Dementia and person-centered care: a review for Nursing
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:263
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alonso Vega
Fecha recepción: 19/07/26
Fecha aceptación: 14/08/26
Fecha de publicación: 22/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):263
Autores:
Beatriz Alonso Vega
Javier Muñoz Cabrera
Sara Domínguez Martín
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Fragilidad; Enfermería basada en la evidencia; Demencia; Anciano; Apoyo familiar; Cuidados de Enfermería; Enfermería geriátrica; Comunicación; Cuidados centrados en la persona; Actividades de la vida diaria
Keywords: Frailty; Evidence-Based Nursing; Dementia; Aged; Family Support; Nursing Care; Geriatric Nursing; Communication; Person-Centered Care; Activities of Daily Living
Resumen
Introducción: La demencia constituye un problema de salud de elevada complejidad clínica, funcional y social. Su curso progresivo compromete la autonomía, la comunicación, la capacidad para realizar actividades de la vida diaria y la adaptación al entorno, con repercusión directa en la persona afectada, la familia y los equipos asistenciales. En este contexto, los cuidados centrados en la persona aportan un marco especialmente útil para la práctica enfermera, al priorizar la individualidad, la biografía, las preferencias y la dignidad en todas las fases del proceso.
Objetivos: Revisar los elementos conceptuales y asistenciales de la atención enfermera a la persona con demencia desde el enfoque centrado en la persona; describir áreas prioritarias de valoración e intervención; y analizar implicaciones prácticas relacionadas con la comunicación, el apoyo familiar, la fragilidad y el mantenimiento funcional.
Metodología: Revisión teórica de carácter narrativo orientada a la práctica enfermera. Se integran conceptos clínicos y organizativos de uso habitual en geriatría y salud mental de mayores, con especial atención a la valoración integral, la relación terapéutica, el entorno de cuidados y la continuidad asistencial.
Resultados: La atención centrada en la persona en demencia requiere una valoración multidimensional y continuada. Desde Enfermería, adquieren especial relevancia la identificación de necesidades básicas, el reconocimiento de cambios conductuales como posible expresión de malestar, la adaptación de la comunicación, la prevención de complicaciones asociadas a la fragilidad, la promoción de la participación en actividades significativas y el acompañamiento a las familias cuidadoras. La organización del entorno y la coordinación entre niveles asistenciales pueden favorecer cuidados más coherentes y menos orientados exclusivamente al déficit.
Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la demencia se beneficia de modelos que reconocen a la persona más allá del deterioro cognitivo. La aplicación de cuidados centrados en la persona puede contribuir a preservar la dignidad, mejorar la experiencia asistencial y orientar decisiones clínicas más individualizadas. Su desarrollo exige formación, reflexión ética, trabajo interdisciplinar y adaptación a cada contexto asistencial.
Abstract
Introduction: Dementia is a health condition of high clinical, functional and social complexity. Its progressive course affects autonomy, communication, the ability to perform activities of daily living and adaptation to the environment, with direct consequences for the affected person, relatives and healthcare teams. In this setting, person-centered care provides a particularly useful framework for nursing practice by prioritising individuality, life history, preferences and dignity throughout the care process.
Objectives: To review the conceptual and care-related elements of nursing care for people living with dementia from a person-centered approach; to describe priority areas for assessment and intervention; and to analyse practical implications regarding communication, family support, frailty and functional maintenance.
Methodology: A narrative theoretical review focused on nursing practice was conducted. Clinical and organisational concepts commonly used in geriatrics and mental health care for older adults were integrated, with special attention to comprehensive assessment, therapeutic relationship, care environment and continuity of care.
Results: Person-centered dementia care requires multidimensional and ongoing assessment. From a nursing perspective, key issues include identifying basic needs, recognising behavioural changes as possible expressions of distress, adapting communication, preventing complications related to frailty, promoting participation in meaningful activities and supporting family caregivers. Environmental organisation and coordination across care settings may promote more coherent care, not solely focused on deficits.
Discussion/Conclusions: Nursing care in dementia benefits from models that recognise the person beyond cognitive impairment. Person-centered care may help preserve dignity, improve the care experience and guide more individualised clinical decisions. Its implementation requires training, ethical reflection, interdisciplinary work and adaptation to each healthcare context.
