificación e intervenciones enfermeras

La planificación de cuidados se orienta a mantener la estabilidad clínica, detectar precozmente cambios neurológicos, aliviar síntomas y preparar una transición segura al domicilio si la evolución lo permite. La enfermera sitúa al paciente en área de observación, facilita reposo relativo en un entorno con baja estimulación y mantiene acceso visual frecuente para detectar cambios en la conducta o en la respuesta espontánea.

La vigilancia neurológica se realiza de forma seriada, valorando nivel de consciencia, orientación, respuesta verbal, apertura ocular, motricidad espontánea y aparición de nuevos síntomas. Se presta atención a datos como somnolencia progresiva, desorientación, empeoramiento de la cefalea, vómitos, irritabilidad, dificultad en el habla o alteraciones motoras. La reevaluación periódica constituye una de las intervenciones centrales, ya que en este tipo de procesos la estabilidad inicial no excluye variaciones posteriores.

En paralelo, se monitorizan constantes clínicas según la situación y la organización del servicio. La observación de la herida frontal incluye control del sangrado, edema local, dolor a la palpación y necesidad de cuidados básicos de la lesión cutánea. Se aplican medidas de confort, se favorece una posición segura y se limita la deambulación no supervisada hasta confirmar la mejoría del mareo y la estabilidad general.

Para el control del dolor, la enfermera valora intensidad, localización, características y evolución de la cefalea, así como su respuesta a las medidas pautadas por el equipo responsable. También se observan factores que modulan el malestar, como ruido, luz intensa, preocupación o falta de información. El alivio sintomático no se aborda solo desde la administración del tratamiento indicado, sino también mediante ambiente tranquilo, explicación clara del proceso asistencial y acompañamiento terapéutico.

La ansiedad se maneja mediante comunicación breve, concreta y repetida cuando es necesario. Se informa al paciente de que permanecerá en observación clínica, de que se realizarán reevaluaciones sucesivas y de que cualquier cambio en síntomas debe notificarse de inmediato. Esta información reduce incertidumbre, favorece colaboración y permite al paciente adoptar un papel activo en la vigilancia de su estado. La presencia del familiar se integra como apoyo, siempre que no interfiera en la valoración.

En caso de precisar pruebas complementarias o valoración médica continuada, la enfermera prepara al paciente, verifica identidad, mantiene la trazabilidad de la información clínica y comunica de forma oportuna cualquier modificación relevante. La coordinación interdisciplinar es especialmente importante cuando aparecen datos nuevos o cuando la anamnesis se completa con aportaciones del acompañante.

Evolución durante la observación

Durante la estancia en urgencias el paciente permanece hemodinámicamente estable, sin aparición de vómitos ni focalidad neurológica evidente. La cefalea se mantiene al inicio, con mejoría progresiva tras las medidas instauradas. No se objetivan alteraciones del lenguaje, cambios conductuales significativos ni descenso del nivel de consciencia. La orientación se conserva y el mareo referido al ingreso disminuye con el reposo y la observación.

Las reevaluaciones enfermeras permiten constatar una evolución clínica favorable. El paciente tolera la estancia, comprende las indicaciones y verbaliza menor ansiedad una vez recibe información sobre su situación. Se confirma además que podrá permanecer acompañado en domicilio por una persona adulta capaz de colaborar en la vigilancia durante las horas posteriores.

Preparación para el alta y continuidad asistencial

Antes del alta, la enfermera refuerza la información sobre observación domiciliaria y signos de alarma que deben motivar nueva valoración sanitaria. Entre ellos, se explican de forma comprensible el empeoramiento progresivo de la cefalea, vómitos repetidos, somnolencia no habitual, dificultad para despertar al paciente, desorientación, convulsiones, alteraciones del habla, debilidad, cambios conductuales llamativos, alteraciones visuales o cualquier síntoma que genere duda razonable en el entorno cuidador.

Se insiste en la conveniencia de evitar actividades que incrementen el riesgo de una nueva caída o dificulten la autoobservación durante el periodo inmediato, así como en mantener acompañamiento responsable si persisten molestias. La educación sanitaria se adapta al nivel de comprensión del paciente y del familiar, verificando que ambos pueden repetir con sus propias palabras las recomendaciones principales. Esta comprobación final mejora la seguridad de la continuidad asistencial y disminuye el riesgo de malinterpretación de las instrucciones.

El alta se acompaña de recomendaciones generales sobre reposo relativo, seguimiento clínico si persisten síntomas y consulta precoz ante cualquier empeoramiento. Desde la perspectiva enfermera, este momento no supone un cierre administrativo, sino una transición de cuidados en la que la información clara, breve y recordable adquiere valor preventivo.

Discusión/Conclusiones

La atención a una persona con traumatismo craneoencefálico leve tras caída accidental muestra cómo la práctica enfermera en urgencias combina priorización clínica, observación continuada y apoyo terapéutico. En muchos casos, la presentación inicial puede ser tranquilizadora; sin embargo, la seguridad del proceso depende de una vigilancia capaz de detectar modificaciones sutiles y de integrar síntomas, antecedentes y evolución. La escala de Glasgow resulta útil como herramienta estructurada, pero no sustituye la apreciación clínica de cambios en la conducta, la respuesta verbal o la tolerancia al entorno.

