Non-pharmacological intervention for prevention and detection of delirium in the ICU
Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 7 – Julio 2026
Pág. Inicial: Vol. I; N.º 7:142
Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero
Fecha recepción: 01/07/26
Fecha aceptación: 24/07/26
Fecha de publicación: 29/07/26
Ref.: CADICE. 2026;1(7):142
Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo
Categoría: Enfermería
Palabras clave: Paciente crítico; Intervenciones de Enfermería; Monitorización fisiológica; Delirio; Sedación; Unidades de cuidados intensivos; Protocolos clínicos; Valoración de Enfermería; Cuidados críticos; Medidas no farmacológicas
Keywords: Critical Illness; Nursing Interventions; Monitoring, Physiologic; Delirium; Sedation; Intensive Care Units; Clinical Protocols; Nursing Assessment; Critical Care; Nonpharmacological Interventions
Resumen
Introducción: El delirium en las unidades de cuidados intensivos constituye una alteración neurocognitiva aguda de elevada relevancia asistencial por su asociación con mayor complejidad de cuidados, dificultades de comunicación, aumento de la vulnerabilidad del paciente crítico y posible repercusión funcional posterior. En este contexto, la Enfermería ocupa una posición central en la observación continuada, la identificación de cambios conductuales y cognitivos y la implementación de medidas no farmacológicas orientadas a reducir factores precipitantes y favorecer la detección precoz.
Objetivos: Describir una guía de actuación enfermera para la prevención y detección del delirium en UCI mediante intervenciones no farmacológicas, integrando la valoración clínica, la monitorización del estado neurológico, la optimización del entorno y la participación de la familia cuando resulte posible.
Metodología: Se desarrolla una guía de intervención de orientación práctica basada en el proceso enfermero y en la descripción razonada de actuaciones habitualmente aplicables al paciente crítico. El contenido se organiza en torno a la valoración inicial, la identificación de factores de riesgo, las medidas preventivas no farmacológicas, la vigilancia clínica y los criterios de reevaluación, con un enfoque adaptable a distintos entornos de cuidados intensivos.
Resultados: La intervención enfermera no farmacológica se articula en varias líneas de actuación: valoración basal del estado cognitivo y funcional, revisión de factores predisponentes y desencadenantes, promoción de la orientación temporoespacial, cuidado del sueño, control de estímulos ambientales, manejo de dispositivos, movilización y estimulación funcional, apoyo sensorial, revisión del confort y del dolor, vigilancia de la sedación y observación estructurada de signos compatibles con delirium. La coordinación con el equipo multidisciplinar y el registro evolutivo permiten ajustar el plan de cuidados de forma dinámica.
Discusión/Conclusiones: Las medidas no farmacológicas no sustituyen la valoración médica ni los protocolos del centro, pero pueden contribuir de forma relevante a disminuir la exposición a factores modificables y a detectar de manera temprana alteraciones del estado mental. Su utilidad depende de la sistematización de la valoración enfermera, de la continuidad asistencial y de la adaptación individualizada al estado hemodinámico, respiratorio y neurológico del paciente crítico.
Abstract
Introduction: Delirium in intensive care units is an acute neurocognitive disturbance of major clinical relevance because it is associated with increased care complexity, communication difficulties, greater vulnerability in critically ill patients and possible functional consequences after discharge. In this setting, nurses play a central role in continuous observation, recognition of behavioral and cognitive changes, and implementation of nonpharmacological measures aimed at reducing triggering factors and promoting early detection.
Objectives: To describe a nursing intervention guide for the prevention and detection of delirium in the ICU through nonpharmacological strategies, integrating clinical assessment, neurological monitoring, environmental optimization and family involvement when feasible.
Methodology: A practice-oriented intervention guide was developed based on the nursing process and on the reasoned description of actions commonly applicable to critically ill patients. The content is organized around initial assessment, identification of risk factors, nonpharmacological preventive measures, clinical surveillance and reassessment criteria, with an approach adaptable to different intensive care settings.
Results: Nonpharmacological nursing intervention is structured in several action lines: baseline assessment of cognitive and functional status, review of predisposing and precipitating factors, promotion of temporal and spatial orientation, sleep care, environmental stimulus control, management of devices, mobilization and functional stimulation, sensory support, review of comfort and pain, monitoring of sedation, and structured observation of signs compatible with delirium. Coordination with the multidisciplinary team and longitudinal documentation make it possible to adjust the care plan dynamically.
