Educación a cuidadores sobre rehidratación oral en gastroenteritis infantil

Caregiver education on oral rehydration in childhood gastroenteritis

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:225

Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero

Fecha recepción: 03/07/26

Fecha aceptación: 07/08/26

Fecha de publicación: 14/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):225

Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Gastroenteritis; Educación para la salud; Salud infantil; Rehidratación oral; Enfermería pediátrica; Promoción de la salud; Niño; Familia; Deshidratación; Educación del paciente

Keywords: Gastroenteritis; Health Education; Child Health; Oral Rehydration Therapy; Pediatric Nursing; Health Promotion; Child; Family; Dehydration; Patient Education

Resumen

Introducción: La gastroenteritis infantil constituye un motivo frecuente de consulta en los distintos niveles asistenciales y puede acompañarse de pérdidas hídricas que comprometen el estado de hidratación del niño. En este contexto, la educación sanitaria dirigida a cuidadores resulta una intervención propia de Enfermería con capacidad para favorecer el manejo domiciliario seguro, mejorar la comprensión del proceso y orientar la detección precoz de signos de alarma.

Objetivos: Describir un programa de educación para la salud dirigido a cuidadores de niños con gastroenteritis, centrado en la rehidratación oral, la alimentación durante el episodio, la prevención de errores frecuentes y la identificación de situaciones que requieren nueva valoración sanitaria.

Metodología: Se presenta una propuesta de intervención educativa estructurada para el ámbito de atención pediátrica, basada en un enfoque formativo breve, individualizado y orientado a competencias. Se definen población diana, contenidos, metodología docente, recursos y criterios de evaluación del aprendizaje, con especial atención al papel enfermero en la comunicación clínica con la familia.

Resultados: El programa organiza la enseñanza en torno a conocimientos esenciales sobre pérdidas digestivas, administración fraccionada de soluciones de rehidratación oral, mantenimiento de la ingesta según tolerancia, vigilancia del estado general y reconocimiento de signos de empeoramiento. La intervención incorpora demostración práctica, verificación de la comprensión y adaptación del mensaje al nivel de alfabetización en salud de los cuidadores.

Discusión/Conclusiones: La educación a cuidadores sobre rehidratación oral puede contribuir a una atención más segura y coherente con las necesidades del niño y su familia. Su utilidad depende de la individualización del mensaje, de la claridad de las instrucciones y de la continuidad educativa entre ámbitos asistenciales. Enfermería ocupa una posición estratégica para reforzar la autonomía familiar sin sustituir la valoración clínica cuando esta resulta necesaria.

Abstract

Introduction: Childhood gastroenteritis is a common reason for healthcare consultation and may lead to fluid losses affecting hydration status. In this setting, health education aimed at caregivers is a nursing intervention that may support safe home management, improve understanding of the condition, and facilitate early recognition of warning signs.

Objectives: To describe a health education programme for caregivers of children with gastroenteritis, focused on oral rehydration, feeding during the episode, prevention of common mistakes, and identification of situations requiring further professional assessment.

Methodology: A structured educational intervention for pediatric care settings is presented, based on a brief, individualized, competency-oriented approach. Target population, contents, teaching methods, resources, and learning assessment criteria are defined, highlighting the nursing role in clinical communication with the family.

Results: The programme organizes teaching around essential knowledge on gastrointestinal fluid loss, fractionated administration of oral rehydration solutions, maintenance of intake according to tolerance, monitoring of general condition, and recognition of clinical deterioration. The intervention includes practical demonstration, understanding verification, and adaptation of messages to caregivers’ health literacy.

Discussion/Conclusions: Caregiver education on oral rehydration may contribute to safer and more consistent child care. Its usefulness depends on message individualization, clarity of instructions, and educational continuity across care settings. Nurses are in a key position to strengthen family self-management while not replacing clinical assessment when needed.

Introducción

La gastroenteritis aguda en la infancia plantea una demanda asistencial relevante tanto en atención primaria como en servicios de urgencias y dispositivos comunitarios. Aunque su evolución puede ser autolimitada en muchos casos, la presencia de vómitos, deposiciones líquidas y disminución de la ingesta favorece la aparición de desequilibrio hídrico, especialmente en lactantes y niños pequeños. En este escenario, la intervención enfermera no se limita a la observación clínica, sino que incorpora una función educativa orientada a que la familia comprenda qué hacer, cómo hacerlo y cuándo consultar de nuevo.