Introducción
La demencia engloba un conjunto de síndromes caracterizados por un deterioro progresivo de funciones cognitivas que interfiere con la vida cotidiana. Sin embargo, reducir su comprensión a la esfera cognitiva resulta insuficiente para la práctica clínica. La persona con demencia puede presentar, además, alteraciones en la orientación, la memoria, el juicio, el lenguaje, la conducta, el sueño, la movilidad, la continencia, la ingesta y la interacción social. A ello se suman comorbilidad, fragilidad, dependencia progresiva y un importante impacto emocional y organizativo sobre la familia o el entorno cuidador.
Enfermería ocupa una posición particularmente relevante en este proceso por su presencia continuada en los distintos niveles asistenciales y por su capacidad para integrar dimensiones físicas, funcionales, emocionales y sociales. La valoración del estado basal, la observación de cambios sutiles, la identificación de necesidades no cubiertas y la adecuación del entorno forman parte de una práctica que no puede limitarse a la ejecución técnica de tareas. En la demencia, cuidar implica también sostener la identidad de la persona, interpretar formas no verbales de comunicación y promover el máximo nivel posible de autonomía en cada etapa.
El enfoque de cuidados centrados en la persona ha adquirido especial relevancia porque desplaza la mirada desde la enfermedad hacia la experiencia vivida. No se trata solo de adaptar intervenciones al diagnóstico, sino de comprender quién es la persona, cuáles son sus valores, cómo expresa el malestar, qué relaciones son significativas para ella y qué elementos del entorno favorecen o dificultan su bienestar. Este enfoque resulta especialmente pertinente cuando aparecen conductas que generan preocupación en el ámbito familiar o institucional, ya que invita a explorar necesidades, desencadenantes y significados antes de interpretar la conducta exclusivamente como un síntoma a controlar.
La atención a la demencia plantea asimismo desafíos éticos y organizativos. Las decisiones sobre seguridad, contención del riesgo, capacidad funcional, apoyo al cuidador o adecuación del tratamiento deben individualizarse y revisarse de forma periódica. En este marco, la práctica enfermera basada en la evidencia no consiste únicamente en aplicar recomendaciones generales, sino en integrar conocimiento profesional, observación clínica, preferencias de la persona y circunstancias del entorno. La presente revisión aborda estos aspectos con una orientación aplicada a la asistencia enfermera, especialmente en población mayor y en escenarios de cuidados de larga duración, atención domiciliaria y hospitalización.
Objetivos
El objetivo general de este trabajo es revisar el papel de Enfermería en la atención a las personas con demencia desde el modelo de cuidados centrados en la persona.
Como objetivos específicos se plantean:
- Describir los fundamentos clínicos y asistenciales que justifican este enfoque en la atención a la demencia.
- Analizar las principales áreas de valoración enfermera relevantes en personas mayores con deterioro cognitivo y posible fragilidad asociada.
- Examinar estrategias de comunicación y relación terapéutica adaptadas a las necesidades de la persona con demencia.
- Revisar intervenciones enfermeras orientadas al mantenimiento funcional, la prevención de complicaciones y la participación en actividades significativas.
- Explorar el papel del apoyo familiar y de la coordinación asistencial en la continuidad de cuidados.
Metodología
Se realizó una revisión teórica de carácter narrativo, orientada a sintetizar contenidos aplicables a la práctica clínica enfermera. El abordaje se centró en la demencia en personas mayores y en la utilidad del modelo de cuidados centrados en la persona para la valoración, la planificación y la prestación de cuidados en diferentes entornos asistenciales.
La revisión se estructuró en torno a varios ejes: comprensión clínica general de la demencia, repercusión funcional, fragilidad y dependencia, comunicación terapéutica, apoyo a las familias, adecuación del entorno y continuidad asistencial. Se adoptó una perspectiva integradora, propia de la Enfermería geriátrica, con atención a la relación entre necesidades básicas, capacidad funcional, conducta y contexto. Dado el propósito de actualización profesional, se priorizó una exposición razonada de conceptos y líneas de intervención ampliamente aceptadas en la práctica clínica, sin presentar protocolos cerrados ni atribuir recomendaciones a organismos concretos no especificados.
El análisis se orientó a la aplicabilidad asistencial. Por ello, los resultados se presentan en forma de áreas de intervención enfermera relevantes, con énfasis en la individualización del cuidado, la interpretación clínica prudente de los cambios conductuales y la necesidad de adaptar las decisiones al estadio evolutivo, la comorbilidad, el entorno y la red de apoyo disponible.