Discussion/Conclusions: Nonpharmacological measures do not replace medical assessment or local protocols, but they may significantly help reduce exposure to modifiable factors and support early recognition of mental status changes. Their usefulness depends on systematic nursing assessment, continuity of care and individualized adaptation to the hemodynamic, respiratory and neurological condition of the critically ill patient.
Introducción
El delirium en UCI representa un problema clínico frecuente en pacientes críticos sometidos a situaciones de alta complejidad fisiológica, exposición a fármacos sedantes, ventilación mecánica, inmovilidad, aislamiento del entorno habitual y alteraciones del ciclo sueño-vigilia. Se manifiesta como un trastorno agudo y fluctuante de la atención, la conciencia y la cognición, con expresiones clínicas variables que pueden oscilar desde la agitación manifiesta hasta formas hipoactivas de difícil reconocimiento. Esta variabilidad explica, en parte, que su detección pueda retrasarse si no existe una observación sistemática integrada en la práctica diaria de cuidados.
Desde la perspectiva enfermera, el delirium no debe entenderse únicamente como un evento neuropsiquiátrico, sino como un fenómeno estrechamente vinculado a la interacción entre vulnerabilidad previa, agresión aguda, procedimientos invasivos, privación sensorial o sobreestimulación y respuesta del paciente al entorno crítico. La vigilancia continua propia de la UCI sitúa a la enfermera en una posición privilegiada para identificar cambios sutiles en la conducta, en la interacción con el medio, en el patrón de descanso y en la capacidad de seguir instrucciones, especialmente cuando estas alteraciones aparecen de forma fluctuante.
Las medidas no farmacológicas constituyen una línea de actuación de gran interés porque se orientan a factores potencialmente modificables y pueden incorporarse al plan de cuidados habitual. No se trata de actuaciones aisladas, sino de un conjunto de intervenciones relacionadas con la orientación cognitiva, el ambiente terapéutico, la movilización, el confort, la comunicación y la monitorización del estado neurológico. Su aplicación requiere juicio clínico, priorización y adaptación continua al estado del paciente, especialmente cuando existen inestabilidad hemodinámica, necesidades de sedación o limitaciones derivadas del soporte vital.
La prevención y la detección precoz del delirium también tienen una dimensión de seguridad del paciente. La presencia de confusión aguda puede favorecer la retirada accidental de dispositivos, la resistencia a los cuidados, las dificultades de sincronía con la ventilación y un incremento de la carga asistencial. Del mismo modo, el delirium hipoactivo puede pasar desapercibido y retrasar la revisión de causas corregibles. Por ello, una estrategia enfermera estructurada no solo contribuye al abordaje del problema, sino que mejora la continuidad asistencial entre turnos y facilita la comunicación con el resto del equipo.
Objetivos
El objetivo general es describir una intervención enfermera orientada a la prevención y detección del delirium en UCI mediante medidas no farmacológicas integradas en el cuidado del paciente crítico.
Como objetivos específicos se plantean:
- Definir los elementos de valoración inicial que permiten identificar vulnerabilidad y cambios precoces del estado mental.
- Ordenar las principales medidas no farmacológicas que pueden incorporarse al cuidado diario en UCI.
- Describir una secuencia de actuación enfermera que facilite la observación continuada, el registro y la reevaluación clínica.
- Relacionar la prevención del delirium con otros componentes del cuidado crítico, como la sedación, el dolor, el descanso, la movilidad y la interacción con la familia.
- Señalar criterios de individualización y límites de aplicación según la situación clínica y los protocolos vigentes del centro.
Metodología
Se presenta una guía de intervención elaborada a partir de un enfoque descriptivo y aplicado a la práctica enfermera en cuidados intensivos. El desarrollo se organiza siguiendo la lógica del proceso de Enfermería: valoración, identificación de problemas de cuidados, planificación de actuaciones, ejecución y evaluación. Dado el carácter clínico y operativo del tema, el texto prioriza la integración de actuaciones observables y transferibles a la práctica diaria sobre la exposición teórica extensa.
