Plan de cuidados para disfagia y riesgo de aspiración en persona mayor institucionalizada

Care plan for dysphagia and aspiration risk in an institutionalized older adult

Incluido en la revista CADICE. Vol. I . N.º 8 – Agosto 2026

Pág. Inicial: Vol. I; N.º 8:182

Autor principal (primer firmante): Clara Benítez Romero

Fecha recepción: 30/06/26

Fecha aceptación: 31/07/26

Fecha de publicación: 06/08/26

Ref.: CADICE. 2026;1(8):182

Autores:
Clara Benítez Romero
Álvaro Molina Serrano
Nerea Castillo Pardo

Categoría: Enfermería

Palabras clave: Proceso de Enfermería; Aspiración respiratoria; Textura de alimentos; Disfagia; Actividades de la vida diaria; Anciano; Enfermería geriátrica; Fragilidad; Informes de casos; Cuidados de Enfermería

Keywords: Nursing Process; Respiratory Aspiration; Food Texture; Deglutition Disorders; Activities of Daily Living; Aged; Geriatric Nursing; Frailty; Case Reports; Nursing Care

Resumen

Introducción: La disfagia en la persona mayor institucionalizada constituye un problema de elevada relevancia asistencial por su relación con desnutrición, deshidratación, pérdida funcional, temor a la ingesta y episodios de aspiración. En este contexto, la valoración enfermera continuada permite detectar signos de alarma, adaptar los cuidados y favorecer una alimentación más segura.

Objetivos: Describir un plan de cuidados de Enfermería dirigido a una persona mayor institucionalizada con disfagia orofaríngea y riesgo de aspiración, centrado en la valoración integral, la planificación de intervenciones durante la alimentación y el seguimiento evolutivo.

Metodología: Se expone una situación clínica del ámbito residencial estructurada mediante el proceso de Enfermería. El abordaje se organiza a partir de la valoración funcional y nutricional, la observación de la deglución, la identificación de problemas de cuidados, la planificación de intervenciones y la reevaluación clínica en el entorno habitual de vida.

Resultados: La valoración inicial mostró fragilidad, dependencia parcial para actividades básicas, tos durante la ingesta de líquidos, lentitud en la deglución, fatiga y disminución de la ingesta. Se planificaron medidas orientadas a la seguridad de la alimentación, adaptación de texturas, posicionamiento, supervisión durante las comidas, higiene oral, vigilancia respiratoria y coordinación con el equipo interdisciplinar. La evolución fue compatible con mejor tolerancia a la ingesta, reducción de incidentes durante las comidas y mayor estabilidad clínica.

Discusión/Conclusiones: El abordaje enfermero de la disfagia en residencias requiere observación clínica, individualización y continuidad. La prevención de la aspiración no depende solo de la textura de la dieta, sino también del estado funcional, el nivel de alerta, la postura, el ritmo de administración y la respuesta del paciente. Un plan de cuidados bien estructurado puede contribuir a reducir complicaciones y a preservar confort, dignidad y participación en una actividad básica de la vida diaria.

Abstract

Introduction: Dysphagia in institutionalized older adults is a relevant care issue due to its association with malnutrition, dehydration, functional decline, fear of eating, and aspiration events. In this setting, ongoing nursing assessment helps identify warning signs, adapt care, and promote safer oral intake.

Objectives: To describe a nursing care plan for an institutionalized older person with oropharyngeal dysphagia and aspiration risk, focusing on comprehensive assessment, feeding interventions, and clinical follow-up.

Methodology: A residential care clinical situation is presented using the nursing process. The approach is based on functional and nutritional assessment, swallowing observation, identification of care problems, intervention planning, and reassessment within the usual living environment.

Results: Initial assessment showed frailty, partial dependence in basic activities, coughing during liquid intake, slow swallowing, fatigue, and reduced food consumption. Measures were planned to improve feeding safety, adapt food texture, optimize positioning, supervise meals, maintain oral hygiene, monitor respiratory status, and coordinate with the interdisciplinary team. The clinical course was consistent with better tolerance to intake, fewer incidents during meals, and greater overall stability.