La rehidratación oral ocupa un lugar central en el manejo inicial de muchas gastroenteritis infantiles con pérdidas digestivas, siempre que el estado clínico y la tolerancia del niño lo permitan. Sin embargo, en la práctica diaria persisten dificultades relacionadas con la administración inadecuada de líquidos, la sustitución por bebidas no recomendables, la suspensión innecesaria de la alimentación habitual o la infravaloración de signos que sugieren empeoramiento. Estas dificultades no dependen solo de la voluntad de los cuidadores, sino también del modo en que reciben la información, de su experiencia previa, del nivel de alfabetización en salud y del contexto emocional en el que se produce la consulta.

La educación sanitaria dirigida a la familia debe entenderse como un proceso clínico y relacional, no como una mera entrega de instrucciones. Enseñar a rehidratar oralmente a un niño con gastroenteritis implica traducir conocimientos técnicos en acciones concretas y seguras: preparar o administrar correctamente una solución de rehidratación oral, ofrecer pequeñas cantidades de forma frecuente, reconocer la tolerancia digestiva y observar cambios en la diuresis, el nivel de actividad o el aspecto general. Además, exige resolver dudas habituales, desmontar creencias erróneas y adaptar el mensaje a la edad del niño y a la capacidad de cuidado disponible en el domicilio.

Desde Enfermería pediátrica, este abordaje se integra en la atención centrada en la familia. El cuidador no es un receptor pasivo de recomendaciones, sino la persona que realizará la mayor parte del cuidado fuera del entorno sanitario. Por ello, la calidad de la información transmitida influye de manera directa en la seguridad del proceso. Una educación bien orientada puede favorecer adherencia, reducir prácticas de riesgo y mejorar la capacidad de respuesta de la familia ante la evolución del cuadro.

También conviene considerar que el episodio de gastroenteritis no se desarrolla en un vacío clínico. Existen niños con mayor vulnerabilidad por edad, comorbilidad, dificultades de alimentación previas o barreras sociales y culturales que condicionan el cuidado. En estos casos, la educación sanitaria debe reforzarse y complementarse con un plan de seguimiento proporcionado al riesgo. No todas las familias parten del mismo nivel de conocimientos ni disponen de los mismos recursos para interpretar una recomendación clínica.

Por tanto, diseñar un programa educativo específico sobre rehidratación oral permite ordenar los contenidos que deben transmitirse, homogeneizar mensajes básicos entre profesionales y facilitar una evaluación estructurada del aprendizaje. Su interés para la práctica enfermera reside en que combina promoción de la salud, prevención de complicaciones, apoyo a la autonomía familiar y continuidad asistencial.

Objetivos

El objetivo general es describir un programa de educación para la salud dirigido a cuidadores de niños con gastroenteritis, orientado a mejorar el conocimiento práctico sobre rehidratación oral y a favorecer un manejo domiciliario prudente, seguro y ajustado a la evolución clínica.

Como objetivos específicos, se plantean los siguientes:

  • Identificar la población diana y el momento asistencial más adecuado para iniciar la intervención educativa.
  • Definir los contenidos prioritarios que deben abordarse con relación a pérdidas digestivas, hidratación, alimentación y vigilancia del estado general.
  • Establecer una metodología docente breve y comprensible, adaptable al nivel de conocimientos, idioma y capacidad de aprendizaje de cada familia.
  • Precisar el papel de Enfermería en la demostración práctica de la rehidratación oral y en la corrección de errores frecuentes.
  • Incorporar criterios básicos para evaluar la comprensión del cuidador y la aplicabilidad de lo aprendido en el domicilio.
  • Favorecer la detección de signos de alarma que requieren nueva valoración profesional.
  • Promover la continuidad del mensaje educativo entre los distintos ámbitos de atención al niño.

