Valoración del dolor agudo tras artroplastia y ajuste del plan de cuidados enfermeros

Assessment of acute pain after arthroplasty and adjustment of the nursing care plan

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 9 – Septiembre 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 9:424

Autor principal (primer firmante): Marta Vidal Herrera

Fecha recepción: 13/08/26

Fecha aceptación: 17/09/26

Fecha de publicación: 23/09/26

Ref.: CADICE. 2026;1(9):424

Autores:
Marta Vidal Herrera
Raúl Gómez Salcedo
Irene Campos Núñez
David León Morales
Paula Ríos Fuentes

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Analgesia; Hospitalización; Continuidad asistencial; Proceso de Enfermería; Movilidad; Atención hospitalaria; Cuidados de Enfermería; Dolor agudo; Seguridad del paciente; Artroplastia

Keywords: Analgesia; Hospitalization; Continuity of Patient Care; Nursing Process; Mobility Limitation; Hospital Care; Nursing Care; Acute Pain; Patient Safety; Arthroplasty

Resumen

Introducción: El dolor agudo tras una artroplastia condiciona la movilización precoz, la tolerancia a la rehabilitación, el descanso y la percepción de seguridad durante la hospitalización. Su abordaje enfermero requiere una valoración continuada, integrada en el proceso de cuidados y orientada tanto al alivio sintomático como a la prevención de complicaciones derivadas de la inmovilidad, la ansiedad o el uso de analgesia.

Objetivos: Describir la valoración enfermera del dolor agudo en el postoperatorio de artroplastia y analizar cómo el reajuste del plan de cuidados puede favorecer una mejor respuesta analgésica, una movilización más segura y una transición asistencial más ordenada.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. Se recoge la valoración inicial, la evolución del dolor durante las primeras horas y los días posteriores, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones y el seguimiento clínico orientado a la continuidad asistencial.

Resultados: La valoración mostró dolor de predominio mecánico, limitación funcional, miedo al movimiento y sueño interrumpido, con impacto sobre la deambulación y la participación en los cuidados. El plan inicial se reajustó mediante reevaluación del dolor en reposo y movimiento, coordinación con el equipo para optimizar la analgesia prescrita, medidas no farmacológicas, educación terapéutica, vigilancia de efectos adversos y refuerzo del acompañamiento durante la movilización. La evolución fue favorable, con mejor tolerancia al cambio postural, mayor colaboración en la sedestación y la marcha asistida, y preparación más adecuada para el alta.

Discusión/Conclusiones: El dolor agudo tras artroplastia no debe interpretarse solo como un síntoma postoperatorio esperado, sino como un fenómeno clínico dinámico con repercusión directa sobre la seguridad, la funcionalidad y la experiencia del paciente. La valoración enfermera periódica y el ajuste individualizado del plan de cuidados pueden contribuir a una recuperación más segura y a una continuidad asistencial mejor orientada.

Abstract

Introduction: Acute pain after arthroplasty affects early mobilization, tolerance to rehabilitation, rest, and the patient’s sense of safety during hospitalization. Nursing management requires ongoing assessment integrated into the nursing process and focused on symptom relief as well as on preventing complications related to immobility, anxiety, or analgesic treatment.

Objectives: To describe nursing assessment of acute pain in the postoperative period after arthroplasty and to analyse how adjustment of the care plan may improve pain control, safer mobilization, and continuity of care.

Methodology: A hospital-based clinical situation is presented and organized through the nursing process. Initial assessment, pain progression during the first postoperative period, identification of care problems, care planning, interventions, and follow-up oriented to continuity of care are described.

Results: Assessment identified mainly movement-related pain, functional limitation, fear of movement, and disrupted sleep, all of which interfered with ambulation and participation in care. The initial plan was adjusted through repeated pain assessment at rest and during movement, coordination with the team to optimize prescribed analgesia, non-pharmacological measures, therapeutic education, monitoring of adverse effects, and support during mobilization. Clinical progression was favourable, with improved tolerance to repositioning, better participation in sitting and assisted walking, and more appropriate discharge preparation.

Discussion/Conclusions: Acute pain after arthroplasty should not be understood only as an expected postoperative symptom, but as a dynamic clinical problem with direct impact on safety, function, and patient experience. Periodic nursing assessment and individualized adjustment of the care plan may support safer recovery and better continuity of care.