Discussion/Conclusions: Nursing management of dysphagia in long-term care facilities requires clinical observation, individualized decisions, and continuity of care. Aspiration prevention does not rely only on diet texture, but also on functional status, alertness, posture, administration pace, and patient response. A structured care plan may help reduce complications while preserving comfort, dignity, and participation in a basic activity of daily living.

Introducción

La disfagia en personas mayores institucionalizadas representa un problema de cuidados frecuente y de especial complejidad por la interacción entre envejecimiento, multimorbilidad, fragilidad, dependencia funcional y deterioro de la reserva fisiológica. La alteración del proceso de deglución puede manifestarse de forma insidiosa, con signos inicialmente poco llamativos, y progresar hasta comprometer la seguridad de la ingesta, el estado nutricional y la estabilidad respiratoria. En el ámbito residencial, donde la alimentación forma parte de la rutina diaria y del cuidado continuado, Enfermería ocupa una posición central para detectar cambios clínicos, organizar medidas preventivas y coordinar la respuesta asistencial.

La disfagia no afecta únicamente al paso del alimento o del líquido. También repercute sobre el placer de comer, la relación social durante las comidas, la autonomía, la hidratación, el cumplimiento terapéutico cuando existe medicación oral y la percepción de bienestar. En personas con deterioro cognitivo o cansancio fácil, los episodios de tos, carraspeo, voz húmeda, residuos orales, rechazo a comer o prolongación excesiva de la comida pueden pasar desapercibidos si no existe observación sistemática. Por ello, la vigilancia enfermera durante la ingesta resulta especialmente útil para reconocer patrones de riesgo y orientar decisiones seguras.

El riesgo de aspiración asociado a la disfagia debe considerarse desde una perspectiva amplia. La aspiración puede verse favorecida por una combinación de factores: disminución del nivel de alerta, postura inadecuada, fatiga, dificultad para manejar secreciones, dependencia para alimentarse, uso de utensilios o volúmenes poco adaptados y mala higiene oral. La persona mayor institucionalizada suele presentar, además, vulnerabilidad clínica ante consecuencias que en otros pacientes podrían parecer menores, como una reducción progresiva de la ingesta, la deshidratación o la aparición de complicaciones respiratorias.

Desde la práctica enfermera, el proceso de valoración y planificación de cuidados debe integrar dimensiones clínicas, funcionales y relacionales. No se trata solo de indicar una consistencia alimentaria, sino de valorar quién administra la comida, en qué postura se realiza, cuánto tiempo se necesita, qué signos aparecen durante y después de la ingesta y cómo influyen el entorno, la fatiga o el estado emocional. Esta visión integral resulta especialmente pertinente en residencias, donde el éxito del plan depende de la continuidad entre distintos turnos y de la coherencia del equipo cuidador.

El presente artículo desarrolla un plan de cuidados a partir de una situación clínica compatible con la práctica habitual en geriatría institucional. El interés del caso radica en mostrar cómo la observación enfermera, aplicada de forma estructurada, puede orientar intervenciones prudentes y realistas para promover una alimentación más segura y mantener la mejor funcionalidad posible.

Objetivos

Describir el abordaje enfermero de una persona mayor institucionalizada con disfagia y riesgo de aspiración mediante un plan de cuidados centrado en la valoración integral, la seguridad durante la ingesta y el seguimiento evolutivo.

Como objetivos específicos se plantean:

  • Identificar manifestaciones clínicas y factores asociados que incrementan el riesgo de aspiración en el entorno residencial.
  • Presentar una valoración enfermera que incluya situación funcional, estado general, capacidad para alimentarse y respuesta durante la deglución.
  • Ordenar los principales problemas de cuidados relacionados con la alimentación, la hidratación, la seguridad y la tolerancia respiratoria.
  • Describir intervenciones enfermeras dirigidas a la adaptación de texturas, el posicionamiento, la supervisión de la ingesta, la higiene oral y la coordinación interdisciplinar.
  • Analizar la evolución clínica y las implicaciones prácticas del seguimiento continuado en una persona mayor frágil.