Metodología

Se plantea una propuesta de programa educativo aplicable a consultas de atención primaria, urgencias pediátricas, observación clínica de corta estancia y seguimiento telefónico o presencial, siempre dentro del marco competencial enfermero y en coordinación con el resto del equipo. La intervención se dirige a cuidadores principales de niños con cuadro de gastroenteritis y situación clínica compatible con manejo ambulatorio o con necesidades de refuerzo educativo tras la valoración inicial.

La población diana incluye madres, padres u otros cuidadores habituales responsables de la administración de líquidos y alimentos en el domicilio. La selección del destinatario principal debe considerar quién asumirá efectivamente el cuidado tras el alta o tras la consulta. Cuando la situación lo permita, resulta útil implicar a más de un cuidador para reducir errores por transmisión parcial de la información.

El programa se estructura como una intervención breve, individualizada y centrada en competencias. No se persigue únicamente que el cuidador repita recomendaciones, sino que sea capaz de aplicarlas en situaciones habituales del episodio: ofrecer pequeñas cantidades con frecuencia, mantener una actitud de observación activa y decidir si la evolución permite continuar el cuidado en casa o si procede consultar de nuevo. Para ello, la metodología combina información verbal clara, demostración práctica y verificación final de la comprensión.

La planificación puede desarrollarse en un único contacto asistencial o en varios momentos concatenados. En una primera fase, la enfermera valora conocimientos previos, preocupaciones y barreras de aprendizaje. Esta valoración orienta la profundidad del mensaje y evita ofrecer instrucciones descontextualizadas. En una segunda fase, se transmiten los contenidos esenciales con apoyo de material escrito sencillo o recursos visuales. En una tercera fase, se confirma la comprensión mediante técnica de retorno de información, solicitando al cuidador que explique con sus propias palabras cómo administrará la rehidratación oral y qué signos le harían buscar ayuda sanitaria.

Los recursos educativos recomendables son de baja complejidad: lenguaje no técnico, esquema por pasos, ejemplos concretos de administración fraccionada y recordatorio de signos de alarma. Cuando existan barreras idiomáticas o dificultades de lectura, debe priorizarse la demostración práctica y el empleo de materiales adaptados. La intervención gana efectividad cuando evita la sobrecarga de información y se centra en mensajes breves, jerarquizados y coherentes con la situación clínica actual.

El contenido educativo se organiza en cinco bloques: comprensión básica del proceso, rehidratación oral, alimentación y cuidados generales, prevención de errores frecuentes y reconocimiento de signos de alarma. Esta secuencia permite pasar de lo más inmediato a lo más reflexivo, facilitando que el cuidador priorice actuaciones. El programa no sustituye la valoración médica ni establece un protocolo cerrado, sino que ofrece un marco de educación sanitaria para mejorar el autocuidado familiar.

La evaluación del aprendizaje se realiza de forma cualitativa, observando si el cuidador comprende la finalidad de la rehidratación oral, diferencia una solución de rehidratación de otras bebidas, conoce la pauta fraccionada orientativa según tolerancia y reconoce manifestaciones que pueden indicar empeoramiento clínico. También debe valorarse la disposición emocional de la familia para aplicar lo aprendido, ya que el estrés, el cansancio o experiencias previas negativas pueden interferir de manera significativa.

Desde el punto de vista organizativo, resulta útil integrar esta intervención en circuitos asistenciales habituales, de forma que el mensaje educativo no dependa exclusivamente de la iniciativa individual de cada profesional. La estandarización de contenidos mínimos mejora la continuidad entre consulta, urgencias y seguimiento posterior, aunque siempre deba mantenerse la adaptación a cada niño y a cada familia.

Resultados

La aplicación del programa educativo permite ordenar la intervención enfermera alrededor de contenidos clínicamente relevantes y de fácil transferencia al domicilio. Su desarrollo se describe a continuación como una propuesta operativa.

Valoración inicial del cuidador y del contexto familiar

Antes de iniciar la enseñanza, la enfermera explora qué entiende la familia por gastroenteritis, qué medidas ha utilizado en episodios previos y qué preocupaciones manifiesta en ese momento. Es frecuente encontrar dudas sobre la cantidad de líquido necesaria, el temor a “forzar” la ingesta tras los vómitos o la creencia de que cualquier bebida dulce o isotónica puede reemplazar una solución de rehidratación oral. También pueden aparecer prácticas como interrumpir la alimentación durante periodos prolongados o administrar volúmenes elevados en poco tiempo, lo que favorece una peor tolerancia.

