Nutrition and nursing care in hospitalized patients at risk of malnutrition
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:264
Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero
Fecha recepción: 24/07/26
Fecha aceptación: 18/08/26
Fecha de publicación: 22/08/26
Ref.: CADICE. 2026;1(8):264
Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Hospitalización; Atención hospitalaria; Seguridad del paciente; Cuidados de Enfermería; Planificación de la atención al paciente; Malnutrición; Revisión; Evaluación nutricional; Enfermería basada en la evidencia; Educación del paciente
Keywords: Hospitalization; Hospital Care; Patient Safety; Nursing Care; Patient Care Planning; Malnutrition; Review; Nutrition Assessment; Evidence-Based Nursing; Patient Education
Resumen
Introducción: La desnutrición relacionada con la enfermedad y el riesgo de deterioro nutricional durante el ingreso continúan siendo problemas asistenciales de especial relevancia en el ámbito hospitalario. Su presencia puede asociarse a peor tolerancia a los tratamientos, disminución de la capacidad funcional, mayor vulnerabilidad clínica y dificultades en la recuperación. En este escenario, Enfermería ocupa una posición central en la detección precoz, la vigilancia de la ingesta, la planificación de cuidados y la educación sanitaria.
Objetivos: Analizar el papel de los cuidados enfermeros en la valoración y el abordaje del paciente hospitalizado con riesgo de desnutrición, así como revisar los elementos clínicos y organizativos que condicionan una atención nutricional segura y continuada.
Metodología: Se realiza una revisión teórica de carácter narrativo a partir del análisis conceptual del problema, integrando aspectos clínicos, funcionales y organizativos de la atención hospitalaria. Se estructuran los contenidos en torno a la valoración nutricional, los factores de riesgo, la monitorización de la ingesta, las intervenciones enfermeras y la continuidad de cuidados.
Resultados: El riesgo de desnutrición en el hospital rara vez depende de un único factor. Suele relacionarse con enfermedad aguda o crónica, inflamación, anorexia, alteraciones de la deglución, dependencia funcional, deterioro cognitivo, barreras organizativas y ayunos diagnósticos o terapéuticos. La intervención enfermera comprende el cribado inicial, la observación sistemática de la tolerancia y la ingesta, la prevención de complicaciones, la adaptación del entorno durante las comidas, la coordinación con otros profesionales y la educación al paciente y a su familia. La reevaluación periódica y la documentación clínica favorecen la seguridad del paciente.
Discusión/Conclusiones: El abordaje del riesgo nutricional durante la hospitalización requiere una mirada integral y no limitada al aporte calórico. Enfermería contribuye de manera decisiva a identificar cambios precoces, sostener la adherencia al plan nutricional y facilitar la continuidad asistencial al alta. La mejora de la atención nutricional hospitalaria depende tanto de la competencia clínica como de la coordinación interdisciplinar y de la incorporación de la valoración nutricional a la práctica ordinaria de cuidados.
Abstract
Introduction: Disease-related malnutrition and the risk of nutritional decline during hospital admission remain highly relevant care issues in inpatient settings. They may be associated with poorer treatment tolerance, reduced functional capacity, increased clinical vulnerability, and delayed recovery. In this context, nurses play a central role in early detection, intake monitoring, care planning, and patient education.
Objectives: To analyse the role of nursing care in the assessment and management of hospitalized patients at risk of malnutrition, and to review the clinical and organizational factors involved in safe and continuous nutritional care.
Methodology: A narrative theoretical review was conducted based on a conceptual analysis of the problem, integrating clinical, functional, and organizational aspects of hospital care. The content was organized around nutritional assessment, risk factors, intake monitoring, nursing interventions, and continuity of care.
Results: The risk of malnutrition in hospital rarely depends on a single factor. It is usually related to acute or chronic illness, inflammation, anorexia, swallowing disorders, functional dependence, cognitive impairment, organizational barriers, and diagnostic or therapeutic fasting periods. Nursing intervention includes initial screening, systematic observation of tolerance and intake, complication prevention, adaptation of the mealtime environment, coordination with other professionals, and education for patients and relatives. Periodic reassessment and proper documentation support patient safety.
Discussion/Conclusions: Managing nutritional risk during hospitalization requires a comprehensive approach and should not be limited to caloric intake alone. Nursing makes a decisive contribution by identifying early changes, supporting adherence to the nutritional plan, and facilitating continuity of care after discharge. Improving hospital nutritional care depends on both clinical competence and interdisciplinary coordination, as well as on integrating nutritional assessment into routine nursing practice.
