Care and follow-up guide for long-standing venous ulcer
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:423
Autor principal (primer firmante): Isabel Gómez Cordero
Fecha recepción: 22/08/26
Fecha aceptación: 19/09/26
Fecha de publicación: 23/09/26
Ref.: CADICE. 2026;1(9):423
Autores:
Isabel Gómez Cordero
Adrián López Herrera
Teresa Molina García
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Intervenciones de Enfermería; Estomas quirúrgicos; Cicatrización de heridas; Insuficiencia venosa; Apósitos; Úlcera venosa; Vendaje compresivo; Valoración de Enfermería; Protocolos clínicos; Piel
Keywords: Nursing Interventions; Surgical Stomas; Wound Healing; Venous Insufficiency; Bandages; Varicose Ulcer; Compression Bandages; Nursing Assessment; Clinical Protocols; Skin
Resumen
Introducción: La úlcera venosa de larga evolución constituye un problema frecuente en la práctica enfermera por su tendencia a la cronicidad, la recurrencia, el dolor, el exudado y la afectación funcional y psicosocial que puede generar. Su abordaje requiere una valoración integral, continuidad asistencial y una planificación de cuidados centrada tanto en la lesión como en la etiología venosa y en la situación global de la persona.
Objetivos: Describir una guía de actuación enfermera orientativa para la valoración, las curas locales y el seguimiento de la úlcera venosa de larga evolución, incorporando criterios de seguridad, educación sanitaria y evaluación evolutiva.
Metodología: Se presenta una guía de intervención de carácter práctico basada en el proceso de Enfermería y en principios generales ampliamente aceptados para el manejo de heridas crónicas de probable etiología venosa. El contenido se organiza en valoración inicial, planificación, tratamiento local, compresión, seguimiento y criterios de reevaluación clínica.
Resultados: La actuación enfermera debe comenzar por la confirmación razonable de la sospecha etiológica y la detección de signos de alarma. La valoración de la extremidad, de la herida, de la piel circundante, del dolor, del edema y de la capacidad de autocuidado orienta la selección del plan terapéutico. Las curas locales deben mantener un entorno húmedo controlado, proteger la piel perilesional, manejar el exudado y favorecer la tolerancia al procedimiento. La terapia compresiva, cuando no existan contraindicaciones y tras la valoración pertinente, puede contribuir al control del edema y a la evolución favorable. El seguimiento estructurado facilita detectar estancamiento, infección local, dermatitis asociada, mala adherencia o necesidad de derivación.
Discusión/Conclusiones: El cuidado de la úlcera venosa de larga evolución no debe reducirse al cambio de apósito. La efectividad del abordaje depende de la integración entre valoración clínica, técnica de cura, compresión, educación sanitaria y continuidad. Se trata de una guía orientativa que debe adaptarse al protocolo del centro, a los recursos disponibles y a la respuesta individual de cada paciente.
Abstract
Introduction: Long-standing venous leg ulcers are a common challenge in nursing practice due to chronicity, recurrence, pain, exudate, and their impact on function and quality of life. Their management requires comprehensive assessment, continuity of care, and a care plan focused on both the wound and the underlying venous disorder.
Objectives: To describe a practical nursing guide for assessment, local wound care, and follow-up of long-standing venous ulcers, including safety criteria, health education, and outcome monitoring.
Methodology: A practice-oriented intervention guide is presented, structured according to the nursing process and general principles commonly used in chronic wound management with likely venous etiology. The content is organized into initial assessment, planning, local treatment, compression, follow-up, and criteria for clinical reassessment.
Results: Nursing management should begin with a reasonable etiological assessment and the identification of warning signs. Evaluation of the limb, wound bed, periwound skin, pain, edema, and self-care ability helps guide the therapeutic plan. Local wound care should maintain a controlled moist environment, protect periwound skin, manage exudate, and improve tolerance to dressing changes. Compression therapy, when not contraindicated and after appropriate assessment, may help reduce edema and support wound progression. Structured follow-up makes it easier to detect delayed healing, local infection, dermatitis, poor adherence, or the need for referral.
Discussion/Conclusions: Management of a long-standing venous ulcer should not be limited to dressing replacement. Effective care depends on integrating clinical assessment, wound care technique, compression, health education, and continuity of care. This guide is intended as professional guidance and should be adapted to local protocols, available resources, and individual patient response.