Resultados
Demencia, identidad personal y significado del cuidado
Uno de los cambios más importantes en la atención a la demencia ha sido el reconocimiento de que el deterioro cognitivo no anula la condición de sujeto de cuidados. La persona continúa manteniendo historia, preferencias, formas de vinculación, reacciones emocionales y capacidad de experimentar confort o sufrimiento. Desde esta perspectiva, la intervención enfermera debe evitar aproximaciones uniformes y centradas únicamente en la pérdida. Conocer rutinas previas, gustos, temores, ocupaciones significativas y modos habituales de comunicación permite interpretar mejor la conducta y ajustar la asistencia diaria.
En la práctica, este enfoque se traduce en decisiones concretas: respetar ritmos en el aseo o la alimentación, favorecer elecciones sencillas cuando la capacidad de decisión está limitada, preservar objetos o referentes personales, minimizar interrupciones innecesarias y evitar infantilizar el trato. La dignidad no depende de la independencia funcional completa, sino del modo en que se establecen las relaciones de cuidado.
Valoración enfermera integral
La valoración de la persona con demencia debe ser continua y multidimensional. El estado cognitivo, por sí solo, no explica la situación clínica global. Resulta necesario explorar la funcionalidad básica e instrumental, el patrón de sueño y descanso, la movilidad, el equilibrio, la nutrición, la hidratación, la eliminación, la integridad cutánea, la presencia de dolor, el estado afectivo, la carga sintomática, la seguridad del entorno y la disponibilidad de apoyo familiar o social.
En población mayor, la fragilidad adquiere especial importancia porque puede amplificar el impacto de la demencia sobre la autonomía y aumentar la vulnerabilidad ante infecciones, inmovilidad, caídas, desnutrición, reacciones adversas a tratamientos o descompensaciones agudas. La observación enfermera de pequeños cambios en la marcha, la ingesta, el nivel de alerta o la tolerancia a la actividad puede anticipar situaciones de deterioro clínico.
También debe considerarse la comunicación del malestar. En fases moderadas o avanzadas, expresiones como agitación, rechazo de cuidados, vocalizaciones repetitivas, deambulación persistente o retraimiento pueden relacionarse con dolor, miedo, sobreestimulación ambiental, necesidad de eliminación, hambre, sed, cansancio o incomprensión de la situación. La valoración enfermera orientada a necesidades ayuda a evitar respuestas centradas exclusivamente en la contención del síntoma.
Comunicación terapéutica y relación asistencial
La comunicación constituye un eje de intervención principal. La persona con demencia puede presentar dificultades para comprender mensajes complejos, encontrar palabras, mantener la atención o interpretar estímulos múltiples. Por ello, la interacción requiere sencillez, coherencia y validación emocional. El uso de frases breves, un tono calmado, una sola consigna cada vez, el contacto visual adecuado y el apoyo gestual suelen facilitar la comprensión. Del mismo modo, conviene verificar la respuesta de la persona y conceder tiempo suficiente para procesar la información.
La eficacia comunicativa no depende solo de hablar despacio. Resulta relevante adaptar el momento y el contexto: reducir ruido ambiental, evitar conversaciones paralelas, anticipar lo que se va a hacer antes de iniciar un cuidado y mantener rutinas previsibles puede disminuir la ansiedad y mejorar la cooperación. Cuando existe afasia o importante deterioro del lenguaje, la observación de la expresión facial, la postura, el tono muscular o los cambios en la conducta adquiere mayor valor clínico.
La validación emocional merece una consideración específica. Corregir de forma repetida errores de memoria o insistir en confrontar a la persona con una realidad que no puede integrar puede aumentar el sufrimiento. En muchas situaciones, resulta más terapéutico acoger la emoción subyacente, ofrecer seguridad y redirigir la interacción hacia elementos calmantes o significativos. Esta actitud no implica renunciar a la veracidad clínica, sino priorizar una relación asistencial proporcionada a la capacidad de comprensión del momento.
Mantenimiento funcional y actividades de la vida diaria
El deterioro en las actividades de la vida diaria no sigue un patrón idéntico en todas las personas, por lo que la intervención enfermera debe individualizarse. Mantener capacidades conservadas durante el mayor tiempo posible constituye un objetivo asistencial relevante. Para ello, suele ser útil descomponer las tareas en pasos simples, ofrecer ayudas graduadas y evitar sustituir de manera prematura acciones que la persona aún puede realizar con supervisión o apoyo verbal.