La valoración incluye aspectos prácticos: quién cuidará al niño en casa, si dispone del producto indicado, si comprende instrucciones escritas y si puede observar la evolución del menor con suficiente continuidad. En familias con sobrecarga de cuidados, dificultades de comunicación o escasa red de apoyo, la información debe simplificarse y reforzarse. La intervención educativa es más útil cuando parte de la realidad del domicilio.

Contenidos sobre rehidratación oral

El primer mensaje debe aclarar que la finalidad de la rehidratación oral es compensar las pérdidas digestivas y mantener un adecuado aporte hídrico cuando el niño lo tolera. La enfermera explica que la administración suele realizarse en pequeñas cantidades, con frecuencia, para favorecer la tolerancia. Si existen vómitos, puede recomendarse ofrecer volúmenes muy pequeños y continuar de forma progresiva, sin precipitar incrementos bruscos. La familia debe comprender que la paciencia y la regularidad forman parte del cuidado.

Otro punto esencial es diferenciar la solución de rehidratación oral de otras bebidas. Conviene insistir en que zumos, refrescos, bebidas azucaradas o preparados caseros no equivalen a una solución específicamente diseñada para reponer agua y electrolitos. El objetivo educativo no es memorizar composiciones, sino identificar qué producto utilizar y evitar sustituciones inadecuadas.

La demostración práctica puede realizarse mostrando el envase o el sistema de administración, explicando cómo ofrecer pequeñas tomas con vaso, cuchara o jeringa oral según la edad y la colaboración del niño. Cuando el producto requiere preparación, es necesario enseñar de forma sencilla cómo hacerlo y remarcar la conveniencia de seguir las instrucciones del fabricante. La familia retiene mejor la información cuando la observa y la repite durante la consulta.

Alimentación y cuidados generales durante el episodio

Una vez abordada la hidratación, se explica el papel de la alimentación. En términos generales, si el niño presenta tolerancia, puede mantenerse la alimentación habitual de manera adaptada, evitando ayunos prolongados que no aportan beneficio y pueden aumentar la dificultad para recuperar la normalidad de la ingesta. En lactantes, debe valorarse la continuidad de las tomas habituales según tolerancia y situación clínica. En niños mayores, conviene orientar a la familia hacia comidas sencillas, fraccionadas y aceptadas por el menor, sin convertir la dieta en un elemento de conflicto.

También se incluyen cuidados generales relacionados con el confort y la vigilancia: observación de la actividad habitual del niño, control del número aproximado de micciones, atención al llanto sin lágrimas en los más pequeños, sequedad de mucosas, somnolencia llamativa o decaimiento. No se trata de transformar a la familia en un sistema de monitorización, sino de dotarla de indicadores comprensibles para valorar la evolución.

En caso de irritación cutánea por deposiciones frecuentes, la enfermera puede añadir medidas básicas de higiene y protección de la piel perineal, especialmente en lactantes con pañal. Este contenido, aunque secundario respecto a la hidratación, mejora el bienestar del niño y responde a necesidades reales de cuidado cotidiano.

Errores frecuentes que deben prevenirse

Una parte relevante del programa consiste en identificar prácticas que pueden empeorar la tolerancia o retrasar la consulta. Entre ellas se encuentran la administración rápida de grandes volúmenes, la sustitución de la solución de rehidratación por bebidas no adecuadas, la suspensión total de líquidos tras varios vómitos, el uso de recomendaciones no contrastadas del entorno familiar y la minimización del deterioro del estado general cuando persisten las pérdidas.

Desde la educación sanitaria, conviene reformular estos errores sin culpabilizar al cuidador. Una comunicación basada en el reproche dificulta el aprendizaje y reduce la posibilidad de que la familia exprese dudas reales. El enfoque más eficaz suele ser explicativo: por qué una medida puede no funcionar, cómo corregirla y qué alternativa concreta se propone. Este matiz relacional es especialmente importante en procesos pediátricos agudos, donde el malestar emocional de la familia puede ser elevado.