El ámbito de aplicación es la atención al paciente adulto ingresado en UCI con riesgo de delirium o con signos compatibles con alteración aguda del estado mental, tanto en situaciones de ventilación mecánica como en pacientes no intubados. La propuesta no pretende establecer un protocolo universal cerrado, sino ofrecer un marco de actuación que pueda adaptarse a la organización del trabajo, a la complejidad del paciente y a los instrumentos de valoración disponibles en cada unidad.
La valoración inicial se concibe como un proceso continuo. Incluye la revisión de antecedentes relevantes, situación basal funcional y cognitiva si es conocida, grado de dependencia previa, presencia de déficits sensoriales, consumo habitual de sustancias, patrón de sueño y condiciones clínicas actuales que puedan favorecer la aparición de confusión aguda. A ello se suma la observación de variables dinámicas propias del entorno crítico: nivel de sedación, presencia de dolor, tolerancia a dispositivos, privación o exceso de estímulos, restricción de movilidad y cambios en la interacción con el equipo.
Las intervenciones descritas se agrupan en áreas de cuidado interrelacionadas: orientación y comunicación, ambiente terapéutico, descanso nocturno, confort y control sintomático, estímulo sensorial adecuado, movilización y funcionalidad, participación de la familia, y vigilancia estructurada del estado mental. La evaluación se plantea mediante la observación clínica seriada, la comparación con la situación previa y el registro en la documentación enfermera de hallazgos, respuestas del paciente e incidencias relevantes.
Resultados
Valoración inicial del riesgo y de la situación cognitiva
La prevención eficaz comienza con una valoración basal rigurosa. En UCI, esta valoración no puede limitarse a constatar el nivel de conciencia, ya que el delirium puede aparecer en pacientes aparentemente tranquilos o con respuesta fluctuante. Resulta aconsejable explorar, siempre que el estado clínico lo permita, la capacidad de mantener la atención, seguir órdenes simples, reconocer el entorno, situarse en el momento del día y mantener una interacción coherente. En pacientes con comunicación limitada, la valoración debe apoyarse en la observación del contacto visual, la respuesta a consignas sencillas y los cambios en la conducta respecto a horas previas.
La revisión de factores predisponentes orienta la intensidad del seguimiento. Entre ellos pueden considerarse edad avanzada, fragilidad, deterioro cognitivo previo conocido, déficits visuales o auditivos, enfermedad grave, infección, hipoxemia, alteraciones metabólicas, dolor no controlado, privación del sueño, uso de sujeciones, inmovilidad prolongada o exposición a sedación. La coexistencia de varios factores no determina por sí sola la aparición de delirium, pero sí aconseja una vigilancia enfermera más estrecha y una planificación preventiva desde el inicio del ingreso.
También es necesario identificar factores desencadenantes potencialmente corregibles. Cambios bruscos en el entorno, procedimientos repetidos, ruidos nocturnos, iluminación inadecuada, ausencia de referencias temporales, interrupciones frecuentes del descanso, retención urinaria, estreñimiento, fiebre, deshidratación o malestar derivado de dispositivos pueden favorecer la desorganización cognitiva. La enfermera, por su contacto continuado con el paciente, puede detectar estos elementos de forma precoz y comunicar aquellos que requieran valoración médica o intervención interdisciplinar.
Observación clínica y detección precoz
La detección del delirium exige considerar su carácter fluctuante. Un paciente que por la mañana sigue órdenes y por la tarde presenta desatención, lenguaje incoherente, inquietud o somnolencia inhabitual requiere reevaluación, aunque mantenga estabilidad hemodinámica. El cambio respecto a la situación basal conocida es un dato de gran valor. No debe infravalorarse la forma hipoactiva, en la que predominan apatía, desconexión, lentitud psicomotora o escasa iniciativa comunicativa. Estas manifestaciones pueden confundirse con cansancio, tristeza o simple efecto de la hospitalización.
La observación enfermera debe integrar aspectos cualitativos y no solo la puntuación de escalas si estas se utilizan en la unidad. Resulta útil registrar la capacidad para sostener la mirada, atender a preguntas breves, reconocer a familiares o profesionales, comprender indicaciones simples, tolerar cuidados habituales y mantener un patrón conductual coherente. La aparición de inversión del ritmo sueño-vigilia, temor injustificado, ideas de persecución, respuestas desorganizadas o intentos repetidos de retirar dispositivos obliga a intensificar la vigilancia.