La promoción de la autonomía en higiene, vestido, alimentación, movilidad o uso del baño no solo tiene un impacto funcional, sino también emocional. La dependencia total inducida por cuidados excesivamente directivos puede favorecer pérdida de iniciativa, frustración y mayor carga para el entorno. En cambio, un acompañamiento ajustado al nivel real de capacidad puede preservar autoestima y sentido de competencia.
Las actividades significativas tienen asimismo un papel terapéutico. Participar en rutinas domésticas sencillas, manipular objetos familiares, escuchar música reconocible, pasear en entornos seguros o colaborar en tareas acordes con la historia personal puede favorecer orientación, regulación emocional y continuidad de identidad. No todas las propuestas son útiles para todas las personas; su valor depende del significado biográfico, del momento del día, del nivel de fatiga y de la tolerancia a estímulos.
Entorno de cuidados y prevención de complicaciones
El entorno puede ser facilitador o generador de malestar. Espacios con exceso de ruido, iluminación inadecuada, cambios frecuentes de habitación, señalización confusa o sobrecarga de estímulos pueden incrementar desorientación e inquietud. Desde Enfermería, la organización ambiental forma parte del cuidado: favorecer referencias visuales sencillas, mantener objetos conocidos, preservar rutinas, ajustar luz y temperatura y reducir interrupciones innecesarias puede mejorar la adaptación cotidiana.
La seguridad debe abordarse sin caer en respuestas restrictivas sistemáticas. El riesgo de caídas, fugas, lesiones o errores en la toma de medicación requiere valoración individual. Medidas como supervisión proporcional, acompañamiento en traslados, revisión del calzado, accesibilidad al baño, retirada de obstáculos y vigilancia de efectos adversos de fármacos pueden ser más útiles que estrategias coercitivas. La restricción injustificada, además de sus implicaciones éticas, puede asociarse a inmovilidad, mayor agitación y pérdida funcional.
La prevención de complicaciones incluye también la atención a síndromes geriátricos frecuentemente asociados. Deben vigilarse signos de deshidratación, estreñimiento, deterioro nutricional, úlceras por presión, trastornos del sueño, dolor no expresado de forma convencional e infecciones. En personas con comunicación limitada, la observación de cambios en el patrón habitual adquiere valor diagnóstico inicial y puede motivar una valoración interdisciplinar más amplia.
Apoyo familiar y cuidado informal
La familia suele asumir una parte sustancial de los cuidados, especialmente en fases iniciales y moderadas. Este cuidado informal puede desarrollarse con una elevada implicación afectiva, pero también con incertidumbre, sobrecarga física y desgaste emocional. Enfermería tiene un papel relevante en la detección de necesidades del cuidador principal, la educación sobre el proceso de la enfermedad y la orientación sobre estrategias de manejo cotidiano.
La información ofrecida a las familias debe ser clara, progresiva y adaptada al momento evolutivo. Explicar que ciertos cambios conductuales pueden expresar malestar, enseñar pautas básicas de comunicación, revisar rutinas de alimentación o sueño y promover espacios de descanso del cuidador puede mejorar la convivencia y reducir situaciones de tensión. También conviene explorar sentimientos de culpa, anticipar decisiones complejas y favorecer el uso de recursos sociosanitarios cuando la situación lo requiera.
El apoyo a la familia no debe reducirse a la transmisión de instrucciones. Escuchar, legitimar la carga emocional y reconocer la experiencia acumulada del cuidador permite construir una alianza terapéutica más sólida. En muchos casos, la información aportada por la familia resulta indispensable para comprender preferencias previas, desencadenantes de conductas o cambios recientes en el estado funcional.
Continuidad asistencial y coordinación entre niveles
La demencia atraviesa distintos escenarios asistenciales: domicilio, atención primaria, hospitalización, centros residenciales, hospital de día o recursos de convalecencia. Cada transición puede comportar riesgos de desorientación, pérdida funcional, duplicidad de indicaciones o cambios en el plan terapéutico que no siempre se comunican con claridad. Por ello, la continuidad de cuidados constituye un componente esencial del abordaje enfermero.