El caso expuesto pone de relieve varios elementos asistenciales. En primer lugar, la valoración enfermera inicial permite identificar no solo la estabilidad del paciente, sino también factores que pueden condicionar el riesgo posterior. En segundo lugar, la observación seriada adquiere un papel central, especialmente cuando existen cefalea, mareo, dudas sobre pérdida transitoria de consciencia o ansiedad significativa. En tercer lugar, la información al paciente y a la familia no debe relegarse a un plano secundario. Una explicación comprensible del motivo de la observación y de los signos de alarma facilita la colaboración y mejora la continuidad de los cuidados.

El componente emocional tampoco es menor. Tras una caída con golpe craneal, la ansiedad puede intensificar la percepción de síntomas y dificultar la comprensión del proceso asistencial. La comunicación enfermera, cuando es clara y proporcionada, contribuye a reducir incertidumbre sin banalizar el riesgo. Este equilibrio entre prudencia clínica y contención emocional forma parte del cuidado de calidad en urgencias.

Desde una perspectiva organizativa, el abordaje del traumatismo craneoencefálico leve requiere coordinación con el equipo médico, registro adecuado de los hallazgos y capacidad de reevaluación. La enfermera actúa como observadora experta del estado neurológico y como referente en la continuidad de la atención, especialmente en el paso del entorno hospitalario al domicilio. Esta función es particularmente relevante cuando el paciente precisa instrucciones precisas, supervisión familiar y criterios claros para volver a consultar.

La principal limitación de un abordaje basado en una situación clínica única es que no recoge toda la variabilidad posible de estos pacientes. La edad, la fragilidad previa, el consumo de fármacos, la presencia de otras lesiones o la dificultad para obtener una anamnesis fiable pueden modificar sustancialmente el manejo. Por ello, las decisiones deben individualizarse según el contexto asistencial y la evolución observada.

En suma, la valoración enfermera del traumatismo craneoencefálico leve tras caída accidental debe entenderse como un proceso dinámico. Triaje, observación clínica, control sintomático, prevención de riesgos y educación al alta forman una secuencia integrada que puede contribuir a una atención más segura, más comprensible para el paciente y mejor orientada a la detección precoz de complicaciones.

Conflicto de intereses

Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.

Financiación

La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.

Bibliografía

  1. Maserati M, Fetzick A, Puccio A. The Glasgow Coma Scale (GCS): Deciphering the Motor Component of the GCS.. J Neurosci Nurs. 2016;48(6):311-314. doi: https://doi.org/10.1097/JNN.0000000000000242
  2. Celik S, Aksoy G, Akyolcu N. Nursing role on preventing secondary brain injury.. Accid Emerg Nurs. 2004;12(2):94-8. doi: https://doi.org/10.1016/j.aaen.2003.12.003
  3. Visvanathan R. Severe head injury management in a general surgical department.. Aust N Z J Surg. 1994;64(8):527-9. doi: https://doi.org/10.1111/j.1445-2197.1994.tb02278.x
  4. Marino MA, Siddiqi I, Maniakhina L, Burton PM, Reier L, Duong J, et al.. Neurosurgical Outcomes in Severe Traumatic Brain Injuries Between Service Lines: Review of a Single Institution Database.. Cureus. 2023;15(4):e37445. doi: https://doi.org/10.7759/cureus.37445
  5. Huang FD, Yeh WB, Chen SS, Liu YY, Lu IY, Chou YP, et al.. Early Management of Retained Hemothorax in Blunt Head and Chest Trauma.. World J Surg. 2018;42(7):2061-2066. doi: https://doi.org/10.1007/s00268-017-4420-x
  6. Ponsford J, Willmott C, Rothwell A, Kelly AM, Nelms R, Ng KT. Use of the Westmead PTA scale to monitor recovery of memory after mild head injury.. Brain Inj. 2004;18(6):603-14. doi: https://doi.org/10.1080/02699050310001646152
  7. Solai CA, Domingues CA, Nogueira LS, de Sousa RMC. Clinical Signs of Basilar Skull Fracture and Their Predictive Value in Diagnosis of This Injury.. J Trauma Nurs. 2018;25(5):301-306. doi: https://doi.org/10.1097/JTN.0000000000000392
  8. Petroze RT, Byiringiro JC, Ntakiyiruta G, Briggs SM, Deckelbaum DL, Razek T, et al.. Can focused trauma education initiatives reduce mortality or improve resource utilization in a low-resource setting?. World J Surg. 2015;39(4):926-33. doi: https://doi.org/10.1007/s00268-014-2899-y
  9. Shaw GJ, Jauch EC, Zemlan FP. Serum cleaved tau protein levels and clinical outcome in adult patients with closed head injury.. Ann Emerg Med. 2002;39(3):254-7. doi: https://doi.org/10.1067/mem.2002.121214
Scroll al inicio