Introducción
La situación nutricional del paciente hospitalizado forma parte del núcleo de la calidad asistencial. Ingresar en un hospital no solo implica el tratamiento de un proceso agudo o la descompensación de una enfermedad crónica, sino también la exposición a circunstancias que pueden comprometer la ingesta, la absorción, el aprovechamiento metabólico de nutrientes o la capacidad funcional para alimentarse. El riesgo de desnutrición puede estar presente desde el momento del ingreso o desarrollarse durante la estancia, especialmente cuando coinciden enfermedad de base, inflamación, inmovilidad, dependencia, síntomas digestivos, dolor o alteraciones cognitivas.
La desnutrición relacionada con la enfermedad tiene repercusiones que trascienden el peso corporal. Puede acompañarse de pérdida de masa muscular, mayor fragilidad, cansancio, retraso en la recuperación funcional y dificultades para mantener actividades básicas. En el entorno hospitalario también puede influir sobre la tolerancia a procedimientos, la aparición de complicaciones y la experiencia global de cuidados. Desde la práctica enfermera, este problema no debe entenderse como un asunto exclusivo de la dietética o de la prescripción médica, sino como una dimensión transversal del cuidado.
La alimentación del paciente ingresado está condicionada por factores clínicos y por elementos propios de la organización hospitalaria. La enfermedad aguda puede reducir el apetito o aumentar las necesidades metabólicas. A ello se suman situaciones frecuentes como ayunos para pruebas, cambios de dieta, horarios rígidos, fatiga, aislamiento, dificultades para abrir envases, postura inadecuada, disfagia, náuseas, dolor o falta de ayuda durante las comidas. En personas mayores, frágiles o con dependencia funcional, estos factores adquieren una relevancia aún mayor.
Enfermería mantiene un contacto continuado con el paciente y con su entorno de apoyo, lo que le confiere una posición privilegiada para detectar signos tempranos de deterioro nutricional. La observación de la ingesta real, la identificación de barreras para comer, la valoración del estado funcional y de la tolerancia a la dieta, así como la comunicación de incidencias al equipo, forman parte de una actividad asistencial con impacto directo en la seguridad del paciente. Del mismo modo, la educación sanitaria orientada a la comprensión de las recomendaciones dietéticas y al mantenimiento de cuidados tras el alta contribuye a una transición asistencial más segura.
La relevancia del tema aumenta en un momento en que la hospitalización tiende a concentrar pacientes con mayor complejidad clínica, pluripatología y necesidades de cuidados prolongados. Por ello, abordar el riesgo de desnutrición desde un enfoque enfermero implica integrar valoración clínica, apoyo funcional, coordinación interdisciplinar y continuidad de cuidados, evitando una visión reducida centrada solo en la bandeja servida o en la dieta prescrita.
Objetivos
Analizar los principales elementos que intervienen en la aparición y evolución del riesgo de desnutrición en pacientes hospitalizados, con especial atención al papel de Enfermería en la detección precoz, la planificación de cuidados y el seguimiento durante la estancia.
De forma específica, se pretende:
- Describir los factores clínicos, funcionales y organizativos que pueden favorecer el deterioro nutricional durante la hospitalización.
- Revisar los componentes esenciales de la valoración nutricional enfermera al ingreso y durante la evolución.
- Examinar las intervenciones de cuidados orientadas a mejorar la ingesta, prevenir complicaciones y reforzar la seguridad del paciente.
- Subrayar la importancia de la coordinación interdisciplinar y de la continuidad de cuidados al alta.
- Reflexionar sobre la educación al paciente y a la familia como parte del abordaje nutricional enfermero.
Metodología
Se presenta una revisión teórica de enfoque narrativo, orientada a sintetizar de manera clínica y aplicada los aspectos más relevantes del cuidado nutricional en pacientes hospitalizados con riesgo de desnutrición. El desarrollo del artículo no pretende establecer un protocolo cerrado, sino ordenar los principales componentes del problema desde la perspectiva de la práctica enfermera hospitalaria.
La exposición se articula a partir de cinco ejes: identificación del riesgo nutricional, factores condicionantes durante la hospitalización, valoración enfermera, intervenciones de cuidados y continuidad asistencial. Se integran consideraciones relativas a seguridad del paciente, planificación individualizada y educación sanitaria, evitando atribuir recomendaciones concretas a fuentes no aportadas.