El registro continuado entre turnos mejora la detección. Expresiones imprecisas como “algo raro” o “más despistado” aportan menos información que descripciones concretas: dificultad para mantener la atención, incapacidad para identificar el lugar, somnolencia no habitual, agitación coincidente con el anochecer o rechazo repentino a cuidados previamente aceptados. Esta precisión favorece la continuidad del plan de cuidados y orienta la necesidad de revisar causas clínicas reversibles.
Medidas de orientación y comunicación terapéutica
La orientación temporoespacial debe incorporarse de forma repetida y no invasiva. Informar al paciente del lugar en el que se encuentra, del momento del día, del motivo general de ingreso y de los procedimientos inmediatos puede reducir la incertidumbre. La comunicación ha de ser breve, clara y adaptada al nivel de conciencia, evitando ofrecer varios mensajes simultáneos cuando la atención está comprometida. En pacientes con dificultad para hablar, conviene facilitar formas alternativas de comunicación y confirmar que el mensaje ha sido comprendido.
La presencia de relojes visibles, calendarios o referencias ambientales sencillas puede ser útil si el paciente puede percibirlas. Del mismo modo, mantener rutinas relativamente estables durante los cuidados ayuda a anticipar lo que va a suceder. Presentarse al inicio del turno, explicar las maniobras antes de realizarlas y recordar al paciente quién le atiende favorece un entorno menos amenazante. Cuando el estado clínico lo permite, la participación de la familia puede reforzar esta orientación, especialmente si aporta información sobre hábitos, lenguaje habitual o necesidades sensoriales.
La comunicación terapéutica también implica modular la respuesta del profesional ante la agitación o la confusión. La confrontación directa con interpretaciones erróneas suele ser poco útil. Resulta preferible una actitud calmada, con frases simples, reorientación progresiva y reducción de estímulos concurrentes. Ante conductas de riesgo, la prioridad es la seguridad, pero el tono relacional sigue siendo un elemento de cuidado y puede influir en la tolerancia del paciente a la asistencia.
Control ambiental y promoción del sueño
El entorno de UCI reúne múltiples elementos disruptivos: alarmas, conversaciones, luces intensas, procedimientos nocturnos y una actividad asistencial difícilmente comparable al medio habitual del paciente. Aunque no todos estos factores son evitables, sí es posible introducir medidas de contención ambiental. Reducir el ruido innecesario, agrupar cuidados cuando la situación lo permita, ajustar la iluminación a los ritmos circadianos y evitar interrupciones evitables durante la noche contribuye a preservar el descanso.
La higiene del sueño debe contemplarse como una intervención de cuidado, no como un aspecto secundario. Antes de la noche conviene revisar dolor, disconfort postural, humedad, necesidad de eliminación, temperatura ambiental y tolerancia a dispositivos. Una mala noche en UCI raramente obedece a una sola causa; suele resultar de la suma de dolor, ansiedad, ruidos y maniobras repetidas. La enfermera puede identificar estos determinantes y priorizar intervenciones sencillas que disminuyan despertares y faciliten periodos de reposo más continuados.
La promoción del sueño requiere además coherencia de equipo. Si el paciente recibe mensajes contradictorios, estímulos frecuentes o activación innecesaria en horas de descanso, las medidas aisladas pierden efectividad. Por ello, la planificación compartida de cuidados nocturnos y la sensibilidad del equipo hacia el descanso forman parte del abordaje preventivo del delirium.
Confort, dolor, sedación y dispositivos
El dolor infravalorado puede expresarse como inquietud, resistencia a la ventilación, gestualidad de malestar o alteración del comportamiento. Su valoración periódica es inseparable de la prevención del delirium. También deben revisarse otras fuentes de disconfort: fijaciones tensas, sondas mal toleradas, sequedad oral, secreciones, necesidad de cambios posturales o sensación de calor y frío. El objetivo no es solo aliviar síntomas, sino disminuir una carga de estrés que puede favorecer la confusión aguda.
La sedación merece una vigilancia especialmente cuidadosa. Un exceso de sedación puede enmascarar cambios neurológicos y dificultar la interacción; una sedación insuficiente, en determinados pacientes, puede aumentar ansiedad, asincronía y sobresolicitación. La observación enfermera de la respuesta al tratamiento, del nivel de alerta y de la tolerancia a procedimientos permite colaborar en un ajuste más individualizado, siempre en coordinación con la prescripción médica y los protocolos del centro.