Introducción
La úlcera venosa es una lesión cutánea crónica, habitualmente localizada en el tercio distal de la pierna, que aparece en el contexto de insuficiencia venosa y alteraciones mantenidas de la microcirculación. Cuando la evolución se prolonga, el problema trasciende la dimensión local de la herida y se convierte en una situación compleja de cuidados: la persona puede presentar edema persistente, dolor, limitación para la marcha, alteraciones del sueño, dificultades para el autocuidado y una carga emocional vinculada a la duración del proceso y a las recidivas.
En este escenario, la Enfermería ocupa una posición central. La valoración periódica de la extremidad, la identificación de factores que retrasan la cicatrización, la aplicación técnica de las curas y de la compresión, la educación sanitaria y la continuidad asistencial son componentes inseparables del manejo. Reducir la intervención a la elección de un apósito suele resultar insuficiente, especialmente cuando existen antecedentes de larga evolución, piel perilesional frágil, exudado abundante o baja adherencia terapéutica.
La práctica clínica muestra además una notable heterogeneidad en la presentación de estas lesiones. Algunas personas consultan con una úlcera de escasa profundidad pero muy exudativa; otras presentan bordes inflamados, maceración, eccema venoso o dolor intenso durante las curas. En ocasiones, la lesión inicialmente considerada venosa puede coexistir con otros componentes etiológicos o con problemas que obligan a revisar el planteamiento inicial. Por ello, toda guía útil debe partir de la prudencia clínica y de la reevaluación constante.
La denominación de larga evolución obliga a prestar atención no solo al estado actual de la lesión, sino también a su trayectoria: tratamientos previos, respuesta a la compresión, episodios infecciosos, adherencia, soporte familiar, movilidad y acceso a seguimiento profesional. El abordaje enfermero debe entenderse como un proceso dinámico, individualizado y coordinado con el resto del equipo asistencial, evitando protocolos rígidos que no contemplen la variabilidad clínica.
Este artículo desarrolla una guía orientativa de curas y seguimiento para úlcera venosa de larga evolución dirigida a profesionales de Enfermería. El propósito es ofrecer un marco práctico, aplicable a distintos entornos asistenciales, que priorice la seguridad del paciente, la coherencia técnica y la calidad del cuidado.
Objetivos
Describir una guía de actuación enfermera para la atención de personas con úlcera venosa de larga evolución que integre valoración inicial, planificación de cuidados, curas locales, terapia compresiva, seguimiento evolutivo y educación sanitaria.
De forma específica, se pretende:
- Orientar la valoración enfermera de la lesión, la extremidad afectada y la situación general de la persona.
- Identificar elementos clínicos que apoyan la sospecha de etiología venosa y signos que aconsejan ampliar la valoración o derivar.
- Organizar las curas locales en función del tejido presente, el nivel de exudado, el estado de la piel perilesional y la tolerancia al procedimiento.
- Describir criterios generales para el uso prudente de la compresión y para la vigilancia de su tolerancia.
- Proponer un esquema de seguimiento clínico centrado en la evolución de la herida, la adherencia y la prevención de complicaciones.
- Resaltar el papel de la educación para el autocuidado y la prevención de recurrencias.
Metodología
Se elabora una guía de intervención orientativa estructurada mediante el proceso de Enfermería y centrada en el abordaje de la úlcera venosa de larga evolución en ámbito ambulatorio, atención primaria, consulta de heridas o continuidad asistencial. El contenido no se plantea como un protocolo cerrado, sino como un marco clínico general susceptible de adaptación a la organización del centro, a la disponibilidad de materiales y a las características de cada paciente.
La propuesta se articula en cinco ejes: valoración inicial, definición de objetivos de cuidados, intervención local sobre la herida, manejo del edema mediante compresión cuando proceda y seguimiento clínico programado. Se incorporan, además, consideraciones sobre control del dolor, protección de la piel, educación sanitaria y criterios de reevaluación. El enfoque prioriza la seguridad clínica y la toma de decisiones prudente ante lesiones de evolución prolongada.
En la valoración se contemplan antecedentes relevantes, características del miembro inferior, morfología de la lesión, estado de la piel perilesional, signos de posible infección local, nivel de exudado, dolor y capacidad funcional. La guía asume que la atención a una herida crónica exige observación seriada y registro sistemático, de modo que las decisiones sobre cambios en el plan de cuidados se fundamenten en la evolución y no solo en la apariencia puntual de la lesión.
También se considera la coordinación interprofesional. La persona con úlcera venosa de larga evolución puede precisar evaluación médica para confirmar etiología, ajustar tratamiento de base, revisar comorbilidades, estudiar mala evolución o valorar complicaciones. Desde Enfermería, el objetivo es facilitar una atención coherente, continua y centrada en resultados clínicos realistas.