Metodología

Se desarrolla una situación clínica del ámbito residencial estructurada mediante el proceso de Enfermería. El caso se centra en una mujer de edad avanzada, identificada con iniciales ficticias M.R., residente de larga estancia, con antecedentes de deterioro funcional progresivo, episodios previos de infecciones respiratorias, dependencia parcial para actividades básicas de la vida diaria y necesidad de supervisión durante las comidas. La información se organiza con finalidad asistencial en torno a la valoración inicial, la identificación de problemas prioritarios, la planificación de cuidados, la ejecución de intervenciones y la observación de la evolución.

La valoración enfermera se realizó a partir de la observación directa en el momento de la alimentación, la entrevista con el personal cuidador de referencia y la revisión de la situación basal de la residente. Se consideraron especialmente útiles los siguientes ejes: capacidad para mantenerse incorporada, nivel de alerta antes y durante la comida, eficacia para manejar saliva y secreciones, presencia de tos o cambios en la voz tras la deglución, tiempo empleado en la ingesta, grado de fatiga, necesidad de ayuda para comer, aceptación de la dieta y tolerancia a distintas consistencias.

Además de los aspectos de deglución, se incorporó una valoración del entorno de cuidados. En personas institucionalizadas, la seguridad alimentaria cotidiana depende en gran medida de factores organizativos: tiempos de comida, número de profesionales disponibles para apoyo, formación del personal gerocultor, comunicación de incidencias entre turnos y adecuación de utensilios. Estas variables no sustituyen la valoración clínica, pero condicionan la aplicabilidad real del plan.

La planificación se orientó a objetivos de cuidados alcanzables en el contexto residencial: reducir episodios compatibles con aspiración durante la ingesta, favorecer un aporte oral mejor tolerado, minimizar el cansancio asociado a las comidas, mantener confort y preservar, en la medida de lo posible, la participación de la residente en la actividad de alimentarse. La reevaluación se planteó como un proceso continuo, basado en la respuesta observada a las medidas adoptadas y en la necesidad de ajustar el cuidado según la evolución funcional.

Resultados

Presentación de la situación clínica y valoración inicial

M.R. es una mujer de 87 años residente en centro sociosanitario desde hace varios años. Presenta fragilidad clínica, movilidad limitada, dependencia parcial para el aseo y el vestido, y precisa ayuda para la alimentación en función del nivel de cansancio. En las semanas previas se observa menor interés por las comidas, enlentecimiento en la deglución, episodios de tos con la toma de agua, carraspeo tras algunos bocados y necesidad de pausas frecuentes durante el almuerzo. El personal refiere que, en ocasiones, la residente mantiene restos de alimento en la cavidad oral y muestra temor cuando se le ofrecen líquidos de forma rápida.

En la observación enfermera durante la comida se objetiva postura inicialmente deslizada en la silla, tendencia a la flexión lateral del tronco, cierre oral incompleto en algunos momentos y deglución lenta. Los líquidos de baja viscosidad desencadenan tos inmediata en varias ocasiones, mientras que las consistencias homogéneas y administradas en pequeñas cantidades parecen tolerarse mejor. También se aprecia fatiga progresiva conforme avanza la comida, con descenso de la atención y aumento del tiempo entre cucharadas.

Desde el punto de vista respiratorio, M.R. no presenta distrés agudo, pero sí vulnerabilidad clínica por antecedentes de cuadros respiratorios y por la combinación de tos durante la ingesta, dificultad para manejar determinados volúmenes y probable disminución de la eficacia del reflejo de protección. En el plano nutricional, preocupa la disminución de la ingesta oral, la selectividad alimentaria creciente y el riesgo de hidratación insuficiente. La higiene oral resulta mejorable, con sequedad bucal y restos alimentarios ocasionales tras las comidas.

La valoración funcional muestra que la residente conserva cierta capacidad para participar en la ingesta si se le proporciona tiempo suficiente, estímulos sencillos y ayuda parcial. Sin embargo, su tolerancia empeora con el cansancio, la somnolencia y la administración precipitada del alimento. El contexto de comida en comedor compartido, con estímulos ambientales y tiempos ajustados, puede incrementar la dificultad.