Signos de alarma y criterios de nueva consulta

La identificación de signos de alarma constituye uno de los resultados más importantes del programa. La enfermera debe asegurarse de que el cuidador sabe reconocer situaciones como empeoramiento del estado general, dificultad para mantener la hidratación oral, vómitos persistentes que impiden la tolerancia, disminución llamativa de la diuresis, apatía, somnolencia no habitual, rechazo mantenido de líquidos o cualquier cambio que genere preocupación fundada por la evolución del niño. La información debe expresarse con lenguaje claro y con ejemplos comprensibles.

No basta con enumerar signos de alarma; es necesario contextualizarlos. La familia necesita saber que, ante estas situaciones, no debe continuar indefinidamente con medidas domiciliarias, sino solicitar valoración profesional. Cuando el episodio se atiende en urgencias o tras una consulta de alta demanda, puede ser útil dejar por escrito un recordatorio breve para disminuir olvidos posteriores.

Papel de Enfermería en la intervención educativa

La función enfermera abarca valoración, priorización del mensaje, demostración de la técnica, apoyo emocional y evaluación final del aprendizaje. En niños pequeños, la observación clínica y la entrevista a los cuidadores se complementan de manera natural. La enfermera interpreta necesidades de información, identifica barreras de comprensión y adapta la enseñanza sin perder coherencia ni seguridad.

Además, Enfermería actúa como nexo entre los distintos momentos asistenciales. La consistencia del mensaje entre atención primaria, urgencias y seguimiento favorece confianza y adherencia. Cuando existen instrucciones contradictorias o insuficientemente explicadas, la familia puede optar por soluciones intuitivas o abandonar precozmente la rehidratación oral. Por ello, la claridad comunicativa forma parte del cuidado.

Evaluación del aprendizaje y seguimiento

La evaluación puede realizarse mediante preguntas abiertas y demostración inversa. Resulta útil pedir al cuidador que explique cómo ofrecerá la solución de rehidratación en casa, qué hará si el niño vomita una toma y qué cambios observará durante las horas siguientes. Esta estrategia permite detectar malentendidos con mayor precisión que una simple pregunta de cierre.

Cuando el contexto asistencial lo permite, un refuerzo posterior, telefónico o presencial, puede consolidar la enseñanza y resolver incidencias tempranas. El seguimiento es especialmente recomendable en lactantes, en niños con episodios de mala tolerancia o en familias que expresan inseguridad para manejar el proceso en el domicilio. La continuidad no implica medicalizar el cuidado familiar, sino sostenerlo de forma proporcionada.

Discusión/Conclusiones

La educación sanitaria a cuidadores sobre rehidratación oral representa una intervención enfermera de alta aplicabilidad clínica por su relación directa con la seguridad del niño, la autonomía familiar y la prevención de complicaciones derivadas de un manejo inadecuado. Su valor no reside únicamente en transmitir información, sino en convertir esa información en capacidad operativa. Entre saber que un niño debe hidratarse y poder hacerlo correctamente en casa existe un espacio educativo que Enfermería está especialmente preparada para abordar.

Uno de los principales desafíos es evitar mensajes excesivamente generales. Instrucciones como “que beba mucho” o “vigilen si empeora” resultan poco útiles cuando no se traducen en acciones concretas y observables. Del mismo modo, una enseñanza técnicamente correcta puede fracasar si no se adapta al nivel de comprensión del cuidador o si se ofrece en un momento de alta ansiedad. La personalización del mensaje, la demostración práctica y la verificación de la comprensión deberían considerarse elementos centrales del proceso educativo.

Otro aspecto de interés es la necesidad de coherencia interprofesional. La familia interpreta la información recibida como un todo asistencial, no como aportaciones fragmentadas por categoría profesional. Cuando el consejo enfermero se integra en un discurso clínico común, la adherencia mejora y disminuye la confusión. En este sentido, disponer de materiales homogéneos y mensajes consensuados puede favorecer la continuidad, siempre que se conserve la flexibilidad necesaria para adaptarlos a cada situación.