Resultados
Valoración inicial y confirmación razonable de la sospecha venosa
El primer paso consiste en realizar una valoración clínica completa. Deben recogerse antecedentes de insuficiencia venosa, varices, episodios previos de úlceras en miembros inferiores, edema crónico, trombosis venosa previa si consta, inmovilidad relativa, obesidad, tratamientos habituales y comorbilidades que puedan interferir en la cicatrización. También resulta útil conocer el tiempo de evolución de la lesión, las curas previas, los productos utilizados y la respuesta observada.
La inspección del miembro inferior debe incluir localización de la úlcera, extensión del edema, cambios cutáneos compatibles con hipertensión venosa, estado de la piel, temperatura, dolor referido, presencia de exudado y características de los bordes. En las úlceras de probable etiología venosa suele observarse una localización maleolar o en la región distal de la pierna, con edema asociado y alteraciones cutáneas de larga data. No obstante, la etiología debe revisarse si la lesión presenta rasgos atípicos, dolor desproporcionado, localización no habitual, necrosis extensa o empeoramiento a pesar del tratamiento correcto.
Antes de instaurar o mantener terapia compresiva es necesario valorar la perfusión distal según los procedimientos disponibles en el entorno asistencial y conforme al protocolo vigente del centro. Si existen datos de sospecha de compromiso arterial, empeoramiento con la compresión, frialdad distal, cambios llamativos de coloración o dolor no concordante con la evolución esperada, debe ampliarse la valoración clínica.
Valoración de la herida y de la piel perilesional
La herida debe valorarse de forma sistemática en cada cura. Conviene registrar tamaño aproximado, profundidad visible, tipo de tejido predominante, cantidad y aspecto del exudado, olor, integridad de bordes, presencia de esfacelos, tejido de granulación, hiperqueratosis o signos de maceración. La observación seriada permite identificar si la lesión progresa, se mantiene estancada o presenta deterioro.
La piel perilesional requiere atención específica. En las úlceras venosas de larga evolución es frecuente encontrar fragilidad cutánea, dermatitis asociada a humedad, eccema venoso, descamación, prurito y maceración por exudado. La protección de esta zona no es un gesto accesorio, sino una parte esencial del plan de cuidados, ya que la ampliación del daño cutáneo puede dificultar el control del dolor, favorecer nuevas lesiones y comprometer la adherencia al tratamiento.
Debe valorarse igualmente el dolor basal y el dolor asociado a las curas. Una técnica adecuada, el uso de materiales acordes al nivel de exudado y la minimización de maniobras traumáticas pueden mejorar la tolerancia. En pacientes con dolor persistente, la planificación de la cura puede coordinarse con el tratamiento analgésico pautado para reducir el malestar durante el procedimiento.
Objetivos asistenciales en la úlcera venosa de larga evolución
Los objetivos de cuidados deben ser realistas y reevaluables. Entre ellos se incluyen favorecer la progresión de la cicatrización, controlar el edema, reducir el exudado, proteger la piel circundante, disminuir el dolor, prevenir complicaciones locales y mejorar la adherencia a la compresión y al autocuidado. En lesiones muy cronificadas, puede ser necesario plantear metas intermedias, como estabilizar la herida, reducir el deterioro perilesional o mejorar la tolerancia a las curas antes de esperar avances evidentes en el cierre.
La formulación de objetivos debe incorporar la situación funcional y social. La persona que vive sola, tiene movilidad limitada o presenta dificultades para colocarse sistemas compresivos puede necesitar un plan distinto al de un paciente con mayor autonomía. El éxito del tratamiento depende en parte de que las indicaciones sean aplicables en la vida diaria.
Curas locales: principios prácticos
La limpieza de la lesión debe realizarse con técnica limpia o estéril según el contexto asistencial y el estado de la herida, evitando maniobras agresivas. El objetivo es retirar restos de exudado, material desvitalizado superficial y residuos del apósito previo sin lesionar el tejido viable. El secado de la piel perilesional debe ser cuidadoso, sin fricción intensa.
La elección del apósito debe responder a la valoración clínica y no a una preferencia rutinaria. En presencia de exudado moderado o abundante puede ser necesario un material con capacidad de absorción suficiente para evitar fugas y maceración. Si el lecho presenta bajo exudado o tendencia al desecamiento, conviene preservar un ambiente húmedo controlado que no favorezca la adherencia traumática del material. Cuando existan esfacelos o fibrina, las medidas locales deben orientarse a facilitar el avance hacia un lecho más limpio, siempre dentro de las competencias y protocolos del entorno.