La revisión periódica de dispositivos invasivos forma parte de este enfoque. Tubos, drenajes, catéteres y sistemas de inmovilización pueden generar malestar intenso y actuar como desencadenantes conductuales. Siempre que no comprometa la seguridad clínica, conviene optimizar fijaciones, explicar la finalidad de los dispositivos y valorar alternativas menos restrictivas. La reducción de medidas de contención innecesarias puede disminuir la agitación reactiva y facilitar una relación terapéutica menos coercitiva.
Movilización, funcionalidad y apoyo sensorial
La inmovilidad prolongada contribuye al deterioro funcional y puede asociarse a mayor desorientación. La movilización debe considerarse desde fases tempranas, siempre con individualización según estabilidad cardiovascular, respiratoria y neurológica. No se limita a sedestar o deambular; incluye cambios posturales programados, ejercicios pasivos o activos, estimulación para participar en actividades simples y progresión funcional acorde al estado clínico. La participación del paciente en acciones cotidianas, por mínimas que sean, refuerza la percepción de control y mantiene cierto anclaje con la realidad.
El apoyo sensorial es otro componente frecuentemente infravalorado. Un paciente con gafas o audífonos no disponibles puede parecer más desorientado de lo que realmente está. Siempre que sea posible, se debe facilitar el acceso a ayudas visuales y auditivas y comprobar su correcto uso. Del mismo modo, conviene evitar tanto la privación sensorial como la sobrecarga de estímulos. Una habitación con televisión a alto volumen, alarmas constantes y varias conversaciones simultáneas puede resultar tan perjudicial como un entorno carente de referencias significativas.
Participación de la familia y continuidad asistencial
La familia puede aportar información de gran valor sobre el estado cognitivo previo, las rutinas del paciente, sus formas habituales de comunicación y los signos tempranos de desorganización conductual. Cuando la organización de la unidad lo permite, su participación puede contribuir a la reorientación, al apoyo emocional y a la disminución de la sensación de aislamiento. No obstante, esta presencia debe individualizarse; en algunos momentos clínicos, un exceso de estimulación o la propia ansiedad familiar pueden no resultar beneficiosos.
La continuidad asistencial depende en buena medida de la calidad del registro enfermero. Deben consignarse factores de riesgo detectados, signos de sospecha, respuestas a medidas implementadas, horarios o situaciones en las que aparece mayor desorganización y elementos ambientales relacionados. Esta información facilita la toma de decisiones compartida y evita que cambios evolutivos significativos queden diluidos entre incidencias aparentemente menores.
Criterios de evaluación del plan de cuidados
La evaluación no se basa en un único indicador. Debe valorar si el paciente mantiene o recupera una interacción más coherente, si mejora la tolerancia a los cuidados, si disminuyen episodios de agitación o desconexión, si el descanso nocturno resulta menos fragmentado y si se reducen situaciones de riesgo relacionadas con confusión aguda. También es relevante identificar si las medidas aplicadas son viables en la práctica real de la unidad o si existen barreras organizativas que dificultan su sostenimiento.
Cuando persisten signos compatibles con delirium o se produce empeoramiento del estado mental, procede reevaluar factores desencadenantes, revisar dolor y sedación, reconsiderar el impacto del entorno y comunicar de forma temprana la situación al equipo responsable. La detección no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida para un abordaje clínico más amplio.
Discusión/Conclusiones
El abordaje no farmacológico del delirium en UCI se sustenta en una idea central: muchos factores relacionados con la desorientación, la sobrecarga sensorial, el descanso interrumpido, la inmovilidad o el malestar asociado a dispositivos forman parte del campo de observación y actuación de la Enfermería. Esto no significa que el delirium sea completamente prevenible ni que responda siempre a intervenciones ambientales o conductuales. En pacientes críticos, su aparición suele ser multifactorial y puede expresar la gravedad del proceso subyacente. Aun así, la intervención enfermera aporta valor al reducir elementos agravantes y favorecer una detección más temprana.
Uno de los principales retos es reconocer las formas hipoactivas y evitar que queden ocultas bajo etiquetas inespecíficas como cansancio o baja colaboración. Otro desafío es integrar estas medidas en unidades con alta carga asistencial, múltiples alarmas y necesidad de procedimientos continuos. La aplicabilidad de la guía depende, por tanto, de la coordinación del equipo, de la cultura de seguridad y de la incorporación del delirium como un problema de cuidados que requiere vigilancia deliberada, no solo respuesta reactiva ante la agitación.