Introducción

La artroplastia se asocia a un postoperatorio en el que convergen dolor agudo, limitación de la movilidad, necesidad de vigilancia clínica estrecha y objetivos de recuperación funcional temprana. En este contexto, la Enfermería ocupa una posición central, ya que mantiene una observación continuada de la respuesta del paciente, detecta cambios en la intensidad y características del dolor, valora la tolerancia a la movilización y participa en la coordinación del tratamiento analgésico y del plan de rehabilitación.

La experiencia dolorosa en las primeras horas y días tras una cirugía protésica no es homogénea. Puede variar según el momento de la movilización, el reposo, el tipo de actividad, el estado emocional, la calidad del sueño, la presencia de drenajes o dispositivos, y la expectativa del paciente sobre su recuperación. Por ello, una valoración centrada solo en una escala puntual puede resultar insuficiente. El dolor debe interpretarse en relación con su localización, patrón temporal, factores desencadenantes, repercusión funcional y respuesta a las medidas terapéuticas instauradas.

Desde la práctica enfermera, el control del dolor agudo tras artroplastia no se limita a la administración de analgésicos prescritos. Implica anticipar situaciones de dolor incidental, favorecer cambios posturales seguros, preparar al paciente para la movilización, identificar barreras para la participación activa y vigilar efectos adversos que puedan interferir con la recuperación. También obliga a reconocer que el mal control del dolor puede traducirse en evitación del movimiento, dependencia aumentada para las actividades básicas, mayor inquietud, peor descanso y dificultades en la transición al domicilio o a otros dispositivos asistenciales.

La continuidad asistencial añade otra dimensión al problema. Lo observado por Enfermería durante la hospitalización temprana condiciona la planificación del alta, la información que recibe el paciente y la familia y la coordinación con profesionales que continuarán el seguimiento. Una descripción clara del patrón del dolor, de las medidas que han resultado útiles y de los factores que limitan la movilización facilita una atención más coherente y segura.

El presente artículo desarrolla una situación clínica centrada en la valoración del dolor agudo tras artroplastia y en el reajuste del plan de cuidados enfermeros, con especial atención a la relación entre analgesia, movilidad y seguridad del paciente durante la hospitalización.

Objetivos

El objetivo general es analizar el abordaje enfermero del dolor agudo en una persona intervenida de artroplastia durante el periodo de hospitalización inmediata, mostrando cómo la valoración clínica continuada orienta la adaptación del plan de cuidados.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Describir una valoración enfermera integral del dolor postoperatorio, incorporando dimensiones sensoriales, funcionales y emocionales.
  • Identificar problemas de cuidados asociados al dolor, la movilidad limitada y la seguridad del paciente.
  • Examinar intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar la respuesta analgésica y la tolerancia a la movilización.
  • Analizar la importancia de la reevaluación periódica y de la coordinación interprofesional en el ajuste del plan de cuidados.
  • Relacionar la evolución clínica con la preparación para la continuidad asistencial tras el alta hospitalaria.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito hospitalario estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración inicial en la unidad de hospitalización tras artroplastia, la identificación de necesidades alteradas y problemas de cuidados, la planificación de intervenciones, la aplicación de medidas de seguimiento y la evaluación evolutiva en los días posteriores.

La valoración se apoya en entrevista clínica, observación directa, revisión del contexto postoperatorio y análisis de la respuesta del paciente a la actividad y al tratamiento indicado. Se consideraron, de forma integrada, los siguientes elementos:

  • Características del dolor: localización en el área intervenida, inicio, patrón de aparición, relación con el reposo o con el movimiento y repercusión subjetiva.
  • Impacto funcional: cambios posturales, sedestación, bipedestación, marcha asistida y participación en cuidados básicos.
  • Manifestaciones asociadas: expresión facial de malestar, tensión anticipatoria, temor a la movilización, alteración del sueño y disminución de la ingesta por incomodidad.
  • Respuesta a la analgesia prescrita y a medidas no farmacológicas.
  • Presencia de efectos no deseados con potencial repercusión sobre seguridad clínica, como somnolencia excesiva, náuseas, estreñimiento o mareo.
  • Capacidad para comprender indicaciones, colaborar con los cuidados y asumir recomendaciones de autocuidado.