Al tratarse de una revisión teórica, el texto prioriza la coherencia clínica y la aplicabilidad asistencial. Los contenidos se formulan de manera prudente, con lenguaje profesional y orientado al entorno hospitalario general, reconociendo que la implementación de medidas específicas debe adaptarse a la situación clínica del paciente, a los protocolos de cada centro y a la organización del equipo interdisciplinar.
Resultados
Riesgo de desnutrición durante el ingreso hospitalario
El deterioro del estado nutricional en el hospital suele ser el resultado de una interacción compleja entre la enfermedad y el entorno asistencial. En muchos casos, el paciente ya ingresa con una reserva nutricional limitada debido a procesos crónicos, disminución del apetito, pérdida involuntaria de peso, problemas dentales, soledad, dificultades económicas o dependencia previa. La hospitalización puede intensificar esta situación por la respuesta inflamatoria, el aumento del catabolismo o la coexistencia de síntomas que reducen la ingesta.
Entre los factores clínicos que con mayor frecuencia condicionan riesgo nutricional destacan la enfermedad aguda grave, las neoplasias, la insuficiencia orgánica, las infecciones, los trastornos digestivos y las alteraciones de la deglución. También deben considerarse la polimedicación, el dolor persistente, la disnea, la depresión, el deterioro cognitivo y el síndrome confusional, ya que todos ellos pueden interferir con la alimentación. En pacientes inmovilizados o de edad avanzada, la pérdida de masa muscular y de funcionalidad puede aparecer con rapidez y dificultar todavía más la recuperación.
A nivel organizativo, hay circunstancias aparentemente menores que terminan teniendo relevancia clínica: bandejas retiradas sin comprobar la ingesta, falta de ayuda para incorporarse o usar los cubiertos, textura inadecuada, temperatura poco aceptable, interrupciones durante la comida, exploraciones coincidentes con los horarios de alimentación o ayunos que se prolongan más de lo necesario. El paciente puede tener una dieta pautada, pero no recibir de forma efectiva el aporte esperado. La distancia entre la prescripción y la ingesta real constituye uno de los puntos más sensibles del cuidado nutricional.
Valoración enfermera del estado nutricional
La valoración comienza en el ingreso y debe continuar durante toda la hospitalización. Resulta recomendable incorporar un cribado nutricional temprano que permita identificar pacientes que precisan vigilancia más estrecha o valoración ampliada. Más allá del instrumento que utilice cada institución, la utilidad real del cribado depende de que sus hallazgos se traduzcan en decisiones asistenciales y no queden reducidos a un registro administrativo.
La entrevista enfermera debe explorar aspectos básicos de la historia alimentaria reciente: cambios en el apetito, disminución de la ingesta, dificultades para masticar o tragar, intolerancias, síntomas digestivos, dietas previas, dependencia para comer, presencia de fatiga durante las comidas y percepción del paciente sobre su situación nutricional. También es pertinente identificar creencias culturales, preferencias alimentarias y apoyos familiares, ya que pueden influir de forma directa en la aceptación de la dieta hospitalaria.
La observación clínica aporta información complementaria de gran valor. Deben valorarse la apariencia general, la composición corporal de forma orientativa, la fuerza, el grado de cansancio, el nivel de conciencia, la capacidad para sentarse y manipular los utensilios, así como la presencia de signos que hagan pensar en deshidratación, disfagia o mala tolerancia digestiva. El seguimiento de peso, cuando sea factible y clínicamente útil, puede ayudar a detectar cambios evolutivos, aunque nunca debería interpretarse de forma aislada.
La evaluación de la ingesta real es una de las funciones enfermeras con mayor impacto práctico. Registrar qué porcentaje de la comida se consume, si se tolera la dieta, si existen rechazos reiterados o si aparecen atragantamientos, vómitos, diarrea o saciedad precoz permite anticipar complicaciones. Igualmente importante es comprobar si el paciente necesita ayuda física, supervisión, adaptación postural o modificaciones ambientales para alimentarse con seguridad.
Planificación de cuidados y vigilancia clínica
Una vez identificado el riesgo, la planificación de cuidados debe individualizarse y contemplar objetivos realistas. En algunos pacientes el propósito prioritario será mantener una ingesta suficiente y segura; en otros, prevenir el agravamiento de la pérdida funcional, favorecer la tolerancia digestiva o asegurar la adherencia a una dieta terapéutica específica. La planificación requiere integrar la situación clínica, el pronóstico, la funcionalidad y las preferencias del paciente.