La frecuencia de cambio del apósito debe individualizarse. Un recambio demasiado espaciado puede aumentar maceración, olor o incomodidad; uno excesivamente frecuente puede alterar el lecho, aumentar el dolor y dificultar la continuidad del proceso reparador. El equilibrio entre absorción, confort y observación clínica es una decisión eminentemente enfermera.
En la piel perilesional puede ser útil aplicar productos barrera o emolientes adecuados, evitando la sobrecarga de humedad y la irritación. Si se detecta dermatitis, prurito intenso o eccema venoso, la situación debe revisarse de forma específica, ya que el mal control de la piel circundante empeora la experiencia del paciente y puede interferir en la adhesión de apósitos o vendajes.
Desbridamiento y manejo del tejido no viable
La presencia de tejido no viable puede dificultar la evolución de la herida y la valoración correcta del lecho. El abordaje debe individualizarse según extensión, dolor, perfusión, exudado, tolerancia del paciente y competencias profesionales. En lesiones venosas de larga evolución, no todas las heridas requieren el mismo tipo de desbridamiento ni con la misma intensidad. En algunos casos bastará con medidas de limpieza y control de humedad; en otros puede valorarse un abordaje más activo dentro del marco competencial y organizativo correspondiente.
Antes de proceder a maniobras de desbridamiento es necesario revisar la etiología, la perfusión y el riesgo de sangrado o dolor. La prudencia es especialmente importante cuando la lesión presenta características atípicas, signos de isquemia o escasa tolerancia al procedimiento. La observación del comportamiento del lecho en curas sucesivas suele aportar información útil para decidir si la estrategia empleada resulta adecuada.
Terapia compresiva y vigilancia de su tolerancia
La compresión constituye una medida terapéutica de especial relevancia en la úlcera venosa, siempre que haya sido valorada como adecuada para la situación clínica. Su finalidad principal es mejorar el retorno venoso, controlar el edema y favorecer un entorno más propicio para la cicatrización. Sin embargo, su uso no debe automatizarse ni aplicarse de forma indiscriminada.
La elección entre vendaje compresivo y otros sistemas depende de la valoración clínica, del entrenamiento profesional, de la morfología de la pierna, del volumen de exudado, de la tolerancia del paciente y de la disponibilidad del centro. Una colocación incorrecta puede generar molestias, deslizamientos, puntos de presión o baja adherencia. Por ello, además de la técnica, es importante explicar al paciente el objetivo del tratamiento y las señales de alarma que deben motivar consulta precoz.
Tras la aplicación de la compresión deben vigilarse dolor creciente, entumecimiento, cambios de coloración, sensación de presión intolerable o empeoramiento distal. También conviene revisar si el vendaje mantiene su función, si se desplaza, si produce pliegues o si favorece lesiones cutáneas. En personas con movilidad limitada, edema muy fluctuante o dificultad para el autocuidado, la supervisión periódica adquiere todavía más importancia.
Educación sanitaria y autocuidado
La educación sanitaria forma parte del tratamiento y no debe relegarse a una recomendación final. Es necesario explicar, con un lenguaje adaptado, la relación entre la enfermedad venosa, el edema y la persistencia de la herida. Comprender esta asociación facilita que la persona otorgue sentido a la compresión, a la elevación de las piernas cuando proceda, al cuidado de la piel y a la asistencia regular a las curas.
Los contenidos educativos pueden incluir higiene e hidratación cutánea, observación diaria de cambios en la piel o en el vendaje, evitación de traumatismos, importancia del movimiento dentro de las posibilidades funcionales, uso correcto del sistema compresivo si el paciente participa en su colocación y necesidad de consultar ante empeoramiento del dolor, aumento del exudado, mal olor persistente, fiebre o deterioro brusco de la lesión.
La adherencia mejora cuando las indicaciones son concretas, repetidas de forma comprensible y adaptadas a la capacidad real de la persona y su entorno. El profesional de Enfermería debe identificar barreras frecuentes: calor y disconfort con la compresión, dificultad para calzarse, temor al dolor durante la cura, cansancio por la larga duración del proceso o problemas sociales que dificultan acudir a seguimiento.
Seguimiento enfermero y evaluación de la evolución
El seguimiento debe programarse con una periodicidad acorde a la situación clínica. En fases de exudado elevado, dolor inestable o ajuste inicial del tratamiento puede requerirse una observación más estrecha. Si la lesión evoluciona favorablemente y el sistema terapéutico se tolera bien, los intervalos pueden adecuarse de forma razonada.