La relación entre delirium, sedación, dolor y sueño obliga a un enfoque transversal. Las intervenciones aisladas tienen un alcance limitado si no se insertan en una valoración global del paciente crítico. Por ello, la prevención y detección del delirium deben entenderse como parte del cuidado integral: ajustar el ambiente, observar la cognición, revisar el confort, movilizar cuando sea posible, facilitar la comunicación y registrar con precisión la evolución.
En términos prácticos, una guía enfermera de estas características puede mejorar la consistencia de la atención y la continuidad entre turnos, siempre que se adapte a los protocolos vigentes del centro y a la situación clínica concreta. Su utilidad reside menos en la rigidez de una secuencia de pasos y más en la capacidad para orientar una mirada clínica sistemática sobre el estado mental del paciente. En UCI, donde pequeñas variaciones conductuales pueden anticipar complicaciones relevantes, esa mirada forma parte esencial del cuidado seguro y humanizado.
Conflicto de intereses
Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.
Financiación
Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.
Bibliografía
- Chen TJ, Traynor V, Wang AY, Shih CY, Tu MC, Chuang CH, et al.. Comparative effectiveness of non-pharmacological interventions for preventing delirium in critically ill adults: A systematic review and network meta-analysis.. Int J Nurs Stud. 2022;131:104239. doi: https://doi.org/10.1016/j.ijnurstu.2022.104239
- Zaher-Sánchez S, Satústegui-Dordá PJ, Ramón-Arbués E, Santos-Sánchez JA, Aguilón-Leiva JJ, Pérez-Calahorra S, et al.. The Management and Prevention of Delirium in Elderly Patients Hospitalised in Intensive Care Units: A Systematic Review.. Nurs Rep. 2024;14(4):3007-3022. doi: https://doi.org/10.3390/nursrep14040219
- Herling SF, Greve IE, Vasilevskis EE, Egerod I, Bekker Mortensen C, Møller AM, et al.. Interventions for preventing intensive care unit delirium in adults.. Cochrane Database Syst Rev. 2018;11(11):CD009783. doi: https://doi.org/10.1002/14651858.CD009783.pub2
- Schrijver EJ, de Graaf K, de Vries OJ, Maier AB, Nanayakkara PW. Efficacy and safety of haloperidol for in-hospital delirium prevention and treatment: A systematic review of current evidence.. Eur J Intern Med. 2016;27:14-23. doi: https://doi.org/10.1016/j.ejim.2015.10.012
- Liang S, Wang X, Su JJ, Wong EML, Suen LKP. Effectiveness of virtual reality interventions for delirium prevention in intensive care units: A systematic review and meta-analysis.. Intensive Crit Care Nurs. 2026;93:104318. doi: https://doi.org/10.1016/j.iccn.2025.104318
- Tilburgs B, Rood PJT, Zegers M, van den Boogaard M, UNDERPIN-ICU study group. The implementation of nUrsiNg DEliRium preventive INterventions in the Intensive Care Unit (UNDERPIN-ICU): A qualitative evaluation.. Int J Nurs Stud. 2023;137:104386. doi: https://doi.org/10.1016/j.ijnurstu.2022.104386
- Teng J, Qin H, Guo W, Liu J, Sun J, Zhang Z. Effectiveness of sleep interventions to reduce delirium in critically ill patients: A systematic review and meta-analysis.. J Crit Care. 2023;78:154342. doi: https://doi.org/10.1016/j.jcrc.2023.154342
- Krewulak KD, Bull MJ, Ely EW, Stelfox HT, Fiest KM. Psychometric evaluation of the family caregiver ICU delirium knowledge questionnaire.. BMC Health Serv Res. 2020;20(1):116. doi: https://doi.org/10.1186/s12913-020-4892-5
- Ku YL, Tang MH, Chen SM, Kuo WY, Huang KT. Delirium Care by Intensive Care Unit Nurses: Focus Group Studies in a Medical Center of Southern Taiwan.. Dimens Crit Care Nurs. 2023;42(5):255-262. doi: https://doi.org/10.1097/DCC.0000000000000568