La vigilancia enfermera incluye la observación sistemática de la ingesta diaria, la detección de causas corregibles de rechazo alimentario y la reevaluación de la eficacia de las medidas adoptadas. Un paciente que come poco no siempre lo hace por anorexia; puede deberse a dolor, ansiedad, mal sabor de la boca, cansancio extremo, dificultad para abrir recipientes o necesidad de asistencia que no se ha proporcionado en el momento oportuno. Identificar estas barreras concretas es más útil que limitarse a registrar una ingesta insuficiente.
En pacientes con alteraciones de la deglución, la seguridad adquiere un papel prioritario. La postura durante la ingesta, la textura de los alimentos y líquidos, el ritmo de administración y la supervisión durante las comidas deben ajustarse a la valoración clínica y a las indicaciones del equipo. La detección temprana de tos, cambios en la voz, fatiga o retención oral de alimentos puede ayudar a prevenir incidentes asociados a la alimentación.
La prevención de complicaciones también incluye el cuidado de la mucosa oral, el manejo de náuseas o estreñimiento, la vigilancia de la hidratación y el apoyo en la movilización precoz, ya que estos elementos influyen sobre el bienestar y la capacidad para comer. Del mismo modo, en pacientes con úlceras por presión, heridas complejas o elevada demanda metabólica, la atención nutricional debe vincularse al conjunto del plan de cuidados, y no tratarse como un aspecto accesorio.
Intervenciones enfermeras en la mejora de la ingesta
Las intervenciones más eficaces suelen ser aquellas que combinan observación clínica, ayuda práctica y coordinación. Preparar adecuadamente el entorno antes de la comida, favorecer una posición cómoda y segura, comprobar la higiene de manos y oral, reducir interrupciones y acercar los alimentos al alcance del paciente son medidas sencillas con utilidad asistencial evidente. En personas con debilidad, temblor, hemiparesia o deterioro visual, la adaptación del material y la ayuda directa pueden marcar la diferencia entre una comida aprovechada y una ingesta insuficiente.
La comunicación con cocina, hostelería, medicina, nutrición clínica, logopedia o rehabilitación, según cada caso, forma parte de los cuidados enfermeros cuando existen incidencias que afectan a la alimentación. La observación reiterada de rechazo a determinada textura, la sospecha de disfagia, la aparición de intolerancia digestiva o la necesidad de revisar horarios y suplementos requieren traslado de información útil y concreta. La coordinación evita intervenciones fragmentadas y mejora la capacidad de respuesta del equipo.
En determinados pacientes puede ser necesario reforzar la ingesta mediante fraccionamiento, elección de momentos de mayor apetito, apoyo emocional durante las comidas o supervisión más estrecha. El acompañamiento adquiere especial relevancia en personas mayores, con ansiedad o con deterioro cognitivo, para quienes el acto de comer puede verse afectado por el entorno desconocido del hospital. Mantener rutinas comprensibles y disminuir estímulos que generen desorganización favorece una mejor tolerancia.
Cuando el plan terapéutico incluya suplementos o formas específicas de soporte nutricional, Enfermería participa en la administración, la vigilancia de tolerancia y la educación relacionada con su uso. Esta participación exige comprobar la adecuación a la situación clínica, registrar incidencias y comunicar de forma temprana signos de mala tolerancia o dificultades de adherencia. La tecnología nutricional, por sí sola, no resuelve el problema si no se acompaña de seguimiento clínico y de apoyo al paciente.
Dimensión educativa y relación terapéutica
La educación sanitaria en nutrición durante el ingreso no debe limitarse a entregar recomendaciones generales. Conviene explorar qué sabe el paciente sobre su dieta, qué dificultades previas tenía para alimentarse y qué posibilidades reales tendrá al alta. La enseñanza resulta más útil cuando se adapta al momento clínico, al nivel de comprensión y a la situación funcional de la persona.
En pacientes con dietas terapéuticas complejas, cambios de textura o necesidad de modificaciones alimentarias mantenidas, la información debe ser clara, gradual y verificable. Enseñar implica explicar el motivo de las recomendaciones, resolver dudas, detectar falsas creencias y valorar si la familia o la persona cuidadora principal necesitarán apoyo específico. La continuidad del cuidado nutricional depende en buena medida de esta transición educativa.