Problemas de cuidados identificados

La situación clínica se interpreta como compatible con un patrón de deglución alterado y con un riesgo elevado de aspiración asociado a fragilidad, dependencia parcial para alimentarse, fatiga durante la ingesta y mala tolerancia a líquidos no adaptados. Se identifican además necesidades relacionadas con nutrición e hidratación potencialmente insuficientes, deterioro del autocuidado en la alimentación en determinados momentos del día y riesgo de complicaciones respiratorias secundarias a incidentes repetidos durante las comidas.

Desde la perspectiva enfermera, los problemas prioritarios se ordenan en torno a cuatro núcleos: seguridad de la deglución, mantenimiento del aporte oral, confort y preservación de la capacidad funcional remanente. Se considera igualmente relevante la necesidad de educación y coordinación con el personal cuidador habitual, ya que la consistencia del plan depende de que las medidas se mantengan de forma uniforme en todos los turnos.

Planificación de cuidados

Se estableció como objetivo inmediato que M.R. realizara las tomas orales con mayor seguridad, reduciendo episodios de tos y signos de mala tolerancia. Como objetivos intermedios se plantearon mejorar la postura durante la alimentación, adaptar la textura de la dieta y de los líquidos según tolerancia observada, disminuir el cansancio asociado a las comidas, favorecer la higiene oral y registrar de forma sistemática la respuesta clínica para reajustar el plan.

La planificación incluyó supervisión directa o apoyo presencial durante las comidas principales, especialmente en los periodos del día en los que la residente se encontraba más despierta y colaboradora. Se acordó ofrecer pequeñas cantidades, a ritmo lento, evitando encadenar cucharadas sin confirmar deglución completa. La administración de líquidos se ajustó a la consistencia mejor tolerada en la observación clínica y se evitó ofrecerlos cuando la residente presentaba somnolencia o fatiga marcada.

Se indicó mantener a la residente correctamente incorporada antes, durante y tras la ingesta, con adecuada alineación de cabeza, cuello y tronco. La preparación previa del entorno incluyó reducción de distracciones, utensilios adaptados al ritmo de la paciente y organización del tiempo de comida sin prisas. Se recomendó fraccionar el aporte cuando aparecía cansancio y valorar si la mayor parte de la ingesta debía concentrarse en las tomas con mejor nivel de alerta.

La higiene oral pasó a considerarse una intervención relevante del plan, tanto antes como después de las comidas, por su posible influencia sobre el confort, la aceptación oral y la carga de residuos en la cavidad bucal. También se incorporó vigilancia de signos respiratorios tras las tomas, observando tos persistente, cambios en la calidad de la voz, expectoración, rechazo súbito de la ingesta o aumento del trabajo respiratorio.

Intervenciones enfermeras durante la ejecución del plan

En la práctica diaria, la primera medida consistió en reevaluar el estado de M.R. antes de iniciar cada comida. Si presentaba somnolencia, dificultad para mantenerse incorporada o cansancio excesivo, la toma se demoraba o se reajustaba para minimizar el riesgo. Esta valoración breve previa permitió no convertir la alimentación en un acto rutinario desvinculado de la situación clínica del momento.

Durante las comidas, la enfermera y el personal de apoyo mantuvieron una secuencia ordenada: comprobación de postura, verificación del nivel de atención, administración de pequeñas cantidades, espera suficiente entre degluciones y observación de signos de seguridad o dificultad. Cuando aparecía tos o carraspeo, se interrumpía la administración, se facilitaba reposo y se revaloraba la conveniencia de continuar. La residente respondía mejor cuando se mantenía un tono calmado, se evitaban instrucciones múltiples y se favorecía un entorno poco estimulante.

La adaptación dietética se centró en consistencias homogéneas y de manejo más predecible para la residente. Los alimentos con dobles texturas, fragmentación irregular o tendencia a dejar residuos fueron peor tolerados y se limitaron. Los líquidos se ofrecieron conforme a la textura que había mostrado mejor respuesta en la observación clínica, extremando el control del volumen y del ritmo. La finalidad de estas medidas no fue imponer una pauta rígida, sino ajustar la alimentación a la capacidad real de deglución observada.