En cada revisión conviene registrar cambios en el tamaño visible de la lesión, aspecto del lecho, volumen de exudado, estado de bordes y piel perilesional, intensidad del dolor, control del edema y tolerancia a la compresión. La comparación entre registros sucesivos permite identificar tendencias, evitar cambios precipitados de tratamiento y detectar de forma temprana situaciones de estancamiento.
La ausencia de progresión tras un periodo de cuidados correctamente aplicados debe motivar una reevaluación más amplia. Es preciso revisar la etiología, la técnica de compresión, la adherencia, la presencia de factores sistémicos, la posibilidad de sobreinfección local o la coexistencia de otras causas de ulceración. La derivación o consulta con otros profesionales puede ser necesaria cuando la respuesta no es la esperada.
Signos de alarma y situaciones que exigen revisión clínica
Durante el seguimiento deben reconocerse signos que aconsejan valoración adicional: aumento llamativo del dolor, deterioro rápido del lecho, extensión de la lesión, sangrado no habitual, inflamación creciente de la piel circundante, celulitis, mal olor persistente asociado a cambios clínicos, fiebre o intolerancia a la compresión. También requieren revisión las lesiones con bordes atípicos, aspecto no concordante con la etiología inicialmente asumida o recurrencias repetidas sin causa aparente.
La seguridad del paciente implica no normalizar la cronicidad. Una úlcera de larga evolución puede llevar a aceptar como esperables ciertos síntomas o retrasos que, en realidad, obligan a replantear el abordaje. El seguimiento enfermero debe combinar continuidad con capacidad crítica para detectar cuándo la evolución deja de ser compatible con el curso previsto.
Discusión/Conclusiones
La atención enfermera a la úlcera venosa de larga evolución exige un enfoque integral y sostenido. La lesión visible es solo una parte del problema: la hipertensión venosa, el edema, la fragilidad cutánea, la experiencia de dolor y la dificultad para mantener tratamientos prolongados influyen de forma directa en la evolución. Por ello, una estrategia centrada exclusivamente en el producto de cura suele tener un rendimiento limitado.
La guía propuesta refuerza varios principios prácticos. El primero es la necesidad de una valoración inicial rigurosa y de sucesivas reevaluaciones. Identificar la probable etiología venosa, reconocer hallazgos no habituales y verificar la tolerancia a la compresión son pasos previos a cualquier decisión técnica. El segundo principio es la individualización: la misma lesión puede requerir planes distintos según el exudado, la situación funcional, la piel perilesional o la capacidad de autocuidado.
Otro aspecto relevante es la continuidad. Las heridas de larga evolución se benefician de un registro clínico ordenado y de criterios homogéneos entre profesionales. La observación seriada del lecho, del edema y de la piel perilesional permite interpretar mejor la respuesta al tratamiento y evita modificaciones innecesarias o contradictorias. Del mismo modo, la educación sanitaria sostenida en el tiempo favorece la adherencia más que las indicaciones puntuales.
También debe subrayarse que la compresión, aun siendo una medida de especial importancia en la úlcera venosa, no sustituye a la valoración clínica global. Su indicación, su modalidad y su vigilancia deben adaptarse al contexto asistencial y a la situación del paciente. La detección precoz de mala tolerancia o de datos clínicos discordantes forma parte del cuidado seguro.
Como orientación profesional, esta guía debe integrarse en los circuitos y protocolos de cada centro. La disponibilidad de materiales, la experiencia del equipo, la posibilidad de seguimiento estrecho y la coordinación con otros profesionales condicionan la implementación práctica. Pese a ello, el marco general se mantiene: valorar de forma integral, curar con objetivos definidos, comprimir cuando proceda, proteger la piel, registrar la evolución y revisar el plan ante cualquier signo de estancamiento o alarma.
En pacientes con úlcera venosa de larga evolución, el papel de la Enfermería resulta especialmente relevante para sostener tratamientos prolongados, anticipar complicaciones y convertir cada contacto asistencial en una oportunidad de evaluación y educación. Cuando este abordaje se desarrolla con coherencia y continuidad, puede contribuir de forma significativa a mejorar la evolución de la herida, el confort y la capacidad de autocuidado.
Conflicto de intereses
Los autores manifiestan que no existe ningún conflicto de intereses que haya podido influir en el contenido del presente trabajo.
Financiación
La elaboración de este artículo no contó con financiación externa pública ni privada.
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