También deben reconocerse las limitaciones del abordaje educativo. No todas las gastroenteritis infantiles son susceptibles del mismo grado de manejo domiciliario, y no todas las familias presentan las mismas posibilidades de observación o cuidado. La intervención educativa no sustituye la valoración clínica del estado de hidratación ni la reevaluación cuando aparecen signos de empeoramiento. Su utilidad depende de una adecuada selección del momento asistencial, de la situación clínica del niño y de la capacidad real de la familia para aplicar las recomendaciones.

Desde una perspectiva de práctica enfermera, este tipo de programa refuerza competencias nucleares: comunicación terapéutica, promoción de la salud, educación del paciente y familia, acompañamiento en el cuidado y continuidad asistencial. Además, favorece un modelo menos centrado en la respuesta puntual y más orientado a la capacitación de los cuidadores. Esto resulta particularmente pertinente en procesos frecuentes y autolimitados, donde la evolución se desarrolla mayoritariamente fuera del sistema sanitario.

La incorporación sistemática de intervenciones educativas breves sobre rehidratación oral puede mejorar la calidad del cuidado si se mantiene una perspectiva prudente, individualizada y centrada en la familia. La efectividad del programa no depende de la complejidad de los materiales, sino de la pertinencia del mensaje, de la claridad en su transmisión y de la capacidad para confirmar que ha sido comprendido. En la gastroenteritis infantil, enseñar bien es también una forma de cuidar.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Leung AK, Hon KL. Paediatrics: how to manage viral gastroenteritis.. Drugs Context. 2021;10. doi: https://doi.org/10.7573/dic.2020-11-7
  2. Sundberg MJ, Parver S, Morin M, Stack AM. An Intervention to Improve Caregiver Adherence to Oral Rehydration Therapy.. Pediatr Qual Saf. 2017;2(3):e020. doi: https://doi.org/10.1097/pq9.0000000000000020
  3. Mawela MP, de Villiers FP. The effect of admission on oral rehydration-related knowledge.. Ann Trop Paediatr. 1999;19(1):75-81. doi: https://doi.org/10.1080/02724939992680
  4. Freedman SB, Deiratany S, Goldman RD, Benseler S. Development of a Caregiver Gastroenteritis Knowledge Questionnaire.. Ambul Pediatr. 2008;8(4):261-5. doi: https://doi.org/10.1016/j.ambp.2008.02.003
  5. Bachrach LR, Gardner JM. Caregiver knowledge, attitudes, and practices regarding childhood diarrhea and dehydration in Kingston, Jamaica.. Rev Panam Salud Publica. 2002;12(1):37-44. doi: https://doi.org/10.1590/s1020-49892002000700006
  6. Koslap-Petraco MB. Homecare issues in rotavirus gastroenteritis.. J Am Acad Nurse Pract. 2006;18(9):422-8. doi: https://doi.org/10.1111/j.1745-7599.2006.00150.x
  7. Jones S. A clinical pathway for pediatric gastroenteritis.. Gastroenterol Nurs. 2003;26(1):7-18. doi: https://doi.org/10.1097/00001610-200301000-00003
  8. Henrik S, Janka S, David M, Vagedes J, Ágnes K, Zoltán K, et al.. Proctoclysis for rehydration in children – A scoping review and a pilot survey among medical doctors.. Complement Ther Med. 2022;71:102902. doi: https://doi.org/10.1016/j.ctim.2022.102902
  9. Rahman S, Aszkenasy OM. Management of childhood gastroenteritis in the community.. Public Health. 2001;115(4):292-4. doi: https://doi.org/10.1038/sj/ph/1900767
  10. Mackenzie A, Barnes G. Randomised controlled trial comparing oral and intravenous rehydration therapy in children with diarrhoea.. BMJ. 1991;303(6799):393-6. doi: https://doi.org/10.1136/bmj.303.6799.393
  11. Elliott EJ, Backhouse JA, Leach JW. Pre-admission management of acute gastroenteritis.. J Paediatr Child Health. 1996;32(1):18-21. doi: https://doi.org/10.1111/j.1440-1754.1996.tb01534.x
Scroll al inicio