La vigilancia nutricional y de hidratación se integró en los registros de cuidados mediante seguimiento cualitativo de aceptación, tiempo de ingesta, necesidad de ayuda y presencia de incidencias. Más que cuantificar de forma aislada, resultó útil identificar patrones: peor tolerancia a última hora del día, mayor fatigabilidad con comidas prolongadas y rechazo ocasional tras episodios de tos. Esta información facilitó reorganizar horarios y priorizar momentos de mayor rendimiento funcional.

Se reforzó la comunicación con el equipo interdisciplinar para valorar necesidad de revisión de dieta, seguimiento del estado nutricional y ajuste del plan según evolución. Asimismo, se informó al personal cuidador de referencia sobre la importancia de no acelerar la ingesta, evitar posiciones inestables y registrar de inmediato cualquier cambio respiratorio o descenso llamativo de la tolerancia oral.

Evolución

Tras la implantación del plan, la residente mostró mejor aceptación de las comidas cuando estas se realizaban en periodos de mayor alerta, con supervisión y ritmo lento. Disminuyeron los episodios de tos con la ingesta en comparación con la situación inicial observada, especialmente al evitar líquidos no adaptados y al mantener una administración más controlada. El tiempo de comida continuó siendo prolongado, pero con menor carga de fatiga cuando se introdujeron pausas y se fraccionó la toma.

La higiene oral regular mejoró el confort y permitió detectar antes la presencia de residuos o sequedad. Desde el punto de vista funcional, M.R. conservó cierta participación en la alimentación, aunque siguió necesitando apoyo para completar la toma con seguridad. No se objetivaron signos de descompensación respiratoria aguda durante el seguimiento descrito, pero se mantuvo vigilancia estrecha por la vulnerabilidad de base y la posibilidad de fluctuaciones clínicas.

La evolución del caso puso de manifiesto que la respuesta favorable dependía menos de una medida aislada que de la suma de pequeños ajustes sostenidos: elección del momento adecuado, postura correcta, consistencia adaptada, supervisión continua, pausas oportunas y observación después de comer. La consistencia del cuidado entre profesionales resultó determinante para mantener la mejoría.

Discusión/Conclusiones

La situación presentada refleja un escenario habitual en geriatría institucional: una persona mayor frágil en la que la disfagia se expresa mediante signos a veces discretos, pero con potencial para desencadenar complicaciones relevantes. La aportación específica de Enfermería no se limita a ejecutar indicaciones dietéticas, sino que reside en la capacidad para valorar la deglución en contexto, reconocer cambios sutiles y adaptar la práctica cotidiana de la alimentación a la respuesta real del paciente.

Uno de los aspectos más relevantes del caso es que el riesgo de aspiración no puede comprenderse solo desde la textura de los alimentos. En M.R., la tolerancia variaba según el nivel de alerta, la fatiga, la postura y el ritmo de administración. Esto recuerda que la seguridad durante la ingesta es un fenómeno dinámico y que las decisiones enfermeras deben revisarse de forma continuada. Una dieta correctamente adaptada puede resultar insuficiente si la persona come somnolienta, mal posicionada o en un entorno apresurado.

También merece atención la relación entre disfagia y funcionalidad. La alimentación constituye una actividad básica de la vida diaria y, en personas institucionalizadas, cualquier deterioro en su desempeño repercute sobre autonomía, identidad y bienestar. El objetivo asistencial no debería reducirse a evitar incidentes, sino procurar que la persona pueda participar en la comida con el mayor confort y la máxima seguridad posible. Este enfoque obliga a combinar prevención de complicaciones con respeto por los ritmos y preferencias de la residente.

La continuidad asistencial representa otro elemento decisivo. En residencias, el plan de cuidados fracasa con facilidad cuando la información no se transmite adecuadamente entre turnos o cuando el personal auxiliar no dispone de instrucciones claras sobre postura, ritmo y signos de alarma. La coherencia del equipo puede ser tan importante como la adecuación técnica de cada intervención. Por ello, los registros enfermeros deben ser operativos, centrados en observaciones útiles y orientados a la toma de decisiones en tiempo real.