La situación clínica corresponde a una mujer de 72 años, identificada como M.R., ingresada para artroplastia de cadera. Presentaba antecedentes habituales en este grupo de edad, sin datos de deterioro cognitivo ni barreras de comunicación relevantes. Antes del ingreso mantenía cierta autonomía para las actividades básicas, aunque refería limitación progresiva de la movilidad por dolor articular previo. Tras la intervención fue trasladada a planta hemodinámicamente estable, con indicación de analgesia prescrita, vigilancia postoperatoria, prevención de complicaciones y movilización según tolerancia y criterio del equipo asistencial.

La formulación de los problemas de cuidados se realizó con lenguaje enfermero estandarizado cuando resultó pertinente desde la práctica clínica, priorizando el dolor agudo, el deterioro de la movilidad física, el riesgo de complicaciones derivadas de la inmovilidad y la necesidad de educación para el afrontamiento del postoperatorio inmediato. La planificación se mantuvo abierta a reajustes en función de la evolución y de la respuesta observada.

Resultados

Valoración inicial tras la llegada a la unidad

En las primeras horas de ingreso en planta, M.R. se mostraba consciente, orientada y colaboradora, aunque con expresión de malestar al realizar pequeños desplazamientos en la cama. Verbalizaba dolor localizado en la cadera intervenida, más intenso con el movimiento que en reposo, y describía preocupación por “no poder moverse sin hacerse daño”. Esta anticipación negativa condicionaba una actitud defensiva ante los cambios posturales y una tendencia a evitar la movilización espontánea.

La observación enfermera puso de manifiesto varios elementos relevantes. En reposo el dolor era tolerable, pero aumentaba de forma clara durante el giro en cama, la elevación del tronco y los intentos iniciales de sedestación. La paciente solicitaba ayuda antes de movilizarse, presentaba rigidez voluntaria y centraba su atención en el posible dolor que aparecería durante la actividad. También refería descanso nocturno fragmentado, sensación de cansancio y miedo a no poder colaborar en la rehabilitación.

Desde el punto de vista funcional, necesitaba apoyo para el aseo en cama y para los cambios posturales. La limitación de la movilidad se explicaba no solo por la cirugía, sino por la interacción entre dolor, temor al movimiento y desconocimiento inicial sobre cómo proteger la extremidad intervenida. Esta combinación aumentaba el riesgo de dependencia transitoria y podía dificultar la progresión prevista hacia la sedestación y la deambulación asistida.

Identificación de problemas de cuidados

La prioridad enfermera inicial fue el dolor agudo relacionado con el procedimiento quirúrgico y manifestado por verbalización de dolor, evitación del movimiento, gestos de defensa y limitación funcional. Junto a ello se identificó deterioro de la movilidad física en relación con la cirugía y con la respuesta dolorosa, así como riesgo de caídas durante las primeras movilizaciones, especialmente si coexistían mareo, inseguridad o sedación relacionada con la analgesia.

Se consideró igualmente relevante la alteración del patrón de sueño asociada al dolor y a la dinámica asistencial del postoperatorio, dado que la falta de descanso puede empeorar la tolerancia al malestar y reducir la capacidad de participación en los cuidados. Aunque no se objetivaron signos de desorientación ni complicaciones inmediatas, la paciente mostraba ansiedad situacional vinculada al temor a moverse y a la incertidumbre sobre su recuperación.

En este escenario, el plan de cuidados requería equilibrar alivio del dolor, preservación de la seguridad y promoción de la movilidad. Una actitud exclusivamente centrada en el reposo hubiera favorecido evitación del movimiento y mayor dependencia, mientras que una movilización no acompañada de valoración previa y analgesia suficiente hubiera incrementado el rechazo al tratamiento rehabilitador.

Plan de cuidados inicial

Las primeras intervenciones se orientaron a establecer una base de seguridad y confianza. Se realizó explicación breve y comprensible sobre el origen esperable del dolor postoperatorio y sobre la importancia de comunicar su intensidad antes de que alcanzara un nivel difícil de tolerar. La paciente fue informada de que la valoración del dolor se repetiría antes y después de las movilizaciones, con el objetivo de adaptar mejor los cuidados.