La transmisión de información relevante debe incluir no solo datos clínicos, sino también aspectos funcionales y relacionales: modo habitual de comunicarse, ayudas que precisa para comer o movilizarse, rutinas que le tranquilizan, situaciones que desencadenan ansiedad, presencia de fragilidad, riesgo de caídas, apoyo familiar disponible y objetivos realistas de cuidado. Esta información facilita planes más coherentes y disminuye intervenciones poco ajustadas a la persona.
En el ámbito hospitalario, la persona con demencia puede experimentar un deterioro agudo de la funcionalidad por inmovilidad, privación del sueño, procedimientos repetidos o cambios ambientales bruscos. La mirada enfermera centrada en la persona ayuda a prevenir estas pérdidas evitables mediante movilización segura, orientación frecuente, acompañamiento en ingesta, adecuación del entorno y colaboración con la familia cuando sea posible.
Discusión/Conclusiones
La demencia obliga a reconsiderar qué significa cuidar cuando la autonomía decisional y la capacidad cognitiva se ven progresivamente comprometidas. En este escenario, el modelo centrado en la persona ofrece una base clínica y ética especialmente útil para Enfermería porque permite integrar seguridad, bienestar, dignidad y biografía en un mismo marco asistencial. No se limita a humanizar el trato en un sentido retórico; propone una forma de valorar, interpretar y actuar que modifica la práctica diaria.
Desde esta perspectiva, la conducta deja de entenderse exclusivamente como un problema a controlar y pasa a considerarse una posible forma de comunicación. Este cambio tiene implicaciones directas: obliga a valorar dolor, miedo, cansancio, sobrecarga ambiental, necesidad de eliminación o frustración antes de responder con medidas restrictivas o con una simplificación excesiva del problema. Para Enfermería, esta lectura resulta especialmente valiosa, ya que la observación continuada del paciente y del contexto forma parte de su competencia nuclear.
La revisión pone de relieve que la atención a la demencia no puede separarse de otros elementos propios de la persona mayor, como la fragilidad, la multimorbilidad o el riesgo de pérdida funcional. Cuidar bien a una persona con demencia implica también prevenir inmovilidad, desnutrición, úlceras por presión, caídas, delirium, aislamiento y sobrecarga del cuidador. Por ello, la valoración integral y la individualización del plan de cuidados deben mantenerse a lo largo de toda la evolución, con revisiones periódicas y adaptación a cambios clínicos o sociales.
La comunicación terapéutica aparece como una intervención transversal. No es un complemento de los cuidados técnicos, sino una condición para que estos sean aceptados, comprendidos y vividos con menor sufrimiento. Del mismo modo, el entorno y las rutinas no son aspectos secundarios: pueden facilitar orientación, reducir ansiedad y favorecer participación en actividades cotidianas con un grado mayor de confort y cooperación.
Otro elemento destacado es el papel de la familia. La atención centrada en la persona no puede desarrollarse al margen del sistema relacional que sostiene buena parte del cuidado. Las familias aportan información biográfica, observan cambios funcionales precoces y asumen decisiones complejas a medida que la enfermedad progresa. Al mismo tiempo, pueden experimentar cansancio, ambivalencia y vulnerabilidad. La intervención enfermera debe incluir apoyo, educación, escucha y orientación, sin trasladar sobre ellas responsabilidades imposibles de sostener sin ayuda.
Entre los límites de la aplicación de este enfoque se encuentran la presión asistencial, la escasez de tiempo, la fragmentación entre niveles y la persistencia de modelos organizativos muy centrados en tareas. También pueden aparecer dificultades cuando se prioriza la seguridad de forma rígida, sin una deliberación proporcionada sobre el impacto funcional y emocional de determinadas medidas. Estas barreras no invalidan el modelo, pero sí muestran que su implementación requiere formación específica, liderazgo clínico y cultura institucional favorable.
En términos prácticos, los cuidados centrados en la persona pueden contribuir a una atención más ajustada, especialmente cuando se apoyan en valoración continuada, trabajo interdisciplinar y conocimiento de la trayectoria vital de la persona. Para Enfermería, esto supone reforzar funciones ya propias de la disciplina: observar, interpretar, acompañar, coordinar, educar y sostener el cuidado en el tiempo. En demencia, cuidar no consiste únicamente en compensar déficits, sino en preservar humanidad y sentido en medio de la vulnerabilidad progresiva.
Conflicto de intereses
No se identifican conflictos de intereses por parte de los autores en relación con el tema tratado en este artículo.
Financiación
No se ha recibido financiación externa para el desarrollo, redacción o publicación del presente trabajo.
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