El caso sugiere además que la higiene oral debe ocupar un lugar más visible en la planificación de cuidados de personas con disfagia. Con frecuencia se considera una actividad secundaria, cuando en realidad influye en el confort, la aceptación oral y la detección de restos tras la ingesta. Integrarla de manera sistemática mejora la calidad global del cuidado y facilita una observación más completa.

Entre los límites del abordaje descrito se encuentra la evolución cambiante propia de la fragilidad avanzada. La respuesta positiva a determinadas medidas no garantiza estabilidad mantenida, ya que infecciones intercurrentes, deterioro cognitivo, sedación, empeoramiento funcional o pérdida de fuerza pueden modificar rápidamente la capacidad de deglución. Por ello, cualquier plan debe entenderse como revisable y dependiente de la situación clínica del momento.

En conjunto, el proceso de Enfermería aplicado a la disfagia en la persona mayor institucionalizada permite ordenar la valoración, priorizar problemas y sostener intervenciones factibles en la práctica diaria. La observación clínica durante la alimentación, la individualización de texturas y volúmenes, el posicionamiento adecuado, la supervisión continuada, la higiene oral y la coordinación con el equipo constituyen líneas de actuación que pueden contribuir a disminuir el riesgo de aspiración y a preservar el bienestar de la persona. En un entorno donde la comida es a la vez necesidad biológica, actividad funcional y experiencia relacional, cuidar cómo se come forma parte del núcleo del cuidado enfermero.

Conflicto de intereses

Los autores comunican que no tienen conflictos de intereses vinculados al desarrollo o publicación de este artículo.

Financiación

Los autores declaran que este artículo no ha contado con financiación externa.

Bibliografía

  1. Langmore SE, Terpenning MS, Schork A, Chen Y, Murray JT, Lopatin D, et al.. Predictors of aspiration pneumonia: how important is dysphagia?. Dysphagia. 1998;13(2):69-81. doi: https://doi.org/10.1007/PL00009559
  2. Chen S, Kent B, Cui Y. Interventions to prevent aspiration in older adults with dysphagia living in nursing homes: a scoping review.. BMC Geriatr. 2021;21(1):429. doi: https://doi.org/10.1186/s12877-021-02366-9
  3. Chen L, Liu C, Yuan M, Yin X, Niu S, Tang J, et al.. Interventions for Postextubation Dysphagia in Critically Ill Patients: A Systematic Review and Meta-analysis.. Dysphagia. 2024;39(6):1013-1024. doi: https://doi.org/10.1007/s00455-024-10695-1
  4. Chen NC, Pu L, Chen KM. Effectiveness of swallowing rehabilitation exercises in older adults with swallowing disorders: systematic review and network meta-analysis of randomized controlled trials.. Disabil Rehabil. 2025;47(26):6823-6835. doi: https://doi.org/10.1080/09638288.2025.2522790
  5. Marik PE, Kaplan D. Aspiration pneumonia and dysphagia in the elderly.. Chest. 2003;124(1):328-36. doi: https://doi.org/10.1378/chest.124.1.328
  6. Sue Eisenstadt E. Dysphagia and aspiration pneumonia in older adults.. J Am Acad Nurse Pract. 2010;22(1):17-22. doi: https://doi.org/10.1111/j.1745-7599.2009.00470.x
  7. Chen S, Yu H, Huang J, Yu Y, Ding Y, Li M, et al.. A nurse-led bedside diagnostic model using cervical tracheal breath sounds to detect silent aspiration in dysphagia patients: A prospective diagnostic accuracy study.. Int J Nurs Stud. 2025;170:105154. doi: https://doi.org/10.1016/j.ijnurstu.2025.105154
  8. He X, Yang D, Shao J, Wang H, Zhang H. Mapping Dysphagia Research Trends in Community Dwelling Older Adults: A Bibliometric Analysis.. J Multidiscip Healthc. 2024;17:3073-3090. doi: https://doi.org/10.2147/JMDH.S461046
Scroll al inicio