En coordinación con la prescripción médica, Enfermería administró la analgesia pautada y vigiló la respuesta clínica, prestando atención a somnolencia, náuseas, mareo o estreñimiento. Paralelamente, se instauraron medidas no farmacológicas sencillas: colocación adecuada en cama, protección de la extremidad intervenida durante los cambios posturales, ambiente lo más tranquilo posible y guía verbal anticipatoria antes de cada movimiento. Estas actuaciones buscaban reducir el componente de dolor incidental y mejorar la sensación de control.

Se planificó ayuda en las actividades básicas, pero evitando suplencias innecesarias. La intención era mantener a la paciente como participante activa del proceso, favoreciendo que identificara movimientos mejor tolerados y que expresara cuándo necesitaba pausa o reajuste. También se programó la movilización de manera coordinada con el momento de mayor efecto analgésico, para optimizar la tolerancia a la sedestación y a la bipedestación asistida.

Reevaluación y ajuste del plan de cuidados

Durante el siguiente periodo de observación se comprobó que el dolor permanecía aceptable en reposo, pero seguía interfiriendo de forma importante en la movilización. La paciente mostraba mejor disposición tras la analgesia, aunque continuaba verbalizando miedo al movimiento y solicitando demoras antes de levantarse. Este hallazgo obligó a reformular el enfoque: no bastaba con valorar la intensidad del dolor de forma aislada, sino que era preciso intervenir sobre el patrón de aparición, la anticipación ansiosa y las condiciones en que se realizaba la movilización.

El ajuste del plan incluyó varias modificaciones. En primer lugar, se intensificó la valoración del dolor en relación con actividades concretas: giro en cama, paso a sedestación, transferencia y primeros pasos con ayuda. Esta información permitió identificar mejor cuándo aparecía el pico de dolor y anticipar medidas. En segundo lugar, se reforzó la coordinación interprofesional para revisar el momento de administración de la analgesia prescrita respecto a las sesiones de movilización y fisioterapia, buscando una ventana más favorable para el esfuerzo físico.

En tercer lugar, se amplió la intervención educativa. La paciente recibió instrucciones repetidas y breves sobre cómo colaborar en los cambios posturales, cómo pedir ayuda antes de movilizarse y qué sensaciones podían considerarse esperables. El acompañamiento verbal durante la actividad resultó especialmente útil: se fraccionó la movilización en pasos sencillos, se validó la sensación de dolor sin reforzar conductas evitativas y se explicó qué objetivo perseguía cada movimiento. Esta estrategia redujo la respuesta de bloqueo y facilitó una participación más activa.

Asimismo, se revisaron factores concurrentes. El descanso insuficiente y la incomodidad mantenida entre movilizaciones aumentaban la irritabilidad y la menor tolerancia al dolor. Por ello se reforzó el confort posicional, la agrupación razonable de cuidados para evitar interrupciones innecesarias y la vigilancia del tránsito intestinal y de la tolerancia digestiva, dado que los efectos secundarios del tratamiento podían agravar el malestar general y disminuir la colaboración.

Evolución clínica durante la hospitalización

Tras el reajuste del plan, la paciente comenzó a mostrar mejor adaptación al postoperatorio. Persistía dolor durante determinadas maniobras, pero se observó una disminución de la conducta de evitación. La sedestación pasó de ser un momento de gran tensión a una actividad mejor tolerada cuando se preparaba con antelación, se explicaban los pasos y se realizaba en un entorno de apoyo. La bipedestación asistida se consiguió con mayor confianza, y la marcha con ayuda pudo iniciarse de forma progresiva.

La mejoría no fue lineal ni completa. En algunos momentos, sobre todo tras periodos de descanso prolongado o tras esfuerzos superiores a los habituales, reaparecía mayor dolor y la paciente manifestaba dudas sobre su capacidad funcional. Sin embargo, la reevaluación continua permitió distinguir entre una evolución esperable y signos de alarma que hubieran requerido una respuesta distinta. El seguimiento cercano también facilitó ajustar la intensidad del apoyo enfermero: acompañamiento estrecho al principio y promoción de mayor autonomía conforme mejoraba la tolerancia.

El sueño continuó algo fragmentado, aunque la paciente refirió menor sensación de desbordamiento al final de la estancia. Fue capaz de identificar qué medidas le aliviaban más: avisar antes de que el dolor aumentara, evitar movimientos bruscos, reposicionarse con ayuda y levantarse tras la administración de la analgesia. Esta toma de conciencia tuvo valor no solo sintomático, sino también educativo, ya que mejoró su implicación en el autocuidado.