La relación terapéutica también influye sobre la alimentación. Escuchar el malestar del paciente, validar el impacto emocional de la enfermedad y evitar mensajes culpabilizadores mejora la adherencia y facilita la comunicación de problemas. Algunos pacientes comen menos porque experimentan miedo, tristeza o pérdida de control; comprender este componente subjetivo permite orientar mejor los cuidados.
Continuidad asistencial y seguridad del paciente
El riesgo nutricional no finaliza con el alta hospitalaria. Muchos pacientes continúan con ingesta limitada, debilidad, pérdida de peso o necesidad de adaptación dietética tras regresar al domicilio o trasladarse a otro recurso asistencial. Por ello, la planificación del alta debe incluir información relevante sobre la situación nutricional, el grado de autonomía para comer, las ayudas necesarias, la tolerancia observada y las recomendaciones pendientes de seguimiento.
La transmisión de información entre niveles asistenciales es una medida de seguridad. Si no se comunica que un paciente presenta disfagia, que precisa ayuda para las comidas o que ha mantenido ingesta escasa durante el ingreso, aumenta el riesgo de discontinuidad en los cuidados. Enfermería puede contribuir a reducir esta brecha mediante registros útiles, educación al alta y coordinación con el equipo receptor o con atención primaria, según la organización disponible.
Desde una perspectiva de seguridad del paciente, la atención nutricional hospitalaria requiere evitar tanto la infravaloración del problema como respuestas estandarizadas que no consideran la situación individual. No todos los pacientes con ingesta reducida precisan la misma intervención, pero todos requieren valoración clínica suficiente para comprender la causa y sus posibles consecuencias. Este enfoque individualizado es especialmente importante en personas con pluripatología, final de vida, deterioro cognitivo o alta complejidad funcional.
Discusión/Conclusiones
La atención nutricional del paciente hospitalizado con riesgo de desnutrición constituye un ámbito donde confluyen clínica, organización y cuidados básicos. Su abordaje exige superar una visión simplificada de la alimentación como acto rutinario o subordinado a otros procedimientos. En realidad, la capacidad para mantener una ingesta adecuada y segura forma parte del estado general del paciente y puede modificar su evolución, su funcionalidad y la experiencia del ingreso.
La principal aportación de Enfermería radica en la proximidad asistencial y en la continuidad de la observación. Frente a otros indicadores más puntuales, la enfermera identifica cambios discretos pero relevantes: menor apetito, cansancio durante las comidas, necesidad de ayuda no expresada, signos de mala tolerancia o barreras del entorno que dificultan comer. Esta información, cuando se integra en la planificación de cuidados y se comparte con el equipo, permite una respuesta más temprana y ajustada.
La revisión del problema pone de manifiesto que una dieta correctamente prescrita no garantiza por sí misma una atención nutricional efectiva. La distancia entre indicación y consumo real sigue siendo un punto vulnerable del proceso asistencial. Por ello, el seguimiento de la ingesta, la ayuda funcional, la adaptación del entorno y la reevaluación periódica deberían considerarse componentes inseparables de los cuidados hospitalarios, especialmente en personas mayores, frágiles o con enfermedades complejas.
También resulta evidente que el abordaje nutricional no puede recaer en un único profesional. La intervención enfermera gana eficacia cuando se articula con medicina, nutrición clínica, logopedia, farmacia, rehabilitación, hostelería sanitaria y apoyo familiar. La coordinación interdisciplinar no solo mejora la coherencia del plan de cuidados, sino que reduce omisiones y favorece la continuidad asistencial tras el alta.
Persisten, no obstante, dificultades frecuentes: elevada carga asistencial, registros poco útiles, falta de tiempo durante las comidas, insuficiente individualización de dietas y variabilidad en la detección del riesgo. Estas limitaciones refuerzan la necesidad de integrar la valoración nutricional en la práctica cotidiana de forma operativa, con procedimientos asumibles y orientados a la toma de decisiones. La mejora no depende exclusivamente de incorporar más tecnología o más formularios, sino de reconocer la nutrición como parte sustantiva del cuidado enfermero.
En los pacientes hospitalizados con riesgo de desnutrición, cuidar la alimentación significa valorar, acompañar, vigilar, educar y coordinar. Desde esa perspectiva, la nutrición deja de ser un elemento periférico y pasa a situarse en el centro de una atención segura, individualizada y clínicamente responsable.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.
Financiación
El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.
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