Preparación para la continuidad asistencial

En la fase previa al alta, el foco enfermero se desplazó progresivamente hacia la continuidad de cuidados. Se verificó la comprensión de las recomendaciones sobre movilización segura, uso de ayudas técnicas indicadas, medidas para prevenir caídas en el entorno domiciliario y vigilancia de la respuesta al tratamiento analgésico pautado. También se reforzó la necesidad de mantener una comunicación clara con los profesionales de seguimiento si el dolor se volvía desproporcionado, se acompañaba de deterioro funcional marcado o aparecían síntomas no esperados.

La información transferida incluyó el patrón de dolor observado durante el ingreso, la mejor tolerancia de la movilización cuando se anticipaba la analgesia, el beneficio del apoyo educativo durante los cambios posturales y la conveniencia de seguir promoviendo actividad adaptada a la situación clínica. La continuidad asistencial no se entendió como un mero trámite de alta, sino como la prolongación de un plan de cuidados que debía seguir orientado a funcionalidad, seguridad y control razonable del dolor.

Discusión/Conclusiones

La situación presentada permite observar que el dolor agudo tras artroplastia tiene una expresión clínica compleja y con frecuencia cambiante. Su valoración no puede limitarse a un dato aislado registrado en un momento concreto, porque el verdadero impacto enfermero aparece cuando se relaciona con la movilidad, la capacidad funcional, el descanso y la seguridad. Un paciente que presenta dolor aceptable en reposo puede seguir teniendo una limitación importante si el dolor incidental asociado al movimiento no se anticipa ni se aborda de forma suficiente.

Desde la perspectiva del proceso de Enfermería, la reevaluación es el elemento que transforma un plan inicial en un plan útil. En este caso, la identificación de un patrón de dolor predominantemente mecánico, unido al miedo al movimiento, permitió modificar intervenciones y orientar mejor la coordinación con el resto del equipo. El ajuste del momento de la movilización respecto a la analgesia, el acompañamiento verbal estructurado y las medidas de confort no sustituyen al tratamiento farmacológico, pero pueden potenciar su efecto clínico y mejorar la experiencia del paciente durante la hospitalización.

Otro aspecto relevante es la relación entre dolor y seguridad del paciente. La inmovilidad por temor al dolor puede aumentar la dependencia y dificultar la recuperación funcional, mientras que una movilización precipitada, sin preparación suficiente, puede incrementar el riesgo de inestabilidad, caída o rechazo posterior a la actividad. La Enfermería actúa como elemento modulador entre estos dos extremos: observa, prepara, acompaña, vigila y adapta. Esa función requiere juicio clínico, capacidad de priorización y comunicación fluida con el equipo interdisciplinar.

La continuidad asistencial también se beneficia de una valoración enfermera bien documentada. Cuando el alta se produce tras una evolución favorable, pero todavía con dolor relacionado con la actividad, resulta útil trasladar no solo la pauta terapéutica, sino también el modo en que el paciente ha respondido a la movilización, qué barreras persisten y qué estrategias han demostrado ser mejor toleradas. Esta información puede facilitar una transición más segura y evitar interpretaciones simplificadas del dolor postoperatorio.

Entre los límites del abordaje expuesto figura la propia variabilidad individual de la experiencia dolorosa y de la respuesta a la analgesia. No todos los pacientes presentan el mismo grado de temor, funcionalidad previa o capacidad de aprendizaje durante el ingreso. Por ello, las intervenciones deben individualizarse según situación clínica, entorno familiar y recursos disponibles en cada unidad. Del mismo modo, la planificación de cuidados debe adaptarse a los procedimientos y protocolos del centro.

En conjunto, la valoración enfermera del dolor agudo tras artroplastia y el reajuste del plan de cuidados constituyen una intervención con repercusión directa sobre la recuperación funcional y la seguridad del paciente. Un enfoque centrado en la observación continuada, la anticipación del dolor incidental, la educación terapéutica y la coordinación asistencial puede contribuir a una hospitalización más segura y a una transición al alta mejor preparada.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la ausencia de conflictos de intereses en la preparación de este manuscrito.

Financiación

El presente manuscrito se ha realizado sin financiación externa específica.

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